Catequesis en Familia · Postcomunión
San Pedro Claver
Esclavo de los esclavos para siempre
Reconocer a Cristo en quien todos desprecian

Antes de comenzar
San Pedro Claver vivió en una época en la que miles de hombres y mujeres africanos eran arrancados de su tierra, vendidos y trasladados a América como esclavos. En Cartagena de Indias encontró una realidad que dio forma definitiva a su vocación. Esta catequesis quiere mirar esa vida desde una verdad cristiana sencilla y exigente: cada persona posee una dignidad que nadie puede quitarle.
Acompañaremos a Pedro desde su juventud hasta el puerto de Cartagena. Veremos cómo aprendió a acercarse, cuidar, catequizar y defender. Después volveremos la mirada hacia nuestra propia vida. La pregunta no será solo qué hizo él, sino a quién estamos llamados nosotros a acercarnos.

¿Qué vamos a trabajar?
Dignidad → vocación → servir y anunciar → justicia y compromiso. El recorrido comienza en lo que Dios dice de toda persona, pasa por la vocación concreta de Pedro Claver y termina en una pregunta de vida: cómo reconocer, servir y defender hoy a quien puede quedar olvidado.
¿Para quién está preparada?
Pensada principalmente para Postcomunión y Catequesis en Familia, a partir de 9-10 años, con acompañamiento de un adulto. Entre 12 y 14 años puede trabajarse completa con mayor diálogo histórico y moral. También sirve como lectura introductoria para jóvenes y adultos. El tema de la esclavitud exige verdad y sobriedad: no conviene banalizarlo ni convertirlo en un relato de aventuras.
¿Cómo se puede utilizar?
| En familia | En varias sesiones breves, combinando lectura, imágenes, diálogo, actividades y oración. |
| En parroquia | Por partes o en encuentros sucesivos; las actividades admiten trabajo individual y en grupo. |
| En colegio | Como encuentro entre historia, formación cristiana y educación moral, manteniendo a Pedro Claver como eje. |
| Lectura individual | Como biografía catequética que desemboca en reflexión, Lectio divina y oración. |

Índice
Presentación. Cuando una persona deja de ser tratada como persona
Parte I. Toda persona tiene una dignidad que nadie puede quitarle
Parte II. Pedro Claver encuentra su vocación
Parte III. Servir el cuerpo y anunciar a Cristo
Parte IV. Una dignidad que debe hacerse realidad
Presentación. Cuando una persona deja de ser tratada como persona
Cartagena de Indias era un gran puerto del Caribe. Allí llegaban barcos cargados de mercancías y también barcos que transportaban seres humanos reducidos a esclavitud. Hombres, mujeres y niños habían sufrido una travesía durísima. Al desembarcar, otros decidían sobre su destino, su trabajo y, muchas veces, su separación de familiares y compañeros. El sistema los miraba por su precio y por la utilidad que podían proporcionar.
Pedro Claver aprendió a mirar de otra manera. No encontró una masa anónima ni un problema lejano: encontró personas concretas que necesitaban ser recibidas, curadas, escuchadas y evangelizadas. Esta diferencia de mirada explica su vida. Antes de preguntarnos por sus hazañas, conviene hacernos una pregunta más sencilla: ¿qué veía Pedro cuando se acercaba a aquellas personas que otros trataban como mercancía?

El gesto. Pedro no señala desde lejos: camina hacia el grupo. El hombre que levanta la mirada convierte la escena en un encuentro.
Lectura visual catequética. El puerto sigue su ritmo comercial, pero dos personas comienzan a reconocerse. Ahí empieza la ruptura cristiana con la lógica de la mercancía.
Para la familia. ¿Qué cambia cuando dejamos de decir «los pobres» o «los enfermos» y empezamos a conocer un rostro y un nombre?
Para el catequista. Preguntar primero quién mira a quién y quién parece no mirar. La doctrina sobre la dignidad nacerá después de esta experiencia visual.
Parte I. Toda persona tiene una dignidad que nadie puede quitarle
1. Creados a imagen de Dios
La Biblia coloca una verdad en el comienzo mismo de la historia humana: Dios crea al ser humano a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26-27). La dignidad no es un premio que recibimos por comportarnos bien, ni una categoría que conceden los gobiernos. Tampoco depende de la riqueza, la cultura, la salud, el color de la piel o la libertad de la que disfrutamos. Pertenece a la persona por ser persona.
Por eso nadie puede mirar a otro ser humano como si valiera menos. Podemos tener capacidades, responsabilidades y situaciones muy distintas, pero ninguna diferencia convierte a una persona en una cosa. Esta afirmación resulta exigente cuando la llevamos a la vida: nos obliga a revisar cómo hablamos, cómo juzgamos y cómo tratamos a quienes son distintos o están en una situación de dependencia.

