Sesión de catequesis de Primera Comunión sobre el amor misericordioso de Jesús
Basada en la vida y el testimonio de santa Faustina Kowalska, en su Diario, en la Sagrada Escritura y en el magisterio de la Iglesia
Índice interno
- 1. Introducción
- 2. Objetivos de la sesión
- 3. Edad orientativa y duración
- 4. Materiales
- 5. Fuentes doctrinales y bíblicas
- 6. Sentido catequético de la sesión
- 7. Observamos la imagen catequética horizontal
- 8. Observamos la imagen vertical de santa Faustina escribiendo
- 9. Explicación catequética para niños
- 10. Desarrollo de la sesión y actividades
- 11. Lectio divina infantil
- 12. Relación con la Primera Comunión y la Eucaristía
- 13. Orientaciones amplias para el catequista
- 14. Orientaciones para los padres
- 15. Oración final
- 16. Conclusión
1. Introducción
La figura de santa Faustina Kowalska ocupa un lugar muy especial en la vida espiritual de la Iglesia, porque a través de su experiencia y de su obediencia humilde se difundió con nueva fuerza el mensaje de la Divina Misericordia. No se trata de una devoción sentimental ni de una imagen piadosa aislada, sino de una llamada a contemplar el corazón mismo del Evangelio: Dios ama al pecador, sale a su encuentro, lo perdona, lo levanta y lo conduce a la comunión con Él. San Juan Pablo II, que canonizó a santa Faustina y promovió intensamente esta devoción, afirmó que el mensaje de la misericordia constituye como una respuesta providencial a las heridas del mundo contemporáneo y una luz para comprender más profundamente el rostro de Cristo (Homilía en la canonización de santa Faustina, 30 de abril de 2000).
Para la catequesis de Primera Comunión, este tema es especialmente fecundo. Los niños necesitan descubrir desde temprano que Jesús no es solo Maestro, sino Salvador; no es solo alguien que enseña el bien, sino quien ama, perdona, cura y se entrega. La Divina Misericordia permite presentar a Cristo como el Señor resucitado que sale al encuentro del alma, la llama a la confianza y la conduce a la vida sacramental. En el Diario, santa Faustina recoge palabras atribuidas a Jesús que han marcado profundamente la espiritualidad católica, y una de las más conocidas es esta: «Pinta una imagen según el modelo que ves, con la inscripción: Jesús, en Ti confío» (Diario, 47). En esa breve frase se resume toda una pedagogía espiritual: mirar a Cristo, confiar en Él, acudir a su gracia y vivir en amistad con su misericordia.
Esta sesión quiere mostrar a los niños que la misericordia de Jesús no es una idea abstracta. Se ve en el Evangelio, se manifiesta en el perdón, se acerca a nosotros en la confesión, se fortalece en la Eucaristía y nos acompaña en toda la vida. Las dos imágenes que acompañan esta catequesis ayudan mucho a comprenderlo. La imagen horizontal presenta algunos momentos fundamentales de la vida y misión de santa Faustina; la imagen vertical, donde aparece escribiendo su Diario con la figura de Jesús misericordioso al fondo, ayuda a percibir que su misión fue escuchar, guardar y transmitir. La idea central que debe quedar clara desde el principio es esta: Jesús me ama con misericordia, me perdona, me llama a confiar y quiere vivir en mí.
2. Objetivos de la sesión
Objetivo general: Que los niños descubran que Jesús es misericordioso, que santa Faustina fue una mensajera fiel de ese amor y que la misericordia de Dios se recibe y se vive especialmente en la oración, en el perdón, en la confesión y en la Eucaristía.
Objetivos específicos:
- Conocer de manera sencilla quién fue santa Faustina Kowalska y cuál fue su misión en la Iglesia.
- Comprender qué significa que Jesús es misericordioso y por qué quiere que confiemos en Él.
- Descubrir la relación entre la Divina Misericordia, el perdón de los pecados y la vida sacramental.
- Ayudar a los niños a ver la confianza en Jesús como un camino concreto de vida cristiana.
