Cuatro juegos con Jesús: «Dejad que los niños se acerquen a Mí»
«Dejad que los niños se acerquen a Mí»
Índice
Juego 1 · Colorear para descubrir a Jesús
Juego 2 · Jugar a estar con Jesús
Introducción
Este material nace de una palabra muy sencilla de Jesús: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el reino de Dios» (Mc 10,14). No es una frase bonita para decorar una catequesis infantil. Es una llamada directa a padres, abuelos, catequistas y educadores: los niños tienen un lugar propio en el corazón de Cristo, y los adultos no debemos estorbar ese encuentro, sino facilitarlo.
En el Evangelio, Jesús no trata a los niños como personas “a medio hacer”. Los recibe, los bendice, los pone en el centro y los defiende. Cuando los discípulos discuten sobre quién es el mayor, Jesús llama a un niño y lo coloca en medio: «En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18,3). El niño no es solo destinatario de cuidados; es también signo del Reino, porque su pequeñez, su confianza y su necesidad de ser amado revelan algo esencial de la vida cristiana.

Por eso, estos juegos no pretenden llenar tiempo ni entretener sin más. Quieren ayudar a que el niño descubra a Jesús de una forma adecuada a su edad: mirando, tocando, coloreando, corriendo, esperando, pidiendo perdón, rezando y aprendiendo a vivir en casa con amor. A los niños pequeños no se les evangeliza primero con discursos largos, sino con gestos repetidos, palabras sencillas, imágenes claras y experiencias buenas que les permitan asociar el nombre de Jesús con cercanía, confianza, alegría y protección.
La familia es el primer lugar de esta educación cristiana. El Concilio Vaticano II recuerda que los padres son los primeros educadores de sus hijos, y que la familia es como una primera escuela de vida humana y cristiana. San Juan Pablo II insistió en que la familia cristiana es una “Iglesia doméstica”, donde la fe se transmite en las cosas ordinarias: la oración, el perdón, la mesa, el descanso, el trabajo, la obediencia, la ternura y la paciencia. Benedicto XVI subrayó muchas veces que la fe no se transmite solo como información, sino como vida recibida y compartida. Y el papa Francisco ha recordado con fuerza que la casa es un lugar donde se aprende a decir “permiso”, “gracias” y “perdón”, palabras pequeñas que sostienen el amor cotidiano.
Desde esta mirada, el juego no es algo secundario. Para un niño, jugar es una forma seria de conocer el mundo. En el juego ensaya gestos, aprende límites, descubre reglas, expresa miedos y deseos, imita a los adultos, prueba su libertad y empieza a comprender que sus actos tienen consecuencias. Por eso, cuando el juego está bien orientado, puede convertirse en una pequeña escuela del corazón.
Un juego cristiano no debe ser rígido, moralista ni artificial. Debe ser alegre, claro, corporal, repetible y verdadero. Si el niño juega a acercarse a Jesús, aprende que Jesús le espera. Si colorea una escena evangélica, aprende a mirar. Si ayuda a otro jugador, aprende que el amor no es solo sentimiento. Si en un tablero avanza cuando reza, dice la verdad o pide perdón, empieza a comprender que cada gesto bueno le acerca a Cristo. Y si se equivoca y puede reparar, descubre algo muy profundo: que caer no es el final, porque Jesús ayuda a volver.
Conviene que los padres no conviertan estos juegos en examen. No se trata de preguntar al niño para ver si “se lo sabe”, ni de usar las cartas para regañarle de forma indirecta. El adulto debe jugar con él, no vigilarlo desde fuera. Debe celebrar lo bueno, corregir con suavidad, explicar lo necesario y, sobre todo, dar ejemplo. Un niño entiende mejor el perdón si ve pedir perdón a su padre. Comprende mejor la oración si ve rezar a su madre. Aprende mejor el respeto si los adultos se tratan con respeto.
También es importante no forzar el ritmo. Con niños de 0 a 7 años, menos es más. Un juego breve, bien vivido y repetido varias veces vale más que una explicación larga. Si el niño se cansa, se para. Si se distrae, se reconduce con calma. Si se equivoca, se le ayuda. Si ríe, corre o se emociona, no hay que apagarlo enseguida: la alegría también puede abrir el corazón a Dios.
Estos cuatro juegos siguen un pequeño itinerario. El primero ayuda a mirar y colorear el Evangelio. El segundo permite vivir con el cuerpo los gestos de Jesús. El tercero introduce el movimiento, la ayuda y el regreso: ir a Jesús, volver y ayudar a otros. El cuarto lleva todo a la vida familiar mediante un tablero: oración, casa, verdad, calma, respeto y reparación. Así, el niño no solo escucha que Jesús le quiere; empieza a reconocer cómo se vive cerca de Él.
El adulto puede presentar todo el itinerario con una frase muy sencilla:
“Vamos a jugar con Jesús para aprender a estar cerca de Él.”
Y puede cerrar cada juego con otra frase breve:
“Jesús está cerca, me quiere, me cuida y me ayuda a amar.”
Si estas palabras se repiten con naturalidad, sin afectación y unidas a gestos concretos, irán quedando dentro del niño. Ese es el verdadero objetivo: no solo que pase un buen rato, sino que empiece a guardar en su memoria y en su corazón una certeza cristiana básica, luminosa y firme: Jesús quiere que los niños se acerquen a Él.
Consejos prácticos para padres, abuelos y catequistas
1. Jugad con el niño, no delante del niño. El adulto no debe limitarse a dar instrucciones. Si se sienta, colorea, tira el dado, ríe, espera turno y pide perdón cuando se equivoca, el niño aprende mucho más.
2. Usad frases cortas. A esta edad, una frase sencilla vale más que una explicación larga: “Jesús te quiere”, “puedes volver”, “di la verdad”, “pide perdón”, “respira y habla bajito”.
3. No convirtáis el juego en bronca. Si aparece una carta sobre rabietas, mentiras o desobediencia, no aprovechéis para sermonear. Basta con preguntar: “¿Qué podemos hacer mejor?”.
4. Repetid sin miedo. Los niños necesitan repetición. Si piden jugar otra vez al mismo juego, no es pobreza: es aprendizaje.
5. Cuidad el final. Terminad siempre con algo bueno: una oración breve, un abrazo, una frase de agradecimiento o una pequeña decisión para casa.
6. No ridiculicéis los errores. El niño debe aprender que equivocarse no significa quedar fuera. En cristiano, el error se reconoce, se repara y se vuelve a Jesús.
7. Llevad el juego a la vida diaria. Después de jugar, recordadlo en casa con suavidad: “¿Te acuerdas de la carta de decir la verdad?”, “¿Probamos a respirar como en el juego?”, “Hoy has dado un paso hacia Jesús”.
8. Rezad poco, pero rezad de verdad. Una oración breve, dicha con calma y cariño, puede quedar grabada durante años.
Juego 1 · Colorear para descubrir a Jesús

