«Permaneced en mí»
Juan 15, 1-8 · Fiesta de santa Brígida, copatrona de Europa
Es indispensable permanecer siempre unidos a Jesús y depender de él. Del mismo modo que el sarmiento no puede vivir ni dar fruto separado de la vid, el discípulo no puede realizar plenamente su vocación cristiana si se aparta del Señor: «Sin mí no podéis hacer nada».
Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador.
Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he anunciado.
Permaneced en mí, como yo permanezco en vosotros. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco vosotros podéis darlo si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid; vosotros, los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.
El que no permanece en mí es como el sarmiento que se arroja fuera y se seca; después lo recogen, lo echan al fuego y arde.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se realizará.
La gloria de mi Padre consiste en que deis fruto abundante y así seáis mis discípulos».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
Palabra central
«El que permanece en mí y yo en él da mucho fruto».
Lecturas de la liturgia
| Primera lectura | Carta de san Pablo a los Gálatas, Gál 2, 18-20 |
| Salmo | Sal 34 (33), 2-11 |
Oración introductoria
Señor, Tú eres la vid que me sostiene, el dueño y guía de toda mi existencia. Sin Ti no puedo dar fruto. Poda cuanto estorba mi crecimiento. Que esta oración me ayude a descubrir lo que necesito purificar, mejorar o enmendar, para dar el fruto abundante que, con tu gracia, puedo ofrecer.
Petición
Jesús, no permitas que me separe de Ti y me seque, porque sin Ti mi vida pierde su sentido pleno.
Meditación del Santo Padre Francisco
Hoy la Palabra de Dios presenta la imagen de la viña como símbolo del pueblo que el Señor ha elegido. Como una viña, el pueblo requiere mucho cuidado, un amor paciente y fiel.
Así hace Dios con nosotros, y así estamos llamados a actuar también nosotros, los pastores. Cuidar de la familia es igualmente una forma de trabajar en la viña del Señor, para que produzca los frutos del Reino de Dios.
Pero, para que la familia pueda caminar bien, con confianza y esperanza, es necesario que esté alimentada por la Palabra de Dios.
«¡Una Biblia en cada familia!»
«Una Biblia en cada familia. Pero, padre, nosotros tenemos dos, tenemos tres. Pero ¿dónde las tenéis escondidas?».
La Biblia no está hecha para permanecer colocada en una estantería, sino para tenerla a mano y leerla con frecuencia, cada día, de forma individual o en familia.
Puede leerse juntos, marido y mujer, padres e hijos, quizá por la noche y, de modo especial, el domingo.
Así, la familia crece y camina iluminada y fortalecida por la Palabra de Dios.
Santo Padre Francisco
Ángelus del domingo, 5 de octubre de 2014
Meditación de Benedicto XVI
«Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador”» (Jn 15, 1).
Con frecuencia, en la Biblia, Israel es comparado con una viña fecunda cuando permanece fiel a Dios; pero, si se aleja de él, se vuelve estéril e incapaz de producir el «vino que alegra el corazón del hombre», como canta el Salmo 104.
La verdadera viña de Dios, la vid verdadera, es Jesucristo. Él, mediante su sacrificio de amor, nos concede la salvación y nos abre el camino para formar parte de esta viña.
Así como Cristo permanece en el amor de Dios Padre, también los discípulos, sabiamente podados por la palabra del Maestro, se convierten en sarmientos fecundos si permanecen profundamente unidos a él.
«La rama unida y articulada al tronco da fruto no por su propia virtud, sino en virtud de la cepa. Nosotros estamos unidos por la caridad a nuestro Redentor, como los miembros a la cabeza; por eso las buenas obras, tomando de él su valor, merecen la vida eterna».
San Francisco de Sales
Tratado del amor de Dios, XI, 6
En el día de nuestro Bautismo, la Iglesia nos injerta como sarmientos en el Misterio pascual de Jesús, en su propia Persona. De esta raíz recibimos la preciosa savia que nos permite participar en la vida divina.
Como discípulos, también nosotros, con la ayuda de los pastores de la Iglesia, crecemos en la viña del Señor unidos por su amor.
