Catequesis en Familia
Santa María Magdalena
Del encuentro con Cristo al anuncio de la Resurrección
Una sesión completa para descubrir el camino de una discípula transformada por la fe, fortalecida por la llamada, entregada al servicio y enviada a anunciar que Cristo vive.


Presentación
Una discípula que permaneció junto a Jesús
Santa María Magdalena ocupa un lugar singular en los Evangelios. Jesús la liberó del mal, ella acogió con fe una vida nueva y pasó a formar parte del grupo de mujeres que acompañaban al Señor y atendían sus necesidades. Su historia no comienza con especulaciones sobre su pasado, sino con la certeza de una persona alcanzada y transformada por la misericordia de Cristo.
Esta catequesis sigue su itinerario desde la confianza en Dios y la aceptación de la llamada hasta el servicio, la escucha, la fidelidad en la Pasión y la recepción de las primicias de la Resurrección. Finalmente, se acerca con prudencia a las tradiciones que la recuerdan unida a la primera comunidad cristiana, a la evangelización y a una intensa vida de oración.
Objetivos de la sesión
Qué queremos descubrir y vivir
Conocer
Identificar con claridad lo que los Evangelios enseñan sobre María Magdalena y distinguirla de otras mujeres que aparecen en ellos.
Comprender
Reconocer su camino de fe: acogida de la salvación, fortaleza para responder, renuncia, servicio, escucha y fidelidad.
Contemplar
Profundizar en el encuentro pascual narrado por san Juan y en la misión que recibe como primera anunciadora del Resucitado.
Vivir
Traducir sus carismas a la vida familiar: confiar, escuchar, servir, permanecer junto a quien sufre y anunciar con alegría a Jesucristo.
Orientaciones prácticas
Cómo utilizar esta catequesis
Este material puede desarrollarse como una sesión completa o dividirse en varios encuentros. La familia, el catequista o el profesor deben seleccionar los apartados según la edad, el tiempo disponible y el grado de formación del grupo.
Propuestas según el lugar
En familia
Conviene leer la biografía por escenas, observar juntos las imágenes y elegir una actividad sencilla. La lectio divina puede realizarse al final o reservarse para otro día de la semana.
Partes recomendadas: introducción, biografía visual, una actividad, oración y soneto final.
En la parroquia
Puede organizarse en una sesión amplia o en dos encuentros. El primero se dedicaría a la identidad y al camino de discipulado de María Magdalena; el segundo, a la Resurrección, las actividades y la oración.
Partes recomendadas: fundamentos, tabla de mujeres, biografía visual, actividades y lectio divina.
En grupos juveniles
Resulta especialmente útil partir de las preguntas sobre la verdadera identidad de María Magdalena y conducir después al grupo hacia sus carismas: fe, vocación, renuncia, servicio, escucha y fidelidad.
Partes recomendadas: tabla comparativa, escenas centrales, diálogo, actividad y compromiso final.
En el colegio
En una clase de Religión conviene concentrarse en el testimonio evangélico, la presencia de las mujeres entre los seguidores de Jesús y el significado cristiano del encuentro con el Resucitado.
Partes recomendadas: fundamentos bíblicos, tabla, programa gráfico y actividad de comprensión.
Para adultos
Se pueden desarrollar con mayor profundidad las aclaraciones de Benedicto XVI, el sentido del encuentro en el jardín y la distinción entre los datos evangélicos y las tradiciones posteriores.
Partes recomendadas: documento completo, notas, fuentes y lectio divina.
Para la oración personal
Puede leerse una sola escena, detenerse en su carisma y concluir con una pregunta de examen personal. El episodio de Juan 20 es especialmente adecuado para una jornada de retiro.
Partes recomendadas: una escena, lectio divina, oración tradicional y soneto.
Adaptación por edades
| Edad | Qué conviene utilizar | Qué conviene simplificar |
|---|---|---|
| 10-12 años | Relato biográfico, imágenes, carismas, actividad sencilla y oración. | Reducir las tradiciones históricas y explicar brevemente las diferencias entre las mujeres. |
| 13-15 años | Documento casi completo, con atención especial a la vocación, el servicio y la fidelidad. | Seleccionar las notas históricas y evitar discusiones secundarias. |
| 16-18 años | Fundamentos, identidad de las mujeres, Benedicto XVI, programa gráfico, actividades y lectio. | Adaptar únicamente la duración y el número de preguntas. |
| Adultos | Todos los apartados, incluidas las notas, las fuentes y las tradiciones posteriores. | No es necesario simplificar, pero sí distribuir el contenido en más de una sesión. |
Formas de organizar el contenido
Una sesión de 60 minutos
Introducción, tabla de identidades, cuatro escenas principales, una actividad breve y oración final.
Una sesión de 90 minutos
Fundamentos breves, recorrido biográfico completo, lectura de imágenes, actividad y lectio divina.
Dos encuentros
Primero: identidad, llamada, renuncia y servicio. Segundo: Pasión, Resurrección, tradición y oración.
Itinerario de varias semanas
Una escena y un carisma por encuentro, concluyendo cada reunión con una pregunta y una breve oración.
I. Introducción catequética
Una discípula alcanzada por Cristo
María Magdalena aparece en los Evangelios como una mujer a la que Jesús liberó de una situación de profundo sufrimiento. Desde aquel encuentro comenzó una vida nueva: siguió al Maestro, lo sirvió con sus bienes y formó parte del grupo de mujeres que acompañaba su misión. Los evangelistas no la presentan como la mujer pecadora de Lucas ni como María de Betania, sino como una discípula con identidad propia.1
Su camino cristiano no fue fácil. María aceptó la llamada, renunció a su antigua forma de vivir y permaneció cerca de Jesús incluso durante la Pasión. Cuando todo parecía terminado, acudió al sepulcro y recibió la gracia de ser la primera en encontrarse con el Señor resucitado y la primera enviada a anunciarlo a los discípulos.2
Una santa conocida y muchas veces confundida
A lo largo de los siglos, la figura de María Magdalena se ha unido en ocasiones a otras mujeres del Evangelio. Esa lectura influyó en el arte, la predicación y la piedad popular, pero no permite afirmar que ella fuera la pecadora anónima que ungió los pies de Jesús ni María, la hermana de Marta y Lázaro. La catequesis distinguirá claramente a cada una.