Objetivo para padres y catequistas: este juego ayuda a que los niños descubran, desde el color, el gesto y la mirada, que Jesús ama, acoge, protege y escucha a los niños. No se trata solo de pintar una lámina bonita, sino de acompañar al niño para que vea que, en el Evangelio, los pequeños no son secundarios: Jesús los llama, los pone en el centro, los defiende y recibe su alabanza.
En los evangelios, Jesús no aparta a los niños ni los considera una molestia. Al contrario: cuando otros quieren impedir que se acerquen, Él dice: «Dejad que los niños se acerquen a mí». Cuando los discípulos discuten sobre quién es el más importante, Jesús coloca a un niño en medio. Cuando alguien puede hacer daño a los pequeños, Jesús habla con una seriedad enorme. Y cuando los niños lo alaban en el Templo, Jesús reconoce esa alabanza sencilla como verdadera.
Cómo desarrollar el juego: primero conviene mirar juntos la imagen en color, sin prisa. El adulto puede preguntar: “¿Dónde está Jesús?”, “¿Qué hacen los niños?”, “¿Cómo mira Jesús?”, “¿Quién está contento?”, “¿Quién no entiende lo que pasa?”. Después se pasa a la lámina numerada. El niño colorea siguiendo la clave de colores, pero el adulto no debe convertirlo en un examen: si se equivoca, no pasa nada. Lo importante es que el niño permanezca dentro de la escena y asocie a Jesús con cercanía, alegría, protección y confianza.
Materiales recomendados: para niños de 0 a 3 años, lo mejor son ceras gruesas o crayones grandes, porque permiten colorear sin precisión fina y favorecen el movimiento amplio de la mano. Para niños de 4 a 7 años, pueden usarse lápices de colores, ceras blandas o rotuladores lavables. Los lápices ayudan a controlar mejor el trazo; las ceras dan color rápido y expresivo; los rotuladores ofrecen intensidad, pero conviene usarlos en papel más grueso para que no traspasen.
Uso de los colores: la numeración no pretende encerrar la creatividad, sino ayudar a los más pequeños a reconocer zonas grandes y sencillas. Puede respetarse la clave de colores o dejar que el niño escoja algunos tonos, siempre que el adulto acompañe el sentido: blanco para la túnica de Jesús, rojo para su amor entregado, azul para la confianza, verde para la vida, amarillo para la alegría, marrón para la tierra y la sencillez, y azul claro para el cielo como signo de paz.
Imagen 1 · Dejad que los niños se acerquen a mí


