por Varios en Internet | CeF | 5 Dic, 2013 | Despertar religioso Juegos
Con motivo de la fiesta de la Inmaculada Concepción de María os ofrecemos las siguientes láminas para que los niños de la familia se diviertan coloreando a Nuestra Señora.
Podéis acceder a las láminas en tamaño real pulsando sobre los títulos de cada imagen y sobre las propias imágenes.
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Colorea la Inmaculada Concepción de María
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por Santo Padre emérito Benedicto XVI | 3 Dic, 2013 | Postcomunión Vida de los Santos
En una cita que ya ha llegado a ser tradicional, nos volvemos a encontrar aquí, en la plaza de España, para ofrecer nuestra ofrenda floral a la Virgen, en el día en el que toda la Iglesia celebra la fiesta de su Inmaculada Concepción. Siguiendo los pasos de mis predecesores, también yo me uno a vosotros, queridos fieles de Roma, para recogerme con afecto y amor filiales ante María, que desde hace ciento cincuenta años vela sobre nuestra ciudad desde lo alto de esta columna. Por tanto, se trata de un gesto de fe y de devoción que nuestra comunidad cristiana repite cada año, como para reafirmar su compromiso de fidelidad con respecto a María, que en todas las circunstancias de la vida diaria nos garantiza su ayuda y su protección materna.
Esta manifestación religiosa es, al mismo tiempo, una ocasión para brindar a cuantos viven en Roma o pasan en ella algunos días como peregrinos y turistas, la oportunidad de sentirse, aun en medio de la diversidad de las culturas, una única familia que se reúne en torno a una Madre que compartió las fatigas diarias de toda mujer y madre de familia.
Pero se trata de una madre del todo singular, elegida por Dios para una misión única y misteriosa, la de engendrar para la vida terrena al Verbo eterno del Padre, que vino al mundo para la salvación de todos los hombres. Y María, Inmaculada en su concepción —así la veneramos hoy con devoción y gratitud— realizó su peregrinación terrena sostenida por una fe intrépida, una esperanza inquebrantable y un amor humilde e ilimitado, siguiendo las huellas de su hijo Jesús. Estuvo a su lado con solicitud materna desde el nacimiento hasta el Calvario, donde asistió a su crucifixión agobiada por el dolor, pero inquebrantable en la esperanza. Luego experimentó la alegría de la resurrección, al alba del tercer día, del nuevo día, cuando el Crucificado dejó el sepulcro venciendo para siempre y de modo definitivo el poder del pecado y de la muerte.
María, en cuyo seno virginal Dios se hizo hombre, es nuestra Madre. En efecto, desde lo alto de la cruz Jesús, antes de consumar su sacrificio, nos la dio como madre y a ella nos encomendó como hijos suyos. Misterio de misericordia y de amor, don que enriquece a la Iglesia con una fecunda maternidad espiritual.
Queridos hermanos y hermanas, sobre todo hoy, dirijamos nuestra mirada a ella e, implorando su ayuda, dispongámonos a atesorar todas sus enseñanzas maternas. ¿No nos invita nuestra Madre celestial a evitar el mal y a hacer el bien, siguiendo dócilmente la ley divina inscrita en el corazón de todo hombre, de todo cristiano? Ella, que conservó la esperanza aun en la prueba extrema, ¿no nos pide que no nos desanimemos cuando el sufrimiento y la muerte llaman a la puerta de nuestra casa? ¿No nos pide que miremos con confianza a nuestro futuro? ¿No nos exhorta la Virgen Inmaculada a ser hermanos unos de otros, todos unidos por el compromiso de construir juntos un mundo más justo, solidario y pacífico?
Sí, queridos amigos. Una vez más, en este día solemne, la Iglesia señala al mundo a María como signo de esperanza cierta y de victoria definitiva del bien sobre el mal. Aquella a quien invocamos como «llena de gracia» nos recuerda que todos somos hermanos y que Dios es nuestro Creador y nuestro Padre. Sin él, o peor aún, contra él, los hombres no podremos encontrar jamás el camino que conduce al amor, no podremos derrotar jamás el poder del odio y de la violencia, no podremos construir jamás una paz estable.
Es necesario que los hombres de todas las naciones y culturas acojan este mensaje de luz y de esperanza: que lo acojan como don de las manos de María, Madre de toda la humanidad. Si la vida es un camino, y este camino a menudo resulta oscuro, duro y fatigoso, ¿qué estrella podrá iluminarlo? En mi encíclica Spe salvi, publicada al inicio del Adviento, escribí que la Iglesia mira a María y la invoca como «Estrella de esperanza» (n. 49).
Durante nuestro viaje común por el mar de la historia necesitamos «luces de esperanza», es decir, personas que reflejen la luz de Cristo, «ofreciendo así orientación para nuestra travesía» (ib.). ¿Y quién mejor que María puede ser para nosotros «Estrella de esperanza»? Ella, con su «sí», con la ofrenda generosa de la libertad recibida del Creador, permitió que la esperanza de milenios se hiciera realidad, que entrara en este mundo y en su historia. Por medio de ella, Dios se hizo carne, se convirtió en uno de nosotros, puso su tienda en medio de nosotros.
