Septiembre, mes de la Biblia

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Catequesis en Familia

Septiembre, mes de la Biblia

Abrir la Palabra y recorrer la historia de la salvación

«Tu palabra es lámpara para mis pasos, luz en mi sendero» (Sal 119, 105).

Presentación

Septiembre ofrece una ocasión privilegiada para volver a abrir la Sagrada Escritura y reconocer en ella una palabra que Dios dirige hoy a su pueblo. La memoria de san Jerónimo, celebrada el 30 de septiembre, ha favorecido que numerosas comunidades católicas dediquen este mes al conocimiento y la difusión de la Biblia. No se trata de un nuevo tiempo litúrgico universal, sino de una iniciativa pastoral que ayuda a recuperar una relación constante con la Palabra de Dios.1

Esta guía propone un recorrido para comprender la unidad de la Biblia, aprender a leerla dentro de la fe de la Iglesia y comenzar un hábito posible de escucha, oración y vida. Puede utilizarse personalmente, en familia, en una comunidad cristiana o como material de apoyo para catequistas y profesores. No es necesario recorrerlo todo de una vez: cada parte abre una puerta y prepara la siguiente.

Índice

I. Abrir la Biblia

1. Por qué septiembre es el mes de la Biblia

2. Dios sigue hablando a su pueblo

3. La Biblia en la vida de todo cristiano

II. Comprender la Biblia

1. Una biblioteca inspirada

2. Los libros de la Biblia católica

3. Una sola historia de salvación

4. Lugares y tiempos de la Biblia

5. Cómo se formó la Biblia

6. Qué Biblia leer

III. Leer la Biblia como católicos

1. Escritura, Tradición y Magisterio

2. Los dos Testamentos se iluminan

3. Cuatro preguntas ante un pasaje

4. Errores frecuentes

IV. Escuchar, orar y vivir la Palabra

1. Cristo habla en la liturgia

2. Aprender la lectio divina

3. La Biblia en la vida familiar

4. Cómo comenzar sin abandonar

V. Un camino bíblico para septiembre

1. Cuatro semanas, cuatro puertas

2. Treinta días con la Biblia

3. San Jerónimo: amar a Cristo en las Escrituras

PARTE I

Abrir la Biblia

Antes de estudiar nombres, fechas o mapas, conviene recuperar el gesto más sencillo: abrir la Biblia con deseo de escuchar. La iniciativa parte de Dios, que se revela y entra en conversación con los hombres. El lector cristiano no se acerca a un archivo mudo, sino al testimonio inspirado de una historia en la que Dios ha hablado y actuado.

Septiembre puede ayudarnos a pasar de una Biblia respetada pero cerrada a una Escritura conocida, celebrada y vivida. Esta primera parte presenta la finalidad cristiana de la lectura: encontrarnos con Jesucristo, alimentar la fe y permitir que la Palabra ilumine la vida dentro de la Iglesia.

1. Por qué septiembre es el mes de la Biblia

En numerosos países y comunidades católicas se ha consolidado la costumbre pastoral de dedicar septiembre a conocer y difundir la Sagrada Escritura. El mes concluye con la memoria litúrgica de san Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia, cuya vida quedó marcada por el estudio de las lenguas bíblicas, la revisión de los textos latinos y un amor exigente a Cristo conocido en las Escrituras.2

Esta costumbre no sustituye al Domingo de la Palabra de Dios, instituido por el papa Francisco para el tercer domingo del Tiempo Ordinario, ni convierte septiembre en un tiempo litúrgico nuevo. Su valor es pedagógico: ofrece una fecha reconocible para revisar nuestros hábitos, facilitar recursos y ayudar a que la Biblia deje de ocupar un lugar meramente decorativo.3

El objetivo del Mes de la Biblia no es terminar septiembre sabiendo más datos, sino comenzar una relación más fiel y constante con la Palabra de Dios.

2. Dios sigue hablando a su pueblo

La Revelación cristiana comienza en la iniciativa de Dios, que se acerca a los hombres y les habla como a amigos. Su Palabra no es solamente información acerca de lo divino: comunica una presencia, descubre un designio de salvación e invita a responder con fe. Jesucristo es la Palabra eterna hecha carne, la plenitud en la que el Padre se da a conocer y nos abre el camino de la comunión con Él.4

La Biblia da testimonio inspirado de esa Revelación mediante palabras verdaderamente humanas. Dios actuó a través de autores que escribieron desde una lengua, una cultura, un momento histórico y una forma literaria concretos. Por eso, escuchar con fe no dispensa de comprender el texto: exige atender tanto a su origen divino como a los medios humanos que Dios quiso emplear.5

León XIV recuerda

Una lectura correcta no puede olvidar ni la acción de Dios ni la aportación de los autores humanos. El contexto histórico y los géneros literarios protegen frente a lecturas fundamentalistas o espiritualistas que traicionan el sentido del texto.

