Evangelio del día: La parábola de la red

Evangelio del día: La parábola de la red

La red que recoge toda clase de peces

Mateo 13, 47-53 · Jueves de la 17.ª semana del Tiempo Ordinario

Jesús compara el Reino de los Cielos con una red que recoge toda clase de peces. La Iglesia no es una comunidad formada únicamente por personas ya perfectas, sino un pueblo en camino, llamado a la conversión y sostenido por la paciencia de Dios.

Buscar una comunidad sin pecadores terminaría destruyendo la unidad de quienes necesitan juntos la misericordia de Cristo.

Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen los buenos en cestas y tiran los que no sirven. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos para arrojarlos al horno encendido. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Habéis comprendido todo esto?».

Ellos le respondieron: «Sí».

Entonces añadió: «Todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos se parece a un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Cuando Jesús terminó estas parábolas, se alejó de allí.

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Palabra central

«La red recoge toda clase de peces».

Lecturas de la liturgia

Primera lectura Libro de Jeremías, Jer 18, 1-6
Salmo Sal 145, 1-6

Oración introductoria

Dios mío, creo en tu poder y sé que Tú eres el Señor de la historia. Gracias por recordarme que, al final, sólo permanecerá cuanto haya realizado por amor a Ti y a mis hermanos.

Ilumina mi oración. Te la ofrezco junto con mi vida. Toma el control de mis pensamientos y deseos para que sepa pedirte aquello que verdaderamente me conviene.

Petición

Jesús, con frecuencia olvido ponerte en el primer lugar. Ayúdame a crecer en el amor para que seas siempre el centro de mi vida.

Meditación de san Agustín de Hipona

Imitar la paciencia del Señor

Nuestro Señor ha sido un modelo incomparable de paciencia. Soportó hasta su Pasión la presencia de quien él mismo llamó «un demonio» entre sus discípulos.

También dijo: «Dejadlos crecer juntos hasta la siega, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también el trigo».

Como imagen de la Iglesia, anunció que la red arrastraría hasta la orilla —es decir, hasta el fin del mundo— toda clase de peces, buenos y malos.

De muchas otras maneras, hablando abiertamente o mediante parábolas, dio a conocer que los buenos y los malos permanecerían mezclados.

La paciencia no elimina la corrección

Esto no significa que deba descuidarse la disciplina dentro de la Iglesia. Jesús mismo enseña:

«Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano».

Mateo 18, 15

La corrección fraterna pertenece a la caridad. Su finalidad no es humillar ni excluir al hermano, sino ayudarlo a recuperar la comunión y conducirlo hacia la conversión.

El peligro de un rigor sin discernimiento

Sin embargo, vemos que algunas personas sólo consideran los preceptos más rigurosos: no dar lo santo a los perros, tratar como publicano a quien desprecia a la Iglesia o arrancar del cuerpo los miembros que escandalizan.

Su celo intempestivo termina desorientando a la Iglesia. Quieren arrancar la cizaña antes de tiempo y, cegados por su propia severidad, se convierten ellos mismos en enemigos de la unidad de Jesucristo.

La búsqueda de una Iglesia formada únicamente por personas aparentemente puras puede convertirse en una forma de soberbia y división.

No romper la unidad

Vigilemos para no dejar entrar en nuestro corazón pensamientos presuntuosos.

No deseemos apartarnos de los pecadores simplemente para evitar ensuciarnos con su contacto, ni pretendamos formar un rebaño compuesto exclusivamente por discípulos que se consideran puros y santos.

Bajo el pretexto de no mezclarnos con los malos, no haríamos otra cosa que romper la unidad.

Recordemos, más bien, las parábolas de la Escritura, sus palabras inspiradas y sus ejemplos.

En ellos se nos enseña que, dentro de la Iglesia, los malos permanecerán mezclados con los buenos hasta el fin del mundo y el día del juicio.

La presencia de quienes viven en pecado no perjudica a los buenos que participan de los sacramentos, siempre que éstos no colaboren con sus malas obras ni compartan sus pecados.