Por eso, animados por una confianza filial, le decimos: «Enséñanos, María, a creer, a esperar y a amar contigo; indícanos el camino que conduce a la paz, el camino hacia el reino de Jesús. Tú, Estrella de esperanza, que con conmoción nos esperas en la luz sin ocaso de la patria eterna, brilla sobre nosotros y guíanos en los acontecimientos de cada día, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén».
Me uno a los peregrinos reunidos en los santuarios marianos de Lourdes y Fourvière para honrar a la Virgen María, en este año jubilar del 150° aniversario de las apariciones de Nuestra Señora a santa Bernardita. Gracias a su confianza en María y a su ejemplo, llegarán a ser verdaderos discípulos del Salvador. Mediante las peregrinaciones, muestran numerosos rostros de Iglesia a las personas que están en proceso de búsqueda y van a visitar los santuarios. En su camino espiritual están llamados a desarrollar la gracia de su bautismo, a alimentarse de la Eucaristía y a sacar de la oración la fuerza para el testimonio y la solidaridad con todos sus hermanos en la humanidad.
Ojalá que los santuarios desarrollen su vocación a la oración y a la acogida de las personas que quieren encontrar de nuevo el camino de Dios, principalmente mediante el sacramento del perdón. Expreso también mis mejores deseos a todas las personas, sobre todo a los jóvenes, que celebran con alegría la fiesta de la Inmaculada Concepción, particularmente las iluminaciones de la metrópolis lionesa. Pido a la Virgen María que vele sobre los habitantes de Lyon y de Lourdes, y les imparto a todos, así como a los peregrinos que participen en las ceremonias, una afectuosa bendición apostólica.
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Homenaje del Santo Padre Benedicto XVI a la Inmaculada Concepción de María
Plaza de España, el sábado, 8 de diciembre de 2007
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Historia del dogma de la Inmaculada Concepción
Página web de la Orden de los Franciscanos
por Editorial Casals | 2 Dic, 2013 | Postcomunión Narraciones
Cuenta Silvano Regio, monje camaldulense, que hubo un hombre noble casado con una señora principal, ambos muy devotos de la Virgen María. Vivían desconsolados por no haber tenido sucesión, pedían con gran instancia a esta Señora, hasta que lograron que les naciera un hermoso niño. Los buenos padres pusieron gran cuidado en darle una esmerada educación, y, desde su más tierna edad, le aleccionaron en el servicio de Dios y de su Santísima madre, por cuya mediación lo habían obtenido. Como los niños son como las plantas, las cuales se vuelven hacia donde se las inclina, se enderezó con gran facilidad a todo lo bueno. No tenía más que tres años, cuando entrando por el jardín, cogía algunas florecitas, componía una guirnalda —que no dejaba tocar a nadie— y con sus mismas manos la ponía sobre la cabeza de una imagen de piedra de la Santísima Virgen.
Creció en edad, y más en devoción. Hizo voto de castidad y, para conservarlo con mayor perfección, entró en religión. Siendo novicio, empleaba todas las horas libres en hacer guirnaldas para su querida Madre, llevándoselas a su altar, donde le hacía este y otro parecido razonamiento: «Madre, esta rosa os ofrece mi amor, porque yo no quiero ni tengo otro amor que mi rosa. Reina mía, este clavel os presenta mi devoción, porque sólo Vos me confortáis en mis desconsuelos y me aliviáis en mis aflicciones. Dulzura de mi corazón, recibid esta azucena que os ofrece mi virginidad, porque solo Vos sois el objeto de mis afectos y la dulce guardiana de mi pureza».
En estas razones empleaba el novicio gran parte del día. Le fue preciso al Prior encomendarle algún trabajo conveniente para la comunidad, lo cual le impedía seguir con su acostumbrada devoción. Lo sintió tanto, que tomó la desatentada resolución de dejar el hábito, cosa que comunicó a otro novicio, diciéndole que no tenía ánimo de profesar si no le dejaban hacer coronas de flores a la Virgen. Adivinando la tentación, el novicio se lo contó al Prior. Este le llamó y prometió que le daría ocasión para que, sin salir del huerto, tejiese a su querida Madre coronas que fuesen más de su agrado. Así que oyó esto nuestro ingenuo novicio, deseoso de saber en qué consistiría ello, se lo preguntó con gran curiosidad. Le dijo el Prior que, rezando cincuenta Avemarías con cinco Padrenuestros le daría a la Virgen, no una corona de flores sino de diamantes y esmeraldas. Contento el novicio, le contestó: «Pues si esto es verdad, ya no salgo del convento». Rezaba el Rosario con muchísima devoción, y se le pasó la tentación. Continuó con tales adelantamientos en la virtud, sabiduría y prudencia, que, con el tiempo, llegó a ser nombrado Prior del convento por votación de los religiosos.
