Evangelio del día
Mateo 5, 38-42 · Lunes de la 11.ª semana del Tiempo Ordinario
El cristiano lo tiene todo: tiene la salvación de Cristo; por eso debe ser magnánimo, generoso y manso.
Evangelio
Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y diente por diente». Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

Lecturas
- Primera lectura: Libro Primero de Reyes, 1 Re 21, 1-16.
- Salmo: Sal 5, 2-7.
Oración introductoria
Señor, gracias por mostrarme tan claramente las actitudes que deben regular mis relaciones con los demás y, sobre todo, gracias por este nuevo día y por este momento de oración, oportunidad para crecer en mi amor y amistad contigo.
Petición
Señor, limpia mi corazón y pon un nuevo espíritu de bondad, semejante al tuyo.
Meditación del Santo Padre Francisco
«La nada es semilla de guerra, siempre; porque es semilla de egoísmo. El todo, lo grande, es Jesús». Sobre la correcta comprensión de este binomio se basa la mansedumbre y la magnanimidad que caracteriza al cristiano. Así lo aclaró el Papa Francisco el 17 de junio. Comentando las lecturas del día —de la segunda carta de san Pablo a los Corintios (6, 1-10) y del Evangelio de Mateo (5, 38-42)— el Pontífice se centró en el significado de «un clásico» de las enseñanzas evangélicas.
Jesús propone una justicia distinta de la lógica del mundo. Mientras el hombre responde a la ofensa con otra ofensa, Cristo invita a una justicia superior, una justicia basada en el amor. Por ello el Santo Padre recordó las palabras de san Pablo: «Como gente que no tiene nada, y sin embargo, lo poseemos todo». En esta expresión se encuentra la clave de interpretación del Evangelio.
El cristiano posee el mayor tesoro: Jesucristo y su salvación. Pablo estaba tan convencido de ello que podía afirmar que todo lo demás era secundario. Sin embargo, para el espíritu del mundo el todo son las riquezas, la vanidad y la importancia personal. Allí donde el cristiano descubre el todo en Cristo, el mundo suele ver únicamente la nada.
Por eso, cuando se le pide algo al cristiano, puede dar más de lo esperado. La razón de esta generosidad no está en una debilidad de carácter, sino en la certeza de que ya posee el verdadero bien. De aquí nace la magnanimidad, inseparable de la mansedumbre. El discípulo de Cristo es una persona de corazón ensanchado, libre del egoísmo y capaz de amar.
Seguir a Jesús no siempre es fácil, pero tampoco es imposible. El Señor mismo ensancha el corazón de quienes caminan con Él. Cuando, en cambio, se busca únicamente la nada, surgen enfrentamientos en las familias, en la sociedad e incluso las guerras, porque el egoísmo divide mientras que Cristo une.
Que el Señor ensanche nuestro corazón y nos haga humildes, mansos y magnánimos, porque nosotros lo tenemos todo en Él.
Santo Padre Francisco:
La nada y el todo
Homilía del lunes, 17 de junio de 2013.
Propósito
Por amor a Dios, ser misericordioso y pronto al perdón, aceptando con generosidad cualquier ofensa que reciba.
Diálogo con Cristo
Jesucristo, dame la gracia para que el Reino de los cielos sea una realidad en mi vida al saber responder la agresión con la comprensión, que la preocupación por asegurar el bien económico no me lleve a la mezquindad y, sobre todo, que me convierta en un infatigable discípulo y misionero de tu amor, porque el mundo te necesita y yo debo llevarte al mundo.