- Relacionar la misericordia divina con la preparación a la Primera Comunión.
- Fomentar la oración, la acción de gracias y el deseo de vivir con corazón misericordioso.
3. Edad orientativa y duración
Edad orientativa: niños de 7 a 10 años, especialmente en preparación para la Primera Comunión.
Duración total orientativa: entre 75 y 90 minutos.
4. Materiales
- La imagen catequética horizontal sobre santa Faustina y la Divina Misericordia.
- La imagen vertical de santa Faustina escribiendo su Diario.
- Una Biblia.
- Cartulinas o folios.
- Rotuladores, lápices o ceras.
- Una vela y una cruz o una imagen de Jesús visible en el lugar de catequesis.
- Si es posible, una reproducción pequeña de la imagen de la Divina Misericordia.
5. Fuentes doctrinales y bíblicas
La base bíblica de esta catequesis no debe reducirse a unas pocas frases aisladas, sino presentarse como una corriente unitaria que atraviesa todo el Evangelio. Jesús mismo revela al Padre como rico en misericordia, acoge a los pecadores, perdona, cura y entrega su vida por la salvación del mundo. Entre los textos especialmente adecuados para esta sesión se encuentran la parábola del hijo pródigo, donde el padre corre al encuentro del hijo que vuelve arrepentido (Lc 15, 11-32); el episodio de Zaqueo, en el que la misericordia de Jesús transforma una vida (Lc 19, 1-10); y la aparición del Resucitado que comunica a los apóstoles el poder de perdonar los pecados (Jn 20, 19-23). Este último texto es especialmente importante, porque une misericordia, Resurrección y sacramento del perdón. Jesús dice: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20, 22-23).
El Diario de santa Faustina ofrece expresiones de gran fuerza espiritual, siempre entendidas dentro del discernimiento eclesial y a la luz de la fe católica. Entre ellas destacan la petición de Jesús de que se pinte la imagen con la inscripción «Jesús, en Ti confío» (Diario, 47), la insistencia en la confianza como respuesta del alma a la misericordia divina (Diario, 1578) y la invitación a acercarse a la fuente del perdón. El mensaje de santa Faustina fue acogido e interpretado por la Iglesia, especialmente por san Juan Pablo II, que en la encíclica Dives in misericordia explicó que en Cristo la misericordia no es una debilidad de Dios, sino la forma en que el amor vence el mal y sale al encuentro del hombre herido (Dives in misericordia, 7). Benedicto XVI recordó asimismo que la misericordia no relativiza el pecado, sino que lo vence con la gracia de la Cruz y de la Resurrección. Y el papa Francisco, en Misericordiae vultus, afirmó que Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre (Misericordiae vultus, 1), expresión que resume de manera admirable todo el tema.
El Catecismo de la Iglesia Católica es también una referencia esencial para esta sesión, especialmente cuando enseña que el Evangelio es la revelación de la misericordia de Dios en Jesucristo (cf. CEC, 1846) y que la Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana (CEC, 1324). Esta última afirmación es decisiva aquí, porque la misericordia no se queda en un sentimiento o en una imagen, sino que conduce a la vida sacramental, donde Cristo actúa realmente.
6. Sentido catequético de la sesión
La catequesis sobre santa Faustina y la Divina Misericordia no debe centrarse solo en contar episodios biográficos interesantes, aunque estos sean valiosos. Su sentido más profundo es mostrar a los niños el corazón del Evangelio: Dios no se cansa de amar, de perdonar y de llamar. La figura de santa Faustina es importante precisamente porque transparenta este mensaje. Su vida, marcada por la humildad, la obediencia, la oración y el sufrimiento ofrecido, se convierte en un cauce para que muchos descubran el amor misericordioso de Cristo.
En esta edad, los niños pueden captar con mucha profundidad una verdad que conviene sembrar con claridad: Jesús no me ama solo cuando hago todo bien; me ama también cuando soy débil, cuando me equivoco y cuando necesito perdón. Pero esta enseñanza debe formularse sin banalizar el pecado. La misericordia no significa que el mal no importe, sino que el amor de Dios es más grande y nos llama a volver a Él. San Juan Pablo II insistió en que la misericordia no niega la justicia, sino que la lleva a su plenitud en el amor redentor de Cristo (Dives in misericordia, 12-14). Para niños de Primera Comunión esto puede expresarse así: Jesús me quiere tanto que no me deja caído; me llama, me perdona y me ayuda a vivir mejor.
