Historia del Santo Rosario – Dinámica

Historia del Santo Rosario – Dinámica

Os presentamos una breve dinámica sobre el Santo Rosario para aprender la historia de esta devoción de forma amena y divertida. 

Recomendamos hacer esta dinámica con grupos pequeños de niños, ya sea en el aula o en familia.

La dinámica consiste en imprimir cada ficha histórica, colorearlas, leerlas ordenadamente y finalmente hacer un mural pegándolas todas en una cartulina.

Podéis acceder a los dibujos en tamaño real pulsando cada imagen o en los enlaces situados encima de los dibujos.


Historia del Santo Rosario


1. Salmos de David 2. Cordeles de cuentas
Historia del Santo Rosario 1 Historia del Santo Rosario 2
3. El Padre Nuestro 4. El Ave María
Historia del Santo Rosario 3 Historia del Santo Rosario 4
5. La devoción 6. El Rosario
Historia del Santo Rosario 5 Historia del Santo Rosario 6
7. Rosario y familia 8. Misterios Luminosos
Historia del Santo Rosario 7 Historia del Santo Rosario 8

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Fuente original: Florida Center for Peace

La Biblia más infantil: La historia más bonita

La Biblia más infantil: La historia más bonita

Os vamos a contar, poco a poco, una historia muy bonita que comienza al principio del Mundo, y que, todavía, no ha terminado.

Se llama la «Historia Sagrada». Veréis, primero, cómo Dios creó un mundo maravilloso. Luego, cómo el hombre lo estropeó al desobedecer a Dios. Y, por fin, cómo Dios envió a su Hijo para salvar a los hombres. Es una historia en la que aparecen muchos personajes. La iréis conociendo poco a poco. Está en este libro santo que tengo en las manos: la Biblia.


«¡Que escuche siempre, con amor, la Palabra de Dios!»

* * *


La CreaciónCreación del Mundo

Al principio no existía nada, solo Dios. Como lo puede todo, Dios creó todas las cosas con su palabra poderosa.

Dijo Dios: «Hágase la luz», y aparecieron el cielo el Sol, la Luna, las estrellas, los planetas, los cometas…


«¡Qué grande eres, Señor!»

* * *


La CreaciónLos animales

Creó Dios el mar y la tierra, y los puso cada uno en su sitio, separados por las playas de arenas y rocas. Y dijo Dios: «Que vuelen aves en el aire y naden peces en el mar». Y el aire se llenó de aves, y el mar se llenó de peces de todas clases y colores. «Que llenen la tierra animales, grandes y pequeños, fieras y ganados». Y aparecieron los caballos y los ciervos, los leones y los tigres, elefantes, serpientes, tortugas…


«¡Qué bonitos son los animales que Tú has creado!»

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La CreaciónAdán y Eva

Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a Nuestra imagen y semejanza. Será el que mande en los peces, en las aves y en todos los animales». Y creó Dios al hombre, cogiendo barro de la tierra. Pero le faltaba lo creacion05más importante, le sopló y le dio el alma.

Como el hombre estaba solo, hizo también a la mujer. Les puso a los dos Adán y Eva. Que así les llamó, en un jardín precioso, el Paraíso, para que allí vivieran, trabajaran y fueran sus guardianes.


«Gracias, Dios mío, por todas las cosas que me has dado».

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La CreaciónCreación de los ángeles

También creó Dios a los ángeles para que disfrutaran con Él en el Cielo. Pero algunos se hicieron malos y no querían obedecer a Dios. Hubo una lucha, y los ángeles buenos echaron a los malos fuera del Cielo. Los demonios, que son los ángeles malos, nunca más fueron felices, porque se apartaron para siempre de Dios.

Dios, como nos quiere mucho, cuando nacemos nos pone un ángel a nuestro lado, el ángel de la guarda, para que nos acompañe y nos cuide.

* * *


Oración al ángel de la guarda


Ángel de mi guarda,
dulce compañía,
no me desampares
ni de noche
ni de día.

No me dejes solo
que me perdería.

* * *


De La Biblia más infantil, Casals, 1999. Páginas 7-11

Coordinador: Pedro de la Herrán

Texto: Miguel Álvarez y Sagrario Fernández Díaz

Dibujos: José Ramón Sánchez, Javier Jerez

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Historia del rey David (II de II)

Historia del rey David (II de II)

El rey Saúl murió en una batalla combatiendo contra los filisteos: Viéndose rodeado por los arqueros enemigos y sabiendo que no tenía escapatoria porque todos venían contra él, dijo a su escudero: “Saca tu espada y traspásame para que no me maten ellos” Pero su escudero no se atrevió a obedecer, entonces, tomando Saúl su propia espada, se dejó caer sobre ella y murió.

David0201Tras la muerte de Saúl, David, aconsejado por Yahvé, se marchó a vivir a Hebrón, en el territorio de Judá. Cuando se enteraron los habitantes de aquellas tierras fueron a su encuentro y le ungieron como rey de Judá; pero los antiguos seguidores de Saúl no estuvieron conformes y se enfrentaron a David en otra larga guerra de la que salió victorioso nuevamente David, porque Dios estaba con él. Al final, después de tantas luchas, las tribus de Israel admitieron la autoridad suprema de David y, viniendo a Hebrón los ancianos representantes de todas ellas, le ungieron y le reconocieron como rey de todo Israel. Tenía treinta años, y reinó durante cuarenta años.

Lo primero que hizo tras su nombramiento fue establecer la capital del reino en Jerusalén Aún hoy día Jerusalén sigue siendo la capital de Israel, y trasladó a esta ciudad el Arca de la Alianza. Fue enorme el júbilo que vivió todo Israel en aquel día, y el propio David marchaba delante del Arca cantando y danzando cuando la traían en procesión hasta Jerusalén.

David0202David se instaló en la Casa Real construida para él, y enseguida pensó en edificar un templo que fuera como la casa de Dios, un lugar adecuado para el Arca de la Alianza porque la había depositado en un sitio fortificado que se llamó “La Ciudad de David” y colocado dentro de una tienda que era como un recuerdo del tabernáculo del desierto, pero él pensaba que la infinita Majestad de Yahvé se merecía mucho más. Anunció este propósito al profeta Natán, su sabio consejero, que estuvo de acuerdo; pero aquella misma noche Natán tuvo una revelación de Yahvé: “Anda y dile esto a David, mi siervo: Mi casa la edificará un hijo tuyo que será también rey se refiere a Salomón, yo seré para él como un padre y él será para mí como un hijo, y no apartaré de él mi misericordia. Continuará tu reinado que ya será para siempre, tu trono que durará para toda la eternidad” En estas palabras de Dios también está contenida la promesa del Mesías, Jesucristo, descendiente de David y por eso llamado “Hijo de David”, cuyo reino es continuación de aquel y no tendrá fin. El Señor sigue preparando a Israel para la venida del Mesías, que reinará definitivamente, no solo en los pueblos, sino más bien en los corazones de aquellos hombres y mujeres que lo quieran acoger y les traerá la paz y la salvación eterna.

Tras escuchar las palabras que Natán le transmitía de parte de Dios, David exclamó agradecido: “¡Mi Señor Yahvé!, ¿Quién soy yo y quién es mi casa para recibir tantas mercedes de Ti? ¡Qué grande eres Oh, mi Señor Yahvé! Ya que así lo quieres, bendice la casa de tu siervo David para que llegue a ser como Tú deseas”.

No creas que el reinado de David fue fácil; tuvo que combatir en muchas ocasiones. Además de contra los filisteos, combatió contra David0203los sirios, los edomitas, los amonitas; contra los partidarios de Saúl, como ya hemos dicho, y hasta contra uno de sus hijos que se llamaba Absalón y que trató de derrocarlo de su trono de Jerusalén, pero Yahvé siempre daba la victoria a David, aunque no sin esfuerzo. Le entristeció mucho tener que luchar contra su hijo Absalón porque este había formado un gran ejército que presentó batalla al de David. El rey, como tenía corazón de padre, dijo a sus jefes y capitanes que, aunque obtuvieran la victoria, respetaran la vida de su joven hijo, pero cuando la contienda estaba llegando a su fin, Absalón se vio perdido y se alejó montado sobre un mulo; algunos lo siguieron y, durante la carrera, Absalón pasó por debajo de una gran encina y se enredaron sus cabellos en las ramas, de modo que se quedó suspendido en el aire por los cabellos. Los que lo seguían le hirieron con flechas y allí colgado murió. Enterado David de la muerte de Absalón le lloró por mucho tiempo.

