Una fe que no se desalienta
Mateo 15, 21-28 · Miércoles de la 18.ª semana del Tiempo Ordinario
Jesús señala a esta humilde mujer como ejemplo de fe indómita. Su insistencia en invocar la intervención de Cristo es para nosotros un estímulo a no desalentarnos jamás y a no desesperar ni siquiera en medio de las pruebas más duras de la vida.
La oración perseverante no exige a Dios una respuesta inmediata: permanece confiada hasta que su voluntad se manifiesta.
Evangelio
Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio».
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos».
Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel».
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!».
Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros».
Ella respondió: «¡Y, sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!».
Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!».
Y en ese momento su hija quedó curada.

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
Palabra central
«Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!».
Lecturas de la liturgia
| Primera lectura | Libro de Jeremías, Jer 31, 1-7 |
| Salmo | Sal 32 (31), 10-13 |
Oración introductoria
Mi fe, frente a las dificultades, se debilita cuando debería crecer.
Humildemente recurro a Ti, Señor y Padre mío, suplicando la intercesión de san José, para que esta oración me ayude a aumentar mi fe, acrecentar mi esperanza y, sobre todo, sea el medio para crecer en mi caridad, en mi amor a Ti y a los demás.
Petición
¡Señor, hazme un testigo fiel de mi fe!
Meditación del Santo Padre emérito Benedicto XVI
Queridos hermanos y hermanas:
En el día de hoy, la liturgia nos presenta un singular ejemplo de fe: una mujer cananea, que pide a Jesús que cure a su hija, que «tenía un demonio muy malo».
El Señor no hace caso a sus insistentes invocaciones y parece no ceder ni siquiera cuando los mismos discípulos interceden por ella, como refiere el evangelista san Mateo.
Pero, al final, ante la perseverancia y la humildad de esta desconocida, Jesús condesciende:
«Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas» (Mt 15, 28).
«Mujer, ¡qué grande es tu fe!». Jesús señala a esta humilde mujer como ejemplo de fe indómita.
Su insistencia en invocar la intervención de Cristo es para nosotros un estímulo a no desalentarnos jamás y a no desesperar ni siquiera en medio de las pruebas más duras de la vida.
El Señor no cierra los ojos ante las necesidades de sus hijos y, si a veces parece insensible a sus peticiones, es sólo para ponerlos a prueba y templar su fe.
El testimonio de los santos
Este es el testimonio de los santos; este es, especialmente, el testimonio de los mártires, asociados de modo más íntimo al sacrificio redentor de Cristo.
En los días pasados hemos conmemorado a varios: los papas Ponciano y Sixto II, el sacerdote Hipólito y el diácono Lorenzo, con sus compañeros, que murieron en Roma en los albores del cristianismo.
Además, hemos recordado a una mártir de nuestro tiempo, santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, copatrona de Europa, que murió en un campo de concentración.
Y precisamente hoy la liturgia nos presenta a un mártir de la caridad, que selló su testimonio de amor a Cristo en el búnker del hambre de Auschwitz: san Maximiliano María Kolbe, que se inmoló voluntariamente en lugar de un padre de familia.
Invito a todos los bautizados, y de modo especial a los jóvenes que participan en la Jornada Mundial de la Juventud, a contemplar estos resplandecientes ejemplos de heroísmo evangélico.
Invoco sobre todos su protección y en particular la de santa Teresa Benedicta de la Cruz, que pasó algunos años de su vida precisamente en el Carmelo de Colonia.
Que sobre cada uno de vosotros vele con amor materno María, la Reina de los mártires, a quien mañana contemplaremos en su gloriosa Asunción al cielo.
Santo Padre emérito Benedicto XVI
Ángelus del domingo, 14 de agosto de 2005
El camino de la mujer cananea
| Actitud | Enseñanza para nuestra fe |
|---|---|
| Reconoce su necesidad | No oculta el sufrimiento de su hija ni pretende resolverlo únicamente con sus propias fuerzas. |
| Invoca a Jesús | Lo reconoce como Señor e Hijo de David y confía en que su misericordia puede alcanzarla. |
| Persevera en el silencio | La falta de una respuesta inmediata no la hace abandonar la oración. |
| Se postra humildemente | No exige derechos ni presenta méritos: suplica confiada en la bondad de Cristo. |
| Acoge las migajas | Su humildad sabe que incluso el don más pequeño de Dios contiene una gracia inmensa. |
| Obtiene la curación | Jesús confirma que una fe perseverante y humilde abre el corazón a la acción salvadora de Dios. |
Para examinar la vida
¿Abandono la oración cuando no recibo rápidamente lo que pido? ¿Me acerco a Dios con humildad o le presento mis peticiones como exigencias? ¿Soy capaz de confiar en su amor cuando atravieso un tiempo de silencio, incertidumbre o prueba?
Una oración que madura la fe
La perseverancia no consiste en repetir palabras de forma mecánica, sino en permanecer ante Dios, incluso cuando no comprendemos sus tiempos. La mujer cananea no se aleja, no se ofende y no desespera: convierte cada dificultad en una nueva forma de acercarse a Jesús.
Propósito
En las dificultades de este día, haré un acto de fe y pediré con confianza la ayuda de Dios.
Diálogo con Cristo
Señor, sólo con la fe, la humildad, la confianza y la perseverancia en nuestra oración, a pesar de todas las dificultades —como la mujer cananea—, penetramos hasta el corazón de Dios.
Enséñame a no interpretar tu silencio como abandono ni la prueba como ausencia de tu amor.
Hazme permanecer junto a Ti, con un corazón humilde que no exige, pero que tampoco deja de confiar.
Que mi oración sea perseverante y que mi fe se fortalezca precisamente cuando el camino se vuelve más difícil.
Idea para vivir el Evangelio de hoy
Cuando parezca que Dios guarda silencio, no abandones la oración: permanece, confía y deja que la espera purifique tu fe.
Para seguir profundizando
- Evangelio del día en Catholic.net
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- Evangelio del día en Orden de Predicadores
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