San Charbel (película biográfica)

San Charbel (película biográfica)

San Charbel, hermanos, como todo hombre, que viene a este mundo, fue llamado por Dios a una vocación, particular, que Jesús le fue desvelando, a lo largo de su vida; fue llamado primero a la vida consagrada, y allí, como religioso, expresó su amor a Dios, viviendo las virtudes de: pobreza, castidad y obediencia; más adelante, Jesús llamó a nuestro santo al Sacerdocio, en el que san Charbel amó a Jesucristo, «Sumo y Eterno Sacerdote», administrando a sus hermanos el alimento de la Palabra y la gracia de los Sacramentos, siendo además, ejemplo de humildad, fe, paciencia, piedad y sacrificio, para todos sus hermanos; finalmente, san Charbel fue llamado por Jesús, a la soledad, el silencio y el desamparo del Calvario y de la Cruz, san Charbel se entregó, íntegramente, al designio del Señor y su amor llegó al extremo, de acompañar a su adorable salvador, durante más de 20 años en una Ermita, donde su vida estuvo dedicada a la oración, a la penitencia, al sacrificio del silencio, a la mortificación de su cuerpo, al ayuno y a la contemplación y adoración de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía; así la vida de san Charbel, como podemos apreciar, fue un «holocausto de amor» a través, del cual, no solo amó a Dios con un corazón indiviso, sino que sirvió y sigue sirviendo al prójimo, por «amor a Aquel, que es el Amor».

Monseñor Georges M. Saad Abi Younes

Catequesis sobre san Charbel Makhlouf

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San Charbel, la película (2009) – Sinopsis

La película presenta la vida de san Chárbel, ermitaño del rito maronita y primer santo oriental canonizado por la Sede Apostólica desde el siglo XIII.

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San Charbel, la película (2009) – Gloria TV

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San Charbel, la película (2009) – You Tube

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San Charbel, la película (2009) – Vimeo

También podéis ver la película en el portal web Vimeo.

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San Charbel, la película (2009) – Nazaret TV

También podéis ver la película en el portal web Nazaret TV.

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San Charbel, la película (2009) – Ficha

Título original: Charbel

Año: 2009

Duración: 106 min

País: Líbano

Idioma: Árabe (subtítulos en español)

Director: Nabil Lebbos

Música: Teddy Nasr

Reparto: Ghassan Estephan, Antoine Balabane, Julia Kassar, Elie Metri, Khaled el Sayyed, Charbel Eid

Productor: Roland Eid

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Portal web oficial de la película Charbel (2009)

Nota: también podéis ver otra película más antigua de la vida de san Charbel


San Charbel Makhlouf

San Charbel Makhlouf

San Charbel vivió el Amor de Dios; amor que, a lo largo de su vida, se fue haciendo más y más profundo, hasta alcanzar, las altas cimas de la contemplación, es decir, de la unión con su Creador y Redentor. Y no vayamos a creer, que esto se dio de un momento para otro, como un acto de magia; ¡No!, san Charbel siguió el mandamiento de Jesús, que todos conocemos, alimentándose de la Palabra de Dios en el santo Evangelio; renunciando a todo aquello que le apartara del Amor a Jesucristo Resucitado; para lo cual, él puso toda su voluntad, inteligencia y entendimiento al servicio de la Verdad; permaneciendo, para siempre, unido a Jesús, como «el sarmiento a la Vid».

Monseñor Georges M. Saad Abi Younes

Catequesis sobre san Charbel Makhlouf

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San Charbel Makhlouf (1828-1898 )

Patrón de cuantos sufren en cuerpo y alma

Día: 23 de Julio

Asuntos: Gran intercesor para encontrar trabajo y también para recuperar la salud

Su cuerpo permaneció incorrupto desde el día de su muerte, el 24 de Diciembre de 1898 hasta que el Papa Pablo VI lo canoniza en el Vaticano el 9 de octubre de 1977.

Su devoción se ha extendido en el Líbano, pero también ha cruzado las fronteras a América y en especial en México donde se lo venera con fuertemente.

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San Charbel Makhluf es un santo católico maronita libanés del siglo XIX que ha dejado atónitos a los sabios, porque de su cuerpo incorrupto salió líquido sangui­nolento que era inexplicable desde todo punto de vista científico. Si su cuerpo vivo tenía cinco litros de sangre y, después de muerto, exudaba un míni­mo de un litro de líquido por año, lo que darían 67 litros en 67 años, ¿de dónde salía ese líquido misterioso con el que se producían milagros maravillosos?

Después de muerto parecía un santo vivo, pues ni se le caía el pelo ni las uñas y su cuerpo mantenía su flexibilidad natural.

San Charbel vivió como un religioso de la Orden maronita (de san Marón) en el convento de Annaya durante 16 años y los últimos 23 años como ermitaño en una ermita cercana.