Además, esta sesión permite unir muy bien el tema del perdón con la vida sacramental. El niño debe comprender que la misericordia no es solo algo que se piensa, sino algo que se recibe. Se recibe en la oración, en la escucha de la Palabra, en la confesión y en la Eucaristía. Por eso santa Faustina no puede presentarse como una figura aislada de la vida de la Iglesia. Su misión siempre conduce a Cristo, a los sacramentos y a la confianza filial.
Las dos imágenes elegidas ayudan mucho a esta comprensión. La horizontal permite narrar la misión de santa Faustina en relación con la revelación de la imagen y la difusión del mensaje. La vertical tiene un carácter más interior y contemplativo: la santa escribe, guarda, transmite y obedece. Esta segunda imagen es muy útil para enseñar que la fe no se improvisa, sino que se escucha, se medita y se pone por escrito en la vida. Así, la catequesis puede conducir desde la contemplación de Jesús misericordioso hasta la decisión personal de confiar en Él.
7. Observamos la imagen catequética horizontal

El catequista muestra la imagen horizontal y deja unos segundos de silencio. Después invita a los niños a recorrerla visualmente de izquierda a derecha, o de viñeta en viñeta, ayudándoles a descubrir que no se trata de escenas sueltas, sino de un camino. En unas escenas vemos a santa Faustina recibiendo la misión; en otras, la imagen de Jesús misericordioso; en otras, la transmisión del mensaje y la atención a los enfermos o a los más necesitados. Esto permite explicar que la misericordia no es una idea encerrada en la cabeza, sino una misión que se recibe y se comunica.
Preguntas iniciales de observación:
- ¿Quién aparece en la imagen?
- ¿Qué hace santa Faustina en las distintas escenas?
- ¿Cómo aparece Jesús?
- ¿Qué creéis que quiere enseñar la imagen en conjunto?
Microguion para el catequista:
“Mirad bien a santa Faustina: no es la protagonista por sí sola; su misión es señalar siempre a Jesús.”
“Fijaos en Jesús misericordioso: no aparece con dureza, sino como quien bendice, llama y derrama gracia.”
“La imagen entera nos enseña que la misericordia primero se recibe y después se transmite.”
Es importante que el catequista ayude a ver la unidad interior de la imagen: revelación, confianza, obediencia, transmisión y caridad.
8. Observamos la imagen vertical de santa Faustina escribiendo

La segunda imagen tiene un tono distinto y debe presentarse también de forma distinta. Aquí no domina tanto la narración como la interioridad. Santa Faustina aparece escribiendo, mientras al fondo se percibe la figura de Jesús misericordioso como presencia recordada, contemplada y obedecida. La escena ayuda a comprender que la vida espiritual no consiste solo en hacer cosas, sino en escuchar, guardar y transmitir con fidelidad lo que Dios comunica.
El catequista puede invitar a los niños a mirar el rostro de la santa, su actitud, la mesa, el cuaderno, el gesto de escribir y la figura de Jesús al fondo. Después puede explicar que muchas de las cosas que hoy conocemos del mensaje de la Divina Misericordia han llegado a la Iglesia a través de ese ejercicio humilde y obediente de escribir lo recibido. Esta imagen enseña que también la vida cristiana del niño debe aprender a escuchar, a guardar y a recordar. No se vive solo corriendo de una actividad a otra; se vive también en silencio, en oración y en atención.
Microguion para el catequista:
“Mirad cómo escribe santa Faustina. No escribe cualquier cosa. Guarda algo que ha recibido.”
“Jesús está al fondo, como presencia viva de lo que ella contempla y recuerda.”
“También nosotros debemos aprender a guardar en el corazón lo que Jesús nos enseña.”
