Evangelio del día: Fiesta de la Sagrada Familia

Evangelio del día: Fiesta de la Sagrada Familia

Mateo 2, 13-15.19-23. Fiesta de la Sagrada Familia. Tiempo de Navidad (30 de diciembre). Estas son las tres palabras clave para vivir en paz y alegría en la familia: permiso, gracias, perdón. Cuando en una familia no se es entrometido y se pide «permiso», cuando en una familia no se es egoísta y se aprende a decir «gracias», y cuando en una familia uno se da cuenta que hizo algo malo y sabe pedir «perdón», en esa familia hay paz y hay alegría.

Después de la partida de los magos, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: «Desde Egipto llamé a mi hijo». Cuando murió Herodes, el Angel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto, y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño». José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel. Pero al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea, donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas: «Será llamado Nazareno».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro del Eclesiástico, Eclo 3, 3-7.14-17a

Salmo: Sal 128(127), 1-5

Segunda lectura: Colosenses, Col 3, 12-21

Oración introductoria

Señor Jesús, qué difícil debió ser para María escuchar y comprender las palabras de Simeón. Me queda claro que la senda que lleva al cielo es estrecha y angosta, por ello te pido que aumentes mi fe e ilumines mi corazón en esta oración, para que sepa aceptar confiadamente las penas y problemas de esta vida.

Petición

Señor, hazme comprender que cargar la cruz es el único modo de dar fruto para la vida eterna.

Meditación del Santo Padre Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este primer domingo después de Navidad, la Liturgia nos invita a celebrar la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret. En efecto, cada belén nos muestra a Jesús junto a la Virgen y a san José, en la cueva de Belén. Dios quiso nacer en una familia humana, quiso tener una madre y un padre, como nosotros.

Y hoy el Evangelio nos presenta a la Sagrada Familia por el camino doloroso del destierro, en busca de refugio en Egipto. José, María y Jesús experimentan la condición dramática de los refugiados, marcada por miedo, incertidumbre, incomodidades (cf. Mt 2, 13-15.19-23). Lamentablemente, en nuestros días, millones de familias pueden reconocerse en esta triste realidad. Casi cada día la televisión y los periódicos dan noticias de refugiados que huyen del hambre, de la guerra, de otros peligros graves, en busca de seguridad y de una vida digna para sí mismos y para sus familias.

En tierras lejanas, incluso cuando encuentran trabajo, no siempre los refugiados y los inmigrantes encuentran auténtica acogida, respeto, aprecio por los valores que llevan consigo. Sus legítimas expectativas chocan con situaciones complejas y dificultades que a veces parecen insuperables. Por ello, mientras fijamos la mirada en la Sagrada Familia de Nazaret en el momento en que se ve obligada a huir, pensemos en el drama de los inmigrantes y refugiados que son víctimas del rechazo y de la explotación, que son víctimas de la trata de personas y del trabajo esclavo. Pero pensemos también en los demás «exiliados»: yo les llamaría «exiliados ocultos», esos exiliados que pueden encontrarse en el seno de las familias mismas: los ancianos, por ejemplo, que a veces son tratados como presencias que estorban. Muchas veces pienso que un signo para saber cómo va una familia es ver cómo se tratan en ella a los niños y a los ancianos.

Jesús quiso pertenecer a una familia que experimentó estas dificultades, para que nadie se sienta excluido de la cercanía amorosa de Dios. La huida a Egipto causada por las amenazas de Herodes nos muestra que Dios está allí donde el hombre está en peligro, allí donde el hombre sufre, allí donde huye, donde experimenta el rechazo y el abandono; pero Dios está también allí donde el hombre sueña, espera volver a su patria en libertad, proyecta y elige en favor de la vida y la dignidad suya y de sus familiares.

Hoy, nuestra mirada a la Sagrada Familia se deja atraer también por la sencillez de la vida que ella lleva en Nazaret. Es un ejemplo que hace mucho bien a nuestras familias, les ayuda a convertirse cada vez más en una comunidad de amor y de reconciliación, donde se experimenta la ternura, la ayuda mutua y el perdón recíproco. Recordemos las tres palabras clave para vivir en paz y alegría en la familia: permiso, gracias, perdón. Cuando en una familia no se es entrometido y se pide «permiso», cuando en una familia no se es egoísta y se aprende a decir «gracias», y cuando en una familia uno se da cuenta que hizo algo malo y sabe pedir «perdón», en esa familia hay paz y hay alegría. Recordemos estas tres palabras. Pero las podemos repetir todos juntos: permiso, gracias, perdón. (Todos: permiso, gracias, perdón) Desearía alentar también a las familias a tomar conciencia de la importancia que tienen en la Iglesia y en la sociedad. El anuncio del Evangelio, en efecto, pasa ante todo a través de las familias, para llegar luego a los diversos ámbitos de la vida cotidiana.

Invoquemos con fervor a María santísima, la Madre de Jesús y Madre nuestra, y a san José, su esposo. Pidámosle a ellos que iluminen, conforten y guíen a cada familia del mundo, para que puedan realizar con dignidad y serenidad la misión que Dios les ha confiado.