Un día, viajando por un bosque solitario para asuntos del convento, le vieron venir unos ladrones, los cuales acordaron matarle. Estaban escondidos esperando se acercase hasta ellos; pero antes de llegar a él vieron con sorpresa que se le acercaba una hermosísima doncella de rara belleza, ante la cual se arrodilló, hablándole con piadosa atención.
Se detuvieron hasta ver en qué paraba aquello, y vieron que de su boca salían rosas y azucenas, las cuales tomaba la Señora en sus manos y las disponía en forma de corona, tras lo cual desapareció de allí. Se acercaron a él los ladrones y le preguntaron con quién había estado hablando. Les contestó que con nadie. «¿Cómo no? —replicaron ellos—, si nosotros mismos hemos visto que una doncella tomaba de tu boca unas rosas y azucenas. Dinos la verdad, ya que, de lo contrario, te quitaremos la vida». Les contestó que, contra su costumbre, se había olvidado de rezar el Rosario y lo había hecho en aquellos momentos.
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Noticias Cristianas: «Historias para amar a la Virgen. IV Parte: Historia, n.º 5».
Historias para amar, páginas 58-59
por Cristonautas | 30 Nov, 2013 | Catequesis Artículos
«Cristonautas 1» es una aplicación que pretende proporcionar apoyo espiritual a niños y jóvenes, catequistas y agentes de pastoral. La aplicación presenta todos los libros de la Biblia en su contexto histórico y ejercicios para la Lectio Divina, sobre todo en los temas vocacionales; de esta manera los jóvenes podrán ubicar los textos bíblicos en los contextos históricos en los que fueron escritos y así entender su mensaje a la vez que orar con el mismo.
«Cristonautas 1» es una aplicación totalmente gratuita que se puede descargar en su página web; es una obra del programa Cristonautas cuyo proyecto partió de la Fundación Ramón Pané y la Fundación para la evangelización y comunicación FECOM, y tiene como objetivo la evangelización en los nuevos ambientes digitales ya que estos entornos de cultura digital actualmente son parte integrante de la vida de los jóvenes.
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Sobre el programa Cristonautas
Cristonautas es un programa de capacitación en Lectio Divina para jóvenes, tomando en consideración la Nueva Evangelización, la Gran Misión Continental y las Tecnologías de Información y Comunicación.
Su objetivo es capacitar a líderes juveniles para que puedan enseñar a otros jóvenes a orar con el método de Lectio Divina a través de formas creativas, utilizando las artes y la tecnología como medio para entender el mensaje de la Palabra de Dios.
Tanto la música, como la pintura, el grafiti, el teatro, la danza, la representación, el video, la radio y demás medios de comunicación actuales son tomados en cuenta para lograr el fin de comunicar la Palabra de Dios. La pedagogía de la Nueva Evangelización, nos impulsa con nuevo ardor, nuevos métodos y nuevas expresiones a ser fieles en la Misión de enseñar a que entiendan en su plenitud la Palabra de Dios que es siempre actual, viva y eficaz.
Partiendo siempre de la Palabra de Dios escrita, de acuerdo a las traducciones oficiales de la Iglesia Católica, se toma el ancestral método que nuestra Tradición nos ha legado para leer los textos en su contexto sin hacer pretextos.
Buscamos llegar también a dar apoyo a los misioneros que trabajan para presentar especialmente a las generaciones jóvenes y en sus lenguajes culturales, la única Palabra de Dios, custodiada por la Iglesia Católica.
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por NEWS.VA | 28 Nov, 2013 | Catequesis Noticias
«La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús».
Así empieza la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium en la que el Papa Francisco recoge la riqueza de los trabajos del Sínodo dedicado a «La nueva evangelización para la transmisión de la fe» celebrado del 7 al 28 de octubre de 2012. El texto, que el Santo Padre entregó a 36 fieles, el pasado domingo durante la misa de clausura del Año de la Fe, es el primer documento oficial de su pontificado, ya que la encíclica «Lumen Fidei» fue escrita en colaboración con su predecesor, el Papa emérito Benedicto XVI.
«Quiero dirigirme a los fieles cristianos —escribe el Papa— para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años». Se trata de un fuerte llamamiento a todos los bautizados para que, con fervor y dinamismo nuevos, lleven a los otros el amor de Jesús en un «estado permanente de misión», venciendo «el gran riesgo del mundo actual»: el de caer en «una tristeza individualista».
El Papa invita a «recuperar la frescura original del Evangelio», encontrando «nuevos caminos» y «métodos creativos», a no encerrar a Jesús en nuestros «esquemas aburridos». Es necesaria «una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están» y una «reforma de estructuras» eclesiales para que «todas ellas se vuelvan más misioneras». El Pontífice piensa también en «una conversión del papado» para que sea «más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización». El deseo de que las Conferencias episcopales pudieran dar una contribución a fin de que «el afecto colegial» tuviera una aplicación «concreta» —afirma— todavía «no se realizó plenamente». Es necesaria «una saludable descentralización». En esta renovación no hay que tener miedo de revisar costumbres de la Iglesia «no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia».
