Evangelio del día
Mateo 6, 19-23 · Viernes de la 11.ª semana del Tiempo Ordinario
Debemos estar más atentos a acumular las verdaderas riquezas, las que liberan el corazón y nos hacen vivir con la libertad de los hijos de Dios.
Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben.
Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!».

Lecturas
- Primera lectura: Segundo Libro de Reyes, 2 Re 11, 1-4.9-18.20.
- Salmo: Sal 132(131), 11-14.17-18.
Oración introductoria
Ven, Espíritu Santo, llena mi corazón con el fuego de tu amor para que esta oración me ayude a desprenderme de mí mismo, a desapegarme de todo lo material y a considerar todo como basura y pérdida con tal de ganarte a Ti.
Petición
Jesús, dame un corazón pobre y libre de egoísmo para que puedas reinar en mí.
Meditación del Santo Padre Francisco
«Dinero, vanidad y poder» no hacen feliz al hombre. Los auténticos tesoros, las riquezas que cuentan, son el amor, la paciencia, el servicio a los demás y la adoración a Dios. Este fue el mensaje que el Papa Francisco propuso al comentar las palabras de Jesús: «Donde está tu tesoro, allí está tu corazón».
El consejo del Señor es sencillo y profundamente prudente: no acumular tesoros en la tierra. Jesús no desprecia las realidades materiales, pero advierte que no pueden convertirse en el centro de la vida. Cuando el corazón se ata a lo que pasa, pierde la libertad interior.
El primer tesoro peligroso es el dinero. Las riquezas pueden servir para hacer el bien, sostener una familia y ayudar a otros, pero cuando se acumulan como seguridad absoluta, terminan robando el alma. El problema no está sólo en poseer, sino en poner en ellas la esperanza del corazón.
El segundo tesoro engañoso es la vanidad: buscar prestigio, hacerse ver, vivir pendiente de la propia imagen. Jesús denuncia esta actitud porque convierte la vida espiritual en espectáculo y deja al hombre vacío. La belleza exterior, la fama y el reconocimiento terminan pasando.
El tercer tesoro inútil y peligroso es el poder. El Papa recordó que el poder humano se acaba, cae y muchas veces deja tras de sí soledad, anonimato o ruina. Por eso Jesús invita a no acumular orgullo ni dominio, porque estos tesoros no dan vida.
Frente a estos falsos tesoros, el Señor propone acumular tesoros en el cielo. No se trata de huir del mundo, sino de orientar el corazón hacia lo que permanece: el amor, la paciencia, el servicio a los demás y la adoración a Dios. Estas son las riquezas que liberan el corazón.
Cuando el corazón está atado al dinero, a la vanidad o al poder, queda encadenado. Pero cuando está unido a Dios, se vuelve luminoso. Por eso Jesús habla del ojo sano y del cuerpo iluminado: un corazón libre puede ver bien, amar mejor y mostrar a otros el camino que lleva a Dios.
El Papa Francisco insistió en que un corazón libre es un corazón luminoso. No vive esclavizado por lo que tiene, por lo que aparenta o por lo que domina. Es un corazón que sigue adelante y que envejece bien, como el buen vino, porque ha aprendido a poner su tesoro donde está Cristo.
La petición final es clara: pedir al Señor la prudencia espiritual para reconocer dónde está nuestro corazón y la fuerza para desencadenarlo cuando se ha quedado prisionero. Sólo así podremos vivir la verdadera alegría y la verdadera libertad de los hijos de Dios.
Santo Padre Francisco:
Caza al tesoro
Meditación del viernes, 20 de junio de 2014.
Meditación del Santo Padre Benedicto XVI
El Apóstol precisa muy bien lo que entiende por «los bienes de allá arriba», que el cristiano debe buscar, y «los bienes de la tierra», de los cuales debe cuidarse. Los bienes de la tierra que es necesario evitar son, ante todo, la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría.
Dar muerte al deseo insaciable de bienes materiales y al egoísmo significa abandonar lo que pertenece al hombre viejo. El cristiano está llamado a despojarse de esa lógica para revestirse de Cristo, dejando que su vida sea renovada a imagen de su Creador.
San Pablo señala también cuáles son los bienes de arriba: compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, perdón y, por encima de todo, la caridad, que es el vínculo de la unidad perfecta. Estos bienes no apartan del mundo, sino que transforman el modo de vivir en él.
Benedicto XVI recuerda que los cristianos no están llamados a evadirse de la ciudad terrena. Aunque nuestra verdadera patria está en el cielo, el camino hacia esa meta se recorre cada día en esta tierra. Participando desde ahora en la vida de Cristo resucitado, debemos vivir como hombres nuevos en el corazón del mundo.
Este camino no sólo transforma a cada persona, sino también la sociedad. Los bienes de arriba dan a la ciudad terrena un rostro nuevo, marcado por la solidaridad, la bondad y el respeto profundo de la dignidad de cada persona.
En la cumbre de todas las virtudes está la caridad. Ella resume y compendia los bienes del cielo, y junto con la fe y la esperanza define la naturaleza profunda del cristiano.
Santo Padre Benedicto XVI
Audiencia General del miércoles, 27 de abril de 2011
Propósito
Esta semana daré ese donativo que he venido posponiendo y del que no he querido desprenderme.
Diálogo con Cristo
Señor Jesús, si no soy generoso en el apostolado, en la donación de mi tiempo y en el servicio desinteresado a los demás y a la Iglesia, es porque no te he dado el lugar que te corresponde en mi vida. No he sido dócil a tus inspiraciones ni he sabido aprovechar tu gracia. Pero hoy es un nuevo día, una nueva oportunidad, para dejar todas las ataduras atrás y crecer con confianza, alegría y amor.