Santo Padre Francisco

Ángelus del jueves, 29 de diciembre de 2013

Meditación del Santo Padre Benedicto XVI

Queridos hermanos hermanas:

Hoy es la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret. En la liturgia, el pasaje del Evangelio de san Lucas nos presenta a la Virgen María y a san José que, fieles a la tradición, suben a Jerusalén para la Pascua junto a Jesús, que tenía doce años. La primera vez que Jesús había entrado en el Templo del Señor fue a los cuarenta días de su nacimiento, cuando sus padres ofrecieron por Él «un par de tórtolas o dos pichones» (Lc 2, 24), es decir la ofrenda de los pobres. «Lucas, cuyo Evangelio está impregnado todo él por una teología de los pobres y de la pobreza, nos da a entender… que la familia de Jesús se contaba entre los pobres de Israel; nos hace comprender que precisamente entre ellos podía madurar el cumplimiento de la promesa» (La infancia de Jesús, 88). Hoy Jesús está nuevamente en el Templo, pero esta vez desempeña un papel diferente, que le implica en primera persona. Él realiza, incluso sin haber cumplido aún los trece años de edad, con María y José, la peregrinación a Jerusalén según cuánto prescribe la Ley (cf. Ex 23, 17; 34, 23s): un signo de la profunda religiosidad de la Sagrada Familia. Sin embargo, cuando sus padres regresan a Nazaret, sucede algo inesperado: Él, sin decir nada, permanece en la Ciudad. María y José le buscan durante tres días y le encuentran en el Templo, dialogando con los maestros de la Ley (cf. Lc 2, 46-47); y cuando le piden explicaciones, Jesús responde que no deben asombrarse, porque ese es su lugar, esa es su casa, junto al Padre, que es Dios (cf. La infancia de Jesús, 128). «Él —escribe Orígenes— profesa estar en el templo de su Padre, aquel Padre que nos ha revelado a nosotros y de quien ha dicho ser el Hijo» (Homilías sobre el Evangelio de san Lucas, 18, 5).

La preocupación de María y de José por Jesús es la misma de todo padre que educa a un hijo, que le introduce a la vida y a la comprensión de la realidad. Hoy, por lo tanto, es necesaria una oración especial por todas las familias del mundo. Imitando a la Sagrada Familia de Nazaret, los padres se han de preocupar seriamente por el crecimiento y la educación de los propios hijos, para que maduren como hombres responsables y ciudadanos honestos, sin olvidar nunca que la fe es un don precioso que se debe alimentar en los hijos también con el ejemplo personal. Al mismo tiempo, oremos para que cada niño sea acogido como don de Dios y sostenido por el amor del padre y de la madre, para poder crecer como el Señor Jesús «en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2, 52). Que el amor, la fidelidad y la dedicación de María y José sean ejemplo para todos los esposos cristianos, que no son los amigos o los dueños de la vida de sus hijos, sino los custodios de este don incomparable de Dios.

Que el silencio de José, hombre justo (cf. Mt 1, 19), y el ejemplo de María, que conservaba todo en su corazón (cf. Lc 2, 51), nos hagan entrar en el misterio pleno de fe y de humanidad de la Sagrada Familia. Deseo que todas las familias cristianas vivan en la presencia de Dios con el mismo amor y con la misma alegría de la familia de Jesús, María y José.

Santo Padre Benedicto XVI

Ángelus del domingo, 30 de diciembre de 2012

Catecismo de la Iglesia Católica, CEC

I. La familia en el plan de Dios

2201 La comunidad conyugal está establecida sobre el consentimiento de los esposos. El matrimonio y la familia están ordenados al bien de los esposos y a la procreación y educación de los hijos. El amor de los esposos y la generación de los hijos establecen entre los miembros de una familia relaciones personales y responsabilidades primordiales.

2202 Un hombre y una mujer unidos en matrimonio forman con sus hijos una familia. Esta disposición es anterior a todo reconocimiento por la autoridad pública; se impone a ella. Se la considerará como la referencia normal en función de la cual deben ser apreciadas las diversas formas de parentesco.

2203 Al crear al hombre y a la mujer, Dios instituyó la familia humana y la dotó de su constitución fundamental. Sus miembros son personas iguales en dignidad. Para el bien común de sus miembros y de la sociedad, la familia implica una diversidad de responsabilidades, de derechos y de deberes.

La familia cristiana

2204. “La familia cristiana constituye una revelación y una actuación específicas de la comunión eclesial; por eso […] puede y debe decirse Iglesia doméstica” (FC 21, cf LG 11). Es una comunidad de fe, esperanza y caridad, posee en la Iglesia una importancia singular como aparece en el Nuevo Testamento (cf Ef 5, 21-6, 4; Col 3, 18-21; 1 P 3, 1-7).

2205 La familia cristiana es una comunión de personas, reflejo e imagen de la comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo. Su actividad procreadora y educativa es reflejo de la obra creadora de Dios. Es llamada a participar en la oración y el sacrificio de Cristo. La oración cotidiana y la lectura de la Palabra de Dios fortalecen en ella la caridad. La familia cristiana es evangelizadora y misionera.

2206 Las relaciones en el seno de la familia entrañan una afinidad de sentimientos, afectos e intereses que provienen sobre todo del mutuo respeto de las personas. La familia es una comunidad privilegiada llamada a realizar un propósito común de los esposos y una cooperación diligente de los padres en la educación de los hijos (cf. GS 52).

Catecismo de la Iglesia Católica

Propósito

Reconocer a Cristo en las personas que me necesitan, en los que sufren o están desamparados.

Diálogo con Cristo

Señor, sé que el dolor esconde una fuerza particular, una gracia especial para crecer y madurar en el amor. La cruz me puede transformar porque sé que Tú siempre estás cerca, sin embargo, conoces mi cobardía y debilidad, por eso humildemente me acojo a la protección de tu santísima Madre para que interceda por mí para que nunca permitas que me aleje de Ti, de tu amor y tu perdón.

