La Santísima Trinidad para niños

La Santísima Trinidad para niños

Itinerario de despertar religioso para niños de 0–7 años


Índice



I. Presentación del material

Este itinerario quiere ayudar a los niños pequeños a descubrir, de forma sencilla y luminosa, el misterio más importante de la fe cristiana: Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

No pretende explicar una doctrina difícil como si fuera una lección escolar. Quiere ofrecer algo más sencillo y más profundo: una primera experiencia de cercanía, belleza y confianza en Dios.

Los niños pequeños no aprenden la fe como los adultos. Antes de comprender conceptos, reconocen presencias. Antes de entender explicaciones largas, miran una imagen, escuchan una voz tranquila, repiten una frase breve o recuerdan un gesto lleno de cariño.

Por eso este material se apoya especialmente en imágenes sencillas, colores luminosos, relatos breves y momentos tranquilos de coloreado. El objetivo no es que el niño “aprenda cosas” rápidamente, sino que empiece a asociar a Dios con la luz, el amor, la alegría, el cuidado y la paz.

La idea principal del itinerario puede resumirse así:

Dios creó el mundo.
Dios nos cuida.
Jesús nos muestra su amor.
El Espíritu Santo viene hacia nosotros.
Y todo eso es un único Dios.

El itinerario avanza poco a poco. Primero aparece Dios como creador de todas las cosas. Después, Dios Padre como quien protege y cuida. Más adelante, Jesús, el Hijo de Dios, cercano a los niños y lleno de luz. Luego el Espíritu Santo, representado como paloma luminosa que viene hacia nosotros. Finalmente, todo se recoge en una imagen sencilla de la Santísima Trinidad.

Cada capítulo contiene:

  • una imagen en color;
  • un pequeño relato adaptado a niños de 0–7 años;
  • y la misma imagen en línea para colorear.

Las dos versiones de cada imagen son prácticamente iguales. Esto es muy importante. El niño reconoce la escena, vuelve a entrar en ella y la prolonga mientras colorea. No siente que cambia de dibujo, sino que continúa la misma experiencia.

Para los padres y catequistas:

No hace falta explicarlo todo. En estas edades, la fe crece sobre todo por repetición, contemplación y cercanía. A veces bastará con mirar juntos una imagen, leer un pequeño relato y colorear en silencio durante unos minutos.

El valor de las imágenes

Las imágenes de este cuaderno no son simples ilustraciones decorativas. Funcionan como una primera puerta hacia el misterio de Dios. El niño aprende mirando. Descubre una paloma luminosa, un Padre con los brazos abiertos, a Jesús rodeado de niños, un triángulo de luz, flores, rayos y colores llenos de vida.

Todo está pensado para que pueda reconocer rápidamente lo importante. Por eso las escenas tienen:

  • formas amplias;
  • colores claros y fundamentales;
  • pocos detalles pequeños;
  • y símbolos fáciles de identificar.

Las versiones para colorear mantienen exactamente la misma estructura. Así el niño puede completar con sus manos lo que antes ha contemplado con los ojos.

Un itinerario para vivir en familia

Este material está pensado especialmente para usarse en familia. No requiere conocimientos especiales ni largas preparaciones. Lo más importante es crear un pequeño clima de calma y cercanía.

Puede hacerse:

  • una imagen al día;
  • una imagen por semana;
  • o volver muchas veces a la misma escena.

La repetición no empobrece la experiencia: la hace más profunda. El niño pequeño necesita volver a mirar, volver a escuchar y volver a colorear. Así se forma lentamente una memoria interior de Dios.

Lo más importante no es terminar las láminas.

Lo importante es que el niño pueda experimentar que Dios está cerca, que la fe es bella y que rezar puede ser algo sencillo, tranquilo y lleno de luz.

Volver al índice


II. Cómo usar estas imágenes

Estas imágenes están pensadas para ser usadas con calma. No son fichas escolares ni actividades para terminar deprisa. Son una ayuda para que el niño pequeño pueda mirar, escuchar, señalar, colorear y permanecer.

En estas edades, la fe entra muchas veces por caminos muy sencillos: una imagen luminosa, una frase repetida con cariño, una escena que se vuelve familiar, un momento tranquilo junto a los padres. Por eso conviene usar este material sin prisa y sin convertirlo en una tarea.

