Evangelio del día: Si comes de este pan, vivirás para siempre

Evangelio del día: Si comes de este pan, vivirás para siempre

Juan 6, 44-51. Jueves de la 3.ª semana del Tiempo de Pascua. La Eucaristía constituye la fuente de la vida misma de la Iglesia: de este sacramento del amor brota todo auténtico camino de fe, de comunión y de testimonio.

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: «Todos serán instruidos por Dios». Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida.  Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro de los Hechos de los Apóstoles, Hch 8, 26-40

Salmo: Sal 66(65), 8-9.16-17.20

Oración introductoria

Señor, creo en ti. Creo que por amor te has quedado en la Eucaristía para darme el pan que me da la vida. Confío en tu planes divinos y te pido en esta oración una fe que me haga ver mucho más allá de las preocupaciones, de las tristezas, para poder caminar siempre hacia delante.

Petición

Señor, ayúdame a amarte más, a quererte más, a buscar solamente lo que a ti te agrade.

Meditación del Santo Padre Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy os hablaré de la Eucaristía. La Eucaristía se sitúa en el corazón de la «iniciación cristiana», juntamente con el Bautismo y la Confirmación, y constituye la fuente de la vida misma de la Iglesia. De este sacramento del amor, en efecto, brota todo auténtico camino de fe, de comunión y de testimonio.

Lo que vemos cuando nos reunimos para celebrar la Eucaristía, la misa, nos hace ya intuir lo que estamos por vivir. En el centro del espacio destinado a la celebración se encuentra el altar, que es una mesa, cubierta por un mantel, y esto nos hace pensar en un banquete. Sobre la mesa hay una cruz, que indica que sobre ese altar se ofrece el sacrificio de Cristo: es Él el alimento espiritual que allí se recibe, bajo los signos del pan y del vino. Junto a la mesa está el ambón, es decir, el lugar desde el que se proclama la Palabra de Dios: y esto indica que allí se reúnen para escuchar al Señor que habla mediante las Sagradas Escrituras, y, por lo tanto, el alimento que se recibe es también su Palabra.

Palabra y pan en la misa se convierten en una sola cosa, como en la Última Cena, cuando todas las palabras de Jesús, todos los signos que realizó, se condensaron en el gesto de partir el pan y ofrecer el cáliz, anticipo del sacrificio de la cruz, y en aquellas palabras: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo… Tomad, bebed, ésta es mi sangre».

El gesto de Jesús realizado en la Última Cena es la gran acción de gracias al Padre por su amor, por su misericordia. «Acción de gracias» en griego se dice «eucaristía». Y por ello el sacramento se llama Eucaristía: es la suprema acción de gracias al Padre, que nos ha amado tanto que nos dio a su Hijo por amor. He aquí por qué el término Eucaristía resume todo ese gesto, que es gesto de Dios y del hombre juntamente, gesto de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Por lo tanto, la celebración eucarística es mucho más que un simple banquete: es precisamente el memorial de la Pascua de Jesús, el misterio central de la salvación. «Memorial» no significa sólo un recuerdo, un simple recuerdo, sino que quiere decir que cada vez que celebramos este sacramento participamos en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La Eucaristía constituye la cumbre de la acción de salvación de Dios: el Señor Jesús, haciéndose pan partido por nosotros, vuelca, en efecto, sobre nosotros toda su misericordia y su amor, de tal modo que renueva nuestro corazón, nuestra existencia y nuestro modo de relacionarnos con Él y con los hermanos. Es por ello que comúnmente, cuando nos acercamos a este sacramento, decimos «recibir la Comunión», «comulgar»: esto significa que en el poder del Espíritu Santo, la participación en la mesa eucarística nos conforma de modo único y profundo a Cristo, haciéndonos pregustar ya ahora la plena comunión con el Padre que caracterizará el banquete celestial, donde con todos los santos tendremos la alegría de contemplar a Dios cara a cara.