Para recordar: la dignidad humana puede ser ignorada o pisoteada, pero no puede ser borrada.
2. Cristo sale a nuestro encuentro en quien sufre
Jesús lleva esta verdad todavía más lejos. En la escena del juicio final de Mateo 25 se identifica con el hambriento, el sediento, el forastero, el desnudo, el enfermo y el encarcelado. El necesitado no es solamente alguien sobre quien ejercemos generosidad: Cristo mismo sale a nuestro encuentro en el pequeño. Por eso las obras de misericordia pertenecen al corazón de la vida cristiana.
La caridad no consiste en sentir pena desde lejos. Da de comer, ofrece agua, viste, visita, acoge y acompaña. A veces comienza con algo tan elemental como acercarse y preguntar qué necesita el otro. Pedro Claver convirtió esa cercanía en una forma de vida. Cuando entraba en las bodegas de los barcos o atendía una herida, estaba realizando con sus manos aquello que Jesús había enseñado.

3. Una herida terrible: la esclavitud
Durante siglos existieron distintas formas de esclavitud. En la época de Pedro Claver, la trata atlántica llevó a América a enormes cantidades de africanos reducidos por la fuerza a la condición de propiedad. Eran comprados, vendidos y destinados al trabajo como si fueran mercancías. La persona quedaba sometida a la voluntad de otro, y el viaje mismo podía desarrollarse en condiciones inhumanas.
Cartagena de Indias era uno de los grandes puntos de llegada del sistema esclavista hispanoamericano. Para comprender a Claver hay que mirar de frente esa realidad, pero sin recrearse en el horror. Lo esencial es reconocer la contradicción: quien ha sido creado a imagen de Dios no puede ser reducido a objeto de compraventa. El Catecismo lo formula hoy con claridad al condenar comprar, vender o cambiar seres humanos como mercancía (cf. CIC 2414).

Parte II. Pedro Claver encuentra su vocación
1. De Verdú a las Indias
Pedro Claver nació en Verdú, en Cataluña, hacia 1580. Estudió en Barcelona e ingresó en la Compañía de Jesús en 1602. Durante sus estudios de filosofía en el colegio de Montesión, en Mallorca, conoció al hermano jesuita Alonso Rodríguez, el humilde portero del colegio. La amistad espiritual entre ambos ayudó al joven Pedro a mirar más allá de sus propios planes.
Alonso le habló de las necesidades misioneras de las Indias. Pedro fue comprendiendo poco a poco que aquella llamada podía ser también la suya. Se ofreció para las misiones y en 1610 cruzó el Atlántico hacia el Nuevo Reino de Granada. La vocación no apareció de una sola vez: fue tomando forma mediante la oración, la formación, el consejo de otro santo y la disponibilidad para marchar.

El gesto. Alonso no empuja físicamente a Pedro: conversa con él y abre su mirada hacia un horizonte que todavía no conoce.
Lectura visual catequética. El camino exterior representa un discernimiento interior. La vocación se va aclarando mientras Pedro escucha, estudia, reza y se dispone a partir.
Para la familia. ¿Quién nos ha ayudado alguna vez a descubrir algo bueno que podíamos hacer y que nosotros todavía no veíamos?
Para el catequista. Evitar presentar a Alonso como un adivino que decide el futuro de Pedro. Subrayar acompañamiento, discernimiento y libertad.
2. Cartagena cambia su vida
Tras continuar su formación en el Nuevo Reino de Granada, Pedro llegó a Cartagena y fue ordenado sacerdote en 1616. Allí encontró una ciudad próspera y, al mismo tiempo, marcada por la llegada constante de africanos esclavizados. Su misión dejó de ser una idea general. Delante de él había hombres y mujeres concretos, heridos por la travesía y destinados a ser vendidos.
Pedro aprendió de otro jesuita, Alonso de Sandoval, que ya trabajaba en este apostolado. Observó, colaboró y fue descubriendo una misión que exigiría rapidez, resistencia y una capacidad extraordinaria para comunicarse. Cartagena cambió su vida porque allí la llamada de Dios adquirió rostros, lenguas y necesidades precisas.