Cuento para niños: Un día, unas familias llevaron a sus niños hasta Jesús. Querían que Jesús los mirara, los tocara y rezara por ellos. Pero algunos mayores pensaron que los niños molestaban y quisieron apartarlos. Entonces Jesús se puso serio y dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí”. Los niños se acercaron contentos. Jesús los recibió con cariño, los bendijo y les mostró que para Él los pequeños son muy importantes.
Imagen 2 · Jesús pone a un niño en el centro


Cuento para niños: Un día, los discípulos discutían sobre quién era el más importante. Jesús los escuchó y llamó a un niño. Lo puso en medio de todos, para que todos lo vieran bien, y les enseñó algo muy grande: para Dios no es más importante el que presume, manda o se cree mejor, sino el que tiene un corazón sencillo. Jesús abrazó al niño y dijo que quien acoge a un niño en su nombre, lo acoge a Él.
Imagen 3 · Jesús protege a los pequeños


Cuento para niños: Jesús quería mucho a los niños y no quería que nadie les hiciera daño. Por eso, cuando vio que un pequeño podía asustarse, confundirse o perder la confianza, habló con mucha firmeza. Los niños se acercaron a Él y se agarraron a su túnica. Jesús los protegió con una mano y con la otra avisó a los mayores: “A los pequeños hay que cuidarlos”. Así enseñó que un niño nunca es poca cosa, porque Dios lo mira con amor.
Imagen 4 · Los niños alaban a Jesús


Cuento para niños: Cuando Jesús entró en el Templo, algunos niños se pusieron muy contentos. Lo miraban con alegría, levantaban las manos y lo alababan. Algunos adultos no entendían por qué los niños estaban tan felices y miraban con desprecio. Pero Jesús sí los escuchó. Él sabía que los niños habían reconocido algo verdadero: Jesús venía de Dios. Por eso no los mandó callar. La alabanza sencilla de los niños también llega al corazón del Padre.
Los colores y su significado

Blanco: Jesús es limpio, bueno y trae paz.
Rojo: Jesús nos ama con todo su corazón.
Azul: podemos confiar en Jesús.
Verde: con Jesús crece la vida buena.
Amarillo: estar cerca de Jesús da alegría.
Marrón: Jesús está cerca de nuestra vida sencilla.
Azul claro: Dios nos regala paz y esperanza.
Juego 2 · Jugar a estar con Jesús

Objetivo para padres y catequistas: este juego ayuda al niño a pasar de mirar imágenes a vivir con su cuerpo lo que hace Jesús. No se trata de representar una historia ni de hacerlo perfecto, sino de experimentar gestos reales: acercarse, ser acogido, sentirse importante, estar protegido y expresar alegría. El niño no aprende ideas abstractas: aprende lo que vive. Por eso este juego convierte el Evangelio en experiencia.
Jesús no enseñaba solo con palabras. Tocaba, miraba, llamaba, abrazaba. Y eso es exactamente lo que el niño puede comprender. Este juego se desarrolla en un ambiente sencillo, sin prisas, sin distracciones y sin teatralización excesiva. El adulto guía con calma, dejando que el niño entre en cada momento con libertad.
Momento 1 · Jesús me llama
«Entonces le acercaron unos niños para que les impusiera las manos y rezara por ellos; pero los discípulos los regañaban. Jesús dijo: “Dejad a los niños, no les impidáis venir a mí: de los que son como ellos es el reino de los cielos”. Les impuso las manos y se marchó de allí.» (Mt 19,13-15)
El adulto se coloca a cierta distancia, abre los brazos y dice suavemente el nombre del niño:
“(Nombre)… ven conmigo”
El niño se acerca y recibe un abrazo. No se fuerza el gesto: si el niño duda, se repite con calma. Lo importante es que experimente que acercarse es bueno.
Momento 2 · Jesús me pone en el centro
«En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?”. Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: “En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos”.» (Mt 18,1-4)
Si hay varios niños, se forma un pequeño círculo. El adulto toma suavemente a uno y lo coloca en medio. Todos lo miran con respeto. El adulto dice con calma:
“Tú eres importante”
Se evita cualquier comparación o juicio. El niño descubre que su valor no depende de competir.
Momento 3 · Jesús me protege
«Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una piedra de molino y lo hundieran en lo profundo del mar.» (Mt 18,6)
El niño se acerca y puede abrazarse a la pierna del adulto. El adulto coloca una mano sobre él en gesto claro de protección y dice:
“Yo te cuido”
No se dramatiza el texto. Se transmite seguridad, no miedo. El niño asocia a Jesús con protección.
Momento 4 · Jesús escucha mi alegría
«Los sumos sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que había hecho y a los niños que gritaban en el templo: “¡Hosanna al Hijo de David!”, se indignaron y le dijeron: “¿Oyes lo que dicen estos?”. Jesús les respondió: “Sí; ¿no habéis leído nunca: ‘De la boca de los pequeños y de los niños de pecho has sacado alabanza’?”». (Mt 21,15-16)
El niño puede aplaudir, levantar las manos o decir una palabra sencilla como:
“¡Jesús!” o “¡Gracias!”
El adulto acoge ese gesto con una sonrisa. El niño descubre que puede dirigirse a Jesús con sencillez.
Orientaciones finales: este juego no es una actividad para evaluar ni una representación teatral. Es un momento de relación. No hay que corregir continuamente ni exigir resultados. Si el niño se distrae, se vuelve a empezar con calma. Lo esencial es que el niño viva algo claro: Jesús está cerca, me quiere, me cuida y me escucha.
Juego 3 · Ven y vuelve con Jesús