3. La Biblia en la vida de todo cristiano

La Sagrada Escritura alimenta la predicación, la catequesis, la teología, la liturgia y la oración de la Iglesia. San Juan Pablo II enseñó que la catequesis debe estar impregnada de pensamiento y actitudes bíblicas mediante el contacto asiduo con los textos mismos. Benedicto XVI pidió que toda la pastoral posea una verdadera animación bíblica, para que la Palabra no quede encerrada en una actividad especializada.6

Francisco insistió en leer la Escritura bajo la acción del Espíritu Santo y dentro de la fe del pueblo de Dios. León XIV ha vuelto a recordar que todos los fieles están llamados a beber de esta fuente, especialmente en los sacramentos, y que la familiaridad con la Biblia conduce al conocimiento de Cristo, sostiene la comunidad y abre a la misión.7

Pontífice Acento principal
San Juan Pablo II La catequesis y la vida familiar deben alimentarse mediante el contacto asiduo con la Palabra.
Benedicto XVI La Palabra ha de animar toda la pastoral y ser leída en la Tradición viva de la Iglesia.
Francisco La Escritura es Palabra viva cuando se acoge con fe y bajo la acción del Espíritu Santo.
León XIV La Biblia encuentra su ámbito propio en la Iglesia, da a conocer a Cristo y envía a la misión.

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PARTE II

Comprender la Biblia

Quien entra por primera vez en la Biblia puede sentirse desorientado ante tantos nombres, lugares, estilos y épocas. Una visión de conjunto permite reconocer que los libros forman una biblioteca organizada y que, a pesar de su diversidad, transmiten una sola historia de salvación.

Esta parte funciona como un pórtico: ofrece el canon, la gran cronología, los espacios principales, la formación de la Escritura y una orientación para elegir traducciones católicas fiables. Comprender estos elementos no sustituye a la lectura creyente; la vuelve más atenta, libre de confusiones y capaz de reconocer el camino que conduce a Cristo.

1. Una biblioteca inspirada

La palabra Biblia procede del griego y significa «los libros». La expresión recuerda que tenemos ante nosotros una colección de escritos diversos: relatos, leyes, poemas, oraciones, proverbios, profecías, Evangelios, cartas y visiones. Fueron compuestos y transmitidos a lo largo de muchos siglos, principalmente en hebreo, arameo y griego, dentro de la historia del pueblo de Dios.23

La Iglesia confiesa que esos libros fueron escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo. Dios es autor de la Escritura sin anular la verdadera autoría de quienes la redactaron. Para entender lo que quiso comunicarnos es necesario atender a la intención de los autores y a los géneros literarios, leyendo cada pasaje dentro de la unidad de toda la Biblia y de la fe de la Iglesia.8

Conviene recordar

Inspiración no significa dictado mecánico. Dios quiso hablar mediante autores verdaderos, con su inteligencia, su lenguaje, su cultura y sus recursos literarios.

2. Los libros de la Biblia católica

La Biblia católica contiene 73 libros inspirados: 46 pertenecen al Antiguo Testamento y 27 al Nuevo. El Antiguo Testamento conserva la historia, la ley, la sabiduría, la oración y la esperanza de Israel; el Nuevo Testamento anuncia a Jesucristo, su Pascua, el nacimiento de la Iglesia y la misión apostólica.9

Las ediciones pueden variar en el orden o en el nombre de algunos libros, pero mantienen el mismo canon. Aprender a reconocer sus grandes grupos facilita la consulta y evita que la Biblia aparezca como una sucesión confusa. Una cita como Jn 3,16 indica libro, capítulo y versículo: Evangelio según san Juan, capítulo 3, versículo 16.

