La esencia y el dinamismo de la vida del cristiano se fundamentan en la fidelidad como respuesta permanente a la llamada del Señor que le invita, por los caminos que Él ha establecido, a vivir en comunión con Él y a trabajar por su Reino.
La fidelidad es aquel talante o disposición del alma que incita al hombre a mantener la comunión que ha instaurado con otra persona, a llevar a efecto la promesa hecha, a realizar el encargo libremente aceptado y a no retirar la palabra dada.
Los cristianos, desde los primeros tiempos eligieron muy pronto para sí el apelativo de «fieles», que reflejaba su identidad. Por la fe, se fiaban de Jesús y se sometían al plan de vida comunitario establecido e inaugurado por Él.
La fidelidad del cristiano hoy se sitúa de tal manera que «al mismo tiempo que sabe ser fiel a la verdad recibida de Cristo, debe serlo también para estar atento a los signos de los tiempos… y de insertar el mensaje cristiano en las corrientes de pensamiento, de palabra, de cultura, de costumbres, de tendencias de la humanidad, tal como hoy se vive y se agita sobre la faz de la tierra» (cf. ES 27).
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Obra original: extracto del Libro del Sínodo, tema 11
Fuente original: Diócesis de san Cristóbal de la Laguna, Tenerife (España)




