Evangelio del día: Amad a vuestros enemigos

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Evangelio del día

Mateo 5, 43-48 · Martes de la 11.ª semana del Tiempo Ordinario

Amar a nuestros enemigos, a quienes nos persiguen y nos hacen sufrir, es difícil; ni siquiera es un «buen negocio», sin embargo es el camino indicado y recorrido por Jesús para nuestra salvación.


Evangelio

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Pero yo les digo: “Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores”; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo”».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede


Lecturas

  • Primera lectura: Segunda Carta de san Pablo a los Corintios, 2 Cor 8, 1-9.
  • Salmo: Sal 145.

Oración introductoria

Nadie es perfecto en este mundo, y sin embargo, Señor y Padre mío, hoy me llamas a la santidad. Dame tu gracia y presencia en esta oración para comprender y vivir el mandato de tu amor. Incrementa mi fe, esperanza y caridad. Te pido tu ayuda para cumplir en todo tu voluntad.

Petición

Jesús, aviva mi deseo y mi anhelo de alcanzar, con tu gracia, la santidad.


Meditación del Santo Padre Francisco

Amar a nuestros enemigos, a quienes nos persiguen y nos hacen sufrir, es difícil; ni siquiera es un «buen negocio». Sin embargo es el camino indicado por Jesús y recorrido por Él mismo para nuestra salvación. En su homilía del 18 de junio, el Papa Francisco recordó que la liturgia propone reflexionar sobre la relación entre la ley antigua y la ley nueva, entre el Sinaí y las Bienaventuranzas.

Comentando el Evangelio, el Santo Padre se detuvo en una pregunta inevitable: ¿cómo amar a los enemigos? «También nosotros tenemos enemigos», observó. Algunos son fuertes, otros débiles. Incluso nosotros mismos podemos convertirnos en enemigos de otros. Sin embargo, Jesús nos dirige una exigencia sorprendente: amar a los enemigos.

La primera respuesta que ofrece el Señor es mirar al Padre. Dios hace salir el sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos. Su amor es universal. Por eso Jesús concluye: «Sean perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial». La perfección cristiana consiste ante todo en la perfección del amor.

El Papa invitó a contemplar cómo Dios actúa frente a quienes lo rechazan. Él busca siempre perdonar. También Jesús manifestó esta actitud cuando recibió a Judas en el huerto de los Olivos con una sorprendente ternura y misericordia, mientras otros pensaban en la venganza.

Pero Jesús no se limita a dar una enseñanza; ofrece también un camino concreto. Ante la dificultad de amar al enemigo, dice: «Rezad por vuestros enemigos». La oración transforma el corazón y hace posible lo que humanamente parece imposible. Esto vale también para esas pequeñas enemistades, antipatías o resentimientos que pueden surgir en la vida cotidiana.

Es cierto que este amor parece empobrecer. Amar al enemigo implica renunciar al orgullo, a la revancha y a la autosuficiencia. Sin embargo, recordó el Pontífice, también Cristo se hizo pobre por nosotros. Lo que parece una pérdida según la lógica del mundo es, en realidad, el camino que conduce a la verdadera riqueza: la gracia de Dios.

El amor a los enemigos no es una estrategia humana ni una simple norma moral. Es el camino que recorrió Jesús para salvarnos. Por eso el cristiano está llamado a seguirlo, confiando en que el Señor hará posible en él aquello que parece imposible a las solas fuerzas humanas.

Santo Padre Francisco:
El arte de amar a los enemigos
Meditación del martes, 18 de junio de 2013.


Catecismo de la Iglesia Católica

I. El respeto de la persona humana

1929. La justicia social sólo puede ser conseguida sobre la base del respeto de la dignidad trascendente del hombre. La persona representa el fin último de la sociedad, que está ordenada al hombre.

«La defensa y la promoción de la dignidad humana nos han sido confiadas por el Creador, y de ellas son rigurosa y responsablemente deudores los hombres y mujeres en cada coyuntura de la historia» (SRS 47).

1930. El respeto de la persona humana implica el de los derechos que se derivan de su dignidad de criatura. Estos derechos son anteriores a la sociedad y se imponen a ella. Sin este respeto, una autoridad sólo puede apoyarse en la fuerza o en la violencia para obtener la obediencia de sus súbditos.

1931. El respeto a la persona humana supone considerar al prójimo como «otro yo», cuidando de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente. Ninguna legislación puede eliminar por sí sola los prejuicios, el egoísmo o la soberbia. Sólo la caridad permite ver en cada hombre un hermano.

1932. El deber de hacerse prójimo de los demás y de servirlos activamente se vuelve más urgente cuando éstos se encuentran más necesitados. «Cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron» (Mt 25, 40).

1933. Este deber se extiende también a quienes piensan y actúan de manera diferente. La enseñanza de Cristo exige incluso el perdón de las ofensas y extiende el mandamiento del amor a todos los enemigos. La liberación en el espíritu del Evangelio es incompatible con el odio al enemigo en cuanto persona, aunque no con el rechazo del mal que realiza.

Catecismo de la Iglesia Católica


Propósito

Que mi programa de vida sea hacer la voluntad de Dios.

Diálogo con Cristo

Jesucristo, quiero ser un reflejo de Ti. Dame la sabiduría y la fuerza de voluntad para perseverar en mi esfuerzo. El medio es claro: amar. Pero concretarlo en el día a día es lo difícil. Concédeme saber aprovechar tus gracias y ser dócil a tu Espíritu Santo para poder hacer el bien a todos, especialmente a mi familia.


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