San Apolinar: Un pastor que nunca dejó de levantarse

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San Apolinar

Un pastor que nunca dejó de levantarse
Catequesis visual para adolescentes, jóvenes, familias y catequistas

1. Presentación de la catequesis

La vida de san Apolinar nos muestra que la santidad no consiste en realizar una única acción extraordinaria, sino en permanecer fieles a Jesucristo cada día. Según la antigua tradición de la Iglesia, fue discípulo de san Pedro, quien lo envió a anunciar el Evangelio en Rávena cuando aquella ciudad todavía no conocía la fe cristiana. Allí comenzó una misión que estaría marcada por el trabajo constante, las persecuciones y una confianza inquebrantable en Dios.

Esta catequesis visual quiere acercar esa historia a adolescentes, jóvenes, familias y catequistas de una manera diferente. No pretende únicamente transmitir datos históricos, sino ayudar a descubrir cómo el Espíritu Santo fue formando el corazón de un auténtico pastor. A través del relato de su vida, de sus principales carismas y de un itinerario de ocho escenas ilustradas, aprenderemos a contemplar la acción de Dios en la existencia de un santo y a reconocer que esa misma llamada continúa hoy en cada cristiano.

Idea central

La santidad no nace de una vida sin dificultades, sino de la fidelidad a Cristo en medio de ellas. San Apolinar cayó, sufrió y fue perseguido, pero nunca dejó de levantarse para continuar la misión que Dios le había confiado.

Las imágenes que acompañan este documento forman parte de la catequesis. Cada una representa un momento decisivo de la vida del santo y ha sido elegida para explicar un aspecto concreto de su vocación: la llamada, la misión, el servicio, la perseverancia, la fortaleza, la entrega y la esperanza. Por eso no deben contemplarse como simples ilustraciones, sino como una ayuda para leer el Evangelio reflejado en la vida de un discípulo de Cristo.

Al recorrer estas páginas descubriremos que san Apolinar no fue recordado únicamente por ser el primer obispo de Rávena. La Iglesia lo conserva en su memoria porque supo vivir como un verdadero pastor: anunciando el Evangelio con valentía, permaneciendo junto a su comunidad en los momentos más difíciles y confiando siempre en que Dios puede sacar un bien incluso de las pruebas más duras.

Para recordar

Esta catequesis no busca solamente responder a la pregunta «¿quién fue san Apolinar?», sino también a otra mucho más importante: «¿qué puede enseñar hoy su vida a un joven cristiano?»

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2. Cómo utilizar esta catequesis visual

Las imágenes de esta catequesis no son un simple complemento del texto. Constituyen el corazón del itinerario pedagógico. Cada escena representa un momento decisivo de la vida de san Apolinar y pone de manifiesto uno o varios de los grandes carismas que marcaron su vocación. Por eso conviene contemplar cada ilustración con calma antes de leer la explicación correspondiente, dejando que los detalles, los gestos y el ambiente histórico ayuden a comprender el mensaje que transmite.

Después de observar la imagen, puede leerse el comentario catequético y dialogar sobre las preguntas que surgen de forma natural: ¿qué está sucediendo?, ¿qué decisión toma san Apolinar?, ¿qué virtud aparece reflejada?, ¿cómo habría reaccionado yo en una situación semejante? De este modo, la contemplación de la imagen conduce poco a poco al descubrimiento del Evangelio vivido en la existencia de un santo.

Claves para leer una imagen catequética

• Observe primero la escena completa antes de fijarse en los detalles.

• Identifique quiénes aparecen representados y qué está ocurriendo.

• Descubra cuál es el carisma o la enseñanza principal que transmite la escena.

• Termine preguntándose qué invita Dios a vivir hoy a través del ejemplo de san Apolinar.

Indicaciones para padres y catequistas

Procure dedicar unos minutos a contemplar cada imagen antes de comenzar la explicación. Anime a los jóvenes a describir con sus propias palabras lo que observan y evite dar inmediatamente la respuesta. Cuando ellos mismos descubren los detalles, la enseñanza permanece durante más tiempo en la memoria.