El ritmo del itinerario puede ser siempre parecido:

Mirar la imagen en color.
Nombrar lo más importante.
Leer el relato despacio.
Hacer un pequeño gesto.
Colorear la imagen en línea.
Repetir una frase sencilla.

La repetición ayuda mucho al niño pequeño. Saber qué ocurre le da seguridad y tranquilidad. No necesita una experiencia distinta cada vez. Necesita una forma sencilla y estable que pueda reconocer y habitar.

Mirar antes de explicar

Muchas veces el adulto tiene la tentación de explicar demasiado. Quiere contar toda la historia, hacer preguntas continuas o enseñar muchas ideas al mismo tiempo. Sin embargo, en estas edades suele ser mejor mirar primero y hablar menos.

El niño necesita descubrir poco a poco los detalles:

  • la gran paloma del Espíritu Santo;
  • la luz que sale de Dios;
  • Jesús con los niños;
  • las flores;
  • los rayos;
  • la cruz;
  • los colores.

Basta con señalar algo importante y ponerle nombre:

“Mira, Jesús está con los niños”.
“Mira la luz del Espíritu Santo”.
“Dios Padre nos cuida”.
“Todo lo creó Dios”.

No hace falta añadir explicaciones largas.

La imagen ya está hablando. El adulto acompaña esa experiencia con pocas palabras, pero verdaderas y llenas de serenidad.

El papel del adulto

El adulto no actúa como profesor. Su papel es más sencillo y más importante: crear un pequeño clima de confianza. El niño necesita sentir que mirar la imagen, escuchar el relato y colorear es algo bueno, tranquilo y compartido.

Por eso conviene:

  • hablar despacio;
  • leer con calma;
  • dejar silencios;
  • no corregir continuamente;
  • y acompañar el coloreado sin invadir.

A veces el niño hablará mucho. Otras veces apenas dirá nada. Ambas cosas son normales. La experiencia sigue actuando aunque parezca muy sencilla.

Es importante evitar dos errores:

  • convertir la experiencia en una clase;
  • o convertir el coloreado en el objetivo principal.

Lo más importante no es “hacer bien” la lámina. Lo importante es lo que ocurre mientras el niño mira, escucha y colorea.

El coloreado como experiencia contemplativa

Colorear ayuda al niño a permanecer dentro de la escena. Mientras pinta la paloma, la cruz, las flores o los rayos de luz, sigue dentro de la imagen. Por eso el coloreado tiene mucho valor en el despertar religioso.

No hace falta buscar resultados perfectos. Tampoco conviene corregir constantemente los colores o los límites. El niño pequeño todavía está aprendiendo a mirar y a usar las manos. Lo importante es que permanezca tranquilo dentro de la experiencia.

Las imágenes están preparadas para facilitar esto:

  • formas grandes;
  • líneas claras;
  • pocas divisiones;
  • símbolos sencillos;
  • y colores fáciles de reconocer.

El coloreado puede convertirse también en una pequeña oración.

“Jesús, te quiero”.
“Espíritu Santo, ven”.
“Dios Padre, cuídame”.

No hace falta decir muchas cosas. Una frase breve repetida con cariño puede quedarse muy profundamente en el corazón del niño.

El valor de la repetición

A los adultos a veces les parece que repetir es aburrido. Para el niño pequeño sucede muchas veces lo contrario: repetir le ayuda a entrar más profundamente en lo que ama.

Por eso puede volver muchas veces a la misma imagen, al mismo relato o a la misma frase. No hace falta avanzar rápido. Algunas escenas quizá se conviertan en sus favoritas. Eso es bueno.

La fe comienza así muchas veces:

viendo una y otra vez la misma luz,
escuchando la misma frase,
coloreando la misma paloma,
y descubriendo poco a poco que Dios está cerca.

Ese descubrimiento tranquilo vale más que muchas explicaciones difíciles.

Volver al índice


III. El lenguaje espiritual de los colores

Los niños pequeños descubren el mundo también a través de los colores. Antes de leer palabras o comprender ideas difíciles, reconocen la alegría del amarillo, la tranquilidad del azul o la fuerza del rojo. Por eso los colores tienen mucha importancia en este itinerario.

En las imágenes de este cuaderno, los colores no aparecen solo para decorar. Ayudan a expresar algo del misterio de Dios. Poco a poco, el niño empieza a relacionar determinadas luces y colores con la presencia, el amor y la belleza de Dios.