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Evangelio del día en «Catholic.net»

Evangelio del día en «Evangelio del día»

Evangelio del día en «Orden de Predicadores»

Evangelio del día en «Evangeli.net»

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Biblia Escolar de Casals

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El estudio de las Sagradas Escrituras debe ser una puerta abierta a todos los creyentes. Es fundamental que la Palabra revelada fecunde radicalmente la catequesis y todos los esfuerzos por transmitir la fe. La evangelización requiere la familiaridad con la Palabra de Dios y esto exige a las diócesis, parroquias y a todas las agrupaciones católicas, proponer un estudio serio y perseverante de la Biblia […]

SS Francisco, Evangelii gaudium, n. 175

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Sagrada Biblia para jóvenes que deseen descubrir, conocer y vivir la palabra de Dios.

Biblia Escolar de Casals

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Atlas Histórico y geográfico

Cuadros sinópticos y mapas para ayudar a enmarcar los hechos narrados en la Biblia.

Biblia Escolar de Casals

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Biblia y arte

Las manifestaciones artísticas en las que se expresan los pasajes bíblicos nos ayudan acomprender mejor los textos bíblicos.

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Biblia y oración

Para facilitar la comprensión del mensaje de las principales oraciones cristianas.

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Biblia y vida

La relación entre la Santa Misa, los Sacramentos, los Mandamientos y el texto bíblicoayudan al alumno a profundizar en el sentido de su vida cristiana.

Biblia y liturgia

Para conocer el origeny la finalidad de las principales fiestas delcalendario litúrgico.

bibliaescolar09a Biblia Escolar de Casals

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El valor de la vida: la vida humana es sagrada e inviolable

El valor de la vida: la vida humana es sagrada e inviolable

2258 La vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, intr. 5).

Catecismo de la Iglesia Católica

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CAPÍTULO III. NO MATARÁS


LA LEY SANTA DE DIOS

«Pediré cuentas de la vida del hombre al hombre» (cf. Gn 9, 5): la vida humana es sagrada e inviolable

53. «La vida humana es sagrada porque desde su inicio comporta «la acción creadora de Dios» y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término: nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente». Con estas palabras la Instrucción Donum vitae expone el contenido central de la revelación de Dios sobre el carácter sagrado e inviolable de la vida humana.

En efecto, la Sagrada Escritura impone al hombre el precepto «no matarás» como mandamiento divino (Ex 20, 13; Dt 5, 17). Este precepto —como ya he indicado— se encuentra en el Decálogo, en el núcleo de la Alianza que el Señor establece con el pueblo elegido; pero estaba ya incluido en la alianza originaria de Dios con la humanidad después del castigo purificador del diluvio, provocado por la propagación del pecado y de la violencia (cf. Gn 9, 5-6).

Dios se proclama Señor absoluto de la vida del hombre, creado a su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 26-28). Por tanto, la vida humana tiene un carácter sagrado e inviolable, en el que se refleja la inviolabilidad misma del Creador. Precisamente por esto, Dios se hace juez severo de toda violación del mandamiento «no matarás», que está en la base de la convivencia social. Dios es el defensor del inocente (cf. Gn 4, 9-15; Is 41, 14; Jr 50, 34; Sal 19 18, 15). También de este modo, Dios demuestra que «no se recrea en la destrucción de los vivientes» (Sb 1, 13). Sólo Satanás puede gozar con ella: por su envidia la muerte entró en el mundo (cf. Sb 2, 24). Satanás, que es «homicida desde el principio», y también «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8, 44), engañando al hombre, lo conduce a los confines del pecado y de la muerte, presentados como logros o frutos de vida.

54. Explícitamente, el precepto «no matarás» tiene un fuerte contenido negativo: indica el límite que nunca puede ser transgredido. Implícitamente, sin embargo, conduce a una actitud positiva de respeto absoluto por la vida, ayudando a promoverla y a progresar por el camino del amor que se da, acoge y sirve. El pueblo de la Alianza, aun con lentitud y contradicciones, fue madurando progresivamente en esta dirección, preparándose así al gran anuncio de Jesús: el amor al prójimo es un mandamiento semejante al del amor a Dios; «de estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas» (cf. Mt 22, 36-40). « Lo de… no matarás… y todos los demás preceptos —señala san Pablo— se resumen en esta fórmula: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo»» (Rm 13, 9; cf. Ga 5, 14). El precepto «no matarás», asumido y llevado a plenitud en la Nueva Ley, es condición irrenunciable para poder «entrar en la vida» (cf. Mt 19, 16-19). En esta misma perspectiva, son apremiantes también las palabras del apóstol Juan: «Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él» (1 Jn 3, 15).

Desde sus inicios, la Tradición viva de la Iglesia —como atestigua la Didaché, el más antiguo escrito cristiano no bíblico— repite de forma categórica el mandamiento «no matarás»: «Dos caminos hay, uno de la vida y otro de la muerte; pero grande es la diferencia que hay entre estos caminos… Segundo mandamiento de la doctrina: No matarás… no matarás al hijo en el seno de su madre, ni quitarás la vida al recién nacido… Mas el camino de la muerte es éste:… que no se compadecen del pobre, no sufren por el atribulado, no conocen a su Criador, matadores de sus hijos, corruptores de la imagen de Dios; los que rechazan al necesitado, oprimen al atribulado, abogados de los ricos, jueces injustos de los pobres, pecadores en todo. ¡Ojalá os veáis libres, hijos, de todos estos pecados!».

