por Luis M. Benavides | 26 Dic, 2025 | Catequesis Metodología
Año tras año, las costumbres populares nos insertan dentro de algunas celebraciones que, si bien no son estrictamente catequísticas, poseen una índole mágica-religiosa que muchas veces pueden generarnos cierta confusión como, por ejemplo, los festejos en torno a la Navidad. Por supuesto que no se trata aquí de “pinchar” o “desencantar” fantasías infantiles disfrutadas por generaciones. Lo único que creemos aconsejable hacer es orientar a los niños para que rescaten los elementos esenciales de tales sucesos religiosos.
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La Navidad
Existe gran variedad de costumbres y leyendas, de acuerdo con las zonas geográficas y países en torno a la Navidad. Los grandes, y mucho más los pequeños, esperan ansiosamente esta época por los regalos, las fiestas, las comidas, la venida de Papá Noel o Santa Claus, el nacimiento de Jesús, los ángeles y pastores, los Reyes Magos, el árbol de Navidad, etc. Esta época que recuerda el nacimiento de Nuestro Salvador está rodeada de figuras y acontecimientos mágico-prodigiosos. Todo un mundo maravilloso, tan diverso del cotidiano, que cautiva a los niños.
Lo que ocurrió hace más de 2000 años en Belén es recordado por los cristianos mediante gestos cuyo significado se ha transmitido de una generación a otra por vía oral o escrita. El hecho fundamental que se recuerda y se celebra es el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. La historia de los hombres tiene un antes y un después, a partir del nacimiento de Jesús. En Navidad celebramos el día en que Dios se hizo hombre; el encuentro definitivo del Creador con sus creaturas; lo que conocemos como el misterio de la Encarnación. La Navidad debe transformarse en un tiempo de encuentros y reencuentros. Un tiempo de oración, de alegría y paz. La oración, el gesto, el canto religioso, la participación en la liturgia; todo debe crear un clima de preparación a la venida del Salvador.
Esta es la razón por la que debemos rescatar todos aquellos gestos y momentos de oración en familia, del encuentro frente al pesebre, de alegría familiar compartida. La mejor manera de preparar un lugar para Jesús en la Navidad es abriendo nuestro corazón a nuestros hermanos, especialmente los más necesitados.
Incluso el armado del pesebre con los chicos puede ser una buena ocasión para realizar una catequesis sobre la navidad. Privilegiemos el pesebre, esto es a Jesús, María y José, antes que a los regalos, las guirnaldas, el árbol de la navidad, etc. Todo esto puede acompañar, pero el lugar central lo tiene que ocupar Jesús.
Símbolos y signos navideños que se pueden explicar a los niños
- El pesebre o Belén. Es la representación del nacimiento de Jesús por medio de figuras vivientes o no. San Francisco de Asís fue el que instituyó esta costumbre hacia el año 1223.
- La estrella de Belén. Una estrella adorna nuestro belén y, a menudo, la cima del árbol de Navidad. Representa a la estrella de Belén que guió a los Reyes Magos desde Oriente hasta el pesebre donde nació Jesús. Las estrellas simbolizan la esperanza y siempre nos muestran el camino hacia Jesús.
- La comida navideña. El espíritu navideño convoca a familiares y amigos a reunirse en torno a la mesa para celebrar el nacimiento de Jesús. Es así que esta comida fraterna se expresa en un menú variado y vistoso, que se ha ido modificando según las diferentes tradiciones familiares, locales y culturales de cada región o pueblo.
- Noches de luz. El hábito de adornar los árboles y otros lugares de la casa con luces de colores o blancas, en jardines particulares o lugares públicos, expresan la “iluminación” obtenida por el nacimiento de Jesucristo.
- Las velas. Las velas llevan acumulada la carga cultural y simbólica de la luz que rompe las tinieblas y las vence ocupando su lugar; del triunfo del día sobre la noche; de la victoria del bien sobre el mal. Simbolizan la purificación y su llama se entiende como la representación de Cristo, la luz del mundo, quien derrotó definitivamente al mal con su muerte y resurrección.
- El árbol de Navidad. Los orígenes del arbolito, que según la costumbre se arma junto al pesebre cada 8 de diciembre, se remontan a una celebración pre-cristiana de la zona de Alemania. Los antiguos germanos, al finalizar cada año, celebraban la renovación de la vida, eligiendo un árbol y adornándolo con antorchas. San Bonifacio reemplazó el árbol por un pino y lo adornó con manzanas y con velas, que representaban la luz mundo, Jesucristo. Costumbre que rápidamente se extendió por otros países.
- Villancicos. Desde que se estableció la fiesta de la Navidad en el siglo II, las canciones que acompañaban las celebraciones relataban los hechos ocurridos en torno al nacimiento de Jesús. Estos temas musicales, conocidos como villancicos porque sus primeros autores e intérpretes vivían en aldeas o villas, pasaron a formar parte de la liturgia en el siglo XVI. Entre ellos se destaca Noche de Paz, escrita en 1818 por el Padre Joseph Mohr y con música de Franz Gruber, en Austria.
- Las Campanas. Purifican y son símbolo de alegría y júbilo navideño. Con su bello y atrayente sonido llaman la atención de quienes las escuchan y predisponen a estar atentos y escuchar todo lo que viene de lo alto; o sea todo lo que viene de Dios.
