Homilía del Santo Padre Francisco en la solemnidad de Santa María, Madre de Dios

Homilía del Santo Padre Francisco en la solemnidad de Santa María, Madre de Dios

Hemos escuchado las palabras del apóstol Pablo: «Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Ga 4,4).

¿Qué significa el que Jesús naciera en la «plenitud de los tiempos»? Si nos fijamos únicamente en el momento histórico, podemos quedarnos pronto defraudados. Roma dominaba con su potencia militar gran parte del mundo conocido. El emperador Augusto había llegado al poder después de haber combatido cinco guerras civiles. También Israel había sido conquistado por el Imperio Romano y el pueblo elegido carecía de libertad. Para los contemporáneos de Jesús, por tanto, esa no era en modo alguno la mejor época. La plenitud de los tiempos no se define desde una perspectiva geopolítica.

Se necesita, pues, otra interpretación, que entienda la plenitud desde el punto de vista de Dios. Para la humanidad, la plenitud de los tiempos tiene lugar en el momento en el que Dios establece que ha llegado la hora de cumplir la promesa que había hecho. Por tanto, no es la historia la que decide el nacimiento de Cristo, sino que es más bien su venida en el mundo la que hace que la historia alcance su plenitud. Por esta razón, el nacimiento del Hijo de Dios señala el comienzo de una nueva era en la que se cumple la antigua promesa. Como escribe el autor de la Carta a los Hebreos: «En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa» (1,1-3). La plenitud de los tiempos es, pues, la presencia en nuestra historia del mismo Dios en persona. Ahora podemos ver su gloria que resplandece en la pobreza de un establo, y ser animados y sostenidos por su Verbo que se ha hecho «pequeño» en un niño. Gracias a él, nuestro tiempo encuentra su plenitud. También nuestro tiempo personal alcanzará su plenitud en el encuentro con Jesucristo, el Dios hecho hombre.

Sin embargo, este misterio contrasta siempre con la dramática experiencia histórica. Cada día, aunque deseamos vernos sostenidos por los signos de la presencia de Dios, nos encontramos con signos opuestos, negativos, que nos hacen creer que él está ausente. La plenitud de los tiempos parece desmoronarse ante la multitud de formas de injusticia y de violencia que golpean cada día a la humanidad. A veces nos preguntamos: ¿Cómo es posible que perdure la opresión del hombre contra el hombre, que la arrogancia del más fuerte continúe humillando al más débil, arrinconándolo en los márgenes más miserables de nuestro mundo? ¿Hasta cuándo la maldad humana seguirá sembrando la tierra de violencia y de odio, que provocan tantas víctimas inocentes? ¿Cómo puede ser este un tiempo de plenitud, si ante nuestros ojos muchos hombres, mujeres y niños siguen huyendo de la guerra, del hambre, de la persecución, dispuestos a arriesgar sus vidas con tal de que se respeten sus derechos fundamentales? Un río de miseria, alimentado por el pecado, parece contradecir la plenitud de los tiempos realizada por Cristo. Acordaos, queridos pueri cantores, que ésta era la tercera pregunta que ayer me hicisteis: ¿Cómo se explica esto…? También los niños se dan cuenta de esto

Y, sin embargo, este río en crecida nada puede contra el océano de misericordia que inunda nuestro mundo. Todos estamos llamados a sumergirnos en este océano, a dejarnos regenerar para vencer la indiferencia que impide la solidaridad y salir de la falsa neutralidad que obstaculiza el compartir. La gracia de Cristo, que lleva a su cumplimiento la esperanza de la salvación, nos empuja a cooperar con él en la construcción de un mundo más justo y fraterno, en el que todas las personas y todas las criaturas puedan vivir en paz, en la armonía de la creación originaria de Dios.