El gesto. Sandoval no muestra una teoría: conduce a Pedro hacia personas concretas. Pedro observa con atención, no con curiosidad turística.
Lectura visual catequética. La misión se vuelve concreta cuando deja de ser «ir a América» y pasa a ser «servir a estas personas».
Para la familia. ¿Hay alguna necesidad cercana que solo hemos empezado a comprender cuando hemos conocido personalmente a quien la sufre?
Para el catequista. Esta imagen permite introducir a Sandoval sin abrir una biografía paralela. Su función es mostrar que Claver también aprendió de otros.
3. «Esclavo de los esclavos para siempre»
Pedro expresó su entrega con una fórmula radical: «esclavo de los esclavos para siempre». No estaba justificando la esclavitud. Utilizaba deliberadamente una palabra terrible para expresar que quería ponerse al servicio de quienes habían sido privados de libertad y tratados como inferiores. Frente a una sociedad que disponía de ellos, él eligió ponerse a su disposición.
La frase solo se entiende desde el Evangelio. Jesús enseña que el primero ha de hacerse servidor y Él mismo «no ha venido a ser servido sino a servir» (Mt 20,28). Pedro quiso que su sacerdocio tuviera esa forma concreta. No buscó a las personas importantes del puerto, sino a quienes llegaban sin poder, sin bienes y sin voz.

El gesto. Pedro baja su cuerpo hasta quedar a la altura de quien necesita ayuda. La postura impide leerlo como benefactor distante.
Lectura visual catequética. La escena invierte la jerarquía del puerto: quien es libre se pone voluntariamente al servicio de quien ha sido esclavizado.
Para la familia. ¿Qué significa servir de verdad: dar algo desde arriba o acercarnos hasta compartir por un momento la situación del otro?
Para el catequista. Explicar la paradoja de la frase sin romantizar la esclavitud. El centro es el servicio libre inspirado en Cristo.
Parte III. Servir el cuerpo y anunciar a Cristo
1. Correr hacia quienes llegaban
Cuando se anunciaba la llegada de un barco, Pedro procuraba estar preparado. Reunía alimentos, agua, ropa y remedios obtenidos muchas veces mediante limosnas. Acompañado por colaboradores e intérpretes, se acercaba a los recién llegados y atendía primero a quienes estaban enfermos o más débiles. Su caridad tenía manos, objetos, tiempo y cansancio.
No esperaba a que aquellas personas fueran capaces de pedir ayuda. Se adelantaba. Entraba donde otros no querían entrar, limpiaba heridas y trataba de aliviar el sufrimiento inmediato. Esa forma de actuar nos recuerda que la misericordia cristiana comienza viendo la necesidad concreta. Antes de grandes discursos puede haber un vaso de agua, una venda o una presencia que devuelve a alguien la certeza de no estar abandonado.

El gesto. Nadie posa. Cada mano está ocupada en una necesidad: dar de beber, cubrir, sostener, curar.
Lectura visual catequética. La santidad aparece como una sucesión de acciones pequeñas y concretas, no como una aureola separada de la realidad.
Para la familia. Si hoy tuviéramos que preparar una «maleta de misericordia», ¿qué necesidad concreta de alguien cercano debería atender?
Para el catequista. Hacer que los participantes nombren primero las acciones visibles. Después relacionarlas con las obras de misericordia.
2. Hablar una lengua que puedan comprender
Pedro quería anunciar a Cristo, pero se encontraba con personas que hablaban lenguas diferentes. Por eso se sirvió de intérpretes, colaboradores e imágenes catequéticas. Las fuentes jesuíticas recuerdan que llegó a rodearse de un grupo amplio de intérpretes. El objetivo era elemental y decisivo: que quien escuchaba pudiera comprender lo que se le estaba anunciando.
La catequesis no es pronunciar palabras correctas delante de alguien que no entiende. Enseñar exige buscar puentes: una lengua, un dibujo, un gesto, una comparación. Claver preparaba a los recién llegados para los sacramentos en circunstancias muy difíciles y con poco tiempo. Su método nos deja una enseñanza actual: la verdad no se rebaja cuando procuramos expresarla de manera comprensible; al contrario, respetamos a la persona a la que queremos transmitirla.