A lo largo del tiempo, la Tradición de la Iglesia siempre ha enseñado unánimemente el valor absoluto y permanente del mandamiento «no matarás». Es sabido que en los primeros siglos el homicidio se consideraba entre los tres pecados más graves —junto con la apostasía y el adulterio— y se exigía una penitencia pública particularmente dura y larga antes que al homicida arrepentido se le concediese el perdón y la readmisión en la comunión eclesial.

55. No debe sorprendernos: matar un ser humano, en el que está presente la imagen de Dios, es un pecado particularmente grave. ¡Sólo Dios es dueño de la vida! Desde siempre, sin embargo, ante las múltiples y a menudo dramáticas situaciones que la vida individual y social presenta, la reflexión de los creyentes ha tratado de conocer de forma más completa y profunda lo que prohíbe y prescribe el mandamiento de Dios. En efecto, hay situaciones en las que aparecen como una verdadera paradoja los valores propuestos por la Ley de Dios. Es el caso, por ejemplo, de la legítima defensa, en que el derecho a proteger la propia vida y el deber de no dañar la del otro resultan, en concreto, difícilmente conciliables. Sin duda alguna, el valor intrínseco de la vida y el deber de amarse a sí mismo no menos que a los demás son la base de un verdadero derecho a la propia defensa. El mismo precepto exigente del amor al prójimo, formulado en el Antiguo Testamento y confirmado por Jesús, supone el amor por uno mismo como uno de los términos de la comparación: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mc 12, 31). Por tanto, nadie podría renunciar al derecho a defenderse por amar poco la vida o a sí mismo, sino sólo movido por un amor heroico, que profundiza y transforma el amor por uno mismo, según el espíritu de las bienaventuranzas evangélicas (cf. Mt 5, 38-48) en la radicalidad oblativa cuyo ejemplo sublime es el mismo Señor Jesús.

Por otra parte, «la legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro, del bien común de la familia o de la sociedad». Por desgracia sucede que la necesidad de evitar que el agresor cause daño conlleva a veces su eliminación. En esta hipótesis el resultado mortal se ha de atribuir al mismo agresor que se ha expuesto con su acción, incluso en el caso que no fuese moralmente responsable por falta del uso de razón.

56. En este horizonte se sitúa también el problema de la pena de muerte, respecto a la cual hay, tanto en la Iglesia como en la sociedad civil, una tendencia progresiva a pedir una aplicación muy limitada e, incluso, su total abolición. El problema se enmarca en la óptica de una justicia penal que sea cada vez más conforme con la dignidad del hombre y por tanto, en último término, con el designio de Dios sobre el hombre y la sociedad. En efecto, la pena que la sociedad impone «tiene como primer efecto el de compensar el desorden introducido por la falta». La autoridad pública debe reparar la violación de los derechos personales y sociales mediante la imposición al reo de una adecuada expiación del crimen, como condición para ser readmitido al ejercicio de la propia libertad. De este modo la autoridad alcanza también el objetivo de preservar el orden público y la seguridad de las personas, no sin ofrecer al mismo reo un estímulo y una ayuda para corregirse y enmendarse.

Es evidente que, precisamente para conseguir todas estas finalidades, la medida y la calidad de la pena deben ser valoradas y decididas atentamente, sin que se deba llegar a la medida extrema de la eliminación del reo salvo en casos de absoluta necesidad, es decir, cuando la defensa de la sociedad no sea posible de otro modo. Hoy, sin embargo, gracias a la organización cada vez más adecuada de la institución penal, estos casos son ya muy raros, por no decir prácticamente inexistentes.

De todos modos, permanece válido el principio indicado por el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, según el cual «si los medios incruentos bastan para defender las vidas humanas contra el agresor y para proteger de él el orden público y la seguridad de las personas, en tal caso la autoridad se limitará a emplear sólo esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana».

57. Si se pone tan gran atención al respeto de toda vida, incluida la del reo y la del agresor injusto, el mandamiento «no matarás» tiene un valor absoluto cuando se refiere a la persona inocente. Tanto más si se trata de un ser humano débil e indefenso, que sólo en la fuerza absoluta del mandamiento de Dios encuentra su defensa radical frente al arbitrio y a la prepotencia ajena.

En efecto, el absoluto carácter inviolable de la vida humana inocente es una verdad moral explícitamente enseñada en la Sagrada Escritura, mantenida constantemente en la Tradición de la Iglesia y propuesta de forma unánime por su Magisterio. Esta unanimidad es fruto evidente de aquel «sentido sobrenatural de la fe» que, suscitado y sostenido por el Espíritu Santo, preserva de error al pueblo de Dios, cuando «muestra estar totalmente de acuerdo en cuestiones de fe y de moral».

Ante la progresiva pérdida de conciencia en los individuos y en la sociedad sobre la absoluta y grave ilicitud moral de la eliminación directa de toda vida humana inocente, especialmente en su inicio y en su término, el Magisterio de la Iglesia ha intensificado sus intervenciones en defensa del carácter sagrado e inviolable de la vida humana. Al Magisterio pontificio, especialmente insistente, se ha unido siempre el episcopal, por medio de numerosos y amplios documentos doctrinales y pastorales, tanto de Conferencias Episcopales como de Obispos en particular. Tampoco ha faltado, fuerte e incisiva en su brevedad, la intervención del Concilio Vaticano II.