Al finalizar cada escena, relacione el carisma de san Apolinar con alguna situación cercana a su vida cotidiana: una dificultad en los estudios, una amistad, un momento de desánimo, una decisión importante o la necesidad de volver a empezar. Así comprenderán que la santidad no pertenece solamente al pasado, sino que sigue siendo un camino posible para cualquier cristiano.

Objetivo de esta catequesis visual

No se trata únicamente de conocer mejor a san Apolinar. El verdadero objetivo es aprender a contemplar cómo actúa Dios en la vida de quienes responden con fidelidad a su llamada y descubrir que esos mismos carismas pueden florecer también en nuestra propia vida.

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3. San Apolinar: un pastor que nunca dejó de levantarse

Hace casi dos mil años, cuando la Iglesia comenzaba a extenderse más allá de Jerusalén, vivía en Antioquía un hombre llamado Apolinar. Era una ciudad inmensa, llena de comerciantes, viajeros, soldados y gentes llegadas de todos los rincones del Imperio romano. Allí convivían distintas culturas y religiones, y precisamente en aquella ciudad los discípulos de Jesús comenzaron a ser conocidos con un nombre que ha llegado hasta nosotros: cristianos.

Según una antigua tradición de la Iglesia, fue allí donde Apolinar conoció al apóstol san Pedro. Escuchar al primero de los Apóstoles debía de ser una experiencia inolvidable. Pedro no hablaba de Jesucristo como quien transmite una historia aprendida de memoria. Hablaba del Maestro con la emoción de quien había compartido con Él los caminos de Galilea, había contemplado sus milagros, había llorado después de negarlo y había recibido personalmente su perdón junto al lago de Tiberíades.

Apolinar descubrió que la fe cristiana era mucho más que un conjunto de enseñanzas. Era el encuentro con una Persona viva. Cristo había vencido a la muerte y seguía llamando a hombres y mujeres para continuar su obra en el mundo. Aquella certeza transformó por completo su corazón y despertó en él el deseo de dedicar toda su vida al servicio del Evangelio.

Carisma: una fe que se transmite

San Apolinar comprendió que la fe nunca es un tesoro para guardar en silencio. Quien ha encontrado a Cristo siente el deseo de compartir esa alegría con los demás. La fe crece cuando se comunica y se convierte en servicio.

Durante un tiempo permaneció junto a san Pedro, aprendiendo de él y preparándose para la misión que Dios le tenía reservada. No imaginaba todavía hasta dónde lo conduciría aquel camino, pero cada jornada reforzaba su confianza en el Señor y su deseo de servir a la Iglesia naciente.

Un día llegó el momento decisivo. San Pedro llamó a Apolinar y le confió una misión que cambiaría para siempre el rumbo de su vida: debía partir hacia Rávena, una importante ciudad del norte de Italia, para anunciar allí el Evangelio y cuidar de quienes llegaran a creer en Jesucristo.

La tarea parecía inmensa. Rávena era un puerto importante del Imperio romano y en ella convivían soldados, comerciantes y marineros procedentes de muchos lugares. Allí apenas existían comunidades cristianas y el anuncio del Evangelio encontraría numerosas dificultades. Humanamente, Apolinar podía sentirse pequeño ante semejante responsabilidad.

No sabemos qué pensamientos cruzaron por su corazón en aquellos momentos. Quizá sintió miedo, quizá pensó que no estaba preparado o quizá se preguntó cómo podría comenzar una comunidad cristiana donde todo estaba todavía por hacer. Sin embargo, había aprendido junto a san Pedro una lección que nunca olvidaría: Dios no llama solamente a quienes parecen más capaces; fortalece a quienes responden con generosidad.

La valentía cristiana

Ser valiente no significa no sentir miedo. Significa dar el paso que Dios nos pide aun cuando no conozcamos todavía el final del camino. La confianza en el Señor siempre es más fuerte que nuestras dudas.

Con esa certeza, Apolinar emprendió el viaje hacia Occidente. Dejaba atrás la ciudad donde había descubierto la fe para dirigirse hacia otra en la que todo estaba por comenzar. Sin saberlo, iniciaba una aventura que lo convertiría en uno de los grandes pastores de la Iglesia antigua.

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4. Los carismas de san Apolinar

La Iglesia no recuerda a los santos únicamente por los acontecimientos de su vida, sino porque en ellos resplandece de un modo especial la acción de Dios. Cada santo refleja un aspecto distinto del Evangelio y nos ayuda a comprender mejor cómo actúa el Espíritu Santo en quienes responden con generosidad a su llamada.

