por Santo Padre emérito Benedicto XVI | 19 Ago, 2025 | Catequesis Magisterio
Agustín es un hombre «acreditado», tiene todo, pero en su corazón permanece la inquietud de la búsqueda del sentido profundo de la vida; su corazón no está dormido, diría que no está anestesiado por el éxito, por las cosas, por el poder. Agustín no se encierra en sí mismo, no se acomoda, sigue buscando la verdad, el sentido de la vida, continúa buscando el rostro de Dios. Cierto, comete errores, toma también caminos equivocados, peca, es un pecador; pero no pierde la inquietud de la búsqueda espiritual. Y de este modo descubre que Dios le esperaba; más aún, que jamás había dejado de buscarle Él primero. Desearía decir a quien se siente indiferente hacia Dios, hacia la fe, a quien está lejos de Dios o le ha abandonado, también a nosotros, con nuestros «alejamientos» y nuestros «abandonos» respecto a Dios, pequeños, tal vez, pero hay muchos en la vida cotidiana: mira en lo profundo de tu corazón, mira en lo íntimo de ti mismo, y pregúntate: ¿tienes un corazón que desea algo grande o un corazón adormecido por las cosas? ¿Tu corazón ha conservado la inquietud de la búsqueda o lo has dejado sofocar por las cosas, que acaban por atrofiarlo? Dios te espera, te busca: ¿qué respondes?
Santo Padre Francisco
Homilía del miércoles 28 de agosto de 2013
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Las catequesis de Benedicto XVI sobre san Agustín de Hipona
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por Santo Padre emérito Benedicto XVI | 18 Ago, 2025 | Catequesis Magisterio
San Agustín (1)
Queridos hermanos y hermanas:
Después de las grandes festividades navideñas, quiero volver a las meditaciones sobre los Padres de la Iglesia y hablar hoy del Padre más grande de la Iglesia latina, san Agustín: hombre de pasión y de fe, de altísima inteligencia y de incansable solicitud pastoral. Este gran santo y doctor de la Iglesia a menudo es conocido, al menos de fama, incluso por quienes ignoran el cristianismo o no tienen familiaridad con él, porque dejó una huella profundísima en la vida cultural de Occidente y de todo el mundo.
Por su singular relevancia, san Agustín ejerció una influencia enorme y podría afirmarse, por una parte, que todos los caminos de la literatura latina cristiana llevan a Hipona (hoy Anaba, en la costa de Argelia), lugar donde era obispo; y, por otra, que de esta ciudad del África romana, de la que san Agustín fue obispo desde el año 395 hasta su muerte, en el año 430, parten muchas otras sendas del cristianismo sucesivo y de la misma cultura occidental.
Pocas veces una civilización ha encontrado un espíritu tan grande, capaz de acoger sus valores y de exaltar su riqueza intrínseca, inventando ideas y formas de las que se alimentarían las generaciones posteriores, como subrayó también Pablo VI: «Se puede afirmar que todo el pensamiento de la antigüedad confluye en su obra y que de ella derivan corrientes de pensamiento que empapan toda la tradición doctrinal de los siglos posteriores» (AAS, 62, 1970, p. 426: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 31 de mayo de 1970, p. 10).
San Agustín es, además, el Padre de la Iglesia que ha dejado el mayor número de obras. Su biógrafo, Posidio, dice: parecía imposible que un hombre pudiera escribir tanto durante su vida. En un próximo encuentro hablaremos de estas diversas obras. Hoy nuestra atención se centrará en su vida, que puede reconstruirse a través de sus escritos, y en particular de las Confesiones, su extraordinaria autobiografía espiritual, escrita para alabanza de Dios, que es su obra más famosa. Las Confesiones, precisamente por su atención a la interioridad y a la psicología, constituyen un modelo único en la literatura occidental, y no sólo occidental, incluida la no religiosa, hasta la modernidad. Esta atención a la vida espiritual, al misterio del yo, al misterio de Dios que se esconde en el yo, es algo extraordinario, sin precedentes, y permanece para siempre, por decirlo así, como una «cumbre» espiritual.
Pero, volvamos a su vida. San Agustín nació en Tagaste, en la provincia de Numidia, en el África romana, el 13 de noviembre del año 354. Era hijo de Patricio, un pagano que después fue catecúmeno, y de Mónica, cristiana fervorosa. Esta mujer apasionada, venerada como santa, ejerció en su hijo una enorme influencia y lo educó en la fe cristiana. San Agustín había recibido también la sal, como signo de la acogida en el catecumenado. Y siempre quedó fascinado por la figura de Jesucristo; más aún, dice que siempre amó a Jesús, pero que se alejó cada vez más de la fe eclesial, de la práctica eclesial, como sucede también hoy a muchos jóvenes.
San Agustín tenía también un hermano, Navigio, y una hermana, cuyo nombre desconocemos, la cual, tras quedar viuda, fue superiora de un monasterio femenino. El muchacho, de agudísima inteligencia, recibió una buena educación, aunque no siempre fue un estudiante ejemplar. En cualquier caso, estudió bien la gramática, primero en su ciudad natal y después en Madaura y, a partir del año 370, retórica en Cartago, capital del África romana: llegó a dominar perfectamente el latín, pero no alcanzó el mismo dominio en griego, ni aprendió el púnico, la lengua de sus paisanos.