Signo de la acogida de Dios es «tener templos con las puertas abiertas en todas partes» para que todos los que buscan no se encuentren «con la frialdad de unas puertas cerradas». «Tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera», así, la Eucaristía «no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles. Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia». El Papa reitera que prefiere una Iglesia «herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia… preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente… es que tantos hermanos nuestros vivan sin la amistad de Jesús».
El Papa indica las «tentaciones de los agentes pastorales»: individualismo, crisis de identidad, caída del fervor. «La mayor amenaza» es «el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando». Exhorta a no dejarse vencer por un «pesimismo estéril» y a ser signos de esperanza poniendo en marcha «la revolución de la ternura». Es necesario huir de la «espiritualidad del bienestar» que rechaza los «compromisos fraternos» y vencer «la mundanidad espiritual» que consiste en «buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana». El Papa habla de los que «se sienten superiores a otros» por ser «inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado» y, «en lugar de evangelizar lo que se hace es …clasificar a los demás», o de los que tienen un «cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción» en las necesidades de la gente. Se trata de «una tremenda corrupción con apariencia de bien…¡Dios nos libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales!».
Lanza un llamamiento a las comunidades eclesiales a no caer en envidias ni en celos «dentro del Pueblo de Dios y en las distintas comunidades, ¡cuántas guerras!». «¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?». Subraya la necesidad de hacer crecer la responsabilidad de los laicos, mantenidos «al margen de las decisiones», a raíz de «un excesivo clericalismo». Afirma que «todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia», en particular «en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes».
«Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres…no se pueden eludir superficialmente». Los jóvenes deben tener «un protagonismo mayor». Frente a la escasez de vocaciones en algunos lugares, afirma que «no se pueden llenar los seminarios con cualquier tipo de motivaciones».
Afrontando el tema de la inculturación, recuerda que «el cristianismo no tiene un único modo cultural» y que el rostro de la Iglesia es «pluriforme». «No podemos pretender que los pueblos de todos los continentes, al expresar la fe cristiana, imiten los modos que encontraron los pueblos europeos en un determinado momento de la historia». El Papa reafirma la «fuerza activamente evangelizadora» de la piedad popular y alienta la investigación de los teólogos, invitándoles a llevar en el corazón «la finalidad evangelizadora de la Iglesia» y a no contentarse con «una teología de escritorio».
Se detiene «con cierta meticulosidad, en la homilía» porque «son muchos los reclamos que se dirigen en relación con este gran ministerio y no podemos hacer oídos sordos». La homilía «debe ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase», debe saber decir «palabras que hacer arder los corazones», huyendo de «una predicación puramente moralista o adoctrinadora». Subraya la importancia de la preparación: «Un predicador que no se prepara no es «espiritual»; es deshonesto e irresponsable». «Una buena homilía…debe contener «una idea, un sentimiento, una imagen» .La predicación debe ser positiva para que de «siempre … esperanza» y no nos deje «encerrados en la negatividad». El anuncio mismo del Evangelio debe tener características positivas: «cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena».
Hablando de los retos del mundo contemporáneo, el Papa denuncia el sistema económico actual: «es injusto en su raíz». «Esa economía mata» porque predomina «la ley del más fuerte». La cultura actual del «descarte» ha creado «algo nuevo»: «Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes»». Vivimos en una «nueva tiranía invisible, a veces virtual», de un «mercado divinizado» donde imperan la «especulación financiera», «una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta». Denuncia los «ataques a la libertad religiosa» y «las nuevas situaciones de persecución a los cristianos… En muchos lugares se trata más bien de una difusa indiferencia relativista». La familia —prosigue el Papa— «atraviesa una crisis cultural profunda». Insistiendo en «el aporte indispensable del matrimonio a la sociedad»,subraya que «el individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que…desnaturaliza los vínculos familiares».
Reafirma «la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana» y el derecho de los pastores «a emitir opiniones sobre todo aquello que afecte a la vida de las personas». «Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social». Cita a Juan Pablo II cuando afirma que la Iglesia «no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia». «Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica» antes que sociológica. «Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos». «Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres… no se resolverán los problemas del mundo». «La política, tan denigrada» —afirma— «es una de las formas más preciosas de la caridad». «¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad…. la vida de los pobres!». Después una advertencia: «Cualquier comunidad de la Iglesia» que se olvide de los pobres «correrá el riesgo de la disolución».
El Papa invita a cuidar a los más débiles: «los sin techo, los toxicodependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, los ancianos cada vez más solos y abandonados» y los migrantes, por los que exhorta a los países «a una generosa apertura». Habla de las víctimas de la trata de personas y de nuevas formas de esclavitud: «En nuestras ciudades está instalado este crimen mafioso y aberrante, y muchos tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y muda». «Doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia». «Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección» están «los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana». «No debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión… No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana». A continuación un llamamiento al respeto de todo lo creado: «estamos llamados a cuidar la fragilidad del pueblo y del mundo en que vivimos».