Objetivo para padres y catequistas: este juego ayuda al niño a experimentar con su cuerpo una verdad muy importante del Evangelio: puede alejarse, puede equivocarse, pero siempre puede volver a Jesús. Además, introduce una dimensión nueva: no solo vuelvo yo, sino que también puedo ayudar a otros.
El juego se desarrolla en movimiento. A diferencia de los anteriores, aquí el niño corre, se desplaza, se orienta y toma decisiones. Esto permite que el aprendizaje no sea solo mental, sino profundamente vivido.
Desarrollo del juego: se delimita un espacio amplio. Un adulto hace de Jesús o se establece un punto claro como “Jesús”. Ese punto debe ser visible y reconocible como lugar seguro.
Los niños se mueven libremente por el espacio. El adulto introduce indicaciones sencillas:
“Jesús te llama” → el niño corre hacia Jesús
“Puedes volver” → el niño que se ha alejado regresa
“Ayuda” → un niño ayuda a otro a volver
Se pueden introducir variantes sin complicar el juego:
– moverse más despacio o más rápido
– volver en pareja
– ayudar a quien se ha quedado atrás
– esperar juntos antes de volver
Clave catequética: el niño descubre que el alejamiento no es definitivo. Siempre existe la posibilidad de volver. Y además, descubre algo más profundo: el camino hacia Jesús también se recorre ayudando a otros.
El adulto acompaña con frases muy sencillas y repetidas:
“Jesús te espera”
“Puedes volver”
“Vamos juntos”
El juego termina con una breve oración:
“Jesús, cuando me alejo, ayúdame a volver.”
Juego 4 · Camino hasta Jesús

Este juego recoge todo lo anterior y lo lleva a la vida real del niño. Ya no se trata solo de mirar, de estar o de volver: ahora se trata de caminar. Cada acción cotidiana se convierte en un paso hacia Jesús.
El tablero no representa un camino imaginario. Representa la vida del niño: lo que hace en casa, lo que dice, cómo se comporta, cómo reacciona. Todo eso forma parte de su camino hacia Jesús.
Materiales del juego:
– tablero
– dado
– fichas de jugador
– fichas-corazón
– seis barajas de cartas
Sentido del juego: el niño avanza por el tablero según el dado, pero lo importante no es avanzar rápido ni llegar antes. Lo importante es reconocer qué le acerca a Jesús y qué le aleja.
Cada tipo de casilla representa un aspecto de su vida:
– oración: hablar con Jesús
– casa: comportamiento en familia
– verdad: decir la verdad
– calma: controlar impulsos
– respeto: trato a los demás
– tropiezo: errores que se pueden reparar
Cuando el niño cae en una casilla, realiza una acción: decir una oración, responder una pregunta, representar un gesto o pensar cómo reparar un error.
Clave catequética: el niño descubre que su vida no está separada de Jesús. Cada gesto cotidiano —pequeño, sencillo— puede acercarle o alejarle. Y aprende algo decisivo: cuando se equivoca, puede reparar y continuar.
El adulto no actúa como juez, sino como guía. No se trata de señalar errores, sino de ayudar a descubrir caminos mejores.
El juego puede terminar cuando todos llegan o cuando se ha jugado un tiempo suficiente. No es necesario forzar un final competitivo.
Tablero del juego

