Beata Chiara "Luce" Badano, un ejemplo de amor para todos

Beata Chiara "Me quita la lucidez y solo puedo ofrecer a Jesús el dolor".

Palabras de Chiara "Luce" Badano rehusando la sedación con morfina pocos días antes de su muerte.

Más cercana a nosotros, la joven Chiara Badano (1971-1990), recientemente beatificada, experimentó cómo el dolor puede ser transfigurado por el amor y estar habitado por la alegría. A la edad de 18 años, en un momento en el que el cáncer le hacía sufrir de modo particular, rezó al Espíritu Santo para que intercediera por los jóvenes de su Movimiento. Además de su curación, pidió a Dios que iluminara con su Espíritu a todos aquellos jóvenes, que les diera la sabiduría y la luz: «Fue un momento de Dios: sufría mucho físicamente, pero el alma cantaba» (Carta a Chiara Lubich, Sassello, 20 de diciembre de 1989). La clave de su paz y alegría era la plena confianza en el Señor y la aceptación de la enfermedad como misteriosa expresión de su voluntad para su bien y el de los demás. A menudo repetía: «Jesús, si tú lo quieres, yo también lo quiero».

Extracto del mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XXVII Jornada Mundial de la Juventud 2012

* * *

El día 29 de octubre celebramos el día de la beata Chiara Badano, laica, miembro del Movimiento de los Focolares u Obra de María; una vida, una biografía, un amor, que todos debemos conocer, sobre todo los jóvenes.


Vida de Chiara "Luce" Badano

Una joven bella, extrovertida y exhuberante, enamorada de Dios. El espléndido designio de su vida se revela con el rápido ascenso en los dos años de enfermedad. Un modelo no sólo para los jóvenes.

Chiara Badano nace en Sassello (Italia). El 29 de octubre de 1971, después de 11 años de espera por parte de sus padres. Vive una infancia y una adolescencia serena, en una familia muy unida de la que recibe una sólida educación cristiana.

Chiara tiene un carácter generoso, extrovertido y exhuberante; con sólo 4 años elige con cuidado los juguetes para regalar a los niños pobres ("No puedo dar juguetes rotos a los niños que no tienen"). En primer grado da especial atención a su compañera de banco, huérfana de madre: en Navidad, por iniciativa de su mamá la invita a almorzar, pide que arreglen la mesa con el mantel más bello, porque "¡hoy estará Jesús con nosotros!". Escucha con atención las parábolas del Evangelio y se prepara con un empeño particular a recibir a Jesús en la Eucaristía. Impresionará, seguidamente, su compostura y la atención al leer la Palabra de Dios y seguir la Misa. Visita a las "abuelitas" de un hogar para ancianos, y, más crecida, se ofrece para quedarse durante la noche con sus abuelos maternos. Una noche escribe: "Una compañera tiene escarlatina, y todos tienen miedo de ir a visitarla. De acuerdo con mis papás se me ocurre llevarle las tareas, para que no se sienta sola. Creo que más allá del temor, es importante amar".

Con 9 años descubre el Movimiento de los Focolares, y adhiere como gen (Generación Nueva, los jóvenes de los Focolares) al Ideal de la unidad. Su vida será su escalada en unión, con sus papás, con Chiara Lubich, con los jóvenes con quienes comparte la misma elección de vida. Además de su compromiso en el Movimiento Gen, trabaja activamente en la vida de la parroquia y en la diócesis.

En el '81, con el papá y la mamá,participa en Roma del Family Fest, manifestación mundial de los Focolares. Es el inicio, para los 3 de una nueva vida. Se compromete con pasión en el Movimiento, con las gen. En su pequeño pueblito Chiara se lanza a amar a sus compañeras de escuela, cualquiera que pasa a su lado, decidida a vivir con radicalidad el Evangelio que la ha fascinado.

Desarrolla con Chiara Lubich una correspondencia que se volverá cada vez más constante. A ella le confía descubrimientos y pruebas, hasta el final.

En junio de 1983, con 12 años, participa en su primer congreso gen internacional en Rocca di Papa. Escribe a Chiara: "He descubierto a Jesús abandonado en un modo especial". Y en noviembre: "He descubierto que Jesús Abandonado es la llave de la unidad con Dios y quiero elegirlo como mi esposo y prepararme para cuando viene. ¡Preferirlo! He entendido que podemos encontrarlo en los alejados, en los ateos y que debo amarlos en modo especialísimo, sin interés". Una elección que nunca más pondrá en discusión.

De sus cartas y de los testimonios se entrevé la alegría y el estupor al descubrir la vida: una visión positiva y luminosa. Chiara es una muchacha como todas: alegre y vivaz, ama la música (tiene una voz bellísima), la natación y el tenis, los paseos en la montaña. Tiene muchos amigos. A quien le pregunta si les habla de Dios, responde: "Yo no debo decir Jesús, sino dar a Jesús con mi comportamiento".

Su camino no es solitario. Es un camino junto a las otras gen: no pierden la ocasión para "cimentar su unidad" –como ellas dicen- en los encuentros en lo que se cuentan entre ellas; las experiencias del Evangelio vivido, pero también con llamadas telefónicas, visitas, mensajes, fiestas, paseos, regalos. Entre ellas la comunión de los bienes es una realidad: Chiara conserva hasta su muerte en su habitación una lista de sus cosas, para ponerlas a disposición de quien más las necesita.

