Evangelio del día: Orar hasta «hartar» a Dios

Evangelio del día: Orar hasta «hartar» a DiosLucas 18, 1-8. Vigésimonoveno Domingo del Tiempo Ordinario. La oración nos cambia el corazón, nos hace comprender mejor cómo es nuestro Dios.

Después le enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: «En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: "Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario". Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: "Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme".» Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro del Éxodo, Éx 17, 8-13

Salmo: Sal 121(120), 1-8

Segunda lectura: Carta de san Pablo a Timoteo, 2 Tim 3, 14; 4, 2

Oración introductoria

Señor, te damos gracias por enseñarnos a orar, por dejarnos tu oración, porque gracias a ella pedimos las gracias que necesitamos. Danos ese amor por la oración y que sigamos tu ejemplo de siempre orar antes de actuar.

Petición

Padre, dame la gracia de apreciar la oración que Cristo nos enseñó, el Padrenuestro y así pedirte lo que de verdad necesito.

Meditación del Santo Padre Francisco

Rezar es como hablar con un amigo: por ello «la oración debe ser libre, valiente, insistente», incluso a costa de llegar a “reñir” al Señor. Con la consciencia de que el Espíritu Santo está siempre y nos enseña cómo proceder. Es el estilo de la oración de Moisés lo que el Papa Francisco volvió a proponer en la misa del jueves 3 de abril, por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta.

Este pequeño «manual» de oración se lo sugirió la lectura del pasaje del libro del Éxodo (32, 7-14), que narra «la oración de Moisés por su pueblo que había caído en el gravísimo pecado de la idolatría». El Señor —explicó el Papa— «reprende precisamente a Moisés» y le dice: «Anda, baja de la montaña, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto».

Es como si en este diálogo Dios quisiera tomar distancias, diciendo a Moisés: «Yo no tengo nada que ver con este pueblo; es el tuyo, ya no es el mío». Pero Moisés responde: «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra el pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta?».

He aquí, entonces, que Moisés inicia su oración, «una verdadera lucha con Dios». Es «la lucha del jefe del pueblo para salvar a su pueblo, que es el pueblo de Dios». Moisés «habla libremente ante el Señor». Y actuando así «nos enseña cómo rezar: sin miedo, libremente, incluso con insistencia». Moisés «insiste, es valiente: la oración debe ser así».

Decir palabras y nada más no quiere decir rezar. Se debe saber también «“negociar” con Dios». Precisamente «como hacía Moisés, recordando a Dios, con argumentaciones, la relación que tiene con el pueblo». Así, «trata de “convencer” a Dios» de que si desencadenaba su ira contra el pueblo haría «un mal papel ante todos los egipcios».

En resumen, Moisés «trataba de “convencer” a Dios de cambiar de actitud con muchas argumentaciones. Y estas argumentaciones las busca en la memoria». Así, «dice a Dios: tú has hecho esto, esto y esto por tu pueblo, pero si ahora lo dejas morir en el desierto, ¿qué dirán nuestros enemigos ?». Dirán —continúa— «que tú eres malo, que tú no eres fiel». De este modo Moisés «trata de “convencer” al Señor», emprendiendo una «lucha» en la que pone en el centro dos elementos: «tu pueblo y mi pueblo».

La oración tiene éxito porque «Moisés logra “convencer” al Señor». El Papa destacó que «es hermoso el modo como termina este pasaje»: «Entonces se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo». Cierto, explicó, «el Señor estaba un poco cansado de este pueblo infiel». Pero «cuando uno lee, en la última palabra del pasaje, que el Señor se arrepintió» y «cambió de actitud» se debe preguntar: ¿Quién cambió verdaderamente aquí? ¿Cambió el Señor? «Yo creo que no», fue la respuesta del obispo de Roma: quien cambió fue Moisés. Porque él —afirmó— creía que el Señor habría destruido al pueblo. Y «busca en su memoria cómo había sido bueno el Señor con su pueblo, cómo lo había sacado de la esclavitud de Egipto para llevarlo adelante con una promesa».

Es «con estas argumentaciones que trata de “convencer” a Dios. En este proceso encuentra la memoria de su pueblo y la misericordia de Dios». Realmente, continuó el Papa, «Moisés tenía miedo de que Dios hiciese esta cosa» terrible. Pero «al final baja del monte» con una gran certeza en el corazón: «nuestro Dios es misericordioso, sabe perdonar, vuelve atrás con sus decisiones, es un padre».

Son todas cosas que Moisés ya «sabía, pero las sabía más o menos oscuramente. Es en la oración donde las vuelve a encontrar». Y es también «esto lo que hace la oración en nosotros: nos cambia el corazón, nos hace comprender mejor cómo es nuestro Dios». Pero para esto, añadió el Pontífice, «es importante hablar al Señor no con palabras vacías como hacen los paganos». Es necesario, en cambio, «hablar con la realidad: pero, mira, Señor, tengo este problema en la familia, con mi hijo, con este o con el otro... ¿Qué se puede hacer? Pero mira que tú no me puedes dejar así».

La oración necesita y requiere tiempo. En efecto, «rezar es también “negociar” con Dios para obtener lo que pido al Señor» pero sobre todo para conocerlo mejor. De ello brota una oración «como de un amigo a otro amigo». Por lo demás, «la Biblia dice que Moisés hablaba al Señor cara a cara, como un amigo». Y «así debe ser la oración: libre, insistente, con argumentaciones». Incluso «“reprendiendo” un poco al Señor: pero tú me has prometido esto y no lo has hecho».

El Papa Francisco recordó también que, después del cara a cara con Dios, «Moisés bajó del monte radiante. Había conocido aún más al Señor. Y con esa fuerza que le había dado retoma su trabajo de guiar al pueblo hacia la tierra prometida».

El Pontífice concluyó pidiendo al Señor que «nos dé a todos nosotros la gracia, porque rezar es una gracia». E invitó a recordar siempre que «cuando rezamos a Dios, no es un diálogo entre dos», porque «siempre en toda oración está el Espíritu Santo». Por lo tanto, «no se puede rezar sin el Espíritu Santo: es Él quien reza en nosotros, es Él quien nos cambia el corazón, es Él quien nos enseña a decir a Dios “padre”». Es al Espíritu Santo, añadió el Papa, a quien debemos pedir que nos enseñe a orar «como oró Moisés, a “negociar” con Dios con libertad de espíritu, con valentía».

Santo Padre Francisco: Un amigo con quien rezar

Meditación del jueves, 3 de abril de 2014

Catecismo de la Iglesia Católica, CEC

LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA

2558 “Este es el misterio de la fe”. La Iglesia lo profesa en el Símbolo de los Apóstoles (primera parte) y lo celebra en la Liturgia sacramental (segunda parte), para que la vida de los fieles se conforme con Cristo en el Espíritu Santo para gloria de Dios Padre (tercera parte). Por tanto, este misterio exige que los fieles crean en él, lo celebren y vivan de él en una relación viviente y personal con Dios vivo y verdadero. Esta relación es la oración.

¿QUÉ ES LA ORACIÓN?

«Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría (Santa Teresa del Niño Jesús, Manuscrit C, 25r:Manuscrists autohiographiques [Paris 1992] p. 389-390).

La oración como don de Dios

2559 “La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes”(San Juan Damasceno, Expositio fidei, 68 [De fide orthodoxa 3, 24]). ¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde “lo más profundo” (Sal 130, 1) de un corazón humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado (cf Lc 18, 9-14). La humildad es la base de la oración. “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm 8, 26). La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios (San Agustín,Sermo 56, 6, 9).

2560 “Si conocieras el don de Dios”(Jn 4, 10). La maravilla de la oración se revela precisamente allí, junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua: allí Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber. Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él (San Agustín, De diversis quaestionibus octoginta tribus 64, 4).

2561 “Tú le habrías rogado a él, y él te habría dado agua viva” (Jn 4, 10). Nuestra oración de petición es paradójicamente una respuesta. Respuesta a la queja del Dios vivo: “A mí me dejaron, manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas” (Jr 2, 13), respuesta de fe a la promesa gratuita de salvación (cf Jn 7, 37-39; Is 12, 3; 51, 1), respuesta de amor a la sed del Hijo único (cf Jn 19, 28; Za 12, 10; 13, 1).

La oración como Alianza

2562 ¿De dónde viene la oración del hombre? Cualquiera que sea el lenguaje de la oración (gestos y palabras), el que ora es todo el hombre. Sin embargo, para designar el lugar de donde brota la oración, las sagradas Escrituras hablan a veces del alma o del espíritu, y con más frecuencia del corazón (más de mil veces). Es el corazón el que ora. Si este está alejado de Dios, la expresión de la oración es vana.

2563 El corazón es la morada donde yo estoy, o donde yo habito (según la expresión semítica o bíblica: donde yo “me adentro”). Es nuestro centro escondido, inaprensible, ni por nuestra razón ni por la de nadie; sólo el Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Es el lugar de la decisión, en lo más profundo de nuestras tendencias psíquicas. Es el lugar de la verdad, allí donde elegimos entre la vida y la muerte. Es el lugar del encuentro, ya que a imagen de Dios, vivimos en relación: es el lugar de la Alianza.

2564 La oración cristiana es una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo. Es acción de Dios y del hombre; brota del Espíritu Santo y de nosotros, dirigida por completo al Padre, en unión con la voluntad humana del Hijo de Dios hecho hombre.

La oración como comunión

2565 En la nueva Alianza, la oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo. La gracia del Reino es “la unión de la Santísima Trinidad toda entera con el espíritu todo entero” (San Gregorio Nacianceno, Oratio 16, 9). Así, la vida de oración es estar habitualmente en presencia de Dios, tres veces Santo, y en comunión con Él. Esta comunión de vida es posible siempre porque, mediante el Bautismo, nos hemos convertido en un mismo ser con Cristo (cf Rm 6, 5). La oración es cristiana en tanto en cuanto es comunión con Cristo y se extiende por la Iglesia que es su Cuerpo. Sus dimensiones son las del Amor de Cristo (cf Ef 3, 18-21).

Catecismo de la Iglesia Católica

Propósito

Este domingo acudiré al templo media hora antes para estar en presencia del Santísimo y hacer oración de agradecimiento por el amor e infitinta bondad de Dios hacia la humanidad.

Diálogo con Cristo

Señor Jesucristo, tú sabes acerca de mi soberbia y lo mucho que me cuesta pedirte en oración. Ayúdame a pedir al Padre, pues sólo Él sabe lo que me conviene y lo que realmente necesito. Gracias Señor.

*  *  *

Evangelio del día en «Catholic.net»

Evangelio del día en «Evangelio del día»

Evangelio del día en «Orden de Predicadores»

Evangelio del día en «Evangeli.net»

*  *  *



 

Novedad

 

«Amigos de Jesús», para conocer, amar y seguir siempre a Jesús en familia; APP online gratis

Amigos de Jesús es un programa de catequesis para la preparación del camino de fe que los niños deben recorrer para recibir la Primera Comunión....

Cuadernos, recursos y guía

Amigos de Jesús

Cuentos de Casals

 

Cuentos «Serafín»: La Creación del Mundo

Al principio no existía nada, sólo Dios. Y como Dios es todopoderoso, creó el Cielo y la Tierra. ...

Recomendamos

 

«Aprendo a ser testigo del Señor»: Itinerario de vida cristiana hacia la Confirmación

Aprendo a ser testigo del Señor son tres cuadernos para los encuentros de catequesis con el Catecismo Testigos del Señor, cuyos autores son Pedro de la Herrá...