También rechazará las historias modernas que la presentan como esposa de Jesús, portadora de un linaje secreto o víctima de una supuesta conspiración de la Iglesia. Esas afirmaciones no proceden de los Evangelios ni de una investigación histórica seria. La verdadera grandeza de María Magdalena no necesita ser inventada: fue discípula fiel y testigo privilegiada de la Pascua.
Un itinerario para todo discípulo
Los distintos momentos de su vida forman un camino catequético: confianza en Dios, fortaleza para aceptar la vocación, renuncia, servicio a los demás, escucha del Maestro, fidelidad en la prueba y anuncio de la Resurrección. No son etapas aisladas, sino frutos sucesivos de un mismo encuentro con Cristo.
Las tradiciones posteriores prolongaron ese recorrido al presentarla vinculada a la primera comunidad cristiana, a la evangelización y a la vida eremítica. Aunque esas tradiciones no tienen la misma certeza que los Evangelios, expresan cómo la Iglesia contempló en ella a una mujer que convirtió el amor recibido en oración, perseverancia y misión.
Confianza
Acoger la salvación que Dios ofrece.
Vocación
Responder con fortaleza a la llamada.
Renuncia
Dejar aquello que impide seguir a Cristo.
Servicio
Poner la propia vida al servicio de los demás.
Escucha
Permanecer cerca del Maestro y aprender de Él.
Fidelidad
No abandonar a Cristo en el sufrimiento.
Anuncio
Comunicar con alegría que Cristo vive.
Oración
Buscar siempre la presencia del Señor.
II. Fundamentos bíblicos
Lo que sabemos por los Evangelios
Los Evangelios ofrecen pocos datos sobre el pasado de María Magdalena, pero muestran con claridad su lugar entre los discípulos de Jesús y su fidelidad desde Galilea hasta la mañana de Pascua.
Una mujer liberada por Jesús
San Lucas nombra a «María, la llamada Magdalena», y añade que de ella habían salido siete demonios. San Marcos conserva también este dato al hablar de la aparición del Resucitado.3 La expresión indica que había padecido una situación grave de opresión y que recibió de Jesús una liberación profunda. El Evangelio no explica en qué consistía exactamente aquel sufrimiento.
Haber sido liberada de siete demonios no permite identificarla con una prostituta ni con la mujer pecadora de Lucas 7. Tampoco autoriza a reconstruir un pasado que los evangelistas no narran. Lo esencial es que María recibió la salvación con fe y respondió a ella entregando su vida al seguimiento de Cristo.
Una discípula dentro del grupo que seguía a Jesús
Lucas cuenta que Jesús recorría ciudades y aldeas anunciando el Reino de Dios. Con él iban los Doce y varias mujeres que habían sido curadas, entre ellas María Magdalena, Juana, Susana y «otras muchas». Estas mujeres los servían con sus bienes, de modo que participaban de manera estable y concreta en la misión.4
El grupo cercano a Jesús no estaba compuesto únicamente por los Doce. Junto a ellos caminaba un conjunto de mujeres discípulas que escuchaba su enseñanza, compartía las dificultades del camino y sostenía las necesidades de la comunidad. Su servicio no fue una presencia secundaria: hizo posible la vida cotidiana del grupo itinerante.
Caminaban
Compartían el recorrido de Jesús por ciudades y aldeas.
Escuchaban
Recibían la predicación del Reino y aprendían del Maestro.
Servían
Aportaban sus bienes y atendían las necesidades del grupo.
Permanecieron
Su seguimiento continuó durante la Pasión y la sepultura.
De Galilea hasta la Cruz
Cuando Jesús fue crucificado, María Magdalena volvió a aparecer entre las mujeres que observaban lo sucedido. Los evangelistas recuerdan que aquellas discípulas habían seguido y servido a Jesús desde Galilea. San Juan la sitúa junto a la Cruz con la madre de Jesús y María de Cleofás.5
Su presencia muestra la continuidad de su discipulado. La mujer que había aceptado la salvación y servido durante los caminos de Galilea permaneció cerca del Maestro cuando ya no podía ofrecerle protección ni recibir de él una recompensa visible. En la hora de la prueba, su amor se convirtió en fidelidad.
Testigo de la sepultura y buscadora del Señor
María Magdalena presenció dónde depositaban el cuerpo de Jesús. Después del descanso del sábado volvió al sepulcro desde el amanecer. Su regreso unió dos actitudes: la fidelidad a quien había muerto y la necesidad de seguir buscando al Señor incluso cuando humanamente parecía perdido.6
Los cuatro Evangelios la relacionan con la mañana de Pascua, aunque cada uno organiza el relato desde una perspectiva propia. Esta coincidencia confirma su lugar central entre los primeros testigos: María Magdalena pertenece al recuerdo más antiguo y firme de la proclamación de la Resurrección.
El recorrido de María Magdalena en los Evangelios
Lc 8, 1-3;
Mc 16, 9
Jesús la libera y ella se incorpora al grupo que acompaña su misión.
Lc 8, 1-3;
Mc 15, 40-41
Forma parte de las mujeres que siguen a Jesús y sirven con sus bienes.
Mt 27, 55-56;
Mc 15, 40-41;
Jn 19, 25
Permanece entre las discípulas que contemplan la muerte del Señor.
Mt 27, 61;
Mc 15, 47;
Lc 23, 55-56
Observa dónde queda depositado el cuerpo de Jesús.
Mt 28, 1-10;
Mc 16, 1-11;
Lc 24, 1-10;
Jn 20, 1-18
Acude al sepulcro, recibe el anuncio y se convierte en testigo del Resucitado.
Primera testigo y anunciadora
El Evangelio de san Juan relata de manera personal el encuentro entre María y Jesús resucitado. Ella lo reconoce cuando él pronuncia su nombre. Después recibe una misión concreta: ir a los hermanos y comunicarles el mensaje del Señor. María cumple inmediatamente el envío con un anuncio sencillo y decisivo: «He visto al Señor».7
Benedicto XVI la llamó «primer testigo y heraldo del Resucitado».8 La primicia que recibe no es un privilegio para conservar, sino una misión que debe compartir. Así culmina el itinerario evangélico de María Magdalena: la mujer liberada se convierte en discípula, y la discípula fiel es enviada a evangelizar.
III. Las mujeres de los Evangelios
¿Quién es quién?
Los Evangelios presentan a varias mujeres que aman a Jesús, escuchan su palabra o participan en su misión. Algunas comparten el nombre de María, pero cada una conserva una identidad y una historia propias.