San Agustín de Hipona

Sobre la fe y las obras, capítulos 3-5

Claves para comprender el Evangelio

Imagen Sentido espiritual
La red Representa la llamada universal del Reino y la misión de la Iglesia, que alcanza a personas de toda procedencia y condición.
El mar Es el mundo, con su inmensidad, diversidad, peligros y posibilidades de vida.
Toda clase de peces Expresa que la Iglesia acoge a personas que se encuentran en distintos momentos de fe, conversión y madurez.
La orilla Representa el final de la historia, cuando cada vida será manifestada plenamente ante Dios.
La separación El juicio definitivo corresponde a Dios. El discípulo no debe apropiarse de esa función mediante condenas precipitadas.
Lo nuevo y lo antiguo El discípulo reconoce el cumplimiento de las antiguas promesas en Cristo y sabe transmitirlas con una comprensión renovada.

Para examinar la vida

¿Juzgo con facilidad la fe y la vida de los demás? ¿Me considero mejor por no tener sus pecados visibles? ¿Sé corregir con caridad sin humillar? ¿Contribuyo a la unidad de la Iglesia o creo divisiones mediante críticas, sospechas y etiquetas?

Una distinción necesaria

Acoger a los pecadores no significa aprobar el pecado. La paciencia cristiana exige unir verdad y misericordia: corregir cuando sea necesario, proteger a las víctimas, evitar el escándalo y trabajar siempre por la conversión y la comunión.

Propósito

Haré al final del día un breve examen de conciencia. Pediré perdón por las injusticias, juicios o faltas de caridad cometidas y elegiré un medio concreto para reparar el daño y evitar volver a caer.

Diálogo con Cristo

Padre, Tú nunca te equivocas y puedes hacer que cuanto sucede en mi entorno se convierta en ocasión para crecer en el amor.

Nada queda fuera de tu providencia. Por eso necesito permanecer atento para discernir no sólo por qué sucede algo, sino, sobre todo, para qué puedo vivirlo unido a Ti.

Gracias por recordarme que debo mantener una actitud vigilante, porque no quiero fallar en el amor.

Líbrame de la soberbia de considerarme justo y puro frente a los demás. Enséñame a corregir sin condenar, a acoger sin justificar el mal y a defender la unidad sin renunciar a la verdad.

Haz que recuerde que también yo he sido recogido en tu red por pura misericordia y que necesito cada día tu perdón.

Idea para vivir el Evangelio de hoy

La Iglesia no se mantiene unida porque todos sus miembros sean perfectos, sino porque Cristo reúne, corrige, perdona y conduce a la conversión a quienes se dejan alcanzar por su gracia.

Para seguir profundizando

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Evangelio del día: La semilla y la cizaña

Evangelio del día: La semilla y la cizaña

 

El trigo, la cizaña y la paciencia de Dios

Mateo 13, 36-43 · Martes de la 17.ª semana del Tiempo Ordinario

El demonio es un sembrador de cizaña: busca dividir a las personas, las familias, las naciones y los pueblos. Cristo, en cambio, siembra la buena semilla y nos enseña a vivir con paciencia, esperanza y confianza en la victoria definitiva del bien.

Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dejó a la multitud y regresó a la casa. Sus discípulos se acercaron y le dijeron:

«Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».

Él les respondió:

«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio.

La cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.

Así como se arranca la cizaña y se quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo.

El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y ellos quitarán de su Reino todos los escándalos y a cuantos obran el mal, y los arrojarán al horno encendido. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.

El que tenga oídos, que oiga».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Palabra central

«Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre».

Lecturas de la liturgia

Primera lectura Libro de Jeremías, Jer 14, 17-22
Salmo Sal 79 (78), 8-13

Oración introductoria

Señor, ayúdame a escuchar y creer en tu Palabra para que esta oración sea el comienzo de una verdadera transformación. Haz que Tú seas el principio, el centro y el fin de todas las actividades de este día.

Petición

Padre Santo, hazme un instrumento fiel y eficaz de tu Evangelio.

