San Fermín, una fiesta que debe llevarnos a Cristo

San Fermín, una fiesta que debe llevarnos a Cristo

San Fermín: una fiesta que debe llevarnos a Cristo

Celebrar a un santo no puede reducirse a ruido, exceso o costumbre vacía. Apelar a San Fermín es recordar un estilo de vida cristiana, una llamada a la fe, a la conversión y al testimonio.

Ya dispuestos para la celebración de las fiestas de San Fermín, deseo que estos días sean una ocasión para ahondar en la experiencia de un santo que mucho nos debe enseñar. Me causa pena y dolor que las fiestas de tal santo puedan convertirse en una manifestación pagana, en un jolgorio superficial y en una diversión babilónica.

Apelar a San Fermín es apelar a nuestro estilo de vida cristiana. Todo lo demás, cuando queda marcado por rasgos superficiales y paganos, termina siendo una ofensa al santo que proclamamos.


La religiosidad popular: una puerta hacia Dios

La religiosidad popular, que tanto auge tiene y tuvo en la experiencia de la Iglesia Católica, traspasó fronteras. Ahí tenemos la gran labor que realizaron nuestros misioneros en países desconocidos y, de modo especial, en América.

Muchas comunidades cristianas de aquellas tierras agradecen todavía el impulso religioso que recibieron con pasión y amor. La vida de San Fermín es un estímulo para estos tiempos y debe ser faro de luz para tantos que desean conocer a Dios.

Clave catequética

La piedad popular no debe apagarse ni despreciarse; debe ser evangelizada, purificada y conducida hacia Cristo. Una procesión, una imagen, una fiesta patronal o una romería solo alcanzan su verdad cuando ayudan a rezar, convertirse y vivir mejor el Evangelio.


Fiestas, santos y santuarios: caminos de encuentro

Las fiestas de Jesucristo, la memoria de los santos, las peregrinaciones a los santuarios y las devociones a la Virgen María, en sus diversas advocaciones, han de ayudar a crecer en el encuentro con Dios.

Esta religiosidad popular, piedad popular o espiritualidad popular es una forma especial de promover la Palabra de Dios. La talla de Cristo, la figura del santo o la imagen de la Virgen María invitan al corazón a entrar en el misterio gozoso de la fe.

Los peregrinos, romeros, cofrades y hermanos «deben sentirse en su casa como esperados, amados y mirados con ojos de misericordia».

Papa Francisco
21 de enero de 2016

Sea quien sea —joven o anciano, rico o pobre, enfermo, probado o turista curioso—, cada persona puede encontrar en la fiesta cristiana una acogida verdadera, porque en cada uno late un corazón que busca a Dios, a veces sin darse cuenta plenamente.

Fiesta vacía Fiesta cristiana Fruto esperado
Ruido, exceso, consumo y olvido del santo. Oración, memoria agradecida, alegría limpia y testimonio público de fe. Conversión, deseo de volver a Dios y compromiso cristiano en la vida ordinaria.

Los santos nos empujan hacia la santidad

La vida y el testimonio de los santos nos animan a seguir luchando en el camino hacia la santidad. Pero no puede existir verdadera caridad si no dejamos que el Espíritu del Señor sea el dueño y patrón de nuestra vida.

Recordar y aclamar a los santos conlleva dejarse trabajar por Dios misericordioso. Una fiesta patronal no debería terminar solamente en música, comida o tradición social; debería abrir un camino hacia la confesión, la Eucaristía, la oración y el servicio al prójimo.

«El Santuario es la casa del perdón, donde cada uno se encuentra con la ternura del Padre que tiene misericordia de todos, sin excluir a nadie».

Papa Francisco
21 de enero de 2016

Consejo catequético para trabajar en familia o en grupo

Antes de participar en una fiesta patronal, conviene hacerse tres preguntas sencillas: ¿qué santo celebramos?, qué nos enseña su vida? y qué gesto concreto de fe podemos vivir estos días?

Puede proponerse a niños, jóvenes o familias un pequeño compromiso: visitar la iglesia, rezar ante la imagen del santo, confesarse, participar en la Misa, realizar una obra de caridad o evitar expresamente aquello que contradiga el espíritu cristiano de la fiesta.

Para vivir cristianamente las fiestas de San Fermín

  • Participar en la Misa y no separar la fiesta del encuentro con Cristo.
  • Conocer la vida de San Fermín para no reducir su memoria a un símbolo vacío.
  • Vivir la alegría con limpieza, evitando excesos que degraden la dignidad propia o ajena.
  • Rezar por Pamplona y por Navarra, para que la fiesta conserve su raíz cristiana.
  • Practicar una obra de misericordia como signo concreto de devoción verdadera.
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Oración final

San Fermín, testigo de Cristo y pastor fiel, ayúdanos a celebrar tu fiesta con corazón cristiano. Líbranos de vaciar de Dios aquello que nació para llevarnos a Él. Enséñanos a vivir la alegría limpia, la fe valiente y la caridad verdadera.

Que nuestras fiestas no sean olvido del Evangelio, sino ocasión de encuentro, conversión y esperanza. San Fermín, ruega por nosotros. Amén.