En san Apolinar descubrimos un conjunto de virtudes y actitudes que marcaron toda su existencia. Estos carismas serán la clave para comprender las imágenes de la catequesis visual y nos ayudarán a pasar de la contemplación de la historia a la aplicación en nuestra propia vida.

Carisma Explicación catequética
Fidelidad a la misión recibida Aceptó la misión que san Pedro le confió y permaneció fiel a ella durante toda su vida. Enseña que la vocación cristiana no depende de las circunstancias, sino de la confianza en Dios.
Valentía evangelizadora No tuvo miedo de anunciar a Jesucristo en una ciudad donde casi nadie lo conocía. Su ejemplo anima a los cristianos a hablar de su fe con sencillez y sin avergonzarse del Evangelio.
Perseverancia Fue perseguido, golpeado y expulsado en distintas ocasiones, pero siempre regresó para continuar la misión que Dios le había confiado.
Resiliencia cristiana Su fortaleza nacía de la gracia de Dios. Cada caída se convirtió para él en una nueva oportunidad para levantarse y seguir sirviendo.
Espíritu misionero Comprendió que la fe está llamada a extenderse hasta los confines del mundo. Todo bautizado recibe la misión de anunciar a Cristo allí donde vive.
Buen pastor Como obispo cuidó de su comunidad con cercanía, enseñando, celebrando los sacramentos, consolando a los enfermos y fortaleciendo a quienes sufrían.
Amor a la Iglesia Nunca buscó su propio prestigio. Toda su vida estuvo orientada a hacer crecer la comunidad cristiana y mantenerla unida en la fe.
Esperanza en la persecución Nunca permitió que el sufrimiento destruyera su esperanza. Las pruebas fortalecieron todavía más su confianza en Dios.
Humildad en el servicio No buscó honores ni reconocimientos. Comprendió que el verdadero protagonista de la evangelización es siempre Dios.
Sembrador de comunidades Su mayor obra no fueron edificios ni monumentos, sino las personas que llegaron a conocer a Cristo gracias a su predicación.
Testimonio con la vida Sus palabras convencían porque estaban respaldadas por su ejemplo. Vivía aquello que anunciaba.
Fidelidad hasta el final Murió después de una vida completamente entregada al Evangelio. Su memoria siguió fortaleciendo la fe de generaciones de cristianos.
Confianza absoluta en Dios Aceptó una misión humanamente imposible porque sabía que Dios sostiene siempre a quienes responden a su llamada.
Capacidad de volver a empezar El rasgo que resume toda su vida. San Apolinar enseña que la santidad no consiste en no caer nunca, sino en volver siempre a Cristo para recomenzar.

Una clave para contemplar las imágenes

Cada una de las ocho escenas de la catequesis visual pone de relieve uno o dos de estos carismas. Al observar las ilustraciones, no debemos fijarnos únicamente en los personajes o en los acontecimientos históricos. Lo más importante es descubrir qué rasgo de la vida cristiana está iluminando esa escena y cómo puede hacerse realidad también en nuestra propia vida.

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5. Catequesis visual: ocho escenas para conocer su vida

Comienza ahora el itinerario visual de la vida de san Apolinar. Las ocho imágenes que forman esta catequesis no deben contemplarse como escenas independientes, sino como un único recorrido espiritual. Cada una representa un paso en la formación de un discípulo que, guiado por la gracia de Dios, llega a convertirse en un verdadero pastor de la Iglesia.

Antes de leer cada explicación, dedica unos instantes a observar atentamente la imagen. Fíjate en los personajes, en sus gestos, en la composición y en los detalles del ambiente. Después descubre cuál es el carisma que esa escena quiere transmitir. Así aprenderás a leer la vida de los santos no solo con los ojos, sino también con el corazón.


Escena 1. El encuentro con san Pedro en Antioquía

LUGAR DE LA IMAGEN 1

Carisma principal

La fe recibida para ser compartida.

La historia de san Apolinar comienza escuchando. Antes de convertirse en obispo, misionero y mártir, fue un discípulo que abrió su corazón al anuncio del Evangelio. La tradición de la Iglesia recuerda que conoció a san Pedro en Antioquía y que aquel encuentro cambió para siempre el rumbo de su existencia.