3. Una sola historia de salvación

La diversidad de libros no destruye su unidad. Desde la creación hasta la nueva Jerusalén, la Escritura manifiesta un designio divino de salvación. Dios crea, busca al hombre herido por el pecado, llama a Abrahán, libera a Israel, establece la alianza, educa a su pueblo y mantiene viva la esperanza mediante los profetas.24

Cuando llega la plenitud de los tiempos, Jesucristo realiza las promesas, entrega su vida y resucita. El Espíritu Santo forma la Iglesia y la envía a anunciar el Evangelio. Esta historia continúa abierta hacia el cumplimiento definitivo: Cristo es su centro y su clave, no simplemente un episodio colocado entre otros.25

Recurso recomendado

Las cronologías, mapas y gráficos de cada libro reunidos por Jesús Gil y Joseángel Domínguez en Pórtico de la Biblia permiten contemplar de un vistazo la arquitectura de la historia de la salvación.10

4. Lugares y tiempos de la Biblia

La Biblia transcurre en territorios reales. Abrahán parte de Mesopotamia hacia Canaán; la familia de Jacob baja a Egipto; el éxodo conduce al pueblo hacia la tierra prometida; Jerusalén se convierte en centro político y religioso; el destierro lleva de nuevo a muchos israelitas hacia Babilonia. Conocer esos movimientos permite seguir el relato sobre el terreno.

En el Nuevo Testamento, Judea, Samaria y Galilea sitúan la vida pública de Jesús, mientras el Mediterráneo ayuda a comprender la primera expansión cristiana. Un mapa no sustituye el significado teológico, pero evita imaginar un mundo abstracto: Dios actuó dentro de la historia, en caminos, ciudades, fronteras y culturas concretas.

5. Cómo se formó la Biblia

La Escritura no apareció terminada ni encuadernada. La Revelación fue acogida en la vida del pueblo de Dios, transmitida mediante la predicación, la celebración y la memoria, y finalmente puesta por escrito en libros diversos. En el Nuevo Testamento, la Iglesia apostólica anunció primero la muerte y resurrección del Señor; después, ese testimonio fue consignado por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo.26

Las comunidades cristianas conservaron, proclamaron y compartieron los escritos recibidos de los Apóstoles y de su entorno. La Iglesia fue reconociendo el canon mediante un discernimiento prolongado, confirmado en su enseñanza y en sus concilios. Por eso, la Iglesia no inventó arbitrariamente la Biblia: recibió, reconoció, custodió y transmitió los libros inspirados.11

6. Qué Biblia leer

Que una edición lleve la palabra «Biblia» en la portada no garantiza que contenga íntegramente la Escritura recibida por la Iglesia. En Internet circulan versiones que omiten los libros deuterocanónicos, introducen notas contrarias a la fe católica o realizan modificaciones al servicio de doctrinas particulares. Algunas traducciones no católicas son trabajos filológicos serios; otras presentan sesgos confesionales y algunas alteran deliberadamente pasajes decisivos.

Para la oración, la catequesis y la vida familiar conviene utilizar una edición que contenga los 73 libros, identifique claramente su procedencia y posea aprobación de la autoridad católica. También deben examinarse las introducciones y las notas, porque una traducción aparentemente correcta puede quedar acompañada por interpretaciones incompatibles con los sacramentos, la Tradición o el Magisterio.12

Atención: no todas las Biblias son iguales

Compruebe el canon, la traducción, la aprobación eclesiástica y la procedencia de las notas. Las supuestas revelaciones posteriores que reescriben, corrigen o completan la Escritura no pertenecen al depósito de la fe confiado a los Apóstoles.

La Biblia tampoco fue descubierta siglos después como un mensaje secreto destinado a corregir el cristianismo apostólico. El caso de Joseph Smith permite distinguir entre traducción y supuesta nueva revelación: el Libro de Mormón no es una traducción de la Biblia, y su revisión particular del texto bíblico no partió del estudio de los manuscritos hebreos y griegos. La Revelación pública culminó en Jesucristo y fue confiada a la Iglesia apostólica.13

Tampoco deben confundirse con ediciones católicas La Biblia de las Américas y la Nueva Biblia de las Américas, preparadas por la Fundación Lockman dentro del ámbito evangélico protestante. Para un uso católico ordinario existen traducciones fiables y accesibles, adecuadas para la liturgia, la lectura pastoral, el estudio o la oración.14

Edición Uso recomendado Acceso
Versión oficial CEE Referencia principal en España y texto litúrgico oficial. Leer
El libro del Pueblo de Dios Traducción católica argentina, clara y de acceso completo. Leer
Biblia Latinoamérica Lectura pastoral y recursos de estudio de SOBICAIN. Leer
Biblia de Jerusalén Estudio y comparación textual; acceso editorial en línea. Consultar
Biblia Straubinger Lectura espiritual clásica con notas y paralelos. Leer
Biblia de Navarra Textos litúrgicos comentados desde el Magisterio y la Tradición. Consultar
Nácar-Colunga comentada Consulta histórica y exegética en la Biblia comentada. Consultar

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PARTE III

Leer la Biblia como católicos

La lectura católica no encierra la Biblia en manos de especialistas, pero tampoco la abandona a interpretaciones aisladas. La Escritura fue confiada a la Iglesia y encuentra en ella su ámbito vivo de proclamación e interpretación. La fe de la comunidad no suplanta el texto: permite recibirlo dentro del mismo camino apostólico que nos entregó el canon.