Al comienzo de un nuevo año, la Iglesia nos hace contemplar la Maternidad de María como icono de la paz. La promesa antigua se cumple en su persona. Ella ha creído en las palabras del ángel, ha concebido al Hijo, se ha convertido en la Madre del Señor. A través de ella, a través de su «sí», ha llegado la plenitud de los tiempos. El Evangelio que hemos escuchado dice: «Conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2,19). Ella se nos presenta como un vaso siempre rebosante de la memoria de Jesús, Sede de la Sabiduría, al que podemos acudir para saber interpretar coherentemente su enseñanza. Hoy nos ofrece la posibilidad de captar el sentido de los acontecimientos que nos afectan a nosotros personalmente, a nuestras familias, a nuestros países y al mundo entero. Donde no puede llegar la razón de los filósofos ni los acuerdos de la política, allí llega la fuerza de la fe que lleva la gracia del Evangelio de Cristo, y que siempre es capaz de abrir nuevos caminos a la razón y a los acuerdos.

Bienaventurada eres tú, María, porque has dado al mundo al Hijo de Dios; pero todavía más dichosa por haber creído en él. Llena de fe, has concebido a Jesús antes en tu corazón que en tu seno, para hacerte Madre de todos los creyentes (cf. San Agustín,Sermón 215, 4). Madre, derrama sobre nosotros tu bendición en este día consagrado a ti; muéstranos el rostro de tu Hijo Jesús, que trae a todo el mundo misericordia y paz. Amén.

Homilía del Santo Padre Francisco en la solemnidad de Santa María, Madre de Dios,
XLIL Jornada Mundial de la Paz, Basílica Vaticana, viernes 1 de enero de 2016

Los niños y la Navidad

Los niños y la Navidad

Año tras año, las costumbres populares nos insertan dentro de algunas celebraciones que, si bien no son estrictamente catequísticas, poseen una índole mágica-religiosa que muchas veces pueden generarnos cierta confusión como, por ejemplo, los festejos en torno a la Navidad. Por supuesto que no se trata aquí de “pinchar” o “desencantar” fantasías infantiles disfrutadas por generaciones. Lo único que creemos aconsejable hacer es orientar a los niños para que rescaten los elementos esenciales de tales sucesos religiosos.

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La Navidad

Existe gran variedad de costumbres y leyendas, de acuerdo con las zonas geográficas y países en torno a la Navidad. Los grandes, y mucho más los pequeños, esperan ansiosamente esta época por los regalos, las fiestas, las comidas, la venida de Papá Noel o Santa Claus, el nacimiento de Jesús, los ángeles y pastores, los Reyes Magos, el árbol de Navidad, etc. Esta época que recuerda el nacimiento de Nuestro Salvador está rodeada de figuras y acontecimientos mágico-prodigiosos. Todo un mundo maravilloso, tan diverso del cotidiano, que cautiva a los niños.

Lo que ocurrió hace más de 2000 años en Belén es recordado por los cristianos mediante gestos cuyo significado se ha transmitido de una generación a otra por vía oral o escrita. El hecho fundamental que se recuerda y se celebra es el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. La historia de los hombres tiene un antes y un después, a partir del nacimiento de Jesús. En Navidad celebramos el día en que Dios se hizo hombre; el encuentro definitivo del Creador con sus creaturas; lo que conocemos como el misterio de la Encarnación. La Navidad debe transformarse en un tiempo de encuentros y reencuentros. Un tiempo de oración, de alegría y paz. La oración, el gesto, el canto religioso, la participación en la liturgia; todo debe crear un clima de preparación a la venida del Salvador.

Esta es la razón por la que debemos rescatar todos aquellos gestos y momentos de oración en familia, del encuentro frente al pesebre, de alegría familiar compartida. La mejor manera de preparar un lugar para Jesús en la Navidad es abriendo nuestro corazón a nuestros hermanos, especialmente los más necesitados.

Incluso el armado del pesebre con los chicos puede ser una buena ocasión para realizar una catequesis sobre la navidad. Privilegiemos el pesebre, esto es a Jesús, María y José, antes que a los regalos, las guirnaldas, el árbol de la navidad, etc. Todo esto puede acompañar, pero el lugar central lo tiene que ocupar Jesús.