Por tanto, con la autoridad conferida por Cristo a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral. Esta doctrina, fundamentada en aquella ley no escrita que cada hombre, a la luz de la razón, encuentra en el propio corazón (cf. Rm 2, 14-15), es corroborada por la Sagrada Escritura, transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal.

La decisión deliberada de privar a un ser humano inocente de su vida es siempre mala desde el punto de vista moral y nunca puede ser lícita ni como fin, ni como medio para un fin bueno. En efecto, es una desobediencia grave a la ley moral, más aún, a Dios mismo, su autor y garante; y contradice las virtudes fundamentales de la justicia y de la caridad. «Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo».

Cada ser humano inocente es absolutamente igual a todos los demás en el derecho a la vida. Esta igualdad es la base de toda auténtica relación social que, para ser verdadera, debe fundamentarse sobre la verdad y la justicia, reconociendo y tutelando a cada hombre y a cada mujer como persona y no como una cosa de la que se puede disponer. Ante la norma moral que prohíbe la eliminación directa de un ser humano inocente «no hay privilegios ni excepciones para nadie. No hay ninguna diferencia entre ser el dueño del mundo o el último de los miserables de la tierra: ante las exigencias morales somos todos absolutamente iguales».

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Carta Encíclica Evangelium Vitae


Visita virtual al Templo Expiatorio de la Sagrada Familia

Visita virtual al Templo Expiatorio de la Sagrada Familia

El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia es una iglesia monumental iniciada el 19 de marzo de 1882 a partir del proyecto del arquitecto diocesano Francisco de Paula del Villar (1828-1901). A finales de 1883, se encargó a Gaudí la continuación de las obras, labor que no abandonó hasta su muerte, en 1926. A partir de entonces, varios arquitectos han continuado la obra siguiendo la idea original de Gaudí.

El edificio está situado en el centro de Barcelona, y con los años se ha convertido en uno de los signos de identidad más universales de la ciudad y del país. Anualmente es visitado por millones de personas, y también son muchas las que estudian su contenido arquitectónico y religioso.

El templo siempre ha sido expiatorio; es decir, desde sus inicios, hace ahora más de 131 años, se construye a partir de donativos. En este sentido, el propio Gaudí dijo: «El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia lo hace el pueblo y se refleja en él. Es una obra que está en las manos de Dios y en la voluntad del pueblo.»La construcción continúa y se podría terminar durante el primer tercio del siglo XXI.

Si quieres realizar una visita virtual, pincha en este enlace.

Colorea la Sagrada Familia

Colorea la Sagrada Familia

Con motivo de la Fiesta de la Sagrada Familia, os presentamos las siguientes láminas para que los niños de la familia coloreen el modelo de familia más bonito y ejemplar para todos los católicos.

Podéis obtener las imágenes en tamaño real pulsando directamente sobre cada imagen o sobre el título de la imagen.

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Colorea la Sagrada Familia

Sagrada Familia 1

Sagrada Familia 2

Sagrada Familia 1 Sagrada Familia 2

Sagrada Familia 3

Sagrada Familia 4

Sagrada Familia 3 Sagrada Familia 4
Sagrada Familia 5

Sagrada Familia 6

Sagrada Familia 5 Sagrada Familia 6

Sagrada Familia 7

Sagrada Familia 8

Sagrada Familia 7 Sagrada Familia 8


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Catequesis sobre la «Sagrada Familia»

Catequesis sobre la «Sagrada Familia»

[…] celebramos la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret. Con alegría dirijo un saludo a todas las familias del mundo, deseándoles la paz y el amor que Jesús nos ha dado al venir a nosotros en la Navidad.

En el Evangelio no encontramos discursos sobre la familia, sino un acontecimiento que vale más que cualquier palabra: Dios quiso nacer y crecer en una familia humana. De este modo, la consagró como camino primero y ordinario de su encuentro con la humanidad.

En su vida transcurrida en Nazaret, Jesús honró a la Virgen María y al justo José, permaneciendo sometido a su autoridad durante todo el tiempo de su infancia y su adolescencia (cf. Lc 2, 51-52). Así puso de relieve el valor primario de la familia en la educación de la persona. María y José introdujeron a Jesús en la comunidad religiosa, frecuentando la sinagoga de Nazaret. Con ellos aprendió a hacer la peregrinación a Jerusalén, como narra el pasaje evangélico que la liturgia de hoy propone a nuestra meditación. Cuando tenía doce años, permaneció en el Templo, y sus padres emplearon tres días para encontrarlo. Con ese gesto les hizo comprender que debía «ocuparse de las cosas de su Padre», es decir, de la misión que Dios le había encomendado (cf. Lc 2, 41-52).

Este episodio evangélico revela la vocación más auténtica y profunda de la familia: acompañar a cada uno de sus componentes en el camino de descubrimiento de Dios y del plan que ha preparado para él. María y José educaron a Jesús ante todo con su ejemplo: en sus padres conoció toda la belleza de la fe, del amor a Dios y a su Ley, así como las exigencias de la justicia, que encuentra su plenitud en el amor (cf. Rm 13, 10). De ellos aprendió que en primer lugar es preciso cumplir la voluntad de Dios, y que el vínculo espiritual vale más que el de la sangre.

La Sagrada Familia de Nazaret es verdaderamente el «prototipo» de toda familia cristiana que, unida en el sacramento del matrimonio y alimentada con la Palabra y la Eucaristía, está llamada a realizar la estupenda vocación y misión de ser célula viva no sólo de la sociedad, sino también de la Iglesia, signo e instrumento de unidad para todo el género humano.