María Magdalena y otras mujeres que no deben confundirse con ella
La tabla distingue los datos que proporciona el texto bíblico. Las llamadas remiten a las notas finales, donde se indicarán las referencias completas y las precisiones históricas necesarias.
Lc 8, 1-3;
Mt 27-28;
Mc 15-16;
Jn 19-20
Jesús la libera de siete demonios. Ella lo sigue, contribuye al servicio del grupo, permanece durante la Pasión, contempla la sepultura y encuentra al Resucitado.
Lc 10, 38-42;
Jn 11, 1-44;
Jn 12, 1-8
Es hermana de Marta y Lázaro. Vive en Betania, escucha a Jesús sentada a sus pies y lo unge antes de la Pasión.
Lc 7, 36-50
Es una mujer sin nombre que entra en casa de un fariseo, unge los pies de Jesús, los moja con sus lágrimas y recibe el perdón.
Jn 4, 1-42
Dialoga con Jesús junto al pozo de Jacob. Después comunica a sus vecinos que ha encontrado a un hombre que podría ser el Mesías.
Mt 1-2;
Lc 1-2;
Jn 2, 1-12;
Jn 19, 25-27
Es la Madre del Señor. Está presente desde la Encarnación, acompaña la misión de su Hijo y permanece junto a la Cruz.
Jn 19, 25
San Juan la sitúa junto a la Cruz, cerca de la madre de Jesús y de María Magdalena.
Mt 27, 56.61;
Mt 28, 1;
Mc 15, 40.47;
Mc 16, 1
Permanece durante la Crucifixión, observa la sepultura y vuelve al sepulcro después del sábado.
Mc 15, 40-41;
Mc 16, 1
Había seguido y servido a Jesús en Galilea. Está presente en la Pasión y acude al sepulcro con aromas.
Lc 8, 3;
Lc 24, 10
Es esposa de Cusa, administrador de Herodes. Ayuda al grupo de Jesús con sus bienes y está entre las mujeres de la mañana de Pascua.
Lc 8, 3
Forma parte del grupo de mujeres que había recibido la ayuda de Jesús y colaboraba con sus bienes.
Gestos semejantes
Varias mujeres escuchan, sirven, ungen o permanecen. La semejanza espiritual no elimina su identidad personal.
Una lectura espiritual
Algunas tradiciones buscaron reunir en una sola figura el arrepentimiento, la escucha, el amor y la fidelidad.
El texto bíblico
Sigue siendo el criterio principal para saber qué podemos afirmar con certeza sobre cada mujer.
Una comunidad en la que las mujeres tienen rostro y nombre
Lucas menciona expresamente a María Magdalena, Juana y Susana, pero añade que había «otras muchas». En los relatos de la Pasión aparecen además María de Cleofás, Salomé y María, madre de Santiago y José. Los nombres varían según el evangelista, pero todos conservan la memoria de un grupo femenino estable y fiel.10
Estas mujeres no forman un grupo separado de la misión de Jesús. Caminan con él, sostienen a la comunidad, contemplan su muerte y reciben las primeras noticias de la Pascua. María Magdalena destaca dentro de este discipulado compartido, pero su grandeza no borra la fidelidad de las demás.
III. Las mujeres de los Evangelios
¿Quién es quién?
Los Evangelios presentan a varias mujeres que aman a Jesús, escuchan su palabra o participan en su misión. Algunas comparten el nombre de María, pero cada una conserva una identidad y una historia propias.
María Magdalena y otras mujeres que no deben confundirse con ella
La tabla distingue los datos que proporciona el texto bíblico. Las llamadas remiten a las notas finales, donde se indicarán las referencias completas y las precisiones históricas necesarias.
| Mujer | Dónde aparece | Qué sabemos de ella | Identificación |
|---|---|---|---|
| María Magdalena | Lc 8, 1-3; Mt 27-28; Mc 15-16; Jn 19-20 |
Jesús la libera de siete demonios. Ella lo sigue, contribuye al servicio del grupo, permanece durante la Pasión, contempla la sepultura y encuentra al Resucitado. | Es la santa de esta catequesis. |
| María de Betania | Lc 10, 38-42; Jn 11, 1-44; Jn 12, 1-8 |
Es hermana de Marta y Lázaro. Vive en Betania, escucha a Jesús sentada a sus pies y lo unge antes de la Pasión. | No es María Magdalena. |
| La mujer pecadora | Lc 7, 36-50 | Es una mujer sin nombre que entra en casa de un fariseo, unge los pies de Jesús, los moja con sus lágrimas y recibe el perdón. | El Evangelio no la identifica con María Magdalena. |
| La mujer samaritana | Jn 4, 1-42 | Dialoga con Jesús junto al pozo de Jacob. Después comunica a sus vecinos que ha encontrado a un hombre que podría ser el Mesías. | No es María Magdalena. |
| María, madre de Jesús | Mt 1-2; Lc 1-2; Jn 2, 1-12; Jn 19, 25-27 |
Es la Madre del Señor. Está presente desde la Encarnación, acompaña la misión de su Hijo y permanece junto a la Cruz. | No es María Magdalena. |
| María de Cleofás | Jn 19, 25 | San Juan la sitúa junto a la Cruz, cerca de la madre de Jesús y de María Magdalena. | Es otra mujer. |
| María, madre de Santiago y José | Mt 27, 56.61; Mt 28, 1; Mc 15, 40.47; Mc 16, 1 |
Permanece durante la Crucifixión, observa la sepultura y vuelve al sepulcro después del sábado. | No es María Magdalena. |
| Salomé | Mc 15, 40-41; Mc 16, 1 |
Había seguido y servido a Jesús en Galilea. Está presente en la Pasión y acude al sepulcro con aromas. | Es otra discípula. |
| Juana | Lc 8, 3; Lc 24, 10 |
Es esposa de Cusa, administrador de Herodes. Ayuda al grupo de Jesús con sus bienes y está entre las mujeres de la mañana de Pascua. | Es otra discípula. |
| Susana | Lc 8, 3 | Forma parte del grupo de mujeres que había recibido la ayuda de Jesús y colaboraba con sus bienes. | Es otra discípula. |
¿Por qué se produjeron algunas confusiones?