Fue un hombre dado continuamente a la oración ante el Santísimo Sacramento. Vivía intensamente la misa de cada día y llevaba una vida de continua penitencia, trabajando en los campos del convento en silencio para ganarse el pan. Su vida fue: oración, penitencia y trabajo. Después de muerto, miles y miles de devotos llegan a visitar su tumba, donde Dios sigue haciendo milagros.

San Charbel es un santo popular en el Líbano, pero es un santo de todos y para todos, pues es nuestro hermano que nos espera en el cielo y cuya vida nos estimula a vivir en la tierra de cara a la eternidad.

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Nació el 8 de Mayo de 1828 en Beqaa-Kafra, el lugar habitado más alto del Líbano, cercano a los famosos Cedros, el joven Yusef Antón Makhluf creció con el ejemplo de dos de sus tíos, ambos ermitaños. A la edad de veintitrés años, dejó su casa en secreto y entró al monasterio de Nuestra Señora de Mayfuq, tomando el nombre de un mártir Sirio, Charbel, al ser admitido. Ordenado sacerdote en 1859, fijó como su residencia el monasterio de San Marón en Annaya.

El Padre Charbel vivió en esta comunidad por quince años, y fue un monje modelo en el sentido estricto de la palabra: se recuerda que, aunque se regocijaba al poder ayudar y asistir a su vecino, siempre fue un deseo dejar su monasterio. Disfrutaba pasar su tiempo cantando el oficio en el coro, trabajando en los campos y gozaba de la lectura espiritual, así que nadie se sorprendió cuando eventualmente él pidió, y recibió el permiso para ir a vivir la vida de un ermitaño. Mientras que los monjes Maronitas son generalmente comprometidos con el trabajo parroquial y pastoral, la provisión se hace siempre a aquellas almas elegidas que sienten el llamado a la vida ermitaña para impulsar su vocación, generalmente en grupos de dos o tres.

Así comenzó para el Nuevo ermitaño esa vida sagrada que ha sido inalterada desde los días de los Padres en el desierto: ayuno perpetuo, con abstinencia de carne, frutas y vino, trabajos manuales santificados por la oración, un lecho compuesto de hojas y cubiertos con piel de cabra como cama y un pedazo de madero colocado en el lugar habitual de una almohada, con la interdicción de dejar la ermita sin permiso expreso. San Charbel se puso bajo la obediencia de otro ermitaño, y pasó veintitrés años así, sus diversas austeridades parecían sólo incrementar la robustez de su salud. La única perturbación a su oración venía en la forma de la siempre creciente ola de visitantes atraídos por su reputación de santidad que buscaban consejo, la promesa de oración o algún milagro.

Entonces una mañana, a mediados de Diciembre de 1898, se enfermó sin previo aviso, justo antes de la consagración mientras celebraba una Misa. Sus compañeros le ayudaron a llegar su celda, la cual nunca volvió a dejar. La parálisis gradualmente se apoderó de él. La noche de Navidad murió, repitiendo la oración que no había podido terminar en el altar: «Padre de Verdad, tu hijo amado, que hace un increíble sacrificio por nosotros. Acepta esta ofrenda: Él murió para que yo pudiera vivir. Toma esta ofrenda! Acéptala…..» Estas palabras resumieron una vida de setenta años.

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Artículo original en www.sancharbel.com.ar

Catequesis sobre san Charbel Makhlouf

Catequesis sobre san Charbel Makhlouf

Vivimos este «tiempo ordinario» alimentándonos de la Palabra de Dios; del gozo de saber que, Jesucristo Resucitado de entre los muertos, vive para siempre; que su Amor es verdadero porque es la única realidad que sostiene nuestro peregrinar por este mundo; sí en verdad ponemos nuestra fe en Él.

Hermanos, la mejor noticia que hemos recibido jamás, es precisamente, la del Amor de Dios; Amor que llevó a Jesús, su Divino Hijo, al Sacrificio Redentor, por el cual, ya no estamos perdidos, ni solos, ni abandonados a nuestra suerte, estamos unidos a Dios, porque hemos sido liberados del mal y de la muerte; el Amor de Dios ha triunfado y nosotros hemos sido salvados, para gozar no solo de la eternidad en el futuro, sino desde hoy mismo, de la Vida Nueva, basada en el amor, la justicia y la paz, que provienen de Dios.

Pero, ¿cómo puede ser esto, nos atrevemos a pensar, sí vivimos una realidad distinta; un mundo que se mueve entre el odio, la violencia, la guerra, la inmoralidad, el engaño, la injusticia y la corrupción?