Queridos amigos, no agradeceremos nunca bastante al Señor por el don que nos ha hecho con la Eucaristía. Es un don tan grande y, por ello, es tan importante ir a misa el domingo. Ir a misa no sólo para rezar, sino para recibir la Comunión, este pan que es el cuerpo de Jesucristo que nos salva, nos perdona, nos une al Padre. ¡Es hermoso hacer esto! Y todos los domingos vamos a misa, porque es precisamente el día de la resurrección del Señor. Por ello el domingo es tan importante para nosotros. Y con la Eucaristía sentimos precisamente esta pertenencia a la Iglesia, al Pueblo de Dios, al Cuerpo de Dios, a Jesucristo. No acabaremos nunca de entender todo su valor y riqueza. Pidámosle, entonces, que este sacramento siga manteniendo viva su presencia en la Iglesia y que plasme nuestras comunidades en la caridad y en la comunión, según el corazón del Padre. Y esto se hace durante toda la vida, pero se comienza a hacerlo el día de la primera Comunión. Es importante que los niños se preparen bien para la primera Comunión y que cada niño la reciba, porque es el primer paso de esta pertenencia fuerte a Jesucristo, después del Bautismo y la Confirmación.

Santo Padre Francisco: Catequesis sobre el sacramento de la Eucaristía

Audiencia General del miércoles, 5 de febrero de 2014

Catecismo de la Iglesia Católica, CEC

I. La Eucaristía, fuente y culmen de la vida eclesial

1324 La Eucaristía es «fuente y culmen de toda la vida cristiana» (LG 11). «Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua» (PO 5).

1325 «La comunión de vida divina y la unidad del Pueblo de Dios, sobre los que la propia Iglesia subsiste, se significan adecuadamente y se realizan de manera admirable en la Eucaristía. En ella se encuentra a la vez la cumbre de la acción por la que, en Cristo, Dios santifica al mundo, y del culto que en el Espíritu Santo los hombres dan a Cristo y por él al Padre» (Instr. Eucharisticum mysterium, 6).

1326 Finalmente, por la celebración eucarística nos unimos ya a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos (cf 1 Co 15,28).

1327 En resumen, la Eucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe: «Nuestra manera de pensar armoniza con la Eucaristía, y a su vez la Eucaristía confirma nuestra manera de pensar» (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses 4, 18, 5).

Catecismo de la Iglesia Católica

Propósito

Acercarme a la Eucaristía debidamente preparado y con la máxima frecuencia posible.

Diálogo con Cristo

Señor Jesús, me das el pan que necesito para poder vivir plenamente mi vocación. ¿Realmente «aprovecho» este sacramento? ¿Estoy consciente de que la Eucaristía no es un símbolo, que eres Tú, un Dios vivo, hecho hostia, el que voy a recibir en mi interior? Te suplico que esta meditación me lleve a contemplarte en la Eucaristía y nunca permitas que se me haga una costumbre, un rito o un hábito sin sentido.

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Evangelio del día en «Catholic.net»

Evangelio del día en «Evangelio del día»

Evangelio del día en «Orden de Predicadores»

Evangelio del día en «Evangeli.net»

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¿Se puede amar «para siempre»? – Santo Padre Francisco

¿Se puede amar «para siempre»? – Santo Padre Francisco

Dios que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,2), que es Amor (cf 1 Jn 4,8.16). Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador (cf Gn 1,31). Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra común del cuidado de la creación. «Y los bendijo Dios y les dijo: «Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla»» (Gn 1,28).

Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 1604

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Audiencia del Santo Padre a los novios con motivo de San Valentín

También podéis visionar el vídeo oficial de Radio Vaticana.

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Preguntas al Santo Padre Francisco


El miedo al «para siempre»

Su Santidad, son muchos los que hoy día piensan que prometerse lealtad para toda la vida es una tarea muy difícil; muchos creen que el reto de vivir juntos para siempre es hermoso, encantador, pero demasiado exigente, casi imposible. Le pediría su palabra para que nos ilumine sobre esto.

