por Josefina F. Jiménez Laguna | 17 Ago, 2016 | Postcomunión Narraciones
Cristo Dijo,»Id por todo el mundo y predicad el evangelio». Los cristianos hemos obedecido la voz de Jesús, hemos atravesado mares y ríos, montañas y cordilleras, sabanas y desiertos, nos introdujimos en el centro de la tierra buscando a los desfavorecidos dejados del mundo y lejos de Dios.
En las caras de los más pobres encontramos felicidad, sin tener tanto como otros, y es que si se aprende a no tener se desea menos, encontramos paz, humildad, paciencia, abnegación, entrega…
Y es que en su mundo también estaba Dios, no lo conocían como tal, pero en sus mentes y en el fondo de sus corazones había un secreto guardado.
No tenían leyes, ni preceptos, ni mandamientos, pero la ley de la naturaleza les guiaba en su sendero. A veces surgían las disputas naturales entre seres humanos y las resolvían a su manera, mas simple y sencilla quizás pero de todo corazón.
Algunos pueblos adoraban a su manera a dioses materiales porque intuían al ser superior, y les guardaban unos ritos como nosotros podemos hacerlo al Dios verdadero. Yo creo que en su misericordia Dios les oía como si a El realmente se refiriesen.
Pero nos olvidamos de seguir regando la semilla primitiva y ser misionero lo entendimos por salir fuera y dar a conocer a Dios a los demás, ¿ y nosotros?, ¿le conocemos?
Muchos estamos en el mundo civilizado sin ser conscientes de la riqueza de ser cristianos, cuando tenemos un problema y no sabemos afrontarlo nos damos cuenta de la verdadera carencia.
Andamos por el mundo sin saber a donde vamos, las prisas de la vida nos invaden y aprisionan, nos dejamos influir por lo material olvidando la parte espiritual, no tenemos tiempo para meditar y lo dejamos aparcado para mas adelante, ¡cuando halla tiempo!, pasamos de todo, no miramos alrededor ni a las personas que tenemos cerca, todo lo que no sea «necesario» es aplazado hasta mejores momentos, pero esos momentos no llegan, estamos atenazados con trivialidades olvidando lo realmente importante.
Miramos hacia dentro y el exterior no lo vemos, somos egoístas sin darnos cuenta, si así nos comportamos consigo mismos el prójimo nos trae sin cuidado.
Ser misionero es estar en todo momento pendiente de proclamar la palabra, de ayudar, aconsejar, acompañar, amar…
Lo desalentador es que no llenamos los vasos y tenemos sed, no podemos dar de beber porque estamos sedientos, vacíos por dentro, secos, y una higuera seca es una higuera estéril, somos responsables de la soledad de los seres queridos que no atendemos, de la tristeza que no alegramos, de los caminos torcidos que no enderezamos, del amor que no damos…
Y al final nos examinaran del amor…
Fuente: Autorescatolicos.org
por Catequesis en Familia | 6 Jul, 2015 | La Biblia
Marcos 6, 7-13. Décimo quinto Domingo del Tiempo Ordinario. Los Apóstoles fueron elegidos, llamados y enviados por Jesús, para continuar su obra: orar —es la primera labor de un apóstol— y anunciar el Evangelio.
Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos». Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.
Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
Lecturas
Primera lectura: Libro de Amós, Am 7, 12-15
Salmo: Sal 85(84), 9-14
Segunda lectura: Carta de San Pablo a los Efesios, Ef 1, 3-14
Oración introductoria
Señor, me presento ante Ti hambriento de las gracias que deseas darme en este momento de oración. Creo en tu bondad y quiero responder con generosidad a tu llamado de salir a predicar el arrepentimiento y tu Palabra porque te amo sobre todas las cosas.
Petición
Jesús, aumenta en mí el deseo de ser verdaderamente un apóstol de tu Evangelio.
Meditación del Santo Padre Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
[…] «Apóstol», en efecto, es una palabra griega que quiere decir «mandado», «enviado». Un apóstol es una persona que es mandada, es enviada a hacer algo y los Apóstoles fueron elegidos, llamados y enviados por Jesús, para continuar su obra, o sea orar —es la primera labor de un apóstol— y, segundo, anunciar el Evangelio. Esto es importante, porque cuando pensamos en los Apóstoles podríamos pensar que fueron sólo a anunciar el Evangelio, a hacer muchas obras. Pero en los primeros tiempos de la Iglesia hubo un problema porque los Apóstoles debían hacer muchas cosas y entonces constituyeron a los diáconos, para que los Apóstoles tuvieran más tiempo para orar y anunciar la Palabra de Dios. Cuando pensemos en los sucesores de los Apóstoles, los Obispos, incluido el Papa, porque también él es Obispo, debemos preguntarnos si este sucesor de los Apóstoles en primer lugar reza y después si anuncia el Evangelio: esto es ser Apóstol y por esto la Iglesia es apostólica. Todos nosotros, si queremos ser apóstoles como explicaré ahora, debemos preguntarnos: ¿yo rezo por la salvación del mundo? ¿Anuncio el Evangelio? ¡Esta es la Iglesia apostólica! Es un vínculo constitutivo que tenemos con los Apóstoles.
Partiendo precisamente de esto desearía subrayar brevemente tres significados del adjetivo «apostólica» aplicado a la Iglesia.
1. La Iglesia es apostólica porque está fundada en la predicación y la oración de los Apóstoles, en la autoridad que les ha sido dada por Cristo mismo. San Pablo escribe a los cristianos de Éfeso: «Vosotros sois conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular» (2, 19-20); o sea, compara a los cristianos con piedras vivas que forman un edificio que es la Iglesia, y este edificio está fundado sobre los Apóstoles, como columnas, y la piedra que sostiene todo es Jesús mismo. ¡Sin Jesús no puede existir la Iglesia! ¡Jesús es precisamente la base de la Iglesia, el fundamento! Los Apóstoles vivieron con Jesús, escucharon sus palabras, compartieron su vida, sobre todo fueron testigos de su muerte y resurrección. Nuestra fe, la Iglesia que Cristo quiso, no se funda en una idea, no se funda en una filosofía, se funda en Cristo mismo. Y la Iglesia es como una planta que a lo largo de los siglos ha crecido, se ha desarrollado, ha dado frutos, pero sus raíces están bien plantadas en Él y la experiencia fundamental de Cristo que tuvieron los Apóstoles, elegidos y enviados por Jesús, llega hasta nosotros. Desde aquella planta pequeñita hasta nuestros días: así la Iglesia está en todo el mundo.
2. Pero preguntémonos: ¿cómo es posible para nosotros vincularnos con aquel testimonio, cómo puede llegar hasta nosotros aquello que vivieron los Apóstoles con Jesús, aquello que escucharon de Él? He aquí el segundo significado del término «apostolicidad». El Catecismo de la Iglesia católica afirma que la Iglesia es apostólica porque «guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a los Apóstoles» (n. 857). La Iglesia conserva a lo largo de los siglos este precioso tesoro, que es la Sagrada Escritura, la doctrina, los Sacramentos, el ministerio de los Pastores, de forma que podamos ser fieles a Cristo y participar en su misma vida. Es como un río que corre en la historia, se desarrolla, irriga, pero el agua que corre es siempre la que parte de la fuente, y la fuente es Cristo mismo: Él es el Resucitado, Él es el Viviente, y sus palabras no pasan, porque Él no pasa, Él está vivo, Él hoy está entre nosotros aquí, Él nos siente y nosotros hablamos con Él y Él nos escucha, está en nuestro corazón. Jesús está con nosotros, ¡hoy! Esta es la belleza de la Iglesia: la presencia de Jesucristo entre nosotros. ¿Pensamos alguna vez en cuán importante es este don que Cristo nos ha dado, el don de la Iglesia, dónde lo podemos encontrar? ¿Pensamos alguna vez en cómo es precisamente la Iglesia en su camino a lo largo de estos siglos —no obstante las dificultades, los problemas, las debilidades, nuestros pecados— la que nos transmite el auténtico mensaje de Cristo? ¿Nos da la seguridad de que aquello en lo que creemos es realmente lo que Cristo nos ha comunicado?
3. El último pensamiento: la Iglesia es apostólica porque es enviada a llevar el Evangelio a todo el mundo. Continúa en el camino de la historia la misión misma que Jesús ha encomendado a los Apóstoles: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 19-21). Esto es lo que Jesús nos ha dicho que hagamos. Insisto en este aspecto de la misionariedad porque Cristo invita a todos a «ir» al encuentro de los demás, nos envía, nos pide que nos movamos para llevar la alegría del Evangelio. Una vez más preguntémonos: ¿somos misioneros con nuestra palabra, pero sobre todo con nuestra vida cristiana, con nuestro testimonio? ¿O somos cristianos encerrados en nuestro corazón y en nuestras iglesias, cristianos de sacristía? ¿Cristianos sólo de palabra, pero que viven como paganos? Debemos hacernos estas preguntas, que no son un reproche. También yo lo digo a mí mismo: ¿cómo soy cristiano, con el testimonio realmente?
La Iglesia tiene sus raíces en la enseñanza de los Apóstoles, testigos auténticos de Cristo, pero mira hacia el futuro, tiene la firme conciencia de ser enviada —enviada por Jesús—, de ser misionera, llevando el nombre de Jesús con la oración, el anuncio y el testimonio. Una Iglesia que se cierra en sí misma y en el pasado, una Iglesia que mira sólo las pequeñas reglas de costumbres, de actitudes, es una Iglesia que traiciona la propia identidad; ¡una Iglesia cerrada traiciona la propia identidad! Entonces redescubramos hoy toda la belleza y la responsabilidad de ser Iglesia apostólica. Y recordad: Iglesia apostólica porque oramos —primera tarea— y porque anunciamos el Evangelio con nuestra vida y con nuestras palabras.
Santo Padre Francisco
Audiencia General del miércoles, 16 de octubre de 2013
Meditación del Santo Padre emérito Benedicto XVI
Jesús toma la iniciativa de enviar a los doce apóstoles en misión. En efecto, el término «apóstoles» significa precisamente «enviados, mandados». Su vocación se realizará plenamente después de la resurrección de Cristo, con el don del Espíritu Santo en Pentecostés. Sin embargo, es muy importante que desde el principio Jesús quiere involucrar a los Doce en su acción: es una especie de «aprendizaje» en vista de la gran responsabilidad que les espera. El hecho de que Jesús llame a algunos discípulos a colaborar directamente en su misión, manifiesta un aspecto de su amor: esto es, Él no desdeña la ayuda que otros hombres pueden dar a su obra; conoce sus límites, sus debilidades, pero no los desprecia; es más, les confiere la dignidad de ser sus enviados. Jesús los manda de dos en dos y les da instrucciones, que el evangelista resume en pocas frases. La primera se refiere al espíritu de desprendimiento: los apóstoles no deben estar apegados al dinero ni a la comodidad. Jesús además advierte a los discípulos de que no recibirán siempre una acogida favorable: a veces serán rechazados; incluso puede que hasta sean perseguidos. Pero esto no les tiene que impresionar: deben hablar en nombre de Jesús y predicar el Reino de Dios, sin preocuparse de tener éxito. El éxito se lo dejan a Dios.
Santo Padre emérito Benedicto XVI
Homilía del domingo, 15 de julio de 2012
Propósito
Recordar el salmo 23 cuando tenga problemas: «Nada temo porque Tú estás conmigo».
Diálogo con Cristo
Señor, te pedimos confiada y humildemente que nos ayudes a aceptar nuestra vocación al apostolado, porque queremos que muchas almas te conozcan, te amen y te alaben. Fortalécenos para que el egoísmo y la comodidad no nos impidan trabajar generosamente por la salvación de las almas.