Los colores principales del itinerario son:

  • blanco;
  • azul y celeste;
  • rojo;
  • amarillo y oro;
  • verde;
  • violeta y púrpura.

Cada uno aparece varias veces a lo largo de las imágenes. Así el niño los va reconociendo poco a poco sin necesidad de largas explicaciones.

El blanco

El blanco aparece muchas veces en las túnicas, las luces y la gran paloma del Espíritu Santo. Es un color limpio y luminoso. Ayuda a expresar la pureza, la paz y la bondad de Dios.

Por eso:

la paloma del Espíritu Santo es blanca, las luces son claras y muchas veces Jesús y Dios Padre aparecen vestidos con túnicas luminosas.

El azul y el celeste

El azul recuerda el cielo, la calma y la confianza. En estas imágenes aparece en el fondo del cielo, en algunos mantos y en muchas zonas de luz suave.

El niño suele percibir el azul como un color tranquilo. Por eso ayuda mucho en escenas de oración, contemplación y cercanía de Dios.

El celeste, más luminoso y suave, aparece especialmente en:

  • cielos claros;
  • halos de luz;
  • fondos luminosos;
  • y algunos mantos.

El rojo

El rojo expresa el amor fuerte, la vida y la entrega. Jesús aparece muchas veces con un manto rojo suave porque Él nos ama y entrega su vida por nosotros.

En las imágenes infantiles el rojo no debe ser oscuro ni agresivo. Se usa como un color cálido y lleno de vida.

El rojo del itinerario no habla de miedo.

Habla del amor grande de Dios.

El amarillo y el oro

El amarillo es uno de los colores más importantes de este cuaderno. Representa la luz, la gloria y la presencia de Dios. Por eso aparece constantemente:

  • en los halos;
  • en los rayos;
  • en los triángulos luminosos;
  • en los círculos de luz;
  • y alrededor de las figuras divinas.

El amarillo ayuda a que el niño identifique rápidamente aquello que viene de Dios. En muchas imágenes, la luz amarilla parece abrazar toda la escena.

Los tonos dorados se usan de forma sencilla, sin demasiados detalles, para expresar belleza y gloria.

El verde

El verde aparece especialmente en la creación, las flores, los árboles y el paisaje. Habla de la vida que Dios regala y de la esperanza.

Las escenas del itinerario tienen muchas veces:

  • prados;
  • flores;
  • hojas grandes;
  • y jardines llenos de luz.

Todo eso ayuda a mostrar que el mundo creado por Dios es bueno y hermoso.

El violeta y el púrpura

El violeta y el púrpura aparecen especialmente en algunos mantos y luces. Son colores relacionados con el misterio y la divinidad.

En este itinerario se usan de forma suave y luminosa, especialmente:

  • en Dios Padre;
  • en algunas zonas del Espíritu Santo;
  • y en las imágenes de la Santísima Trinidad.

Estos colores ayudan a expresar que Dios es cercano, pero también santo y lleno de misterio.

Los colores no tienen que memorizarse como una lección.

El niño los irá asociando poco a poco a las imágenes, la oración y la experiencia de la fe. Lo importante es que descubra que Dios llena el mundo de luz, belleza y vida.

Volver al índice


IV. Dios creó el mundo

Relato para niños

Al principio, todo estaba oscuro y vacío. Entonces Dios quiso llenar el mundo de luz, de agua, de árboles, de flores y de animales.

Dios hizo el cielo azul, las estrellas, los pájaros y los peces del mar. Hizo las montañas, los jardines y todos los colores hermosos.

Después creó a las personas. Creó a Adán y a Eva. Dios los miró con amor porque todo lo que había hecho era bueno.

La luz de Dios llenaba el Paraíso. Los animales vivían tranquilos y las flores crecían por todas partes.

Y Dios vio que el mundo era muy hermoso.

Frases sencillas para repetir con el niño:

“Dios creó el mundo”.
“Gracias por la creación”.
“Todo lo bueno viene de Dios”.

Conviene leer el relato despacio y señalando algunos detalles de la imagen:

  • la gran mano creadora;
  • los rayos de luz;
  • las flores;
  • los animales;
  • el cielo;
  • y las caras de Adán y Eva.

