Evangelio del día: Jesús es la puerta estrecha
Evangelio del día
Mateo 7, 6.12-14 · Martes de la 12.ª semana del Tiempo Ordinario
La puerta de Jesús es una puerta estrecha porque nos pide abrir el corazón a Él, reconocernos pecadores y dejarnos renovar por su misericordia.
Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen.
Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.
Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran».

Lecturas
- Primera lectura: Libro del Génesis, Gén 13, 2.5-18.
- Salmo: Sal 13(14).
Oración introductoria
Señor Jesús, es contemplando tu vida donde aprendo a orar. Ayúdame a orar como Tú, en los momentos difíciles y en los más sencillos, para que trate a todos con el mismo amor con el que Tú me tratas.
Petición
Jesús, dame tu gracia para descubrir la belleza de mi fe y poder seguirte, hoy, por la puerta estrecha.
Meditación del Santo Padre Francisco
El Evangelio nos invita a reflexionar sobre la salvación. A Jesús le preguntan si son pocos los que se salvan, pero Él no responde con una cifra. Lo importante no es saber cuántos se salvan, sino descubrir cuál es el camino de la salvación.
Jesús habla de una puerta estrecha. Esta imagen remite a la casa, al hogar, al lugar donde se encuentra seguridad, amor y calor. La puerta que permite entrar en la familia de Dios es Jesús mismo. Él es la puerta, el paso hacia la salvación, el que conduce al Padre.
Esa puerta no está cerrada para nadie. Jesús no excluye a nadie. Precisamente el pecador es esperado por Él para ser abrazado, perdonado y amado. Todos estamos invitados a cruzar la puerta de la fe, a entrar en su vida y a dejar que Él entre en la nuestra para transformarla y renovarla.
En la vida encontramos muchas puertas que prometen felicidad, pero muchas de ellas sólo ofrecen una alegría momentánea, que se agota en sí misma y no tiene futuro. Por eso el Papa Francisco invita a preguntarnos por qué puerta queremos entrar y a quién queremos hacer entrar por la puerta de nuestra vida.
No debemos tener miedo de cruzar la puerta de la fe en Jesús. Él ilumina la vida con una luz que no se apaga. No es un fuego artificial ni un destello pasajero, sino una luz serena que permanece y da paz.
La puerta de Jesús es estrecha no porque sea una sala de tortura, sino porque pide abrirle el corazón. Nos pide reconocernos pecadores, necesitados de salvación, de perdón y de amor. Nos pide la humildad de acoger su misericordia y dejarnos renovar por Él.
Ser cristiano no consiste en llevar una etiqueta. No basta con parecer creyente por fuera. Ser cristiano de verdad significa vivir y testimoniar la fe en la oración, en las obras de caridad, en la promoción de la justicia y en el bien concreto que hacemos cada día.
Por la puerta estrecha que es Cristo debe pasar toda nuestra vida. A la Virgen María, Puerta del Cielo, le pedimos que nos ayude a cruzar la puerta de la fe y a dejar que su Hijo transforme nuestra existencia para llevar a todos la alegría del Evangelio.
Santo Padre Francisco
Ángelus del domingo, 25 de agosto de 2013
Meditación del Santo Padre Benedicto XVI
¿Qué significa esta puerta estrecha? ¿Por qué muchos no logran entrar por ella? ¿Se trata de un paso reservado sólo a algunos elegidos? Estas preguntas siguen siendo actuales, porque también hoy podemos caer en la tentación de interpretar la práctica religiosa como una fuente de privilegios o seguridades.
El mensaje de Cristo va en la dirección contraria: todos pueden entrar en la vida, pero para todos la puerta es estrecha. No hay privilegiados. El paso a la vida eterna está abierto para todos, pero es exigente: requiere esfuerzo, abnegación y mortificación del propio egoísmo.
La salvación realizada por Cristo con su muerte y resurrección es universal. Él es el único Redentor e invita a todos al banquete de la vida inmortal. Pero hay una condición común para todos: esforzarse por seguirlo e imitarlo, tomando la propia cruz y dedicando la vida al servicio de los hermanos.
Así, la puerta estrecha no es exclusión, sino camino de conversión. Cristo llama a todos, pero pide a cada uno una respuesta real, concreta y libre.
Santo Padre Benedicto XVI
Ángelus del domingo, 26 de agosto de 2007
Catecismo de la Iglesia Católica
II. La libertad humana en la Economía de la salvación
1739. La libertad del hombre es finita y falible. Al rechazar libremente el proyecto del amor de Dios, el hombre se engañó a sí mismo y se hizo esclavo del pecado. La historia humana atestigua desgracias y opresiones nacidas del corazón del hombre por un mal uso de la libertad.
1740. El ejercicio de la libertad no implica el derecho a decir y hacer cualquier cosa. Es falso concebir la libertad como autosuficiencia orientada sólo a la satisfacción del propio interés. Al apartarse de la ley moral, el hombre atenta contra su propia libertad, se encadena a sí mismo y rompe la fraternidad con los demás.
1741. Por su Cruz gloriosa, Cristo obtuvo la salvación para todos los hombres y los rescató del pecado. «Para ser libres nos libertó Cristo». En Él participamos de la verdad que nos hace libres y de la libertad de los hijos de Dios.
1742. La gracia de Cristo no se opone a nuestra libertad cuando ésta corresponde al sentido de la verdad y del bien que Dios ha puesto en el corazón humano. A medida que somos más dóciles a la gracia, crecen nuestra verdad interior y nuestra libertad espiritual.
«Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad».
Catecismo de la Iglesia Católica
Propósito
Pasar por la puerta estrecha haciéndome pequeño y humilde en todas mis relaciones personales.
Diálogo con Cristo
Señor, cuando no sepa cómo tratar a una persona, ayúdame a acogerla y apreciarla como me gustaría ser tratado. La rudeza, la indiferencia y la irritabilidad no son tu camino. Ayúdame a aprovechar todas las oportunidades de hoy para tratar a todos con amor, paciencia, caridad, humildad y bondad.