Catequesis sobre La Unción de Betania
El amor que reconoce al Señor y se entrega sin medida
Objetivo de la sesión

Comprender, a partir del Evangelio de Jn 12, 1-11, que el verdadero amor cristiano reconoce al Señor, se expresa en entrega concreta y prepara el corazón para el misterio de la Pasión, ayudando a los jóvenes a descubrir el valor de la adoración, el sacrificio y la autenticidad de la fe.
Duración total: 75 minutos.
Distribución: Introducción (8 min); indicaciones (5 min); contexto evangélico (12 min); virtudes (8 min); profundización teológica (15 min); imagen (7 min); actividades (15 min); oración (5 min).
Introducción
En la vida cristiana existe una diferencia profunda entre cumplir externamente y amar verdaderamente. El Evangelio muestra que el Señor no busca gestos vacíos, sino un corazón que se entregue sin reservas. En la escena de Betania, María no calcula, no mide, no se justifica: ama. Y ese amor es comprendido por el Señor, mientras que otros lo juzgan desde una lógica humana.
El Evangelio dice: «María tomó una libra de perfume de nardo auténtico, muy caro, le ungió los pies al Señor y se los enjugó con su cabellera; y la casa se llenó de la fragancia del perfume» (Jn 12,3, Biblia CEE). Este gesto revela una verdad profunda: cuando el amor es verdadero, transforma todo el ambiente, toda la vida.
Para los jóvenes que se preparan para la Confirmación, este pasaje es clave. La fe no puede quedarse en lo superficial. Está llamada a convertirse en entrega real, visible, concreta.
Indicaciones para el catequista
El catequista debe ayudar a los jóvenes a entrar en la escena, no solo a entenderla. Es importante que no se reduzca el pasaje a una explicación moral, sino que se profundice en su significado cristológico: María reconoce al Señor y anticipa su Pasión.
Conviene confrontar dos actitudes: la de María (amor gratuito) y la de Judas (cálculo, apariencia). Esto ayuda a los jóvenes a identificar sus propias actitudes interiores.
Evita interpretaciones superficiales del tipo “hacer cosas buenas”. Aquí se trata de algo más profundo: reconocer quién es el Señor y responder con toda la vida.
Contexto evangélico
El episodio tiene lugar en Betania, pocos días antes de la Pasión. El Señor está ya en camino hacia la cruz. Todo en esta escena tiene un carácter anticipatorio. El perfume, el gesto, la reacción de los presentes… todo apunta al misterio que se acerca.
El mismo Señor interpreta el gesto: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura» (Jn 12,7, Biblia CEE). María, sin saberlo plenamente, está participando en el misterio de la redención. Su gesto no es solo afecto, es profético.
San Agustín explica que en este acto se manifiesta el amor que reconoce a Cristo como Señor y se abaja ante Él: el alma que ama no se reserva nada, sino que se entrega por completo (cf. San Agustín, In Ioannis Evangelium Tractatus, 50).
Virtudes presentes en la escena
María encarna la adoración verdadera, porque reconoce al Señor y se postra ante Él. Vive la generosidad radical, porque no calcula el valor del perfume. Y muestra una profunda humildad, al ponerse a los pies del Señor.
Frente a ella, Judas representa la falsedad del corazón: habla de los pobres, pero no ama; aparenta justicia, pero busca su interés (cf. Jn 12,6, Biblia CEE). Esta contraposición es fundamental para la formación cristiana.
Profundización teológica
Este pasaje revela el valor del amor que se entrega en relación con el sacrificio de Cristo. La Iglesia ha visto en este gesto una preparación simbólica para la Pasión. El Catecismo enseña que «toda la vida de Cristo es ofrenda al Padre» (CEC, 606), y María, al ungir sus pies, participa de ese ofrecimiento.
San Juan Pablo II explica que el amor auténtico siempre implica donación: «El hombre no puede encontrarse plenamente sino en la entrega sincera de sí mismo» (Juan Pablo II, Redemptor hominis, 10). María vive exactamente esta verdad.
El Papa Francisco insiste en que la fe verdadera no es cálculo, sino gratuidad: «El amor no es una teoría, es un servicio concreto» (Francisco, Evangelii gaudium, 179). En Betania vemos ese amor concreto, visible, encarnado.
Para la Confirmación, esto es decisivo: el joven está llamado a pasar de una fe recibida a una fe vivida. No basta con saber quién es el Señor; es necesario responder con la vida.
Explicación de la imagen
La imagen representa el momento central: María inclinada, el Señor sereno, el perfume derramado. Todo en la escena habla de entrega. La postura de María indica humildad; la actitud del Señor, acogida.
El catequista debe invitar a observar: ¿quién domina la escena? No es el poder, es el amor. ¿Qué ocupa el centro? No es la mesa, sino los pies del Señor.
La imagen permite comprender que la fe se vive con el cuerpo, con gestos concretos, no solo con palabras.
Actividades
Actividad 1. ¿Qué vale más?
Objetivo: Descubrir el valor del amor frente al valor material.
Materiales: Objeto simbólico (moneda, perfume, etc.).
Desarrollo: El catequista muestra el objeto y pregunta su valor. Luego introduce la escena de María.
Microguion:
— «¿Cuánto vale esto?»
— «¿Y cuánto vale amar al Señor?»
— «María eligió lo más valioso».
Actividad 2. Actitudes del corazón
Objetivo: Identificar actitudes interiores.
Se comparan María y Judas.
Microguion:
— «¿A quién te pareces más?»
— «¿Amas o calculas?»
Actividad 3. Gesto concreto
Objetivo: Llevar el Evangelio a la vida.
Se propone un gesto de servicio real en casa.
Microguion:
— «El amor se demuestra»
— «¿Qué vas a hacer esta semana?»
Actividad 4. Lectio divina (Antiguo Testamento)
Texto: 1 Samuel 16,7
«El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón» (Biblia CEE).
Desarrollo: Lectura lenta, silencio, reflexión personal y puesta en común.
Guía para el catequista: ayudar a los jóvenes a conectar este texto con María y Judas.
Microguion:
— «¿Qué ve Dios en ti?»
— «¿Tu amor es real o apariencia?»
Oración final
Señor,
haznos capaces de amarte de verdad,
sin cálculos, sin reservas,
con un corazón sincero.
Enséñanos a reconocer tu presencia,
a postrarnos ante Ti,
y a entregarte nuestra vida.
Amén.
Conclusión
María de Betania enseña que el amor verdadero no se mide, se entrega. El joven cristiano está llamado a vivir así: con autenticidad, con profundidad y con valentía. La Confirmación no es un final, es el comienzo de una vida entregada al Señor.