Precisamente en Cartago san Agustín leyó por primera vez el Hortensius, obra de Cicerón que después se perdió y que se sitúa en el inicio de su camino hacia la conversión. Ese texto ciceroniano despertó en él el amor por la sabiduría, como escribirá, siendo ya obispo, en las Confesiones: «Aquel libro cambió mis aficiones» hasta el punto de que «de repente me pareció vil toda vana esperanza, y con increíble ardor de corazón deseaba la inmortalidad de la sabiduría» (III, 4, 7).
Pero, dado que estaba convencido de que sin Jesús no puede decirse que se ha encontrado efectivamente la verdad, y dado que en ese libro apasionante faltaba ese nombre, al acabar de leerlo comenzó a leer la Escritura, la Biblia. Pero quedó decepcionado, no sólo porque el estilo latino de la traducción de la sagrada Escritura era deficiente, sino también porque el mismo contenido no le pareció satisfactorio. En las narraciones de la Escritura sobre guerras y otras vicisitudes humanas no encontraba la altura de la filosofía, el esplendor de la búsqueda de la verdad, propio de la filosofía. Sin embargo, no quería vivir sin Dios; buscaba una religión que respondiera a su deseo de verdad y también a su deseo de acercarse a Jesús.
De esta manera, cayó en la red de los maniqueos, que se presentaban como cristianos y prometían una religión totalmente racional. Afirmaban que el mundo se divide en dos principios: el bien y el mal. Así se explicaría toda la complejidad de la historia humana. También la moral dualista atraía a san Agustín, pues implicaba una moral muy elevada para los elegidos; quienes, como él, se adherían a esa moral podían llevar una vida mucho más adecuada a la situación de la época, especialmente los jóvenes.
Por tanto, se hizo maniqueo, convencido en ese momento de que había encontrado la síntesis entre racionalidad, búsqueda de la verdad y amor a Jesucristo. Y sacó también una ventaja concreta para su vida: la adhesión a los maniqueos abría fáciles perspectivas de carrera. Adherirse a esa religión, que contaba con muchas personalidades influyentes, le permitía seguir su relación con una mujer y progresar en su carrera. De esa mujer tuvo un hijo, Adeodato, al que quería mucho, muy inteligente, que después estaría presente en su preparación para el bautismo junto al lago de Como, participando en los Diálogos que san Agustín nos dejó. Por desgracia, el muchacho falleció prematuramente.
Cuando tenía alrededor de veinte años, fue profesor de gramática en su ciudad natal, pero pronto regresó a Cartago, donde se convirtió en un brillante y famoso maestro de retórica. Con el paso del tiempo, sin embargo, comenzó a alejarse de la fe de los maniqueos, que le decepcionaron precisamente desde el punto de vista intelectual, pues eran incapaces de resolver sus dudas; se trasladó a Roma y después a Milán, donde residía entonces la corte imperial y donde había obtenido un puesto de prestigio, por recomendación del prefecto de Roma, el pagano Simaco, que era hostil al obispo de Milán, san Ambrosio.
En Milán, san Agustín adquirió la costumbre de escuchar, al inicio con el fin de enriquecer su bagaje retórico, las bellísimas predicaciones del obispo san Ambrosio, que había sido representante del emperador para el norte de Italia. El retórico africano quedó fascinado por la palabra del gran prelado milanés; y no sólo por su retórica. Sobre todo el contenido fue tocando cada vez más su corazón.
El gran problema del Antiguo Testamento, de la falta de belleza retórica y de altura filosófica, se resolvió con las predicaciones de san Ambrosio, gracias a la interpretación tipológica del Antiguo Testamento: san Agustín comprendió que todo el Antiguo Testamento es un camino hacia Jesucristo. De este modo, encontró la clave para comprender la belleza, la profundidad, incluso filosófica, del Antiguo Testamento; y comprendió toda la unidad del misterio de Cristo en la historia, así como la síntesis entre filosofía, racionalidad y fe en el Logos, en Cristo, Verbo eterno, que se hizo carne.
Pronto san Agustín se dio cuenta de que la interpretación alegórica de la Escritura y la filosofía neoplatónica del obispo de Milán le permitían resolver las dificultades intelectuales que, cuando era más joven, en su primer contacto con los textos bíblicos, le habían parecido insuperables.
Así, tras la lectura de los escritos de los filósofos, san Agustín se dedicó a hacer una nueva lectura de la Escritura y sobre todo de las cartas de san Pablo. Por tanto, la conversión al cristianismo, el 15 de agosto del año 386, llegó al final de un largo y agitado camino interior, del que hablaremos en otra catequesis. Se trasladó al campo, al norte de Milán, junto al lago de Como, con su madre Mónica, su hijo Adeodato y un pequeño grupo de amigos, para prepararse al bautismo. Así, a los 32 años, san Agustín fue bautizado por san Ambrosio el 24 de abril del año 387, durante la Vigilia pascual, en la catedral de Milán.
Después del bautismo, san Agustín decidió regresar a África con sus amigos, con la idea de llevar vida en común, al estilo monástico, al servicio de Dios. Pero en Ostia, mientras esperaba para embarcarse, su madre repentinamente se enfermó y poco más tarde murió, destrozando el corazón de su hijo.
