Evangelio del día
Mateo 8, 28-34 · Miércoles de la 13.ª semana del Tiempo Ordinario
Debemos siempre velar, velar contra el engaño, contra la seducción del maligno.
Evangelio
Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino.
Y comenzaron a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?». A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo.
Los demonios suplicaron a Jesús: «Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara». Él les dijo: «Vayan». Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron.
Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados. Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.

Lecturas
- Primera lectura: Libro del Génesis, Gén 21, 5.8-20.
- Salmo: Sal 34(33), 7-8.10-13.
Oración introductoria
Padre Santo, ten misericordia de mí. Tú conoces mi miseria y sabes cuánto necesito de tu gracia para poder seguir tu mandato del amor. Concédeme que este momento de oración aumente mi fe, esperanza y caridad.
Petición
Señor, dame la gracia de la confianza para crecer en la esperanza.
Meditación del Santo Padre Francisco
«¿Cómo ir por nuestro camino cristiano cuando existen las tentaciones? ¿Cuándo entra el diablo para turbarnos?», se preguntó el Santo Padre. El primero de los criterios sugeridos por el pasaje evangélico es que no se puede obtener la victoria de Jesús sobre el mal, sobre el diablo, a medias.
Para explicarlo, el Santo Padre citó las palabras de Jesús: «El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama». Refiriéndose a la acción de Jesús respecto a los poseídos por el diablo, recordó que se trata sólo de una pequeña parte de lo que Cristo vino a hacer por toda la humanidad: destruir la obra del diablo para liberarnos de su esclavitud.
No se puede seguir creyendo que esto sea una exageración. O estás con Jesús o estás contra Jesús. Sobre este punto no hay matices. Hay una lucha en la que está en juego la salvación eterna de todos nosotros.
El último criterio es el de la vigilancia. Debemos siempre velar, velar contra el engaño, contra la seducción del maligno. El Papa invitó a preguntarse: ¿yo vigilo sobre mí? ¿Sobre mi corazón? ¿Sobre mis sentimientos? ¿Sobre mis pensamientos? ¿Custodio el tesoro de la gracia? ¿Custodio la presencia del Espíritu Santo en mí?
Estos son, por tanto, los criterios para responder a los desafíos planteados por la presencia del diablo en el mundo: la certeza de que Jesús lucha contra el diablo; que quien no está con Jesús está contra Jesús; y la vigilancia.
Hay que tener presente que el demonio es astuto: jamás es expulsado para siempre, sólo lo será el último día. Su estrategia es volver cuando el cristiano se acostumbra, baja la guardia y se siente seguro.
San Pedro lo decía: el demonio es como un león feroz que ronda a nuestro alrededor. Y esto no son mentiras: es la Palabra del Señor.
Pidamos al Señor la gracia de tomar en serio estas cosas. Él ha venido a luchar por nuestra salvación. Él ha vencido al demonio.
Santo Padre Francisco: Cómo se vence al demonio
Homilía del viernes, 11 de octubre de 2013.
Catecismo de la Iglesia Católica
II. Definición de pecado
1849. El pecado es una falta contra la razón, la verdad y la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana.
1850. El pecado es una ofensa a Dios. Se levanta contra el amor que Dios nos tiene y aparta de Él nuestros corazones. Como el primer pecado, es una desobediencia y una rebelión contra Dios por el deseo de hacerse «como dioses», pretendiendo determinar por sí mismo el bien y el mal.
1851. En la Pasión, en la que la misericordia de Cristo vence, el pecado manifiesta mejor su violencia y su multiplicidad. Sin embargo, en la hora misma de las tinieblas, el sacrificio de Cristo se convierte secretamente en la fuente de la que brotará inagotable el perdón de nuestros pecados.
Catecismo de la Iglesia Católica
Propósito
Confiemos plenamente en Jesús. ¿De qué nos sirve ganar el mundo si al final perdemos nuestra alma?
Diálogo con Cristo
Gracias, Señor, por buscarme constantemente y mostrarme tu infinita misericordia, a pesar de mi debilidad y de mi infidelidad. Aumenta mi caridad para que viva atento a las múltiples oportunidades que me das para colaborar con tu gracia y crecer en el amor. Que sepa tomar cada encuentro con los otros como una oportunidad para dar testimonio de Jesucristo.