- Coronas. Simbolizan la dignidad y el poder, sobre todo el del Jesús. Poseen un valor simbólico y suelen ser elaboradas con plantas como el acebo o el muérdago, adornando los hogares en Navidad.
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Todas las catequesis de Luis María Benavides
Catequesis en camino – Sitio web de Luis María Benavides
por Eduardo Arquer | 20 Dic, 2025 | Primera comunión Dinámicas
Aunque ya se aprecian representaciones de La Virgen María con el niño en brazos en las catacumbas, fue san Francisco de Asís en el año 1223 quien tuvo la iniciativa de representar la escena del nacimiento de Jesús utilizando personas y animales de verdad; esto le ayudaba a considerar la realidad del misterio del nacimiento de Nuestro Señor. La idea se hizo costumbre en la Iglesia y hoy día, en nuestros hogares, en nuestras parroquias y en tantos lugares del mundo celebramos la Navidad montando nuestro Belén.
Belén (Bet-lehem) significa “la casa del pan”. En esta pequeña localidad de Palestina nació Jesucristo, el Hijo de Dios, el Pan de Vida, nuestro Redentor, el Mesías prometido por Dios desde tiempos remotos. Una profecía de Miqueas lo anunciaba con claridad: “Y tú Belén de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, pues de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo Israel” (Miq 5,1)
Belén era el pueblo donde había nacido el rey David y estaba ubicado en el territorio de Judá; ambas circunstancias son importantes a saber: El patriarca Jacob, antes de morir, había delegado en su hijo Judá para que ejerciese la autoridad sobre el resto de los once hermanos, pues aunque Judá no era el mayor, había demostrado gran bondad con su padre y mayor celo y renuncia personal a favor de sus hermanos –recuérdese la historia de José– . Jacob encomendó a Judá y a sus descendientes esta misión de tutela “Hasta que venga Aquel a quien Dios ha destinado, a quien darán obediencia todos los pueblos” (Gen 49,10), en una clara referencia al Mesías que había de venir revestido de la autoridad de Dios. Ya tenemos, pues, que el Mesías nacería de la tribu de Judá.
Y en Belén de Judá vivía David cuando fue elegido por Dios y ungido por el profeta Samuel para reinar sobre todo Israel. Yahvé (Dios) le prometió continuar su reinado a través de Salomón, su hijo, y de su linaje: “Reinado que ya será para siempre, tu trono que durara para toda la eternidad” (2 Rey 7, 12-17) Pues de su descendencia nacería el Mesías (Jesucristo) cuyo reino será, y ya es, eterno según esta profecía; por eso a Jesús se le llama también “Hijo de David”. Cinco siglos mas tarde el profeta Isaías lo recordaría con estas palabras: “Y brotará un retoño del tronco de Jesé – el padre de David- sobre el que reposará el Espíritu de Yahvé” (Is 11, 1-2) Es el Espíritu Santo en toda su plenitud sobre Jesús, el Mesías prometido.
Entre Jacob y David pasarían casi mil años, y entre David y Jesucristo otros mil años.
Pero volvamos al tiempo del nacimiento del Niño Dios: San José y la Virgen Maria se sabían ambos descendientes de David, aunque el anuncio del ángel Gabriel a Maria fue una sorpresa inesperada para ella, entre otras cosas porque había decidido ofrecer su virginidad a Dios y no figuraba en sus planes tener hijos, habiendo renunciado así a la posibilidad de ser la madre del Mesías.
El Misterio: Vemos al Niño Jesús que ha nacido, recostado en un pesebre -un recipiente donde se pone de comer a los animales-, que le sirve de cuna improvisada. Está envuelto en pañales porque hace mucho frio, aunque la ternura popular lo representa poco abrigadito. A su lado está su Madre la Virgen Maria y San José: La Sagrada Familia. Este es el motivo central del Belén, cuya representación nos mueve a la contemplación del gran misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.
Los Reyes Magos: No fueron reyes en sentido estricto sino mas bien “magos” o “sabios” orientales versados en la ciencia de la astrología, que era una ciencia adivinatoria basada en el principio de que la vida de los hombres se desarrolla bajo la influencia de los astros. Dios se sirvió de esta circunstancia y movió el espíritu de estos buenos hombres para anunciarles, mediante una estrella singular, el acontecimiento más importante de la historia: La venida del Hijo de Dios al mundo.
Ellos, siguiendo la inspiración de Dios, y guiados por la estrella, arribaron a Jerusalén, donde reinaba Herodes. Preguntaron con sencillez acerca de dónde, según las escrituras, había de nacer el Mesías. “En Belén de Judá” le respondieron los expertos consultados por Herodes que conocían la profecía de Miqueas.
Se marcharon satisfechos y se alegraron al ver de nuevo la estrella que los condujo hasta Belén. Encontraron al Niño Dios y le ofrecieron oro, por ser rey; incienso, por ser Dios; y mirra, por ser hombre.
El Castillo de Herodes: Herodes vivía en su palacio, en la parte alta de Jerusalén. No era judío pero logró, mediante acuerdos con la autoridad romana, ser nombrado rey de los judíos. Recibió el sobrenombre de “El Grande” porque realizó imponentes edificaciones, entre las que destacaba la reconstrucción del templo de Jerusalén que había sido destruido por el general romano Pompeyo en el año 63 antes de Cristo. Nunca tuvo el templo tanto esplendor como el que le dio Herodes el Grande: Era dos veces más alto que el de Salomón, y algunas de sus partes rematadas con oro deslumbraban con la luz del sol. Es el templo que conoció Jesús; aunque años mas tarde, en el 70 de nuestra era, sería de nuevo destruido por el ejército romano.