Tras regresar finalmente a su patria, el convertido se estableció en Hipona para fundar allí un monasterio. En esa ciudad de la costa africana, a pesar de resistirse, fue ordenado presbítero en el año 391 y comenzó con algunos compañeros la vida monástica en la que pensaba desde hacía bastante tiempo, repartiendo su tiempo entre la oración, el estudio y la predicación. Quería dedicarse sólo al servicio de la verdad; no se sentía llamado a la vida pastoral, pero después comprendió que la llamada de Dios significaba ser pastor entre los demás y así ofrecerles el don de la verdad. En Hipona, cuatro años después, en el año 395, fue consagrado obispo.
Al seguir profundizando en el estudio de las Escrituras y de los textos de la tradición cristiana, san Agustín se convirtió en un obispo ejemplar por su incansable compromiso pastoral: predicaba varias veces a la semana a sus fieles, ayudaba a los pobres y a los huérfanos, cuidaba la formación del clero y la organización de monasterios femeninos y masculinos.
En poco tiempo, el antiguo retórico se convirtió en uno de los exponentes más importantes del cristianismo de esa época: muy activo en el gobierno de su diócesis, también con notables implicaciones civiles, en sus más de 35 años de episcopado, el obispo de Hipona influyó notablemente en la dirección de la Iglesia católica del África romana y, más en general, en el cristianismo de su tiempo, afrontando tendencias religiosas y herejías tenaces y disgregadoras, como el maniqueísmo, el donatismo y el pelagianismo, que ponían en peligro la fe cristiana en el Dios único y rico en misericordia.
Y san Agustín se encomendó a Dios cada día, hasta el final de su vida: afectado por la fiebre mientras la ciudad de Hipona se encontraba asediada desde hacía casi tres meses por los vándalos invasores, como cuenta su amigo Posidio en la Vita Augustini, el obispo pidió que le transcribieran con letras grandes los salmos penitenciales «y pidió que colgaran las hojas en la pared de enfrente, de manera que desde la cama, durante su enfermedad, los podía ver y leer, y lloraba intensamente sin interrupción» (31, 2). Así pasaron los últimos días de la vida de san Agustín, que falleció el 28 de agosto del año 430, sin haber cumplido los 76 años. A sus obras, a su mensaje y a su experiencia interior dedicaremos los próximos encuentros.
Santo Padre emérito Benedicto XVI
Audiencia General del miércoles, 9 de enero de 2008
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por Catequesis en Familia | 17 Ago, 2025 | La Biblia
Lucas 12, 49-53. Vigésimo Domingo del Tiempo Ordinario. ¿Qué significa traer división al mundo? Significa que la fe no es una cosa decorativa, ornamental… vivir la fe no es decorar la vida con un poco de religión: la fe comporta elegir a Dios como criterio fundamental de la vida.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».
Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
Lecturas
Primera lectura: Libro de Jeremías, Jer 38, 4-6.8-10
Salmo: Sal 40(39), 2-4.18
Segunda lectura: Carta de san Pablo a los Hebreos, Heb 12, 1-4
Oración introductoria
Padre, es estos momentos de oración, te pedimos que el fuego de Tu amor arda en nuestros corazones.
Petición
Dios mio, te pedimos el don de la caridad, de un amor apasionado a Cristo que traiga la guerra a las fuerzas que quieren destruir la verdadera paz en la tierra.
Meditación del Santo Padre Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
[…] Jesús dice a los discípulos: «¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división» (Lc 12, 51). ¿Qué significa esto? Significa que la fe no es una cosa decorativa, ornamental; vivir la fe no es decorar la vida con un poco de religión, como si fuese un pastel que se lo decora con nata. No, la fe no es esto. La fe comporta elegir a Dios como criterio- base de la vida, y Dios no es vacío, Dios no es neutro, Dios es siempre positivo, Dio es amor, y el amor es positivo. Después de que Jesús vino al mundo no se puede actuar como si no conociéramos a Dios. Como si fuese una cosa abstracta, vacía, de referencia puramente nominal; no, Dios tiene un rostro concreto, tiene un nombre: Dios es misericordia, Dios es fidelidad, es vida que se dona a todos nosotros. Por esto Jesús dice: he venido a traer división; no es que Jesús quiera dividir a los hombres entre sí, al contrario: Jesús es nuestra paz, nuestra reconciliación. Pero esta paz no es la paz de los sepulcros, no es neutralidad, Jesús no trae neutralidad, esta paz no es una componenda a cualquier precio. Seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y elegir el bien, la verdad, la justicia, incluso cuando esto requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto sí, divide; lo sabemos, divide incluso las relaciones más cercanas. Pero atención: no es Jesús quien divide. Él pone el criterio: vivir para sí mismos, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir, o servir; obedecer al propio yo, u obedecer a Dios. He aquí en qué sentido Jesús es «signo de contradicción» (Lc 2, 34).
Por lo tanto, esta palabra del Evangelio no autoriza, de hecho, el uso de la fuerza para difundir la fe. Es precisamente lo contrario: la verdadera fuerza del cristiano es la fuerza de la verdad y del amor, que comporta renunciar a toda violencia. ¡Fe y violencia son incompatibles! ¡Fe y violencia son incompatibles! En cambio, fe y fortaleza van juntas. El cristiano no es violento, pero es fuerte. ¿Con qué fortaleza? La de la mansedumbre, la fuerza de la mansedumbre, la fuerza del amor.