David0204Una tarde, paseaba David por la terraza de su Casa Real y desde allí vio a una mujer que estaba bañándose y era muy hermosa. Se interesó por ella y le respondieron: “Es Betsabé, la mujer de Urías, uno de tus capitanes” El rey, se dejó arrastrar por la pasión y, cegado por el deseo de poseerla, adulteró con ella y luego trazó un malicioso plan: Escribió una carta al jefe del ejército donde estaba Urías diciéndole: “En la próxima batalla pon a Urías en el punto donde la lucha sea más dura, y cuando el combate esté más violento retiraos y dejadle solo para que caiga muerto” Y así fue; Urías, que era un valiente capitán, murió combatiendo por su rey sin sospechar siquiera la trampa mortal en donde este le había situado. David tomó a Betsabé, mujer de Urías, por esposa después del periodo de duelo y ella le dio un hijo.

Pero estas cosas no pasan desapercibidas para Dios, quien le envió de nuevo al profeta Natán para decirle: “Quiero que juzgues esto que te voy a decir: Había en una ciudad dos hombres, uno rico y otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y muchas vacas, y el pobre solo tenía una pequeña oveja que había comprado y criado junto a él; hasta comía de su pan y bebía de su vaso. Por las noches dormía junto a él y le daba calor; la quería como si de una hija se tratase. Un viajero llegó a casa del rico, y, no queriendo este desprenderse de ninguna de las suyas para dar de comer al huésped, cogió la ovejita del pobre y la mató para preparar con su carne la comida” David, se indignó al escuchar el relato y exclamó: “¡El que hace una cosa así es digno de muerte!”

Natán dijo entonces a David: “¡Tú eres ese hombre!; con tanta gloria y tantos dones como te ha concedido Yahvé, ¿por qué has hecho lo que es malo a sus ojos? Has causado la muerte de Urías para poder tomar a su mujer; por eso te digo que el hijo que te ha nacido de ella morirá”

Al poco tiempo el niño enfermó severamente. Entonces David se dio cuenta de su grave pecado y rogó a Dios por el niño ayunando, durmiendo en la tierra y recogiéndose en intensa oración que mostraba a Yahvé su arrepentimiento sincero. De este momento se guardan escritas las oraciones que, afligido, dirigió al Señor y que constituyen un verdadero canto de penitencia, a la vez que dejan ver la confianza tan grande que David tenía en la infinita misericordia de Dios. Sin duda que a Jesús le agradará vernos rezar estos salmos igual que David, cuando le hemos ofendido y le pedimos perdón. Dicen así:


¡Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa!

Lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado.

Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.

Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve.

¡Oh Dios! Crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu de rectitud.

No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu Santo espíritu.

Señor, me abrirás los labios y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.


Aunque el niño murió como había profetizado Natán, David aceptó sin quejarse la voluntad de Dios, pero Yahvé se conmovió con el sincero arrepentimiento del rey y por medio de Betsabé le dio un nuevo hijo que vendría a ser muy importante y se llamó Salomón.

David murió siendo viejo y dejó su trono en manos de su hijo Salomón, al que aconsejó en sus últimos momentos: “Sé fiel a Yahvé, tu Dios, hijo mío; ve por sus caminos y guarda sus mandamientos como están escritos en La Ley de Moisés, de manera que cumpla Yahvé su palabra, la que a mí me ha dado, diciendo: Si tus hijos siguen su camino ante Mí en verdad y con todo su corazón y toda su alma, no te faltará jamás un descendiente sobre el trono de Israel”

David0205Una de las devociones más piadosas, que podemos tomar del rey David, son sus oraciones a Dios, que componía para ser recitadas y cantadas en diversas ceremonias usando instrumentos musicales de cuerda como el salterio o el arpa. Son los salmos, como por ejemplo el que hemos leído antes. Son cantos de alabanza a Dios, o de esperanza en Dios; otros son de agradecimiento, otros de arrepentimiento por los pecados o para suplicar gracias a Dios; y otros tienen contenido profético, como el impresionante salmo 22 que describe el sufrimiento que tuvo Jesús en la cruz, nada menos que diez siglos antes de que ocurriera y dice así:

¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?…

Cuantos me ven se burlan de mí, abren los labios y menean la cabeza.

“Se encomendó a Yahvé –dicen-; que Él lo salve”…

Me rodean como perros, me cerca una turba de malvados;

Han taladrado mis manos y mis pies. Y puedo contar todos mis huesos.

Ellos me miran y contemplan. Se han repartido mis vestidos y echan suertes sobre mi túnica.

David0206¿No es esto lo que ocurrió cuando crucificaron a Jesús? Si lees la pasión del Señor en los Evangelios encontrarás que estos hechos sucedieron así.


Vocabulario

Adulterio: Unión carnal ilegítima de hombre con mujer siendo uno de los dos casado o ambos

Afligido: Tiste, dolido, sin consuelo

Derrocar: Quitar el poder y expulsar de su trono de rey

Hisopo: Palo corto, o mango metálico que, mojándolo, sirve para asperger el agua en los templos e iglesias

Holocausto: Sacrificio en el que se mata a un animal y se quema su carne completamente en un altar ofreciéndolo a Dios

Mercedes: Detalles de amor, favores, gracias, regalos


Para la catequesis

  • ¿Contra qué mandamiento o mandamientos pecó David al adulterar con la mujer de Urías? ¿Qué consecuencias se derivaron de aquello?
  • ¿Qué hizo David al reconocer la gravedad de lo que había hecho? A pesar de tan grave pecado ¿le perdonó Dios?, ¿por qué? ¿Qué Debemos hacer si nos vemos pecadores ante Dios?
  • Los Salmos de David son oraciones llenas de piedad y belleza. Jesús, la Virgen y san José los conocían y rezaban. Aún hoy día se siguen rezando con devoción en la Iglesia; muchos se recitan en la Santa Misa cuando, en la liturgia de la palabra, el lector dice: “Salmo responsorial:”. Pide a tus padres o al sacerdote que te enseñen alguno más.
  • ¿Por qué decimos que el Mesías es hijo de David?
Historia del rey David (I de II)

Historia del rey David (I de II)

Recién llegados a la tierra prometida, los israelitas estuvieron, durante cierto tiempo, gobernados por jueces, como Gedeón o Sansón, que Dios les ponía para resolver las disputas que surgían entre ellos. Esto fue bueno, pero en el aspecto político estaban muy disgregados, no era una verdadera nación organizada, lo cual les hacía más vulnerables ante las acometidas de los pueblos enemigos. Así que comprendieron que deberían renunciar cada una de las tribus a una parte de su libertad en pro del bien común y, con la ayuda de Dios, se unieron bajo la autoridad de un solo rey para todo Israel.

david01El primer rey se llamó Saúl, pero su comportamiento no agradó por completo a Dios y fue sustituido por David, el más importante de todos; un rey muy valiente, que tenía además un notable talento artístico, pues le gustaba la música, la danza y la poesía; capaz de realizar las hazañas más heroicas y también de ofender gravemente a Dios. Pero el rey David supo reconocer sus errores y arrepentirse sinceramente de sus pecados confiando en la misericordia infinita de Yahvé. De su descendencia nacería Jesucristo, el Mesías prometido y el salvador del mundo.

Estamos en el año 1000 antes de Jesucristo al final de la época de los jueces de Israel. El santuario de Yahvé estaba instalado en una ciudad llamada Silo, en el centro de la tierra de Canaán. Allí, junto al Arca de La Alianza, vivía y dormía un muchacho a quien su madre, agradecida, había consagrado a Yahvé. El chico se llamaba Samuel y estaba bajo la tutela del sacerdote Helí, que era juez de Israel.