En la tradición cristiana occidental llegaron a relacionarse la mujer pecadora de Lucas, María de Betania y María Magdalena. La proximidad de algunos relatos, la unción de Jesús y el deseo de contemplar un único camino de conversión favorecieron esa lectura.9
Esa interpretación inspiró obras de arte, predicaciones y textos espirituales de gran belleza, pero no obliga a identificar históricamente a las tres mujeres. La lectura bíblica actual puede valorar aquella herencia y, al mismo tiempo, respetar las diferencias que muestran los Evangelios.
El mismo nombre
María era un nombre frecuente. Por eso los evangelistas añaden el lugar, la familia o alguna relación que permita distinguirlas.
Gestos semejantes
Varias mujeres escuchan, sirven, ungen o permanecen. La semejanza espiritual no elimina su identidad personal.
Una lectura espiritual
Algunas tradiciones buscaron reunir en una sola figura el arrepentimiento, la escucha, el amor y la fidelidad.
El texto bíblico
Sigue siendo el criterio principal para saber qué podemos afirmar con certeza sobre cada mujer.
Una comunidad en la que las mujeres tienen rostro y nombre
Lucas menciona expresamente a María Magdalena, Juana y Susana, pero añade que había «otras muchas». En los relatos de la Pasión aparecen además María de Cleofás, Salomé y María, madre de Santiago y José. Los nombres varían según el evangelista, pero todos conservan la memoria de un grupo femenino estable y fiel.10
Estas mujeres no forman un grupo separado de la misión de Jesús. Caminan con él, sostienen a la comunidad, contemplan su muerte y reciben las primeras noticias de la Pascua. María Magdalena destaca dentro de este discipulado compartido, pero su grandeza no borra la fidelidad de las demás.
V. Jesús transforma su vida
Confiar en quien puede salvar
El camino de María Magdalena comienza con una gracia recibida: Jesús entra en su vida, la libera del mal y le devuelve la posibilidad de vivir de una manera nueva.

Una vida que vuelve a comenzar
El Evangelio no cuenta cómo conoció María Magdalena a Jesús ni describe con detalle el sufrimiento que padecía. Solo nos dice que el Señor había expulsado de ella siete demonios. Esa forma de hablar indica que había estado sometida a un mal profundo y que la acción de Cristo cambió por completo su situación.17
María no recibió simplemente una ayuda momentánea. Al encontrarse con Jesús descubrió que podía confiar en Dios, aceptar la salvación y comenzar una vida nueva. La primera decisión de todo discípulo consiste precisamente en esto: dejar de apoyarse solo en sus propias fuerzas y permitir que Cristo entre en aquello que uno no puede curar por sí mismo.
Confiar
Reconocer que Dios puede actuar incluso cuando una situación parece cerrada.
Recibir
Aceptar la ayuda de Cristo sin pensar que debemos merecerla antes.
Comenzar
Dar el primer paso de una vida nueva aunque todavía no conozcamos todo el camino.
Lectura catequética de la imagen
La imagen no representa un espectáculo de exorcismo. El centro es el encuentro entre dos miradas: la de Cristo, que conoce el sufrimiento de María, y la de una mujer que comienza a creer que no está condenada a vivir siempre de la misma manera.
La luz que se abre detrás de Jesús expresa que la salvación no borra mágicamente el pasado, pero sí crea una dirección nueva. María queda situada entre la sombra que deja atrás y el camino luminoso que todavía debe recorrer.
Qué observar
La mano abierta de Jesús, la serenidad de su rostro, la sombra que queda detrás de María y la luz que comienza a iluminarla.
Qué aprender
Cristo no se acerca para humillar a la persona herida. La mira con verdad, la libera y le devuelve su dignidad.
VI. Responder a la llamada
La fortaleza de aceptar la vocación
La salvación recibida no fue el final del camino de María Magdalena. Fue el comienzo de una respuesta libre que la llevó a convertirse en discípula de Jesús.

Una llamada que transforma la vida
Después de ser liberada por Jesús, María Magdalena no volvió simplemente a su vida anterior. Los Evangelios la presentan formando parte del grupo que recorría los caminos de Galilea con el Maestro. Aquella decisión exigía dejar muchas seguridades para poner toda la confianza en la palabra de Cristo.18
Toda vocación cristiana comienza con una invitación semejante. Jesús no obliga a nadie a seguirlo. Llama con amor y espera una respuesta libre. María comprendió que el mayor regalo recibido no era solamente haber sido curada, sino haber sido invitada a caminar junto al Señor.
¿Qué significa seguir a Jesús?
| Jesús llama | El discípulo responde |
|---|---|
| «Ven y sígueme.» | «Quiero caminar contigo.» |
| Enseña el Reino de Dios. | Escucha y aprende. |
| Confía una misión. | Sirve con fidelidad. |
Lectura catequética de la imagen
Jesús ocupa el centro del camino porque toda vocación cristiana tiene su origen en Él. María no aparece aislada, sino integrada en una comunidad que aprende, reza y camina unida.
Nadie sigue a Cristo completamente solo. El Señor llama a personas concretas, pero las incorpora a una familia de discípulos donde cada uno aporta sus dones al servicio de todos.
Qué observar
La unidad del grupo, la atención con la que todos escuchan a Jesús y el lugar natural que ocupan las mujeres entre los discípulos.
Qué aprender
La vocación cristiana no consiste únicamente en admirar a Jesús, sino en caminar con Él cada día y formar parte de su Iglesia.
VII. La renuncia
Dejar atrás para seguir a Cristo
Toda vocación exige una renuncia. No consiste en perder algo valioso, sino en dejar espacio para recibir un bien mucho mayor.

Seguir a Jesús supone elegir
Los Evangelios no explican qué dejó exactamente María Magdalena cuando comenzó a seguir al Señor. Sin embargo, toda persona que recorría los caminos de Galilea con Jesús debía reorganizar su vida para dedicar tiempo, trabajo y energías a aquella misión. La llamada del Maestro ocupó el primer lugar en su corazón.19
Renunciar no significa despreciar las cosas buenas que Dios nos ha dado. Significa aprender a ponerlas en su lugar para que ninguna ocupe el sitio que pertenece únicamente a Cristo. María descubrió que seguir al Señor valía más que cualquier otra seguridad.
Renunciar no es…
| No significa | Sí significa |
|---|---|
| Despreciar el mundo. | Poner a Cristo en el primer lugar. |
| Vivir con tristeza. | Elegir con alegría aquello que conduce a Dios. |
| Perder la libertad. | Ser verdaderamente libre para amar. |
Lectura catequética de la imagen
María no aparece huyendo de su pasado, sino caminando hacia su futuro. La mirada que dirige por última vez a Magdala expresa gratitud por lo vivido y decisión para seguir adelante.