Por cuanto respecta al tema de la paz, el Papa afirma que «es necesaria una voz profética» cuando se quiere construir una reconciliación falsa que «silencie» a los más pobres mientras «algunos no quieren renunciar a sus privilegios». Para la construcción de una sociedad «en paz, justicia y fraternidad» indica cuatro principios: «El tiempo es superior al espacio» significa «trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos». «La unidad prevalece sobre el conflicto» quiere decir obrar para que los opuestos alcancen «una unidad pluriforme que engendra nueva vida». «La realidad es más importante que la idea» significa evitar que la política y la fe se reduzcan a la retórica . «El todo es superior a la parte» significa aunar globalización y localización.
La evangelización —continúa el Papa— también implica un camino de diálogo «que abre a la Iglesia para colaborar con todas las realidades políticas, sociales, religiosas y culturales. El ecumenismo es ‘un camino ineludible de la evangelización’». Es importante el enriquecimiento recíproco: «¡cuántas cosas podemos aprender unos de otros!», por ejemplo, «en el diálogo con los hermanos ortodoxos, los católicos tenemos la posibilidad de aprender algo más sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre su experiencia de la sinodalidad»; «el diálogo y la amistad con los hijos de Israel son parte de la vida de los discípulos de Jesús»; «el diálogo interreligioso», que se conduce con «una identidad clara y gozosa», es «es una condición necesaria para la paz en el mundo» y no oscurece la evangelización; «en esta época adquiere gran importancia la relación con los creyentes del Islam»: el Papa implora «humildemente» para que los países de tradición islámica aseguren la libertad religiosa a los cristianos, también «¡teniendo en cuenta la libertad que los creyentes del Islam gozan en los países occidentales!». «Frente a episodios de fundamentalismo violento» invita a «evitar odiosas generalizaciones, porque el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia». Y contra el intento de privatizar las religiones en algunos contextos, afirma que «el debido respeto a las minorías de agnósticos o no creyentes no debe imponerse de un modo arbitrario que silencie las convicciones de mayorías creyentes o ignore la riqueza de las tradiciones religiosas». Reitera de este modo la importancia del diálogo y de la alianza entre creyentes y no creyentes.
El último capítulo está dedicado a los «evangelizadores con Espíritu», que son aquellos que «se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo» que «infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresía), en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente». Se trata de «evangelizadores que oran y trabajan», conscientes de que «la misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo»: «Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás». «En nuestra relación con el mundo —precisa— se nos invita a dar razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos que señalan y condenan». «Sólo puede ser misionero —añade— alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás, deseando la felicidad de los otros»: «si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de mi vida». El Papa invita a no desanimarse ante los fracasos o la escasez de resultados porque la «fecundidad es muchas veces invisible, inaferrable, no puede ser contabilizada»; «sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria». La Exhortación concluye con una oración a María «Madre del Evangelio». «Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño».
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Fuente original: NEWS.VA
por Gloria TV | 22 Nov, 2013 | Confirmación Historias de la Biblia
Mientras las legiones de Roma conquistan Palestina, en el establo de un pequeño pueblo llamado Belén nace un niño que es adorado por pastores y por tres magos de Oriente que acuden a él guiados por una estrella. Ante el rumor de que ha nacido el Mesías, el rey Herodes ordena asesinar a todos los recién nacidos.
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Rey de Reyes (King of Kings) es una película estadounidense dirigida por Nicholas Ray que se estrenó en el año 1961; con guión escrito por Philip Yordan, el filme está basado en la vida pública de Jesús de Nazaret.
Con el actor Jeffrey Hunter en el papel principal, la película cuenta con un amplio e internacional reparto de estrellas: Robert Ryan, Siobhan McKenna, Frank Thring, Hurd Hatfield, Rip Torn, Harry Guardino, Viveca Lindfors y Rita Gam, así como el actor mexicano Rubén Rojo en el papel del apóstol Mateo y la actriz española Carmen Sevilla en el papel de María Magdalena.
La película fue producida por Samuel Bronston y la Metro-Goldwyn-Mayer y fue rodada completamente en España; contó con la colaboración de equipo técnico y artístico español, como el decorador Enrique Alarcón, el actor Félix de Pomés o el debut en cine de Frank Braña y Aldo Sambrell.
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Rey de Reyes – Película
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Rey de Reyes – Ficha de la película
Título original: King of Kings
Año: 1961
Duración: 168 min
Director: Nicholas Ray
Guión: Philip Yordan
Música: Miklós Rózsa
Fotografía: Franz Planer
Reparto: Conrado San Martín, Hurd Hatfield, Jeffrey Hunter, Ron Randell, Siobhan McKenna, Rita Gam, Viveca Lindfors, Rip Torn, Orson Welles
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por Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos | 20 Nov, 2013 | Novios Artículos temáticos
1604 Dios que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,2), que es Amor (cf 1 Jn 4,8.16). Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador (cf Gn 1,31). Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra común del cuidado de la creación. «Y los bendijo Dios y les dijo: «Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla»» (Gn 1,28).