El tablero representa un camino. No es un recorrido imaginario, sino la vida del niño: sus gestos, sus palabras, sus decisiones. Cada casilla es una oportunidad para acercarse a Jesús.
Barajas del juego
| Baraja | Anverso | Reverso |
|---|---|---|
| Oración | ![]() |
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| Casa | ![]() |
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| Verdad | ![]() |
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| Calma | ![]() |
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| Respeto | ![]() |
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| Tropiezo | ![]() |
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Guía práctica para imprimir y montar el juego
Para que Camino hasta Jesús funcione bien en casa o en catequesis, conviene prepararlo con un poco de cuidado. No hace falta gastar mucho dinero, pero sí merece la pena imprimirlo y montarlo de forma resistente, porque es un juego pensado para repetirse muchas veces.
Formato recomendado para el tablero: lo ideal es imprimir el tablero en DIN A3. En ese tamaño, las casillas se ven mejor, los niños mueven las fichas con más facilidad y el juego resulta más cómodo para varios jugadores. Si solo se dispone de impresora doméstica, también puede imprimirse en DIN A4, aunque será más pequeño y convendrá usar fichas pequeñas.
Si se imprime en A3, lo mejor es llevar el archivo a una copistería y pedir una impresión en color sobre papel de 120 g o 160 g. Si se va a usar mucho, puede plastificarse. Otra opción muy buena es pegarlo sobre una base rígida.
Base para el tablero: puede usarse cartón pluma, cartón gris, una tabla fina de madera, una carpeta rígida o una plancha de cartón reciclado bien lisa. Para tamaño A3, una base aproximada de 42 × 30 cm será suficiente. Si se quiere un acabado más bonito, se puede dejar un pequeño margen alrededor del tablero.
Pegamentos recomendados: para pegar el tablero sobre cartón o madera, lo más limpio es usar pegamento en spray reposicionable, porque reparte bien y evita arrugas. También sirve una barra adhesiva fuerte, aplicada con paciencia desde el centro hacia los bordes. No recomiendo cola blanca líquida directamente sobre el papel, porque puede ondularlo. Si se usa cola, debe ponerse muy poca cantidad y extenderse con una brocha o tarjeta.
Montaje sencillo del tablero: coloca primero el tablero impreso sobre la base sin pegarlo, comprueba que queda recto y marca suavemente las esquinas. Después aplica el adhesivo y pega despacio, alisando con una regla, una tarjeta de plástico o un paño limpio. Si quedan burbujas, presiónalas hacia los bordes. Déjalo secar bajo algunos libros durante unas horas.
Cómo imprimir las cartas: cada baraja tiene dos imágenes: anversos y reversos. Primero se imprime el anverso. Después se vuelve a introducir la misma hoja en la impresora e imprime el reverso. Conviene hacer una prueba con una sola hoja antes de imprimir todas las barajas.
En la configuración de impresión, selecciona DIN A4, color, calidad alta y, si la impresora lo permite, impresión a escala 100%. Si al imprimir ves que la imagen se sale un poco del papel, puedes usar “ajustar a página”, pero es mejor mantener siempre el mismo criterio en todas las barajas para que las cartas queden iguales.
Si imprimes en cartulina: usa cartulina blanca imprimible de 160 g a 200 g. Es la opción más práctica, porque las cartas ya salen con cuerpo. Después solo hay que recortarlas con cúter y regla metálica, o con guillotina si tienes una. Si van a usarlas niños pequeños, conviene redondear un poco las esquinas.
Si imprimes en papel normal: imprime en papel de 90 g o 100 g y pega cada hoja sobre cartulina antes de recortar. También puedes imprimir anverso y reverso por separado y pegarlos entre sí, colocando una cartulina fina en medio para dar resistencia.
Plastificar las cartas: si el juego se va a usar mucho, merece la pena plastificar las cartas. Así se protegen de dobleces y suciedad.
Fichas y dado: pueden ser botones, tapones o piezas de otros juegos.
Fichas-avatar: pequeños recortes de cartulina roja. Sobre ellas pegas recortados los avatares que te ofrecemos:

Cómo guardar el juego: lo ideal es preparar una caja sencilla con todo el material. Puede servir una caja decorada por los niños.
Consejo final: no busques un acabado perfecto. Lo importante es que el juego se use y se viva en familia. Prepararlo juntos también forma parte del camino.