El camino abierto delante de Jesús recuerda que la verdadera vocación siempre conduce hacia delante. El cristiano no vive anclado en lo que deja, sino esperanzado por aquello que Dios le promete.
Qué observar
La serenidad del camino, la distancia creciente respecto a Magdala y la decisión con la que María continúa siguiendo al Maestro.
Qué aprender
El Evangelio no pide abandonar por abandonar, sino dejar aquello que impide responder plenamente a la llamada de Dios.
VIII. El servicio a los demás
Servir con alegría al Señor
María Magdalena no siguió a Jesús como una simple espectadora. Formó parte del grupo de mujeres que sostenía la vida cotidiana de la comunidad que acompañaba al Maestro.

Un grupo mucho mayor que los Doce
Con frecuencia imaginamos a Jesús caminando únicamente con los Doce Apóstoles. Sin embargo, san Lucas ofrece una imagen mucho más rica: junto a ellos viajaba un grupo estable de mujeres discípulas que habían sido curadas por el Señor y que colaboraban con sus bienes para sostener la misión.20
Entre esas mujeres aparece expresamente María Magdalena, junto con Juana y Susana, además de «otras muchas». Los Evangelios volverán a encontrar a varias de ellas durante la Pasión y la mañana de Pascua. No son personajes secundarios: forman parte de la comunidad más cercana a Jesús.
¿Cómo servían estas mujeres?
| Servicio | Qué significaba |
|---|---|
| Compartían sus bienes | Ayudaban materialmente a sostener la misión de Jesús. |
| Atendían las necesidades del grupo | Organizaban la vida diaria durante los continuos desplazamientos. |
| Permanecían junto al Maestro | Su servicio nacía del amor y de la fidelidad, no de la obligación. |
Lectura catequética de la imagen
En esta escena nadie ocupa el centro excepto Jesús. Los demás aparecen realizando tareas distintas, pero igualmente necesarias. El Reino de Dios crece gracias a muchas personas que sirven con humildad y discreción.
María Magdalena no busca destacar sobre las demás mujeres. Comparte con ellas el trabajo cotidiano porque ha comprendido que el verdadero discípulo no vive para ser servido, sino para servir.
Qué observar
La colaboración entre hombres y mujeres, la sencillez de las tareas y la armonía de toda la comunidad alrededor de Jesús.
Qué aprender
En la Iglesia no existen servicios pequeños cuando se realizan por amor a Cristo y a los hermanos.
IX. Permanecer junto al Maestro
La discípula que nunca dejó de escuchar
Antes de anunciar a Cristo, María Magdalena aprendió a vivir cerca de Él. Escuchó sus palabras, observó sus gestos y dejó que toda su vida fuera transformándose poco a poco.

Antes de anunciar hay que aprender
Los Evangelios muestran a María Magdalena acompañando a Jesús durante su ministerio público. Aunque no conservan ninguna palabra pronunciada por ella, dejan claro que compartió largos días escuchando la enseñanza del Maestro y contemplando su manera de vivir. Aquella convivencia fue la mejor escuela de discípulos.21
La fe cristiana no consiste solamente en conocer unas ideas. Nace de permanecer cerca de Jesucristo, dejarse formar por su palabra y aprender poco a poco a mirar el mundo con sus mismos ojos. María Magdalena llegó a ser una gran evangelizadora porque antes fue una gran discípula.
¿Cómo aprende un discípulo?
| Escucha | Fruto |
|---|---|
| Escucha la Palabra. | Crece la fe. |
| Observa cómo vive Jesús. | Aprende a amar como Él. |
| Permanece cerca del Maestro. | Está preparada para la misión. |
Lectura catequética de la imagen
El silencio ocupa un lugar tan importante como las palabras de Jesús. Toda la escena invita a descubrir que escuchar requiere detenerse, prestar atención y abrir el corazón.
María Magdalena aparece mezclada entre los demás discípulos porque nadie aprende el Evangelio aislado. La Iglesia continúa siendo hoy la gran escuela donde Cristo sigue enseñando.
Qué observar
La serenidad del grupo, la atención con que todos miran a Jesús y el ambiente de silencio que envuelve la escena.
Qué aprender
Quien dedica tiempo a escuchar a Jesús aprende poco a poco a pensar, decidir y amar como Él.
X. La fidelidad en la prueba
Permanecer junto a la Cruz
El verdadero amor se pone a prueba cuando desaparecen el éxito, la seguridad y la esperanza humana. Entonces se descubre quién permanece realmente junto al Señor.

Cuando muchos se marcharon
Los Evangelios recuerdan que muchas de las personas que habían seguido a Jesús desaparecieron cuando llegó la hora de la Cruz. Sin embargo, María Magdalena permaneció allí junto con la Virgen María, san Juan y otras mujeres discípulas. No podía cambiar el curso de los acontecimientos, pero sí podía ofrecer el mayor regalo que existe: no abandonar al Señor en el momento del sufrimiento.22
Permanecer fue también una forma de creer. Cuando todo parecía indicar que la misión de Jesús había terminado, María siguió confiando en Él. El amor verdadero no depende del éxito ni de las circunstancias; permanece incluso cuando no entiende completamente lo que está sucediendo.
La fidelidad cristiana
| Cuando todo va bien | Cuando llegan las dificultades |
|---|---|
| Es fácil seguir a Jesús. | El amor demuestra su autenticidad. |
| Hay entusiasmo. | Hace falta perseverancia. |
| Resulta sencillo confiar. | La fe sostiene la esperanza. |
Lectura catequética de la imagen
En la imagen nadie realiza gestos espectaculares. Todos permanecen en silencio porque, ante el misterio de la Cruz, las palabras resultan pequeñas. La fidelidad se expresa simplemente permaneciendo cerca de Jesús.
María Magdalena no puede evitar el sufrimiento del Maestro, pero sí puede acompañarlo. Muchas veces el mayor acto de amor consiste precisamente en no abandonar a quien sufre.
Qué observar
Las pocas personas que permanecen junto a la Cruz, el silencio de la escena y la mirada de María Magdalena hacia Jesús.
Qué aprender
El discípulo permanece junto a Cristo también cuando no comprende plenamente el sentido del sufrimiento.