Símbolos y signos navideños que se pueden explicar a los niños

  • El pesebre o Belén. Es la representación del nacimiento de Jesús por medio de figuras vivientes o no. San Francisco de Asís fue el que instituyó esta costumbre hacia el año 1223.
  • La estrella de Belén. Una estrella adorna nuestro belén y, a menudo, la cima del árbol de Navidad. Representa a la estrella de Belén que guió a los Reyes Magos desde Oriente hasta el pesebre donde nació Jesús. Las estrellas simbolizan la esperanza y siempre nos muestran el camino hacia Jesús.
  • La comida navideña. El espíritu navideño convoca a familiares y amigos a reunirse en torno a la mesa para celebrar el nacimiento de Jesús. Es así que esta comida fraterna se expresa en un menú variado y vistoso, que se ha ido modificando según las diferentes tradiciones familiares, locales y culturales de cada región o pueblo.
  • Noches de luz. El hábito de adornar los árboles y otros lugares de la casa con luces de colores o blancas, en jardines particulares o lugares públicos, expresan la “iluminación” obtenida por el nacimiento de Jesucristo.
  • Las velas. Las velas llevan acumulada la carga cultural y simbólica de la luz que rompe las tinieblas y las vence ocupando su lugar; del triunfo del día sobre la noche; de la victoria del bien sobre el mal. Simbolizan la purificación y su llama se entiende como la representación de Cristo, la luz del mundo, quien derrotó definitivamente al mal con su muerte y resurrección.
  • El árbol de Navidad. Los orígenes del arbolito, que según la costumbre se arma junto al pesebre cada 8 de diciembre, se remontan a una celebración pre-cristiana de la zona de Alemania. Los antiguos germanos, al finalizar cada año, celebraban la renovación de la vida, eligiendo un árbol y adornándolo con antorchas. San Bonifacio reemplazó el árbol por un pino y lo adornó con manzanas y con velas, que representaban la luz mundo, Jesucristo. Costumbre que rápidamente se extendió por otros países.
  • Villancicos. Desde que se estableció la fiesta de la Navidad en el siglo II, las canciones que acompañaban las celebraciones relataban los hechos ocurridos en torno al nacimiento de Jesús. Estos temas musicales, conocidos como villancicos porque sus primeros autores e intérpretes vivían en aldeas o villas, pasaron a formar parte de la liturgia en el siglo XVI. Entre ellos se destaca Noche de Paz, escrita en 1818 por el Padre Joseph Mohr y con música de Franz Gruber, en Austria.
  • Las Campanas. Purifican y son símbolo de alegría y júbilo navideño. Con su bello y atrayente sonido llaman la atención de quienes las escuchan y predisponen a estar atentos y escuchar todo lo que viene de lo alto; o sea todo lo que viene de Dios.
  • Coronas. Simbolizan la dignidad y el poder, sobre todo el del Jesús. Poseen un valor simbólico y suelen ser elaboradas con plantas como el acebo o el muérdago, adornando los hogares en Navidad.

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Todas las catequesis de Luis María Benavides

Catequesis en camino – Sitio web de Luis María Benavides

 

¡Colorea al Divino Niño Jesús!

¡Colorea al Divino Niño Jesús!

Queda poco para que celebremos el acontecimiento más importante en la historia de la Humanidad: el nacimiento del Divino Niño Jesús. Por este motivo, os proponemos unas cuantas láminas para que los niños de la casa se entretengan coloreando al Niño.

Podéis acceder a las imágenes en tamaño grande, pulsando sobre los títulos o sobre las propias imágenes.

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Oración al Divino Niño Jesús

Divino Niño Jesús Dios de mi corazón y modelo de mi conducta,

estate siempre conmigo para separarme del mal y hacerme semejante a Ti,

haciendo que crezca en sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres.

¡Oh dulce y pequeño Niño Jesús,

yo te amaré siempre con todo mi corazón!

Divino Niño Jesús, Bendícenos.

Divino Niño Jesús, Escúchanos.

Divino Niño Jesús, Óyenos.

Amén.

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¡Colorea al Divino Niño Jesús!

Divino Niño Jesús

Lámina 1

Divino Niño Jesús

Lámina 2

Divino Niño Jesús Lámina 1 Divino Niño Jesús Lámina 2
Divino Niño Jesús

Lámina 3

Divino Niño Jesús

Lámina 4

Divino Niño Jesús Lámina 3 Divino Niño Jesús Lámina 4

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La Biblia más infantil: Jesús niño

La Biblia más infantil: Jesús niño

El nacimiento de Jesús

Y en Belén, en una cueva donde dormía el ganado, porque no había sitio en la posada, nació Jesús. María, con gran cariño, lo envolvió en pañales y le puso en un pesebre que había preparado José. Más tarde, llegaron al portal unos pastores que, avisados por un ángel, fueron a llevar al Niño Jesús lo mejor que tenían.