No hace falta explicarlo todo. Basta con dejar que el niño contemple la belleza del mundo creado por Dios.

Orientación para padres y catequistas:

Es bueno relacionar esta imagen con cosas cercanas al niño: un árbol, una mascota, las flores de casa, el mar, el cielo o la lluvia. Así aprende poco a poco que la creación no es una historia lejana, sino el mundo hermoso que Dios le ha regalado.

Pequeño gesto para hacer juntos:

Abrir las manos mientras se dice lentamente:

“Gracias, Dios,
por el mundo que has creado”.

Mientras colorea, el niño puede elegir:

  • el azul del cielo;
  • el verde de las plantas;
  • el amarillo de la luz;
  • y los colores de los animales y las flores.

No es importante que use los colores “correctos”. Lo importante es que permanezca dentro de la escena y la haga suya poco a poco.

Idea principal de la lámina:

Dios creó el mundo.
Y todo lo que Dios hace es bueno.

Volver al índice


V. Dios Padre nos cuida

Relato para niños

Dios Padre mira el mundo con amor. Desde el cielo cuida a las personas, a los animales, a las flores y a todos sus hijos.

Sus manos están abiertas porque quiere abrazarnos y protegernos. Su luz llega hasta nosotros como un sol lleno de paz.

Los niños miran a Dios Padre sin miedo. Saben que Él los conoce y los quiere mucho.

La luz de Dios toca el cielo, las flores y la hierba. Todo parece tranquilo cuando Él está cerca.

Dios Padre nunca deja solos a sus hijos.

Frases sencillas para repetir con el niño:

“Dios Padre me cuida”.
“Dios me quiere”.
“No tengo miedo porque Dios está conmigo”.

Al mirar la imagen, conviene señalar despacio:

  • los brazos abiertos de Dios Padre;
  • la gran luz amarilla;
  • los rayos que salen de sus manos;
  • los niños mirando hacia arriba;
  • y el pequeño cordero.

Todo está pensado para transmitir cercanía, protección y paz. El niño debe percibir que Dios no aparece como alguien lejano o enfadado, sino como un Padre lleno de amor.

Orientación para padres y catequistas:

Muchos niños pequeños necesitan sentirse seguros para abrirse a la experiencia religiosa. Esta imagen puede ayudarles a relacionar a Dios con la protección, la calma y el cuidado. Conviene usar un tono de voz sereno y evitar explicaciones demasiado abstractas.

Pequeño gesto para hacer juntos:

Abrir los brazos lentamente mientras se dice:

“Dios Padre me abraza.
Dios Padre me cuida”.

Mientras colorea, el niño puede reconocer fácilmente:

  • el amarillo de la luz;
  • el azul del cielo;
  • el verde de la hierba;
  • el blanco de las túnicas;
  • y el púrpura del manto.

Los grandes espacios y las líneas sencillas ayudan a que el niño pueda permanecer tranquilo dentro de la escena sin cansarse.

Idea principal de la lámina:

Dios Padre me quiere.
Dios Padre me cuida.

Volver al índice


VI. Jesús, el Hijo de Dios

Relato para niños

Jesús es el Hijo de Dios. Vino al mundo para enseñarnos cuánto nos ama el Padre.

A Jesús le gustaba estar con los niños. Los escuchaba, los abrazaba y los bendecía con cariño.

Su luz llena todo de alegría. Cuando Jesús está cerca, las personas se sienten queridas y en paz.

Los niños se acercan a Él sin miedo. Uno le ofrece una flor y Jesús sonríe mientras lo mira con amor.

Jesús nunca aparta a quien viene hacia Él.

Frases sencillas para repetir con el niño:

“Jesús me quiere”.
“Jesús está conmigo”.
“Jesús es el Hijo de Dios”.

Conviene mirar la imagen señalando lentamente:

  • el gran halo luminoso;
  • los rayos que rodean a Jesús;
  • la flor que ofrece el niño;
  • la mano de Jesús;
  • las ovejas;
  • y los colores cálidos de la escena.

El niño debe descubrir que Jesús no aparece distante ni severo. Todo en la imagen está pensado para mostrar cercanía, alegría tranquila y acogida.

Orientación para padres y catequistas:

En estas edades conviene presentar primero a Jesús como alguien cercano y lleno de amor. Más adelante el niño podrá comprender otros aspectos de la vida de Cristo. Aquí lo importante es que descubra que Jesús está con nosotros y nos conduce hacia Dios Padre.