Pedro no hablaba de Jesucristo como quien transmite una lección aprendida en un libro. Hablaba con la autoridad de quien había vivido junto al Maestro, había contemplado sus milagros y había experimentado personalmente su misericordia. Apolinar comprendió que seguir a Cristo significaba mucho más que aprender unas enseñanzas: suponía entregar la propia vida al servicio del Reino de Dios.

¿Qué nos enseña esta escena?

Toda vocación comienza escuchando. Nadie puede anunciar a Cristo si antes no ha permitido que Cristo transforme su propio corazón.


Escena 2. Pedro envía a Apolinar a Rávena

Carisma principal

La disponibilidad para la misión.

Después de un tiempo de formación, llegó el momento de partir. Pedro confió a Apolinar una misión que parecía superior a sus fuerzas: anunciar el Evangelio en Rávena, una ciudad donde casi nadie conocía todavía a Jesucristo. Humanamente podía sentirse pequeño, pero comprendió que la misión no dependía únicamente de sus capacidades, sino de la gracia de Dios.

Aceptó el envío sin saber cuántas dificultades encontraría por el camino. Lo único que tenía verdaderamente seguro era que Cristo caminaba con él. Aquella confianza le permitió dejar atrás la seguridad de Antioquía y comenzar una aventura que cambiaría la historia de la Iglesia de Rávena.

¿Qué nos enseña esta escena?

Dios no llama solamente a quienes parecen más preparados. Él fortalece a quienes responden con generosidad y ponen su confianza en sus manos.

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Escena 3. Los primeros cristianos de Rávena

Carisma principal

La fuerza de los pequeños comienzos.

Cuando Apolinar llegó a Rávena comprendió inmediatamente la magnitud de la misión que había recibido: no había iglesias, no había campanas, no había presbíteros, no había comunidades cristianas organizadas… ¡Todo estaba por hacer!

Lejos de desanimarse, comenzó del único modo posible: acercándose a las personas. Escuchaba a los enfermos, consolaba a quienes sufrían, visitaba las familias y anunciaba con sencillez que Jesucristo había resucitado y ofrecía una vida nueva. Poco a poco, algunas personas comenzaron a creer. Después llegaron otras, y aquella pequeña semilla empezó a convertirse en una comunidad cristiana.

La Iglesia de Rávena no nació gracias al poder ni a la riqueza. Nació gracias a la paciencia de un hombre que comprendió que las grandes obras de Dios suelen comenzar con pequeños gestos de amor, de escucha y de servicio.

¿Qué nos enseña esta escena?

No debemos despreciar los comienzos humildes. Dios suele construir las obras más grandes a partir de personas sencillas que trabajan cada día con fidelidad.


Escena 4. La primera persecución

Carisma principal

La fortaleza que nace de la fe.

El crecimiento de la comunidad cristiana comenzó a despertar oposición. El anuncio del Evangelio cuestionaba muchas costumbres de la ciudad y algunos no aceptaban que solo Jesucristo fuera el verdadero Señor. Llegaron primero las burlas, después las amenazas y, finalmente, la persecución.

San Apolinar fue detenido, golpeado y expulsado de Rávena. Sus perseguidores pensaban que bastaría con alejar al pastor para que desapareciera también la pequeña comunidad cristiana. Sin embargo, el sufrimiento no consiguió apagar su esperanza. Sabía que seguir a Cristo implicaba también cargar con la cruz.

Aunque su cuerpo estaba herido, su corazón permanecía lleno de paz. Comprendía que ninguna violencia puede destruir la verdad del Evangelio y que el amor de Dios es siempre más fuerte que el odio de los hombres.

¿Qué nos enseña esta escena?

Seguir a Jesucristo no significa vivir sin dificultades. La verdadera fortaleza consiste en permanecer fieles al bien incluso cuando hacerlo resulta difícil o exige sacrificios.

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Escena 5. El regreso del pastor

Carisma principal

Levantarse para volver a amar.

Después de recuperarse de las heridas, Apolinar tomó una decisión que sorprendió incluso a quienes lo conocían. En lugar de buscar un lugar más seguro donde vivir, regresó a la ciudad que lo había rechazado. Sabía que los cristianos de Rávena seguían necesitando un pastor y comprendía que la misión que Dios le había confiado no terminaba con una persecución.