* * *
Evangelio en Catholic.net
Evangelio en Evangelio del día
Evangelio del día: Orden de Predicadores
por CeF | Varios en Internet | 30 Sep, 2014 | Despertar religioso Juegos
Con motivo de la fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús o de Lisieux, el día 1 de octubre, os ofrecemos las siguientes láminas para que los niños de la familia se diviertan coloreando a la santa, Doctora de la Iglesia y Patrona de las Misiones.
Podéis acceder a las láminas en tamaño real pulsando sobre los títulos de cada imagen y sobre las propias imágenes.
* * *
Colorea a santa Teresa de Lisieux, Patrona de las Misiones
* * *
por SS Benedicto XVI | 4 Dic, 2013 | Confirmación Dinámicas
(…) Hoy quiero hablar de san Juan Damasceno, un personaje destacado en la historia de la teología bizantina, un gran doctor en la historia de la Iglesia universal. Es, sobre todo, un testigo ocular del paso de la cultura griega y siriaca, compartida por la parte oriental del Imperio bizantino, a la cultura del islam, que se abrió espacio con sus conquistas militares en el territorio reconocido habitualmente como Oriente Medio o Próximo.
Juan, nacido en una familia cristiana rica, aún joven asumió el cargo —quizá ocupado también por su padre— de responsable económico del califato. Sin embargo, muy pronto, insatisfecho de la vida de la corte, escogió la vocación monástica, entrando en el monasterio de San Sabas, situado cerca de Jerusalén. Era alrededor del año 700. Sin alejarse nunca del monasterio, se dedicó con todas sus fuerzas a la ascesis y a la actividad literaria, aunque no desdeñó la actividad pastoral, de la que dan testimonio sobre todo sus numerosas Homilías. Su memoria litúrgica se celebra el 4 de diciembre. El Papa León XIII lo proclamó doctor de la Iglesia universal en 1890.
En Oriente se recuerdan de él sobre todo los tres Discursos contra quienes calumnian las imágenes santas, que fueron condenados, después de su muerte, por el concilio iconoclasta de Hieria (754). Sin embargo, estos discursos fueron también el motivo principal de su rehabilitación y canonización por parte de los Padres ortodoxos convocados al segundo concilio de Nicea (787), séptimo ecuménico. En estos textos se pueden encontrar los primeros intentos teológicos importantes de legitimación de la veneración de las imágenes sagradas, uniéndolas al misterio de la encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María.
San Juan Damasceno fue, además, uno de los primeros en distinguir, en el culto público y privado de los cristianos, entre la adoración (latreia) y la veneración (proskynesis): la primera sólo puede dirigirse a Dios, sumamente espiritual; la segunda, en cambio, puede utilizar una imagen para dirigirse a aquel que es representado en esa imagen. Obviamente, el santo no puede en ningún caso ser identificado con la materia de la que está compuesta la imagen. Esta distinción se reveló en seguida muy importante para responder de modo cristiano a aquellos que pretendían como universal y perenne la observancia de la severa prohibición del Antiguo Testamento de utilizar las imágenes en el culto. Esta era la gran discusión también en el mundo islámico, que acepta esta tradición judía de la exclusión total de imágenes en el culto. En cambio los cristianos, en este contexto, han discutido sobre el problema y han encontrado la justificación para la veneración de las imágenes.
San Juan Damasceno escribe: «En otros tiempos Dios no había sido representado nunca en una imagen, al ser incorpóreo y no tener rostro. Pero dado que ahora Dios ha sido visto en la carne y ha vivido entre los hombres, yo represento lo que es visible en Dios. Yo no venero la materia, sino al creador de la materia, que se hizo materia por mí y se dignó habitar en la materia y realizar mi salvación a través de la materia. Por ello, nunca cesaré de venerar la materia a través de la cual me ha llegado la salvación. Pero de ningún modo la venero como si fuera Dios. ¿Cómo podría ser Dios aquello que ha recibido la existencia a partir del no ser? (…) Yo venero y respeto también todo el resto de la materia que me ha procurado la salvación, en cuanto que está llena de energías y de gracias santas. ¿No es materia el madero de la cruz tres veces bendita? (…) ¿Y no son materia la tinta y el libro santísimo de los Evangelios? ¿No es materia el altar salvífico que nos proporciona el pan de vida? (…) Y antes que nada, ¿no son materia la carne y la sangre de mi Señor? O se debe suprimir el carácter sagrado de todo esto, o se debe conceder a la tradición de la Iglesia la veneración de las imágenes de Dios y la de los amigos de Dios que son santificados por el nombre que llevan, y que por esta razón habita en ellos la gracia del Espíritu Santo. Por tanto, no se ofenda a la materia, la cual no es despreciable, porque nada de lo que Dios ha hecho es despreciable» (Contra imaginum calumniatores, I, 16, ed. Kotter, pp. 89-90).
Vemos que, a causa de la encarnación, la materia aparece como divinizada, es considerada morada de Dios. Se trata de una nueva visión del mundo y de las realidades materiales. Dios se ha hecho carne y la carne se ha convertido realmente en morada de Dios, cuya gloria resplandece en el rostro humano de Cristo. Por consiguiente, las invitaciones del Doctor oriental siguen siendo de gran actualidad, teniendo en cuenta la grandísima dignidad que la materia recibió en la Encarnación, pues por la fe pudo convertirse en signo y sacramento eficaz del encuentro del hombre con Dios.
Así pues, san Juan Damasceno es testigo privilegiado del culto de las imágenes, que ha sido uno de los aspectos característicos de la teología y de la espiritualidad oriental hasta hoy. Sin embargo, es una forma de culto que pertenece simplemente a la fe cristiana, a la fe en el Dios que se hizo carne y se hizo visible. La doctrina de san Juan Damasceno se inserta así en la tradición de la Iglesia universal, cuya doctrina sacramental prevé que elementos materiales tomados de la naturaleza puedan ser instrumentos de la gracia en virtud de la invocación (epíclesis) del Espíritu Santo, acompañada por la confesión de la fe verdadera.
En unión con estas ideas de fondo san Juan Damasceno pone también la veneración de las reliquias de los santos, basándose en la convicción de que los santos cristianos, al haber sido hechos partícipes de la resurrección de Cristo, no pueden ser considerados simplemente «muertos». Enumerando, por ejemplo, aquellos cuyas reliquias o imágenes son dignas de veneración, san Juan precisa en su tercer discurso en defensa de las imágenes: «Ante todo (veneramos) a aquellos en quienes ha habitado Dios, el único santo, que mora en los santos (cf. Is 57, 15), como la santa Madre de Dios y todos los santos. Estos son los que, en la medida de lo posible, se han hecho semejantes a Dios con su voluntad y por la inhabitación y la ayuda de Dios, son llamados realmente dioses (cf. Sal 82, 6), no por naturaleza, sino por contingencia, como el hierro al rojo vivo es llamado fuego, no por naturaleza sino por contingencia y por participación del fuego. De hecho dice: «Seréis santos, porque yo soy santo» (Lv 19, 2)» (III, 33, col. 1352A).
Por eso, después de una serie de referencias de este tipo, san Juan Damasceno, podía deducir serenamente: «Dios, que es bueno y superior a toda bondad, no se contentó con la contemplación de sí mismo, sino que quiso que hubiera seres beneficiados por él que pudieran llegar a ser partícipes de su bondad; por ello, creó de la nada todas las cosas, visibles e invisibles, incluido el hombre, realidad visible e invisible. Y lo creó pensándolo y realizándolo como un ser capaz de pensamiento (ennoema ergon) enriquecido por la palabra (logo[i] sympleroumenon) y orientado hacia el espíritu (pneumati teleioumenon)» (II, 2: PG 94, col. 865A). Y para aclarar aún más su pensamiento, añade: «Es necesario asombrarse (thaumazein) de todas las obras de la providencia (tes pronoias erga), alabarlas todas y aceptarlas todas, superando la tentación de señalar en ellas aspectos que a muchos parecen injustos o inicuos (adika); admitiendo, en cambio, que el proyecto de Dios (pronoia) va más allá de la capacidad de conocer y comprender (agnoston kai akatalepton) del hombre, mientras que, por el contrario, sólo él conoce nuestros pensamientos, nuestras acciones e incluso nuestro futuro» (II, 29: PG 94, col. 964C). Por lo demás, ya Platón decía que toda filosofía comienza con el asombro: también nuestra fe comienza con el asombro ante la creación, ante la belleza de Dios que se hace visible.
El optimismo de la contemplación natural (physikè theoria), de ver en la creación visible lo bueno, lo bello y lo verdadero, este optimismo cristiano no es un optimismo ingenuo: tiene en cuenta la herida infligida a la naturaleza humana por una libertad de elección querida por Dios y utilizada mal por el hombre, con todas las consecuencias de disonancia generalizada que han derivado de ella. De ahí la exigencia, percibida claramente por el teólogo de Damasco, de que la naturaleza en la que se refleja la bondad y la belleza de Dios, heridas por nuestra culpa, «fuese reforzada y renovada» por la venida del Hijo de Dios en la carne, después de que de muchas formas y en diversas ocasiones Dios mismo hubiera intentado demostrar que había creado al hombre no sólo para que tuviera el «ser», sino también el «bienestar» (cf. La fede ortodossa, II, 1: PG 94, col. 981).
Con asombro apasionado san Juan explica: «Era necesario que la naturaleza fuese reforzada y renovada, y que se indicara y enseñara concretamente el camino de la virtud (didachthenai aretes hodòn), que aleja de la corrupción y lleva a la vida eterna. (…) Así apareció en el horizonte de la historia el gran mar del amor de Dios por el hombre (philanthropias pelagos)». Es una hermosa afirmación. Vemos, por una parte, la belleza de la creación; y, por otra, la destrucción causada por la culpa humana. Pero vemos en el Hijo de Dios, que desciende para renovar la naturaleza, el mar del amor de Dios por el hombre. San Juan Damasceno prosigue: «Él mismo, el Creador y Señor, luchó por su criatura trasmitiéndole con el ejemplo su enseñanza. (…) Así, el Hijo de Dios, aun subsistiendo en la forma de Dios, descendió de los cielos y bajó (…) hasta sus siervos (…), realizando la cosa más nueva de todas, la única cosa verdaderamente nueva bajo el sol, a través de la cual se manifestó de hecho el poder infinito de Dios» (III, 1: PG 94, col. 981C984B).
Podemos imaginar el consuelo y la alegría que difundían en el corazón de los fieles estas palabras llenas de imágenes tan fascinantes. También nosotros las escuchamos hoy, compartiendo los mismos sentimientos de los cristianos de entonces: Dios quiere morar en nosotros, quiere renovar la naturaleza también a través de nuestra conversión, quiere hacernos partícipes de su divinidad. Que el Señor nos ayude a hacer que estas palabras sean sustancia de nuestra vida.
Audiencia General del Miércoles, 6 de mayo de 2009
por Misiones.atholic.net | 3 Dic, 2013 | Primera comunión Vida de los Santos
Francisco Javier nació en el Castillo de Javier (Navarra, España) en 1506. Su padre fue el Dr. Juan de Jaso. Desde pequeño, su madre, María de Azpilcueta, le enseñó a rezar, acudiendo a diario a la capilla del Castillo.