Queridos amigos, también entre los parientes de Jesús hubo algunos que a un cierto punto no compartieron su modo de vivir y de predicar, nos lo dice el Evangelio (cf. Mc 3, 20-21). Pero su Madre lo siguió siempre fielmente, manteniendo fija la mirada de su corazón en Jesús, el Hijo del Altísimo, y en su misterio. Y al final, gracias a la fe de María, los familiares de Jesús entraron a formar parte de la primera comunidad cristiana (cf. Hch 1, 14). Pidamos a María que nos ayude también a nosotros a mantener la mirada bien fija en Jesús y a seguirle siempre, incluso cuando cuesta.
Santo Padre Francisco
Ángelus del domingo, 18 de agosto de 2013
Meditación del Santo Padre emérito Benedicto XVI
Queridos hermanos y hermanas:
En el evangelio de este [día] hay una expresión de Jesús que siempre atrae nuestra atención y hace falta comprenderla bien. Mientras va de camino hacia Jerusalén, donde le espera la muerte en cruz, Cristo dice a sus discípulos: «¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división». Y añade: «En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra» (Lc 12, 51-53). Quien conozca, aunque sea mínimamente, el evangelio de Cristo, sabe que es un mensaje de paz por excelencia; Jesús mismo, como escribe san Pablo, «es nuestra paz» (Ef 2, 14), muerto y resucitado para derribar el muro de la enemistad e inaugurar el reino de Dios, que es amor, alegría y paz. ¿Cómo se explican, entonces, esas palabras suyas? ¿A qué se refiere el Señor cuando dice —según la redacción de san Lucas— que ha venido a traer la «división», o —según la redacción de san Mateo— la «espada»? (Mt 10, 34).
Esta expresión de Cristo significa que la paz que vino a traer no es sinónimo de simple ausencia de conflictos. Al contrario, la paz de Jesús es fruto de una lucha constante contra el mal. El combate que Jesús está decidido a librar no es contra hombres o poderes humanos, sino contra el enemigo de Dios y del hombre, contra Satanás. Quien quiera resistir a este enemigo permaneciendo fiel a Dios y al bien, debe afrontar necesariamente incomprensiones y a veces auténticas persecuciones.
Por eso, todos los que quieran seguir a Jesús y comprometerse sin componendas en favor de la verdad, deben saber que encontrarán oposiciones y se convertirán, sin buscarlo, en signo de división entre las personas, incluso en el seno de sus mismas familias. En efecto, el amor a los padres es un mandamiento sagrado, pero para vivirlo de modo auténtico no debe anteponerse jamás al amor a Dios y a Cristo. De este modo, siguiendo los pasos del Señor Jesús, los cristianos se convierten en «instrumentos de su paz», según la célebre expresión de san Francisco de Asís. No de una paz inconsistente y aparente, sino real, buscada con valentía y tenacidad en el esfuerzo diario por vencer el mal con el bien (cf. Rm 12, 21) y pagando personalmente el precio que esto implica.
La Virgen María, Reina de la paz, compartió hasta el martirio del alma la lucha de su Hijo Jesús contra el Maligno, y sigue compartiéndola hasta el fin de los tiempos. Invoquemos su intercesión materna para que nos ayude a ser siempre testigos de la paz de Cristo, sin llegar jamás a componendas con el mal.
Santo Padre emérito Benedicto XVI
Audiencia General del miércoles, 15 de junio de 2011
Propósito
Todas las actividades y oraciones de este día, ofrecerlas por aumentar ese amor a Cristo en nuestros corazones y que ese fuego encendido ilumine a nuestra familia, compañeros y amigos.
Diálogo con Cristo
Santísima Trinidad, gracias por esta oración y por el don de mi bautismo. Esa chispa de vida divina que recibí debe estar en continuo crecimiento. No quiero que las presiones externas o mi propia debilidad, me lleven a la mediocridad o la indiferencia que puede apagar esta luz. Te agradezco mi familia y te suplico que nunca permitas que yo sea piedra de tropiezo en su fe. Dame la sabiduría para saber cuándo hablar y cuándo quedarme callado.
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Evangelio del día en «Catholic.net»
Evangelio del día en «Evangelio del día»
Evangelio del día en «Orden de Predicadores»
Evangelio del día en «Evangeli.net»
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por CEF | Varios en Internet | 16 Ago, 2025 | Primera comunión Dinámicas, Primera comunión Vida de los Santos
En este artículo os ofrecemos divcersas producciones audivisuales sobre santa Margarita María de Alacoque y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
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El Sagrado Corazón de Jesús y santa Margarita María de Alacoque
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Más sobre santa Margarita María de Alacoque en EWTN Televisión
Más sobre la devoción al Sagrado Corazón en EWTN Televisión
por Catequesis en Familia | 11 Ago, 2025 | Despertar religioso Cancionero, Despertar religioso Encuentros
Estamos en primavera y está a punto de acabar el mes de mayo y yo aun me acuerdo de cuando iba al colegio, que era público, y lo celebrábamos con un acto tan peculiar que hoy en día ha quedado solo en el recuerdo, y era algo que podría denominar como: «Con flores a María».