Meditación del Santo Padre Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En estos domingos, la liturgia propone algunas parábolas evangélicas, es decir, breves narraciones que Jesús utilizaba para anunciar a la multitud el Reino de los Cielos.

Entre las parábolas presentes en el Evangelio de hoy hay una especialmente compleja, de la que Jesús ofrece una explicación a sus discípulos: la parábola del trigo y la cizaña.

Esta parábola afronta el problema del mal en el mundo y pone de relieve la paciencia de Dios.

El sembrador de la división

La escena tiene lugar en un campo donde el dueño siembra trigo. Pero, durante la noche, llega un enemigo y siembra cizaña.

El término «cizaña», en hebreo, deriva de la misma raíz que el nombre «Satanás» y remite al concepto de división.

El demonio es un sembrador de cizaña: busca siempre dividir a las personas, las familias, las naciones y los pueblos.

Los servidores quieren retirar inmediatamente la hierba mala, pero el dueño se lo impide y les explica: «No sea que, al recoger la cizaña, arranquéis también el trigo».

Todos sabemos que, mientras crece, la cizaña se parece mucho al trigo. Existe, por tanto, el peligro de confundirlos.

El mal no procede de Dios

La enseñanza de la parábola es doble. En primer lugar, nos dice que el mal que existe en el mundo no procede de Dios, sino de su enemigo, el Maligno.

Es significativo que el enemigo vaya de noche a sembrar la cizaña: actúa en la oscuridad, en la confusión y allí donde falta la luz.

Este enemigo es astuto. Ha sembrado el mal en medio del bien, de tal manera que los seres humanos no podemos separarlos siempre con claridad.

Dios, sin embargo, podrá hacerlo al final.

Nuestra impaciencia y la espera de Dios

Aquí aparece el segundo tema: la contraposición entre la impaciencia de los servidores y la espera paciente del propietario del campo, que representa a Dios.

Nosotros tenemos con frecuencia mucha prisa por juzgar, clasificar y colocar de un lado a los buenos y del otro a los malos.

Recordemos la oración de aquel hombre soberbio: «Oh Dios, te doy gracias porque soy bueno y no soy como los demás hombres».

Dios, en cambio, sabe esperar. Mira el campo de la vida de cada persona con paciencia y misericordia.

Ve mucho mejor que nosotros la suciedad y el mal, pero también contempla los brotes de bien y espera confiadamente a que maduren.

Nuestro Dios es un Padre paciente que nos espera con el corazón abierto para acogernos y perdonarnos.

Él nos perdona siempre cuando acudimos sinceramente a su encuentro.

La paciencia no es indiferencia

La actitud del propietario es la actitud de la esperanza, fundada en la certeza de que el mal no tiene ni la primera ni la última palabra.

Gracias a esta esperanza paciente de Dios, incluso la cizaña —es decir, un corazón malo y cargado de pecados— puede llegar a transformarse finalmente en buen trigo.

Pero debemos prestar atención: la paciencia evangélica no es indiferencia ante el mal. No podemos confundir el bien con el mal.

Ante la cizaña presente en el mundo, el discípulo del Señor está llamado a imitar la paciencia de Dios y alimentar la esperanza, apoyándose en una firme confianza en la victoria final del bien, es decir, de Dios.

El juicio y la misericordia

Al final, el mal será retirado y eliminado. En el tiempo de la cosecha, es decir, del juicio, los encargados de recoger seguirán la orden del dueño y separarán la cizaña para quemarla.

En ese día de la cosecha definitiva, el juez será Jesucristo, aquel que sembró el buen trigo en el mundo y que se convirtió él mismo en grano de trigo, murió y resucitó.

Al final, todos seremos juzgados con la misma medida con la que hayamos juzgado.

La misericordia que hayamos usado con los demás será usada también con nosotros. Pidamos a la Virgen, nuestra Madre, que nos ayude a crecer en paciencia, esperanza y misericordia con todos nuestros hermanos.