A los 19 años se marchó a París a estudiar para ser rico. Javier era vanidoso. Conoció a Ignacio de Loyola, quien en los momentos difíciles en París siempre le ayudó.

Ignacio lo fue acercando a Jesucristo, ayudándolo a darse cuenta del poco valor de los bienes de la tierra y de lo mucho que valía ayudar a los pobres. Le decía: ¿De qué sirve ganar el mundo entero si pierdes tu alma?

Poco a poco, Jesucristo fue ganando espacio en la vida de Javier, y cuando acaba sus estudios, ya ha decidido dedicar su vida a enseñar a los demás hombres la fe en Dios.

En 1534, fue uno de los siete con que San Ignacio funda la Compañía de Jesús, y haciendo voto de absoluta pobreza, marchan a Tierra Santa para comenzar desde allí su obra misionera.

A los 31 años, es ordenado sacerdote en Venecia junto a sus compañeros de la naciente Compañía de Jesús.

En 1541, con 35 años, parte desde Lisboa (Portugal) hacia Goa (India), donde comenzará la parte más importante de su vida: ser misionero. Sus primeros años los pasó atendiendo una leprosería.

En 1544 parte rumbo a Malasia donde misionará durante seis meses. Solía adaptar las verdades de fe a la música popular, método que tuvo gran éxito.

De aquí parte a Amboino (Islas Molucas), y recorrió varias islas predicando durante cerca de año y medio. Cuando predicaba, más que sus argumentos, convencía con su santidad y con la fuerza de sus milagros.

Su predicación era constante y tenaz, regresando una y otra vez con diferentes medios hasta conseguir transmitir la fe a las personas.

Su único equipaje eran su libro de oraciones y su incansable ánimo para enseñar, curar a enfermos, aprender idiomas extraños y bautizar conversos por millares. Dedicaba las noches a la oración y, si no lograba dormir, pasaba horas recostado junto al sagrario.

Nuevamente vuelve a la India, evangelizando allí durante un año. Cuando los enfermos eran demasiados para poder atenderlos a todos, les entregaba su rosario, que llevaba siempre al cuello, y su solo contacto los curaba.

Ya en 1545 se dirige a Japón, donde luego de aprender el idioma, logró traducir al japonés una exposición muy sencilla de la doctrina cristiana que repetía a cuantos estaban dispuestos a escucharle.

Todos los que lo conocieron le describieron como una persona muy alegre y optimista, dispuesta a trasmitir a los demás la felicidad que le producía haber sido escogido por Dios para difundir su Palabra.

En su último viaje, salió de la India con intención de llegar a China, pero antes de llegar, cayó enfermo. A pesar de encontrarse con mucha fiebre, no se quejaba, ni pedía nada, solamente rezaba.

Murió el 3 de diciembre de 1552, a los 46 años, en la isla de Sanchón, frente a las costas de China. Había recorrido más de 120.000 kilómetros, como tres veces la vuelta a la tierra, conquistando corazones para Dios.

Fue canonizado junto a San Ignacio, y otros, por el Papa Gregorio XV, el 12 de Marzo de 1622.

En 1904, San Pío X le nombra Patrono de las Misiones, por haber consagrado su vida a la predicación del Evangelio «hasta los confines de la tierra».