Samuel servía a Dios con alegría y sencillez de corazón.

david02Una noche, Samuel oyó la voz de Dios que le llamaba: “¡Samuel!” Él contestó: “Heme aquí” que significa “aquí estoy” y corrió a Helí para decirle: “Me has llamado y aquí estoy” Helí le dijo: “Yo no te he llamado, vuelve a acostarte” Pero, al momento, de nuevo le llamó Yahvé: “¡Samuel!” Y otra vez corrió hasta Helí para decirle: “Aquí estoy porque me has llamado” Y Helí le volvió a decir que se acostara, que no había sido él. Lo mismo ocurrió una tercera vez y Helí comprendió que era Yahvé quien llamaba al joven así que le dijo: “Anda, acuéstate y si vuelves a oír esa voz, contéstale: Habla Yahvé, que tu siervo escucha” Samuel se fue y se acostó. Vino Yahvé y nuevamente le llamó: “¡Samuel, Samuel!” Él contestó: “Habla Yahvé, que tu siervo escucha” Entonces Dios le habló por primera vez.

Este breve episodio nos sirve para conocer a Samuel, un chico sencillo, piadoso y estudioso que, cuando fue mayor, Llegó a ser muy afamado en Israel. Todos le tuvieron por un verdadero profeta y por un santo, y Dios le continuó hablando a lo largo de su vida.

Fue Samuel profeta y Juez de Israel durante muchos años y gozaba de gran autoridad, pero sus hijos se mostraron indignos de seguir el importante oficio de su padre. Un día, vinieron a él los ancianos y le propusieron: “Como tú eres ya viejo, queremos tener un rey como tienen otros pueblos; danos un rey que nos juzgue y que pueda salir al frente de nuestro ejército en los combates” Samuel rezó a Dios y Éste le comunicó que estaba conforme, que buscaría un rey para Israel.

Por aquel tiempo, un muchacho llamado Saúl había salido con un mozo de la casa de su padre a buscar unas asnas que se habían extraviado. Como se alejaron bastante de su casa y no las encontraban, el mozo le dijo: “Sé que hay un hombre que tiene fama de vidente y que mora en la ciudad próxima hacia donde nos dirigimos”. Este hombre no era otro que Samuel. No es que fuera vidente, en el sentido de “adivino”, es que sabía las cosas porque Dios le hablaba. Ya Dios había advertido a Samuel, el día anterior, que le visitaría un muchacho y que habría de ungirle como el primer rey de Israel. Samuel vio venir hacia él a Saúl que era muy alto y fuerte, y convocando un banquete con unos treinta hombres ungió la cabeza de Saúl con óleo delante de todos y le nombró rey de Israel de parte de Yahvé. Le dijo además donde podía encontrar las asnas que había perdido como prueba de que lo hecho era voluntad de Dios.

Saúl fue aceptado como rey por los israelitas y logró algunas hazañas combatiendo a los filisteos que era el principal pueblo enemigo; pero su comportamiento, a lo largo de su reinado, no agradaba a Yahvé, y dijo Yahvé a Samuel: “He rechazado a Saúl para que no reine más sobre Israel, llena tu cuerno de óleo y dirígete a Belén, a casa de un hombre llamado Jesé, pues he visto un rey para mí entre sus hijos”

Llegó Samuel a casa de Jesé y le invitó a celebrar un sacrificio a Yahvé con todos sus hijos. Le fueron presentando uno a uno, y cuando hubieron pasado los siete hijos varones dijo Samuel: “A ninguno de estos ha elegido el Señor ¿son todos tus hijos, no hay ningún otro?” Y él le respondió: “Queda el más pequeño, que está apacentando las ovejas” Samuel le dijo: “Manda a buscarle pues no nos sentaremos a comer hasta que no haya venido él” Jesé envió a buscarle. Era rubio, de hermosos ojos y bella presencia. Yahvé dijo a Samuel: “Levántate y úngele porque éste es” Samuel, tomando el cuerno del óleo lo derramó sobre su cabeza, ungiéndole a la vista de sus hermanos. Y desde aquel momento, y en lo sucesivo, el Espíritu de Dios vino sobre David, pues así se llamaba el chico, y se retiró de Saúl.

david03

El Señor fue disponiendo las cosas para que David reinase en Israel y, como hace tantas veces, se va sirviendo de circunstancias ordinarias: así, Saúl se encontraba enfermo, triste y sin consuelo. Uno de sus sirvientes había oído hablar del hijo menor de Jesé, de Belén de Judá, -ya sabemos de quién se trata-, un chico valiente y que, además, tocaba muy bien el arpa. Propuso que se trajera al muchacho para que, en los ratos de tristeza del rey, le alegrase con canciones. De esta manera Saúl conoció al joven David quien, con frecuencia, tocaba el arpa ante el rey para alegrarle el corazón.

Mientras tanto, los filisteos habían formado un gran ejército que amenazaba a Israel, y Saúl tuvo que organizar sus tropas para defenderse de ellos. Ambos ejércitos se situaron en sendas colinas, una enfrente de la otra, entre las cuales mediaba un valle.

De las filas del ejército filisteo se destacó un hombre llamado Goliat, tan grande y poderoso que parecía un gigante comparado con el resto de los soldados. Llevaba un casco de bronce, una coraza con escamas de bronce y unas botas de bronce; a su espalda llevaba un escudo también de bronce y en la mano una lanza enorme con una gran punta de hierro; una imponente espada colgaba de su cinturón dentro de su vaina. Delante de él iba su escudero.

Goliat se paró y, dirigiéndose a las tropas de Israel puestas en orden de batalla, les gritó desafiante: “¡Yo reto al ejército de Israel! Elegid de entre vosotros un hombre que baje y se atreva a pelear conmigo; si en la lucha me vence, quedaremos sujetos a vosotros y os serviremos; pero si le venzo yo y le mato, entonces vosotros seréis nuestros servidores”

Los israelitas se amedrentaron y nadie se atrevía a luchar contra Goliat, el cual se envalentonaba más y más, saliendo cada mañana y cada tarde a repetir su desafío.

Jesé, que tenía a sus tres hijos mayores en el ejército de Israel, encargó a David que llevara alimentos a sus hermanos y se enterase de si se encontraban bien. David llegó al campamento y se acercó a la fila de soldados donde estaban sus hermanos. En aquel momento salió de nuevo Goliat, el gigante filisteo, y gritó lo de todos los días: “¿Quién se atreve a luchar conmigo?” Pero David, que lo oyó, preguntó a los que tenía cerca: “¿Quién es ese filisteo para insultar así al ejército del Dios vivo?” El rey Saúl vio a David y, extrañado, le mandó venir. Cuando David llegó a la presencia del rey dijo: “¡Que no desfallezca el corazón de mi señor por culpa de ese filisteo! Yo iré a luchar contra él” Pero Saúl le dijo: “Tú eres todavía un niño y él es un hombre de guerra desde su juventud” David replicó: “Cuando yo cuidaba los rebaños de mi padre y venía un león o un oso y se llevaba una oveja, yo le perseguía y le golpeaba hasta quitársela de la boca; he matado leones y osos, y ese filisteo será como uno de ellos. Yahvé, que me protegió antes, me protegerá también ahora” Hoy día ya no se ven leones ni osos por aquellas tierras, pero en tiempos de David no eran raros. Saúl le dijo: “vete y que Yahvé te acompañe”.

Vistieron a David con una coraza de bronce, casco y espada, pero cuando probó a moverse dijo: “No puedo ni andar con estas armas, no estoy acostumbrado” Y deshaciéndose de ellas tomó su cayado, eligió cinco chinarros del torrente que discurría cerca de allí, los metió en su zurrón de pastor y, con la honda en la mano, avanzó hacia el filisteo. La honda es un arma muy sencilla que frecuentemente llevan los pastores para ahuyentar a las alimañas o para obligar a las ovejas o al ganado a no abandonar el rebaño. Con la honda se lanzan las piedras mucho más lejos que con la mano. David confiaba más en su destreza con la honda que en las armas que le ofrecían para luchar.

david04Goliat se acercó poco a poco, y habló a David con desprecio: “¡Ven a mí, que voy a dar tu carne a los buitres y a las bestias del campo!” Dijo. Pero David le respondió: “Tú vienes a mí con lanza y espada, pero yo vengo contra ti en el nombre de Yahvé, Dios de los ejércitos, a quien has insultado. Te heriré y te cortaré la cabeza, y sabrá toda la tierra que Israel tiene un Dios”

El filisteo avanzó enfurecido hacia David, este se movió con rapidez, metió la mano en su zurrón, sacó un chinarro y lo lanzó con la honda. La piedra voló, y clavándose en la frente del filisteo lo derribó de bruces en tierra. Corrió David, se paró ante Goliat y, no teniendo espada a la mano, tomó la de él, sacándola de su vaina; lo mató y le cortó la cabeza.