Confesémoslo, esta situación nos desalienta y muchas veces dudamos del amor de Dios; y dudamos, hermanos, porque no conocemos, realmente, a Jesús; porque, queremos vivir según nuestra voluntad, y no, según la voluntad de Dios; porque, confiamos mejor en el dinero, en el placer o en el poder, que en Jesucristo Resucitado; porque, en suma, no creemos, no conocemos y mucho menos, vivimos, el amor de Dios, manifestado en Jesús.

Pero, el AMOR existe, Jesús es el Amor; y aunque nuestra fe vacile, no podemos ocultar la verdad, de tantos hombres y mujeres que han vivido de ese Amor, por más de 2000 años.

Uno de estos hombres, fue SAN CHARBEL MAJLUF, quien gracias a la fe sencilla y sólida de sus padres, supo encarnar en su persona, el Evangelio, que hoy hemos escuchado.

San Charbel vivió el Amor de Dios; amor que, a lo largo de su vida, se fue haciendo más y más profundo, hasta alcanzar, las altas cimas de la contemplación, es decir, de la unión con su Creador y Redentor. Y no vayamos a creer, que esto se dio de un momento para otro, como un acto de magia; ¡No!, san Charbel siguió el mandamiento de Jesús, que todos conocemos, alimentándose de la Palabra de Dios en el santo Evangelio; renunciando a todo aquello que le apartara del Amor a Jesucristo Resucitado; para lo cual, él puso toda su voluntad, inteligencia y entendimiento al servicio de la Verdad; permaneciendo, para siempre, unido a Jesús, como «el sarmiento a la Vid».

El firme propósito de san Charbel fue el de conocer a Jesús, cada vez más, para servirle mejor; para que su fe, se incrementara, y así pudiera escuchar la voz de Dios, para poder cumplir con su voluntad y vivir de su amor. Este fue el trabajo de san Charbel durante toda su vida mortal, hacer vida el mandamiento del Señor: «ámense los unos a los otros, como yo los he amado» (Jn 15, 12).

San Charbel, hermanos, como todo hombre, que viene a este mundo, fue llamado por Dios a una vocación, particular, que Jesús le fue desvelando, a lo largo de su vida; fue llamado primero a la vida consagrada, y allí, como religioso, expresó su amor a Dios, viviendo las virtudes de: pobreza, castidad y obediencia; más adelante, Jesús llamó a nuestro santo al Sacerdocio, en el que san Charbel amó a Jesucristo, «Sumo y Eterno Sacerdote», administrando a sus hermanos el alimento de la Palabra y la gracia de los Sacramentos, siendo además, ejemplo de humildad, fe, paciencia, piedad y sacrificio, para todos sus hermanos; finalmente, san Charbel fue llamado por Jesús, a la soledad, el silencio y el desamparo del Calvario y de la Cruz, san Charbel se entregó, íntegramente, al designio del Señor y su amor llegó al extremo, de acompañar a su adorable salvador, durante más de 20 años en una Ermita, donde su vida estuvo dedicada a la oración, a la penitencia, al sacrificio del silencio, a la mortificación de su cuerpo, al ayuno y a la contemplación y adoración de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía; así la vida de san Charbel, como podemos apreciar, fue un «holocausto de amor» a través, del cual, no solo amó a Dios con un corazón indiviso, sino que sirvió y sigue sirviendo al prójimo, por «amor a Aquel, que es el Amor».

Así, la vida de san Charbel, no es otra cosa, que el cumplimiento fiel de su vocación: religiosa, sacerdotal y de Ermitaño; la GRACIA Y EL AMOR de Jesús no fueron estériles en san Charbel, quien realizó en su vida, el ideal, que todos quisiéramos alcanzar: el de amar y ser amado.

Hoy, san Charbel, aquel humilde campesino y pastor goza eternamente del Amor de Dios, porque el supo vivir de su amor, dejándonos con su vida oculta, un ejemplo de lo que Dios puede, en todo aquel que le ama y permanece en Él.

Hermanos, nos consta que, san Charbel ha recibido la corona de la gloria, por la que han amado y luchado, todos los santos; nos consta que el amor de Jesús, se sigue derramando, a través de él, por todos los beneficios y bendiciones, que hemos recibido, sus devotos, gracias a su poderosa intercesión; nos consta también que, san Charbel sigue y seguirá siendo un «testimonio imperecedero del amor de Dios» y un ejemplo de las virtudes y dones, que el supo trabajar durante su vida, siguiendo el Mandamiento de Cristo: «ÁMENSE LOS UNOS A LOS OTROS, COMO YO LOS HE AMADO» (Jn 15, 12).

Pidamos a la siempre Virgen María, nuestra dulce y santa Madre, durante este mes, las gracias necesarias para vivir el AMOR DE DIOS, como lo vivió san Charbel.

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San Charbel: una vida ejemplar

Mons. Georges M. Saad Abi Younes

Obispo Maronita de México