En el pasillo del colegio, todos los meses de mayo nos ponían una imagen de la Virgen, y en clase, nuestro profesor, nos contaba que ese mes estaba dedicado a la Virgen, y se hacía una ofrenda de flores, es decir, podíamos llevar un ramo y ofrecérselas a ella.
Yo me iba para casa con la noticia:
¡¡Mamá, mamá, tengo que llevar un ramo de flores al cole!!
Y claro está mi madre con su paciencia infinita, me traía un ramo del pueblo, con ese olor que embriagaba toda mi casa, aun recuerdo esas lilas, con ese aroma penetrante…
Creo recordar que era el viernes cuando se llevaban las flores, y ahí me tenéis a mí, con el ramo en la mano tieso para que no se me estropease, no dejaba que se acercara nadie tenía que llegar intacto al homenaje.
Nos ponían en fila e íbamos cantando todos hasta la imagen de la virgen, donde depositábamos las flores. Que orgullosa me sentía, con esa candidez de esos pocos años que tenía…
No recordaba muy bien cómo era la letra, pero lo he encontrado y estoy segura que a más de uno os suena:
Venid y vamos todos con flores a porfía,
con flores a María, que Madre nuestra es (bis).
De nuevo aquí nos tienes, purísima doncella,
más que la luna, bella, postrados a tus pies.
Venimos a ofrecerte las flores de este suelo,
con cuánto amor y anhelo, Señora, tú lo ves.
Por ellas te rogamos, si cándidas te placen,
las que en la gloria nacen, en cambio, tú nos des.
Testimonio en el blog ¿Naciste en los años 60?
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«Venid y vamos todos con flores a María» – Versión coral
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«Venid y vamos todos con flores a María» – Partitura


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«Venid y vamos todos con flores a María» – Letra y acordes

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Recursos para «Primeros pasos con Jesús»
por CeF | 16 Jul, 2025 | Despertar religioso Juegos
Os presentamos estos textos y dibujos que exponen la historia de la devoción de la Virgen del Carmelo, Nuestra Señora del Carmen, así como la historia de la Orden de los Carmelitas.
Que disfrutéis con las maravillosas ilustraciones y textos del Hermano Roque Miguel Vernaz, religioso de la Congregación de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey.
Nota: podéis obtener las imágenes en tamaño real pulsando directamente sobre el título de cada capítulo.
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El Privilegio Sabatino
Desee el siglo X la Iglesia dedicó de un modo especial el sábado a la Santísima Virgen. Muchos santos pedían al Señor la gracia de morir en sábado por ser el día especial de la Madre del Cielo.
Es doctrina de la Iglesia que la devoción verdadera a María es señal cierta de salvación. El Papa Pío XII lo recomendaba en la Carta Magna de 1950: «Ciertamente, la piadosa Madre no dejará de hacer que los hijos que expían en el Purgatorio sus culpas alcancen lo antes posible la patria celestial por su intercesión, según el llamado Privilegio Sabatino, que la tradición nos ha transmitido con estas palabras: ‘Yo, su Madre de Gracia, bajaré el sábado después de su muerte ya cuantos —religiosos, terciarios y cofrades— hallare en el Purgatorio los libraré y los llevaré al monte santo de la salvación eterna’. En otras palabras, como si la Virgen hubiera querido decir: ‘Quien vista con devoción y amor mi escapulario, y procure vivir bien la vida cristiana, yo le protegeré en vida, en muerte y hasta en el mismo Purgatorio’».
Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros ? Mi hora no ha llegado todavía». Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que Él les diga».
Jn 2, 1-5
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¿Qué es el Escapulario?
El Escapulario del Carmen es el signo externo de devoción mariana que consiste en la consagración a la Santísima Virgen María por la inscripción en la Orden Carmelita, en la esperanza de su protección maternal.
El distintivo externo de esta inscripción o consagración es el pequeño escapulario marrón, por todos tan conocido, o la medalla de la Virgen del Carmen y el Sagrado Corazón de Jesús. El Escapulario del Carmen es un «memorial» de todas las virtudes, un signo eficaz de santidad y una prenda de eterna salvación.
En 1950, Su Santidad Pío XII, Cofrade Carmelita, colocaba a la cabeza de todas las devociones marianas ésta del Escapulario. «Nadie ignora ciertamente —escribía— de cuánta eficacia sea, para avivar la fe católica y reformar las costumbres, el amor a la Santísima Virgen Madre de Dios, ejercitado principalmente mediante aquellas manifestaciones de devoción que contribuyen en modo particular a iluminar la mente con celestial doctrina y a excitar las voluntades a la práctica de la vida cristiana. Entre éstas debe colocarse, en primer lugar, la devoción del Escapulario de los Carmelitas, que, por su misma sencillez al alcance de todos, y por los abundantes frutos de santificación que aporta, se halla extensamente divulgada entre los fieles cristianos».
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Las ilustraciones y los textos son autoría del Hermano Roque Miguel Vernaz, religioso de la Congregación de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey.
por CeF | 13 Jul, 2025 | Despertar religioso Juegos
Os presentamos estos textos y dibujos que exponen la historia de la devoción de la Virgen del Carmelo, Nuestra Señora del Carmen, así como la historia de la Orden de los Carmelitas.