Al ver los filisteos a su campeón muerto, se llenaron de pánico y desorganizados huyeron; pero el ejército de Israel salió tras ellos y los derrotaron fácilmente.

A partir de aquel día David entró plenamente al servicio del rey Saúl. Su fama de valiente se acrecentó durante las numerosas campañas de guerra que el rey le encomendaba. Siempre procedía con acierto y se le puso al mando de hombres de guerra mayores y con más experiencia que le respetaban y se sentían contentos de tenerlo por jefe.

david05Como salía siempre triunfante en las batallas contra los filisteos porque Yahvé estaba con él, las mujeres cantaban a coro en los pueblos: “Saúl mató a mil, pero David mató a diez mil” El rey Saúl, al ver la fama que iba alcanzando, le tomó envidia y un día en que estaba David tocando el arpa, le arrojó su lanza, pero David la esquivó y se clavó en la pared.

David comprendió que tenía que alejarse y se marchó a casa de Samuel, que ya era anciano, con quien estuvo un tiempo. Pero Saúl se había empeñado en atraparlo y matarlo, y enviaba hombres en su busca.

Un día se encontraba David escondido dentro de una cueva con algunos de sus partidarios, pues tenía muchos porque su reputación de hombre valiente y favorecido de Yahvé seguía acompañándole, y, casualmente, entró Saúl sin saberlo a hacer una necesidad. Los que estaban con David le decían: “¡Aprovecha ahora y mata al rey!” pero David respondió: “Líbreme Dios de hacer tal cosa; no pondré mi mano sobre el ungido de Yahvé” Y no se sirvió de su ventaja; pero, en un descuido, cortó a Saúl un trozo de su manto y se escondió para que no le viera.

Cuando el rey abandonó la cueva sin haberse percatado de nada, salió también David y se postró en tierra gritándole: “¡Oh rey, mi señor! Yo no pretendo hacerte daño ¡Mira, padre mío, mira!Le decía padre mío porque, como ya sabes, lo conocía desde muy joven En mi mano tengo la orla de tu manto; yo la he cortado, y si no te he querido hacer daño debes comprender que no hay en mí maldad ni rebeldía contra ti. Tú, por el contrario, quieres quitarme la vida. Deja que sea Yahvé quien nos elija a ti o a mí porque, por mi parte, no pondré mi mano sobre ti”

david06Saúl se conmovió al oír las palabras de David y se echó a llorar diciendo: “¿Eres tú, hijo mío, David?, veo que tú eres mejor que yo porque me has hecho el bien y yo te pago con el mal. Hoy has probado que eres bueno conmigo porque, habiéndome puesto Yahvé en tus manos, no me has matado. Que Yahvé te pague lo que has hecho hoy conmigo. Bien sé que tú serás quien reine sobre Israel, pero júrame que cuando llegue ese momento no te vengarás de mí ni de los míos”

Y David se lo juró para que se quedara tranquilo.

Vocabulario

Alimaña: Animal perjudicial para el ganado, como por ejemplo el lobo.

Apacentar: Dar pasto a los ganados.

Asno: Burro, pollino.

De bruces: Boca abajo.

Óleo: Aceite.

Tutela: Cuidado de una persona o de un menor en ausencia de sus padres.

Ungir: Signar con el óleo sagrado.

Vidente: Profeta.

Zurrón: Bolsa grande de pellejo o cuero que usan los pastores.

Para la catequesis

  • ¿Qué hizo la madre de Samuel para agradecer a Dios un favor recibido? ¿Eso fue bueno o malo para Samuel?
  • Sabemos que Dios nos llama a todos para que seamos santos. Dile todos los días a Jesús, como Samuel: “Me has llamado y aquí estoy”.
  • ¿Qué virtudes o cualidades aprecias en David que pudieran agradar a Dios?

Historia de Moisés (III de III)

Historia de Moisés (III de III)

Los Diez Mandamientos

Cuando hubo acabado de hablar a Moisés, Yahvé escribió con su dedo en dos tablas de piedra Los Diez Mandamientos de su Ley y se las dio a Moisés para que los transmitiera al pueblo de Israel.

Pero como tardaba bastantes días en bajar del monte Sinaí porque estaba aprendiendo muchas cosas que Dios le decía; el pueblo había obligado a Aarón a construir con los anillos y joyas de las mujeres un falso dios, un becerro de oro, para que marchase delante de ellos pues creían que ya no volverían a ver a Moisés. Entonces. Yahvé, al ver la idolatría de su pueblo pensó en exterminarlos a todos, pero Moisés intercedió de nuevo rogándole que se acordara de las promesas hechas a sus padres y el Señor se retuvo y no ejecutó su castigo. No obstante, cuando Moisés llegó hasta el campamento, tiró las tablas de piedra al suelo y las rompió encolerizado, luego gritó: “¡A mí los que estén con Yahvé!” Al momento se le unió la tribu de Leví (los levitas) y armados con espadas castigaron duramente a los culpables.

 

Moises0302_Becerro_de_oroRecuerda que la madre de Moisés era de la tribu de Leví, y que por tanto él también lo era, y no es de extrañar que los primeros en acudir a su llamada fueran los de su misma tribu. Desde aquel momento, los levitas fueron elegidos para el servicio de Dios, ejerciendo esta tarea durante muchos siglos hasta la llegada de Jesús, que convive con ellos y los nombra en el Evangelio.

Tras este episodio, Moisés fue llamado para subir al monte con otras tablas de piedra para que Yahvé escribiera de nuevo los diez mandamientos en ellas.

Permaneció en el monte cuarenta días y cuarenta noches ayunando y hablando con Yahvé.

Al bajar del Sinaí con las tablas en sus manos, tenía el rostro resplandeciente por haber estado hablando con Dios largo tiempo, y aunque Aarón y los representantes del pueblo tenían miedo de acercársele, él los tranquilizó y les transmitió las cosas que el Señor le explicaba sobre la Ley escrita en las tablas.

Por fin partieron de aquel lugar y Dios ya no quería ir delante de Israel como hasta entonces porque decía: “Este es un pueblo de dura cerviz” Pero, como siempre, Moisés intercedió ante Yahvé para que no abandonase su posición y consiguió que la nube de Dios marchara nuevamente delante del pueblo conduciéndolo por el desierto.


Una tierra que mana leche y miel

Ya estaban cerca de la tierra de Canaán, en un lugar llamado Cadés-Barnea, cuando Dios pidió a Moisés que enviara exploradores para reconocer el territorio que les tenía destinado. Moisés les recomendó: “Observad bien esa tierra, cómo es, qué gente la habita, si son fuertes o flojos, cómo son sus ciudades, si con murallas o sin ellas, qué tal son los terrenos, si fértiles o pobres, si hay o no hay árboles. Animaos y traed algún fruto de esa tierra”

Moises0303Se fueron los exploradores y al poco tiempo volvieron diciendo: “En verdad mana leche y miel en esa tierra, ved los frutos” Y traían frutos, entre ellos un racimo de uvas tan grande que tenían que levantarlo entre dos con un palo.

“Pero sus habitantes son muy fuertes, algunos parecen gigantes, y sus ciudades son grandes y están amuralladas”, dijeron. Esto desanimó a los israelitas que lloraron y murmuraron de Yahvé y de Moisés, y a pesar de que este último les instaba a no desfallecer, Dios castigó a los que dudaron de Él a no entrar en la tierra de Canaán.

Pero algunos de ellos se envalentonaron y salieron precipitadamente con la intención de invadirla cuanto antes; pero como la nube no se movía del campamento, Moisés les desaconsejó que hicieran tal cosa porque no era el momento que Yahvé había previsto. Y como no hicieron caso, los que salieron fueron derrotados por aquellos habitantes.