El gesto. El intérprete no ocupa un rincón: forma parte de la comunicación. Los oyentes miran, preguntan y reaccionan.
Lectura visual catequética. La fe pasa de persona a persona. La imagen no sustituye a la Palabra; ayuda a que la Palabra pueda ser comprendida.
Para la familia. ¿Cómo explicaríamos una verdad importante a alguien que no comprende nuestro idioma?
Para el catequista. Esta escena permite hablar de adaptación pedagógica sin presentar el bautismo como un acto automático. Subrayar comprensión, preparación y acompañamiento dentro de las limitaciones históricas reales.
3. Servir también significa defender
Claver no podía desmontar por sí solo el sistema esclavista en el que vivía. Tampoco debemos convertirlo retrospectivamente en un activista político moderno. Pero su servicio no terminaba en aliviar heridas. Cuando encontraba abusos procuraba intervenir y reclamar un trato más humano. Su cercanía a los esclavizados hacía imposible mirar hacia otro lado.
Aquí aparece una consecuencia importante de la caridad. Si queremos a una persona, no nos basta con consolarla mientras alguien continúa dañándola. Dentro de nuestras posibilidades, intentamos protegerla. Servir y defender pertenecen al mismo amor. A veces la ayuda será silenciosa; otras veces exigirá hablar con quien tiene responsabilidad, pedir una solución o acompañar a la persona para que no quede sola.

El gesto. Pedro no ocupa el lugar del otro: se coloca a su lado. Su firmeza se dirige hacia quien puede cambiar la situación.
Lectura visual catequética. La cercanía produce responsabilidad. Quien ha visto el sufrimiento ya no puede fingir que no sabe.
Para la familia. ¿Cuándo ayudar a alguien significa también pedir a otra persona que deje de tratarlo mal?
Para el catequista. Mantener la precisión histórica: mostrar defensa concreta sin atribuir a Claver una campaña abolicionista que no corresponde a su actuación documentada.
Parte IV. Una dignidad que debe hacerse realidad
1. De la caridad a la justicia
Dar agua a quien tiene sed es caridad. Impedir que alguien sea privado injustamente del agua también pertenece a la justicia. Las dos dimensiones no compiten. La dignidad reconocida debe convertirse en una forma justa de tratar a las personas. Por eso la conciencia cristiana no puede conformarse con aliviar indefinidamente las consecuencias de una situación que humilla al ser humano.
La comprensión histórica de estas exigencias ha recorrido un camino largo, con avances, contradicciones y pecados. Hoy la Iglesia condena expresamente la esclavitud y la trata de personas. La declaración Dignitas infinita recuerda que la dignidad es intrínseca a cada ser humano y fundamento de derechos y deberes. Lo que Claver reconocía en cada rostro debe ser también protegido por la sociedad.

2. Todos tienen derecho a recibir el Evangelio
Pedro no vio en los recién llegados solamente cuerpos que alimentar. Los reconoció como personas capaces de conocer, amar y seguir a Jesucristo. Por eso cuidaba y catequizaba. Para él, la evangelización no era un privilegio reservado a quienes compartían su lengua o su cultura. El Evangelio debía ser anunciado también a quienes la sociedad colocaba en el último lugar.
Anunciar la fe exige respeto a la persona. La Iglesia propone a Cristo; no puede tratar al destinatario como un objeto. De ahí el valor del esfuerzo de Claver por hacerse entender. La misión cristiana busca una respuesta libre y consciente, y por eso necesita escucha, explicación y acompañamiento. La universalidad del Evangelio no borra las diferencias entre pueblos: atraviesa esas diferencias para reunir a todos en Cristo.