Catecismo de la Iglesia Católica
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Elementos para un matrimonio feliz
500 parejas, felizmente casadas, fueron entrevistadas recientemente acerca de lo que más les ha ayudado a sostener su matrimonio y sus respuestas, en orden de importancia fueron las siguientes: la confianza mutua (52%); la fe y la espiritualidad (27%), y una buena comunicación (18%). Y muy cerca de estos porcentajes, ellos destacaron el aporte de: el compromiso, amar y luchar por los hijos, trabajar juntos en la solución de conflictos, la paciencia y el perdón, así como pasar tiempo juntos. (Fuente: CARA, Marriage in the Catholic Church: A Survey of U.S. Catholics, 2007, p. 90)
Por su parte, al interrogar a un gran número de personas separadas o divorciadas las encuestas revelaron que para la gran mayoría de ellos (el 58%), lo que más afectó su relación fueron problemas en la comunicación, seguido por la falta de compromiso o confianza (51%). Y especialmente entre los hispanos, los problemas económicos (48%), problemas por la crianza de los hijos (47%) y la relación con la familia del cónyuge (38%). Le seguían en dificultad: el no poder pasar tiempo juntos y dificultades en la vida íntima o sexual (CARA, Marriage in the Catholic Church: A Survey of U.S. Catholics, 2007, p. 100-101).
Si tratamos de resumir, podemos decir que entre todos estos factores hay algunos que definitivamente pueden ser claves para un matrimonio feliz:
El compromiso
Como muestran las encuestas y lo repite la doctrina de la Iglesia, el amor matrimonial se basa en la fe y el compromiso que un cónyuge profesa por el otro. Muchos problemas de comunicación, de intimidad, y de convivencia se evitan si ese voto de confianza y la decisión de amar al otro, pronunciado el día del matrimonio, se sigue usando y fortaleciendo cada día, y ante cada situación. Por eso vale la pena explorar el sentido y el valor práctico de este elemento tan importante para su matrimonio.
Valores en común
Uno de los elementos que más contribuyen a la armonía y estabilidad de una pareja son las valores que tienen en común. Ellos son como el tesoro del cual se nutren las decisiones diarias, tanto para la vida de pareja como para el manejo del dinero, la crianza de los hijos, las relaciones con las familias respectivas, etc. En fin, el poder de este tesoro es enorme y es algo que puede aprenderse a usar y a enriquecer, como se verá aquí.
La comunicación
Aprendemos a hablar en los primeros años de nuestra vida, pero aprendemos a comunicarnos a lo largo de ella y en la medida que descubrimos que no todas las personas entienden las cosas de la forma que cada cual lo hace, ni se expresan a través de los mismos medios. Unos son más espontáneos, otros más reservados. Unos usan palabras, otros gestos o acciones para dar a conocer sus sentimientos. Muchas de las dificultades que hacen que las parejas se disgusten o digan «es que no me entiende», etc., probablemente tienen su origen en estas diferencias de comunicación. Descubrir la forma de comunicación de su pareja y la mejor forma para expresar los sentimientos les será de gran ayuda.
Herramientas para la solución de conflictos
Discrepar en opiniones o puntos de vista es normal. Pero para que estas diferencias no sean la ocasión de un conflicto y mucho menos de una crisis matrimonial, se requiere aprender técnicas de comunicación y solución de conflictos. Este aprendizaje es conveniente para todos pues, aunque a veces tendemos a imaginar que el problema es del otro, sabemos que comunicarse es un arte con técnicas muy variadas, y cada persona es un mundo que vale la pena aprender a descifrar y conquistar desde su particularidad.
Espiritualidad y Fe
Hablando de recursos para un matrimonio feliz debemos considerar de manera muy especial lo que Dios aporta a nuestros matrimonios y relaciones afectivas. Él es el amor y su fuente, por eso aprender a amar no es otra cosa que aprender a escuchar la voluntad de Dios y seguirla, en nuestra vida personal y de pareja. Y cuando este camino de búsqueda del amor verdadero o espiritualidad es un empeño que los dos cónyuges quieren experimentar juntos, grandes bendiciones se hacen presente en la vida de pareja. Por eso, ya estén pasando por un momento difícil de su relación, o que deseen conservar la felicidad que ahora experimentan, aprender a desarrollar la espiritualidad fortalecerá sin duda su amor.
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Artículo original en la página web Por tu matrimonio
Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos
por CeF | Fuentes varias | 18 Nov, 2013 | Confirmación Vida de los Santos
«Un espíritu que no busca sino a Dios y tiende continuamente a unirse a Él, independiente de todo, excepto del beneplácito divino; un espíritu de profunda humildad para con Dios y de gran dulzura para con el prójimo; un espíritu que no pone el acento en las austeridades exteriores. Las Hermanas deben suplirlas con el renunciamiento interior, y con una gran sencillez y alegría en la vida común».