Fuente: http://www.misiones.catholic.net/franciscojavier/biografia5.htm
por CEF sobre material de mariologia.org | 23 Oct, 2011 | Postcomunión Dinámicas
Señor y Padre mío, que te conozca y te haga conocer, que te ame y te haga amar; que te sirva y te haga servir; que te alabe y te haga alabar por todas las criaturas.
Oración Apostólica de San Antonio María Claret
* * *
Su vida ejemplar y su ímpetu misionero hacen de san Antonio María de Claret y Clará un modelo idóneo para los aires de la Nueva Evangelización.
Sobre su vida y misión, mariología.org presenta una serie de dinámicas catequéticas de gran interés para catequistas, profesores de religión y padres cristianos.
* * *
Primera parte. Autobiografía
1. Soy Antonio María Claret y Clará
Nací el quinto de once hermanos en la villa de Sallent (Barcelona) el 23 de diciembre de 1807. Mis padres se llamaban Juan Claret y Josefa Clará, casados, honrados y temerosos de Dios y muy amantes de la Eucaristía y de la Virgen María. Fui bautizado a los pocos días de mi nacimiento, el día 25 de diciembre, en la pila bautismal de la parroquia de Santa María de Sallent. Me pusieron por nombre Antonio. Yo después añadí el de María por mi amor a la Virgen.
De los recuerdos de la infancia me llega a la memoria uno que tenía a los cinco años. Yo siempre he sido poco dormilón, y pensaba en la eternidad; pensaba: siempre, siempre, siempre, tendrán que sufrir aquellas personas que mueran alejadas de Dios. Esto me daba mucha lástima, porque yo, naturalmente, soy muy compasivo. Esta idea es la que más me ha hecho y me hace trabajar para que nadie muera alejado de Dios.
No puedo ver una desgracia, una miseria que no socorra, me quitaré el pan de la boca para darlo a quien lo necesite. Pues si las necesidades corporales me afectan tanto, cuánto más las necesidades espirituales. Si un hijo tuviese un padre muy bueno y viese que sin más le maltratan, ¿no le defendería?.
Pues ¿qué debo hacer yo para defender a mi Padre Dios? ¿Callar? No sería un buen hijo.
Me acuerdo que en la guerra de la Independencia, cuando aún tenía cinco años, huía del pueblo a pie cuando avisaban de la llegada de los franceses, y ayudaba a mi abuelo Juan. Cuando era de noche, le advertía de los tropiezos con tanta paciencia y cariño, que mi abuelo estaba muy consolado al ver que yo no le dejaba, ni huía con los demás hermanos y primos.
Apenas tenía seis años cuando mis padres me mandaron a la escuela. En esos primeros años, el maestro, el sacerdote del pueblo y mis padres, trataban de formar mi entendimiento con la enseñanza de la verdad, y mi corazón con el cuidado de los valores cristianos.
Otras fechas importantes de mi vida son las siguientes:
1818 A los diez años recibí la primera comunión.
1816 Me gustaba ir a la iglesia, rezar y ayudar a los demás.
1819 Comienzo a trabajar en el pequeño taller textil de mi padre.
1820 A los doce años, Dios me llamó, yo oí, y me ofrecí.
1825 Me instalé en Barcelona para perfeccionar mis conocimientos en la industria textil.
1826 A los dieciocho años la Virgen María me libró de morir ahogado en el mar.
1829 Fui admitido en el Seminario de Vic (Barcelona).
1835 El 13 de junio fui ordenado sacerdote en Solsona (Lérida).
1839 Viajé a Roma para ofrecerme como misionero. Durante unos meses fui novicio jesuita.
1841 Fui nombrado Misionero Apostólico y evangelicé en Cataluña y en Canarias.
1849 El 16 de julio, en el Seminario de Vic, con otros cinco sacerdotes, fundé la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. El 4 de agosto fui nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba.
1855 Fundé con Madre Antonia París las Religiosas de María Inmaculada.
1856 El 1 de febrero fui herido gravemente en un atentado en Holguín (Cuba).
1857 Fui nombrado confesor de la reina Isabel II. Me trasladé a la corte de Madrid, donde prediqué, confesé, escribí libros, visité enfermos en los hospitales, aconsejé y apoyé iniciativas eclesiales.
1858 Fundé la Academia de San Miguel, asociación de artistas, escritores y hombres de ciencia al servicio de la evangelización.
1859 Fui nombrado presidente del Real Monasterio de El Escorial.
1861 El 26 de agosto recibí la gracia de conservar las especies sacramentales en mi cuerpo.
1864 Fundé las bibliotecas populares y parroquiales.
1868 Tras la revolución de septiembre acompañé a la Reina en su destierro a Francia.
1869 Participé en el Concilio Vaticano I que tuvo lugar en Roma.
2. Los días de mi conversión
Cumplidos los diecisiete años, deseoso de adelantar en los conocimientos de la fabricación textil, dije a mi padre que me llevase a Barcelona. Con mis manos ganaba lo que necesitaba para comida, vestidos, libros y maestros. Me puse a estudiar dibujo, gramática castellana y francesa. Se extendió por Barcelona la fama de la habilidad que el Señor me había dado para la fabricación y algunos empresarios contactaron con mi padre para que entrara en sus negocios. Esto le halagó muchísimo porque le venía muy bien a su fábrica de Sallent. Yo le dije a mi padre que todavía era muy joven. En ese tiempo se cumplió en mí aquello del Evangelio de que las espinas habían sofocado el buen trigo. El continuo pensar en máquinas y telares y en composiciones me tenían tan absorto que no acertaba a pensar en otra cosa. Todo mi afán era la fabricación textil. Es verdad que acudía los domingos a misa, pero tenía más máquinas en la cabeza que santos había en el altar.
En medio de esta barahunda de cosas, estando oyendo la Santa Misa, me acordé de haber leído desde muy niño aquellas palabras del Evangelio: ¿De qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo, si finalmente pierde su alma?. Esta frase me causó una profunda impresión… fue para mí una flecha que me hirió el corazón; yo pensaba y discurría qué haría, pero no acertaba.
Me hallé como san Pablo en el camino de Damasco. Me faltaba un Ananías que me dijese lo que había de hacer. Me dirigí a la Casa de san Felipe Neri, di una vuelta por los claustros, vi un cuarto abierto, pedí permiso y entré, y hallé a un Hermano llamado Pablo y le conté lo que me pasaba. Y el buen Hermano me oyó con mucha paciencia y me condujo al P. Amigó. Me oyó mi deseo de cambiar y me sugirió el camino a seguir.
Se despertaron en mí los deseos de volver a Dios y comprendí que los peligros por los que había pasado en mi estancia en Barcelona habían servido para espabilar mi corazón. Entre ellos, está el accidente que tuve en la playa de la Barceloneta cuando me hallaba paseando por la orilla, y una ola me metió mar adentro estando a punto de ahogarme al no saber nadar. Invoqué a la Virgen María y me vi en la playa sin saber cómo. También me acuerdo de la pasión que tenía por mí la dueña de la casa donde vivía un amigo mío, una mujer joven.
Entonces me gustaba vestir bien y ser muy elegante. Un día que él no estaba en casa, la dueña dijo que le esperase, y al poco, ella manifestó sus intenciones con palabras y acciones. Inmediatamente salí corriendo de su casa y nunca jamás quise volver. Y por último, recuerdo la traición de mi mejor amigo. Ambos teníamos bastante suerte en la lotería y jugábamos a medias. En cierta ocasión nos tocó un gran premio. Mi amigo, sintiéndose rico y sin decirme nada, apostó todo el dinero en juegos, lo perdió y se empeñó. Para pagar sus deudas, me robó mis libros, mi dinero y mi ropa. Como no le llegaba para saldar su deuda, robó unas joyas en una casa, siendo detenido. Cogieron al ladrón, confesó su delito, y fue condenado. No es posible explicar el golpe que me dio este percance, no tanto por la pérdida de dinero, que era mucho, cuanto por la confusión y vergüenza que me daba. No me atrevía a salir por la calle. Me parecía que todos me miraban y que decían: Ahí va el amigo del que está en la cárcel.
¡Cuánto tengo que agradecer a Dios que me haya abierto los ojos a la vida con aquellos desengaños!. Es verdad que entonces me sentí desengañado, fastidiado y aburrido de la mentira de algunos, pero ello me despertó en ansia de buscar lo que de niño siempre quise: Ser misionero.
Mi padre se enteró por mí de mi deseo de dejar la fabricación. Fue grande su pena porque truncaba su sueño y mi futuro como empresario, pero como era buen cristiano, me dijo que acataba la voluntad de Dios por más que la sentía en su corazón.
Salí de Barcelona después de haber estado cuatro años llenándome del viento de la vanidad, de elogios y aplausos. A primeros de septiembre de 1829 salí de Barcelona y volví a Sallent. A finales de mes, el día de san Miguel, mi padre me acompañó a Vic donde estudié la carrera eclesiástica como seminarista externo, acogido por el Obispo D. Pablo de Jesús Corcuera. Recuerdo aquel viaje por la tristeza del andar con lluvia y el silencio de mi padre.
La dirección del Obispo Corcuera y el buen ambiente del Seminario me ayudaron a entrar en un contacto profundo con la Palabra de Dios y a fundamentar mi opción de vida por Cristo en aquellos días en los que las Cortes aprobaban la supresión de todos los Institutos religiosos, se encautaron y subastaron los bienes de la iglesia y se azuzó al pueblo para la quema de conventos y matanza de religiosos. Los días de los comienzos de las guerras carlistas.
A lo largo de siete años, la guerra asoló vidas, tierras y riqueza. Dividió pueblos y familias, dejando un rastro de odio, venganza y desolación. Cataluña fue un escenario importante en esta guerra. Yo viví todos estos acontecimientos muy de cerca. Mi primer destino como sacerdote fue mi pueblo, Sallent, durante cuatro años. Mi trabajo personal se centraba en la atención a los enfermos y a los pobres, la predicación, la catequesis y los sacramentos.
La meditación de la Palabra de Dios y las lecturas de la vida de los Santos me ayudaban. Eran muchos los pasajes de la Biblia, pero en especial estos:
“Yo te elegí y no te abandoné” (Is 41, 9).
“No temas, que yo estoy contigo; no te acobardes, porque yo soy tu Dios” (Is 41, 10).
“Yo el Señor tu Dios te tomo de la mano y te digo: No temas” (Is 41, 13).
“Hijo de hombre: yo te he puesto de centinela en la casa de Israel” (Ez 3).
“El Espíritu del Señor está sobre mí. El Señor me envió para llevar la Buena Noticia a los pobres y sanar a los contritos de corazón” (Is 61,1).
En otras muchas partes de la Biblia sentía la voz del Señor que me llamaba y me invitaba a dedicarme sólo a evangelizar. Lo mismo me ocurría cuando hacía la oración.
3. Mi vocación, misionero apostólico