Herodes era vengativo y, al enterarse por los Magos del posible nacimiento del Mesías, desencadenó una matanza de niños pequeños para que nadie pudiera amenazar su trono a él o a sus sucesores. Este episodio se conoce como la Matanza de los Inocentes, que también se representa en el Belén; y aunque se vean romanos asesinando a los niños, las órdenes no vinieron de Roma sino de Herodes.
Los romanos: Como Palestina estaba dominada por el Imperio Romano, había por aquel tiempo una convivencia pacífica entre judíos y romanos, de hecho, muchos judíos procuraban adquirir la ciudadanía romana por conveniencia.
El cesar Augusto había proclamado un edicto mediante el cual se haría un censo de todo el imperio. Cada uno tenía que empadronarse en la ciudad a la que pertenecía. José y María, su esposa, que estaba en avanzado estado de gestación, tuvieron que ir a Belén, pues eran de la “casa de David” y en aquellos días nació Jesús. Dios se valió de esta circunstancia para que el Mesías naciera en Belén y se cumplieran las profecías.
La posada: San José buscó un lugar adecuado para María en el que pudiera estar bien atendida pero no había sitio para ellos en la posada y tuvieron que alojarse en un establo.
La mula y el buey: En un establo en el que había animales nace Jesús, a continuación es colocado por su madre en un pesebre; en estas condiciones de extrema pobreza ocurrió todo, ¡Y es el Hijo de Dios! De momento pasa desapercibido en la tierra pero todo el cielo lo sabe, incluso los animales parecen adivinarlo: “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo” Son palabras del profeta Isaías (Is. 1,3)
Los pastores que pernoctaban al raso: Pero Dios quiso comunicar directamente la noticia del nacimiento de Jesús, aparte de a los Reyes Magos, a unos pastores que estaban velando al raso cerca de sus rebaños. Para ello les envió un Ángel que, en medio de la noche les dijo: “Os anuncio una gran alegría que será para todo el pueblo: Hoy os ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo Señor. Y esto os servirá de señal: hallareis un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre” Y de repente vino a unirse al Ángel una multitud del ejercito celestial que alababa a Dios diciendo: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.
Entusiasmados, se encaminaron hacia Belén, donde encontraron al Niño como les había dicho el ángel.
Transmitieron la noticia por el lugar y muchas más personas vinieron a adorar al Niño Jesús. Los otros pastores y demás adoradores La Virgen María, llena de alegría, guardaba todo lo que estaba aconteciendo en su corazón.
La estrella: Seguramente era un astro natural que destacaba sobre los demás. Algunos piensan que pudo haber sido el cometa Halley. Es posible; pero lo importante es que fue el signo que puso Dios en el cielo para conducir a los Magos hacia Belén.
Otras escenas: Hay escenas en algunos belenes que, no habiendo sucedido en aquellos días, se representan también dentro de los mismos. Es el caso de La Anunciación del ángel Gabriel a la Virgen, la Visitación de Maria a su prima
santa Isabel, la Jornada de viaje de san José con la Virgen desde Nazaret hasta Belén, la Huida a Egipto de san José con la Virgen y el Niño, etc.
En fin, el belén constituye una recreación plástica y artística llena de matices, de los acontecimientos sucedidos en torno al nacimiento del Hijo de Dios. Se ha convertido en piadosa costumbre popular que nos habla de la bondad de Dios con el género humano, de la paz entre los hombres y entre los pueblos, de unión entre las familias; y ayuda al creyente a profundizar en la alegría de la salvación de la humanidad realizada por Jesucristo. Dios hecho hombre.
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Eduardo Arquer
por CeF | 20 Dic, 2025 | Confirmación Dinámicas
Con las siguientes imágenes se puede elaborar un precioso belén recortable y luego plegado y pegado formando una composición en tres dimensiones.
Aconsejamos que las figuras sean impresas en papel de alto gramaje o que sea bastánte rígido.
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Para imprimir las imágenes sigue las siguientes instrucciones:
- Desde Windows Internet Explorer, pinchar sobre la imagen, pulsar el botón derecho del raton y elegir «Guardar como» (se guarda en disco duro y luego se edita e imprime con un programa de edición de imágenes) o «Imprimir».
- Desde Mozilla Firefox, pinchar sobre la imagen, pulsar el botón derecho del ratón y elegir «ver imagen» (una vez abierta, en el menú «Archivo», elegir «Imprimir») o «guardar imagen como» (se guarda en disco duro y luego se edita e imprime con un programa de edición de imágenes).
- Es aconsejable que, al imprimr estas ilustraciones, se elija la opción «ajustar», para que el dibujo se escale hasta ocupar la mayor parte de la hoja.
Fuente: Club.telepolis.es
por Guillermo Mirecki | 17 Dic, 2025 | Catequesis Testimonios
«El árbol de Navidad es la reunión de las esperanzas de toda la familia. El Niño Dios lo ve y está contento: sonríe y comparte con todos nosotros el día de su cumpleaños». Con unas u otras palabras, mi madre nos recordaba de esta manera el significado que tiene para los cristianos el abeto adornado en estas fechas.