San Francisco de Sales,
fundador de la Orden de la Visitación.
Dado el cariz que tomaban los acontecimientos al estallar la Guerra Civil, las Salesas del Primer Monasterio de la Visitación de Madrid alquilaron un piso semisótano en la cercana calle de Manuel González Longoria, por si las cosas empeoraban, como en efecto sucedió. A este piso refugio tuvieron que trasladarse las siete Salesas que quedaban de la Comunidad el 18 de julio de 1936. Tras unas semanas de relativa tranquilidad, fueron denunciadas por ser Religiosas. Sufrieron varios registros que culminaron con su detención el 18 de noviembre para llevarlas a fusilar. Ellas, al subir al coche hicieron serenamente la señal de la cruz ante el griterío del populacho que pedía su muerte. Las llevaron a un descampado en el cruce de las calles de López de Hoyos y Velázquez, y allí, al bajar del coche las mataron.
La Hna. María Cecilia, la más joven, de 26 años, de temperamento nervioso, al sentir que caía muerta la Hermana que tenía cogida de la mano echó a correr sin que nadie la persiguiera. Poco después ella misma se entregó a unos milicianos declarando que era Religiosa. Fue fusilada en las tapias del cementerio de Vallecas, a las afueras de Madrid, en la madrugada del 23 de noviembre de ese año de 1936. El resto de la Comunidad, refugiada en Oronoz, no supo nada del martirio hasta varios meses después, y las primeras noticias eran muy confusas. Nada pudo aclararse hasta que regresaron a Madrid al terminar la Guerra en 1939. A la cripta del Monasterio, profanada durante la Guerra, se trasladaron en 1940 los restos martiriales de cuatro de las Hermanas que habían dado su vida por Cristo y por España. Los restos de las otras tres reposan en el Valle de los Caídos.
El testimonio de la Hna. María Cecilia:
La Hna. María Cecilia (Mª Felicitas Cendoya Araquistain, Azpeitia, 1910) tuvo en los preludios de la Guerra la oportunidad de ir con su familia, pero por amor a Jesús y a su vocación nunca aceptó las propuestas y siempre dijo con tesón que no quería marcharse por nada del mundo. Había hecho los votos solemnes el 27 de septiembre de 1935, y desde el 18 de julio de 1936 vive en el refugio los difíciles meses de calvario, aceptando con generosidad todo lo que pueda suceder.
Hacia las 7 de la tarde del inolvidable 18 de noviembre es conducida a la muerte junto con sus Hermanas. Un frenazo rápido del camión que las lleva les indica el lugar designado para su ejecución. Suenan disparos y bárbaramente son fusiladas todas menos ella. Porque María Cecilia, nerviosa, echa a correr. Pronto se encuentra con unos guardias y se entrega diciendo: «Soy Religiosa». Al día siguiente por la mañana la llevan a una de las peores cárceles improvisadas, las desgraciadamente famosas checas. En ella están detenidas unas doce mujeres. El suelo está lleno de agua, sólo hay un banco para todas… Hace mucho frío.
Cuando entra la Hna. María Cecilia se queda en un rincón. Entonces una joven se le acerca y le pregunta con cariño. Ella le contesta rápidamente: «Soy Religiosa». Como le inspira confianza le cuenta todo lo sucedido: «Estábamos siete Religiosas en un piso aquí en Madrid, somos Salesas, vinieron a por nosotras, nos metieron en un coche y nos llevaron a un sitio oscuro donde había barrotes, era como un solar, pero no sé dónde es porque no conozco Madrid. Yo me bajé del coche de la mano de otra Hermana, éramos las dos últimas, y al notar que se caía muerta, no sé lo que me pasó, eché a correr y no sabía lo que hacía».

Cruz de la Hna. María Cecilia deformada por el impacto de la bala
A sus compañeras de calabozo las alienta a sufrir por Dios, las edifica a todas con su paciencia y unión a la Voluntad Divina, siempre la ven rezando, siempre en oración… Poco a poco van llamando a las detenidas a declarar. A unas las dejan en libertad, a otras las fusilan. La Hna. María Cecilia se va despidiendo de ellas con tristeza. Teme quedarse sola. Les asegura que cuando le llegue su turno no ocultará que es Religiosa. Y es consciente de lo que esa afirmación supone en esos precisos momentos. En efecto, una marca roja aparece junto a su firma en la declaración que hace en la cárcel. Es la señal de los condenados a muerte. A las afueras de Madrid, en las tapias del cementerio de Vallecas, la madrugada del 23 de noviembre, aparece su cadáver. La Hna. María Cecilia ha derramado toda su sangre por amor a Cristo. Su fidelidad a toda prueba, le hace alcanzar a sus 26 años el martirio que tanto anhelaba.
«El esplendor de los Hijas de la Visitación es no tenerle y su grandeza la pequeñez».