XI. Primicia de la Resurrección
«María»: llamada por su nombre y enviada
La discípula que permaneció junto a la Cruz fue también la primera en recibir la alegría del encuentro con Cristo resucitado y la misión de comunicarla a los hermanos.

Buscar al Señor incluso entre lágrimas
María Magdalena acudió al sepulcro cuando todavía estaba oscuro. Al encontrar retirada la piedra, avisó a Pedro y al discípulo amado. Después regresó y permaneció llorando junto a la tumba, incapaz de separarse del último lugar donde había visto a Jesús. Ni siquiera el sepulcro vacío apagó su deseo de buscarlo.23
Cuando Jesús se acercó, María no lo reconoció al principio. Todo cambió al escuchar su nombre: «¡María!». La voz del Maestro le reveló que aquel a quien lloraba estaba vivo. La Resurrección no fue para ella una idea que otros le explicaron, sino un encuentro personal con Cristo.
«No me retengas»
María respondió: «Rabbuní», que significa «Maestro». Quería aferrarse a Jesús, pero él le dijo que no lo retuviera y la envió a sus hermanos. No estaba rechazando su amor: le enseñaba que la relación con el Resucitado ya no podía reducirse a recuperar la vida anterior a la Cruz.24
El amor de María debía pasar del deseo de conservar a Jesús para sí a la disponibilidad de anunciarlo. La verdadera unión con Cristo resucitado se vive obedeciendo su palabra, reconociendo su presencia en la fe y llevando a otros la noticia de la Pascua.
La llama
Jesús pronuncia su nombre y restablece la relación personal con su discípula.
Se revela
María reconoce que el Crucificado vive y que la muerte no ha vencido.
La envía
El encuentro se convierte inmediatamente en una misión para los hermanos.
De la búsqueda al anuncio
| Momento | Transformación interior |
|---|---|
| Llora junto al sepulcro | Su amor sigue buscando a Jesús incluso cuando no comprende lo ocurrido. |
| Escucha su nombre | Reconoce la voz del Maestro y descubre que está vivo. |
| Recibe el envío | Deja de retener a Jesús y corre a comunicar su palabra. |
| «He visto al Señor» | Su experiencia personal se convierte en testimonio para la comunidad. |
Lectura catequética de la imagen
El sepulcro abierto queda detrás de María porque ya no es el centro de la escena. El centro es Cristo vivo, que la mira, pronuncia su nombre y transforma el duelo en una misión.
El camino hacia Jerusalén recuerda que María no puede quedarse en el jardín. La alegría de la Resurrección la pone en movimiento y la conduce hacia la comunidad.
Qué observar
La mirada personal de Jesús, la transformación del rostro de María y el camino que se abre hacia los discípulos.
Qué aprender
Cristo conoce a cada discípulo por su nombre y convierte el encuentro con Él en una responsabilidad hacia los demás.
XII. Comunidad, evangelización y oración
Una vida entregada al anuncio y a la contemplación
Después de la mañana de Pascua, los Evangelios guardan silencio sobre los últimos años de María Magdalena. Las tradiciones cristianas prolongaron su memoria como discípula, evangelizadora y mujer de intensa oración.

En medio de la primera comunidad
María cumplió el encargo de Jesús y llevó a los discípulos el anuncio: «He visto al Señor». Los Evangelios no vuelven a contar su vida después de este momento, pero la tradición cristiana la recuerda vinculada a la comunidad nacida de la Pascua y entregada al testimonio del Resucitado.26
No conocemos las tareas concretas que desempeñó. Sin embargo, su misión pascual permite comprender por qué las Iglesias de Oriente y Occidente la han venerado como evangelizadora. La mujer que recibió la primera noticia no podía dejar de repetir que Cristo estaba vivo.
Lectura catequética de la imagen
María aparece dentro de la comunidad, no separada de ella. Su testimonio personal se une al de los Apóstoles, la Virgen María y las demás mujeres que habían seguido a Jesús.
La mesa, el pan, la lámpara y la Escritura recuerdan los pilares de la primera Iglesia: la enseñanza recibida, la vida fraterna, la oración y la memoria viva del Señor.
Qué observar
La unidad de la comunidad, la presencia conjunta de hombres y mujeres y la atención de todos a una misma fe.
Qué aprender
Ningún carisma se recibe para vivirlo al margen de la Iglesia, sino para enriquecer la fe y la misión de toda la comunidad.
Tradiciones diferentes sobre sus últimos años
Una tradición oriental afirma que María Magdalena continuó anunciando la Resurrección y terminó sus días en Éfeso, ciudad relacionada también con san Juan Evangelista. Otras tradiciones la sitúan durante un tiempo en Palestina o la relacionan con regiones monásticas de Oriente.27
La tradición provenzal sostiene que llegó por mar al sur de la Galia y que, después de evangelizar, vivió retirada en oración cerca de Marsella. Estos relatos no poseen la certeza de los Evangelios, pero muestran cómo comunidades cristianas muy distintas reconocieron en ella a una mujer de misión y contemplación.28
Tres niveles de certeza
Qué podemos afirmar
Encontró al Resucitado y fue enviada a anunciarlo.
Cómo debemos presentarlo
Como fundamento seguro de su identidad y de su misión.
Qué podemos afirmar
Fue venerada desde antiguo como testigo y evangelizadora.
Cómo debemos presentarlo
Como interpretación coherente con la misión recibida.
Qué podemos afirmar
Éfeso, Palestina, Oriente monástico o Provenza.
Cómo debemos presentarlo
Como relatos venerables, sin presentarlos como hechos demostrados.

La primera eremita en la memoria cristiana
La tradición occidental llegó a presentar a María Magdalena como una de las primeras grandes figuras de la vida eremítica. Después de anunciar a Cristo, habría buscado la soledad para dedicar sus últimos años a la oración, la penitencia y la contemplación del Señor al que había seguido desde Galilea.
No podemos reconstruir históricamente esa etapa, pero su significado catequético es claro: la evangelización y la contemplación no se oponen. Quien anuncia verdaderamente a Cristo necesita volver una y otra vez al silencio para escuchar su voz y vivir en su presencia.
Lectura catequética de la imagen complementaria
La cueva no representa una huida del mundo, sino un espacio de encuentro con Dios. El mar del fondo recuerda los caminos de evangelización y mantiene unida la misión exterior con la vida interior.