Leer como católicos significa atender a lo que el autor escribió, reconocer la unidad de los dos Testamentos, buscar a Cristo y dejar que la Palabra discierna nuestra vida. Esta parte ofrece criterios sencillos y rigurosos para evitar tanto el fundamentalismo como la lectura subjetiva que convierte cada pasaje en una opinión personal.

1. Escritura, Tradición y Magisterio

La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura proceden de la misma fuente divina, están estrechamente unidas y tienden al mismo fin. La predicación apostólica existió antes de que se completara la redacción del Nuevo Testamento y siguió transmitiéndose en la doctrina, la vida y el culto de la Iglesia. La Biblia nace dentro de esa Tradición viva y no puede separarse de ella sin perder el marco en el que fue reconocida.15

El Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios. La escucha, la custodia y la explica fielmente, asistido por el Espíritu Santo y al servicio del depósito recibido. Rechazar la Tradición y el Magisterio mientras se acepta una determinada lista de libros es contradictorio, porque ningún libro bíblico contiene el índice completo del canon.16

2. Los dos Testamentos se iluminan

El Antiguo Testamento no es un prólogo desechable. Conserva una verdadera Revelación de Dios y prepara la venida de Cristo mediante la historia, la alianza, las promesas, la oración y la esperanza profética. El Nuevo Testamento manifiesta el cumplimiento sin borrar el camino anterior: los dos Testamentos se esclarecen mutuamente.27

Esta unidad permite reconocer relaciones profundas: la Pascua de Israel prepara la Pascua de Cristo; el maná ayuda a comprender el Pan de vida; la alianza del Sinaí abre hacia la nueva Alianza; el reino de David anuncia el reinado del Mesías. La lectura cristiana debe evitar dos extremos: rechazar el Antiguo Testamento o forzar alegorías sobre cada detalle sin fundamento textual ni eclesial.

Preparación y promesa Cumplimiento en Cristo
Pascua y liberación de Egipto Muerte y resurrección del Señor
Maná en el desierto Cristo, Pan de vida
Alianza del Sinaí Nueva Alianza en la sangre de Cristo
Reino de David Reinado universal del Mesías

3. Cuatro preguntas ante un pasaje

Una buena lectura comienza por escuchar antes de aplicar. Conviene observar quién habla, qué sucede, cuál es el contexto y qué forma literaria emplea el autor. Solo después puede preguntarse qué revela el pasaje dentro del designio de Dios. La aplicación nace de la comprensión; no debe sustituirla mediante una moraleja inmediata.

Las cuatro preguntas siguientes sirven para leer un Evangelio, un salmo, un relato histórico o una carta. No son una plantilla rígida: ayudan a ordenar la atención, integrar la fe de la Iglesia y llegar a una respuesta concreta ante Dios.

4. Errores frecuentes

Abrir la Biblia al azar para recibir una respuesta inmediata puede convertirla en un oráculo; aislar una frase permite hacerle decir casi cualquier cosa. También es un error leer poesía, parábola, ley, profecía y relato con el mismo literalismo. El contexto protege el significado y el género literario ayuda a reconocer de qué manera afirma la verdad cada autor.

Otros lectores buscan solo datos históricos, evitan los textos difíciles o reducen cada pasaje a una impresión subjetiva. La lectura católica acoge las preguntas, consulta buenas introducciones y mantiene unidos estudio y oración. Ninguna interpretación privada agota la Escritura, ni puede contradecir la unidad de la fe cristiana.

Cuando un texto resulte difícil

No lo fuerce ni lo descarte. Lea el contexto, compruebe el género, compare pasajes relacionados y consulte el Catecismo, una Biblia católica con buenas notas o un comentario eclesial fiable.

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PARTE IV

Escuchar, orar y vivir la Palabra

Comprender la Biblia prepara un encuentro que supera el estudio. La Palabra alcanza su plenitud cuando es proclamada, acogida con fe, convertida en oración y llevada a la existencia. En la liturgia, Cristo habla hoy a su Iglesia; en la lectura orante, el creyente aprende a escuchar y responder.