 

«Oración al Niño Jesús»

Jesusito de mi vida;

Eres niño, como yo.

Por eso te quiero tanto

Y te doy mi corazón.

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Los Reyes MagosLos Reyes Magos

Vivían en Oriente unos sabios, los Reyes Magos, que estudiaban las estrellas. Un día, vieron una más brillante que anunciaba el nacimiento del Salvador y, muy contentos, se fueron tras ella.

 

 

 

«Quiero seguir, como los Reyes Magos, la estrella que me lleva a Belén»

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Adoración de los Reyes MagosAdoración de los Reyes Magos

Cuando los Reyes Magos llegaron a Belén y vieron a tan precioso niño, se pusieron de rodillas delante de Él y le ofrecieron como regalos: oro, incienso y mirra. En cuanto los Reyes se marcharon, la Virgen María, San José y el Niño huyeron a Egipto, pues el rey Herodes quería matar al Niño Jesús.

 

 

«Jesús, María y José, que esté siempre con los tres»

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Jesús entre los doctoresJesús entre los doctores

Cuando Jesús tenía doce años, fue con María y José a Jerusalén. Jesús se entretuvo en el templo con los sabios del templo, que estaban asombrados de oír a un muchacho hablar tan bien. Mientras tanto, la Virgen y San José buscaban a Jesús y, al encontrarle en el templo, Éste les dijo: «¿Por qué estáis preocupados? ¿No sabéis que debo ocuparme de las cosas de mi Padre Dios?».

 

«Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía»

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Jesús en el taller de JoséJesús en el taller de José

Volvieron juntos a Nazaret, donde vivieron juntos muchos años. José era carpintero y Jesús aprendió el mismo oficio. Trabajaba muy bien, obedecía a sus padres y ayudaba a los vecinos del pueblo. Así vivió Jesús hasta los treinta años. Ninguno de sus amigos sabía que era el Hijo de Dios que había venido al mundo a salvar a todos los hombres.

 

Oración del «Ofrecimiento de obras al levantarme»

Buenos días, Jesús.

Buenos días, María.

Os ofrezco el corazón y el alma mía.

Ayudadme a ser bueno en este día.

Amén.

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De La Biblia más infantil, Casals, 1999. Páginas 73 a 77

Coordinador: Pedro de la Herrán

Texto: Miguel Álvarez y Sagrario Fernández Díaz

Dibujos: José Ramón Sánchez y Javier Jerez

 

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Corre caballito (villancico clásico venezolano)

Corre caballito (villancico clásico venezolano)

Os presentamos, para esta Navidad, un maravilloso villancico: Corre Caballito. Es uno de los aguinaldos clásicos venezolanos y fue dado a conocer por la agrupación Serenata Guayanesa. Corre caballito evoca toda aquella inocencia de nuestra infancia donde un simple palo de escoba se convertía en nuestra imaginación en un brioso caballo que nos llevaba a mundos de fantasía y que mejor momento que la navidad para ir cabalgando a ese Belén de cerros de papel, casitas de cartón y corcho, pozos de espejos llenos de paticos nadando para ver al niño Jesús.

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Corre caballito – Vídeo en Youtube

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Corre caballito – Letra con acordes

corre_caballitoRE                                      LA7

Corre caballito, vamos a Belén,

.                SOL LA7            RE

a ver a María y al Niño también.

RE                                    LA7

Corre caballito, vamos a Belén,

.                SOL LA7            RE

a ver a María y al Niño también.

Corr caballito

RE7           SOL MI7            LA

Al Niño también dicen los pastores:

SOL                     RE      LA          RE

que ha nacido un niño cubierto de flores,

SOL                     RE     LA          RE

que ha nacido un niño cubierto de flores.


El ángel Gabriel anunció a María,

que el Hijo Divino de ella nacería.

El ángel Gabriel anunció a María,

que el Hijo Divino de ella nacería.

