por Catequesis en Familia | 27 May, 2016 | La Biblia
Lucas 7, 11-17. Domingo de la 10.ª semana del Tiempo Ordinario. El Señor muestra un particular «cuidado, un especial amor» por las viudas.
En seguida, Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba. Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: «No llores». Después se acercó y tocó el féretro. Los que los llevaban se detuvieron y Jesús dijo: «Joven, yo te lo ordeno, levántate». El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre. Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo». El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.
Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
Lecturas
Primera lectura: Primer Libro de Reyes, 1 Re 17, 17-24
Salmo: Sal 30(29), 2-6.11-13
Segunda lectura: Carta de san Pablo a los Gálatas, Gál 1, 11-19
Oración introductoria
Dios mío, tan grande es tu amor que no dejas de compadecerte de mí, a pesar de mis debilidades, porque digo y no hago, ofrezco y no cumplo. ¡Ven a iluminar mi oración! Dame la gracia que me hará crecer en amor y en fidelidad.
Petición
Señor, quiero ser todo para Ti, concédeme olvidarme de mis preocupaciones para poder escucharte.
Meditación del Santo Padre Francisco
Jesús tiene la capacidad de sufrir con nosotros, de estar cerca de nuestros sufrimientos y hacerlos suyos. Jesús se compadeció de esta viuda que había perdido a su hijo. Sabía lo que significaba una mujer viuda en ese tiempo.
El Señor tiene un amor especial por las viudas, y las cuida. Pienso también que esta viuda es un icono de la Iglesia, porque también la Iglesia es en cierto sentido una viuda: El Esposo se ha ido y Ella camina en la historia con la esperanza de hallarlo, de encontrarse con Él. Y Ella será la esposa definitiva. Pero mientras tanto Ella, la Iglesia, ¡está sola! El Señor no está visible. Tiene una cierta dimensión de viudez… Esta Iglesia valiente, que defiende a sus hijos, como la viuda que iba donde el juez corrupto para defender, defender y finalmente ganó. ¡Nuestra Madre Iglesia es valiente! Tiene el coraje de una mujer que sabe que sus hijos son suyos, y debe defenderlos y llevarlos al encuentro con su Esposo.
Santo Padre Francisco
Homilía del martes, 17 de septiembre de 2013
Meditación del Santo Padre emérito Benedicto XVI
Así les habló a los discípulos, expresando con la metáfora del sueño el punto de vista de Dios sobre la muerte física: Dios la considera precisamente como un sueño, del que se puede despertar.
Jesús demostró un poder absoluto sobre esta muerte: se ve cuando devuelve la vida al joven hijo de la viuda de Naím y a la niña de doce años. Precisamente de ella dijo: «La niña no ha muerto; está dormida», provocando la burla de los presentes. Pero, en verdad, es precisamente así: la muerte del cuerpo es un sueño del que Dios nos puede despertar en cualquier momento.
Este señorío sobre la muerte no impidió a Jesús experimentar una sincera compasión por el dolor de la separación. Al ver llorar a Marta y María y a cuantos habían acudido a consolarlas, también Jesús «se conmovió profundamente, se turbó» y, por último, «lloró». El corazón de Cristo es divino-humano: en él Dios y hombre se encontraron perfectamente, sin separación y sin confusión. Él es la imagen, más aún, la encarnación de Dios, que es amor, misericordia, ternura paterna y materna, del Dios que es Vida.
Santo Padre emérito Benedicto XVI
Ángelus del domingo 9 de marzo de 2008
Propósito
Hacer una visita al Santísimo Sacramento para escuchar lo que Dios me quiere decir hoy y dejarlo entrar en nuestra vida.
Diálogo con Cristo
Señor, sé, como decía san Agustín, que las aflicciones y tribulaciones que a veces sufrimos nos sirven de advertencia y corrección, y que si tuviera la fe debida, no temería a nada ni a nadie, porque todo pasa para nuestro bien, si sabemos poner todo en tus manos. Pero bien conoces mi debilidad, mi necesidad de sentir tu consuelo y tu presencia, ven a mi corazón, que quiere resucitar contigo, para poder experimentar el amor de Dios.