Pequeño gesto para hacer juntos:

Llevar una mano al corazón mientras se dice:

“Jesús,
quédate conmigo”.

Mientras colorea, el niño puede reconocer:

  • el blanco de la túnica;
  • el rojo del manto;
  • el amarillo de la luz;
  • el verde del jardín;
  • y el azul del cielo.

Los grandes rayos alrededor de Jesús ayudan a expresar que Él trae la luz y el amor de Dios al mundo.

Idea principal de la lámina:

Jesús me ama.
Jesús está conmigo.
Jesús me muestra a Dios.

Volver al índice


VII. El Espíritu Santo viene hacia nosotros

Relato para niños

Jesús prometió que nunca nos dejaría solos. Por eso nos envió al Espíritu Santo.

El Espíritu Santo viene como una gran paloma llena de luz. Sus alas se abren sobre el mundo y sus rayos llegan hasta nosotros.

Los niños levantan la mirada porque sienten alegría y paz. Todo parece lleno de vida cuando el Espíritu Santo está cerca.

La luz amarilla, naranja y roja rodea la paloma como un gran abrazo del cielo.

El Espíritu Santo viene para acompañarnos y llenar nuestro corazón de amor.

Frases sencillas para repetir con el niño:

“Espíritu Santo, ven”.
“Espíritu Santo, lléname de luz”.
“El Espíritu Santo está conmigo”.

Mientras se mira la imagen, conviene señalar:

  • las alas abiertas de la paloma;
  • los grandes círculos de luz;
  • los rayos amarillos;
  • las manos levantadas de los niños;
  • y las flores llenas de color.

Todo está pensado para expresar que el Espíritu Santo no da miedo. Su presencia es luminosa, alegre y cercana.

Orientación para padres y catequistas:

El Espíritu Santo es un misterio difícil para un niño pequeño. Por eso aquí se presenta sobre todo como presencia buena y luminosa. La gran paloma, la luz y los círculos de color ayudan al niño a reconocer que Dios viene hacia nosotros y permanece cerca.

Pequeño gesto para hacer juntos:

Abrir lentamente las manos hacia arriba mientras se dice:

“Espíritu Santo,
ven a mi corazón”.

Mientras colorea, el niño puede reconocer fácilmente:

  • el blanco y gris suave de la paloma;
  • el amarillo y naranja de la luz;
  • el rojo de los círculos;
  • el azul del cielo;
  • y el verde de la colina.

Las alas abiertas y los grandes rayos ayudan a que la escena resulte clara y tranquila incluso para niños muy pequeños.

Idea principal de la lámina:

El Espíritu Santo viene hacia nosotros.
Y llena el mundo de luz y amor.

Volver al índice


VIII. La Santísima Trinidad

Relato para niños

Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Dios Padre nos creó y nos cuida. Jesús vino para enseñarnos el amor de Dios. El Espíritu Santo viene hacia nosotros y llena el mundo de luz.

En la gran luz de la Trinidad todo está unido. El Padre abre los brazos, Jesús sostiene la cruz y la gran paloma del Espíritu Santo vuela sobre ellos.

Los rayos llenan el cielo y las flores parecen más hermosas bajo la luz de Dios.

La Santísima Trinidad es un solo Dios lleno de amor.

Frases sencillas para repetir con el niño:

“Padre, Hijo y Espíritu Santo”.
“Dios es amor”.
“La Trinidad me cuida”.

Al mirar la imagen, conviene señalar:

  • el gran triángulo luminoso;
  • la paloma del Espíritu Santo;
  • la cruz de Jesús;
  • los brazos abiertos de Dios Padre;
  • y los rayos amarillos que llenan toda la escena.

No hace falta intentar explicar el misterio con demasiadas palabras. Basta con ayudar al niño a descubrir que todo en la imagen habla de unidad, luz y amor.

Orientación para padres y catequistas:

La Santísima Trinidad es el corazón de la fe cristiana, pero en estas edades debe presentarse sobre todo como una experiencia de amor y cercanía. La gran luz que une toda la escena ayuda a mostrar que no son “tres dioses separados”, sino un único Dios lleno de vida y comunión.

Pequeño gesto para hacer juntos:

Hacer lentamente la señal de la cruz mientras se dice:

“En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del Espíritu Santo”.