Que disfrutéis con las maravillosas ilustraciones y textos del Hermano Roque Miguel Vernaz, religioso de la Congregación de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey.
Nota: podéis obtener las imágenes en tamaño real pulsando directamente sobre el título de cada capítulo.
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La devoción a la Virgen del Carmelo
La devoción a la Virgen del Carmelo
Los ermitaños del Monte Carmelo, como amaban mucho a Cristo, cuya tierra habían conquistado, era lógico asimismo que amasen a su Madre, la Virgen María. En este Monte Carmelo había unos monjes griegos y tenían una iglesia en honor de santa Margarita. Los ermitaños venidos de Europa —se les llamaba latinos— edificaron enseguida una bonita capilla en honor de la Virgen María. Por ello, muy pronto, la gente, para distinguir a unos de otros, a los venidos de Europa les llamaron «hermanos de la Virgen María». Esto era porque empezaron a amar a María con toda su alma.
La Virgen del Carmen se llama así por el lugar de su origen, es decir, del Monte Carmelo, que es un monte muy bello y rico en vegetación que hay en Palestina y está bañado por el mar Mediterráneo. Está claro que solo hay una Virgen María, la Madre de Jesús y la nuestra, pero toma diversos nombres o edificaciones, como por ejemplo: la Virgen del Rosario, la Virgen del Pilar, la Virgen de Guadalupe, etc… y las Patronas de casi todos los pueblos.
José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.
Lc 2, 4-7
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La devoción de los Carmelitas a la Santísima Virgen
Esta capilla dedicada a la Santísima Virgen —a principios del siglo XIII— fue el origen o causa de la profunda devoción que desde entonces y para siempre profesarían los Carmelitas a la Virgen María.
Los Carmelitas son los religiosos, religiosas y seglares que toman su nombre del Monte Carmelo, donde nacieron, y que se proponen con todas sus fuerzas hacer suyo el lema «conocer, amar, imitar e irradiar a María siempre y en todo». Todo lo que pertenece a María es propio de los Carmelitas. No puede concebirse un Carmelita que no trate de hacer suyo, amar y practicar todo cuanto se refiera a María; por ello, los Carmelitas empezaron por dedicar a la Virgen casi todas las iglesias que construían. También escribieron muchos y preciosos libros que contribuyeron a hacer amar e imitar a la Santísima Virgen María. Este amor no ha menguado a través de los siglos.
Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y a la recién nacido acostado en el pesebre. Al Verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todos lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Lc 2, 16-20
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Las ilustraciones y los textos son autoría del Hermano Roque Miguel Vernaz, religioso de la Congregación de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey.
por Aciprensa | CEF | 10 Jul, 2025 | Postcomunión Dinámicas
El escapulario del Carmen es un signo externo de devoción mariana, que consiste en la consagración a la Santísima Virgen María —por la inscripción en la Orden Carmelita— en la esperanza de su protección maternal. El distintivo externo de esta consagración es el pequeño escapulario marrón, de la misma tela que los hábitos carmelitas.
El escapulario del Carmen es un sacramental, es decir, «un signo sagrado según el modelo de los sacramentos, por medio del cual se significan efectos, sobre todo espirituales, que se obtienen por la intercesión de la Iglesia» (Concilio Vaticano II, Sacrosantum Concilium, 60).
Origen y propagación
A finales del siglo XII o principios del XIII nacía en el monte Carmelo, en Palestina, la Orden de los Carmelitas. Pronto se vieron obligados a emigrar a Occidente. En Europa, tampoco fueron muy bien recibidos por todos. Por esta situación, el Superior General de la Orden, san Simón Stock, suplicaba con insistencia la ayuda de la Santísima Virgen con esta oración:
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Flos Carmeli
Vitis Florigera
Splendor coeli
Virgo puerpera
Singularis .
Mater mitis
Sed viri nescia
Carmelitis
Sto propitia,
Stella maris
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Flor del Carmelo
viña florida
esplendor del Cielo
Virgen fecunda
y singular,
¡Oh madre tierna!
intacta de hombre
a los carmelitas
proteja tu nombre,
Estrella del mar. |
En 1251, la Bienaventurada Virgen María, acompañada de una multitud de ángeles, se apareció a Simón, con el escapulario de la Orden en sus manos, y le dijo: «Tú y todos los Carmelitas tendréis el privilegio, que quien muera con él no padecerá el fuego eterno»; es decir, quien muera con él, se salvará.
La promesa del escapulario es de tal trascendencia, que precisamente por ello suscitó fuerte oposición.
Significado del Escapulario
Al vestir el escapulario, durante toda la vida, es muy importante que sepamos apreciar su profundo y rico significado, como pertenencia a una Orden, a la del Carmen, con obligación de vivir según su rica espiritualidad y su propio carisma. Quien viste el escapulario debe procurar tener siempre presente a la Santísima Virgen y tratar de copiar sus virtudes, su vida y obrar como Ella. Y María, obró partiendo de estas palabras suyas: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».
El escapulario del Carmen es también un memorial de todas las virtudes de María. Así lo recordaba a todos el papa Pío XII, el 11 de febrero de 1950:
«Reconozcan en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y castidad.
»Vean, en la forma sencilla de su hechura, un compendio de modestia y candor.