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Evangelio del día en «Catholic.net»
Evangelio del día en «Evangelio del día»
Evangelio del día en «Orden de Predicadores»
Evangelio del día en «Evangeli.net»
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por Varios en internet | CeF | 21 Mar, 2014 | Primera comunión Dinámicas
Esta parábola habla de la alegría de Dios. Dios es alegre. Interesante esto: ¡Dios es alegre! ¿Y cuál es la alegría de Dios? La alegría de Dios es perdonar, ¡la alegría de Dios es perdonar! Es la alegría de un pastor que reencuentra su oveja; la alegría de una mujer que halla su moneda; es la alegría de un padre que vuelve a acoger en casa al hijo que se había perdido, que estaba como muerto y ha vuelto a la vida, ha vuelto a casa. ¡Aquí está todo el Evangelio! ¡Aquí! ¡Aquí está todo el Evangelio, está todo el cristianismo! Pero mirad que no es sentimiento, no es «buenismo». Al contrario, la misericordia es la verdadera fuerza que puede salvar al hombre y al mundo del «cáncer» que es el pecado, el mal moral, el mal espiritual. Sólo el amor llena los vacíos, las vorágines negativas que el mal abre en el corazón y en la historia. Sólo el amor puede hacer esto, y ésta es la alegría de Dios.
Santo Padre Francisco. Ángelus del domingo 15 de septiembre de 2013
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La parábola del hijo pródigo es referencia en toda la Cuaresma. En los siguientes enlaces presentamos diversos audiovisuales, de distintas procedencias y para distintas edades, que abordan este texto evangélico.
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El hijo pródigo – Parábola en dibujos animados
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El hijo pródigo – Canción del Padre Edgar Larrea
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Texto de la parábola en el Evangelio según san Lucas 14, 1-32
Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos.» Entonces les dijo esta parábola. «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: «Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.» Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión. «O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: «Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.» Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» Dijo: «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: «Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.» Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. «Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: «¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.» Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: «Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus siervos: «Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.» Y comenzaron la fiesta. «Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: «Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.» Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: «Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!» «Pero él le dijo: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado.»»
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por CEF | NOTICIAS CRISTIANAS | 28 Sep, 2012 | Postcomunión Narraciones
Érase una pobre viuda que no tenía más que un hijo, y, desgraciadamente, era un malvado. La pobre madre no tenía más consuelo ni más refugio que sus oraciones a la Virgen, suplicándole que se apiadase de aquel hijo.
El joven un día perseguido y acosado por la justicia se escapó al campo, llegó a un paraje solitario en que había una capilla. Como estaba rendido de cansancio entró en ella para descansar. Se apoyó en una columna y alzó los ojos hacia el altar.
Vio una hermosa imagen de la Virgen nuestra Señora con el Niño en brazos.
El facineroso se acordó de su madre ¡Quería irse, y no podía! Y era porque aquella Señora le miraba a él con tanta dulzura y compasión, que parecía rogarle que no se fuese. De súbito cayó postrado calmando:
—¡Misericordia! ¡Madre mía, misericordia!
Al verle postrado y derramando muchas lágrimas, la Virgen le dijo al Niño:
—¡Hijo mío, perdona a este pecador arrepentido!
Pero Jesús respondió:
—No puede ser; sus maldades superan toda clemencia.
El pecador, que esto oía, sollozaba, se golpeaba el pecho, y exclamaba:
—Madre de desamparados, no me desampares tú también, tú refugio de pecadores.
—¡Hijo! –tornó a decir la Señora a su Hijo- por su madre, que fue tan devota de la tuya; por la preciosa sangre que derramaste para redimir al pecador; por las lágrimas de dolor que vierte el que está postrado a tus pies, ¡perdónalo!
—No puedo hacerlo sin faltar a la justicia –contestó el Señor.
El pecador al oírlo, se echó al suelo y empezó a golpearse la frente contra las losas del pavimento.
—Madre mía, Madre mía, ¿me he de condenar? ¿Serán para siempre cerradas las puertas del cielo para mí, que aunque tarde, abro los ojos a la luz y detesto mis culpas?
—Hijo mío –dijo la Virgen- ¿No pusiste en las santas enseñanzas de tus parábolas al hijo pródigo en lugar preferente en la mesa de su padre? ¿Qué más que otros ha hecho este pecador?