Sallent se me quedaba pequeño y decidí marchar a Roma para ser enviado a países de misión. Al llegar a Roma, me preparé con unos ejercicios espirituales y el director de los ejercicios me sugirió que ingresara en la Compañía de Jesús, donde podría realizar mejor mi propósito. A los pocos meses del noviciado, una enfermedad misteriosa hizo que abandonara el Noviciado y regresara a Cataluña. Allí, el Obispo me consiguió de Roma el nombramiento de Misionero Apostólico y comencé la predicación por las tierras catalanas. Cuando las circunstancias políticas hicieron imposible la predicación, viajé a Canarias donde recorrí las islas predicando. Allí me conocían por el nombre de Padrito. Y más tarde, como Arzobispo de Cuba y confesor de la Reina Isabel II, no dejé de vivir y de ser un misionero apostólico por los lugares donde pasaba.
Yo me digo a mi mismo: Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar, sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de los hombres.
San Antonio María Claret, muere en la abadía cisterciense de Fontfroide (Francia) el 24 de octubre de 1870. Tenía 63 años. Raymond Carr le ha llamado Apóstol de España y la liturgia le canta como Apóstol de fuego. Apóstol de palabra hablada y escrita. De su libro escrito a los treinta años, el Camino recto, se han hecho más de trescientas ediciones. En 1847 fundó la Librería Religiosa para poner al alcance de todos la Palabra de Dios y los libros buenos para toda clase de personas. Y como misionero, no faltaron en todas las etapas de su ministerio apostólico las persecuciones.
Azorín dijo de él que no hubo otro en la historia contemporánea de España a quien persiguieran más.
Dios le mantuvo con su gracia y con el amor a la Virgen María, “mi madre, mi maestra y mi madrina; mi todo después de Jesús”.
Sobre la lápida de su sepultura grabaron esta frase del Papa Gregorio VII: “Amé la justicia y odié la iniquidad; por eso muero en el destierro”.
El 7 de mayo de 1950 es canonizado por el Papa Pío XII, quien dijo de él: Alma grande, nacida para ensamblar contrastes. Pequeño de cuerpo, pero de espíritu gigante. Fuerte de carácter, pero con la suave dulzura de quien conoce el freno de la actividad y de la penitencia. Siempre en la presencia de Dios, aun en medio de su prodigiosa actividad exterior.
Calumniado y admirado, festejado y perseguido. Y entre tantas maravillas, como una luz que todo lo ilumina, su devoción a la Madre de Dios.
Segunda parte: Actividades. Cinco sugerencias
1. Carta vocacional
Material: Carta fotocopiada para cada uno de los miembros del grupo con su nombre.
A __________________ , Un amigo en quien confío.
Hola.
Me dirijo a ti porque necesito sacar del coco ideas y sentimientos que me están hirviendo dentro desde hace algún tiempo. Y, como dicen que al escribir se piensa dos veces… me he lanzado a ponértelo por escrito para ver si me aclaro un poco.
La verdad es que no sé por dónde empezar. Lo haré por lo que está más cerca de mí: YO MISMO. Ser alguien… ser algo… proyecto de vida… Parece que todo el mundo se ha puesto de acuerdo para repetirnos una y otra vez la misma cantinela: ¿qué vas a hacer en el futuro?
Lo que veo es que yo no tengo nada claro por dónde tirar. Cuando me pregunto a solas ¿qué tipo de persona quiero ser? Me contesto que quiero ser legal, auténtico, abierto a la vida, a los otros… pero sé que con estas palabras no digo nada. Porque me miro a mí mismo, miro mi vida y encuentro cosas que no me gustan un pelo. A veces me doy asco, no me veo “auténtico”. Son esos defectos que tú bien conoces y que más de una vez me has reprochado, como buen amigo que eres. Te lo agradezco. De verdad, me gustaría cambiar.
Lo que poco a poco voy teniendo más claro es a quién no quiero parecerme. Tú sabes a quien me refiero. Pero hay que ir a lo positivo.
Menos mal que voy vislumbrando día a día algunas actitudes y cualidades que me gustaría tener y desarrollar. Pero… (¡maldita sea!… ¿por qué siempre tiene que haber un pero…?) No sé cómo ir asimilándolas. Me parece que me voy fijando y me voy quedando con un rasgo de uno (por ejemplo, la responsabilidad de mi padre o la ternura de mi madre o…), con una actitud de otro o de otra (me gusta la sinceridad con la que se relaciona con los demás Maribel y la generosidad de Toni). Pero, aunque esto me ayuda a clarificarme algo, veo que no avanzo. Quizás necesite a alguien en quien mirarme para aprender de él –aun siendo yo mismo- el modo de ser, la forma de vivir.
Luego viene lo del “sentido de la vida”. Y me pasa como antes, que me vienen frases hechas: “ser feliz y hacer felices a los que quiero: a mis padres, a Mónica, a ti, a los amigos, incluso a más gente”. Y, también sé que con esta respuesta no he dicho nada. En mí y a mi alrededor veo cosas que no me hacen feliz… y encima están los agoreros que dicen que la felicidad es imposible. Yo no lo creo porque siento la llamada a ser feliz y a hacer felices a otros. Sin embargo, siento que no estoy haciendo todo lo que podría hacer, y me voy comiendo el coco con preguntas como éstas: ¿Tengo derecho a seguir viviendo como estoy viviendo?… ¿no soy demasiado egoísta dedicando mi tiempo libre a lo que lo dedico?…
A veces mi vida… ¡me parece tan vacía!. Además siento que algunos esperan más de mí, que de alguna manera me necesitan y que no puedo montármelo al margen de ellos. Creo que tengo que cambiar… que tengo que dar otro SENTIDO A MI VIDA.
De vez en cuando, veo en la TV o leo en alguna revista lo que otros están haciendo… esos que, sin hacer ruido, han encontrado el sentido a su vida en la entrega. Incluso por aquí andan gentes generosas que me llaman la atención. Pero… ¿cómo lo han logrado?… Ellos no se han hecho por generación espontánea; ellos y ellas no han salido de la caja mágica de las sorpresas, ni del frasco de las esencias. Pero me digo: “si ellas y ellos –que son de carne y hueso como yo, lo han conseguido ¿por qué yo no?. Creo que ayudas no han de faltarme, cuento contigo, con José Mari, con Mónica, con Isabel…
Y me ocurre otra cosa, que a la vez me da alegría y miedo. Me refiero a algunos textos del Evangelio; textos que compartimos en grupo los viernes por la tarde. No sé qué te dirán a ti, pero a mí me dan “mucha caña” –y no precisamente de cerveza, sino de la otra; ya ves por dónde voy. Ellos me dan luz. Comprendo que no puedo construir mi proyecto de vida al margen de ellos. Sé que no es fácil; pero dejándolos de lado, mi vida difícilmente va a merecer la pena.
Y ahora aparece otro follón. Bueno, vale todo lo anterior está muy bien.
Pero…. ¿CON QUIÉN VIVIRLO?. De solterones no vamos a ir por la vida (lo hemos comentado muchas veces). Tú sabes lo que yo siento por Mónica: “me muero por sus huesitos y por los que los rodean”. Vivirlo con alguien que tenga tus inquietudes sería maravilloso. También me pregunto si no hay otra manera de enfocar la vida fuera de la pareja. El caso es que muchos lo hacen y son gentes normales, y parecen felices.
Creo que es hora de ir terminando. Aún quedan otras cosillas , pero no quiero darte más la vara. Ya está bien de rollo. Perdona que te haya escogido para hacerte estas “confesiones”… pero yo no tengo la culpa de que seas mi mejor amigo. ¿La tienes tú?. GRACIAS.
¡Ah! Y si conoces a Alguien –quizás un… (olvídalo)-, sencillamente a alguien que pueda orientarme porque conoce bien la vida y todos estos líos… suéltalo. ¿vale?.
Hasta pronto y, un abrazo.
Ángel.
- Subraya aquello con lo que estés de acuerdo o tú mismo/a hayas vivido.
- ¿Qué pistas le darías tú a este amigo?.
- ¿Qué te ha llamado la atención?. ¿Hay algo en lo que no estés de acuerdo?.
2. La vid y los sarmientos
Material: Una cartulina por grupo en la que esté dibujada una vid con al menos cinco sarmientos.
Lluvia de ideas sobre lo que más ha llamado la atención de la vida del Padre Claret. En la cara A de la cartulina –donde está dibujada la vid y los sarmientos- se escribe lo más sugerente para la puesta en común de los grupos en cada uno de los sarmientos.
Sobre la cara B de la cartulina, –procurando que las manos compongan la forma de la vid de la cara A- cada uno de los presentes dibuja el contorno de su mano abierta y en el espacio en blanco de la palma de la mano, escribe algo que puede hacer para dar en su vida un fruto bueno como Claret.
Puesta en común de los grupos.
3. Eel discofórum
Material: Un reproductor de audio, una canción del momento que presente algún problema de hoy, y letra de la canción.
Audición de la canción.
Subrayado del texto de la canción donde se presente el problema.
Lectura de Lucas 4,40: Poniendo sobre ellos las manos, los curaba.
Debate: ¿Qué podemos hacer nosotros para poner remedio a la situación que describe la canción.
4. El Manifiesto de la Caridad Cristiana
Material: un pliego de papel Din-A3 preparado en forma de pergamino.
El P. Claret tuvo un corazón compasivo y puso de su parte lo que pudo para ayudar a los demás. Vamos a confeccionar un manifiesto sobre la CARIDAD.
Lectura de la Primera carta a los Corintios, capítulo 13.
Lluvia de ideas sobre la caridad –con resonancias a la solidaridad de la vida del misionero-.
Cada uno del grupo elige una idea y escribe un párrafo sobre él con lenguaje de denuncia.
Se leen las composiciones y se pasan al Dina 3 las aportaciones más sugerentes.
5. Mural de la esperanza
Material: Periódicos de los últimos días, cartulina, tijeras y pegamento.
Búsqueda de noticias que hablen de compromisos personales o sociales con los demás.
Puesta en común de las noticias recortadas y elección de las tres más interesantes.
Son respuestas solidarias de personas o grupos de hoy que apuntan a la construcción del Reino de Dios por parte de la Iglesia.
¿Qué podemos hacer nosotros?
Tercera parte. Celebración y oración para concluir la catequesis
I. Celebración para concluir la catequesis
Preparar dos carteles: Uno con el acróstico de la palabra “Misionero/a”, y otro con la oración final.
MONICION DE ENTRADA.
Guía de la celebración: Amigos. Después de haber reflexionado sobre la vocación misionera de san Antonio María Claret, venimos ante Dios para orar sobre lo que hemos vivido.
- Diremos a Jesús que queremos seguirlo…
- Pediremos a Dios que envíe misioneros… que nos envíe,
- Y daremos gracias por la vida de los misioneros.
Guía de la celebración: Amigos, en un instante de silencio orad conmigo.
“Señor Jesús, aquí estamos cerca de tí… míranos a los ojos… despierta en nosotros un sueño bello; el de seguirte, el de anunciarte como te siguieron y te anunciaron tantos y tantos misioneros en todo el mundo.