«Si el fruto que debemos producir es el amor, una condición previa es precisamente este permanecer, que tiene que ver profundamente con esa fe que no se aparta del Señor».
Benedicto XVI
Jesús de Nazaret
Es indispensable permanecer siempre unidos a Jesús y depender de él, porque separados de él no podemos hacer nada.
En una carta dirigida a Juan el Profeta, que vivió en el desierto de Gaza durante el siglo V, un creyente planteó esta pregunta: ¿cómo es posible conjugar la libertad del hombre con la afirmación de que sin Dios no podemos hacer nada?
El monje respondió que, si el hombre inclina su corazón hacia el bien y pide la ayuda de Dios, recibe la fuerza necesaria para realizar su obra.
Por tanto, la libertad humana y el poder de Dios actúan juntos. Esto es posible porque el bien procede del Señor, pero se realiza mediante la colaboración de sus fieles.
El verdadero permanecer en Cristo garantiza también la eficacia de la oración.
«Oh Señor Jesús, sin Ti no podemos hacer nada, porque Tú eres el verdadero jardinero, creador, cultivador y custodio de tu jardín; Tú plantas con tu palabra, riegas con tu Espíritu y haces crecer con tu fuerza».
Guerrico de Igny
Queridos amigos, cada uno de nosotros es como un sarmiento que sólo vive si hace crecer cada día su unión con el Señor mediante la oración, los sacramentos y la caridad.
Quien ama a Jesús, la vid verdadera, produce frutos de fe para una abundante cosecha espiritual. Supliquemos a la Madre de Dios que permanezcamos firmemente injertados en Jesús y que toda nuestra actividad tenga en él su principio y su realización.
Santo Padre Benedicto XVI
Regina Caeli del domingo, 6 de mayo de 2012
Claves para comprender el Evangelio
| Símbolo | Sentido cristiano |
|---|---|
| La vid | Es Jesucristo, fuente de la vida divina y principio de toda fecundidad espiritual. |
| El viñador | Es el Padre, que cuida la viña, purifica a sus hijos y orienta su crecimiento hacia una fecundidad mayor. |
| Los sarmientos | Son los discípulos, llamados a recibir de Cristo la savia de la gracia y a vivir unidos entre sí. |
| La poda | Representa la purificación que elimina cuanto impide crecer: egoísmo, pecado, apegos y falsas seguridades. |
| Permanecer | Significa vivir en comunión con Cristo por la fe, la Palabra, la oración, los sacramentos y la caridad. |
| El fruto | Es una vida transformada por el amor: santidad, servicio, comunión, evangelización y obras buenas. |
Para examinar la vida
¿De qué manera permanezco unido a Cristo durante el día? ¿Qué necesita ser podado en mi vida? ¿Confío demasiado en mis propias fuerzas? ¿Mis obras manifiestan frutos de paciencia, fe, caridad y servicio?
Propósito
Confirmaré hoy, mediante una acción concreta, mi amor a Cristo y a su Iglesia. Procuraré realizar cada tarea unido al Señor, ofreciéndosela y pidiendo su ayuda antes de comenzar.
Diálogo con Cristo
Señor, tu Palabra es la verdad. Tú has dicho: «Pedid lo que queráis y se os concederá».
¿Por qué, conociendo tu Palabra, tantas veces no la convierto en vida? ¿Por qué mi meditación no llega siempre a convertirse en una oración auténtica y transformadora?
Sin Ti, mi vida queda incompleta. Sin Ti no puede alcanzar su sentido pleno. Sin Ti no puedo dar fruto.
Por eso te pido hoy tu gracia, para que mi oración me lleve a compartir con los demás la alegría de haberte encontrado.
Idea para vivir el Evangelio de hoy
El fruto cristiano no nace del esfuerzo aislado, sino de una vida profundamente injertada en Cristo y alimentada por su gracia.
Para seguir profundizando
- Evangelio del día en Catholic.net
- Evangelio del día
- Orden de Predicadores – Evangelio del día
- Evangelio del día en Evangeli.net




