María, el dulce nombre de la Virgen: Apuntes catequéticos para la familia

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CATEQUESIS FAMILIAR

María, el dulce nombre de la Virgen

Apuntes catequéticos para la familia

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1. El nombre de la Madre de Dios

El 12 de septiembre la Iglesia Universal celebra la fiesta del Santísimo Nombre de María.

«Y el nombre de la Virgen era María», nos dirá el Evangelio. En la Sagrada Escritura y en la liturgia el nombre tiene un sentido más profundo que el usual en el lenguaje de nuestros días. Es la expresión de la personalidad del que lo lleva, de la misión que Dios le encomienda al nacer, la razón de ser de su vida.

El nombre de la Madre de Dios no fue escogido al azar. Fue traído del cielo. Todos los siglos han invocado el nombre de María con el mayor respeto, confianza y amor… Si los nombres de personajes bíblicos juegan papel tan importante en el drama de nuestra redención y están llenos de sentido, ¡cuánto más el de María!… Madre del Salvador, tenía que ser el más simbólico y representativo de su tarea en mundo y eternidad.

El más dulce y suave y, al mismo tiempo, el más bello de cuantos nombres se han pronunciado en la tierra después del de Jesús. Solo para los nombres de María y Jesús ha establecido la liturgia una fiesta especial en su calendario.

El nombre de María nos ayuda a contemplar su misión junto a Jesucristo.

Comentario catequético: El Evangelio nos sitúa ante una persona concreta: María de Nazaret. Su nombre queda unido a la misión recibida y, sobre todo, a Jesús. La imagen ayuda a comprender que la grandeza de María procede de Dios y de su respuesta creyente.

Para la familia

Recordad quién eligió el nombre de cada miembro de la familia y qué historia o persona está unida a él.

Detalle catequético

Honrar el nombre de María es honrar a la Madre de Jesús. La verdadera devoción mariana no se separa nunca de Cristo.

Microactividad

Cada uno dice su nombre y completa: «Doy gracias a Dios por llamarme…».

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2. España y el Dulce Nombre de María

España se anticipó en solicitar y obtener de la Santa Sede la celebración de la fiesta del Dulce Nombre de María. Nuestros cruzados, después de ocho siglos de Reconquista, apenas descubierta América, pidieron su celebración en 1513. Cuenca fue la primera diócesis que la solemnizó.

La Virgen en sus distintas advocaciones, coronada de estrellas o atravesada de espadas dolorosas, resume en su culto los amores de la Península Ibérica. Creció bajo su manto, desde las montañas de Covadonga al iniciar la gran cruzada de Occidente, hasta terminarla invocando su nombre en aguas de Lepanto.

La carabela de Colón descubriendo América, la prodigiosa de Magallanes dando la primera vuelta al mundo, bordarán también entre los pliegues de sus velas henchidas al viento, el dulce nombre de María, Reina y Auxilio de los cristianos.

El nombre de María nos ayuda a contemplar su misión junto a Jesucristo.

Comentario catequético: La fe se transmite a través de generaciones y adquiere expresiones históricas concretas. La imagen muestra la continuidad de la confianza mariana del pueblo cristiano, sin convertir cada acontecimiento histórico en una aprobación religiosa.

Para la familia

Buscad qué advocación de María está especialmente vinculada a vuestra familia, parroquia o lugar de origen.

Detalle catequético

Las advocaciones no son «muchas vírgenes»: todas se refieren a la única Virgen María, Madre de Jesucristo.

Microactividad

Elegid una advocación conocida y decid en una frase qué os recuerda de María y de Jesús.

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3. Bajo la protección de la Virgen

Después de la derrota de Lepanto, los turcos se retiran hacia el interior de Persia. Cien años más tarde, con inesperado coraje, reaccionan y ponen sitio a Viena. Alborea límpido y radiante el sol del 12 de septiembre de 1683. El ejército cruzado se consagra a María. El rey polaco Juan Sobieski ayuda la Misa con brazos en cruz. Sus guerreros le imitan.

Después de comulgar, tras breve oración, se levanta y exclama lleno de fe: «¡Marchemos bajo la poderosa protección de la Virgen Santa María!».

Se lanzan al ataque de los sitiadores. Antes de anochecer, la victoria sonríe a las fuerzas cristianas que se habían lanzado al combate invocando el nombre de María. Inocencio XI extiende a toda la Iglesia la festividad del dulce y santísimo nombre de María para conmemorar este triunfo.

«Y el nombre de la Virgen era María»… Preguntas: «¿Quién eres?». Con suavidad responde: «Yo, como una viña, di aroma fragante. Mis flores y frutos son bellos y abundantes. Soy la madre del amor hermoso, del temor, de la santa esperanza. Tengo la gracia del camino y de la verdad. En mí está la esperanza de la vida» (cf. Si 24,16-21).

El nombre de María nos ayuda a contemplar su misión junto a Jesucristo.

Comentario catequético: El episodio explica históricamente la extensión de la fiesta. Catequéticamente, el centro no está en la guerra, sino en la confianza puesta en Dios y en la petición de la intercesión de María.

Para la familia

Pensad en una dificultad real que viva ahora la familia y presentadla juntos a Dios, pidiendo la intercesión de María.

Detalle catequético

La intercesión de María no sustituye a Dios ni convierte su nombre en un talismán. María ruega por nosotros y nos conduce a Cristo.

Microactividad

Rezad juntos, despacio, una sola vez: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros».

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4. Estrella, luz, dulzura y dolor

María, Estrella del mar. En las tormentas de la vida, cuando la galerna ruge y encrespa olas, cuando la navecilla del alma está a punto de naufragar: Dios te salve, María, Estrella del mar.