Esta imagen es especialmente útil para conducir al grupo hacia el recogimiento antes de la parte más orante de la sesión.
9. Explicación catequética para niños
Podemos explicar a los niños que santa Faustina fue una religiosa sencilla y humilde a quien Jesús quiso confiar una misión muy especial: recordar al mundo que su amor misericordioso es inmenso. Ella no era importante a los ojos del mundo, ni hizo grandes cosas espectaculares desde fuera, pero se dejó enseñar por Jesús, obedeció a la Iglesia y ofreció su vida con fidelidad. Por eso su historia es tan hermosa: Dios muchas veces confía grandes mensajes a corazones pequeños y obedientes.
Jesús quiso que, a través de ella, muchos recordaran que Dios perdona, que espera al pecador, que escucha al que sufre y que llama a todos a confiar. La frase “Jesús, en Ti confío” es muy importante porque resume la respuesta correcta del alma. No basta con saber que Dios es misericordioso; hay que acudir a Él con fe. Esto vale también para los niños: cuando se equivocan, cuando tienen miedo, cuando se sienten débiles o cuando quieren vivir mejor, deben aprender a ir a Jesús con confianza.
También es importante explicarles que la misericordia divina no significa que el pecado no importe. Significa más bien que el amor de Jesús es tan grande que quiere arrancarnos del pecado y llevarnos a una vida nueva. Por eso el mensaje de la Divina Misericordia está unido a la confesión, a la conversión y a la Eucaristía. Jesús no solo dice “yo te quiero”, sino que además perdona, limpia y se entrega.
En relación con la Primera Comunión, esta enseñanza adquiere una gran profundidad. El mismo Jesús misericordioso que santa Faustina contempló es el que se da sacramentalmente en la Eucaristía. Recibir la Comunión es acercarse a Cristo vivo, al que ama, salva y llena el alma de gracia. Por eso esta sesión debe ayudar a los niños a comprender que la misericordia no es una devoción separada de la vida sacramental, sino una puerta para entrar más profundamente en el misterio de Jesús.
10. Desarrollo de la sesión y actividades
Actividad 1. “Jesús, en Ti confío” (15-18 minutos)
Objetivo: Descubrir que la confianza es la respuesta del corazón a la misericordia de Jesús y que confiar en Cristo significa acudir a Él con sencillez, incluso en la debilidad.
Desarrollo detallado: El catequista escribe en grande la frase “Jesús, en Ti confío”. Primero la hace leer despacio a los niños. Después pregunta qué significa confiar. Se recogen algunas respuestas y, a continuación, se explica que confiar no es solo pensar que todo saldrá como yo quiero, sino entregarme a Jesús porque sé que me ama y quiere mi bien. Luego se puede pedir a cada niño que piense en una situación concreta en la que necesita confiar más en el Señor: cuando tiene miedo, cuando se enfada, cuando le cuesta obedecer, cuando está triste o cuando ha hecho algo mal.
Después de este primer momento, cada niño escribe en una tarjeta una invocación breve que comience así: “Jesús, en Ti confío cuando…”. Las tarjetas pueden ponerse a los pies de una cruz o junto a una imagen de la Divina Misericordia.
Indicaciones para el catequista: Conviene evitar una explicación demasiado sentimental. La confianza cristiana es un acto serio del corazón que se apoya en la fidelidad de Jesús. Hay que ayudar a los niños a ver que la confianza se vive de manera concreta. También conviene subrayar que santa Faustina no inventa esta actitud, sino que la aprende de Jesús y la vive en obediencia.
Microguion orientativo:
“Confiar en Jesús no es decir una frase bonita y ya está.”
“Confiar es acudir a Él cuando tengo miedo, cuando me cuesta algo o cuando necesito perdón.”
“La misericordia de Jesús pide una respuesta: que yo me fíe de Él.”
Sentido catequético: Esta actividad introduce la clave espiritual de toda la sesión: la confianza no es un adorno, sino el modo filial de acercarse a Cristo misericordioso.