María vuelve a mirar la luz del amanecer. La discípula que encontró al Resucitado al comenzar el día conserva hasta la ancianidad la actitud de quien espera, contempla y ama.
XIII. Actividades
Del Evangelio a la vida
Después de conocer la vida de Santa María Magdalena llega el momento de descubrir cómo su camino puede convertirse también en nuestro camino de seguimiento de Jesucristo.
Las actividades forman parte de la catequesis
Estas propuestas no son un añadido al final del tema. Constituyen el paso natural entre la explicación y la vida cristiana. Después de contemplar el ejemplo de María Magdalena, cada participante está invitado a descubrir cómo responder personalmente a la llamada de Jesucristo.
Las actividades pueden realizarse en familia, en la parroquia o en un grupo juvenil. Conviene dedicar tiempo al diálogo y terminar siempre con una breve oración para que la experiencia concluya delante del Señor.
| Objetivo | Descubrir el itinerario espiritual de María Magdalena y reconocer en qué momento del camino cristiano se encuentra cada participante. |
| Edad recomendada | Desde los 10 años. |
| Duración | 30-40 minutos. |
| Materiales | La catequesis, ocho tarjetas (o papeles), lápices y una mesa amplia. |
Desarrollo
El catequista o uno de los padres escribe en ocho tarjetas los principales momentos de la vida de María Magdalena: salvación, vocación, renuncia, servicio, escucha, fidelidad, encuentro con el Resucitado y oración. Las tarjetas se mezclan y cada participante intenta colocarlas en el orden correcto. Después se busca en la catequesis la escena correspondiente y se explica brevemente por qué ese momento fue importante.
Una vez ordenadas las tarjetas, cada participante elige aquella etapa con la que más se identifica en este momento de su vida y explica libremente el motivo. No se trata de encontrar una respuesta correcta, sino de aprender a mirar la propia vida a la luz del Evangelio.
Qué observar
Si los participantes entienden que la santidad es un proceso y no un acontecimiento instantáneo.
Qué aprender
Cada etapa prepara la siguiente. No puede haber misión sin encuentro, ni fidelidad sin escucha.
Actividad 2
Vivimos como discípulos
La mejor manera de conocer a Santa María Magdalena consiste en intentar vivir como ella. En esta actividad cada participante elegirá un compromiso sencillo para poner en práctica durante la semana. El objetivo no es hacer muchas cosas, sino dar un paso concreto en el seguimiento de Jesucristo.
Conviene realizar esta actividad después de haber terminado toda la catequesis. Si se hace en familia, cada uno puede escribir su compromiso y compartirlo libremente. Si se realiza en un grupo parroquial, puede terminar con una oración común.
| Carisma | Compromiso para esta semana |
|---|---|
| Confianza | Confiaré cada día al Señor una preocupación. |
| Vocación | Preguntaré a Dios qué espera hoy de mí. |
| Renuncia | Renunciaré voluntariamente a algo que me distrae de Dios. |
| Servicio | Haré un servicio en casa sin esperar reconocimiento. |
| Escucha | Leeré cada día unos minutos el Evangelio. |
| Fidelidad | No abandonaré la oración aunque me cueste. |
| Anuncio | Hablaré de Jesús con una persona durante la semana. |
| Oración | Reservaré unos minutos de silencio delante de Dios. |
Objetivo
Descubrir que la santidad comienza con pequeñas decisiones vividas con constancia.
Microguion para el catequista
«No hace falta intentar vivir los ocho compromisos. Elegid uno solo. Si se vive bien durante una semana, habrá cambiado ya un poco vuestro corazón.»
Resultado esperado
Comprender que seguir a Cristo no consiste únicamente en admirar a los santos, sino en comenzar hoy mismo a imitarlos.
Actividad 3
Id y anunciad a mis hermanos
Propuesta especialmente pensada para la parroquia y los grupos de catequesis.
María Magdalena no conservó para sí la alegría de la Resurrección. Jesús la envió inmediatamente a anunciarla a los discípulos. Esta actividad ayuda a comprender que toda catequesis termina siempre con un envío.
El catequista prepara previamente varias tarjetas con frases breves del Evangelio de Juan 20,11-18 y las reparte entre los participantes. Después de un momento de silencio, cada uno debe comunicar personalmente ese mensaje a otro compañero, mirándolo a los ojos, igual que María comunicó la noticia a los Apóstoles.
| Objetivo | Descubrir que todo discípulo está llamado a anunciar a Cristo. |
| Edad | Desde los 12 años. |
| Duración | 20-30 minutos. |
| Materiales | Tarjetas con frases del Evangelio y una Biblia. |
Microguion para el catequista
«Jesús no dijo a María Magdalena: «Quédate aquí disfrutando de este momento». Le dijo: «Ve a mis hermanos».»
«Ahora vosotros vais a hacer lo mismo. Cada uno llevará una pequeña palabra del Evangelio a otra persona.»
Qué observar
Si los participantes anuncian el Evangelio con naturalidad y alegría.
Qué aprender
El Evangelio no se guarda; se comparte.
Errores frecuentes
- Convertir la actividad en una simple lectura mecánica.
- No dejar tiempo para el silencio previo.
- Olvidar que el anuncio nace del encuentro con Cristo.
Resultado esperado
Comprender que todos los bautizados, igual que María Magdalena, somos enviados por Cristo para comunicar la alegría de la Resurrección allí donde vivimos.
XIV. Lectio divina
«He visto al Señor»
Juan 20, 11-18 nos invita a recorrer el camino interior de María Magdalena: permanecer, escuchar nuestro nombre, reconocer a Cristo vivo y aceptar la misión de anunciarlo.
1. Lectio · ¿Qué dice el texto?
Leer despacio Juan 20, 11-18
María permanece fuera del sepulcro llorando. Ve a los ángeles, pero su dolor continúa porque todavía busca el cuerpo de Jesús. Cuando el Señor se acerca, no lo reconoce hasta que escucha su nombre: «¡María!». Entonces se vuelve hacia él y responde: «¡Rabbuní!».
Jesús no permite que María detenga el encuentro en aquel instante. La envía a los discípulos y ella obedece: va hasta ellos y anuncia que ha visto al Señor y que trae un mensaje suyo.29
Palabras que conviene contemplar
«¿Por qué lloras?»
«¡María!»