María, Esperanza. Eso significa también su nombre: arco iris de ilusión y anhelo que une el cielo con la tierra. «Feliz el que ama tu santo nombre —grita san Buenaventura—, pues es fuente de gracia que refresca el alma sedienta y la hace fecunda en frutos de justicia».

Está llena de luz y transparencia. Sostiene en sus brazos a la luz del mundo (cf. Jn 8,12). Irradia pureza. El nombre de María indica castidad, apunta Pedro Crisólogo. Azucenas y jazmines, nardos y lirios, embalsaman el ambiente con la fragancia de sus perfumes. Pero María, iluminada y pura, nos embriaga con el aroma de su virginidad incontaminada. Nos invita a todos: «Venid a mí los que me amáis, saciaos de mis frutos. Mi recuerdo es más dulce que la miel, mi heredad mejor que los panales» (cf. Si 24,19-20).

María, mar amargo, simboliza asimismo su nombre. Asociada a la redención dolorosa de Cristo, su corazón es mar de amargura inundado de sufrimientos. Pide reparación y amor aún hoy, en Fátima y Lourdes. Dios te salve, María, mar amargo de dolores. Angustia de madre, que ve con tristeza que sus hijos se condenan…

«María, nombre cargado de divinas dulzuras», escribe san Alfonso de Ligorio. «Puede el Altísimo fabricar un mundo mayor, extender un cielo más espacioso —exclama Conrado de Sajonia—, pero una madre mejor y más excelente no puede hacerla». Años antes, san Anselmo prorrumpía lleno de admiración: «Nada hay igual a ti, de cuanto existe, o está sobre ti o debajo de ti. Sobre ti, solo Dios. Debajo de ti, cuanto no es Dios».

«Dios te salve, María…». San Bernardo, entusiasmado al mirarla, siente su corazón arrebatarse en amor. Cantaba un día la Salve con sus monjes en un anochecer misterioso. Llenos de melancolía y esperanza, los cistercienses despiden el día rodeando a la Virgen. Al llegar a la petición final —«después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre»—, Bernardo sigue solo, lleno de júbilo y amor: «¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!».

El nombre de María nos ayuda a contemplar su misión junto a Jesucristo.

Comentario catequético: La tradición emplea imágenes poéticas para hablar de María: estrella, esperanza, luz, perfume, dulzura y también dolor. Todas encuentran su sentido cristiano en su relación con Jesús, luz del mundo, y en la fidelidad de María junto a su Hijo.

Para la familia

Comentad una «tormenta» cotidiana —miedo, discusión, cansancio, incertidumbre— en la que resulte especialmente necesario no perder el rumbo.

Detalle catequético

Estas imágenes espirituales no deben presentarse como etimologías científicas indiscutibles del nombre María. Son modos tradicionales de contemplar su misión y sus virtudes.

Microactividad

Cada uno elige una palabra —estrella, esperanza, luz, dulzura— y explica en veinte segundos por qué la relaciona con María.

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5. Mira a la estrella, invoca a María

Estrella de los mares. «Ave, Maris stella», le canta la Iglesia. La estrella irradia luz sin corromperse. De María nace Jesús sin mancillar su pureza virginal. Ni el rayo de luz disminuye la claridad de la estrella, ni el Hijo de la Virgen marchita su integridad.

María es la noble y brillante estrella que baña en su luz todo el orbe. Su resplandor ilumina la tierra. Enardece corazones, florecen virtudes, se amortiguan pasiones y se ahogan los vicios. Es la estrella bella y hermosa reluciendo en las tinieblas del mundo y marcándonos la ruta del cielo.

San Bernardo nos dice en este día del Santísimo y Dulce Nombre de María: «No apartes tu mirada del resplandor de esta estrella, si no quieres sucumbir entre las olas del mundo. Cuando soplen vientos de tentaciones o te abatan tribulaciones, mira a la estrella, invoca a María. Cuando olas furiosas de soberbia, ambición o envidia amenacen tragarte, mira a la estrella, invoca a María. Si la ira, avaricia o impureza quieren hundir la nave de tu alma, mira a la estrella, llama a María.

Si, desesperado por la multitud de tus pecados, anegado por tus miserias, empiezas a desconfiar de tu salvación, piensa en María. En los peligros, en los sufrimientos, en tus trabajos y luchas, piensa en María, invoca a María. Que su nombre no se aleje de tu corazón ni se separe de tus labios».

«Dios te salve, María…». Es tu santo, el de todos tus hijos. Recibe nuestra felicitación emocionada, llena de confianza en el poder de tu nombre santísimo. Unámonos a la Iglesia y con ella alegrémonos venerando el nombre de María para merecer llegar a las eternas alegrías del cielo.

El Santísimo y Dulce Nombre de María será para nosotros emblema de victoria. Así ella va delante señalando luminosa el camino… Nos apropiamos las palabras de san Bernardo que continúan su segunda homilía de la Anunciación.

El nombre de María nos ayuda a contemplar su misión junto a Jesucristo.

Comentario catequético: Invocar a María no es utilizar una fórmula mágica. Es acudir con confianza filial a la Madre de Jesús y pedir su intercesión para permanecer fieles a Cristo. Su nombre puede acompañar el trabajo, el cansancio, la alegría, la tentación y las decisiones ordinarias.

Para la familia

Elegid un momento cotidiano en el que resulte natural recordar a María: al salir de casa, al comenzar el trabajo, antes de dormir o ante una dificultad.

Detalle catequético

La devoción auténtica no se limita a pronunciar un nombre: lleva a imitar la fe de María, escuchar la Palabra y seguir a Jesucristo.

Microactividad

Escoged una jaculatoria breve para esta semana: «María, ayúdame» o «Santa María, ruega por nosotros».

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Las imágenes y la maquetación de este documento se han realizado con ayuda de herramientas de inteligencia artificial.

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