—Se rebeló contra Dios.
—Ahora se le humilla y adora postrado.
—Ha faltado a mis mandamientos.
—Ahora los acata pidiéndote perdón y misericordia.
—Ha causado graves daños con sus escándalos y mal ejemplo.
—Ahora edificará con su conversión.
—Ha sido mal hijo.
—Su madre le ha perdonado.
—Sus crímenes son muchos.
—Más son sus lágrimas de dolor y arrepentimiento.
Y bajándose la piadosa Señora del altar, colocó en él a su Hijo que tenía en brazos, se hincó de rodillas y le dijo:
—¡Hijo! ¡Aquí postrada te pido la gracia de este pecador!
—¿Qué hacéis? ¿Qué hacéis, Madre mía? –dijo el Dios Niño alzando a la Señora-. ¿Quién vio nunca a una madre arrodillarse ante su hijo? Alzad, madre mía, y séale perdonado a aquel que tanto en vuestra misericordia y valimiento confió.
Al oír esta clemente sentencia, el pecador alzó los ojos, abrió enajenado sus brazos, dio una voz de júbilo supremo, y murió, pues su dolor había sido tal, que le había partido el corazón en el pecho.
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Noticias Cristianas: «Historias para amar a la Virgen n.º 9»
en Historias para amar, pp. 48-49
por CeF | Juan Luque Martos | 28 Sep, 2009 | Primera comunión Características
En esta etapa, conocida como la edad del uso de razón, suele tener lugar el despertar de la conciencia. A partir de ahora cobrará un nuevo protagonismo el medio escolar, pues su influencia se extenderá a todos los ámbitos, incluido el de la educación en la fe. Igualmente, el niño se adentrará en un nuevo entorno: la comunidad parroquial, donde se dará inicio a la preparación para la Iniciación Sacramental.
El niño vivirá estos años su religiosidad con gran naturalidad, aunque su dependencia de los adultos hará que sea una religiosidad muy tributaria del medio en el que se desenvuelve: si participa de «»“ambientes de fe” los asumirá plenamente; si los adultos de su medio circundante están lejos de la práctica religiosa, él también vivirá desde la lejanía sus incipientes compromisos de fe.
Los rasgos psicológicos de este nivel nos dicen que:
- Nos encontramos ante una etapa psicológicamente tranquila; es esta una época feliz, donde el niño se abre a la vida con una gran curiosidad.
- En cuanto al desarrollo de su inteligencia se inicia la capacidad razonadora y aparece el pensamiento lógico-concreto. El lenguaje se hace rico y expresivo, pues también aumenta su capacidad de comprensión y de escucha.
- Predomina el sentido positivo: el niño se adapta bien a su entorno, suele ser fácil de conformar y no acostumbra a ser muy crítico con los adultos.
- Su sociabilidad abierta le hace sentirse muy cómodo con los demás. El egocentrismo, típico de los años anteriores, va siendo superado. Ya distingue nítidamente entre realidad y fantasía.
- En su trato familiar sigue siendo muy afectivo, aunque ahora los compañeros ocupan un lugar preponderante. Sus sentimientos se muestran muy cambiantes, pues se siente muy influido por las situaciones por las que atraviesa.
- Vive con gusto las virtudes humanas: generosidad, compañerismo, sinceridad… Le gusta agradar a los adultos y que aprueben su conducta.
- Es capaz de elaborar escalas de principios morales, al tiempo que ya posee conciencia clara de lo que debe regular en su comportamiento: es un momento ideal para la formación de hábitos.
Orientaciones educativas
Conforme la personalidad va aflorando, conviene estar atentos a las diferencias individuales, pues el tratamiento educativo será distinto con niños tímidos y distantes que con los emprendedores y extrovertidos, que todo lo expresan en acción exterior.
Igualmente, ya empezarán a establecerse pequeñas diferencias en las maneras de expresar la religiosidad en los niños y en las niñas, sobre todo al final de este periodo, hacia los nueve años.
Entre otras destacamos las siguientes líneas metodológicas:
- Necesidad de una estrecha colaboración entre los padres y los educadores: el niño necesita modelos referenciales de conducta. Familia y colegio deben ir juntos en el terreno de los criterios.