Gracias por su testimonio y por su pregunta. Me han enviado sus preguntas por adelantado, así que he tenido la oportunidad de reflexionar y pensar una respuesta un poco más sólida.

Es importante preguntarnos si es posible amarnos unos a otros «para siempre». Esta es una pregunta que tenemos que hacernos: ¿Se puede amar a los demás «para siempre»? Hoy día muchas personas tienen miedo de tomar decisiones. Un niño dijo a su obispo: «Quiero ser sacerdote, pero sólo durante diez años».  Tenía miedo de tomar una decisión definitiva. Pero es un temor general, de nuestra propia cultura. Tomar decisiones para toda la vida parece imposible.

Hoy todo está cambiando rápidamente, nada dura para siempre… Y esta mentalidad lleva a muchos que se preparan para el matrimonio diciendo, «hemos estado juntos tanto tiempo como el amor», ¿y luego qué? ¿saludos y nos vemos?… Y así termina el matrimonio. Pero, ¿qué entendemos por «amor»? ¿sólo un sentimiento, una condición física o mental? Claro, si sólo es eso, es imposible construir algo sólido. Pero si el amor es una relación, entonces es una realidad que está creciendo, y también podemos decir a modo de ejemplo que se construye como una casa. Y la casa construida en conjunto no está solo el edificio aquí significa estimular y ayudar al crecimiento.

Queridos novios, que se están preparando para crecer juntos, para construir esta casa, para vivir juntos para siempre. No quiero que se fundamenten en la arena de los sentimientos que van y vienen, sino sobre la roca del amor verdadero: el amor que viene de la familia de Dios viene de este proyecto de amor que quiere crecer a medida que construye una casa que es un lugar de afecto, ayuda, esperanza y apoyo. Como también el amor de Dios es permanente y para siempre, por lo que el amor que fundó la familia quiere que sea estable y para siempre. Por favor, no debemos dejarnos vencer por la «cultura de la provisional». !Esta cultura que nos invade hoy, esta cultura de la provisional. Esto está mal! 

Así que, ¿cuál es la manera de curar el miedo del «para siempre»? Preocuparnos cada día, confiando en el Señor Jesús, en una vida que se convierta en un viaje espiritual diario compuesto por pasos pasos pequeños—, pasos de crecimiento mutuo en los que se comprometan a ser hombres y mujeres maduros de la fe. ¿Por qué, queridos amantes, el «para siempre» es sólo una cuestión de tiempo? Un matrimonio no sólo tiene éxito si dura, también es importante su calidad. Estar juntos y saber cómo aman para siempre es el desafío de los esposos cristianos. Esto me recuerda el milagro de los panes: para ti, el Señor puede multiplicar su amor y donartelo fresco y bueno todos los días. Cuenta con un suministro sin fin. Él te da el amor que es el fundamento de su matrimonio y cada día se renueva, fortalece. Esto hace que sea aún más grande cuando la familia crece con los niños. En este camino es importante la oración, es necesaria siempre. Él, para ella, para él y para ella los dos juntos. Pídanle a Jesús que multiplique su amor. En el Padrenuestro decimos: «Danos hoy nuestro pan de cada día». La novia y el novio pueden aprender a orar: «Señor, danos hoy nuestro amor todos los días», porque el amor de los esposos es el pan de cada día, el verdadero pan del alma, aquello que los apoya para seguir adelante. ¿Podemos hacer la prueba para saber si lo ponemos? «Señor, danos hoy nuestro amor todos los días». ¡Todos juntos! [novios: «Señor, danos hoy nuestro amor todos los días»]. ¡Otra vez! [novios: «Señor, danos hoy nuestro amor todos los días»]. Esta es la oración de las parejas y recién casados que participan. ¡Enséñanos a amar, a amar a los demás! Cuanto más se confía a Él, más su amor será «para siempre», capaz de renovarse, y ganar cada dificultad. Eso es lo que pensé que quería decirles en respuesta a su pregunta.

¡Gracias!