Santo Padre Francisco

Ángelus del domingo, 20 de julio de 2014

Claves para comprender el Evangelio

Imagen Sentido espiritual
El sembrador Es el Hijo del hombre, Jesucristo, que siembra en el mundo la verdad, la gracia y la vida del Reino.
El campo Es el mundo y también el corazón humano, donde crecen simultáneamente semillas de bien y tentaciones de mal.
La buena semilla Son los hijos del Reino, llamados a dar fruto mediante la fe, la fidelidad, la justicia y la caridad.
La cizaña Representa el mal sembrado por el enemigo: pecado, división, engaño, escándalo y rechazo de Dios.
La cosecha Es el juicio definitivo, cuando Dios manifestará plenamente la verdad de cada vida y vencerá para siempre al mal.
El resplandor Expresa la gloria de los justos, transformados por Dios y llamados a participar eternamente de su luz.

Para examinar la vida

¿Siembro paz o división con mis palabras? ¿Me apresuro a juzgar y clasificar a las personas? ¿Confundo la paciencia con la permisividad ante el mal? ¿Reconozco y agradezco los pequeños brotes de bien que Dios hace crecer en mí y en los demás?

Propósito

Renunciaré hoy a algo bueno que me agrada, pero que no necesito, para crecer en libertad interior y en amor a Dios. Ofreceré esa pequeña renuncia por la reconciliación de una familia o de unas personas divididas.

Diálogo con Cristo

Señor, creo que estás siempre pendiente de mi vida y que el mal no tendrá la victoria definitiva.

Renuevo mi confianza en que, con tu gracia y tu misericordia, podré avanzar hacia la santidad.

Cuando experimente la fuerza del mal en mi corazón, ayúdame a recordar que esta vida es breve y que todo esfuerzo realizado por amor es precioso ante tus ojos.

Sostén mi esperanza y haz que recuerde siempre la felicidad eterna que estás preparando para quienes permanecen fieles.

No permitas que siembre división con mis palabras o mis juicios. Hazme paciente con las debilidades de los demás, firme ante el mal y misericordioso con cada persona.

Idea para vivir el Evangelio de hoy

El cristiano no combate la cizaña sembrando más división, sino cultivando con paciencia la verdad, la misericordia y los brotes de bien.

Para seguir profundizando

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Evangelio del día: Parábola de la cizaña en el campo

Evangelio del día: Parábola de la cizaña en el campo

El trigo y la cizaña

Mateo 13, 24-43 · Decimosexto Domingo del Tiempo Ordinario

La parábola del trigo y la cizaña nos muestra un aspecto esencial de la evangelización. El enemigo puede ocupar una parte del campo del Reino y causar daño, pero la bondad de la semilla sembrada por Cristo termina manifestándose con el tiempo. El discípulo no debe perder la paz ni actuar con precipitación, sino confiar en la paciencia, la justicia y la victoria final de Dios.

Evangelio

En aquel tiempo, Jesús propuso a la gente esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras todos dormían, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.

Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los criados fueron entonces a ver al propietario y le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?”. Él les respondió: “Esto lo ha hecho un enemigo”.

Los criados le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, porque, al arrancar la cizaña, podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla; después recoged el trigo en mi granero”».

También les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. Es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es mayor que las hortalizas y se convierte en un árbol, de manera que los pájaros del cielo vienen a cobijarse en sus ramas».

Después les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a la levadura que una mujer mezcló con tres medidas de harina hasta que fermentó toda la masa».

Todo esto lo decía Jesús a la multitud por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».

Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa. Sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».

Él les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno, y el enemigo que la siembra es el diablo. La cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.

Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y ellos quitarán de su Reino todos los escándalos y a todos los que obran el mal, y los arrojarán en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Palabra central

«Dejadlos crecer juntos hasta la siega».

Lecturas de la liturgia

Primera lectura Libro de la Sabiduría, Sab 12, 13.16-19
Salmo Sal 86 (85), 5-6.9-10.15-16a
Segunda lectura Carta de san Pablo a los Romanos, Rom 8, 26-27

Oración preparatoria

Espíritu Santo, limpia el terreno de mi alma y multiplica los dones de tu gracia para que, fervoroso en la fe, la esperanza y la caridad, persevere siempre fiel en el cumplimiento de tus mandatos.