Mi familia proviene de muchos lugares, por lo que tradiciones muy diversas eran vividas en nuestro hogar. Una de mis bisabuelas era una hugonote francesa que se convirtió al catolicismo al casarse con mi bisabuelo. Vivieron en la Navarra francesa y luego en Burdeos y ellos, polaco y francesa, crearon una peculiar familia que recabó en España.
Mi abuela Zelinne fue quien introdujo la costumbre del árbol de Navidad, con el sentido que luego mis padres recogieron.
El árbol de Navidad era el esfuerzo común de toda la familia: su obtención, su decorado, su mantenimiento, etc.
Todo el trabajo comenzaba unas semanas antes de Navidad. Mi madre se organizaba muy bien para que jugáramos o trabajáramos a su alrededor durante todo el año. En esas semanas, la movilización de enanos era general, y la razón no era otra que fabricar los adornos para el abeto. Sí que teníamos unas bolas de cristal y alguna cintilla de espumillón… pero esos adornos eran secundarios. Mi madre nos enseñó que los adornos del árbol de Navidad son expresión de nuestro agradecimiento a Dios por todo lo que habíamos recibido de Él durante el año. Por eso no podían guardarse de año en año, sino que había que hacer adornos nuevos cada Navidad. No era, desde luego, un derroche… había para todos los gustos.
Los adornos más bonitos y sabrosos eran unos Reyes Magos planos de caramelo que mis hermanas hacían con unos moldes en la cocina, sobre un mármol. También elaboraban ángeles y pastorcillos… en el abeto siempre se montaba como un pequeño belén colgado de sus ramas. Para que no se estropearan, los envolvían en papel de celofán… y terminaban devorados el día de los Reyes. También hacían estrellas de pan de jengibre, bolitas de mazapán envueltas en platillas y otros dulces… la decoración de Navidad era un manjar para todos. En la cocina también se hacía un adorno polaco, las «oplatek», hojas de oblea con imágenes navideñas, que se regalan en Polonia como símbolo de comunión en estas fechas. Es una tradición bonita: te comes literalmente las felicitaciones navideñas en la cena de Nochebuena. Bueno, en mi casa se colgaban algunas del árbol como adornos.
Los pequeños hacíamos estrellas y ángeles con platillas y cartulina, flores con papel pinocho, etcétera, etcétera.
Mi madre bordaba en punto de cruz el adorno principal: un marquito redondo en el que colocaba recortada una imagen de la Sagrada Familia. «Este adorno –nos decía– es el que da sentido a todos los demás: se los ofrecemos a ellos».
El paso siguiente era la obtención de un abeto. Mi padre solía ir a una finca de unos amigos que tenían abetos cuando mis hermanos mayores eran chiquitines. Más tarde, en mi niñez, bajábamos a la Escuela de Ingenieros Forestales en la Ciudad Universitaria… toda una excursión, porque había que, al menos, llevarlo a casa andando y entre los que fuéramos con él. Todo requería un pequeño sacrificio: sin este esfuerzo común de toda la familia, la simbología del árbol se desvanece y pasa a formar parte del decorado.
El día 23 de diciembre tenía que estar todo preparado: durante la tarde decorábamos el árbol que se coronaba con un pináculo de cristal. En el centro, el bordado de mi madre, con todos los adornos alrededor: tenía que haber adornos de todos y cada uno, del mayor al más pequeño… siempre había un chupete colgando, algún «madelman» de pastor o de rey o un «barriguitas» de angelote. Durante toda la Navidad el árbol era un signo visible y presente en toda la casa. Su olor, a abeto, chocolate y caramelo, es imborrable.
A los pies del árbol mi madre colocaba una figura del Niño Jesús, en un pesebrillo y con flores alrededor… El regalo de Nochebuena en mi casa se lo ofrecíamos la familia entera al Niño Jesús, que acababa de nacer, con el árbol y sus adornos.
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por Varios en Internet | CeF | 17 Dic, 2025 | Despertar religioso Juegos
Con motivo de las próximas fiestas de Navidad, os ofrecemos las siguientes láminas para que los niños de la familia se diviertan coloreando el árbol de Navidad.
Os deseamos a todos feliz Navidad y que los Reyes Magos sean buenos con toda la familia.
Podéis acceder a las láminas en tamaño real pulsando sobre los títulos de cada imagen y también en las propias imágenes.
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¡Colorea árboles de Navidad!
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¡Colorea árboles de Navidad! (I)
¡Colorea árboles de Navidad! (II)
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por María del Carmen Peña Aguado | 9 Dic, 2025 | Novios Testimonios
En estos tiempos del Adviento y la Navidad es importante recuperar el sentido de lo que hacemos o vemos, porque estamos hartos de ver coronas, nacimientos o árboles de Navidad como algo simplemente decorativo. Seguro que se pueden recuperar otros tantos signos y tradiciones.
En mi familia dedicamos gran parte del Adviento a montar el Belén en casa. Colaboramos todos, y cada uno aporta lo mejor de sí mismo. Es como algo que les va atrayendo cada vez más, a fuerza de poner empeño. ¿ Que cómo hemos conseguido que tengan interés por montar el Nacimiento? Hemos ido incorporando algunas tradiciones que realmente les cautivan.
Una de ellas es que desde pequeños les hemos procurado llevar a ver nacimientos en Madrid, que es donde vivimos, y también fuera de Madrid; en Ocaña (Toledo) hay uno ¡que es estupendo!