Esta parte conduce desde el ambón hasta la mesa familiar y desde la meditación hasta las decisiones cotidianas. No propone hábitos heroicos ni programas inabarcables, sino formas breves y constantes de familiaridad con la Escritura que puedan mantenerse cuando termine septiembre.

1. Cristo habla en la liturgia

La liturgia no utiliza la Biblia como simple lectura introductoria. Cuando la Sagrada Escritura es proclamada en la Iglesia, es Cristo mismo quien habla. Las lecturas presentan la obra de Dios, el salmo permite responder con palabras inspiradas y el Evangelio ocupa una dignidad singular porque anuncia directamente la vida y las palabras del Señor.17

Dei Verbum enseña que la Iglesia ha venerado siempre las Escrituras como ha venerado el Cuerpo del Señor, tomando el pan de vida de la mesa de la Palabra y de la mesa de la Eucaristía. Ambón y altar no son dos centros rivales: Palabra y sacramento forman una unidad en la que Cristo anuncia y realiza su salvación.18

La escucha de la Palabra en la misa no termina cuando se cierra el leccionario: prepara la profesión de fe, la oración, la ofrenda y la comunión.

2. Aprender la lectio divina

La lectio divina es una forma tradicional de lectura orante que permite permanecer ante el texto y dejarse transformar por el Espíritu Santo. Comienza preparando el corazón, haciendo silencio e invocando al Espíritu. Después, la lectura busca escuchar lo que dice el texto, sin apresurarse a convertirlo en una reflexión personal.19

La meditación relaciona la Palabra con la vida; la oración responde a Dios; la contemplación permanece en su presencia; la acción traduce lo recibido en una forma nueva de vivir. Estos momentos no son compartimentos estancos. Forman un movimiento de escucha y respuesta que puede realizarse con pocos versículos y sin necesidad de producir muchas ideas.28

Un recorrido de lectura orante

Prepararse: silencio e invocación al Espíritu Santo.
Leer: ¿qué dice realmente el pasaje?
Meditar: ¿qué ilumina en nuestra vida?
Orar: ¿qué respondemos al Señor?
Contemplar: permanecer ante Dios sin llenar el silencio.
Vivir: concretar una respuesta posible y verificable.

3. La Biblia en la vida familiar

San Juan Pablo II recordó que los padres realizan plenamente su misión cristiana cuando rezan con sus hijos y se dedican con ellos a la lectura de la Palabra de Dios. No es necesario transformar la casa en un aula. Puede bastar con leer el Evangelio del domingo la víspera, aclarar una palabra, escuchar una pregunta y elegir una frase que acompañe la semana.20

Los salmos ofrecen palabras para la alegría, el cansancio, la gratitud, la enfermedad o el miedo. También puede leerse un pasaje antes de una decisión importante o recordar los textos que acompañaron un bautismo, una boda, una pérdida o una conversión. Así, la Biblia entra en la memoria familiar sin convertirse en una obligación escolar.29

4. Cómo comenzar sin abandonar

Muchos propósitos fracasan porque comienzan con una exigencia imposible. No conviene leer la Biblia de principio a fin como si fuera una novela ni imponerse una hora diaria sin experiencia previa. Es preferible elegir un momento breve y estable, comenzar por un Evangelio y avanzar con una buena introducción y un plan proporcionado.30

Las preguntas deben anotarse sin paralizar todo el recorrido. Algunas encontrarán respuesta al seguir leyendo; otras exigirán consultar una Biblia comentada, el Catecismo o una persona preparada. La constancia nace cuando la lectura se integra en la liturgia y en la vida: cinco o diez minutos fieles valen más que un esfuerzo extraordinario abandonado a los pocos días.

Momento
Una hora realista que pueda repetirse.
Texto
Un pasaje breve o el Evangelio del día.
Ayuda
Introducción, mapa o comentario católico.
Respuesta
Una oración y una decisión proporcionada.

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PARTE V

Un camino bíblico para septiembre

El mes adquiere sentido cuando las explicaciones anteriores desembocan en una práctica. El itinerario siguiente recorre la historia de la salvación mediante cuatro puertas semanales: Dios habla, conduce a su pueblo, entrega a su Hijo y envía a la Iglesia.

Cada día propone un pasaje breve, una orientación, una pregunta y una oración. Puede realizarse en cinco o diez minutos. No pretende estudiar treinta temas completos, sino ayudar a que la lectura encuentre un lugar estable y pueda continuar después de la memoria de san Jerónimo.