De ella nacería dicen los pastores:

que ha nacido un niño cubierto de flores,

que ha nacido un niño cubierto de flores.

 

Los tres Reyes Magos vienen del Oriente,

y le traen al Niño hermosos presentes.

Los tres Reyes Magos vienen del Oriente,

y le traen al Niño hermosos presentes.

Hermosos presentes dicen los pastores:

que ha nacido un niño cubierto de flores,

que ha nacido un niño cubierto de flores.

 

San José y la Virgen, la mula y el buey,

fueron los que vieron al Niño nacer.

San José y la Virgen, la mula y el buey,

fueron los que vieron al Niño nacer.

Al Niño nacer dicen los pastores:

que ha nacido un niño cubierto de flores,

que ha nacido un niño cubierto de flores.

 

Corre caballito, vamos a Belén,

a ver a María y al Niño también.

Corre caballito, vamos a Belén,

a ver a María y al Niño también.

Al Niño también dicen los pastores:

 

que ha nacido un niño cubierto de flores,

que ha nacido un niño cubierto de flores.

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El belén navideño. Las escenas y su significado

El belén navideño. Las escenas y su significado

Aunque ya se aprecian representaciones de La Virgen María con el niño en brazos en las catacumbas, fue san Francisco de Asís en el año 1223 quien tuvo la iniciativa de representar la escena del nacimiento de Jesús utilizando personas y animales de verdad; esto le ayudaba a considerar la realidad del misterio del nacimiento de Nuestro Señor. La idea se hizo costumbre en la Iglesia y hoy día, en nuestros hogares, en nuestras parroquias y en tantos lugares del mundo celebramos la Navidad montando nuestro Belén.

belennapolitano02Belén (Bet-lehem) significa “la casa del pan”. En esta pequeña localidad de Palestina nació Jesucristo, el Hijo de Dios, el Pan de Vida, nuestro Redentor, el Mesías prometido por Dios desde tiempos remotos. Una profecía de Miqueas lo anunciaba con claridad: “Y tú Belén de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, pues de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo Israel” (Miq 5,1)

Belén era el pueblo donde había nacido el rey David y estaba ubicado en el territorio de Judá; ambas circunstancias son importantes a saber: El patriarca Jacob, antes de morir, había delegado en su hijo Judá para que ejerciese la autoridad sobre el resto de los once hermanos, pues aunque Judá no era el mayor, había demostrado gran bondad con su padre y mayor celo y renuncia personal a favor de sus hermanos –recuérdese la historia de José– . Jacob encomendó a Judá y a sus descendientes esta misión de tutela “Hasta que venga Aquel a quien Dios ha destinado, a quien darán obediencia todos los pueblos” (Gen 49,10), en una clara referencia al Mesías que había de venir revestido de la autoridad de Dios. Ya tenemos, pues, que el Mesías nacería de la tribu de Judá.

Y en Belén de Judá vivía David cuando fue elegido por Dios y ungido por el profeta Samuel para reinar sobre todo Israel. Yahvé (Dios) le prometió continuar su reinado a través de Salomón, su hijo, y de su linaje: “Reinado que ya será para siempre, tu trono que durara para toda la eternidad” (2 Rey 7, 12-17) Pues de su descendencia nacería el Mesías (Jesucristo) cuyo reino será, y ya es, eterno según esta profecía; por eso a Jesús se le llama también “Hijo de David”. Cinco siglos mas tarde el profeta Isaías lo recordaría con estas palabras: “Y brotará un retoño del tronco de Jesé – el padre de David- sobre el que reposará el Espíritu de Yahvé” (Is 11, 1-2) Es el Espíritu Santo en toda su plenitud sobre Jesús, el Mesías prometido.

Entre Jacob y David pasarían casi mil años, y entre David y Jesucristo otros mil años.