Los nombres de las beatificadas el 10 de mayo de 1998 son:
- Beata María Cecilia (Mª Felicitas Cendoya Araquistain)
- Beata María Inés (Inés Zudaire Galdeano)
- Beata María Engracia (Josefa Joaquina Lecuona Aramburu)
- Beata María Ángela (Martina Olaizola Garagarza)
- Beata María Teresa (Laura Cavestany Anduaga)
- Beata Josefa María (Carmen Barrera Izaguirre)
- Beata María Gabriela (Amparo Hinojosa Naveros)
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Otros recursos en la web
por Ricardo Pareja | CeF | 16 Nov, 2013 | Novios Testimonios
En la Iglesia antigua el bautismo se llamaba también «iluminación», porque este sacramento da la luz, hace ver realmente. En Pablo se realizó también físicamente todo lo que se indica teológicamente: una vez curado de su ceguera interior, ve bien. San Pablo, por tanto, no fue transformado por un pensamiento sino por un acontecimiento, por la presencia irresistible del Resucitado, de la cual ya nunca podrá dudar, pues la evidencia de ese acontecimiento, de ese encuentro, fue muy fuerte. Ese acontecimiento cambió radicalmente la vida de san Pablo.
La conversión de san Pablo
Papa emérito Benedicto XVI
Audiencia General del miércoles 3 de septiembre de 2008
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De «punky» drogadicto a padre de ocho hijos para la Gloria de Dios
(Os presentamos el testimonio de vida y conversión de Ricardo Pareja narrado con sus propias palabras.)
Yo era uno de esos «punkies» de mediados de los 80 que estaba metido en la droga, siempre borracho, iba con una cresta de gallo y encadenado con cadenas gruesas, no me lavaba, andaba con unos colegas donde el amor libre y la homosexualidad era el ambiente dominante. Realmente estaba hecho un asco y nadie daba un céntimo por mi vida, todo era egoísmo, llamaba la atención de las chicas y lo aprovechaba para usarlas a mi antojo… era un indeseable.

En casa la situación era imposible: mi madre siempre en vilo esperando que cualquier día me encontraran por ahí, en una cuneta. Mis padres, los pobres, sufrían muchísimo y parecía que a mí no me afectaba nada, pero al mismo tiempo había quien rezaba todos los días por su sobrino, una hermana de mi madre que confiaba en el poder del Señor para sacarme de aquella vida y que siempre que tenía oportunidad me hablaba de Cristo y me invitaba a rezar… pero yo solo la escuchaba por respeto, no me interesaban esos «rollos».
En esta situación, cuando peor estaba, el Señor, que ya había intentado atraerme con lazos de amor sin éxito, me hizo vivir una experiencia que cambió mi vida para siempre… Un día me cogieron un grupo de neonazis, me golpearon con barras de hierro en la cabeza hasta que todo yo era brechas de sangre y me dejaron medio muerto en mitad de la vía pública mientras la gente deambulaba alrededor sin hacer ni decir nada. Me recogió una ambulancia y estuve ingresado dos semanas en el hospital. Poco antes de recibir el alta me dijeron que ya no vería nunca más por un ojo… Entonces apareció mi tía por el hospital con un matrimonio amigo suyo y me invitaron a una convivencia de inicio de curso para catequistas, un sitio —pensaba yo— que no me correspondía, pero mi tía estaba empeñada en que fuera con aquel matrimonio a escuchar, y allí que fui.
El sitio en concreto estaba en Castellón, un seminario a 250 kilómetros de mi casa. Y allí el Señor empezó a hablarme personalmente: aquellas catequesis y la palabra de Dios no eran «historietas», empezaba a ver mi vida en todo aquello, era Cristo que me hablaba a mí personalmente. Yo estaba conmocionado y no me venían mas que ganas de llorar, pero era feliz, estaba listo para que el Señor comenzara a cambiar mi vida —una vida vacía— y descubrirme el secreto de la VIDA, la vida que te hacer salir del profundo egoismo y que te hace ver al otro.
Tras dejar el seminario volví a Barcelona y «comencé a caminar» de la mano de una comunidad Neocatecumenal en la Parroquia de San Luis Gonzaga. Luego conocí a Merche, mi mujer, una chica normalita, de casa, nada que ver con lo que yo había vivido. El Señor nos permitió un noviazgo santo, ¡qué regalo! era como un tesoro preciado para mí. El Señor me colmaba con creces… ¿merecía yo ese derroche de gracias? Sentía, sin duda, que no me lo merecía pero el Señor es infinitamente bondadoso. Tiempo después Merche entró en la Iglesia y nos casamos… Hoy somos padres de ocho hijos maravillosos que nos ayudan a convertirnos cada día. Atrás queda una vida en la que los «colegas» que siguieron están presos o con sida o muertos.
Este es el testimonio resumido de mi conversión y lo cuento no como mi proeza sino como la obra que hizo Cristo Resucitado en mí, y para darle Gloria.
Ricardo Pareja
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