Evangelio del día
Mateo 6, 7-15 · Jueves de la 11.ª semana del Tiempo Ordinario
La oración cristiana se configura como un diálogo personal, íntimo y profundo entre el hombre y Dios.
Evangelio
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes».

Lecturas
- Primera lectura: Segunda Carta de san Pablo a los Corintios, 2 Cor 11, 1-11.
- Salmo: Sal 111(110).
Oración introductoria
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Ven a esta oración para que sea el medio para crecer en el amor que perdona, libra del mal y de la tentación.
Petición
Ayúdame a hacer verdadera oración, Señor.
Meditación del Santo Padre Francisco
No hay necesidad de emplear tantas palabras para rezar: el Señor sabe lo que queremos decirle. Lo importante es que la primera palabra de nuestra oración sea «Padre». Así lo recordó el Papa Francisco al comentar el Evangelio en el que Jesús enseña el Padrenuestro a sus discípulos.
Para rezar no hace falta ruido, alboroto ni deseo de llamar la atención. Jesús advierte contra la vanidad religiosa y contra la tentación de creer que seremos escuchados por hablar mucho. La oración cristiana no es espectáculo, ni técnica de presión, ni fórmula mágica: es relación filial con Dios.
El Papa subrayó que la primera palabra de la oración debe ser «Padre». Sin esta palabra, sin sentir realmente que Dios es Padre, no se puede rezar cristianamente. No rezamos a una fuerza lejana ni a un dios anónimo, sino al Padre que nos ha dado la vida, nos acompaña en el camino y conoce toda nuestra historia.
Pero Jesús no nos enseña a decir simplemente «Padre mío», sino «Padre nuestro». Nadie es hijo único ante Dios. La oración cristiana nos coloca siempre ante el Padre junto con los hermanos. Por eso, si no estamos en paz con los demás, nuestra oración queda herida en su raíz.
Francisco recordó que el Padrenuestro une oración y perdón. Jesús lo explica con claridad: si perdonamos a los demás, también el Padre nos perdonará; si no perdonamos, cerramos el corazón al perdón de Dios. La oración verdadera no puede separarse de la reconciliación fraterna.
Sentirse amado por el Padre permite confiarle las preocupaciones, las heridas y los miedos. Como el hijo que vuelve a casa y dice «Padre, he pecado», también nosotros podemos presentarnos ante Dios con verdad, sabiendo que Él es un Padre cercano, que nos abraza y sabe lo que necesitamos antes incluso de que se lo pidamos.
El Padrenuestro no es una fórmula para repetir sin alma. Es la escuela de la oración cristiana: nos enseña a mirar a Dios como Padre, a vivir como hermanos, a pedir el pan necesario, a perdonar y a dejarnos librar del mal.
Santo Padre Francisco:
Orar a Nuestro Padre
Meditación del jueves, 20 de junio de 2013.
Meditación cristiana
Extracto de la Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana
VII. «Yo soy el camino»
29. Todo fiel debe buscar y puede encontrar el propio camino, el propio modo de hacer oración, en la variedad y riqueza de la oración cristiana enseñada por la Iglesia. Pero todos estos caminos personales confluyen, al final, en aquel camino al Padre que Jesucristo ha proclamado que es Él mismo.
En la búsqueda del propio camino, cada uno se dejará conducir no tanto por sus gustos personales cuanto por el Espíritu Santo, que le guía, a través de Cristo, al Padre.
30. En todo caso, para quien se empeña seriamente vendrán tiempos en los que le parecerá vagar en un desierto sin «sentir» nada de Dios a pesar de todos sus esfuerzos. Debe saber que estas pruebas no se le ahorran a ninguno que tome en serio la oración.
En esos períodos debe esforzarse firmemente por mantener la oración. Aunque pueda darle la impresión de una cierta «artificiosidad», se trata en realidad de algo profundamente distinto: precisamente entonces la oración constituye una expresión de su fidelidad a Dios, en cuya presencia quiere permanecer incluso sin recibir consolación subjetiva.
En esos momentos aparentemente negativos se muestra lo que busca realmente quien hace oración: si busca a Dios, que siempre lo supera en su infinita libertad, o si se busca sólo a sí mismo, sin lograr ir más allá de sus propias experiencias.
31. La caridad de Dios, único objeto de la contemplación cristiana, es una realidad de la que nadie puede apropiarse mediante un método o una técnica. Debemos tener siempre la mirada fija en Jesucristo, en quien la caridad divina llegó hasta la cruz.
Debemos dejar que Dios decida la manera en que quiere hacernos partícipes de su amor. No debemos intentar ponernos al mismo nivel del objeto contemplado, el amor libre de Dios, ni siquiera cuando, por misericordia del Padre y mediante el Espíritu Santo, se nos concede en Cristo algún reflejo sensible de ese amor divino.
Cuanto más se le concede a una criatura acercarse a Dios, tanto más crece en ella la reverencia ante el Dios tres veces Santo. Se comprende entonces la palabra de san Agustín: «Tú puedes llamarme amigo, yo me reconozco siervo», y la palabra de María: «Ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava» (Lc 1, 48).
Cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe
Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana
Roma, 15 de octubre de 1989, fiesta de Santa Teresa de Jesús.
Catecismo de la Iglesia Católica
¿Qué es la oración?
«Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría» (Santa Teresa del Niño Jesús).
La oración como don de Dios
2559. «La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes». La humildad es la base de la oración. Nosotros no sabemos pedir como conviene. Por eso el hombre es, ante Dios, un mendigo de Dios.
2560. «Si conocieras el don de Dios». La maravilla de la oración se revela allí donde Cristo sale al encuentro de todo ser humano. La oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él.
2561. Nuestra oración de petición es, paradójicamente, una respuesta: respuesta de fe a la promesa gratuita de salvación y respuesta de amor a la sed del Hijo único.
La oración como Alianza
2562. Cualquiera que sea el lenguaje de la oración, el que ora es todo el hombre. Sin embargo, la Escritura habla con frecuencia del corazón. Si el corazón está alejado de Dios, la expresión de la oración es vana.
2563. El corazón es nuestro centro escondido, el lugar de la decisión, de la verdad y del encuentro. Allí elegimos entre la vida y la muerte. Es el lugar de la Alianza.
2564. La oración cristiana es una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo. Brota del Espíritu Santo y de nosotros, y se dirige al Padre en unión con la voluntad humana del Hijo de Dios hecho hombre.
La oración como comunión
2565. En la nueva Alianza, la oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo. La vida de oración es estar habitualmente en presencia de Dios y en comunión con Él.
Catecismo de la Iglesia Católica
Propósito
Cuando se me presente una tentación para hacer o consentir el mal, rezaré de inmediato un padrenuestro.
Diálogo con Cristo
Jesucristo, ¡venga tu Reino! Ésta es la aspiración de mi vida: que tu Reino se establezca y se realice en este mundo, comenzando por mi propia persona. Te doy gracias por esta oración. Permite que sepa escucharte, sentirte y seguirte, para vivir como hijo ante el Padre nuestro.




