Evangelio del día
Mateo 9, 14-17 · Sábado de la 13.ª semana del Tiempo Ordinario
Ser cristiano significa tener la alegría de pertenecer totalmente a Cristo.
Evangelio
Entonces se acercaron los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?».
Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y los odres se pierden. ¡No, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y así ambos se conservan!».

Lecturas
- Primera lectura: Libro del Génesis, Gén 27, 1-5.15-29.
- Salmo: Sal 135(134).
Oración introductoria
¡Ven, Espíritu Santo! Ilumíname para experimentar tu presencia en esta oración. Ayúdame a dejar a un lado mis preocupaciones para darte el tiempo y la atención que mereces. Nada hay más importante en este momento: reorienta mi vida hacia Ti y alimenta mi amor por Ti en esta meditación.
Petición
Señor, concédeme amarte por encima de todas las cosas.
Meditación del Santo Padre Francisco
Ser cristiano significa tener la alegría de pertenecer totalmente a Cristo, «único esposo de la Iglesia», e ir al encuentro de Él igual que se va a una fiesta de bodas. Así que la alegría y la conciencia de la centralidad de Cristo son las dos actitudes que los cristianos deben cultivar en la cotidianidad.
La reflexión del Santo Padre partió del episodio evangélico en el que se narra la confrontación entre Jesús, los fariseos y los escribas por el hecho de que los discípulos que están con Él comen y beben mientras los demás hacen ayuno.
El Pontífice explicó lo que Jesús, en su respuesta a los escribas, quiere hacer entender. Él se presenta como esposo. La Iglesia es la esposa.
Con su respuesta a los escribas, el Señor dice que cuando está el esposo no se puede ayunar, no se puede estar triste. El Señor hace ver la relación entre Él y la Iglesia como bodas.
De aquí el motivo más profundo por el que la Iglesia custodia tanto el sacramento del matrimonio. Lo llama sacramento grande porque es precisamente la imagen de la unión de Cristo con la Iglesia.
Así que, cuando se habla de bodas, se habla de fiesta, se habla de alegría. Y esto indica a nosotros, cristianos, una actitud: cuando encontramos a Jesucristo y comenzamos a vivir según el Evangelio, debemos hacerlo con alegría.
Naturalmente, hay momentos de cruz, momentos de dolor, pero está siempre ese sentido de paz profunda. La vida cristiana se vive como fiesta, como las bodas de Jesús con la Iglesia.
Los primeros mártires cristianos afrontaban el martirio como si fueran a las bodas; también en aquel momento tenían el corazón alegre.
Por lo tanto, la primera actitud del cristiano que encuentra a Jesús es semejante a la de la Iglesia que se une como esposa a Jesús. Y al final del mundo será la fiesta definitiva, cuando la nueva Jerusalén se vista como una esposa.
Santo Padre Francisco: La gracia de la alegría
Homilía del viernes, 6 de septiembre de 2013.
Catecismo de la Iglesia Católica
II. Cristo
436. Cristo viene de la traducción griega del término hebreo «Mesías», que quiere decir «ungido». Pasa a ser nombre propio de Jesús porque Él cumple perfectamente la misión divina que esa palabra significa. En Israel eran ungidos en el nombre de Dios los que le eran consagrados para una misión recibida de Él: reyes, sacerdotes y, excepcionalmente, profetas. Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey.
437. El ángel anunció a los pastores el nacimiento de Jesús como el del Mesías prometido a Israel: «Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor» (Lc 2,11). Desde el principio Él es «a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo», concebido como santo en el seno virginal de María.
438. La consagración mesiánica de Jesús manifiesta su misión divina. En el nombre de Cristo está sobreentendido el que ha ungido, el que ha sido ungido y la Unción misma con la que ha sido ungido: el Padre unge, el Hijo es ungido y lo es en el Espíritu Santo.
439. Numerosos judíos, e incluso ciertos paganos que compartían su esperanza, reconocieron en Jesús los rasgos fundamentales del mesiánico «hijo de David» prometido por Dios a Israel. Jesús aceptó el título de Mesías al cual tenía derecho, pero no sin reservas, porque una parte de sus contemporáneos lo comprendía según una concepción demasiado humana, esencialmente política.
440. Jesús acogió la confesión de fe de Pedro que le reconocía como el Mesías, anunciándole la próxima pasión del Hijo del Hombre. Reveló el auténtico contenido de su realeza mesiánica en su identidad trascendente de Hijo del Hombre y en su misión redentora como Siervo sufriente: «el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».
Catecismo de la Iglesia Católica
Propósito
Promover, con una buena estrategia, la participación de mi familia en la Eucaristía del domingo.
Diálogo con Cristo
Jesús, la gran aspiración de mi vida es poder amarte por encima de todas las cosas. Dame valor para poder renunciar a todo lo que me aparte de Ti; dame generosidad para saber ayunar siempre de mí mismo, de manera que pueda llenarme de tu amor y de tu gracia.
Esto es lo único que busco, lo único que quiero, Señor.