Invoquemos ahora juntos la protección de María santísima y de san José sobre todas las familias, especialmente sobre las que se encuentran en dificultades. Que ellos las sostengan, para que resistan a los impulsos disgregadores de cierta cultura contemporánea, que socava las bases mismas de la institución familiar. Que ellos ayuden a las familias cristianas a ser, en todo el mundo, imagen viva del amor de Dios.

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Fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret

Santo Padre emérito Benedicto XVI

Ángelus del domingo, 31 de diciembre de 2006

Preguntas y respuestas sobre la Biblia

Preguntas y respuestas sobre la Biblia

La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un único depósito sagrado de la Palabra de Dios, confiado a la Iglesia.

La interpretación auténtica de la Palabra de Dios escrita o transmitida, ha sido confiada únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo.

«Es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual.» (Constitución Dei Verbum, nn. 10 y 21)

«Estas cosas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.» (Jn 20, 31)

«Bienaventurados más bien los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica.» (Lc 11, 28)

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LA REVELACIÓN

1. ¿Qué es la Revelación?

La revelación es la manifestación que Dios ha hecho a los hombres de Sí mismo y de aquellas otras verdades necesarias o convenientes para la salvación eterna.

2. ¿Dónde se encuentra la Revelación?

La Revelación –también llamada Doctrina cristiana o Depósito de la fe– se encuentra en la Sagrada Escritura y en la Tradición.

3. ¿A quién fue confiada la Revelación?

Jesucristo confió la Revelación a la Iglesia católica por medio de sus Apóstoles, por tanto, solo la Iglesia tiene autoridad para custodiarla, enseñarla e interpretarla sin error.

 

LA SAGRADA ESCRITURA

4. ¿Qué es la Sagrada Escritura?

La Sagrada Escritura es la Palabra de Dios puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, Al conjunto de los libros inspirados le llamamos Biblia.

 

LA TRADICIÓN

5. ¿Qué es la Tradición?

La Tradición es la Palabra de Dios no contenida en la Biblia, sino transmitida por Jesucristo a los Apóstoles y por estos a la Iglesia.

6. ¿En dónde están contenidas las enseñanzas de la Tradición?

Las enseñanzas de la Tradición están contenidas en los Símbolos o Profesiones de la fe (por ejemplo, el Credo), en los documentos de los Concilios, en los escritos de los Santos Padres de la Iglesia y en los ritos de la Sagrada Liturgia.

 

NOMBRES

7. ¿Qué otros nombres tiene la Biblia?

De acuerdo con lo que hemos dicho, a la Biblia se le llama también: Sagrada Escritura, Libros Sagrados, Libros Inspirados, Palabra de Dios.

 

AUTOR

8. ¿Quién es el Autor principal de la Biblia?

El Autor principal de la Biblia es Dios.

9. ¿Quién es el autor secundario o instrumental de la Biblia?

EL autor secundario o instrumental de la Biblia es el escritor sagrado o hagiógrafo. Por ejemplo, Moisés, el profeta Isaías, san Mateo, san Pablo, etc.

 

DIVISIÓN

10. ¿Cómo se divide la Biblia?

La Biblia se divide en dos partes: Antiguo y Nuevo Testamento. A su vez los libros del Antiguo y Nuevo Testamento se dividen en: Libros Históricos, Didácticos y Proféticos. Y cada libro se divide en capítulos y versículos.

 

CONTENIDO

11. ¿Qué contiene el Antiguo Testamento?

El Antiguo Testamento contiene los Libros Inspirados escritos antes de la venda de Jesucristo. Son 46.

12. ¿Qué contiene el Nuevo Testamento?

EL Nuevo Testamento contiene los libros Inspirados escritos después de la venida de Jesucristo. Son 27.

 

ANTIGUO TESTAMENTO

13. ¿Cuáles son los libros Históricos del Antiguo Testamento?

Loa libros Históricos del Antiguo Testamento son 21:

Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio (que forman el Pentateuco), Josué, Jueces, Ruth, I y II Crónicas (o Paralipómenos), I y II Esdras (el II llamado también Nehemías), Tobías, Judit, Esther, I y II Macabeos.

14. ¿Cuáles son los libros Didácticos del Antiguo Testamento?

Los libros didácticos del Antiguo Testamento son 7:

Job, Salmos, Proverbio, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría y Eclesiástico.

15. ¿Cuáles son los libros Proféticos del Antiguo Testamento?

Los libros proféticos del Antiguo Testamento son 18:

  • Los cuatro Profetas Mayores: Isaías, Jeremías (con Lamentaciones y Baruc), Ezequiel y Daniel.
  • Los doce Profetas Menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.

 

NUEVO TESTAMENTO

16. ¿Cuáles son los libros Históricos del Nuevo Testamento?

Los libros Históricos del Nuevo Testamento son 5: Los cuatro Evangelios (según san Mateo, san Marcos, san Lucas, san Juan) y los Hechos de los Apóstoles.

17. ¿Cuáles son los libros Didácticos del Nuevo Testamento?

Los libros Didácticos del Nuevo Testamento son 21:

  • Las 14 Epístolas o Cartas de san Pablo: Romanos, I y II Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, I y II Tesalonicenses, I y II Timoteo, Tito, Filemón y Hebreos.
  • Las 7 epístolas o Cartas llamadas católicas: I y II de san Pedro: I, II y III de san Juan, la de Santiago y la de san Judas.