Vista general de nuestro belén
Para la elaboración del nacimiento realizamos diversas excursiones, que reúnen a todos: una salida al campo toda la familia para recoger hierbas, musgo, piedras, arbustos…. cualquier cosa es susceptible de convertirse en un elemento de nuestro nacimiento. Los más pequeños se apasionan por encontrar algo que pueda ser útil, y se les despierta la imaginación. Con esa excusa, toda la familia pasa un día junta en el campo.
Hay aún otra salida, no menos apasionante, que es la compra, cada año, de algo nuevo para el nacimiento. El ver los adornos en la plaza, hacerse uno más con la gente, conocer el Madrid antiguo, elegir aquello que va a formar parte nuestra, como pueda ser una lavandera, una oveja o un cerdito, me parece una de las cosas más entrañables de nuestra preparación del belén.

El Misterio y sus aledaños
Para poner el nacimiento, hay que preparar la casa, renunciar a una parte nuestra para plantar el belén en el centro, a pesar de los inconvenientes. Exige un trabajo extra sacar toda la parafernalia que ocupa. De ello da constancia el papá y los más mayores, a la hora de subir del trastero todas la cajas. La ilusión que produce en los pequeños ir descubriendo el contenido de cada una de ellas, un año más, compensa todos nuestros esfuerzos.
Después viene la puesta en escena. Surge entre todos una tormenta de ideas que raya en lo contencioso, hasta que… milagrosamente, cada elemento va ocupando su lugar; fruto del espíritu, ¡claro está!, porque quedan en evidencia nuestras disensiones. Pero al final, el portal está donde tenía que estar y así también el castillo de Herodes, la posada, la Anunciación de los pastores, etc.

Anunciación y posada
Pasada la fase técnica, le sigue la más artística, de pequeños elementos decorativos como el musgo, el serrín… Todos los hierbajos que cogimos en el campo, encuentran ahora su utilidad. Los pequeños son, ahora, los auténticos protagonistas. En esta etapa, es claro, que tampoco están ausentes las disensiones, pero cada uno encuentra su espacio donde volcar su creatividad.
Hay algo que les suscita mucho interés, y es la competencia con otras familias conocidas que ponen el belén. El año pasado, y valga como ejemplo, una familia de nuestra comunidad entró en el colegio El Prado por primer año, se presentó al concurso de belenes y ganó el primer premio; puede imaginarse que, este año, no estamos dispuestos a que nos ganen, y para ello hemos ido a tomar unas clases a casa de una amiga que es experta en belenes, porque ¡está en juego nuestro orgullo!

Panadería y carpintería
Por último, la Nochebuena: antes de cenar con los abuelos, primos y tíos que vienen a casa, en torno al Belén leemos el pasaje del Evangelio que narra el nacimiento de Jesús extensamente, y los niños van identificando en el Belén todas las escenas posibles. Esto les encanta. Acabamos cantando todos con las panderetas y guitarras un montón de villancicos al estilo más tradicional.
Habría más que podría contar, pero con esto, se puede hacer una idea de lo que da de sí la tradición en familia de montar el Belén en casa. Y, con todo, somos unos inexpertos, pero, eso sí: lo hemos pasado fenomenal con nuestros hijos y creemos que siempre lo recordarán y lo seguirán haciendo con sus propias familias, porque nosotros lo aprendimos a su vez de nuestros padres.
Fuera del hogar, también tiene interés el sentido que pueden tener los nacimientos en nuestra vida parroquial. Un año tuvimos una experiencia muy buena que fue reunirnos las familias que teníamos niños pequeños con la catequista de preparación de primera comunión, y en torno al belén darles una catequesis a todos juntos. Fue muy bonito.

Presentación en el Templo
Algo que centra mucho a los niños en la parroquia, y que también nosotros hemos cultivado en casa, es la preparación de una representación teatral de la Navidad. Se pasan todo el Adviento yendo a ensayar la obra los sábados y la disputa cada año entre las niñas es quién va a hacer el papel de Virgen. Es un éxito. En nuestra parroquia ha ido siempre gente que no tenía nada que ver con ella, porque los niños atraen. También la preparación de la visita de los Reyes Magos a la parroquia puede ocupar parte del Adviento.
En nuestro caso, la preparación del Adviento en la familia y en la parroquia están muy imbricadas.
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por Luis M. Benavides | 5 Dic, 2025 | Confirmación Vida de los Santos
Año tras año, las costumbres populares nos insertan dentro de algunas celebraciones que, si bien no son estrictamente catequísticas, poseen una índole mágica-religiosa que muchas veces pueden generarnos cierta confusión como, por ejemplo, los festejos en torno a la Navidad. Por supuesto que no se trata aquí de “pinchar” o “desencantar” fantasías infantiles disfrutadas por generaciones. Lo único que creemos aconsejable hacer es orientar a los niños para que rescaten los elementos esenciales de tales sucesos religiosos.
Papá Noel
La leyenda de Papa Noel, Santa Claus o San Nicolás (como se lo llama en muchos países) se remonta a fines del siglo III. Nicolás nació en una familia rica de la región del sur de Turquía (Asia Menor). Cuando fue adulto se convirtió al cristianismo. Posteriormente, fue elegido obispo y tomó la costumbre de recorrer su pueblo repartiendo regalos en las casas, para la época de la Navidad, especialmente entre los niños y adolescentes carenciados. Menos de 100 años después, Nicolás fue canonizado por sus obras de caridad. Fue enterrado en la ciudad de Bari, Italia, razón porque se lo recuerda como San Nicolás de Bari. Su nombre dio origen a Santa Claus (contracción de Sanctus Nicolaus, en latín).