Tiene 17 años cuando un fuerte dolor en el hombro, durante un partido de tenis, hace sospechar a los médicos. Muy pronto el diagnóstico: tumor óseo.

En febrero del '89 Chiara afronta la primera operación: las esperanzas son muy escasas. En el hospital se alternan los gen y otros amigos del Movimiento para sostenerla a ella y a su familia. Las estadías el hospital de Turín resultan cada vez más frecuentes. Ante cada nueva, dolorosa "sorpresa" su ofrecimiento es más decidido: "¡Por ti Jesús, si lo quieres Tú, también yo lo quiero!".

Pronto Chiara pierde el uso de las piernas. Una nueva operación se revela inútil, pero lo que la sostiene en los momentos más duros es la unión con "Jesús Abandonado", el cual sobre la cruz no advierte la presencia consoladora del Padre. Y Chiara afirma: "Si en estos momentos me preguntaran si quiero caminar, diría que no, porque así como estoy, me encuentro más cerca de Jesús".

Su médico, una persona no creyente y crítica respecto a la Iglesia, dirá: "Desde que conocí a Chiara, algo ha cambiado dentro de mí. En ella hay coherencia, en ella todo el cristianismo me calza".

A pesar de estar ya reducida a la inmovilidad, Chiara se mantiene activísima: vía telefónica, sigue el naciente grupo de Jóvenes por un Mundo Unido de Savona, se hace presente en congresos y actividades varias con mensajes, tarjetas, carteles, para hacer conocer a sus amigos y compañeros de clase, a las y los gen...Invita a muchos de ellos al Genfest '90 (encuentro internacional de Jóvenes por un Mundo Unido, llevado a cabo en Roma, en mayo del '90), evento que Chiara sigue directamente gracias a la antena parabólica que le instalaron en el techo de su casa.

Persevera en el ofrecimiento de su dolor: "A mí me interesa sólo la voluntad de Dios, hacer bien esa; en el momento presente: estar en el juego de Dios". Y aún más: "Lo he perdido todo (respecto a la salud), pero todavía tengo el corazón, y con éste puedo siempre amar". La sostiene la certeza de ser "inmensamente amada por Dios". Y es esto lo que la mantiene firme en su fe. A su mamá, que titubea al pensar cómo hará sin ella, le responde: "¡Confíate en Dios, y habrás hecho todo!".

Su relación con Chiara Lubich se hace cada vez más estrecha: la tiene continuamente al día. El 19 de julio del '90, le escribe: "La medicina se dio por vencida. Al interrumpir la cura, los dolores en la columna han aumentado y ya casi no logro girarme hacia los lados. Me siento tan pequeña y el camino por recorrer es tan arduo..., con frecuencia siento que el dolor me vence. Sin embargo, es el Esposo que viene a mi encuentro, ¿verdad? Sí, yo también lo repito contigo: 'Si lo quieres tú, yo también lo quiero'... ¡Estoy contigo en la certeza que junto a Él venceremos al mundo!"

La respuesta llega inmediatamente: "No temas, Chiara, de decirle tu sí a Él momento por momento. Él te dará la fuerza, ¡créelo! Yo también rezo por esto y estoy siempre allí contigo. Dios te ama inmensamente y quiere penetrar en la intimidad de tu alma y hacerte experimentar gotas de cielo. 'Chiara Luce' es el nombre que he pensado para ti: ¿te gusta? Es la luz del Ideal que vence al mundo. Te lo mando con todo mi afecto..."

Al avanzar la enfermedad, se necesita intensificar la dosis de morfina; sin embargo, Chiara Luce la rechaza: "Me quita la lucidez, cuando yo puedo ofrecerle a Jesús sólo el dolor".

En un momento de particular sufrimiento físico, le confiesa a la mamá que en su corazón está cantando: "Heme aquí, Jesús, también hoy delante de Ti...". Resulta ya claro que pronto podrá encontrarLo y se prepara.

Una mañana, después de una noche difícil, espontáneamente repeite en breves intervalos: "Ven, Señor Jesús". Son las 11 cuando, inesperadamente, llega a visitarla un sacerdote del Movimiento. Chiara Luce se alegra muchísimo: desde que se había despertado, en efecto, deseaba recibir a Jesús Eucaristía. Este se volverá su viático.

Chiara Luce parte para el cielo el 7 de octubre de 1990. Ya había pensado en todo: en los cantos de su funeral, en las flores, en su peinado, en su vestido, el cual quiso que fuera blanco, de novia...y con una recomendación: "Mamá, cuando me estés preparando, deberás repetir en cada momento: ahora Chiara Luce ve a Jesús". Al papá que le pregunta si siempre está dispuesta a donar sus corneas, le responde con una sonrisa luminosísima. Luego, un último saludo a la mamá: "Adiós, tienes que ser feliz porque yo lo soy", y una sonrisa al papá.

En el funeral, celebrado por el obispo diocesano participan cientos y cientos de jóvenes, y muchos sacerdotes.

Los integrantes del Movimiento interpretan los cantos escogidos por ella. Un gran ramo de flores y un telegrama les llega a los papás de parte de Chiara Lubich: "Agradezcamos a Dios por esta luminosa obra de arte suya".

* * *

Fuente original: Movimiento de los Focolares


 

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