18. ¿Cuáles son los libros Proféticos del Nuevo Testamento?

El único libro Profético del Nuevo Testamento es el Apocalipsis de san Juan.

 

INSPIRACIÓN

19. ¿Qué es la Inspiración bíblica?

La inspiración bíblica es una gracia específica que concede el Espíritu Santo, por la cual el escritor sagrado es movido a poner por escrito las cosas que Dios quiere comunicar a los demás hombres.

 

PROPIEDADES

20. ¿Cuáles son las propiedades de la Biblia?

Las propiedades de la Biblia son:

  • La Unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y entre todas las partes de todos los libros.
  • La Inerrancia (no contiene errores) y la Veracidad (contiene las verdades necesarias para nuestra salvación).
  • La Santidad (procede de Dios, enseña una doctrina santa y nos conduce a la santidad).

 

CANON BÍBLICO

21. ¿Qué es el Canon bíblico?

El Canon bíblico es el catálogo de los sesenta y tres libros del Antiguo y del Nuevo Testamentos que forman la Biblia y que la Iglesia ha declarado como divinamente inspirados.

 

ÉPOCA DE COMPOSICIÓN

22. ¿En qué período se escribió la Biblia?

Los libros del Antiguo Testamento fueron escritos entre el siglo XV y el siglo II antes de Cristo.

Los libros del Nuevo testamento fueron escritos en la segunda mitad del siglo I.

 

MATERIAL UTILIZADO

23. ¿Sobre qué material se escribieron los Libros Sagrados?

Los Libros Sagrados se escribieron al principio en papiro y más tarde en pergamino.

El papiro es una planta que abunda en Egipto, el pergamino es una piel de cabrito que permite escribir por las dos caras.

 

FORMATO ORIGINAL

24. ¿Cuál fue el formato primitivo de la Biblia?

Originalmente la Biblia estaba en rollos, es decir, largas fajas de papiro o de piel unidas en los extremos a dos bastones en torno a uno de los cuales giraba.

25. ¿En qué lenguas fueron escritos los Libros Sagrados?

Los Libros del Nuevo Testamento fueron escritos en griego, excepto el Evangelio de san Mateo que se escribió originalmente en arameo.

Los libros del Antiguo Testamento fueron escritos:

  • en arameo (unos versículos del Génesis, de Jeremías, de Daniel y de Esdras);
  • en griego (dos libros: Sabiduría y II Macabeos);
  • en hebreo (todos los restantes).

 

VERSIONES

26. ¿A qué se llama Versiones de la Sagrada Escritura?

Se llaman Versiones de la Sagrada Escritura a las traducciones que se han hecho de la Biblia a otras lenguas distintas de aquellas en las que se escribieron originalmente los libros que la forman.

29. ¿Cuáles son las Versiones más importantes en la Iglesia?

Las Versiones más importantes en la Iglesia son: La Vulgata y la Neovulgata.

28. ¿Qué es la Vulgata?

La Vulgata es la traducción al latín que hizo san Jerónimo a finales del siglo IV. Esta versión fue solemnemente declarada como auténtica por el concilio de Trento (1546)

29. ¿Qué es la Neovulgata?

La Neovulgata es la misma versión Vulgata, a la que se han incorporado los avances y descubrimientos más recientes.

EL Papa Juan Pablo II aprobó y promulgó como edición Típica en 1979. El Papa lo hizo así para que esta nueva versión sirva como base segura para hacer traducciones de la Biblia a las lenguas modernas y para realizar estudios bíblicos.

30. ¿Puede haber errores en las traducciones o copias de la Sagrada Escritura?

En las traducciones o copias de la Sagrada Escritura puede haber errores por parte de los traductores o copistas, pero en las ediciones aprobadas por la Iglesia no puede haber errores en lo que atañe a la fe o a la moral.

 

LIBROS APÓCRIFOS

31. ¿Qué son los «libros apócrifos»?

Un «libro apócrifo» es aquel que, teniendo un argumento o título semejante a los libros inspirados, no tiene un autor cierto y no está incluido en el canon Bíblico fijado por la Iglesia, porque no fue divinamente inspirado y por contener algunos errores.

 

HERMENÉUTICA

32. ¿Qué es la Hermenéutica bíblica?

La Hermenéutica bíblica es la ciencia que trata de las normas para interpretar rectamente los Libros Sagrados.

33. ¿Quién puede interpretar la Biblia?

La Iglesia católica es la única capacitada para interpretar auténticamente (con pleno derecho y sin posibilidad de equivocarse) la Sagrada Escritura porque Dios le confió solamente a Ella la misión de guardar, enseñar y aclarar a los fieles su Palabra.

 

OTRAS BIBLIAS

34. ¿Qué otras Biblias existen?

Además de la Biblia católica, que es la única completa y verdadera, existen la Biblia Hebrea y las Biblias protestantes.

35. ¿Los hebreos admiten todos los libros contenidos en la Biblia?

No. La Biblia Hebrea solo contiene treinta y nueve libros del Antiguo Testamento. Por tanto, rechazan siete libros del Antiguo Testamento y todos los del Nuevo Testamento que forman la Biblia católica.

36. ¿Qué dicen los protestantes acerca de la interpretación de la Biblia?

Los protestantes admiten solamente el «libre examen» es decir, que cada uno ha de leer e interpretar la Biblia a su manera, sin necesidad de someterse a la autoridad de la Iglesia. Y eso supone un peligro grave para la Fe.