Con respecto a la figura actual de Papá Noel y toda la parodia que se representa en torno a su imagen y los regalos, conviene no abusar demasiado de ello. Muchos niños quedan atemorizados y, más adelante defraudados, frente a la “mentira” de Papá Noel. Con las figuras de nuestros cuentos y representaciones no se debe explotar la buena fe de los niños ni mucho menos, realizar advertencias moralizantes en función de tales historias o personajes. Por ejemplo: “tienes que portarte bien porque si no, Papá Noel no va a traerte ningún regalo…” o “el Niño Jesús está muy enojado con lo que hiciste…”
El encuentro con Papá Noel podría transformarse —y en muchos lados se está haciendo así — en una representación alegre y entretenida en la cual toda la familia participa. Los regalos los traen los padres y se intercambian entre todos y se reparten. A los mismos chicos les gusta mucho disfrazarse o ver a sus familiares disfrazados de Santa Claus (entre paréntesis, qué lindo sería poder rescatar el nombre de San Nicolás que más tiene que ver con nuestra cultura…). De esta manera, no se finge ante los niños ni se los mantiene en la incertidumbre y todos disfrutarán mejor de la jornada navideña.
De todos modos, no habría que perder de vista el hecho central de la presencia de Papá Noel o Santa Claus y las circunstancias que dieron origen a su leyenda: homenajear el nacimiento de Jesús atendiendo de corazón a nuestros hermanos necesitados.
En todos los casos es muy importante diferenciar siempre con los chicos entre las leyendas sobre Papá Noel, Santa Claus, etcétera, y el hecho real del nacimiento de Jesús. El nacimiento de Jesús es un hecho real y verdadero. No podemos ni debemos reducir el sentido de la Navidad a un momento alegre del año, donde todos renovamos nuestras esperanzas de un mundo mejor y deseos de prosperidad.
A la celebración material añadamos la celebración espiritual. Que al centro de las celebraciones, esté el celebrado, Jesús y que no nos olvidemos del festejado en su fiesta. Por esta razón, prestemos más atención a todos los signos y gestos que nos refieren a Jesús: el armado del pesebre junto a los chicos, la preparación espiritual, la oración durante el Adviento, la oración en familia en la Nochebuena, la visita a los pesebres en los templos, asistir a un pesebre viviente.
Lo importante es la actitud interior de oración, recogimiento y alabanza a Dios por las maravillas que ha hecho al enviarnos a su Hijo Único, Jesús y que recordamos en Navidad. Y, como en todas las cosas, el ejemplo y devoción de los padres es la mejor enseñanza para los chicos.
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Todas las catequesis de Luis María Benavides
Catequesis en camino – Sitio web de Luis María Benavides
por Catequesis en Familia | 22 Dic, 2016 | La Biblia
Mateo 4, 12-17.23-25. Tiempo de Navidad (7 de enero). Jesús nos invita a convertirnos porque… ¡El Reino de los cielos ya ha llegado!
Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: «¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz». A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca». Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes multitudes que llegaban a Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.
Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
Lecturas
Primera lectura: Epístola I de san Juan, 1 Jn 3, 22-24; 4, 1-6
Salmo: Sal 2, 7-11
Oración introductoria
Creo en Ti Señor porque eres la Verdad misma. Espero en Ti porque eres la Misericordia infinita. Te amo, pero ayúdame a amarte más porque Tú eres el único digno de ser amado sobre todas las cosas.
Petición
Señor, cúrame, hazme ser fiel a tu amor. Concédeme ser un apóstol esforzado y fiel de tu Reino.
Meditación del Santo Padre Francisco
Jesús no quiere obrar solo, vino a traer al mundo el amor de Dios y quiere difundirlo con el estilo de la comunión, con el estilo de la fraternidad. Por ello forma inmediatamente una comunidad de discípulos, que es una comunidad misionera. Inmediatamente los entrena para la misión, para ir.
Pero atención: el fin no es socializar, pasar el tiempo juntos, no, la finalidad es anunciar el Reino de Dios, ¡y esto es urgente! También hoy es urgente. No hay tiempo que perder en habladurías, no es necesario esperar el consenso de todos, hay que ir y anunciar.
La paz de Cristo se lleva a todos, y si no la acogen, se sigue igualmente adelante. A los enfermos se lleva la curación, porque Dios quiere curar al hombre de todo mal. ¡Cuántos misioneros hacen esto! Siembran vida, salud, consuelo en las periferias del mundo. ¡Qué bello es esto! No vivir para sí mismo, no vivir para sí misma, sino vivir para ir a hacer el bien.
Hay tantos jóvenes hoy en la Plaza: pensad en esto, preguntaos: ¿Jesús me llama a ir, a salir de mí para hacer el bien? A vosotros, jóvenes, a vosotros muchachos y muchachas os pregunto: vosotros, ¿sois valientes para esto, tenéis la valentía de escuchar la voz de Jesús? ¡Es hermoso ser misioneros!
