Confirmando nuestra fe en Jesucristo - Eucaristía: Jesús quiere alimentar mi capacidad de compromiso

Confirmando nuestra fe en Jesucristo - Catequesis vivencial audiovisual

A través de la Eucaristía Cristo quiere entrar en nuestra existencia e impregnarla con su gracia, de tal modo que en cada comunidad cristiana exista esta coherencia entre liturgia y vida.

El corazón se llena de confianza y esperanza pensando en las palabras de Jesús citadas en el Evangelio: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día» (Jn 6, 54). Vivamos la Eucaristía con espíritu de fe, de oración, de perdón, de penitencia, de alegría comunitaria, de atención hacia los necesitados y hacia las necesidades de tantos hermanos y hermanas, con la certeza de que el Señor cumplirá lo que nos ha prometido: la vida eterna.

SS Francisco, Audiencia general, 12 de febrero de 2014.

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Objetivo

Apreciar la Eucaristía como alimento que Jesús nos da para mantener nuestra capacidad de compromiso.

Vídeo

La Eucaristía. Sobre escenas de La Pasión de Cristo (Mel Gibson)

Canción de ambientación

Jaire: Jesús Amigo, sobre la Eucaristía (con letra)

Charla aclaratoria para debatir después en los grupos

Por la Encarnación "el Verbo se hizo carne", Dios se hizo humano para acompañarnos de cerca de forma que entendamos su amor. Sufrió todo tipo de problemas humanos. Se solidarizó con todos. Hasta murió igual, o mucho peor, que la mayoría de nosotros.

El amor verdadero busca siempre solidaridad profunda con las personas amadas. Jesús, como humano, tenía que morir, pero prometió que seguiría siempre al lado de toda persona sufriente. Y nos pide permiso para habitar en el corazón de cada uno de los que creemos en él. Sigue encarnándose en cada sufriente y en cada creyente.

Pero su amor fue más creativo aun. Se inventó cómo hacernos presentes en su muerte y resurrección. En la Eucaristía podemos participar realmente de su agonía y su vuelta triunfante a la vida. Es lo mismo que si hubiéramos estado allá presentes. Es como un "túnel del tiempo". Y nuestra participación puede ser activa, de ayuda o de condena, o de indiferencia...

Pero no se trata sólo de hacernos presentes. Además, conociendo él lo débiles que somos, se ofrece a sí mismo como alimento de nuestro amor. Jesús se deja comer por nosotros como entrega suprema de amor, para que nosotros seamos capaces de compromisos heroicos, a su estilo.

Podemos rechazar su oferta o aceptarla a medias. La intensidad depende de nosotros.

Cada Eucaristía debería ser una fiesta de reconciliación y de solidaridad... La comunión no es simplemente un acto de piedad. Es poder ofrecer nuestra solidaridad a todos los hermanos de Jesús, con sus energías y viendo en ellos al mismo Jesús.

La celebración eucarística debe devolvernos a la vida comprometida con la dignificación humana. Cada vez que celebramos la eucaristía anunciamos la redención de este mundo, que tanto necesita de esperanzas.

PowerPoint con citas bíblicas

Eucaristía, sacramento de fraternidad.

Puedes descargar esta presentación pinchando aquí.

Texto iluminador leído, dialogado y orado en el grupo

Lc 22, 14-20: La Cena pascual

Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios».

Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios».

Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía».

Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes».

¿Qué significa para nosotros asistir a una Eucaristía? Pros y contras...

¿Cómo deberíamos sentirnos? ¿Qué deberíamos cambiar?

Jn 6, 32-71: Discurso eucarístico: el Pan de Vida.

Jesús respondió: «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo».

Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan».

Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen. Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la del que me envió. La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día».

Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo». Y decían: «¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madres. ¿Cómo puede decir ahora: «Yo he bajado del cielo»?

Jesús tomó la palabra y les dijo: «No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: "Todos serán instruidos por Dios". Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».

Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?».

Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».

Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaúm.

Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?».

Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen». En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».

Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo.

Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?». Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».

Jesús continuó: «¿No soy yo, acaso, el que los eligió a ustedes, los Doce? Sin embargo, uno de ustedes es un demonio». Jesús hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, que era uno de los Doce, el que lo iba a entregar.

¿Es para mí realmente pan de vida?

¿Comulgo conscientemente para fortalecer mi capacidad de compromiso?

Oración

Padre Dios, concédeme la gracia de comprender que Jesús me ofrece su intimidad en la Eucaristía / para que experimente y celebre la fuerza de su amor.

Creo, Jesús, que en la Eucaristía se hace activamente presente tu muerte y tu resurrección.

Que tu Mandato de amor universal sea mi lema.

Conviérteme, como tú, en pan partido y compartido.

Creo que eres tú mismo: tu presencia es real, en la Eucaristía, en la Palabra y en mis hermanos.

El Jesús de la Hostia Consagrada es el mismo que espera mi compromiso en los más pobres.

No quieres manteles de lujo en tus altares, sino sábanas para tus enfermos y abrigo para tus ancianos.

En los despreciados nos esperas tú mismo en persona...

Tu Pan y tu Palabra nos dan hambre y sed de justicia:

Nos alimentas para que seamos capaces de reconocerte y servirte en todo prójimo necesitado.

Dinámica

¿En qué podemos participar activamente los jóvenes en una Eucaristía?

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Para acceder a otros escritos y materiales del padre José Luis Caravias SJ,
puedes entrar en su magnífico blog en wordpress

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