Tú eres nuestro Amigo, y nosotros sabemos que nos amas.
Enséñanos y ayúdanos a vivir contigo esta celebración”.
Todos: Amén.
Se coloca delante el acróstico Misionero.
M. MUNDO ENTERO.
I. IDEAL.
S. SEGUIMIENTO.
I. ILUSION
O. ORACION.
N. NEGACION DE UNO MISMO.
E. ENVIO. ENTREGA.
R. RIQUEZA.
O/A OFRENDA/AMOR.
Guía de la celebración: Aquí tenemos un acróstico de la palabra misionero. Con él vamos a dar gracias a Dios por los misioneros seguidores de Jesús. Yo diré cada letra… vosotros gritaréis la palabra o palabras que tiene esa letra y luego daremos gracias. Así una tras otra.
Guía de la celebración: M
Todos: Mundo Entero.
Chico: Te damos gracias por los misioneros/as que han respondido a su vocación y están extendidos por el mundo entero y porque ellos miran y aman al mundo entero.
Te damos gracias, Señor.
Todos: TE DAMOS GRACIAS , SEÑOR.
Guía de la celebración: I
Todos: Ideal
Chica: Por los misioneros/as que tienen como ideal su vocación universal, haciendo felices a los demás, como lo hizo Jesús. Te damos gracias, Señor.
Todos: TE DAMOS GRACIAS SEÑOR.
Guía de la celebración: S
Todos: Seguimiento.
Chico: Por los misioneros/as que han seguido a Jesús y siguen con Él a pesar de las dificultades. Te damos gracias, Señor.
Todos: TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR.
Guía de la celebración: I
Todos: Ilusión
Chica: Por la ilusión con que los misioneros/as viven su vocación; y por la ilusión que ellos trasmiten a los pobres y desesperados. Te damos gracias, Señor.
Todos: TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR.
Guía de la celebración: O
Todos: Oración
Chico: Por la oración que hacen los misioneros/as para alabar a Dios y para interceder por las gentes de su misión. Te damos gracias, Señor.
Todos: TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR.
Guía de la celebración: N
Todos: Negación de si mismo.
Chica: Por todos los misioneros/as que han sabido olvidarse de sí mismos, negarse a sí mismos, para seguir a Cristo, hasta dar sus vidas por las gentes de su misión, incluso hasta el martirio. Te damos gracias, Señor.
Todos: TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR.
Guía de la celebración: E
Todos: Envío – Entrega
Chico: Por los misioneros/as que han acogido con alegría el “envío misionero” y se han entregado en cuerpo y alma a la tarea encomendada. Te damos gracias, Señor.
Todos: TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR.
Guía de la celebración: R
Todos: Riqueza
Chica: Por los misioneros/as que no han puesto su corazón en las riquezas de este mundo, sino que han hecho de la Palabra de Dios y de sus hermanos más pequeños y humildes su riqueza y su verdadero tesoro. Te damos gracias, Señor.
Todos: TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR.
Guía de la celebración: O/A
Todos: Ofrenda – Amor
Chico: Por los misioneros/as que han ofrecido a Dios todo cuanto eran y tenían para amar a toda la humanidad con libertad de corazón y luchar por ella cada día de sus vidas. Te damos gracias, Señor.
Todos: TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR.
Canto: CRISTO NACE CADA DÍA.
|
La Re La
Habrá tierra que sembrar,
Re La
habrá mies que recoger,
Re
por muchos años que pasen,
Do#m Re
no cambiará nuestra fe,
La Mi
la vida es de los que luchan
La
por su propio yo vencer.
Habrá veces que pescar y manos para faenar, no importará la tormenta pues Cristo la calmará, seguiremos en la lucha por un mundo de hermandad.
CRISTO NACE CADA DÍA
Re Mi La La7
EN LA CARA DEL OBRERO CANSADO
Re Mi La
EN EL ROSTRO DE LOS NIÑOS QUE RÍEN JUGANDO
Re Mi La
EN CADA ANCIANO QUE TENEMOS AL LADO.
CRISTO NACE CADA DÍA
Y POR MUCHO QUE QUERAMOS MATARLO
NACERÁ DÍA TRAS DÍA, MINUTO A MINUTO
EN CADA HOMBRE QUE QUIERE ACEPTARLO.
Hay mucha tierra sembrada, el tiempo traerá su fruto, ya vendrá quien lo recoja, de momento trabajemos y si el mundo se acobarda nosotros no callaremos.
|
{denvideo http://www.youtube.com/watch?v=zTxS22V45u8} |
|
|
Guía de la celebración: Oración:
Todos: LLÁMANOS Y HAZNOS TUS MISIONEROS/AS – Señor la misión es bellísima… pero aunque sea difícil
T .- LLÁMANOS Y HAZNOS TUS MISIONEROS/AS.
– Señor, aunque algunos crean que ser misioneros es cosa de locos.
T .- LLÁMANOS Y HAZNOS TUS MISIONEROS/AS.
– Señor, porque aún se necesitan muchos más misioneros.
T .- LLÁMANOS Y HAZNOS TUS MISIONEROS/AS
– Señor, para reemplazar a cuántos misioneros de Madrid han fallecido.
T .- LLÁMANOS Y HAZNOS TUS MISIONEROS/AS.
Guía de la celebración: Señor, con el gran misionero que fue S. Antonio María Claret te decimos:
G. Que te conozcamos
T. Y te hagamos conocer
G. Que te amemos
T . Y te hagamos amar.
G. Que te sirvamos
T. Y te hagamos servir.
G. Que te alabemos
T. Y te hagamos alabar de todas las criaturas y por todo el mundo.
G. Haz, Señor que todos tus seguidores nos convirtamos a ti, que nos pongamos a la escucha de tu pregunta para descubrir nuestra vocación misionera y responder a ella con confianza y alegría.
Te lo pedimos por la intercesión de S. Antonio María Claret, fiel misionero de tu Hijo Jesucristo.
T. Amén.
II. Oración para concluir la catequesis
(Si no concluye con la celebración).
TU LLAMADA ENTRE NOSOTROS Tú, Jesús sigues llamando personalmente a cada uno de nosotros, y nos vas incorporando a trabajar en tu mies.
Nos sentimos convocados a compartir, tu vida, tu Reino, tus proyectos…
como hijos obedientes del Padre, como hermanos solidarios de los hombres.
Como tus discípulos, te pedimos: “enséñanos”.
Queremos oír la voz de Dios, convertirnos en Palabra tuya, tener apertura de corazón y mente, sencillez y rectitud de vida, no encerrarnos en nuestra propia carne y dilatar tu Reino.
Pon en nuestros labios las palabras de invitación para que nuevos jóvenes te conozcan, experimenten y busquen en ti “camino, verdad y vida”.
AQUÍ ESTAMOS, SEÑOR.
Con gozo respondemos a la llamada que en tu Hijo nos diriges y alentados por la fuerza del Espíritu te decimos confiados “Queremos hacer tu voluntad”.
Danos una mirada limpia, una inteligencia abierta y un corazón ardiente para poder captar y comprender el designio de amor que tienes sobre nuestra comunidad y sobre la misión que nos has encomendado.
Advertimos las profundas y constantes exigencias, las debilidades y dificultades, conviértalas en estímulo para la acción, la caridad y el fulgor de nuestras vidas.
Aumenta en nosotros la generosidad y la esperanza y ábrenos a las necesidades más urgentes de los hombres.
Que acertemos a expresar en nuestra vida el amor universal de Jesucristo, su incondicional entrega y su donación radical.
Confírmanos en la verdad, danos sed de tu justicia y haznos útiles instrumentos para proclamar el Evangelio, discerniendo en todo tiempo lo que te agrada, lo bueno, lo que es justo y lo que construye tu Reino entre los hombres.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Bibliografía
Antonio María Claret: Autobiografía. Editorial Claret, 1975.
Antonio María Claret: Escritos autobiográficos. BAC, Madrid, 1981.
Antonio María Claret: Escritos autobiográficos. BAC, Madrid, 1985.
Agustín Cabré: Evangelizador de dos mundos. Claret, Barcelona, 1983.
Jesús Álvarez: Misioneros Claretianos. P. Claretianas, Madrid, 1993.
Atilano Aláiz: No puedo callar. San Pablo, Madrid, 1995.
Emilio Vicente Mateu: San Antonio María Claret, Misionero Apostólico. Folleto. Edición revisada por Juventino Rodríguez. Sevilla, 1997.
Ángel Sanz: Apóstol de fuego. San Antonio María Claret. Folleto. Ediciones Iris de Paz, 2000.
* * *
Fuente original: mariologia.org
por Pontificio Consejo para la Familia | 28 Oct, 2009 | Catequesis Magisterio
¡Qué precioso es el valor de la familia, como lugar privilegiado para transmitir la fe!
Santo Padre Francisco
* * *
Carta de los Derechos de la Familia presentada por la Santa Sede a todas las personas, instituciones y autoridades interesadas en la misión de la familia en el mundo contemporáneo, 22 de octubre de 1983.
* * *
Introducción
La Carta de los Derechos de la Familia responde a un voto formulado por el Sínodo de los obispos reunidos en Roma en 1980, para estudiar el tema « El papel de la familia cristiana en el mundo contemporáneo » (cfr. Proposición 42). Su Santidad el Papa Juan Pablo II, en la Exhortación Apostólica Familiaris consortio (n. 46) aprobó el voto del Sínodo e instó a la Santa Sede para que preparara una Carta de los Derechos de la Familia destinada a ser presentada a los organismos y autoridades interesadas.
Es importante comprender exactamente la naturaleza y el estilo de la Carta tal como es presentada aquí. Este documento no es una exposición de teología dogmática o moral sobre el matrimonio y la familia, aunque refleja el pensamiento de la Iglesia sobre la materia. No es tampoco un código de conducta destinado a las personas o a las instituciones a las que se dirige. La Carta difiere también de una simple declaración de principios teóricos sobre la familia. Tiene más bien la finalidad de presentar a todos nuestros contemporáneos, cristianos o no, una formulación —lo más completa y ordenada posible— de los derechos fundamentales inherentes a esta sociedad natural y universal que es la familia.
Los derechos enunciados en la Carta están impresos en la conciencia del ser humano y en los valores comunes de toda la humanidad. La visión cristiana está presente en esta Carta como luz de la revelación divina que esclarece la realidad natural de la familia. Esos derechos derivan en definitiva de la ley inscrita por el Creador en el corazón de todo ser humano. La sociedad está llamada a defender esos derechos contra toda violación, a respetarlos y a promoverlos en la integridad de su contenido.
Los derechos que aquí se proponen han de ser tomados según el carácter específico de una «Carta». En algunos casos, conllevan normas propiamente vinculantes en el plano jurídico; en otros casos, son expresión de postulados y de principios fundamentales para la elaboración de la legislación y desarrollo de la política familiar. En todo caso, constituyen una llamada profética en favor de la institución familiar que debe ser respetada y defendida contra toda agresión.
Casi todos estos derechos han sido expresados ya en otros documentos, tanto de la Iglesia como de la comunidad internacional. La presente Carta trata de ofrecer una mejor elaboración de los mismos, definirlos con más claridad y reunirlos en una presentación orgánica, ordenada y sistemática. En el anexo se podrá encontrar la indicación de «fuentes y referencias» de los textos en que se han inspirado algunas de las formulaciones.