- Trasmitir de manera elemental, pero no fragmentaria, los principales misterios de la fe y de la vida cristiana. Ir explicando el pecado como algo que ofende a Dios y a los demás.
- Despertar actitudes de amor filial al Padre; imitar la vida oculta de Jesús: ofrecer el estudio, deseos de obedecer a los padres…; aprender a descubrir la presencia del Espíritu Santo en sus vidas: nos inspira, nos da fortaleza y alegría…
- Valorar los sentimientos éticos y filantrópicos como medio de desarrollar la religiosidad, aprovechando ciertos momentos: Domund, Navidad, sentirse solidario en situaciones de catástrofes…
- Momento idóneo para que el niño vaya superando el estar centrado solo en la oración de petición. Fomentar las acciones de gracias, las oraciones de alabanza a Dios y de petición de perdón.
- Tiempo muy adecuado para que se vaya afianzando en las oraciones tradicionales. A estas edades la repetición no cansa, es más, da seguridad. Al terminar este tramo de edad debe conocer muy bien las principales fórmulas y oraciones de siempre.
- Ver rezar a sus padres y a los seres queridos les afianzará en estos afanes. El Compendio del Catecismo nos recuerda: «La familia cristiana es llamada Iglesia doméstica, porque manifiesta y realiza la naturaleza comunitaria y familiar de la Iglesia en cuanto familia de Dios. Cada miembro, según su propio papel, ejerce el sacerdocio bautismal, contribuyendo a hacer de la familia una comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y cristianas y lugar del primer anuncio de la fe a los hijos» (Compendio del CEC, n. 350).
por CeF | Juan Luque Martos | 28 Sep, 2009 | Despertar religioso Características
El tramo de los 3-6 años es conocido como el del «verdadero despertar religioso». Nos encontramos ante un momento de maduración psicológica del niño, en el que la religiosidad va a arraigar, al tiempo que surgen los primeros niveles de fe y el nacimiento de la conciencia ética.
El gran objetivo de la formación religiosa en esta etapa será el de configurar el sentido de Dios, que se presentará bajo la figura acogedora del Padre.
Los rasgos psicológicos de este nivel nos dicen que:
- La dependencia afectiva de los adultos sigue vigente.
- Se da una fuerte carga de mimetismo: imita mucho a los niños con los que convive.
- Es comparativo, envidioso y a veces celoso.
- Ya está en disposición de aprender a dominar sus tendencias posesivas y sabe distinguir lo propio de lo ajeno.
- Existe un predominio del lenguaje sensorial, al tiempo que crece el comprensivo y el expresivo. Es la etapa de fabulación por excelencia.
- Surgen los primeros conceptos éticos: comienza a diferenciar la verdad de la mentira.
- Su religiosidad es antropomórfica: se imagina lo divino en términos humanos.
Orientaciones educativas
Junto a la familia —cauce natural y privilegiado para la transmisión de la fe—, el entorno escolar —cauce cada más organizado— comienza a jugar un importante papel: la interacción familia-colegio es fundamental. No hay que olvidar que, desde la afectividad, será donde más profundamente grabadas queden las actitudes y los valores esenciales de la religiosidad.
Entre otras, destacamos las siguientes líneas metodológicas:
- Tender hacia una transmisión de la fe elemental y sencilla: crear el clima adecuado en el que el niño desee hablar con Dios con espontaneidad y confianza.
- Rezar en familia. Que el niño vea rezar a sus padres y a sus seres queridos es algo primordial. Un antiguo proverbio pedagógico afirma que «los niños no obedecen, imitan».
- A estas edades, la educación en la fe es más práctica y activa que teórica: el niño piensa por el gesto y comprende por la acción… Enseñarles a hacer la genuflexión ante el Sagrario vale más que cualquier explicación sobre la presencia eucarística.
- Enseñar al niño a referir a su Padre Dios cuánto ocurra en su vida: ofrecer una pequeña herida, dar gracias por las cosas buenas que tiene en su casa…, esa será la manera de iniciarles en una incipiente unidad de vida.
- Hacer comprender a los niños que el Señor desea que comportamos nuestras cosas con los demás: la generosidad, la capacidad de donación, se aprende practicándola.