1. Cuatro semanas, cuatro puertas

La primera semana parte de la creación y de la llamada de Abrahán; la segunda contempla la liberación, la alianza, el reino y la voz profética. De este modo, el lector descubre que Dios forma pacientemente a su pueblo y mantiene sus promesas a través de una historia real, marcada también por la fragilidad humana.

La tercera semana conduce a Jesucristo, su anuncio del Reino, sus signos y su Pascua. La cuarta contempla Pentecostés, la primera comunidad y la misión apostólica. El recorrido no termina en una información sobre la Iglesia primitiva: la Palabra escuchada envía al presente.

Primera semana · Dios habla
Creación, promesa, Abrahán y escucha.
Segunda semana · Dios conduce
Éxodo, alianza, reino, salmos y profetas.
Tercera semana · Dios entrega a su Hijo
Encarnación, Reino, signos, cruz y resurrección.
Cuarta semana · Dios envía
Espíritu Santo, comunidad, cartas y misión.

2. Treinta días con la Biblia

Antes de comenzar, prepare una Biblia católica y elija un momento posible. Lea despacio la referencia indicada y, cuando el pasaje sea largo, deténgase en la escena o en los versículos que más claramente muestran la acción de Dios. No busque terminar deprisa: el plan está al servicio del encuentro, no de una marca de lectura.

La pregunta ayuda a escuchar; la oración ofrece unas palabras iniciales que pueden prolongarse libremente. Si un día no puede realizar el recorrido, continúe al siguiente sin acumular tareas. La fidelidad cristiana aprende también a recomenzar con sencillez.

Primera semana · Dios habla

Día Lectura Para escuchar Oración
1 Gn 1,1-5.26-31 ¿Qué bondad descubre Dios en lo creado? Padre, enséñanos a recibir la creación como don.
2 Gn 3,1-15 ¿Dónde aparece la mentira sobre Dios? Señor, haznos sinceros ante ti.
3 Gn 12,1-9 ¿Qué deja Abrahán para confiar en la promesa? Danos una fe capaz de ponerse en camino.
4 Gn 18,1-15 ¿Cómo se unen hospitalidad y promesa? Abre nuestra casa y nuestro corazón.
5 Gn 22,1-14 ¿Qué aprende Abrahán sobre la providencia? Dios providente, sostennos en la prueba.
6 Gn 37,3-11; 45,1-8 ¿Cómo puede Dios abrir futuro en una historia herida? Convierte nuestras heridas en caminos de reconciliación.
7 Sal 119,105-112 ¿Qué paso necesita hoy la luz de la Palabra? Que tu palabra sea lámpara en nuestro camino.

Segunda semana · Dios conduce

Día Lectura Para escuchar Oración
8 Ex 3,1-15 ¿Qué ve y escucha Dios? Dios de nuestros padres, enséñanos a escuchar tu llamada.
9 Ex 12,1-14 ¿Cómo prepara Dios a su pueblo para la libertad? Líbranos de cuanto nos esclaviza.
10 Ex 14,15-31 ¿Qué miedo impide avanzar al pueblo? Abre camino donde no vemos salida.
11 Ex 20,1-17 ¿Cómo protegen los mandamientos la alianza? Escribe tu ley de amor en nuestro corazón.
12 1 Sam 3,1-10 ¿Quién ayuda a Samuel a reconocer la voz? Habla, Señor, que tu siervo escucha.
13 2 Sam 7,8-16 ¿Qué promesa hace Dios a David? Afirma nuestra esperanza en tu fidelidad.
14 Is 55,1-11 ¿Qué fruto produce la Palabra enviada por Dios? Que tu Palabra fecunde nuestra vida.

Tercera semana · Dios entrega a su Hijo

Día Lectura Para escuchar Oración
15 Lc 1,26-38 ¿Cómo recibe María la Palabra? Que se cumpla en nosotros tu Palabra.
16 Lc 2,1-20 ¿Dónde se manifiesta el Salvador? Jesús, haznos recibir tu pobreza y tu paz.
17 Mc 1,14-20 ¿Qué cambia cuando Jesús llama? Danos prontitud para seguirte.
18 Mt 5,1-12 ¿Qué felicidad promete el Reino? Forma en nosotros el corazón de las bienaventuranzas.
19 Mc 4,35-41 ¿Qué pregunta hace Jesús en medio del miedo? Señor, aumenta nuestra confianza.
20 Jn 6,35-40 ¿Qué hambre viene a saciar Cristo? Pan de vida, alimenta nuestra fe.
21 Lc 24,13-35 ¿Cómo abre Jesús las Escrituras y el corazón? Quédate con nosotros, Señor.