37. ¿La Biblia católica y las protestantes son iguales?

No. A las Biblias protestantes les suprimieron algunos libros que están en la Biblia católica; además en los libros que conservan, modifican algunas palabras para apoyar sus ideas erróneas.

38. ¿Qué otras características tienen las Biblias protestantes?

Carecen de notas y comentarios, no tienen aprobación de la autoridad de la Iglesia; muchas son editadas por las «Sociedades Bíblicas», algunas dicen: «Versión del original llevado a cabo por Cipriano de Valera y C. Reyna»; otras más suprimen varios libros del Antiguo Testamento (Sabiduría, Judit, Tobías, Eclesiástico y II Macabeos) y del Nuevo (Epístolas de Santiago, de san Pedro y de san Juan)

 

LECTURA DE LA BIBLIA

39. ¿Puede leerse cualquier Biblia?

No. Porque puede contener errores doctrinales o morales. Para evitar esos errores, un católico solo debe leer Biblias con notas y explicaciones aprobadas por la Iglesia católica, es decir, que tengan «Nihil Obstat» (expresión que significa ‘nada impide’) e «Imprimatur» (expresión que significa ‘imprímase’).

40. ¿La Iglesia recomienda la lectura de la Biblia?

Sí. Porque es alimento constante para la vida del alma; produce frutos de santidad, es fuente de oración, gran ayuda para la enseñanza de la doctrina cristiana y para la predicación. El Concilio Vaticano II «exhorta a todos los fieles con insistencia a que, por la frecuente lectura de las Escrituras, aprendan la ciencia eminente de Cristo» (Constitución Dei Verbum, n. 25).

41. ¿Qué disposiciones se deben tener para leer y estudiar la Biblia?

Las disposiciones que se deben tener para leer y estudiar la Biblia son: fe y amor a la Palabra de Dios, intención recta, piedad y humildad para aceptar lo que Dios dice.

42. ¿Cómo podemos conocer y amar la vida de Jesucristo Nuestro Señor?

Podemos conocer y amar la vida de Jesucristo leyendo los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, pero especialmente los cuatro Evangelios.

43. ¿Es recomendable leer los Evangelios diariamente?

Sí. Es recomendable leer los Evangelios diariamente durante unos cuantos minutos. San Jerónimo dice «Lee con mucha frecuencia las divinas Escrituras; es más, nunca abandones la lectura sagrada».

 

TEMA CENTRAL

44. ¿Cuál es la enseñanza que se obtiene de la Biblia?

La Biblia nos permite conocer el modo de llegar al Cielo, que es el fin de nuestra vida, y eso solo puede lograrse conociendo, amando e imitando la vida de Jesucristo. «Ojala fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: este lee la vida de Jesucristo» (San Josemaría Escrivá de Balaguer, Camino, n. 2).

45. ¿Cuál es, pues, el tema central de la Biblia?

El tema central de la Biblia es Jesucristo Nuestro Señor, que está presente en todas sus páginas. En el Antiguo Testamento, como promesa y esperanza; y en el Nuevo Testamento como realidad visible: Perfecto Dios y Perfecto Hombre.

«Toda Escritura, divinamente inspirada, es útil para enseñar, para convencer, para corregir, para dirigir en la justicia.» (2 Tm 3, 16)

«Siguiendo los ejemplos de los Padres, con igual afecto de piedad e igual reverencia, la Iglesia recibe y venera todos los libros tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, porque un solo Dios es Autor de ambos» (Concilio de Trento, 8 de abril de 1546)

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¡Colorea a san José con la Sagrada Familia!

¡Colorea a san José con la Sagrada Familia!

Con motivo de la próxima festividad de san José, os ofrecemos las siguientes láminas para que los más peques de la familia se diviertan coloreando la Sagrada Familia.

Podéis acceder a las láminas pulsando los enlaces de texto o las imágenes.


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Colorea a san José con la Sagrada Familia

San José – Lámina 1

San José – Lámina 2

San José - Lámina 1 San José - Lámina 2

San José – Lámina 3

San José – Lámina 4

San José - Lámina 3 San José - Lámina 4

San José – Lámina 5

San José – Lámina 6

San José - Lámina 5 San José - Lámina 6

San José – Lámina 7

San José – Lámina 8

San José - Lámina 7

San José - Lámina 8


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Algunos juegos para trabajar la Biblia

Algunos juegos para trabajar la Biblia

Algunos juegos para trabajar la BibliaEste artículo recoge la experiencia didáctica concreta de una profesora de Religión con una motivadora actividad, muy apropiada también para la catequesis familiar.

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Muchas veces dedicamos un gran esfuerzo a elaborar actividades que sean motivadoras, que no exijan demasiado tiempo de aprendizaje, que se refieran a objetivos valiosos… Aquí se presentan como técnicas didácticas algunos juegos que ya conocen las niñas: unas actividades que favorecen eficazmente la capacidad de síntesis, de relación y de memorización en los temas bíblicos del área de Religión. 

Después de dan varias veces la clase de Religión en este nivel, pensé que las alumnas se motivarían más si conocían y utilizaban mejor la terminología y el agrupamiento de personajes y conceptos, ya que su ambiente familiar no les forma en este sentido. Para conseguirlo, ensayé la utilización de juegos, que ya conocen y que podían preparar ellas mismas, participando así con mayor interés y protagonismo. El resultado ha sido muy positivo.

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