La presencia de Yahvé

De nuevo volvieron al desierto guiados por Yahvé. Cuando la nube de Yahvé se alzaba, el pueblo se levantaba y emprendía la jornada de camino; el Arca de La Alianza iba siempre delante, y cuando la nube no se alzaba, esperaban hasta el día en que ocurría y entonces se movían. De noche la nube se hacía de fuego y en el lugar en que se paraba allí acampaban los hijos de Israel.


Conspiración contra Moisés

También hubo quienes quisieron convencer al pueblo de que Moisés no tenía por qué ser el jefe; en concreto tres israelitas de los más distinguidos que se llamaban Coré, Datán y Abirón se le enfrentaron y arrastraron tras de sí a otros doscientos cincuenta hombres. Moisés los citó al día siguiente delante del Tabernáculo donde se guardaba el arca para ver la decisión que tomaba Yahvé. Éste habló a Moisés y dijo: “Di al pueblo que se aparte de las tiendas de esos impíos” A continuación se rompió el suelo debajo de ellos, abrió la tierra su boca y se tragó a los impostores con sus tiendas. Lugo, un fuego de Yahvé abrasó a los doscientos cincuenta hombres que les seguían.


Moises0304Yahvé hace brotar agua de la roca

Finalizando ya los cuarenta años de penalidades por el desierto volvieron a Cadés–Barnea, cerca de Canaan. En aquel lugar no había nada de agua y la nueva generación de israelitas se enfadó mucho con Moisés dudando de la ayuda de Yahvé porque decían: “¿Está o no está Yahvé con nosotros?”. Dios dirigió a Moisés y a Aarón, ya ancianos, hacia una determinada roca acompañados de los ancianos de Israel; allí, Moisés golpeó con su cayado la roca para que brotara agua, pero tardó un poco en salir y dudó un momento y volvió a golpear otra vez. Entonces brotó agua abundante a la vista de todos ellos. Pero Yahvé dijo a Moisés y Aarón: “Porque no habéis creído en mí santificándome a los ojos de los hijos de Israel, no introduciréis vosotros a este pueblo en la tierra que yo les he dado”. Moisés dio a aquel lugar el nombre de Masá, que significa tentación, y Meribá, que significa querella, porque el pueblo había tentado a Yahvé y se había querellado con Moisés.


La serpiente de bronce

Antes de llegar, todavía tuvieron que dar un rodeo y el pueblo, que estaba impaciente, murmuró otra vez contra Yahvé. Dios mandó serpientes venenosas que mordían a la gente y se morían muchos de ellos. Entonces se arrepintieron y de nuevo suplicaron a Moisés que intercediera ante Yahvé y les librara de las serpientes.

Moises0305Yahvé encargó a Moisés que fabricara una serpiente de bronce y que la alzara en un poste a la vista de todo el campamento; todo aquel que la miraba cuando era mordido por una serpiente, quedaba curado.

Hay mucha similitud entre aquella serpiente de bronce, que salvaba a quien la miraba, y el sacrificio redentor de Jesús para toda la humanidad, cuando fue clavado en la cruz y levantado a la vista de todos.

Él mismo anunció su muerte sobre la cruz recordando el episodio de la serpiente de bronce de Moisés.

¡En fin!, Muchas más cosas sucedieron durante este tiempo de peregrinación por el desierto; Moisés siempre estuvo intercediendo por su pueblo ante Yahvé a pesar de las muchas infidelidades. Hablaba con Dios cara a cara como se habla con un amigo y siempre les conseguía el perdón del Señor.


La llegada a Canaán

Moises0306Dios concedió a Moisés poder contemplar la tierra prometida desde lo alto de un monte cercano: el monte Nebo. Pero Moisés y Aarón murieron sin poder pisar la ubérrima tierra de Canaán a la que se llegaba tras cruzar el río Jordán, que por aquella estación del año venía muy caudaloso. Tomó el relevo Josué, el ministro de más confianza de Moisés, y cuando ya iban a cruzarlo, comenzando a pasar el Arca de La Alianza, se detuvieron las aguas río arriba y pudieron atravesarlo todos a pié como en el Mar Rojo. El Arca se mantuvo en medio del río mientras terminaban de pasar. Otra muestra más de la portentosa mano de Yahvé.

¡Y llegaron a la ansiada meta: Canaán, la tierra prometida! Atrás quedaban cuarenta años de dura prueba por el desierto. Pero el camino dentro de este rico país tampoco sería sencillo para el pueblo de Israel; lo iremos conociendo en los próximos episodios.

Como el pueblo de Israel caminó durante cuarenta años por el desierto hacia la tierra prometida, La Iglesia entera camina, peregrina en este mundo, hacia la patria del cielo, y también cada uno de nosotros en medio de las dificultades, hacia nuestra meta celestial; siempre consolados por la certeza de que Dios vela por nosotros como un padre amoroso lo hace por cada uno de sus hijos.

La Santa Iglesia nos explica que en muchos acontecimientos del Antiguo Testamento están anunciados, o prefigurados, otros que sucedieron cuando Jesucristo dio cumplimiento a toda La Ley con su venida al mundo. Así, por ejemplo, en esta historia, el paso del Mar Rojo es figura o anuncio del Bautismo; el “maná” lo es de La Eucaristía; la serpiente de bronce, de la Cruz de Jesús; la piedra de la que brotaba agua en el desierto es figura de Jesucristo que nos alimenta con su gracia; el Tabernáculo representa el Santuario del cielo; la sangre de los animales de la antigua alianza es figura de la sangre de Cristo y de su Nueva y definitiva Alianza con los hombres.


Vocabulario

Caudaloso: Con mucha agua

Cerviz: Parte posterior del cuello

Instar: Urgir la pronta ejecución de una cosa

Prefigurar: Representar con anticipación

Querella: Queja, acusación

Ubérrimo: Muy abundante y fértil


Para la catequesis

  • ¿Sabes en qué consiste la idolatría? ¿Tenemos ídolos en el mundo actual?, ¿se te ocurre alguno?
  • El Arca de la Alianza desapareció hace muchos siglos ¿Qué transportaba en su interior? ¿Crees que es necesario que aparezca en nuestros días? ¿Por qué?; si apareciera ¿crees que brotarían de su interior poderes extraños?
  • Sin duda sabrás cuántos son los mandamientos de la Ley de Dios. Recuérdalos todos en voz alta.
Historia de Moisés (II de III)

Historia de Moisés (II de III)

Después de ocho plagas, el faraón de Egipto seguía sin ceder. Yahvé envió otra más: Una gran oscuridad sobre Egipto que duró tres días, de modo que no se movía nadie por miedo a tropezar, menos en la tierra de Gosén, donde los israelitas veían brillar el sol igual que siempre.


La Pascua de Yahvé

Y como a pesar de todo, el faraón no hacía caso a Moisés, Yahvé anunció su última y más terrible plaga con la certeza de que tras ella, no solo dejarían salir a su pueblo, sino que hasta los mismos egipcios los forzarían a irse: 

Dijo Yahvé a Moisés y a Aarón: “Este mes será para vosotros el comienzo del año. Que cada casa tome una res joven y sin defecto, cordero o cabrito. El día catorce del mes lo sacrificarán por la noche y lo comerán, y Moises0201con su sangre pintarán los postes y los dinteles de las casas donde se coma. Deberá asarse a fuego y comerla acompañada de panes ácimos y lechugas silvestres. Si algo sobra, se quemará. Habréis de comerlo de pié, preparados para salir, con los vestidos ceñidos, los pies calzados y el báculo en la mano. Comed de prisa porque en la noche pasaré por Egipto y mataré a todos los primogénitos de su pueblo. Cuando el Ángel Exterminador pase por Egipto no entrará en las casas que estén marcadas con la sangre del animal sacrificado.

Guardaréis este rito perpetuamente para vosotros y para vuestros hijos, será el rito de La Pascua de Yahvé. Recordaréis que pasó de largo por las casas de los israelitas cuando castigó a Egipto.

Moises0202Y en medio de las tinieblas mató Yahvé a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde el primogénito del faraón hasta el menos importante.