Actividad 2. “El corazón que necesita perdón” (18-20 minutos)
Objetivo: Comprender que la misericordia de Dios se dirige especialmente al pecador y que el perdón no humilla, sino que restaura y sana.
Desarrollo detallado: El catequista comienza recordando un episodio evangélico breve en el que aparezca claramente la misericordia de Jesús, por ejemplo el hijo pródigo o Zaqueo. No hace falta leer todo el pasaje, pero sí presentar su núcleo. Después pregunta a los niños si alguna vez han sentido pena por haber hecho algo mal. A continuación se explica que Jesús no rechaza al que se arrepiente, sino que lo invita a volver. El catequista puede trazar una comparación sencilla: cuando uno se ensucia, necesita lavarse; cuando el corazón se aleja de Dios, necesita ser perdonado.
Después se reparte un pequeño papel a cada niño para que escriba una palabra o dibuje algo que represente lo que les aleja de Jesús: mentira, egoísmo, enfado, desobediencia, pelea, falta de amor. No se pide que se lea en voz alta. Los papeles se doblan y se colocan en una caja o cesta. El catequista concluye explicando que Jesús vino precisamente para perdonar, y que su misericordia se recibe de forma especial en la confesión.
Indicaciones para el catequista: Esta actividad exige delicadeza. No conviene angustiar ni culpabilizar a los niños. El objetivo no es que se queden en la vergüenza, sino que descubran la alegría de poder acudir a Jesús. Hay que hablar del pecado con verdad, pero también del perdón con gran esperanza. La misericordia no es permisividad, sino amor que rescata.
Microguion orientativo:
“Jesús no vino a apartarse del pecador, sino a buscarlo.”
“Cuando hacemos el mal, no debemos escondernos de Él, sino volver.”
“La misericordia de Jesús es más fuerte que nuestro pecado.”
Sentido catequético: La actividad ayuda a preparar el corazón del niño para comprender el sacramento del perdón y la necesidad de vivir en gracia antes de la Primera Comunión.
Actividad 3. “Santa Faustina escucha y escribe” (15-18 minutos)
Objetivo: Descubrir que la vida cristiana necesita silencio, oración, escucha y fidelidad interior.
Desarrollo detallado: El catequista lleva la atención a la imagen vertical de santa Faustina escribiendo. Pide a los niños que miren su postura, su calma y su actitud. Después explica que la santa no solo recibió una misión; también tuvo que guardar, discernir y transmitir. A continuación reparte folios o cuadernos pequeños para que cada niño escriba una frase que le gustaría guardar en su corazón de esta sesión. Puede ser una palabra del Evangelio, la frase “Jesús, en Ti confío”, o una petición propia.
Una vez terminado, el catequista explica que en la vida espiritual es muy importante guardar la palabra de Jesús y no dejar que se pierda. Puede hacer una comparación con la Virgen María, que guardaba las cosas en su corazón (cf. Lc 2, 19), mostrando así que la escucha orante forma parte esencial del camino cristiano.
Indicaciones para el catequista: Esta actividad debe hacerse en un clima más recogido. No conviene convertirla en una tarea escolar sin alma. El silencio, aunque sea breve, debe ser real. Los niños deben sentir que guardar una palabra de Jesús es algo importante.
Microguion orientativo:
“Santa Faustina no corre, no se dispersa: escucha y escribe.”
“El corazón cristiano necesita recordar lo que Jesús le enseña.”
“También vosotros podéis guardar una palabra para vivirla.”
Sentido catequético: Esta actividad ayuda a pasar de la mera explicación exterior a una apropiación interior del mensaje de la misericordia.
Actividad 4. “Jesús me alimenta con misericordia” (18-20 minutos)
Objetivo: Relacionar la misericordia de Jesús con la Eucaristía y ayudar a comprender que la Primera Comunión es encuentro con Cristo que salva y alimenta.
Desarrollo detallado: El catequista prepara una mesa sencilla con mantel, vela y un pan visible como signo. Reúne a los niños alrededor y les explica que el mismo Jesús misericordioso que perdona y cura es el que se entrega en la Eucaristía. No se trata de dos cosas separadas. El Señor que tiene compasión del pecador es el mismo que quiere entrar en el alma del niño y quedarse con él en la Comunión. Después invita a los niños a responder a una pregunta: “¿Qué me quiere dar Jesús cuando me acerco a recibirlo?”. Las respuestas pueden incluir perdón, paz, alegría, fuerza, amistad, amor o vida nueva.