¿Existe un «estilo de vida» en el matrimonio?

Santidad, dice que vivir juntos todos los días es agradable, da alegría; pero es un reto. Debemos aprender a amarnos unos a otros porque hay un «estilo» de la vida matrimonial, una espiritualidad de la vida cotidiana que queremos aprender… ¿Nos puede ayudar en esto, el Santo Padre?

La convivencia es un arte, un camino paciente, bello y encantador. Pero no termina cuando se ha conquistado el uno al otro… De hecho, es precisamente entonces cuando comienza. Este viaje diario tiene reglas que se pueden resumir en estas tres palabras palabras que he repetido muchas veces a las familias«permiso», «gracias» y «lo siento».

«Permiso» (pedir permiso – ¿puedo?). Es el tipo de solicitud se puede obtener en la vida de otra persona con respeto y cuidado . Tenemos que aprender a preguntar: ¿puedo hacer esto? Al igual que: ¿podríamos educar a nuestros hijos de esta manera? ¿Quieres que te vaya a buscar esta tarde?… En pocas palabras, significa ser capaz de pedir permiso para entrar en la vida de otros con cortesía. Pero escucha: ser capaz de entrar en la vida de otros con cortesía no es fácil… no es fácil . A veces, en lugar de utilizar los modales, somos pesados como unas botas de senderismo. El verdadero amor no se impone por la dureza y la agresividad. En las Florecillas de San Francisco dice la expresión: «Sepan que la cortesía es una de las propiedades de Dios … y la cortesía es la hermana de la caridad, que apaga el odio y mantiene el amor» ( Cap. 37 ). Sí , la cortesía conserva el amor. Y hoy día en nuestras familias, en nuestro mundo, a menudo violento y arrogante, necesitamos mucha más cortesía. Y esta cortesía puede comenzar en casa.

«Gracias». Parece fácil de decir la palabra «gracias», pero sabemos que no es así; sin embargo, es importante enseñar a los niños porque luego se olvidan. ¡La gratitud es un sentimiento importante! Una anciana me dijo una vez en Buenos Aires: «la gratitud es una flor que crece en la tierra noble». Y es necesaria la nobleza del alma para hacer crecer esta flor. Recuerden que en el Evangelio según san Lucas Jesús sana a diez enfermos de lepra y luego sólo uno de ellos vuelve para dar las gracias al Señor. Jesús dice: «y los otros nueve, ¿dónde están?». Esto también es cierto para nosotros: ¿damos gracias? En vuestra relación, y en el futuro en la vida matrimonial, es importante mantener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios, y los dones de Dios son para dar las gracias. Y en esta actitud interior la pareja tiene que dar las gracias unos a otros por todo. No es una palabra buena para usar con los extraños, excepto para ser educados. Tenéis que saber cómo dar y decir «gracias», para llevaros bien y manteneros juntos en la vida matrimonial.