Pero volvamos al tiempo del nacimiento del Niño Dios: San José y la Virgen Maria se sabían ambos descendientes de David, aunque el anuncio del ángel Gabriel a Maria fue una sorpresa inesperada para ella, entre otras cosas porque había decidido ofrecer su virginidad a Dios y no figuraba en sus planes tener hijos, habiendo renunciado así a la posibilidad de ser la madre del Mesías.

belennapolitano03El Misterio: Vemos al Niño Jesús que ha nacido, recostado en un pesebre -un recipiente donde se pone de comer a los animales-, que le sirve de cuna improvisada. Está envuelto en pañales porque hace mucho frio, aunque la ternura popular lo representa poco abrigadito. A su lado está su Madre la Virgen Maria y San José: La Sagrada Familia. Este es el motivo central del Belén, cuya representación nos mueve a la contemplación del gran misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.

belennapolitano03Los Reyes Magos: No fueron reyes en sentido estricto sino mas bien “magos” o “sabios” orientales versados en la ciencia de la astrología, que era una ciencia adivinatoria basada en el principio de que la vida de los hombres se desarrolla bajo la influencia de los astros. Dios se sirvió de esta circunstancia y movió el espíritu de estos buenos hombres para anunciarles, mediante una estrella singular, el acontecimiento más importante de la historia: La venida del Hijo de Dios al mundo.

Ellos, siguiendo la inspiración de Dios, y guiados por la estrella, arribaron a Jerusalén, donde reinaba Herodes. Preguntaron con sencillez acerca de dónde, según las escrituras, había de nacer el Mesías. “En Belén de Judá” le respondieron los expertos consultados por Herodes que conocían la profecía de Miqueas.

Se marcharon satisfechos y se alegraron al ver de nuevo la estrella que los condujo hasta Belén. Encontraron al Niño Dios y le ofrecieron oro, por ser rey; incienso, por ser Dios; y mirra, por ser hombre.

belennapolitano05El Castillo de Herodes: Herodes vivía en su palacio, en la parte alta de Jerusalén. No era judío pero logró, mediante acuerdos con la autoridad romana, ser nombrado rey de los judíos. Recibió el sobrenombre de “El Grande” porque realizó imponentes edificaciones, entre las que destacaba la reconstrucción del templo de Jerusalén que había sido destruido por el general romano Pompeyo en el año 63 antes de Cristo. Nunca tuvo el templo tanto esplendor como el que le dio Herodes el Grande: Era dos veces más alto que el de Salomón, y algunas de sus partes rematadas con oro deslumbraban con la luz del sol. Es el templo que conoció Jesús; aunque años mas tarde, en el 70 de nuestra era, sería de nuevo destruido por el ejército romano.

Herodes era vengativo y, al enterarse por los Magos del posible nacimiento del Mesías, desencadenó una matanza de niños pequeños para que nadie pudiera amenazar su trono a él o a sus sucesores. Este episodio se conoce como la Matanza de los Inocentes, que también se representa en el Belén; y aunque se vean romanos asesinando a los niños, las órdenes no vinieron de Roma sino de Herodes.

Los romanos: Como Palestina estaba dominada por el Imperio Romano, había por aquel tiempo una convivencia pacífica entre judíos y romanos, de hecho, muchos judíos procuraban adquirir la ciudadanía romana por conveniencia.

belennapolitano06El cesar Augusto había proclamado un edicto mediante el cual se haría un censo de todo el imperio. Cada uno tenía que empadronarse en la ciudad a la que pertenecía. José y María, su esposa, que estaba en avanzado estado de gestación, tuvieron que ir a Belén, pues eran de la “casa de David” y en aquellos días nació Jesús. Dios se valió de esta circunstancia para que el Mesías naciera en Belén y se cumplieran las profecías.

La posada: San José buscó un lugar adecuado para María en el que pudiera estar bien atendida pero no había sitio para ellos en la posada y tuvieron que alojarse en un establo.

belennapolitano07La mula y el buey: En un establo en el que había animales nace Jesús, a continuación es colocado por su madre en un pesebre; en estas condiciones de extrema pobreza ocurrió todo, ¡Y es el Hijo de Dios! De momento pasa desapercibido en la tierra pero todo el cielo lo sabe, incluso los animales parecen adivinarlo: “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo” Son palabras del profeta Isaías (Is. 1,3)

belennapolitano08Los pastores que pernoctaban al raso: Pero Dios quiso comunicar directamente la noticia del nacimiento de Jesús, aparte de a los Reyes Magos, a unos pastores que estaban velando al raso cerca de sus rebaños. Para ello les envió un Ángel que, en medio de la noche les dijo: “Os anuncio una gran alegría que será para todo el pueblo: Hoy os ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo Señor. Y esto os servirá de señal: hallareis un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre” Y de repente vino a unirse al Ángel una multitud del ejercito celestial que alababa a Dios diciendo: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.

