Mateo 10, 1-7
Miércoles de la 14.ª semana del Tiempo Ordinario
El discípulo del Señor persevera con alegría cuando está con Él, cuando hace su voluntad y cuando comparte la fe, la esperanza y la caridad evangélica.
Evangelio del día
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.
Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: «No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca».

Lecturas
Primera lectura: Libro del Génesis, Gén 41, 55-57; 42, 5-7a.17-24a
Salmo: Sal 33(32)
Oración introductoria
Señor, te busco en esta oración sabiendo que el celo por las almas te consume. Confío en que, así como enviaste a tus doce apóstoles a buscar a las ovejas perdidas, hoy me ilumines para conocer y cumplir mi misión.
Petición
Jesús, quiero colaborar contigo en la obra de la salvación. Hazme ver dónde y cómo puedo hacerlo.
Meditación del Santo Padre Francisco
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy en día todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo. Por eso es tan urgente la misión ad gentes, en la que todos los miembros de la Iglesia están llamados a participar, ya que la Iglesia es misionera por naturaleza: la Iglesia ha nacido «en salida».
La Jornada Mundial de las Misiones es un momento privilegiado en el que los fieles de los diferentes continentes se comprometen con oraciones y gestos concretos de solidaridad para ayudar a las Iglesias jóvenes en los territorios de misión. Se trata de una celebración de gracia y de alegría.
De gracia, porque el Espíritu Santo, mandado por el Padre, ofrece sabiduría y fortaleza a aquellos que son dóciles a su acción. De alegría, porque Jesucristo, Hijo del Padre, enviado para evangelizar al mundo, sostiene y acompaña nuestra obra misionera.
Clave espiritual: la alegría del discípulo no nace del éxito visible, sino de saberse amado, elegido y enviado por Cristo.
El evangelista cuenta que el Señor envió a los setenta discípulos, de dos en dos, a las ciudades y pueblos, a proclamar que el Reino de Dios había llegado y a preparar a los hombres al encuentro con Jesús. Después de cumplir esta misión de anuncio, los discípulos volvieron llenos de alegría.
Jesús les advierte que no se alegren por el poder que se les ha dado, sino por el amor recibido: «porque vuestros nombres están inscritos en el cielo». A ellos se les ha concedido experimentar el amor de Dios, e incluso la posibilidad de compartirlo.
Dios ha escondido y ha revelado. Ha ocultado los misterios del Reino a quienes están demasiado llenos de sí mismos y pretenden saberlo todo, pero los ha revelado a los pequeños: los humildes, los sencillos, los pobres, los cansados y oprimidos.
La Buena Noticia conduce a la salvación. María, llevando en su vientre a Jesús, el Evangelizador por excelencia, encuentra a Isabel y canta el Magnificat. Jesús, al ver el fruto de la misión de sus discípulos, se regocija en el Espíritu Santo y se dirige al Padre en oración.
El Padre es la fuente de la alegría. El Hijo es su manifestación, y el Espíritu Santo, el animador. «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús».
Los discípulos del Señor están llamados a cultivar la alegría de la evangelización. Donde hay alegría, fervor y deseo de llevar a Cristo a los demás, surgen las verdaderas vocaciones.
La alegría del Evangelio nace del encuentro con Cristo y del compartir con los pobres. Por eso, las comunidades cristianas deben vivir una vida fraterna intensa, basada en el amor a Jesús y atenta a las necesidades de los más desfavorecidos.
«Dios ama al que da con alegría». La contribución personal a la misión es signo de una oblación de sí mismo, primero al Señor y luego a los hermanos, porque la propia ofrenda se convierte en instrumento de evangelización.
El discípulo del Señor persevera con alegría cuando está con Él, cuando hace su voluntad, cuando comparte la fe, la esperanza y la caridad evangélica.
Dirigimos nuestra oración a María, modelo de evangelización humilde y alegre, para que la Iglesia sea el hogar de muchos, una madre para todos los pueblos y haga posible el nacimiento de un mundo nuevo.
Santo Padre Francisco
Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones de 2014
Domingo, 8 de junio de 2014, Solemnidad de Pentecostés
Catecismo de la Iglesia Católica
I. La Tradición apostólica
75. Cristo nuestro Señor, en quien alcanza su plenitud toda la Revelación de Dios, mandó a los Apóstoles predicar a todos los hombres el Evangelio como fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta.
76. La transmisión del Evangelio, según el mandato del Señor, se hizo de dos maneras: oralmente, por la predicación, ejemplos e instituciones de los Apóstoles; y por escrito, mediante los mismos Apóstoles y varones apostólicos inspirados por el Espíritu Santo.
77. Para que el Evangelio se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia, los Apóstoles nombraron como sucesores a los obispos, dejándoles su cargo en el magisterio.
78. Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo, es llamada Tradición. Por ella, la Iglesia conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree.
79. Así, la comunicación que el Padre ha hecho de sí mismo por su Verbo en el Espíritu Santo sigue presente y activa en la Iglesia.
Para meditar
| Llamados | Enviados | Sostenidos |
| Jesús llama por el nombre y reúne a los suyos. | El discípulo no vive encerrado: anuncia que el Reino está cerca. | La misión no nace de la fuerza propia, sino de la gracia recibida. |
Propósito
Examinar mi responsabilidad como discípulo y misionero de Cristo y rezar hoy por un sacerdote en particular.
Diálogo con Cristo
Señor, me has elegido a pesar de mi debilidad. Quiero corresponder a tanto amor e imitar tu entrega a la misión. Te ofrezco mi trabajo de este día como respuesta a tu llamado a ser tu discípulo y misionero, sabiendo que el modo más eficaz de comunicarte se logra por la autenticidad de mi testimonio, que, con tu gracia, puede iluminar la vida de los demás.
Para seguir profundizando
- Evangelio del día en Catholic.net
- Evangelio del día
- Orden de Predicadores – Evangelio del día
- Evangeli.net
Idea para vivir el Evangelio de hoy
Cristo no llama a perfectos, sino a discípulos disponibles. Hoy puedo preguntarme: ¿a qué oveja perdida me envía el Señor? Quizá sea una persona cercana que necesita escucha, ánimo, oración o un testimonio sencillo de fe.