La Carta de los Derechos de la Familia es presentada ahora por la Santa Sede, organismo central y supremo de gobierno de la Iglesia católica. El documento ha sido enriquecido por un conjunto de observaciones y análisis reunidos tras una amplia consulta a las Conferencias episcopales de toda la Iglesia, así como a expertos en la materia y que representan culturas diversas.
La Carta está destinada en primer lugar a los Gobiernos. Al reafirmar, para bien de la sociedad la conciencia común de los derechos esenciales de la familia, la Carta ofrece a todos aquellos que comparten la responsabilidad del bien común un modelo y una referencia para elaborar la legislación y la política familiar, y una guía para los programas de acción.
Al mismo tiempo la Santa Sede propone con confianza este documento a la atención de las Organizaciones Internacionales e intergubernamentales que, por su competencia y su acción en la defensa y promoción de los derechos del hombre, no pueden ignorar o permitir las violaciones de los derechos fundamentales de la familia.
La Carta, evidentemente, se dirige también a las familias mismas: ella trata de fomentar en el seno de aquéllas la conciencia de la función y del puesto irreemplazable de la familia; desea estimular a las familias a unirse para la defensa y la promoción de sus derechos; las anima a cumplir su deber de tal manera que el papel de la familia sea más claramente comprendido y reconocido en el mundo actual.
La Carta se dirige finalmente a todos, hombres y mujeres, para que se comprometan a hacer todo lo posible, a fin de asegurar que los derechos de la familia sean protegidos y que la institución familiar sea fortalecida para bien de toda la humanidad, hoy y en el futuro.
La Santa Sede, al presentar esta Carta, deseada por los representantes del Episcopado mundial, dirige una llamada particular a todos los miembros y a todas las instituciones de la Iglesia, para que den un testimonio claro de sus convicciones cristianas sobre la misión irreemplazable de la familia, y procuren que familias y padres reciban el apoyo y estímulo necesarios para el cumplimiento de la tarea que Dios les ha confiado.
CARTA DE LOS DERECHOS DE LA FAMILIA
Preámbulo
Considerando que:
A. los derechos de la persona, aunque expresados como derechos del individuo, tienen una dimensión fundamentalmente social que halla su expresión innata y vital en la familia;
B. la familia está fundada sobre el matrimonio, esa unión íntima de vida, complemento entre un hombre y una mujer, que está constituida por el vínculo indisoluble del matrimonio, libremente contraído, públicamente afirmado, y que está abierta a la transmisión de la vida;
C. el matrimonio es la institución natural a la que está exclusivamente confiada la misión de transmitir la vida;
D. la familia, sociedad natural, existe antes que el Estado o cualquier otra comunidad, y posee unos derechos propios que son inalienables;
E. la familia constituye, más que una unidad jurídica, social y económica, una comunidad de amor y de solidaridad, insustituible para la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos, esenciales para el desarrollo y bienestar de sus propios miembros y de la sociedad;
F. la familia es el lugar donde se encuentran diferentes generaciones y donde se ayudan mutuamente a crecer en sabiduría humana y a armonizar los derechos individuales con las demás exigencias de la vida social;
G. la familia y la sociedad, vinculadas mutuamente por lazos vitales y orgánicos, tienen una función complementaria en la defensa y promoción del bien de la humanidad y de cada persona;
H. la experiencia de diferentes culturas a través de la historia ha mostrado la necesidad que tiene la sociedad de reconocer y defender la institución de la familia;
I. la sociedad, y de modo particular el Estado y las Organizaciones Internacionales, deben proteger la familia con medidas de carácter político, económico, social y jurídico, que contribuyan a consolidar la unidad y la estabilidad de la familia para que pueda cumplir su función específica;
J. los derechos, las necesidades fundamentales, el bienestar y los valores de la familia, por más que se han ido salvaguardando progresivamente en muchos casos, con frecuencia son ignorados y no raras veces minados por leyes, instituciones y programas socio-económicos;
K. muchas familias se ven obligadas a vivir en situaciones de pobreza que les impiden cumplir su propia misión con dignidad;
L. la Iglesia Católica, consciente de que el bien de la persona, de la sociedad y de la Iglesia misma pasa por la familia, ha considerado siempre parte de su misión proclamar a todos el plan de Dios intrínseco a la naturaleza humana sobre el matrimonio y la familia, promover estas dos instituciones y defenderlas de todo ataque dirigido contra ellas;
M. el Sínodo de los Obispos celebrado en 1980 recomendó explícitamente que se preparara una Carta de los Derechos de la Familia y se enviara a todos los interesados;
la Santa Sede, tras haber consultado a las Conferencias Episcopales, presenta ahora esta Carta de los Derechos de la Familia e insta a los Estados, Organizaciones Internacionales y a todas las Instituciones y personas interesadas, para que promuevan el respeto de estos derechos y aseguren su efectivo reconocimiento y observancia.
Artículo 1
Todas las personas tienen el derecho de elegir libremente su estado de vida y por lo tanto derecho a contraer matrimonio y establecer una familia o a permanecer célibes.
a) Cada hombre y cada mujer, habiendo alcanzado la edad matrimonial y teniendo la capacidad necesaria, tiene el derecho de contraer matrimonio y establecer una familia sin discriminaciones de ningún tipo; las restricciones legales a ejercer este derecho, sean de naturaleza permanente o temporal, pueden ser introducidas únicamente cuando son requeridas por graves y objetivas exigencias de la institución del matrimonio mismo y de su carácter social y público; deben respetar, en todo caso, la dignidad y los derechos fundamentales de la persona.
b) Todos aquellos que quieren casarse y establecer una familia tienen el derecho de esperar de la sociedad las condiciones morales, educativas, sociales y económicas que les permitan ejercer su derecho a contraer matrimonio con toda madurez y responsabilidad.
c) El valor institucional del matrimonio debe ser reconocido por las autoridades públicas; la situación de las parejas no casadas no debe ponerse al mismo nivel que el matrimonio debidamente contraído.
Artículo 2
El matrimonio no puede ser contraído sin el libre y pleno consentimiento de los esposos debidamente expresado.
a) Con el debido respeto por el papel tradicional que ejercen las familias en algunas culturas guiando la decisión de sus hijos, debe ser evitada toda presión que tienda a impedir la elección de una persona concreta como cónyuge.
b) Los futuros esposos tienen el derecho de que se respete su libertad religiosa. Por lo tanto, el imponer como condición previa para el matrimonio una abjuración de la fe, o una profesión de fe que sea contraria a su conciencia, constituye una violación de este derecho.
c) Los esposos, dentro de la natural complementariedad que existe entre hombre y mujer, gozan de la misma dignidad y de iguales derechos respecto al matrimonio.
Artículo 3
Los esposos tienen el derecho inalienable de fundar una familia y decidir sobre el intervalo entre los nacimientos y el número de hijos a procrear, teniendo en plena consideración los deberes para consigo mismos, para con los hijos ya nacidos, la familia y la sociedad, dentro de una justa jerarquía de valores y de acuerdo con el orden moral objetivo que excluye el recurso a la contracepción, la esterilización y el aborto.
a) Las actividades de las autoridades públicas o de organizaciones privadas, que tratan de limitar de algún modo la libertad de los esposos en las decisiones acerca de sus hijos constituyen una ofensa grave a la dignidad humana y a la justicia.
b) En las relaciones internacionales, la ayuda económica concedida para la promoción de los pueblos no debe ser condicionada a la aceptación de programas de contracepción, esterilización o aborto.
c) La familia tiene derecho a la asistencia de la sociedad en lo referente a sus deberes en la procreación y educación de los hijos. Las parejas casadas con familia numerosa tienen derecho a una ayuda adecuada y no deben ser discriminadas.
Artículo 4
La vida humana debe ser respetada y protegida absolutamente desde el momento de la concepción.
a) El aborto es una directa violación del derecho fundamental a la vida del ser humano.
b) El respeto por la dignidad del ser humano excluye toda manipulación experimental o explotación del embrión humano.
c) Todas las intervenciones sobre el patrimonio genético de la persona humana que no están orientadas a corregir las anomalías, constituyen una violación del derecho a la integridad física y están en contraste con el bien de la familia.
d) Los niños, tanto antes como después del nacimiento, tienen derecho a una especial protección y asistencia, al igual que sus madres durante la gestación y durante un período razonable después del alumbramiento.
e) Todos los niños, nacidos dentro o fuera del matrimonio, gozan del mismo derecho a la protección social para su desarrollo personal integral.
f) Los huérfanos y los niños privados de la asistencia de sus padres o tutores deben gozar de una protección especial por parte de la sociedad. En lo referente a la tutela o adopción, el Estado debe procurar una legislación que facilite a las familias idóneas acoger a niños que tengan necesidad de cuidado temporal o permanente y que al mismo tiempo respete los derechos naturales de los padres.
g) Los niños minusválidos tienen derecho a encontrar en casa y en la escuela un ambiente conveniente para su desarrollo humano.
Artículo 5
Por el hecho de haber dado la vida a sus hijos, los padres tienen el derecho originario, primario e inalienable de educarlos; por esta razon ellos deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos.
a) Los padres tienen el derecho de educar a sus hijos conforme a sus convicciones morales y religiosas, teniendo presentes las tradiciones culturales de la familia que favorecen el bien y la dignidad del hijo; ellos deben recibir también de la sociedad la ayuda y asistencia necesarias para realizar de modo adecuado su función educadora.