Petición

Señor y Dios mío, concédeme que en esta oración mi mente y mi corazón sean tierra fértil en la que puedas sembrar.

Meditación del Santo Padre Francisco

Primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar

24. La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan.

«Primerear»: sepan disculpar este neologismo. La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa y nos primereó en el amor (cf. 1 Jn 4, 10). Por eso sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos.

Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva. ¡Atrevámonos un poco más a primerear!

Como consecuencia, la Iglesia sabe involucrarse. Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos. Pero luego dice a los discípulos: «Seréis felices si hacéis esto» (Jn 13, 17).

La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, acorta distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así olor a oveja y estas escuchan su voz.

Luego, la comunidad evangelizadora se dispone a acompañar. Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia y evita maltratar los límites.

Fiel al don del Señor, también sabe fructificar. La comunidad evangelizadora siempre está atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda. Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña.

El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones quejosas ni alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectos o inacabados.

La comunidad evangelizadora cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña.

El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no consiste en llenarse de enemigos, sino en que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora.

Por último, la comunidad evangelizadora gozosa sabe festejar. Celebra cada pequeña victoria y cada paso adelante en la evangelización. La evangelización gozosa se convierte en belleza en la liturgia, en medio de la exigencia diaria de extender el bien.

La Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la liturgia, que es también celebración de la actividad evangelizadora y fuente de un renovado impulso de entrega.

Santo Padre Francisco

Evangelii gaudium, 24

Sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual

Meditación del Santo Padre Benedicto XVI

En Jesucristo, que por nosotros permitió que su corazón fuera traspasado, se ha manifestado el verdadero rostro de Dios. Lo seguiremos junto con la multitud de quienes nos han precedido. Entonces iremos por el camino justo.

Esto significa que no nos construimos un Dios privado ni un Jesús privado, sino que creemos y nos postramos ante el Jesús que nos muestran las Sagradas Escrituras y que, en la gran comunidad de fieles llamada Iglesia, se manifiesta viviente, siempre con nosotros y, al mismo tiempo, siempre delante de nosotros.

Se puede criticar mucho a la Iglesia. Lo sabemos, y el Señor mismo nos lo dijo: es una red con peces buenos y malos, un campo con trigo y cizaña.

El papa Juan Pablo II, que nos mostró el verdadero rostro de la Iglesia en los numerosos beatos y santos que proclamó, también pidió perdón por el mal causado a lo largo de la historia por las palabras o los actos de hombres de la Iglesia.

De este modo también nos hizo ver nuestra verdadera imagen y nos exhortó a entrar, con todos nuestros defectos y debilidades, en la multitud de los santos que comenzó a formarse con los Magos de Oriente.

En el fondo, consuela que exista la cizaña en la Iglesia. Así, a pesar de todos nuestros defectos, podemos esperar estar todavía entre quienes siguen a Jesús, que ha llamado precisamente a los pecadores.

La Iglesia es como una familia humana, pero es también la gran familia de Dios, mediante la cual él establece un espacio de comunión y unidad en todos los continentes, culturas y naciones. Por eso nos alegramos de pertenecer a esta gran familia y de tener hermanos y amigos en todo el mundo.

Santo Padre Benedicto XVI

Vigilia con los jóvenes del sábado, 20 de agosto de 2005

Claves para comprender el Evangelio

Símbolo Sentido cristiano
El sembrador Es Jesucristo, que siembra incansablemente la Palabra y hace crecer el Reino en el mundo.
El campo Es el mundo, pero también el corazón humano y la vida de la Iglesia, donde conviven el bien y el mal.
El trigo Representa a quienes acogen la Palabra y permiten que dé frutos de justicia, fe y caridad.
La cizaña Representa el mal sembrado por el enemigo, que puede confundirse durante un tiempo con el bien y causar daño.
La espera Manifiesta la paciencia de Dios, que ofrece tiempo para la conversión y evita juicios precipitados.
La cosecha Es el juicio definitivo de Dios, cuando la verdad de cada vida quedará plenamente manifestada.