»Vean, sobre todo, en esta librea que visten ida y noche, significada, con simbolismo elocuente, la oración con la cual invocan el auxilio divino.
»Reconozcan, por fin, en ella su consagración al Sacratísimo Corazón de la Virgen Inmaculada».
Cada escapulario tiene sus privilegios o gracias particulares, pero todos pueden sustituirse por la medalla-escapulario. Para ganar las promesas, es igual llevar la medalla que los trozos de paño (aunque en determinados casos, por otras razones externas de mayor visibilidad, etc., puede ser preferible el escapulario de paño).

La medalla-escapulario debe tener por una parte la imagen del Jesús con el Sagrado Corazón, y por la otra una imagen de la Virgen bajo la advocación del Carmen (o cualquier otra). Lo mismo que los escapularios, ha de estar bendecida por un sacerdote.
Privilegio sabatino
El Escapulario del Carmen además de la promesa de salvación para quienes mueran con él, lleva también consigo el llamado privilegio sabatino.
Según la tradición, a la muerte de Clemente V (1314), en el cónclave que duró dos años y tres meses, la Santísima Virgen se apareció al cardenal Jaime Duesa, muy devoto de ella, y le anunció que sería papa con el nombre de Juan XXII, y añadió: «Quiero que anuncies a los carmelitas y a sus cofrades: los que lleven puesto el Escapulario, guarden castidad conforme con su estado, y recen el oficio divino — o los que no sepan leer se abstengan de comer carne los miércoles y sábados —, si van al purgatorio, Yo haré que cuanto antes, especialmente el sábado siguiente a su muerte, sean trasladadas sus almas al cielo».
El privilegio sabatino consiste, pues, en que la Santísima Virgen sacará del purgatorio cuanto antes, especialmente el sábado después de su muerte, a quienes hayan muerto con el Escapulario y durante su vida hayan guardado castidad según su estado y rezado todos los días el oficio parvo (este se puede sustituir por la Liturgia de las Horas o por la abstinencia de carne los miércoles y sábados, o un sacerdote con facultad para ello, lo puede conmutar por otra obra piadosa, v. gr. el rezo diario del Rosario). Si uno peca contra la castidad o deja un día de hacer la obra prescrita, podrá recuperar el privilegio al confesarse y cumplir la penitencia.
Protección maternal
Su profundo simbolismo mariano, los grandes privilegios y el gran amor y privilegiada asistencia que ha manifestado a través de los siglos la Santísima Virgen del Carmen a quienes visten devotamente su escapulario son por lo que se ha extendido por doquier esta piadosa devoción de vestir su escapulario.
Sobre todo por su rico simbolismo: ser hijo de María, ver en él todas las virtudes de María, ser símbolo de nuestra consagración filial a la Madre Amable.
Indulgencias
He aquí las indulgencias plenarias y parciales para los que visten el escapulario.
Indulgencias plenarias.
1. El día que se viste el escapulario y el que es inscrito en la Tercera Orden o Cofradía.
2. En estas fiestas:
a) Virgen del Carmen (16 de julio o cuando se celebre)
b) San Simón Stock (16 de mayo)
c) San Elías Profeta (20 de julio)
d) Santa Teresa de Jesús (15 de octubre)
e) Santa Teresa del Niño Jesús (1 de octubre)
f) San Juan de la Cruz (14 de diciembre)
g) Todos los Santos Carmelitas (14 de noviembre).
Indulgencia parcial
Se gana indulgencia parcial por usar piadosamente el santo escapulario. Se puede ganar no solo por besarlo, sino por cualquier otro acto de afecto y devoción. Y solo al escapulario, sino también a la medalla-escapulario.
Recomendación pontificia
Desde el siglo XVI —que es cuando se extiende por toda la cristiandad el uso del escapulario del Carmen— casi todos los Papas lo han vestido y propagado. El Papa Juan Pablo II, que era terciario carmelita, recordó en diversas ocasiones que vestía con devoción, desde niño, el escapulario del Carmen.
Bendición e imposición
La Sagrada Penitenciaria Apostólica ha dicho que se recomienda el uso tradicional del escapulario en cuanto a tamaño, materia, color, etc., pero que pueden usarse también otros.
Cualquier sacerdote puede bendecir e imponer el escapulario del Carmen a los fieles en general.
Para quedar inscrito en la cofradía organizada o Tercera Orden del Carmen, este sacerdote debe estar facultado por el superior General de los Carmelitas. Los simples fieles no pueden bendecirlos ni imponerlos.
Fórmula para bendecirlo e imponerlo
V: Muéstranos Señor, tu misericordia.
R: Y danos tu salvación.
V: Escucha, Señor, mi oración.
R: Y llegue a ti mi clamor.
V: El Señor esté con vosotros.
R: Y con tu espíritu.
OREMOS. Señor nuestro Jesucristo, Salvador del género humano, bendice con tu diestra a este hábito que, por tu amor y el de tu Madre la Virgen María del Monte Carmelo, va a llevar con devoción tu siervo (o sierva), a fin de que por la intercesión de tu misma Madre y defendido(a) del maligno espíritu, persevere en tu gracia hasta la muerte: Que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R: Así sea.