«Lo siento». En la vida cometemos muchos errores… ¡tantas equivocaciones! Todos las cometemos. Pero, ¿tal vez hay alguien aquí que nunca ha cometido un error? Levanten la mano si hay alguien, una persona que nunca ha cometido un error… ¡Todos los cometemos! ¡Todos! Tal vez hay días en los que no comentemos un error… La Biblia dice que el hombre más justo peca siete veces al día. He aquí, pues, la necesidad de utilizar esta palabra simple: «lo siento». En general, cada uno de nosotros está dispuesto a acusar a otros y justificarse. Esto comenzó desde nuestro padre Adán cuando Dios le preguntó: «¿Adán, tú has comido de ese fruto?»  «¿Yo? ¡No! Ella me lo dio». Acusándose mutuamente en ver de decir «lo siento»«perdón». Es una vieja historia. Es un instinto que está en el origen de muchos desastres . Aprendamos a reconocer nuestros errores y a pedir disculpas: «Lo siento si te levanté la voz hoy»«Lo siento si me fui sin decir adiós»«lo siento si llego tarde»«si he estado tan callada esta semana»«si hablo demasiado sin escuchar»«perdón, se me olvidó»«estaba enfadado y lo siento por haberla tomado contigo»… Así que tenemos muchos «lo siento» para decir a lo largo del día… Así crece una familia cristiana. Todos sabemos que no hay familia perfecta, e incluso el marido perfecto o la mujer perfecta. No hablemos de la suegra perfecta… Vivimos para nosotros, que somos pecadores. Jesús, que nos conoce bien, nos enseñó un secreto: nunca terminar un día sin pedir perdón, sin traer la paz de vuelta a nuestra casa, a nuestra familia. Hoy día las peleas entre marido y mujer son habituales, siempre hay algún motivo para pelear… tal vez estaba enojado, tal vez voló un plato… pero por favor, recuerden esto: ¡nunca acabar el día sin paz ! ¡Nunca, nunca, nunca! Este es el secreto para mantener el amor y para tener paz. No es necesario hacer un hermoso discurso… A veces, un gesto, etc… es suficiente para que se haga la paz, así de repente. Nunca terminarán los problemas en la casa si no hay paz al final del día… porque si al final del día no se hace la paz, lo que tienes dentro, al día siguiente, es frío y duro y es más difícil hacer la paz que el día anterior. Recuerden bien: ¡nunca acabar el día sin paz! Si aprendemos a pedir perdón y a perdonar a los demás, el matrimonio va a durar, va a ir adelante.

 

Consejos para la celebración del matrimonio

Su Santidad, en los últimos meses estamos haciendo muchos preparativos para nuestra boda; ¿puede dar algunos buenos consejos para celebrar nuestro matrimonio?

Asegúrense de que es un verdadero placer, porque la boda es una celebración, una fiesta cristiana. La razón más profunda de la alegría la indica el Evangelio según san Juan: recordar el milagro de las bodas de Caná. En cierto momento se pierde el vino y la ceremonia parece estar en ruinas. ¡Imagínense terminar los festejos bebiendo Té! ¡No, no te vayas! ¡Sin vino no hay fiesta! A sugerencia de María, que es cuando Jesús se revela por primera vez y le da una señal, convierte el agua en vino y, al hacerlo, se convierte en una excepcional fiesta de bodas. Lo que sucedió en Caná hace dos mil años sucede en realidad en cada boda: lo que va a hacer plena y profundamente cierta su boda será la presencia del Señor que se revela y da su gracia. Es su presencia la que ofrece «el buen vino». Él es el secreto de la alegría plena, quien realmente alimenta mi corazón. ¡No es el «espíritu del mundo», no! ¡Es el Señor, cuando el Señor está ahí!

Al mismo tiempo, sin embargo, es bueno que su matrimonio sea sobrio y hacer que se destaque lo que es realmente importante. Algunos están más preocupados por los signos externos del banquete: fotografías, ropa y flores… Estas cosas son importantes en una fiesta, pero sólo si son capaces de señalar la verdadera razón de su alegría: la bendición de Dios en su amor. Asegúrese de que, como el vino de Caná, los signos externos de su celebración revelan la presencia del Señor, que ello sea la razón de su alegría.

Pero hay algo que usted dijo y quiero tomar el vuelo, porque no quiero dejarlo pasar. El matrimonio es también un trabajo de todos los días, es como el trabajo de un orfebre, porque el marido tiene la obligación de hacer más mujer a su esposa y la mujer tiene la tarea de hacer más hombre a su marido. Crecer en humanidad, como hombre y como mujer. Esto se llama crecer juntos. ¡Esto no se hace solo por sí mismo! El Señor lo bendice, pero viene de sus acciones, de sus actitudes, la forma en que vivimos, la forma de amar… ¡Crezcamos! Asegúrense siempre de que el otro va a crecer. ¡Trabajen para esto! 

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Santo Padre Francisco

Discurso a las parejas que se están preparando para el matrimonio

Plaza de san Pedro el viernes, 14 de febrero de 2014