Aquella noche resonó un gran clamor en todo Egipto pues no había casa en donde no hubiera algún muerto. El faraón, abatido por la pena, llamó a Moisés y a Aarón y les dijo: “Salid de nuestra tierra como habéis pedido, llevaos vuestras cosas, marchaos y dejadme”

Todos los egipcios tenían miedo a morir también y apremiaban al pueblo de Israel para que saliera.

Los hijos de Israel partieron aquella misma noche de las tierras de Egipto conducidos por Moisés hacia la tierra prometida; su número era de seiscientos mil, sin contar los niños y otros muchos que se les habían unido. Habían vivido en Egipto cuatrocientos treinta años cuando la poderosa mano de Dios los liberó de aquella dura esclavitud.

Moises0203Llevaban los huesos de José, según la voluntad que expresó al morir. Yahvé marchaba delante de su pueblo anunciando su presencia en forma de columna de nube durante el día y de columna de fuego por las noches, para señalarles el camino tanto de día como de noche.


El Faraón persigue a los israelitas. El paso del Mar Rojo

Cuando el faraón y sus cortesanos se vieron privados de los servicios que recibían de Israel, decidieron salir en su busca para obligarlos a regresar. El ejército egipcio se organizó con rapidez y divisó a los israelitas acampados cerca del Mar Rojo; estos, al verlos se asustaron muchísimo y llenos de temor clamaron a Yahvé, pero Moisés les tranquilizó: “No temáis, estaos tranquilos que Yahvé combatirá por vosotros”.

Moises0204Y dijo Dios a Moisés: “Diles que se pongan en marcha; levanta tu cayado y extiéndelo sobre el mar y divídelo para que el pueblo lo atraviese por en medio, en seco”.

La nube, que iba delante, se colocó detrás, entre Israel y el ejército egipcio, porque caía la noche; de ese modo hacía de barrera entre ambos pueblos para que no pudieran tocarse.

Cuando Moisés tendió su mano sobre el mar, Yahvé hizo soplar durante toda la noche un viento fortísimo que lo dejó seco y dividió las aguas. El pueblo de Israel pudo entrar a pié en medio del mar, y éste formaba para ellos una muralla a derecha e izquierda sin tocarlos.

Los egipcios iniciaron su persecución y entraron en el mar, los carros, con los caballos y los soldados, seguros de que allí mismo los atraparían, pero cuando se dieron cuenta del grave error que habían cometido ya no pudieron dar marcha atrás: las ruedas se hundían en la arena, los caballos y los carros se enredaban unos con otros, no conseguían avanzar, todos los esfuerzos resultaban inútiles. Entonces, una vez que hubieron pasado los israelitas, dijo Yahvé a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar” Y hecho esto, los egipcios sintieron el gran estruendo de las aguas que, impetuosamente, volvían a su estado ordinario cubriendo los carros, los soldados y los caballeros, y haciendo que todo el ejército egipcio pereciera ahogado. Al ver este prodigio, Israel creyó en Yahvé y en Moisés, su siervo.


Yahvé conduce a Israel por el desierto

Tras el paso por el Mar Rojo, el Señor condujo a su pueblo por el desierto durante cuarenta años antes de llegar a la tierra prometida (Canaán). Durante este tiempo tan largo, Dios quiere darse a conocer mediante muchas señales y prodigios milagrosos, todos a favor de Israel, y les muestra la predilección que siente por ellos. Pero también es tiempo de prueba, ya que en estos cuarenta años les suceden muchas vicisitudes, a veces difíciles de entender para ellos, que poco a poco van aquilatando su fe en Yahvé, el único y verdadero Dios.

Salieron del Mar Rojo y estuvieron tres días avanzando hacia el desierto sin encontrar agua hasta que vieron unos pozos que, al probarlos, contenían aguas amargas; Dios indicó a Moisés que arrojase un madero a las aguas las cuales se volvieron dulces y buenas para beber.

Moisés instaló, algo apartada del campamento, una tienda: “La tienda de la reunión” para que quien quisiese consultar algo al Señor lo hiciera desde allí. Cuando el que entraba era Moisés, el pueblo le seguía con la mirada, luego la nube de Yahvé bajaba y se detenía ante la puerta; entonces todo el pueblo se inclinaba y adoraba a Dios


Yahvé alimenta a su pueblo

Más adelante se les fue acabando la comida y un día apareció sobre el campamento una fina capa como de escarcha caída del cielo. Moisés les dijo: “Este es el pan que os da Yahvé para alimento”

Moises0205Los hijos de Israel recogieron esta capa a la que llamaron “el maná “ y prepararon el pan con ella. Nadie podía guardar para el día siguiente porque se estropeaba; solamente el día sexto de la semana guardaban para la fiesta y entonces no se estropeaba. El maná era como unas pequeñas semillas blancas que cuando se molían y tostaban sabían como las tortas de harina de trigo con miel, y sirvió de alimento constante al pueblo de Israel durante todo el tiempo que duró su peregrinación por el desierto, es decir, cuarenta años.

Acuérdate de que muchos siglos más tarde, Jesús declararía a sus discípulos que Él es el verdadero pan bajado del cielo que se queda en la Eucaristía. Y les recordaría: “Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron…Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que come de este Pan vivirá para siempre y el pan que yo le daré es mi carne para la vida del mundo”

Muchos discípulos no lo entendieron en aquel momento.

Como había escasez de carne, Moisés les anunció de parte de Yahvé que vendría el alimento llovido del cielo; y una tarde, aparecieron bandadas de codornices que cayeron sobre el campamento y así pudieron saciar sus deseos de comer carne.


Batalla contra Amalec

En otra ocasión, vino una tribu llamada Amalec (o amalecitas) para atacar a Israel y robarle las cosas que habían traído de Egipto. Moisés organizó la defensa y encargó a Josué, un ministro de mucha confianza, que eligiera hombres y formara un ejército para luchar contra Amalec, y le dijo: “Yo estaré en la cima de la colina con el cayado de Dios en la mano”. Durante el combate, mientras Moisés tenía las manos levantadas hacia el cielo rogando a Dios, ganaban los israelitas; pero si se cansaba y bajaba los brazos, entonces ganaba Amalec. Como la batalla duraba mucho tiempo, tuvieron que sentar a Moisés sobre una piedra y sujetarle los brazos entre dos para que no los bajara. Israel consiguió de este modo una gran victoria.

Fíjate cómo durante La Santa Misa, el sacerdote levanta los brazos cuando se dirige a Dios en diversos momentos para suplicarle con mayor afán, igual que hizo Moisés.


El acontecimiento más importante: la Alianza del Sinaí

mMoises0206Tres meses después de la salida de Egipto, llegaron a los pies del Monte Sinaí. Yahvé llamó a Moisés desde el monte y le dijo: “Dile a mi pueblo de mi parte: Si oís mi voz y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para Mí un reino de sacerdotes, una nación santa”

Era costumbre que el hijo primogénito se consagrase a Dios como sacerdote. Yahvé considera a todo Israel como el pueblo primogénito entre los demás.

Todos contestaron: “¡Haremos lo que nos diga el Señor!”.

A los tres días, el pueblo, convocado por Yahvé, estaba a los pies del monte. Una densa nube se situó en la cima, de la cual surgían grandes truenos y relámpagos y se oyó un muy fuerte sonido de trompetas. Moisés hablaba con Dios a la vista del pueblo y Éste respondía con el trueno lo cual les atemorizaba mucho y se mantenían a distancia. Moisés subió y allí escuchó del Señor los mandamientos y preceptos que quería que cumpliera el pueblo de Israel.

Moisés bajó del monte y les explicó lo que había oído del Señor; de nuevo el pueblo contestó: “Todo cuanto ha dicho Yahvé lo cumpliremos y obedeceremos”. Entonces Moisés construyó un altar con doce piedras, una por cada tribu, y ofreció un sacrificio solemne: Tomó sangre del animal sacrificado, que simboliza la fuente de la vida, y la aspergió primero sobre el altar, que representa a Dios, y luego sobre el pueblo diciendo: “Esta es la sangre de la alianza que hace con vosotros Yahvé sobre todos estos preceptos.”