A continuación rocía el escapulario con agua bendita y después lo impone a la persona o personas (a cada una por separado). Diciendo a cada una.
V: Recibe este hábito bendito, suplicando a la Santísima Virgen que, por sus méritos, lo lleves sin mancha, le defienda contra todas las adversidades y te conduzca a la vida eterna.
R: Así sea.
Y añade:
V: Yo, usando de la potestad que se me ha concedido, te recibo a la participación de todos los bienes espirituales que, por la misericordia de Jesucristo, practican los religiosos Carmelitas. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R: Así sea.
V: Que te bendiga el Creador del cielo y de la tierra, el Dios todopoderoso, que se ha dignado incorporarle a la Cofradía de la Santísima Virgen del monte Carmelo, a quien imploramos que en la hora de tu muerte abata la cabeza de la serpiente infernal y finalmente, consigas las palmas y la corona de la herencia sempiterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
R: Así sea.
Y rocía el nuevo cofrade con agua bendita. Cuando son más de una de las personas que han de recibir el santo escapulario, se dice en plural. El sacredote ha de exhortar a los nuevos cofrades a que vistan dignamente el escapulario, tratando de imitar las virtudes de María.
En caso de necesidad, basta para bendecir el escapulario la señal de la cruz del sacerdote y las palabras «En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén».
Escapulario verde
Cuando en la familia hay algún familiar o amigo que se encuentra lejos de la fe y uno desea hacer algo al respecto, María Madre Santísima nos dio una forma de convertirles cuando ella se le apareció a la Hermana Justina Bisqueyburu en 1840, llevando «la vestidura de la conversión — El escapulario verde». Ella dijo: «Esta insignia santa de mi Inmaculado Corazón ha de ser un gran medio para la conversión de almas…»
Por un periodo de más de seis años, la Virgen se le apareció a la Hermana Justina y le respondió muchas preguntas con relación al escapulario y a su uso. La Virgen María dijo que el escapulario verde no necesita ninguna bendición especial, y no necesita inscripción como el escapulario café. Puede ser bendecido por cualquier sacerdote. Si la persona que nosotros queremos que se beneficie de este escapulario no conviene en llevarlo consigo, este se puede colocar en cualquier sitio de su habitación. Cada día se debe decir la siguiente oración:
«Inmaculado corazón de María, ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte».
Si la persona por quien se tiene intención en el escapulario no va a decir la oración, entonces aquel que lo regala debe de decirla en su lugar, todos los días. La Virgen María dijo: «Las gracias mas grandes se obtienen por el uso del escapulario, pero estas gracias vienen en proporción.
por CeF | 10 Jul, 2025 | Despertar religioso Vida de los Santos
Os presentamos estos textos y dibujos que exponen la historia de la devoción de la Virgen del Carmelo, Nuestra Señora del Carmen, así como la historia de la Orden de los Carmelitas.
Que disfrutéis con las maravillosas ilustraciones y textos del Hermano Roque Miguel Vernaz, religioso de la Congregación de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey.
Nota: podéis obtener las imágenes en tamaño real pulsando directamente sobre el título de cada capítulo.
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Los ermitaños del Monte Carmelo
En los siglos XI y XII se despertó en toda Europa grandes deseos de ir a Tierra Santa, que estaba en posesión de los árabes. Así nacieron las Cruzadas.
A finales del siglo XII, un puñado de estos cruzados , viendo que el Monte Carmelo era un lugar muy bello por su soledad, y también para entregarse a la oración, se establecieron allí.
La mayor parte de estos ermitaños que fijaron allí su morada eran procedentes de Francia e Italia, y se propusieron imitar al profeta san Elías, que había vivido en aquel hermoso monte.
Un famoso historiador de aquel tiempo —Jaime de Vitry— dice «que los Carmelitas estaban metidos en las grutas del Monte Carmelo, como las abejas en su panal, fabricando la miel dulcísima de la contemplación».
Los ermitaños, pues, se propusieron orar y santificarse por el bien del mundo y por la conversión de los pecadores.
En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, esclamó: ‘¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.
Lc 1, 39-45
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San Alberto les da la Regla
Estos ermitaños —casi todos de origen europeo— eligieron a uno como Superior de todos. Parece ser que se llamaba Brocardo y que después sería santo. Brocardo presentó una serie de preguntas al Patriarca de Jerusalén, un tal Alberto Avogador, que también después sería santo, y éste les dio la Regla o Norma de vida hacia el año 1209.
Esta regla fue aprobada por el Papa Honorio III el 30 de enero de 1226. Esta Regla la han observado santos tan grandes como san Andrés Corsino, san Pedro Tomás, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, santa Teresita del Niño Jesús… Consta de 18 capítulos, todos ellos muy espirituales y bíblicos. En el prólogo ya se señala que está escrita para «los que quieren vivir en obsequio de Jesucristo». Después se dan normas de convivencia y de vida que deben llevar: lugares, superior, votos, oración, ayuno, trabajo, vida espiritual, etc. Todos los Carmelitas de hoy prometen observar esta Regla cuando emiten sus votos religiosos.
María dijo entonces: ‘Mi alma canta la grandeza del Señor, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que le temen’.
Lc 1, 46-50
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Las ilustraciones y los textos son autoría del Hermano Roque Miguel Vernaz, religioso de la Congregación de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey.