Evangelio del día: La tristeza de una despedida

Evangelio del día: La tristeza de una despedidaJuan 14, 23-29. Sexto Domingo VI del Tiempo de Pascua. Si queremos encontrar firmeza en nuestra vida entre las vicisitudes humanas que todos nosotros tenemos, debemos ir a Él. Él está en nuestro corazón, lo hemos recibido en el bautismo.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Jesús le respondió: «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho. Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: «Me voy y volveré a ustedes». Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro de los Hechos de los Apóstoles, Hch 15, 1-2.22-29

Salmo: Sal 67(66), 2-8

Segunda lectura: Libro del Apocalipsis, Ap 21, 10-14.22-23

Oración introductoria

Señor, creo en tu Palabra, envía a tu Espíritu Consolador a guiar mi oración. Necesito de tu gracia para salir de mi mediocridad, mi cobardía y mi egoísmo, que endurecen mi corazón y me hacen perder la paz.

Petición

Jesús, ¡ven y haz en mí tu morada! Concédeme escuchar tu voz en el silencio de mi conciencia.

Meditación del Santo Padre Franciso

Movimiento y firmeza. Son las dos actitudes que el Papa Francisco —durante la misa que celebró en Santa Marta el lunes 19 de mayo por la mañana— sugirió a los cristianos para no dejarse arrastrar por las vicisitudes y las dificultades que deben afrontar cotidianamente.

Al referirse a la lectura de los Hechos de los apóstoles (14, 5-18), el obispo de Roma volvió a proponer el relato del intento de lapidar a Pablo y Bernabé en Iconio por parte de los gentiles y judíos. Intento del cual los dos huyen. Pablo, en especial, «huye —explicó el Pontífice— y comienza a evangelizar», mostrando así «la capacidad de comenzar siempre, de no dedicarse a lamentarse». Él tiene el corazón firme en lo que sabe que es su misión, evangelizar. Y su actitud es justamente la del cristiano. El Papa lo explicó indicando que en la oración colecta recitada poco antes está la petición de obtener del Señor la gracia a fin de que «en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría». E indicó dos requisitos necesarios para la vida del cristiano: «movimiento y firmeza. Corazón fijo, corazón firme, pero en movimiento continuo. Y esto se ve claramente en el trabajo de Pablo en la evangelización». En realidad ocurrió una pequeña «revolución», porque todos creían que «Bernabé era Zeus y Pablo Hermes. A Pablo le costó trabajo convencerles de que eran hombres». Les habla «del Dios creador», mostrando que sabe discernir el modo justo con el que hablar.

«Estas son las vicisitudes humanas —afirmó el Pontífice—, estamos entre tantas vicisitudes que nos mueven de un lado a otro, pero hemos pedido la gracia de tener el corazón firme como lo tenía Pablo para no lamentarse de la persecución, para ir a buscar otra ciudad, para comenzar a predicar allí, para sanar a un enfermo, para darse cuenta de que ese hombre tenía la fe suficiente para ser curado. Y luego calmar a esta gente entusiasta que quería un sacrificio. Después proclamar que hay un solo Dios con su lenguaje cultural».

Pablo hace una cosa detrás de la otra, sin detenerse. «Y esto —indicó el Papa— viene solamente de un corazón firme» orientado a la misión de evangelizar: un corazón capaz de «hacer muchos cambios en poco tiempo», afrontando las situaciones «de un modo adecuado».

«En el Evangelio (Jn 14, 21-26), Jesús nos dice una cosa: “Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho”». Por lo tanto, el corazón debe estar «firme en el Espíritu Santo», un don «que Jesús nos ha mandado. Pablo tenía su corazón firme en el Espíritu Santo y todos nosotros, si queremos encontrar firmeza en nuestra vida entre las vicisitudes humanas que todos nosotros tenemos, debemos ir a Él. Él está en nuestro corazón, lo hemos recibido en el bautismo».