3. Los «esclavos de los esclavos» de hoy
En 1650 Pedro enfermó gravemente durante una epidemia y quedó muy debilitado. Durante años había corrido hacia los barcos, había sostenido a enfermos y había buscado todo lo necesario para atender a otros. En sus últimos años ya no pudo vivir aquel servicio de la misma manera y tuvo que aceptar su propia fragilidad y depender del cuidado de los demás. El que tantas veces se había acercado al que sufría experimentó ahora, desde el otro lado, lo que significa necesitar que alguien se acerque.
Su vocación, sin embargo, no desapareció cuando faltaron las fuerzas. Continuó viviendo su entrega desde la enfermedad, la oración y la paciencia hasta su muerte en Cartagena, en septiembre de 1654. La Iglesia reconoció después públicamente la santidad de aquel sacerdote que había gastado su vida junto a los esclavizados: fue canonizado por León XIII en 1888. Una vida cristiana no deja de ser fecunda cuando ya no puede hacer lo que hacía antes.
Hoy persisten la trata de personas, el trabajo esclavo y otras formas graves de explotación. Pero la pregunta de Claver puede llegar todavía más cerca: ¿quién pasa inadvertido delante de nosotros? Puede ser un anciano solo, un enfermo, un migrante vulnerable o una persona a la que todos evitan. No son situaciones idénticas a la esclavitud atlántica, y no debemos confundirlas. Lo común es la llamada a ver a la persona, acercarnos y actuar. Y también a dejarnos ayudar con humildad cuando somos nosotros quienes necesitamos cuidado.

Actividades en familia
Las actividades no buscan comprobar cuánto hemos memorizado, sino pasar de la comprensión a la vida. Pueden hacerse en familia, en catequesis o por equipos.
1. Una persona, no una etiqueta
Objetivo: descubrir cómo una etiqueta puede ocultar a la persona. Observad los rostros de la ficha y las palabras que los acompañan. Tachad o retirad las etiquetas que reducen a alguien a una sola característica. Después escribid o dibujad algo que recuerde que delante hay una persona completa.

2. La maleta de Pedro Claver
Objetivo: relacionar necesidades concretas con respuestas concretas. Elegid entre los objetos de la ficha cuáles llevaríais al puerto con Pedro Claver. Para cada elección, explicad qué necesidad atiende y relacionadla con una obra de misericordia.

3. Hazte entender
Objetivo: experimentar la dificultad de comunicar cuando no compartimos una lengua. Una persona toma una situación de la ficha y debe transmitirla sin usar palabras: solo puede emplear gestos, símbolos o dibujos. Los demás intentan comprender. Al terminar, comentad qué recursos han ayudado y relacionadlo con los intérpretes y las imágenes de Claver.

4. ¿A quién podemos acercarnos?
Objetivo: elegir una acción posible y comprobar que se realiza. No hagáis una lista de problemas del mundo. Pensad en una persona o situación realmente cercana. Seguid cuatro pasos: veo; pienso qué necesita; decido qué puedo hacer; lo hago.

Lectio divina
«A mí me lo hicisteis» · Mateo 25,31-46
«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. Entonces también estos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”. Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”. Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Leo
Lee despacio el pasaje. Fíjate en las necesidades que Jesús nombra y en la sorpresa de quienes preguntan cuándo lo vieron. Jesús une el amor a Él con el trato dado al pequeño. Escucha las palabras que más te llaman la atención.
Medito
Vuelve mentalmente al puerto de Cartagena. La Palabra nos enseña a reconocer una presencia que la mirada superficial no descubre. Pregúntate: ¿a quién me cuesta mirar con respeto, paciencia o compasión?
Oro
Habla con Jesús de esa persona o situación. Pídele una mirada nueva. Da gracias por quienes se han acercado a ti cuando tú necesitabas ayuda. Pide perdón por las veces en que has pasado de largo.
Contemplo
Permanece unos momentos en silencio. No prepares respuestas. Deja resonar en el corazón: «Conmigo lo hicisteis».
Me comprometo
Elige un gesto pequeño y concreto que puedas realizar. No tiene que impresionar a nadie. Debe ayudar realmente a una persona y poder cumplirse.