Tras la puesta en común, el catequista puede resumir que la Primera Comunión no es solo “recibir algo sagrado”, sino recibir a Cristo vivo. Y si Cristo es misericordioso, entonces recibirlo implica abrirle el corazón con confianza, querer vivir en gracia y dejar que transforme la vida.
Indicaciones para el catequista: Esta actividad es decisiva y debe realizarse con mucho respeto. No se trata de escenificar la Misa, sino de preparar interiormente al niño para entenderla. Conviene insistir en la unidad entre misericordia y Eucaristía: el mismo Señor que perdona es el que se entrega como alimento. Debe evitarse tanto la banalización como el tono excesivamente abstracto.
Microguion orientativo:
“Jesús misericordioso no se queda lejos: quiere entrar en tu vida.”
“En la Comunión no recibes solo un signo, recibes a Jesús vivo.”
“El Señor que perdona también quiere alimentarte y quedarse contigo.”
Sentido catequético: La actividad conduce el tema de la Divina Misericordia al centro sacramental de la vida cristiana y lo vincula directamente con la Primera Comunión.
11. Lectio divina infantil
Después de haber trabajado la vida de santa Faustina y el tema de la misericordia, conviene cerrar con un momento breve de lectio divina adaptada a niños. Aquí el texto más adecuado es el de la aparición del Resucitado a los apóstoles en el Evangelio de san Juan, especialmente el momento en que sopla sobre ellos y comunica el perdón de los pecados (Jn 20, 19-23). Este pasaje permite unir perfectamente misericordia, Resurrección y sacramento del perdón.
Texto a proclamar: Juan 20, 19-23.
Primer paso: leer. El catequista proclama el texto lentamente, insistiendo en las palabras “La paz con vosotros”, “Recibid el Espíritu Santo” y “a quienes les perdonéis los pecados”.
Segundo paso: guardar silencio. Se deja un breve momento de recogimiento y el catequista puede decir: “Jesús está aquí. No tengas miedo. Él viene con paz y con perdón.”
Tercer paso: responder. Cada niño puede repetir en voz baja o alta una frase sencilla: “Jesús, en Ti confío”, “Jesús, perdóname”, “Jesús, quédate conmigo”.
Cuarto paso: orar juntos. Todos repiten lentamente: “Jesús, en Ti confío”.
Claves para el catequista: No se trata de una explicación más, sino de un momento real de encuentro. Conviene mantenerlo breve, sencillo y recogido.
12. Relación con la Primera Comunión y la Eucaristía
La Divina Misericordia y la Eucaristía no son dos asuntos separados. El mismo Cristo que revela a santa Faustina su amor compasivo y su deseo de salvar es el que se entrega a la Iglesia en el sacramento del altar. En la vida cristiana, la misericordia no se queda en una imagen ni en una frase devota, sino que conduce al encuentro sacramental con Jesús. La confesión limpia el corazón y la Eucaristía lo alimenta. Por eso esta catequesis puede ayudar mucho a preparar a los niños para comprender que la Primera Comunión exige un corazón abierto, confiado y reconciliado.
San Juan Pablo II subrayó repetidas veces que la misericordia de Dios no es una teoría, sino una fuerza salvadora que brota del misterio pascual de Cristo. Y precisamente en la Eucaristía ese misterio pascual se hace sacramentalmente presente. Cuando el niño recibe la Comunión, recibe al mismo Jesús que perdona, que cura, que ama a los pecadores, que llama a la confianza y que quiere vivir en el alma. Por eso se puede explicar de forma muy sencilla y muy verdadera: la Primera Comunión es acercarse a Jesús misericordioso para recibirlo de verdad.