Al respecto, «Jesús dice dos cosas de este Espíritu Santo: os enseñará todo y os recordará todo esto —especificó el Papa Francisco—. Hemos visto cómo enseña a Pablo lo que debe hacer con esta capacidad de cambiar de escenario». Él enseña y recuerda. Le «recuerda el mensaje de salvación: Dios ha querido salvarnos. Es el Espíritu Santo quien da firmeza al corazón de Pablo en medio de las persecuciones, problemas, discusiones, envidias y celos». En este capítulo de los Hechos de los apóstoles, en efecto, hay «una palabra que se repite: son los celos. Los celos de los jefes de las sinagogas» que obstaculizaban a Pablo. Pero él logra de todas formas seguir adelante y superar «muchos problemas, porque tiene el corazón firme en el Espíritu Santo».

Este episodio, según el Papa, debe impulsar al cristiano a preguntarse: «¿Cómo está mi corazón? ¿Es un corazón que parece un bailarín, que va de un lado al otro, que parece una mariposa a la que hoy le gusta este, luego va con aquel, y está siempre en movimiento? ¿Es un corazón que se espanta de las vicisitudes de la vida, se esconde y tiene miedo de dar testimonio de Jesucristo? ¿Es un corazón valiente o es un corazón que tiene mucho temor y trata siempre de esconderse? ¿De qué se ocupa nuestro corazón? ¿Cuál es el tesoro al que está apegado nuestro corazón? ¿Es un corazón fijado en las creaturas, en los problemas que todos tenemos? ¿Es un corazón fijado en los dioses de todos los días o es un corazón firme en el Espíritu Santo? ¿Dónde está la firmeza de nuestro corazón?».

Nos hará bien —añadió— preguntarnos esto. Y también hacer memoria de tantas vicisitudes que tenemos cada día: en casa, en el trabajo, con los hijos, con la gente que vive con nosotros, con los compañeros de trabajo, con todos». Nosotros, es la pregunta del obispo de Roma, ¿nos dejamos llevar por cada una de «estas vicisitudes» o las afrontamos «con el corazón firme que sabe dónde está el único que da firmeza a nuestro corazón, el Espíritu Santo?». Ciertamente, concluyó, «nos hará bien pensar que tenemos un hermoso don que Jesús nos ha dejado: este Espíritu de fortaleza, de consejo, que nos ayuda a seguir adelante. Seguir adelante en medio de las vicisitudes de todos los días. Hagamos hoy este ejercicio de preguntarnos cómo está nuestro corazón. ¿Está firme o no? Y si está firme, ¿dónde se detiene, en las cosas o en el Espíritu Santo?».

Santo Padre Francisco: Entre movimiento y firmeza

Meditación del lunes, 19 de mayo de 2014

Meditación del Santo Padre emérito Benedicto XVI

En toda la historia de la salvación, en la que Dios se ha hecho cercano a nosotros y espera pacientemente nuestros tiempos, incluyendo nuestras infidelidades, alienta nuestros esfuerzos y nos guía. En la oración aprendemos a ver los signos de este plan misericordioso en el camino de la Iglesia. Así, crecemos en el amor de Dios, abriendo la puerta a fin de que la Santísima Trinidad venga a morar en nosotros, ilumine, caliente, guíe nuestra existencia. «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él», dice Jesús, prometiendo a sus discípulos el don del Espíritu Santo, que enseñará todo. San Ireneo dijo una vez que en la Encarnación el Espíritu Santo se ha habituado a estar en el hombre. En la oración, nosotros debemos habituarnos a estar con Dios. Esto es muy importante, que aprendamos a estar con Dios, y así veremos lo hermoso que es estar con Él, que es la redención.

Santo Padre emérito Benedicto XVI

Audiencia Geneal del miércoles, 20 de junio de 2012

Diálogo con Cristo

Señor, gracias por este momento especial en que puedo experimentar tu cercanía, tu amistad sincera y personal. Quiero habituarme a estar contigo y a vivir amándote, así podré transmitir tu Buena Nueva a todas las personas con las que me encuentre hoy, especialmente aquellas que me son más cercanas.

Propósito

Ojalá vivamos esta verdad fundamental y entrañable de nuestra fe cristiana. ¡Éste es el secreto de nuestra verdadera felicidad!

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