«Ve a mis hermanos»
«He visto al Señor»
2. Meditatio · ¿Qué me dice el Señor?
Dejar que la Palabra ilumine la vida
María busca a Jesús con amor, pero al principio lo busca entre los muertos. También nosotros podemos pensar que Dios está ausente cuando la tristeza, el fracaso o el miedo nos impiden reconocer su presencia.
Todo cambia cuando Cristo pronuncia nuestro nombre. Él conoce nuestra historia, nuestras lágrimas y nuestra vocación. No viene solamente a consolarnos: nos llama a levantarnos y nos envía hacia los hermanos.
Preguntas para el silencio
- ¿Qué dolor o preocupación estoy llevando hoy hasta el sepulcro?
- ¿En qué momentos me cuesta reconocer que Cristo está vivo y cerca de mí?
- ¿Qué siento al imaginar que Jesús pronuncia personalmente mi nombre?
- ¿Qué experiencia de salvación he recibido y todavía no he compartido?
- ¿A qué persona o comunidad puede estar enviándome hoy el Señor?
3. Oratio · ¿Qué quiero decirle a Dios?
Responder a Cristo con confianza
Después del silencio, cada miembro de la familia o del grupo puede pronunciar una oración breve. No hace falta explicar demasiado: basta con agradecer, pedir perdón, presentar una necesidad o responder a la llamada del Señor.
Puede repetirse después de cada intervención: «Jesús resucitado, llámanos por nuestro nombre y envíanos a nuestros hermanos».
4. Contemplatio · Permanecer con el Resucitado
Escuchar cómo Cristo pronuncia nuestro nombre
Guardad dos o tres minutos de silencio. Cada persona puede cerrar los ojos e imaginar el amanecer en el jardín, el sepulcro abierto y a Jesús vivo pronunciando su nombre con amor.
No es necesario buscar emociones especiales. Contemplar consiste en permanecer ante el Señor, dejándose mirar por él y descansando en la certeza de que vive y camina con nosotros.
5. Actio · ¿Qué voy a vivir?
Llevar la alegría de la Pascua
Cada participante elige una acción concreta que exprese el envío recibido: acompañar a una persona triste, reconciliarse con alguien, prestar un servicio oculto o hablar de la esperanza cristiana con naturalidad.
El compromiso debe ser sencillo y realizable durante la semana. La finalidad no es demostrar nada, sino permitir que la alegría recibida llegue a otra persona.
Una persona
¿A quién necesito acercarme con esperanza?
Una palabra
¿Qué palabra de consuelo o de fe puedo compartir?
Un servicio
¿Qué acción concreta puede mostrar que Cristo vive?
XV. Oraciones
Orar con Santa María Magdalena
La catequesis termina delante de Dios. Después de conocer el camino de Santa María Magdalena, pedimos al Señor la gracia de seguirlo con el mismo amor, la misma fidelidad y la misma alegría.
Soneto final
El amor del discípulo
Tú me llamaste cuando anochecía,
rompiste con tu luz mi noche oscura;
llenaste el corazón de fe segura
y nació en mí la verdadera alegría.
Seguí tus pasos con humilde guía,
hallé en tu voz la paz más honda y pura;
junto a la Cruz vencí toda amargura,
porque el amor jamás te dejaría.
Después dijiste, al pronunciar mi nombre,
que anunciara tu vida al mundo entero,
sin otro honor que el de servirte siempre.
Haz que también mi corazón se asombre,
viva de Ti con gozo verdadero
y nunca deje de seguirte. Amén.
Santa María Magdalena,
ruega por nosotros.
XVI. Notas y fuentes
Fuentes utilizadas
La presente catequesis se ha elaborado siguiendo el principio de distinguir con claridad entre el testimonio de la Sagrada Escritura, la interpretación del Magisterio y las tradiciones cristianas posteriores.
Notas
- Lc 8,1-3; Mc 16,9. La Biblia identifica expresamente a María Magdalena como la mujer de la que Jesús expulsó siete demonios.
- Jn 20,1-18.
- Lc 8,2; Mc 16,9.
- Lc 8,1-3.
- Mt 27,55-56; Mc 15,40-41; Jn 19,25.
- Mt 27,61; Mc 15,47; Lc 23,55-56.
- Jn 20,18.
- Benedicto XVI, Audiencia General, 14 de febrero de 2007.
- San Gregorio Magno, *Homilías sobre los Evangelios*, Homilía 33.
- Lc 8,1-3; Mc 15,40-41.
- San Gregorio Magno, *Homiliae in Evangelia*, XXXIII.
- Benedicto XVI, Audiencia General, 14 de febrero de 2007.
- Benedicto XVI, *Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección*, capítulo dedicado a la Resurrección.
- Santo Tomás de Aquino, *Comentario al Evangelio de san Juan*, cap. XX.
- Benedicto XVI, *Jesús de Nazaret*, interpretación de Jn 20,17.
- Congregación para el Culto Divino, Decreto *Apostolorum Apostola*, 3 de junio de 2016.
- Lc 8,2.
- Lc 8,1-3.
- Lc 8,1-3.
- Lc 8,1-3.
- Lc 8,1-3.
- Jn 19,25; Mt 27,55-56.
- Jn 20,1-11.
- Jn 20,17.
- Benedicto XVI, *Jesús de Nazaret*.
- Tradición patrística antigua.
- Tradición oriental conservada especialmente en torno a Éfeso.
- Tradición provenzal medieval.
- Jn 20,11-18.
Bibliografía fundamental
- Sagrada Escritura. Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.
- Catecismo de la Iglesia Católica. Libreria Editrice Vaticana, edición típica.
- Benedicto XVI. Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección.
- Benedicto XVI. Audiencia General del 14 de febrero de 2007.
- San Gregorio Magno. Homilías sobre los Evangelios.
- Santo Tomás de Aquino. Comentario al Evangelio de san Juan.
- Martirologio Romano.
- Misal Romano. Fiesta de Santa María Magdalena (22 de julio).
Nota de transparencia
Las imágenes y la maquetación de este documento se han realizado con herramientas de inteligencia artificial bajo la dirección editorial de Catequesis en Familia.
La investigación bíblica, la selección doctrinal, la organización catequética y la revisión final han seguido los criterios editoriales propios del proyecto y las fuentes oficiales de la Iglesia Católica.
Que Santa María Magdalena nos enseñe a buscar a Cristo, a permanecer junto a Él y a anunciar con alegría que vive.