Su regreso no fue un acto de orgullo ni un desafío contra quienes lo habían expulsado. Tampoco volvió para demostrar que era más fuerte que sus enemigos. Regresó porque amaba a la comunidad cristiana y porque había aprendido de Jesucristo que el bien nunca responde al mal con más mal, sino con un amor todavía mayor.

Los fieles acogieron a su obispo con una inmensa alegría. Comprendieron que su pastor no predicaba una teoría, sino una forma de vivir. Las heridas de su cuerpo hablaban por sí solas y hacían creíble el Evangelio que anunciaba.

¿Qué nos enseña esta escena?

La resiliencia cristiana no consiste simplemente en soportar el sufrimiento. Consiste en levantarse después de cada caída para seguir haciendo el bien, sin dejar que el resentimiento ocupe el lugar del amor.


Escena 6. El buen pastor

Carisma principal

Servir antes que ser servido.

Con el paso de los años, la comunidad cristiana fue creciendo y Apolinar se convirtió para todos en un verdadero padre. No limitaba su misión a predicar. Enseñaba la fe, celebraba los sacramentos, acompañaba a los enfermos, consolaba a quienes sufrían y fortalecía a los que comenzaban a desanimarse por causa de las persecuciones.

Su autoridad no nacía del poder, sino del servicio. Los cristianos descubrían en él el rostro del Buen Pastor del que habla el Evangelio: aquel que conoce a sus ovejas, camina con ellas y está dispuesto a entregar su propia vida por el rebaño que Dios le ha confiado.

Cada persona ocupaba un lugar importante en su corazón. Sabía escuchar, corregir con paciencia, enseñar con claridad y animar a todos a permanecer unidos en la fe. Así fue construyendo una Iglesia fuerte no por sus riquezas, sino por la profundidad de su vida cristiana.

¿Qué nos enseña esta escena?

La autoridad cristiana no consiste en mandar, sino en servir. Quien ocupa una responsabilidad en la Iglesia está llamado a cuidar de las personas siguiendo el ejemplo de Jesucristo, el Buen Pastor.

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Escena 7. La entrega final

Carisma principal

La fidelidad que vence al tiempo.

Los años fueron pasando y las persecuciones dejaron profundas huellas en el cuerpo de san Apolinar. Sin embargo, ninguna de aquellas heridas consiguió apagar la alegría con la que había anunciado el Evangelio desde el primer día. Había descubierto que la verdadera fuerza no nace del poder humano, sino de la confianza en Dios.

Después de dedicar toda su vida a servir a la Iglesia de Rávena, llegó el momento de entregar definitivamente su existencia al Señor. Los cristianos permanecieron junto a él con inmenso agradecimiento. Sabían que estaban despidiendo a un pastor que nunca había buscado su propio interés, sino el bien de las personas que Dios le había confiado.

Su muerte no significó el final de su obra. Al contrario, la comunidad comprendió que el ejemplo de su obispo seguiría iluminando el camino de las generaciones futuras. Había sembrado la fe con tanta generosidad que aquella semilla continuaría creciendo mucho después de su partida.

¿Qué nos enseña esta escena?

El éxito de una vida no se mide por los honores recibidos, sino por el amor que dejamos sembrado en los demás. Una existencia entregada a Dios continúa dando fruto incluso después de la muerte.


Escena 8. La memoria que permanece

Carisma principal

Una huella que permanece.

Los cristianos de Rávena nunca olvidaron a quien había sido su primer obispo. Comenzaron a acudir al lugar donde descansaban sus restos para rezar, dar gracias a Dios y pedir la misma fortaleza que había sostenido toda su vida. Con el paso del tiempo, aquel lugar se convirtió en un importante centro de peregrinación.

Sobre su sepulcro se levantó una gran basílica que todavía hoy recuerda la vida de este pastor fiel. Quienes llegan hasta ella no contemplan únicamente un edificio antiguo. Descubren el testimonio de un hombre que aceptó la misión recibida, permaneció fiel durante las persecuciones y nunca dejó de levantarse para seguir anunciando a Jesucristo.