Además, la espiritualidad de la Divina Misericordia ayuda a comprender la acción de gracias después de comulgar. No se trata solo de “haber recibido la forma consagrada”, sino de encontrarse con el Señor vivo y hablar con Él. La confianza, tan central en el mensaje a santa Faustina, es también una actitud esencial después de la Comunión: el niño puede hablar a Jesús, pedirle ayuda, darle gracias y entregarle su corazón.
13. Orientaciones amplias para el catequista
El catequista debe preparar esta sesión con espíritu de oración y con especial claridad doctrinal. El tema de la misericordia puede volverse superficial si se presenta solo como dulzura o como emoción. Pero puede volverse demasiado abstracto si se presenta solo con definiciones. Hay que unir calidez y verdad, mostrando que la misericordia es el amor de Dios que perdona y transforma.
Es importante que el catequista no aísle a santa Faustina de la Iglesia. Ella no debe aparecer como una visionaria desligada de los sacramentos o del discernimiento eclesial. Su valor catequético está precisamente en que remite a Cristo, a la confianza, al perdón y a la vida sacramental. Toda la sesión debe conducir a Jesús y no quedarse en la curiosidad biográfica.
Conviene también cuidar mucho el tono de las actividades. Los niños pueden captar verdades muy profundas si se les presentan con sencillez, pero sin rebajar el misterio. El catequista debe evitar dos extremos: trivializar la misericordia, como si todo diera igual, o presentarla de forma tan severa que genere miedo. La misericordia verdadera es exigente y consoladora a la vez: llama a la conversión, pero siempre desde el amor de Cristo.
Las imágenes deben ser usadas como apoyo pedagógico real. La horizontal sirve mejor para narrar y explicar; la vertical, para recoger e interiorizar. Alternarlas dentro de la sesión ayuda a pasar de la historia a la oración, de la explicación a la contemplación. Sería ideal que el catequista repitiera varias veces, con palabras semejantes, la idea central de la sesión: Jesús misericordioso me ama, me perdona, me llama a confiar y quiere vivir en mí.
14. Orientaciones para los padres
Los padres pueden ayudar mucho a sus hijos leyendo con ellos alguna parábola o episodio de la misericordia de Jesús, repitiendo juntos la jaculatoria “Jesús, en Ti confío” y recordándoles que cuando se equivocan no deben esconderse de Dios, sino volver a Él. La preparación a la Primera Comunión se fortalece mucho cuando el hogar deja de hablar de la fe como una obligación externa y empieza a mostrarla como una amistad real con Jesucristo.
También sería muy útil que los padres relacionaran esta catequesis con la confesión y con la participación dominical en la Misa. El niño debe percibir que la misericordia no es un tema extraordinario reservado para algunas fiestas, sino un modo permanente de acercarse a Cristo. Leer alguna frase breve del Evangelio o del mensaje de la Divina Misericordia, rezar antes de dormir o enseñar a pedir perdón y a perdonar son pasos muy concretos y muy eficaces.
15. Oración final
Señor Jesús misericordioso,
tú amaste a santa Faustina
y le enseñaste a confiar en ti.
Enséñanos también a nosotros
a acudir a ti con corazón sencillo,
a pedirte perdón cuando hacemos el mal,
y a no dudar nunca de tu amor.
Prepáranos para recibirte bien
en la Primera Comunión.
Haznos niños que confían,
que rezan,
que perdonan
y que viven en tu gracia.
Jesús, en Ti confío.
Amén.
16. Conclusión
La vida de santa Faustina y el mensaje de la Divina Misericordia ofrecen a los niños de Primera Comunión una puerta preciosa para entrar en el corazón del Evangelio. Jesús no es solo el Señor que enseña; es el Señor que ama, perdona, sana y se entrega. La misericordia no es un tema secundario, sino una luz para comprender la salvación entera.
Si el niño llega a descubrir que puede confiar en Jesús, acudir a su perdón y recibirlo en la Eucaristía como Salvador vivo, la sesión habrá dado fruto. Y si además aprende a repetir con fe la jaculatoria “Jesús, en Ti confío”, habrá recibido una fórmula breve, luminosa y profunda para toda su vida cristiana.