A esta unión especial de Yahvé con su pueblo, por medio de la sangre, a los pies del monte se la conoce como La Alianza del Sinaí, en la que Dios acepta el sacrificio ofrecido por Moisés en nombre de todo Israel y se compromete a conducir hacia Canaán al pueblo elegido. Yahvé renueva así el pacto eterno que hizo con Abraham, y después con Isaac y con Jacob para ellos y para toda su descendencia. Siglos más tarde, Jesús renovaría para siempre la última y definitiva alianza de Dios con toda la humanidad por medio de la sangre de su propio sacrificio en la cruz, con estas palabras pronunciadas ante sus discípulos en la Última Cena: “Éste es el cáliz de Mi sangre, sangre de la Alianza Nueva y Eterna que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración Mía”.


Dios explica a Moisés cómo quiere que se le dé culto

Moises0207Nuevamente subió Moisés al monte y recibió de Dios instrucciones para construir el Arca de La Alianza, que era un arca pequeña que podían transportar entre cuatro personas porque llevaba dos barras de madera a lo largo; estaba cubierta toda de oro por dentro y por fuera, y portaba encima, en los extremos, dos querubines de oro puro que se miraban el uno al otro y que con sus alas cubrían el arca.

Dentro se guardarían las tablas de piedra con los mandamientos, que el mismo Dios entregaría a Moisés, y allí el Señor hablaría con Moisés.

Además del Arca, Yahvé le mandó fabricar:

  • Una mesa de madera cubierta de oro, para las ofrendas: El altar de las ofrendas.
  • Un candelabro de oro puro con siete lámparas.
  • Una tienda o Tabernáculo hecho con primorosas telas, cortinas y tapices, para colocar en su interior el Arca de La Alianza, que, a su vez, debería estar reservada detrás de un rico velo de tela.
  • Un altar de madera cubierta de oro para perfumar con incienso la habitación donde estuviera el arca: El altar de los perfumes.
  • Y fuera de la habitación, al aire libre, otro altar de madera y bronce para los sacrificios de los animales: El altar de los sacrificios.

Moises0208

Todo ello rodeado por un atrio de columnas y cortinas de 46 metros de largo por 22 de ancho.

Yahvé también indicó cómo deberían ser las vestiduras de los sacerdotes, con valiosos tejidos, piedras preciosas y bordados.

Que, por cierto, se parecen a las que usan hoy día los sacerdotes al celebrar La Santa Misa, y es un signo de la fidelidad que mantiene La Iglesia para seguir los deseos de Dios desde antiguo.

Por último, Yahvé ordenó que se descansara un día en la semana, el sábado, recordando que la creación del mundo la realizó en seis días, y el séptimo descansó.

Nosotros descansamos el domingo, día en que Jesús, con su resurrección, trajo la alegría de la salvación a toda la humanidad.


Vocabulario

Ácimo: Sin levadura

Aquilatar: Apreciar debidamente

Asperger: Rociar

Atrio: Espacio descubierto

Dintel: Parte superior de una puerta o ventana que carga sobre las jambas.

Jamba: Cualquiera de las dos piezas que, puestas verticalmente en los lados de las puertas o ventanas, sostienen su dintel.

Primogénito: El primero que nace.

Querubín: Una clase de ángel.

Res: Cabeza de ganado.

Rito: Conjunto de reglas establecidas para el culto.

Vicisitud: Suceso. Orden sucesivo o alternativo de cosas diferentes.


Para la catequesis

  • ¿Cómo hacía notar Yahvé su presencia entre el pueblo mientras marchaban por el desierto? ¿Está presente hoy Dios entre nosotros?, ¿dónde?
  • ¿Por qué levanta las manos el sacerdote en algunos momentos de la celebración de La Santa Misa? Pregúntaselo.
  • El mismo Yahvé dio instrucciones para confeccionar las vestiduras sagradas. ¿Sabes cómo se llama cada prenda de las vestiduras sagradas que usa el sacerdote en La Santa Misa? ¿Sabías que cada una tiene un significado? Pregúntale al sacerdote
  • ¿Cuál es el sacrificio que sella la Nueva y definitiva Alianza de Dios con los hombres?
Historia de Moisés (I de III)

Historia de Moisés (I de III)

Gracias a la bondad de José, los hijos de Israel marcharon a Egipto con sus familias huyendo del hambre que asolaba la tierra de Canaán. Allí se multiplicaron durante cuatrocientos años, viniendo a ser tantos que comenzaron a preocupar seriamente a un faraón (un rey) que ya no se acordaba de la prosperidad que José había conseguido para Egipto.

“Tenemos que obrar astutamente con este pueblo antes de que siga creciendo y no seamos capaces de dominarlo”, decía. Y comenzó a oprimir a los israelitas mandándoles penosos trabajos, y ordenando matar a los niños varones que nacieran de ellos.


Moisés, salvado de las aguas

Pero una mujer descendiente de Leví recuerda que era un hijo de Jacob o Israel tuvo un niño muy hermoso y lo escondió durante tres meses a salvo de los egipcios. Un día tomó una cestita de papiro, le untó betún para que no le entrara el agua y puso dentro al niño dejándolo en el río entre las plantas de la orilla. La hermana del bebé se quedaba vigilando a escasa distancia para ver qué sucedía.

Moises0102La hija del faraón bajó a bañarse en el río y, de pronto, vio la cestita entre las plantas y mandó a una de sus doncellas que la trajera. Al abrirla, vio al niño que lloraba, y compadecida de él se dijo: “es un hebreo” los israelitas también se llamaban hebreos. La hermana del niño, que estaba muy atenta, y era muy lista, se acercó y dijo a la hija del faraón: “¿Quieres que busque entre las mujeres hebreas alguna para que lo críe?” “Anda y ve” le respondió. La joven corrió a llamar a su madre y, cuando esta se presentó, la hija del faraón le dijo: “Toma a este niño, críamelo y yo te pagaré”

La madre del niño se lo llevó contentísima y lo crió hasta que fue grandecito, luego lo entregó confiadamente a la hija del faraón, quien lo adoptó como si fuera un hijo suyo y le puso de nombre Moisés que significa ‘salvado de las aguas’.

Cuando ya era adulto, Moisés salía a ver a sus hermanos pues no ignoraba que era hebreo. Un día vio que un egipcio maltrataba a uno de ellos; se enfadó tanto que mató al egipcio y lo sepultó en la arena.

Enterado el faraón, buscaba a Moisés para hacerle pagar por ello pero este huyó de Egipto y se refugió en un lejano país llamado Madián, en Arabia.

Allí llegó a un pozo de agua y se sentó a descansar. Vinieron al pozo siete mujeres, hijas del sacerdote de aquel lugar, para sacar agua y abrevar a sus rebaños; pero se acercaron unos pastores y las echaban de allí. Viendo lo que ocurría Moisés salió en defensa de las jóvenes, luego sacó agua y les dio para que bebiera el ganado.

Las chicas contaron a su padre lo sucedido y este, que se llamaba Jetró, mandó que le buscaran para invitarle a comer con ellos y agradecerle su valeroso gesto.

Se hicieron muy amigos y Jetró dio a Moisés a su hija Séfora por esposa.

Pasó el tiempo y murió el faraón de Egipto pero, con el nuevo, los hijos de Israel seguían siendo maltratados y clamaban a su Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y Dios escuchó las súplicas de su pueblo y decidió actuar.