Entusiasmados, se encaminaron hacia Belén, donde encontraron al Niño como les había dicho el ángel.

Transmitieron la noticia por el lugar y muchas más personas vinieron a adorar al Niño Jesús. Los otros pastores y demás adoradores La Virgen María, llena de alegría, guardaba todo lo que estaba aconteciendo en su corazón.

estrella-navidenaLa estrella: Seguramente era un astro natural que destacaba sobre los demás. Algunos piensan que pudo haber sido el cometa Halley. Es posible; pero lo importante es que fue el signo que puso Dios en el cielo para conducir a los Magos hacia Belén.

Otras escenas: Hay escenas en algunos belenes que, no habiendo sucedido en aquellos días, se representan también dentro de los mismos. Es el caso de La Anunciación del ángel Gabriel a la Virgen, la Visitación de Maria a su prima HuidaaEgiptosanta Isabel, la Jornada de viaje de san José con la Virgen desde Nazaret hasta Belén, la Huida a Egipto de san José con la Virgen y el Niño, etc.

En fin, el belén constituye una recreación plástica y artística llena de matices, de los acontecimientos sucedidos en torno al nacimiento del Hijo de Dios. Se ha convertido en piadosa costumbre popular que nos habla de la bondad de Dios con el género humano, de la paz entre los hombres y entre los pueblos, de unión entre las familias; y ayuda al creyente a profundizar en la alegría de la salvación de la humanidad realizada por Jesucristo. Dios hecho hombre.

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Eduardo Arquer

Belén recortable para plegar

Belén recortable para plegar

Con las siguientes imágenes se puede elaborar un precioso belén recortable y luego plegado y pegado formando una composición en tres dimensiones.

Aconsejamos que las figuras sean impresas en papel de alto gramaje o que sea bastánte rígido. 

 

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Para imprimir las imágenes sigue las siguientes instrucciones:

  • Desde Windows Internet Explorer, pinchar sobre la imagen, pulsar el botón derecho del raton y elegir «Guardar como» (se guarda en disco duro y luego se edita e imprime con un programa de edición de imágenes) o «Imprimir».
  • Desde Mozilla Firefox, pinchar sobre la imagen, pulsar el botón derecho del ratón y elegir «ver imagen» (una vez abierta, en el menú «Archivo», elegir «Imprimir») o «guardar imagen como» (se guarda en disco duro y luego se edita e imprime con un programa de edición de imágenes).
  • Es aconsejable que, al imprimr estas ilustraciones, se elija la opción «ajustar», para que el dibujo se escale hasta ocupar la mayor parte de la hoja.

 

Fuente: Club.telepolis.es

Celebración litúrgica para el Adviento: «Entronización de la Biblia»

Celebración litúrgica para el Adviento: «Entronización de la Biblia»

Celebración litúrgica para el Adviento: «Entronización de la Biblia»

Corona de Adviento

Esta celebración que presentamos está indicada para realizar durante el tiempo de Adviento.
Puede llevarse a cabo tanto en la iglesia como en una sala adecuadamente organizada.

Preparativos

Una mesa amplia con un atril preparados con sentido festivo (el atril es para colocar más tarde la Biblia sobre él; y la mesa es para colocar sobre ella la Corona de Adviento). 

Hay que adornar previamente el lugar y procurar que haya suficientes velas pequeñas para todos los asistentes. De igual modo, hay que preparar copias suficientes con los textos de la celebración para todos los participantes. 

El lugar litúrgico al inicio debe estar con escasa luz. Al encender la vela de la Corona de Adviento, se encenderán todas las luces. Entonces, colocar un cirio encendido (más grande que los demás) junto a la Biblia del atril.

Cada participante (niña o niño) deberá tener un ejemplar de la Biblia o de los Evangelios.

