La mejor corona

por

Catequesis en familia - Inicio 5 Postcomunión 5 Postcomunión Narraciones 5 La mejor corona

Cuenta Silvano Regio, monje camaldulense, que hubo un hombre noble casado con una señora principal, ambos muy devotos de la Virgen María. Vivían desconsolados por no haber tenido sucesión, pedían con gran instancia a esta Señora, hasta que lograron que les naciera un hermoso niño. Los buenos padres pusieron gran cuidado en darle una esmerada educación, y, desde su más tierna edad, le aleccionaron en el servicio de Dios y de su Santísima madre, por cuya mediación lo habían obtenido. Como los niños son como las plantas, las cuales se vuelven hacia donde se las inclina, se enderezó con gran facilidad a todo lo bueno. No tenía más que tres años, cuando entrando por el jardín, cogía algunas florecitas, componía una guirnalda —que no dejaba tocar a nadie— y con sus mismas manos la ponía sobre la cabeza de una imagen de piedra de la Santísima Virgen.

Creció en edad, y más en devoción. Hizo voto de castidad y, para conservarlo con mayor perfección, entró en religión. Siendo novicio, empleaba todas las horas libres en hacer guirnaldas para su querida Madre, llevándoselas a su altar, donde le hacía este y otro parecido razonamiento: «Madre, esta rosa os ofrece mi amor, porque yo no quiero ni tengo otro amor que mi rosa. Reina mía, este clavel os presenta mi devoción, porque sólo Vos me confortáis en mis desconsuelos y me aliviáis en mis aflicciones. Dulzura de mi corazón, recibid esta azucena que os ofrece mi virginidad, porque solo Vos sois el objeto de mis afectos y la dulce guardiana de mi pureza».

En estas razones empleaba el novicio gran parte del día. Le fue preciso al Prior encomendarle algún trabajo conveniente para la comunidad, lo cual le impedía seguir con su acostumbrada devoción. Lo sintió tanto, que tomó la desatentada resolución de dejar el hábito, cosa que comunicó a otro novicio, diciéndole que no tenía ánimo de profesar si no le dejaban hacer coronas de flores a la Virgen. Adivinando la tentación, el novicio se lo contó al Prior. Este le llamó y prometió que le daría ocasión para que, sin salir del huerto, tejiese a su querida Madre coronas que fuesen más de su agrado. Así que oyó esto nuestro ingenuo novicio, deseoso de saber en qué consistiría ello, se lo preguntó con gran curiosidad. Le dijo el Prior que, rezando cincuenta Avemarías con cinco Padrenuestros le daría a la Virgen, no una corona de flores sino de diamantes y esmeraldas. Contento el novicio, le contestó: «Pues si esto es verdad, ya no salgo del convento». Rezaba el Rosario con muchísima devoción, y se le pasó la tentación. Continuó con tales adelantamientos en la virtud, sabiduría y prudencia, que, con el tiempo, llegó a ser nombrado Prior del convento por votación de los religiosos.

Un día, viajando por un bosque solitario para asuntos del convento, le vieron venir unos ladrones, los cuales acordaron matarle. Estaban escondidos esperando se acercase hasta ellos; pero antes de llegar a él vieron con sorpresa que se le acercaba una hermosísima doncella de rara belleza, ante la cual se arrodilló, hablándole con piadosa atención.

Se detuvieron hasta ver en qué paraba aquello, y vieron que de su boca salían rosas y azucenas, las cuales tomaba la Señora en sus manos y las disponía en forma de corona, tras lo cual desapareció de allí. Se acercaron a él los ladrones y le preguntaron con quién había estado hablando. Les contestó que con nadie. «¿Cómo no? —replicaron ellos—, si nosotros mismos hemos visto que una doncella tomaba de tu boca unas rosas y azucenas. Dinos la verdad, ya que, de lo contrario, te quitaremos la vida». Les contestó que, contra su costumbre, se había olvidado de rezar el Rosario y lo había hecho en aquellos momentos.

*  *  *

Noticias Cristianas: «Historias para amar a la Virgen. IV Parte: Historia, n.º 5».

Historias para amar, páginas 58-59

Novedad
Cuadernos, recursos y guía
Amigos de Jesús
La Biblia de los más pequeños
Cuentos de Casals
Recomendamos
Editorial Combel
Editorial Casals