Mientras colorea, el niño puede reconocer:

  • el amarillo y el oro de la gran luz;
  • el blanco de la paloma;
  • el rojo y púrpura de las túnicas;
  • el azul del cielo;
  • y el verde y naranja de las flores.

La composición sencilla y luminosa ayuda a que el niño pueda contemplar el misterio de Dios sin miedo y con alegría.

Idea principal de la lámina:

Un solo Dios.
Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Un Dios lleno de amor.

Volver al índice


IX. Oración final para rezar en familia

Después de mirar las imágenes y colorearlas juntos, puede ser bonito terminar con una pequeña oración. No hace falta rezarla deprisa. Conviene hacerlo lentamente, dejando pequeños silencios y ayudando al niño a repetir algunas frases.

La oración infantil debe ser sencilla, musical y llena de imágenes claras. Los niños pequeños recuerdan mejor las palabras breves, repetidas y llenas de ritmo.

Oración a la Santísima Trinidad

Padre bueno del cielo,
cuida siempre nuestro hogar.
Llena el mundo de tu luz,
enséñanos a amar.

Jesús, amigo y hermano,
camina siempre a mi lado.
Quédate dentro de mí,
nunca me dejes solo.

Espíritu Santo, ven,
como paloma de paz.
Llena mi corazón niño
de alegría y claridad.

Padre, Hijo y Santo Espíritu,
un solo Dios de bondad.
Que vivamos siempre unidos
en tu luz y en tu amistad.

Sugerencia para rezar con niños pequeños:

Puede repetirse cada estrofa lentamente y dejar que el niño complete algunas palabras sencillas como “luz”, “amor”, “Jesús” o “paz”. También puede acompañarse con gestos suaves de las manos o con la señal de la cruz al final.

No es necesario que el niño comprenda cada expresión. Lo importante es que vaya descubriendo que rezar significa hablar con Dios con confianza y sencillez.

Las oraciones cortas y llenas de ritmo suelen permanecer mucho tiempo en la memoria infantil. A veces los niños las repiten mientras juegan, colorean o se preparan para dormir. Esa repetición sencilla tiene un gran valor espiritual.

Pequeño gesto para terminar:

Hacer juntos la señal de la cruz
y permanecer unos segundos en silencio.

Volver al índice


X. Nota final para padres y catequistas

El despertar religioso de un niño pequeño no comienza normalmente con grandes explicaciones, sino con experiencias sencillas y repetidas: una oración antes de dormir, una imagen luminosa, una señal de la cruz hecha despacio, una vela encendida, una canción suave o un momento tranquilo junto a las personas que ama.

Por eso este itinerario ha querido ser muy sencillo. No busca llenar al niño de ideas difíciles, sino ayudarle a descubrir poco a poco que Dios está cerca y lo ama.

La fe de la infancia crece muchas veces así:

mirando una imagen,
escuchando una historia breve,
coloreando una paloma,
repitiendo una oración sencilla,
y sintiéndose querido por Dios.

Los niños pequeños no necesitan comprender completamente el misterio de la Santísima Trinidad para empezar a vivir cerca de Dios. Basta con que descubran que:

  • Dios creó el mundo;
  • Dios Padre nos cuida;
  • Jesús nos ama;
  • el Espíritu Santo viene hacia nosotros;
  • y toda la vida cristiana está llena de luz y amor.

Con el tiempo, esas imágenes, colores, oraciones y recuerdos sencillos podrán crecer y profundizarse. Pero las primeras experiencias suelen permanecer muy dentro del corazón.

Para acompañar bien este itinerario conviene recordar algo importante:

Los niños aprenden la fe sobre todo viendo cómo rezan, hablan y viven los adultos que tienen cerca.

Por eso no hace falta buscar actividades complicadas. Muchas veces bastará:

  • mirar juntos una imagen;
  • leer despacio el pequeño relato;
  • colorear con tranquilidad;
  • hacer una breve oración;
  • y terminar con un abrazo o una señal de la cruz.

La sencillez, la repetición y la belleza ayudan mucho más que la prisa o las explicaciones excesivas.

Que este pequeño itinerario ayude a muchos niños
a descubrir que Dios es luz,
que Dios es amor,
y que nunca caminamos solos.

Amén.

Volver al índice