b) Los padres tienen el derecho de elegir libremente las escuelas u otros medios necesarios para educar a sus hijos según sus conciencias. Las autoridades públicas deben asegurar que las subvenciones estatales se repartan de tal manera que los padres sean verdaderamente libres para ejercer su derecho, sin tener que soportar cargas injustas. Los padres no deben soportar, directa o indirectamente, aquellas cargas suplementarias que impiden o limitan injustamente el ejercicio de esta libertad.
c) Los padres tienen el derecho de obtener que sus hijos no sean obligados a seguir cursos que no están de acuerdo con sus convicciones morales y religiosas. En particular, la educación sexual —que es un derecho básico de los padres— debe ser impartida bajo su atenta guía, tanto en casa como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos.
d) Los derechos de los padres son violados cuando el Estado impone un sistema obligatorio de educación del que se excluye toda formación religiosa.
e) El derecho primario de los padres a educar a sus hijos debe ser tenido en cuenta en todas las formas de colaboración entre padres, maestros y autoridades escolares, y particularmente en las formas de participación encaminadas a dar a los ciudadanos una voz en el funcionamiento de las escuelas, y en la formulación y aplicación de la política educativa.
f) La familia tiene el derecho de esperar que los medios de comunicación social sean instrumentos positivos para la construcción de la sociedad y que fortalezcan los valores fundamentales de la familia. Al mismo tiempo ésta tiene derecho a ser protegida adecuadamente, en particular respecto a sus miembros más jóvenes, contra los efectos negativos y los abusos de los medios de comunicación.
Artículo 6
La familia tiene el derecho de existir y progresar como familia.
a) Las autoridades públicas deben respetar y promover la dignidad, justa independencia, intimidad, integridad y estabilidad de cada familia.
b) El divorcio atenta contra la institución misma del matrimonio y de la familia.
c) El sistema de familia amplia, donde exista, debe ser tenido en estima y ayudado en orden a cumplir su papel tradicional de solidaridad y asistencia mutua, respetando a la vez los derechos del núcleo familiar y la dignidad personal de cada miembro.
Artículo 7
Cada familia tiene el derecho de vivir libremente su propia vida religiosa en el hogar, bajo la dirección de los padres, así como el derecho de profesar públicamente su fe y propagarla, participar en los actos de culto en público y en los programas de instrucción religiosa libremente elegidos, sin sufrir alguna discriminación.
Artículo 8
La familia tiene el derecho de ejercer su función social y política en la construcción de la sociedad.
a) Las familias tienen el derecho de formar asociaciones con otras familias e instituciones, con el fin de cumplir la tarea familiar de manera apropiada y eficaz, así como defender los derechos, fomentar el bien y representar los intereses de la familia.
b) En el orden económico, social, jurídico y cultural, las familias y las asociaciones familiares deben ver reconocido su propio papel en la planificación y el desarrollo de programas que afectan a la vida familiar.
Artículo 9
Las familias tienen el derecho de poder contar con una adecuada política familiar por parte de las autoridades públicas en el terreno jurídico, económico, social y fiscal, sin discriminación alguna.
a) Las familias tienen el derecho a unas condiciones económicas que les aseguren un nivel de vida apropiado a su dignidad y a su pleno desarrollo. No se les puede impedir que adquieran y mantengan posesiones privadas que favorezcan una vida familiar estable; y las leyes referentes a herencias o transmisión de propiedad deben respetar las necesidades y derechos de los miembros de la familia.
b) Las familias tienen derecho a medidas de seguridad social que tengan presentes sus necesidades, especialmente en caso de muerte prematura de uno o ambos padres, de abandono de uno de los cónyuges, de accidente, enfermedad o invalidez, en caso de desempleo, o en cualquier caso en que la familia tenga que soportar cargas extraordinarias en favor de sus miembros por razones de ancianidad, impedimentos físicos o psíquicos, o por la educación de los hijos.
c) Las personas ancianas tienen el derecho de encontrar dentro de su familia o, cuando esto no sea posible, en instituciones adecuadas, un ambiente que les facilite vivir sus últimos años de vida serenamente, ejerciendo una actividad compatible con su edad y que les permita participar en la vida social.
d) Los derechos y necesidades de la familia, en especial el valor de la unidad familiar, deben tenerse en consideración en la legislación y política penales, de modo que el detenido permanezca en contacto con su familia y que ésta sea adecuadamente sostenida durante el período de la detención.
Artículo 10
Las familias tienen derecho a un orden social y económico en el que la organización del trabajo permita a sus miembros vivir juntos, y que no sea obstáculo para la unidad, bienestar, salud y estabilidad de la familia, ofreciendo también la posibilidad de un sano esparcimiento.
a) La remuneración por el trabajo debe ser suficiente para fundar y mantener dignamente a la familia, sea mediante un salario adecuado, llamado « salario familiar », sea mediante otras medidas sociales como los subsidios familiares o la remuneración por el trabajo en casa de uno de los padres; y debe ser tal que las madres no se vean obligadas a trabajar fuera de casa en detrimento de la vida familiar y especialmente de la educación de los hijos.
b) El trabajo de la madre en casa debe ser reconocido y respetado por su valor para la familia y la sociedad.
Artículo 11
La familia tiene derecho a una vivienda decente, apta para la vida familiar, y proporcionada al número de sus miembros, en un ambiente físicamente sano que ofrezca los servicios básicos para la vida de la familia y de la comunidad.
Artículo 12
Las familias de emigrantes tienen derecho a la misma protección que se da a las otras familias.
a) Las familias de los inmigrantes tienen el derecho de ser respetadas en su propia cultura y recibir el apoyo y la asistencia en orden a su integración dentro de la comunidad, a cuyo bien contribuyen.
b) Los trabajadores emigrantes tienen el derecho de ver reunida su familia lo antes posible.
c) Los refugiados tienen derecho a la asistencia de las autoridades públicas y de las organizaciones internacionales que les facilite la reunión de sus familias.
FUENTES Y REFERENCIAS
Preámbulo
A. Rerum novarum, 9; Gaudium et spes, 24.
B. Pacem in terris, parte I; Gaudium et spes, 48 y 50; Familiaris consortio, 19; Codex Iuris Canonici, 1056.
C. Gaudium et spes, 50; Humanae vitae, 12; Familiaris consortio, 28.
D. Rerum novarum, 9 y 10; Familiaris consortio, 45.
E. Familiaris consortio, 43.
F. Gaudium et spes, 52; Familiaris consortio, 21.
G. Gaudium et spes, 52; Familiaris consortio, 42 y 45.
I. Familiaris consortio, 45.
J. Familiaris consortio, 46.
K. Familiaris consortio, 6 y 77.
L. Familiaris consortio, 3 y 46.
M. Familiaris consortio, 46.
Artículo 1
Rerum novarum, 9; Pacem in terris, parte 1; Gaudium et spes, 26; Declaración universal de los Derechos Humanos, 16, 1.
a) Codex Iuris Canonici, 1058 y 1077; Declaración universal, 16, 1.
b) Gaudium et spes, 52; Familiaris consortio, 81.
c) Gaudium et spes, 52; Familiaris consortio, 81 y 82.
Artículo 2
Gaudium et spes, 52; Codex Iuris Canonici, 1057; Declaración universal, 16, 2.
a) Gaudium et spes, 52.
b) Dignitatis humanae, 6.
c) Gaudium et spes, 49; Familiaris consortio, 19 y 22; Codex Iuris Canonici, 1135; Declaración universal, 16, 1.
Artículo 3
Populorum progressio, 37; Gaudium et spes, 50 y 87; Humanae vitae, 10; Familiaris consortio, 30 y 46.
a) Familiaris consortio, 30.
b) Familiaris consortio, 30.
c) Gaudium et spes, 50.
Artículo 4
Gaudium et spes, 51; Familiaris consortio, 26.
a) Humanae vitae, 14; Declaración sobre el aborto provocado (S. Congregación para la Doctrina de la Fe), 18 de noviembre de 1974; Familiaris consortio, 30.
b) Juan Pablo II, Discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias, 23 de octubre de 1982.
d) Declaración universal, 25, 2; Declaración sobre los Derechos del Niño, Preámbulo y 4.
e) Declaración universal, 25, 2.
f) Familiaris consortio, 41.
g) Familiaris consortio, 77.
Artículo 5
Divini illius magistri, 27-34; Gravissimum educationis, 3; Familiaris consortio, 36; Codex Iuris Canonici, 793 y 1136.
a) Familiaris consortio, 46.
b) Gravissimum educationis, 7; Dignitatis humanae, 5; Juan Pablo II, Libertad religiosa y el Acta final de Helsinki (Carta a los Jefes de las naciones signatarias del Acta final de Helsinki), 4b; Familiaris consortio, 40; Codex Iuris Canonici, 797.
c) Dignitatis humanae, 5; Familiaris consortio, 37 y 40.
d) Dignitatis humanae, 5; Familiaris consortio, 40.
e) Familiaris consortio, 40; Codex Iuris Canonici, 796.
f) Pablo VI, Mensaje para la Tercera Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 1969; Familiaris consortio, 76.
Artículo 6
Familiaris consortio, 46.
a) Rerum novarum, 10; Familiaris consortio, 46; Convención Internacional sobre los Derechos Civiles y Políticos, 17.
b) Gaudium et spes, 48 y 50.
Artículo 7
Dignitatis humanae, 5; Libertad religiosa y el Acta final de Helsinki, 4b; Convención Internacional sobre los Derechos Civiles y Políticos, 18.
Artículo 8
Familiaris consortio, 44 y 48.
a) Apostolicam actuositatem, 11; Familiaris consortio, 46 y 72.
b) Familiaris consortio, 44 y 45.
Artículo 9
Laborem exercens, 10 y 19; Familiaris consortio, 45; Declaración universal, 16, 3 y 22; Convención Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, 10, 1.
a) Mater et magistra, parte II; Laborem exercens, 10; Familiaris consortio, 45; Declaración universal, 22 y 25; Convención Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, 7, a, ii.
b) Familiaris consortio, 45 y 46; Declaración universal, 25, 1; Convención Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, 9, 10, 1 y 10, 2.
c) Gaudium et spes, 52; Familiaris consortio, 27.
Artículo 10
Laborem exercens, 19; Familiaris consortio, 77; Declaración universal, 23, 3.
a) Laborem exercens, 19; Familiaris consortio, 23 y 81.
b) Familiaris consortio, 23.
Artículo 11
Apostolicam actuositatem, 8; Familiaris consortio, 81; Convención Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, 11, 1.
Artículo 12
Familiaris consortio, 77; Carta Social Europea, 19.
* * *