 

(más…)

Árbol de Navidad: nuestro regalo en familia al Niño Dios

Árbol de Navidad: nuestro regalo en familia al Niño Dios

«El árbol de Navidad es la reunión de las esperanzas de toda la familia. El Niño Dios lo ve y está contento: sonríe y comparte con todos nosotros el día de su cumpleaños». Con unas u otras palabras, mi madre nos recordaba de esta manera el significado que tiene para los cristianos el abeto adornado en estas fechas.

Mi familia proviene de muchos lugares, por lo que tradiciones muy diversas eran vividas en nuestro hogar. Una de mis bisabuelas era una hugonote francesa que se convirtió al catolicismo al casarse con mi bisabuelo. Vivieron en la Navarra francesa y luego en Burdeos y ellos, polaco y francesa, crearon una peculiar familia que recabó en España.

Mi abuela Zelinne fue quien introdujo la costumbre del árbol de Navidad, con el sentido que luego mis padres recogieron.

El árbol de Navidad era el esfuerzo común de toda la familia: su obtención, su decorado, su mantenimiento, etc.

Todo el trabajo comenzaba unas semanas antes de Navidad. Mi madre se organizaba muy bien para que jugáramos o trabajáramos a su alrededor durante todo el año. En esas semanas, la movilización de enanos era general, y la razón no era otra que fabricar los adornos para el abeto. Sí que teníamos unas bolas de cristal y alguna cintilla de espumillón… pero esos adornos eran secundarios. Mi madre nos enseñó que los adornos del árbol de Navidad son expresión de nuestro agradecimiento a Dios por todo lo que habíamos recibido de Él durante el año. Por eso no podían guardarse de año en año, sino que había que hacer adornos nuevos cada Navidad. No era, desde luego, un derroche… había para todos los gustos.

Los adornos más bonitos y sabrosos eran unos Reyes Magos planos de caramelo que mis hermanas hacían con unos moldes en la cocina, sobre un mármol. También elaboraban ángeles y pastorcillos… en el abeto siempre se montaba como un pequeño belén colgado de sus ramas. Para que no se estropearan, los envolvían en papel de celofán… y terminaban devorados el día de los Reyes. También hacían estrellas de pan de jengibre, bolitas de mazapán envueltas en platillas y otros dulces… la decoración de Navidad era un manjar para todos. En la cocina también se hacía un adorno polaco, las «oplatek», hojas de oblea con imágenes navideñas, que se regalan en Polonia como símbolo de comunión en estas fechas. Es una tradición bonita: te comes literalmente las felicitaciones navideñas en la cena de Nochebuena. Bueno, en mi casa se colgaban algunas del árbol como adornos.

Los pequeños hacíamos estrellas y ángeles con platillas y cartulina, flores con papel pinocho, etcétera, etcétera.

Mi madre bordaba en punto de cruz el adorno principal: un marquito redondo en el que colocaba recortada una imagen de la Sagrada Familia. «Este adorno –nos decía– es el que da sentido a todos los demás: se los ofrecemos a ellos».

El paso siguiente era la obtención de un abeto. Mi padre solía ir a una finca de unos amigos que tenían abetos cuando mis hermanos mayores eran chiquitines. Más tarde, en mi niñez, bajábamos a la Escuela de Ingenieros Forestales en la Ciudad Universitaria… toda una excursión, porque había que, al menos, llevarlo a casa andando y entre los que fuéramos con él. Todo requería un pequeño sacrificio: sin este esfuerzo común de toda la familia, la simbología del árbol se desvanece y pasa a formar parte del decorado.

El día 23 de diciembre tenía que estar todo preparado: durante la tarde decorábamos el árbol que se coronaba con un pináculo de cristal. En el centro, el bordado de mi madre, con todos los adornos alrededor: tenía que haber adornos de todos y cada uno, del mayor al más pequeño… siempre había un chupete colgando, algún «madelman» de pastor o de rey o un «barriguitas» de angelote. Durante toda la Navidad el árbol era un signo visible y presente en toda la casa. Su olor, a abeto, chocolate y caramelo, es imborrable.

A los pies del árbol mi madre colocaba una figura del Niño Jesús, en un pesebrillo y con flores alrededor… El regalo de Nochebuena en mi casa se lo ofrecíamos la familia entera al Niño Jesús, que acababa de nacer, con el árbol y sus adornos.

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