Santo Padre Francisco
Ángelus del domingo, 7 de julio de 2013
Catecismo de la Iglesia Católica, CEC
III. La conversión de los bautizados
1427 Jesús llama a la conversión. Esta llamada es una parte esencial del anuncio del Reino: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva» (Mc 1,15). En la predicación de la Iglesia, esta llamada se dirige primeramente a los que no conocen todavía a Cristo y su Evangelio. Así, el Bautismo es el lugar principal de la conversión primera y fundamental. Por la fe en la Buena Nueva y por el Bautismo (cf. Hch2,38) se renuncia al mal y se alcanza la salvación, es decir, la remisión de todos los pecados y el don de la vida nueva.
1428 Ahora bien, la llamada de Cristo a la conversión sigue resonando en la vida de los cristianos. Esta segunda conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia que «recibe en su propio seno a los pecadores» y que siendo «santa al mismo tiempo que necesitada de purificación constante, busca sin cesar la penitencia y la renovación» (LG 8). Este esfuerzo de conversión no es sólo una obra humana. Es el movimiento del «corazón contrito» (Sal 51,19), atraído y movido por la gracia (cf Jn 6,44; 12,32) a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero (cf 1 Jn 4,10).
1429 De ello da testimonio la conversión de san Pedro tras la triple negación de su Maestro. La mirada de infinita misericordia de Jesús provoca las lágrimas del arrepentimiento (Lc22,61) y, tras la resurrección del Señor, la triple afirmación de su amor hacia él (cf Jn 21,15-17). La segunda conversión tiene también una dimensión comunitaria. Esto aparece en la llamada del Señor a toda la Iglesia: «¡Arrepiéntete!» (Ap 2,5.16).
San Ambrosio dice acerca de las dos conversiones que, «en la Iglesia, existen el agua y las lágrimas: el agua del Bautismo y las lágrimas de la Penitencia» (Epistula extra collectionem 1 [41], 12).
Catecismo de la Iglesia Católica
Propósito
Conocer, para vivir, las exhortaciones de mi obispo para la celebración del Año de la Fe.
Diálogo con Cristo
Jesús, quiero tener esa disponibilidad que tuviste siempre para con los demás. Abre mis ojos y mi corazón a las necesidades de quienes están más cerca. Quiero saber salir de mí mismo, de mi comodidad, para ser un auténtico misionero de tu amor en tu Iglesia. Que mi única ilusión sea la de poder gastar, minuto a minuto, la vida que me has ha dado, siguiendo fielmente las indicaciones de tus Pastores.
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por Catequesis en Familia | 22 Dic, 2016 | La Biblia
Juan 1, 35-42. Tiempo de Navidad (4 de enero). Cristo es fiel. Tened la certeza. Jesús no os traicionará jamás.
Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?». Ellos le respondieron: «Rabbí —que traducido significa Maestro— ¿dónde vives?». «Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde. Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro.
Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
Lecturas
Primera lectura: Epístola I de san Juan, 1 Jn 3, 7-10
Salmo 98(97), 1-2.7-9
Oración introductoria
Yo también quiero tener un encuentro contigo en esta oración. Sólo quiero buscarte a Ti Señor, aleja toda distracción y preocupación que me desvíe y ayúdame a tener un encuentro personal con tu amor.
Petición
Cordero de Dios, dame la gracia de encontrarte y nunca más dejarte.
Meditación del Santo Padre Francisco
Queridos catecúmenos:
[..]
El relato del Evangelio (cf. Jn 1, 35-42) nos ha presentado a Juan el Bautista que indica a sus discípulos a Jesús como el Cordero de Dios. Dos de ellos siguen al Maestro, y luego, a su vez, se convierten en «mediadores» que permiten a otros encontrar al Señor, conocerle y seguirle. Hay tres momentos en este relato que hacen referencia a la experiencia del catecumenado. En primer lugar está la escucha. Los dos discípulos escucharon el testimonio del Bautista. También vosotros, queridos catecúmenos, habéis escuchado a quienes os hablaron de Jesús y os propusieron seguirle, llegando a ser sus discípulos por medio del Bautismo. En el tumulto de muchas voces que resuenan en torno a nosotros y dentro de nosotros, vosotros habéis escuchado y acogido la voz que os indicaba a Jesús como el único que puede dar sentido pleno a nuestra vida.
El segundo momento es el encuentro. Los dos discípulos encuentran al Maestro y permanecen con Él. Tras haberle encontrado, advierten inmediatamente algo nuevo en su corazón: la exigencia de transmitir su alegría también a los demás, a fin de que también ellos lo puedan encontrar. Andrés, en efecto, encuentra a su hermano Simón y lo conduce a Jesús. ¡Cuánto bien nos hace contemplar esta escena! Nos recuerda que Dios no nos ha creado para estar solos, cerrados en nosotros mismos, sino para encontrarle a Él y para abrirnos al encuentro con los demás. Dios, el primero, viene hacia cada uno de nosotros; y esto es maravilloso. Él viene a nuestro encuentro. En la Biblia Dios aparece siempre como Aquél que toma la iniciativa del encuentro con el hombre: es Él quien busca al hombre, y generalmente le busca precisamente mientras el hombre atraviesa la experiencia amarga y trágica de traicionar a Dios y de huir de Él. Dios no espera a buscarle: le busca inmediatamente. Nuestro Padre es un buscador paciente. Él nos precede y nos espera siempre. No se cansa de esperarnos, no se aleja de nosotros, sino que tiene la paciencia de esperar el momento favorable del encuentro con cada uno de nosotros. Y cuando tiene lugar el encuentro, nunca es un encuentro apresurado, porque Dios desea permanecer largo rato con nosotros para sostenernos, para consolarnos, para donarnos su alegría. Dios se apresura para encontrarnos, pero nunca tiene prisa para dejarnos. Permanece con nosotros. Como nosotros le anhelamos y le deseamos, así también Él tiene deseo de estar con nosotros, porque nosotros pertenecemos a Él, somos «propiedad» suya, somos sus creaturas. También Él, podemos decir, tiene sed de nosotros, de encontrarnos. Nuestro Dios está sediento de nosotros. Éste es el corazón de Dios. Es hermoso sentir esto.
