La indisolubilidad del matrimonio

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PREPARACIÓN AL MATRIMONIO

La indisolubilidad del matrimonio

Aprender a decir «para siempre» con libertad, verdad y confianza en la gracia

Pie: Prepararse para el «para siempre» es aprender a amar con libertad, verdad y perseverancia.

Quizá las palabras «todos los días de mi vida» te emocionen y, al mismo tiempo, te impongan respeto. Es normal. No estás preparando solo una celebración: te dispones a entregar tu vida y a recibir la de otra persona. Por eso conviene comprender bien qué promete la Iglesia cuando habla de indisolubilidad.

1. Un don, no una carga

Jesús dice: «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre» (Mt 19,6). No convierte el amor en una prisión. Devuelve el matrimonio al proyecto creador de Dios y protege la verdad de la entrega. El papa Francisco recuerda que la indisolubilidad no debe entenderse ante todo como un yugo, sino como un don para los esposos.1

Comentario: al salir de la iglesia, los nuevos esposos comienzan públicamente una vida compartida que han recibido como don y asumido como alianza.
Idea catequética: la alegría de la boda celebra un «sí» verdadero, llamado a crecer y permanecer durante toda la vida.

Amar conyugalmente significa decir: «No te entrego una parte provisional de mí; me entrego a ti». La duración no se añade desde fuera al amor: pertenece a su verdad. El Concilio Vaticano II define el matrimonio como una comunidad de vida y amor nacida del consentimiento personal e irrevocable de los esposos.2 La indisolubilidad protege a cada uno, a los hijos y a la familia frente a la lógica de usar y abandonar.

Idea clave. No prometes que nunca habrá cansancio, desacuerdos o sufrimiento. Prometes no convertir esas dificultades en una cláusula secreta que te permita retirar la entrega.

2. Lo que prometes

El matrimonio nace de vuestro consentimiento: cada uno se entrega y recibe al otro en una alianza irrevocable.3 Nadie puede suplir ese acto. Por eso debes casarte sin coacción, con suficiente conocimiento y queriendo realmente lo que expresan las palabras del rito.

No dices: «Seguiré contigo mientras me hagas feliz». Dices: «Te recibo como esposo o esposa y me entrego a ti». Tampoco prometes una emoción ininterrumpida. El sentimiento cambia; la alianza permite que el amor madure en decisiones, cuidados, perdón, intimidad, paciencia y proyectos compartidos. En el sacramento, Cristo sale a vuestro encuentro, permanece con vosotros y os da fuerza para levantaros, perdonaros y llevar las cargas el uno del otro.4

Comentario: el consentimiento no es una fórmula decorativa, sino el acto libre que constituye el matrimonio.
Idea catequética: antes de pronunciar la promesa, necesitas comprenderla y quererla sin reservas.

3. Cómo se vive el «para siempre»

El «para siempre» se construye hoy. La gracia no sustituye vuestra responsabilidad: la sostiene. Cuidad desde el noviazgo hábitos que mañana protegerán la alianza.

Hablad con verdad.
No ocultéis deudas, adicciones, enfermedades graves, relaciones anteriores, convicciones sobre la fe o el deseo de tener hijos.
Aprended a reparar.
No basta con evitar la discusión. Pedid perdón, concretad cambios y no utilicéis la intimidad del otro como arma.
No os aisléis.
Orad juntos, participad en la Eucaristía y conservad matrimonios amigos y acompañantes capaces de ayudaros.

No esperéis a que una grieta sea enorme. Ante un conflicto repetido, pedid pronto ayuda pastoral y, cuando sea necesario, profesional. La fidelidad también consiste en dejarse ayudar. Reservad tiempo semanal para hablar sin pantallas y revisad periódicamente cómo estáis viviendo la comunicación, el dinero, la sexualidad, las familias de origen, la fe y el proyecto común.

Comentario: la alianza se hace visible en cientos de actos pequeños de servicio, escucha y reconciliación.
Idea catequética: la indisolubilidad no es inmovilidad; es fidelidad que crece y se renueva.

4. Tres aclaraciones necesarias

Indisolubilidad no significa soportar violencia. Si un cónyuge o los hijos sufren grave peligro corporal o espiritual, puede existir causa legítima para separarse.5 Proteger a la víctima y pedir ayuda no traiciona el matrimonio. Ante violencia, no afrontes el peligro en soledad ni conviertas el perdón en obligación de exponerte de nuevo.

Separación no equivale a disolución. En determinadas circunstancias puede cesar legítimamente la convivencia permaneciendo el vínculo. Incluso el divorcio civil puede tolerarse cuando sea el único medio posible de proteger derechos, hijos o patrimonio.6

Nulidad no significa «divorcio católico». Un tribunal eclesiástico no deshace un matrimonio válido: estudia si llegó a nacer. Por ejemplo, sería inválido excluir deliberadamente una propiedad esencial, como la indisolubilidad, aunque exteriormente se pronunciasen las palabras del consentimiento.7 Por eso una reserva como «me caso, pero me considero libre para romper el vínculo si las cosas van mal» exige detenerse y hablar con el sacerdote que os acompaña.

Consejo necesario. Si cualquiera de los dos teme al otro, sufre control, amenazas, humillaciones o agresiones, no aceleréis la boda. Buscad protección y ayuda competente. El matrimonio requiere libertad y nunca legitima el abuso.

Comentario: el acompañamiento permite afrontar las dificultades antes de que se conviertan en rupturas profundas.
Idea catequética: perseverar no es ocultar el problema, sino buscar verdad, conversión y ayuda.

6. Oración de los novios

Señor Jesús,
tú permaneces fiel y nos llamas a amar.
Haznos libres para entregarnos,
veraces para conocernos
y humildes para pedir ayuda.
Enséñanos a perdonar y a reparar,
a cuidar el amor en lo pequeño
y a recibir tu gracia en lo difícil.
Que nuestro «sí» nazca de la verdad
y, sostenido por ti, madure cada día.
Amén.

Notas

  1. Francisco, Amoris laetitia (19 de marzo de 2016), n. 62.
  2. Concilio Vaticano II, Gaudium et spes (7 de diciembre de 1965), n. 48.
  3. Código de Derecho Canónico, cc. 1056–1057.
  4. Francisco, Amoris laetitia, nn. 72–73.
  5. Código de Derecho Canónico, c. 1153.
  6. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2383.
  7. Código de Derecho Canónico, c. 1101 § 2.

Fuentes

Las imágenes y la maquetación de este documento se han realizado con herramientas de inteligencia artificial.

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