La zarza ardiente. Dios se da a conocer. Misión de Moisés

Moises0103Estaba un día Moisés apacentando el ganado de su suegro cerca del monte Horeb, también conocido como monte Sinaí, cuando vio que una zarza estaba ardiendo sin cesar pero no se consumía. Se acercó para mirar pero El Señor, que estaba en medio de la zarza le dijo: “¡Moisés! ¡Moisés!” Él respondió: “Aquí estoy”. El Señor le dijo: “No te acerques, quítate las sandalias porque el lugar que pisas es tierra santa” Y añadió: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob; he visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he bajado para liberarlo de las manos de los egipcios y para conducirlos a una tierra fértil y espaciosa, una tierra que mana leche y miel. Quiero enviarte al faraón para que saques a los hijos de Israel de Egipto”

Moisés dijo: “Pero si me preguntan los hijos de Israel cuál es el nombre del que me envía a ellos ¿qué responderé?” Y Dios dijo a Moisés: “YO SOY EL QUE SOY” Así responderás a mi pueblo: “YO SOY, me manda a vosotros” Y añadió: “Ve y habla con los ancianos del pueblo, ellos te escucharán, y luego id juntos a pedir al faraón que os deje salir de su país. Yo sé que no querrá dejaros pero castigaré a Egipto con grandes prodigios hasta que os deje”

A partir de este momento, el pueblo de Israel llamaría a Dios Yahvé, que significa “El que Es” Este nombre es revelado aquí en la zarza ardiente por el mismo Dios a Moisés: “YHWH”, que si te das cuenta es impronunciable porque no hay nombre capaz de definir todo lo que Dios es, pero al intentar leerlo se parece al sonido de “Yahvé”

Moisés respondió: “El faraón no va a creerme cuando le diga que vengo de parte de Yahvé” Entonces dijo Dios a Moisés: “Tira tu cayado al suelo” Y al instante se convirtió en una serpiente, luego le dijo que la cogiera por la cola y de nuevo era un palo de madera. Después le dijo que metiera su mano dentro del pecho, y cuando la sacó estaba cubierta de lepra y blanca como la nieve, luego volvió a meterla y la sacó normal, como antes.

Moisés puso todavía otro reparo: “Pero si yo soy torpe de palabra y se me traba la lengua al hablar” Dios le respondió: “Te saldrá al encuentro tu hermano Aarón; él, que es de fácil palabra, hablará al pueblo por ti. Yo estaré en tu boca y en la suya, y os mostraré todo lo que habéis de hacer. Llévate tu cayado porque con él harás los prodigios que te he mostrado”.

Ya habían muerto los que buscaban a Moisés en Egipto, así que, regresó a su país natal acompañado de su mujer y de su hijo. Por el camino le salió al paso su hermano Aarón que, escuchando una voz del Señor, fue a su encuentro. Moisés le informó de todo lo que Yahvé le había manifestado al encomendarle tan importante misión y Aarón se ofreció para acompañarle en todas las circunstancias.

Llegados a Egipto, Moisés y Aarón reunieron a los ancianos de Israel; hablaba Aarón, que tenía más facilidad de palabra, de todo lo sucedido a Moisés con el Señor. Luego, Moisés hizo delante de los ancianos y del pueblo los prodigios que Yahvé le había enseñado, y el pueblo entero creyó y adoraron a Dios con alegría y esperanza.

Moisés y Aarón fueron a entrevistarse con el faraón proponiéndole: “Permite que nuestro pueblo celebre una fiesta en honor de Yahvé en el desierto” Pero el faraón respondió: “¿Quién es Yahvé para que yo le tenga que obedecer? No conozco a ese Yahvé y no dejaré ir al pueblo de Israel”.


El faraón endurece las penas

Moises0104El faraón se enfadó y dio orden de no facilitar, como hasta entonces, al pueblo la paja para fabricar los ladrillos, pues este era el duro trabajo al que estaban sometidos, sino que fueran ellos mismos a recogerla. “¡Pero exigidles la misma cantidad de ladrillos que antes sin quitar ni uno!”, dijo.

El pueblo de Israel tenía que apresurarse por todo Egipto en busca de paja, mientras que los capataces les gritaban: “¡Venga!, ¡Acabad vuestra tarea de cada día!”

Y si protestaban, les respondían: “¡Es que holgazaneáis, queréis perder el tiempo con sacrificios a vuestro Dios!”

Moisés suplicó a Dios ante esta injusticia y Yahvé le contestó: “Yo os libertaré de los trabajos forzados de los egipcios y os introduciré en la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob ” Luego dijo: “Ve a hablar al faraón, rey de Egipto, para que os deje salir fuera de su tierra; él no os hará caso, pero yo os sacaré haciendo grandes señales y prodigios, y los egipcios sabrán que yo soy Yahvé, cuando vean lo que va a suceder”

Moisés y Aarón se presentaron de nuevo ante el faraón. Alentado por Moisés, Aarón dejó caer su cayado que se convirtió en serpiente delante del faraón y de sus cortesanos. Sin embargo el faraón hizo llamar a sus sabios y encantadores, los cuales consiguieron hacer un prodigio similar: echaron sus báculos al suelo y se convirtieron en serpientes; pero el báculo de Aarón devoró a todos los de ellos. A pesar de eso, el faraón se negó a dejar salir de Egipto al pueblo de Israel.


Dios castiga a Egipto con plagas

Moises0105Yahvé hablo de nuevo a Moisés: “Mañana, cuando el faraón salga a bañarse al río, tú le estarás esperando; le dirás que por no haberme escuchado voy a convertir las aguas del río en sangre cuando las toque tu cayado” Moisés hizo como le había mandado Dios y dio su cayado a Aarón para que tocase con él el río delante del faraón. Al momento se convirtió todo el río en sangre, y también se convirtieron en sangre las aguas de los canales, estanques y depósitos.

Pero los magos de Egipto hicieron cosas parecidas que lograron convencer al faraón y tampoco les escuchó esta vez.

Pasaron siete días y Yahvé dijo a Moisés: “Ve al faraón y dile de mi parte: si no dejas salir a mi pueblo voy a castigar con ranas a toda tu tierra” Pero tampoco quiso hacer caso, así que subieron enormes cantidades de ranas desde el río y se metieron en todas las casas y estaban por todos lados. Los magos del faraón decían que ellos habían hecho lo mismo.

El faraón, que estaba harto de tener ranas por todos sitios dijo a Moisés y a Aarón que si alejaban las ranas les dejaría marchar, pero cuando Dios las alejó, encontró un respiro y de nuevo dijo que no.

Luego Yahvé les mandó otra plaga que consistió en gran cantidad de mosquitos por todo Egipto, pero el faraón tampoco escuchó a Moisés.

Entonces Yahvé envió otra plaga de una gran cantidad de tábanos que son unas moscas grandes. El faraón pidió a Moisés que rogara a su Dios para que se alejasen los tábanos, pero cuando se vio libre de ellos, tampoco hizo caso.

Volvió Moisés ante el faraón de parte de Dios y como no consentía en que salieran, le anunció una nueva plaga: Los ganados de los egipcios enfermarían y morirían, pero los de los israelitas no. Así sucedió, y aún así, el faraón endureció su corazón y no consintió la salida.

De nuevo dijo Yahvé a Moisés y a Aarón: “Tomad un puñado de cenizas del horno y que la tire Moisés hacia el cielo delante del faraón para que se convierta en un polvo fino que llenará a los egipcios de pupas y bultos en la piel. Así lo hicieron y sucedió tal como Yahvé había dispuesto. Los magos, que siempre estaban presentes para hacer algo similar, pretendiendo igualar a Yahvé, enfermaron también y ya no pudieron continuar más en presencia de Moisés.

Moises0106_granizoEl Señor anunció una nueva plaga en forma de granizo muy fuerte y grueso que cayó sobre Egipto como nunca antes se había visto. Destrozó los campos de cultivo e hirió a hombres y animales, pero en la tierra de Gosén, donde estaban los israelitas no cayó el granizo.

Moises0107_langostasComo el faraón seguía sin ceder ante Moisés y Aarón, Yahvé envió por el aire una gran cantidad de langostas que se comieron lo que había quedado sin destruir por el granizo y royeron todos los árboles. El faraón pedía a Moisés que las alejara, y cuando Yahvé hizo soplar un viento muy fuerte que las arrojó al mar, engañó de nuevo a Moisés y no los dejó salir.

Vocabulario

Abrevar: Dar de beber al ganado.

Aflicción: Sufrimiento, pena.

Báculo: Bastón, palo para ayudarse a caminar.

Cayado: Igual que báculo, bastón doblado por arriba.

Holgazán: Vago, que no está dispuesto a trabajar.

Papiro: Planta con la que hacían papel los egipcios.

Primogénito: Hijo primero.


Para la catequesis

  • “YO SOY EL QUE SOY” ¿Qué quiso decir Yahvé al definirse así? Pregúntalo al sacerdote.
  • ¿Qué trabajo estaban obligados a hacer los israelitas en Egipto?
  • ¿Cuántas plagas lleva enviadas Yahvé a los egipcios hasta ahora?