Dispuestas a morir

Cuento Dispuestas a morirSe trata de una estudiante católica de Tienstsihn perteneciente a la Legión de María. Se llama Cecilia.

Los comunistas la citan a juicio y la encarcelan.

Un día que la dejan en libertad cuenta: «Me han agotado a fuerza de largos y maliciosos interrogatorios. Yo me encomendaba a la Virgen, y estaba dispuesta a morir, antes que apostar. Como no podían obtener lo que querían, quisieron intimidarme con las armas. Me colocaron delante de una tapia. Doce soldados armados se alinearon frente a mí, apuntándome con sus fusiles. El comisario dio la orden de fuego, y sonó una descarga cerrada. Todas las balas se estrellaron contra la tapia. Yo, pasado el primer instante de susto sonreí. —¿Te ríes?, rugió el comisario. ¿No tienes miedo a morir? —No, respondió Cecilia; yo estaba preparada para esto, y pensé que me ibas a mandar al paríso. —El comisario movió la cabeza con disgusto, despachó a los soldados y me mandó a casa».

Unos meses después Cecilia fue nuevamente detenida.

La llevaron a una gran plaza, llena de gran muchedumbre, convocada ex profeso. Allí se verificó el juicio popular. Se la acusó de querer coaccionar a una amiga pagana, Oha, a aceptar sus ideas cristianas. Oha estaba presente entre la multitud. Cecilia no perdió la serenidad. Volvió sus ojos dulces hacia la amiga, y después dijo en alta voz: «La fe que yo tengo es para mí un bien superior a ningún otro, y yo quiero tanto a mi amiga, que deseo proporcionarle este bien».

En la plaza se hizo un gran silencio. Toda la gente tenía los ojos fijos en Cecilia. Oha no pudo contenerse; de un salto se plantó en el tablado y las dos amigas se abrazaron y besaron largo rato. Después Oha, enlazando su brazo al cuello de su amiga, se volvió a los comisarios diciendo: «Esta es la verdad, y muy pronto yo seré también cristiana».

Entonces ocurrió lo indecible. La muchedumbre, encendida por aquel testimonio de fortaleza, acomenzó a aplaudir frenéticamente. Tuvieron que disolver el acto apresuradamente, clausurando el juicio pupular.

Cecilia y Oha fueron encerradas ambas en una cárcel, en un lugar de la China comunista. Nadie ha vuelto a saber de ellas.

*  *  *

Noticias Cristianas: «Historias para amar a Dios. II Parte: Historia, n.º 5».

Historias para amar, páginas 29-30


 

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