Para examinar la vida

¿Pierdo la paz cuando descubro defectos, pecados o dificultades dentro de la Iglesia? ¿Intento arrancar precipitadamente la cizaña mediante juicios o condenas? ¿Me preocupo suficientemente por cuidar el trigo que Dios ha sembrado en mí y en los demás?

Catecismo de la Iglesia Católica

II. «Venga a nosotros tu Reino»

2816. En el Nuevo Testamento, la palabra basileia se puede traducir por realeza, reino o reinado. El Reino de Dios es para nosotros lo más importante. Se aproxima en el Verbo encarnado, se anuncia a través de todo el Evangelio y llega en la muerte y la Resurrección de Cristo.

El Reino de Dios adviene en la Última Cena y, por la Eucaristía, está entre nosotros. Llegará en la gloria cuando Jesucristo lo devuelva a su Padre.

«Puede ser que el Reino de Dios signifique Cristo en persona, al cual llamamos con nuestras voces todos los días y de quien queremos apresurar su advenimiento por nuestra espera. Como es nuestra Resurrección porque resucitamos en él, puede ser también el Reino de Dios porque en él reinaremos».

San Cipriano de Cartago
De dominica Oratione, 13

2817. Esta petición es el Marana tha, el grito del Espíritu y de la Esposa: «Ven, Señor Jesús».

«Aunque esta oración no nos hubiera mandado pedir el advenimiento del Reino, habríamos tenido que expresar esta petición, dirigiéndonos con premura a la meta de nuestras esperanzas. Señor, apresura la venida de tu Reino».

Tertuliano
De oratione, 5, 2-4

2818. En la Oración del Señor se trata principalmente de la venida final del Reino de Dios por medio del retorno de Cristo. Pero este deseo no aparta a la Iglesia de su misión en el mundo; por el contrario, la compromete todavía más.

Desde Pentecostés, la venida del Reino es obra del Espíritu del Señor, que santifica todas las cosas llevando a plenitud su obra en el mundo.

2819. «El Reino de Dios es justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo» (Rm 14, 17). Los últimos tiempos, en los que estamos, son los de la efusión del Espíritu Santo. Desde entonces está entablado un combate decisivo entre la carne y el Espíritu.

«Sólo un corazón puro puede decir con seguridad: “¡Venga a nosotros tu Reino!”. Es necesario haber estado en la escuela de Pablo para decir: “Que el pecado no reine ya en nuestro cuerpo mortal”. El que se conserva puro en sus acciones, pensamientos y palabras puede decir a Dios: “¡Venga tu Reino!”».

San Cirilo de Jerusalén
Catecheses mystagogicae, 5, 13

2820. Discerniendo según el Espíritu, los cristianos deben distinguir entre el crecimiento del Reino de Dios y el progreso de la cultura y de la sociedad en las que están implicados. Esta distinción no significa separación.

La vocación del hombre a la vida eterna no suprime, sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz.

2821. Esta petición está sostenida y escuchada en la oración de Jesús, presente y eficaz en la Eucaristía. Su fruto es la vida nueva según las Bienaventuranzas.

Catecismo de la Iglesia Católica

Propósito

Ante el Sagrario, meditaré en qué momentos he podido convertirme en cizaña para mis hermanos en Cristo. Pediré al Padre la gracia necesaria para cambiar, reparar el daño causado y dejar que transforme mi cizaña en trigo bueno.

Diálogo con Cristo

Señor, creo que Tú siempre estás pendiente de mi vida y que el mal no tendrá la última palabra. Renuevo mi confianza en que, con tu gracia y tu misericordia, podré avanzar por el camino de la santidad.

Cuando la tentación se acerque y corra el peligro de convertirme en cizaña para mis hermanos, ayúdame a ser trigo: una presencia que alimenta, sostiene, reconcilia y da fruto para tu Reino.

Idea para vivir el Evangelio de hoy

No estamos llamados a vivir obsesionados con la cizaña, sino a cuidar pacientemente el trigo, confiando en que Dios hará resplandecer la verdad de cada vida.

Para seguir profundizando

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