El último rasgo del relato es caminar. Los dos discípulos caminan hacia Jesús y luego hacen un tramo del camino junto a Él. Es una enseñanza importante para todos nosotros. La fe es un camino con Jesús. Recordad siempre esto: la fe es caminar con Jesús; y es una que dura toda la vida. Al final tendrá lugar el encuentro definitivo. Cierto, en algunos momentos de este camino nos sentimos cansados y confundidos. Pero la fe nos da la certeza de la presencia constante de Jesús en cada situación, incluso en la más dolorosa o difícil de entender. Estamos llamados a caminar para entrar cada vez más dentro del misterio del amor de Dios, que nos sobrepasa y nos permite vivir con serenidad y esperanza.
Queridos catecúmenos, hoy vosotros iniciáis el camino del catecumenado. Os deseo que lo recorráis con alegría, seguros del apoyo de toda la Iglesia, que os mira con mucha confianza. María, la discípula perfecta, os acompaña: es hermoso sentirla como nuestra Madre en la fe. Os invito a custodiar el entusiasmo del primer momento que os ha hecho abrir los ojos a la luz de la fe; a recordar, como el discípulo amado, el día, la hora en la que por primera vez os habéis quedado con Jesús, habéis sentido su mirado sobre vosotros. No olvidéis nunca esta mirada de Jesús sobre ti, sobre ti, sobre ti… ¡No olvidar nunca esta mirada! Es una mirada de amor. Y así estaréis siempre seguros del amor fiel del Señor. Él es fiel. Tened la certeza: Él no os traicionará jamás.
Santo Padre Francisco
Homilía del sábado, 23 de noviembre de 2013
Meditación del Santo Padre Benedicto XVI
La palabra «Cristo» (Mesías) significa «el Ungido». La humanidad de Jesús está insertada, mediante la unidad del Hijo con el Padre, en la comunión con el Espíritu Santo y, así, es «ungida» de una manera única, y penetrada por el Espíritu Santo. Lo que había sucedido en los reyes y sacerdotes del Antiguo Testamento de modo simbólico en la unción con aceite, con la que se les establecía en su ministerio, sucede en Jesús en toda su realidad: su humanidad es penetrada por la fuerza del Espíritu Santo. Cuanto más nos unimos a Cristo, más somos colmados por su Espíritu, por el Espíritu Santo. Nos llamamos «cristianos», «ungidos», personas que pertenecen a Cristo y por eso participan en su unción, son tocadas por su Espíritu. No quiero sólo llamarme cristiano, sino que quiero serlo, decía san Ignacio de Antioquía. Dejemos que precisamente estos santos óleos, que ahora son consagrados, nos recuerden esta tarea inherente a la palabra «cristiano», y pidamos al Señor para que no sólo nos llamemos cristianos, sino que lo seamos verdaderamente cada vez más.
Santo Padre Benedicto XVI
Homilía de Jueves Santo el 21 de abril de 2011
Catecismo de la Iglesia Católica, CEC
LOS FIELES DE CRISTO: JERARQUÍA, LAICOS, VIDA CONSAGRADA
871 «Son fieles cristianos quienes, incorporados a Cristo por el bautismo, se integran en el Pueblo de Dios y, hechos partícipes a su modo por esta razón de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cada uno según su propia condición, son llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó cumplir a la Iglesia en el mundo» (CIC, can. 204, 1; cf. LG 31).
872 «Por su regeneración en Cristo, se da entre todos los fieles una verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y acción, en virtud de la cual todos, según su propia condición y oficio, cooperan a la edificación del Cuerpo de Cristo» (CIC can. 208; cf. LG 32).
873 Las mismas diferencias que el Señor quiso poner entre los miembros de su Cuerpo sirven a su unidad y a su misión. Porque «hay en la Iglesia diversidad de ministerios, pero unidad de misión. A los apóstoles y sus sucesores les confirió Cristo la función de enseñar, santificar y gobernar en su propio nombre y autoridad. Pero también los laicos, partícipes de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cumplen en la Iglesia y en el mundo la parte que les corresponde en la misión de todo el Pueblo de Dios» (AA 2). En fin, «en esos dos grupos [jerarquía y laicos] hay fieles que por la profesión de los consejos evangélicos […] se consagran a Dios y contribuyen a la misión salvífica de la Iglesia según la manera peculiar que les es propia» (CIC can. 207, 2).
Catecismo de la Iglesia Católica
Propósito
Si yo he ha experimentado el amor de Dios en mi alma, tratar que los demás también puedan gozar de este maravilloso encuentro.
Diálogo con Cristo
Gracias por permitirme encontrarte en esta oración. Ahora, Señor y Padre mío, no dejes que me encandile con las tentaciones del mundo. Realmente quiero responder a tu llamado y cumplir cabalmente tu voluntad, aunque me cueste. Permite que mi testimonio de vida sea un puente para que otros también te sepan buscar y encontrar.
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