Cuarta semana · Dios envía

Día Lectura Para escuchar Oración
22 Hch 1,6-11 ¿Qué misión reciben los discípulos? Haznos testigos de Cristo.
23 Hch 2,1-13 ¿Qué transforma la llegada del Espíritu Santo? Ven, Espíritu Santo, y renueva tu Iglesia.
24 Hch 2,42-47 ¿Qué sostiene a la primera comunidad? Haznos perseverar en la enseñanza, la comunión y la oración.
25 Hch 8,26-40 ¿Qué necesita el lector para comprender? Pon en nuestro camino testigos que expliquen tu Palabra.
26 1 Co 12,12-27 ¿Qué lugar ocupa cada miembro en el Cuerpo? Enséñanos a recibir y servir con nuestros dones.
27 1 Co 13,1-13 ¿Qué pierde su valor cuando falta la caridad? Danos una caridad paciente, verdadera y perseverante.
28 Ef 6,10-20 ¿Qué lugar ocupa la Palabra en el combate cristiano? Revístenos con tus dones y haznos perseverar.

Dos días para continuar

Día Lectura Para escuchar Oración
29 2 Tim 3,14-17 ¿Para qué forma y prepara la Escritura? Haznos constantes en lo que hemos aprendido.
30 Lc 24,44-49 ¿Quién abre la inteligencia para comprender las Escrituras? Señor Jesús, abre nuestra mente y envíanos como testigos.

3. San Jerónimo: amar a Cristo en las Escrituras

Jerónimo nació hacia el año 347 y recibió una esmerada formación literaria. Su conversión lo condujo a poner su inteligencia al servicio de la Palabra de Dios. Estudió griego y hebreo, consultó manuscritos, comparó versiones y trabajó durante años en la revisión y traducción de los textos bíblicos latinos. Su amor a la Escritura fue estudio, disciplina y oración.21

Instalado en Belén, cerca de los lugares de la encarnación del Señor, comentó numerosos libros y acompañó a otros cristianos en su aprendizaje. Su conocida afirmación, «ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo», resume la finalidad de su esfuerzo. No estudió para poseer un saber cerrado, sino para conocer, amar y servir mejor a Jesucristo en la Iglesia.22

Septiembre termina; la escucha no. El mejor fruto del Mes de la Biblia será conservar un momento, un lugar y un camino para seguir abriendo la Palabra.

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De un mes a una vida alimentada por la Palabra

La Biblia no es un conjunto de frases para confirmar nuestras ideas ni una pieza venerable que deba permanecer cerrada. Es Sagrada Escritura recibida en la Iglesia, testimonio inspirado de la historia de la salvación y lugar privilegiado para escuchar la voz de Dios y conocer a Cristo.

Abrirla, comprenderla, leerla en la Tradición apostólica, orarla y llevarla a la vida forman un único movimiento. Si septiembre nos ayuda a conservar un pequeño hábito de lectura, la iniciativa habrá cumplido su finalidad: dejar que la Palabra ilumine nuestros pasos durante todo el año.

Oración final

Señor Jesús,
abre nuestra inteligencia para comprender las Escrituras.
Haz que tu Palabra habite en nuestra casa,
alimente nuestra oración y transforme nuestras obras.
Que, al escucharte en la Iglesia,
aprendamos a conocerte, amarte y anunciarte.
Amén.

Otros recursos de Catequesis en Familia

Para continuar el recorrido pueden consultarse las secciones dedicadas a la Biblia y el Evangelio del día, donde la Palabra se relaciona con la liturgia, la oración y la vida familiar.

Notas

1. La vinculación pastoral de septiembre con la Biblia se apoya especialmente en la memoria de san Jerónimo. Para su lugar en la vida de la Iglesia, véase Francisco, Scripturae Sacrae affectus, introducción. Volver.

2. Francisco, Scripturae Sacrae affectus, especialmente los apartados sobre el estudio de la Escritura, las lenguas bíblicas y la estancia de Jerónimo en Belén. Volver.

3. Francisco, Aperuit illis, 3: institución del III Domingo del Tiempo Ordinario como Domingo de la Palabra de Dios. Volver.

4. Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 2 y 4. Volver.

5. Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 11-13; León XIV, «La Sagrada Escritura: Palabra de Dios en palabras humanas», 4 de febrero de 2026. Volver.