Oraciones
Señor, enséñame a verte
Señor Jesús,
abre mis ojos para verte
en quien necesita ayuda.
Que no pase de largo,
que no reduzca a nadie a una etiqueta,
que sepa acercarme con respeto.
Dame manos dispuestas para servir,
palabras capaces de consolar
y valor para defender al débil.
Enséñame a reconocerte
en cada uno de tus hermanos pequeños.
Amén.
Enséñanos a acercarnos
Padre bueno,
haz de nuestra familia una casa que sabe mirar.
Que veamos a quien está solo,
escuchemos a quien no encuentra palabras,
cuidemos a quien sufre
y defendamos a quien es tratado injustamente.
Que aprendamos de san Pedro Claver
a servir sin buscar aplausos
y a llevar a todos la alegría de Jesucristo.
Amén.
Oración a san Pedro Claver
San Pedro Claver,
servidor de quienes eran despreciados,
intercede por nosotros.
Ayúdanos a reconocer la dignidad
que Dios ha puesto en cada persona.
Enséñanos a acercarnos al que sufre,
a cuidar con obras concretas,
a anunciar a Cristo con claridad y respeto
y a no callar ante el maltrato.
Que, como tú, sepamos encontrar al Señor
en aquellos a quienes el mundo deja al margen.
Amén.
Otros recursos
Cronología esencial
| c. 1580 | Nacimiento en Verdú, Cataluña. |
| 1602 | Ingreso en la Compañía de Jesús. |
| 1605-1608 | Estudios en Mallorca y relación con san Alonso Rodríguez. |
| 1610 | Viaje al Nuevo Reino de Granada. |
| 1616 | Ordenación sacerdotal en Cartagena. |
| 1650 | Enferma gravemente durante una epidemia. |
| 1654 | Muere en Cartagena. Su memoria litúrgica se celebra el 9 de septiembre. |
| 1888 | Canonización por León XIII, junto con san Alonso Rodríguez. |
Mapa de su vida
Verdú → Barcelona/Tarragona → Mallorca → Nuevo Reino de Granada → Cartagena de Indias. El mapa puede integrarse como recurso editorial sencillo, mostrando el enorme cambio geográfico que acompañó a su discernimiento vocacional.
Dos nombres que conviene recordar
San Alonso Rodríguez fue el hermano jesuita que acompañó espiritualmente a Pedro durante sus estudios en Mallorca y alimentó en él el deseo misionero. Alonso de Sandoval fue el jesuita experimentado en el apostolado con africanos esclavizados del que Claver aprendió en Cartagena. La santidad de Pedro no nació aislada: recibió, aprendió y después entregó.
Intérpretes e imágenes
El recurso a intérpretes y materiales visuales muestra una intuición catequética muy valiosa: el destinatario debe poder comprender. Esta idea puede prolongarse en casa preguntando qué recursos ayudan hoy a explicar la fe a niños, personas con dificultades de lectura o personas que proceden de otra cultura.
Fuentes
Sagrada Escritura. Biblia de la Conferencia Episcopal Española, especialmente Gn 1,26-27; Mt 20,25-28; Mt 25,31-46.
Catecismo de la Iglesia Católica. Números relativos a la dignidad humana, las obras de misericordia y, especialmente, CIC 2414 sobre la esclavitud.
Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Dignitas infinita sobre la dignidad humana, 2 de abril de 2024.
San Juan Pablo II. Llamamiento ante la tumba de san Pedro Claver en Cartagena, 6 de julio de 1986.
Compañía de Jesús. San Pedro Claver, reseña biográfica institucional.
Vatican News. San Pedro Claver, sacerdote jesuita, apóstol entre los negros deportados.
Consejo Pontificio Justicia y Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.
Material de partida. Fuentes históricas, jesuíticas y catequéticas reunidas en el documento de preparación de esta sesión, y elaboración de la estructura y el texto por el autor; los datos principales están contrastados con fuentes eclesiales e institucionales.
Las imágenes y la maquetación de este documento se han realizado con ayuda de herramientas de inteligencia artificial, con apoyo de ChatGPT.