La ciudad que un día lo rechazó terminó reconociéndolo como uno de sus mayores tesoros espirituales. Así sucede muchas veces en la historia de la Iglesia: la fidelidad silenciosa acaba dando frutos que ninguna persona habría podido imaginar.

¿Qué nos enseña esta escena?

Las personas pasan, pero el bien realizado por amor a Dios permanece. Una vida entregada al Evangelio puede seguir iluminando a otras generaciones muchos siglos después.

Conclusión de la catequesis visual

Las ocho escenas que acabamos de contemplar forman un único camino de crecimiento espiritual. San Apolinar comenzó siendo un discípulo que escuchaba a san Pedro y terminó convirtiéndose en un pastor cuya vida continúa inspirando a la Iglesia. Su historia nos recuerda que la santidad no consiste en no caer nunca, sino en levantarse siempre para seguir a Cristo y servir a los demás con un corazón lleno de esperanza.

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6. Oración a san Apolinar

Después de recorrer la vida de san Apolinar y contemplar las escenas que marcaron su camino de fe, terminemos esta catequesis con una oración. No se trata solamente de admirar a un gran santo de los primeros siglos de la Iglesia, sino de pedir a Dios que haga crecer también en nosotros los mismos sentimientos que guiaron toda su vida: la fidelidad, la fortaleza, la humildad y la perseverancia.

Oración a san Apolinar

Señor, que hiciste fuerte a tu pastor,
cuando el temor llamó junto al camino;
haz firme nuestro paso peregrino
para seguirte siempre con amor.

Que nunca venza el miedo al corazón,
ni el desaliento apague la esperanza;
danos la fe serena y la confianza
de quien renace en cada nueva acción.

San Apolinar, guía nuestro andar;
enséñanos, como tú, a levantarnos,
a no rendir la fe ni abandonar.

Y cuando llegue el tiempo de entregarnos,
haz que podamos, fieles hasta el final,
vivir por Cristo… y con Él descansar.

Para terminar

Cuando vuelvas a contemplar cualquiera de las ocho imágenes de esta catequesis, recuerda que todas cuentan una única historia: la de un hombre que aprendió a confiar plenamente en Dios. Pide al Señor, por intercesión de san Apolinar, la gracia de descubrir cuál es la misión que Él te confía y la fortaleza necesaria para vivirla con alegría y perseverancia.

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7. Notas y fuentes

Esta catequesis visual ha sido elaborada siguiendo los datos históricos conservados por la Iglesia y la tradición antigua sobre san Apolinar. Como ocurre con muchos santos de los primeros siglos del cristianismo, algunos aspectos de su biografía proceden de testimonios tradicionales que expresan la veneración constante de la Iglesia, mientras que otros están sólidamente atestiguados por las fuentes litúrgicas e históricas.

El relato presentado en este documento tiene una finalidad catequética. Sin alterar los hechos esenciales transmitidos por la tradición eclesial, desarrolla la narración con un lenguaje accesible para adolescentes y jóvenes, buscando destacar el mensaje espiritual de la vida del santo y los principales carismas que pueden descubrirse en ella.

Fuentes principales

  • Martirologio Romano, edición oficial de la Iglesia católica, memoria de san Apolinar (20 de julio).
  • Martirologio Jeronimiano y tradición hagiográfica antigua sobre la Iglesia de Rávena.
  • Liber Pontificalis Ecclesiae Ravennatis, de Agnello de Rávena.
  • Basílica de San Apolinar in Classe, tradición histórica y arqueológica de la Iglesia de Rávena.
  • Estudios históricos sobre los orígenes del cristianismo en Rávena y la evangelización del norte de Italia.

Nota de transparencia

Las imágenes y la maquetación de este documento se han realizado con herramientas de inteligencia artificial. La investigación histórica, la selección de las fuentes, la orientación catequética y la revisión editorial corresponden al proyecto Catequesis en Familia.

Agradecimiento

La producción visual y el apoyo editorial de este documento han contado con la colaboración de ChatGPT, utilizado como herramienta de asistencia para la creación de imágenes, la organización del contenido y la maquetación editorial, siempre bajo supervisión y revisión humana.

«La santidad no consiste en no caer nunca,
sino en levantarse siempre para seguir a Cristo.»

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