6. San Juan Pablo II, Catechesi tradendae, 27; Benedicto XVI, Verbum Domini, 72-75. Volver.

7. Francisco, Aperuit illis, 9-10; León XIV, «La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia», 11 de febrero de 2026. Volver.

8. Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 11-12; Catecismo de la Iglesia Católica, 105-119. Volver.

9. Catecismo de la Iglesia Católica, 120; Conferencia Episcopal Española, Sagrada Biblia. Versión oficial, índice de libros. Volver.

10. Jesús Gil y Joseángel Domínguez, Pórtico de la Biblia, obra de 136 páginas con cronologías, mapas y gráficos del canon católico. Volver.

11. Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 7-10; Catecismo de la Iglesia Católica, 120. Volver.

12. Código de Derecho Canónico, cánones 825 y 827, sobre las versiones de la Sagrada Escritura y los materiales destinados a la catequesis. Volver.

13. Sobre la plenitud de la Revelación en Cristo y la imposibilidad de una nueva Revelación pública, véanse Dei Verbum, 4, y Catecismo de la Iglesia Católica, 65-67. Volver.

14. La Fundación Lockman identifica ambas versiones como parte de su proyecto de traducciones bíblicas de orientación evangélica. La identificación se consigna para evitar confundirlas con ediciones aprobadas para el uso católico. Volver.

15. Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 8-9; León XIV, «Un único depósito sagrado», 28 de enero de 2026. Volver.

16. Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 10: el Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio. Volver.

17. Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, 7 y 33. Volver.

18. Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 21; Catecismo de la Iglesia Católica, 141. Volver.

19. Benedicto XVI, Verbum Domini, 86-87; Francisco, Evangelii gaudium, 152. Volver.

20. San Juan Pablo II, Familiaris consortio, 39 y 60. Volver.

21. Francisco, Scripturae Sacrae affectus, apartados «Roma: de los estudios humanísticos a la sabiduría» y «La Sagrada Escritura como estrella polar». Volver.

22. San Jerónimo, prólogo al comentario de Isaías, citado por Francisco en Scripturae Sacrae affectus, y por León XIV en «La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia». Volver.

23. Pontificia Comisión Bíblica, Inspiración y verdad de la Sagrada Escritura, introducción; Catecismo de la Iglesia Católica, 101-104. Volver.

24. Pontificia Comisión Bíblica, Inspiración y verdad de la Sagrada Escritura: el tema principal y dominante de la Biblia es Dios y su plan de salvación. Volver.

25. Catecismo de la Iglesia Católica, 124-130 y 134; Benedicto XVI, Verbum Domini, 12-13. Volver.

26. Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 7-8 y 18-20. Volver.

27. Catecismo de la Iglesia Católica, 121-123 y 128-130. Volver.

28. Benedicto XVI, Verbum Domini, 87, sobre lectura, meditación, oración, contemplación y acción. Volver.

29. Benedicto XVI, Verbum Domini, 85, sobre Palabra de Dios, matrimonio y familia; Catecismo de la Iglesia Católica, 2585-2589, sobre los salmos. Volver.

30. Benedicto XVI, Verbum Domini, 72 y 86; Dei Verbum, 25, sobre la lectura asidua de la Escritura. Volver.

Fuentes y bibliografía

Sagrada Escritura y doctrina de la Iglesia

Conferencia Episcopal Española. Sagrada Biblia. Versión oficial.

Concilio Vaticano II. Dei Verbum. Constitución dogmática sobre la divina Revelación, 18 de noviembre de 1965.

Iglesia católica. Catecismo de la Iglesia Católica, 101-141.

Magisterio pontificio

San Juan Pablo II. Catechesi tradendae, especialmente 27.

San Juan Pablo II. Ecclesia in America, especialmente 31.

San Juan Pablo II. Familiaris consortio.

Benedicto XVI. Verbum Domini, 30 de septiembre de 2010.

Francisco. Aperuit illis, 30 de septiembre de 2019.

Francisco. Scripturae Sacrae affectus, 30 de septiembre de 2020.

León XIV. «La Sagrada Escritura: Palabra de Dios en palabras humanas». Audiencia general, 4 de febrero de 2026.

León XIV. «La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia». Audiencia general, 11 de febrero de 2026.

Atlas y recursos de estudio

Gil, Jesús, y Domínguez, Joseángel. Pórtico de la Biblia: recursos didácticos para comprender la Biblia. Saxum, 136 páginas. Descargar gratuitamente el PDF.

Las imágenes y la maquetación de este documento se han realizado con el apoyo de ChatGPT y herramientas de inteligencia artificial.

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