por Guillermo Mirecki | 13 Sep, 2026 | Postcomunión Dinámicas, Sin categoría
CATEQUESIS VISUAL
La Exaltación de la Santa Cruz
En la Cruz está nuestra vida y nuestra esperanza
✝
Una catequesis para contemplar la Cruz de Cristo, recorrer la historia de su fiesta, comprender su liturgia y aprender a vivir bajo el signo de la Pascua.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
La mirada se dirige primero a Cristo crucificado. Jerusalén queda al fondo y las generaciones de cristianos aparecen subordinadas a Él: la historia no compite con la Cruz, nace de ella.
Descubrimos los detalles
Cristo en el centro. No es un emblema vacío: toda la composición depende de una Persona concreta.
Las generaciones. Iglesia antigua, peregrino medieval y familia actual muestran una misma memoria atravesando los siglos.
La luz. La claridad blanca introduce ya la lectura pascual: el Calvario no queda encerrado en la derrota.
Comprendemos lo qué representa
La portada resume el camino completo de la catequesis: Calvario, historia, Iglesia y nosotros. No cuenta un solo episodio; muestra cómo la Cruz de Jesús llega hasta la vida cristiana de hoy.
Leemos la imagen desde la fe
La fe contempla al Crucificado desde la Resurrección. Por eso puede venerar la Cruz sin amar el sufrimiento: en ella reconoce el amor llevado hasta el extremo y la victoria pascual.
La Palabra ilumina la imagen
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
Jn 3, 16-17.
Una voz de la Iglesia
León XIV recuerda que la Cruz pasó de medio de muerte a instrumento de vida.1
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz ocupa el eje y organiza todo lo demás. Su sentido no procede de la madera, sino de quien fue crucificado en ella.
De la imagen a nuestra vida
Cuando hacemos la señal de la Cruz o ponemos un crucifijo en casa, confesamos que queremos situar la vida bajo el amor de Cristo y la esperanza de la Pascua.
Para conversar
- ¿Qué elemento atrae primero la mirada?
- ¿Por qué aparecen cristianos de épocas distintas?
- ¿Qué significa hoy vivir bajo el signo de la Cruz?
Para recordar
La Cruz de Cristo es memoria de su amor y signo de vida.
Presentación
La Cruz que los cristianos levantamos
La Cruz de Jesús fue un instrumento de muerte. El cristiano no niega esa realidad ni convierte el dolor en algo deseable. La contempla porque en ella Cristo llevó hasta el extremo su entrega de amor y porque la Resurrección manifestó que la muerte no tenía la última palabra.1
Por eso la Iglesia puede hablar de exaltar la Cruz. No exalta la crueldad ni cualquier sufrimiento. Exalta la Cruz del Señor, en la que reconoce la manifestación de la misericordia de Dios y el camino pascual que conduce de la muerte a la vida.2
Cómo utilizar esta catequesis visual
Esta catequesis se aprende también con los ojos. Cada imagen forma parte del contenido. Conviene mirar antes de leer, descubrir los detalles, reconocer lo que sucede y después dejar que la Escritura y la fe de la Iglesia iluminen lo contemplado.
Mirar. ¿Qué ocurre realmente?
Comprender. ¿Qué significa?
Creer. ¿Qué revela de Cristo?
Vivir. ¿Qué cambia en nosotros?

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
La familia no posa. Mira, señala, compara y conversa. La Biblia, el libro litúrgico y el crucifijo forman parte natural de la escena.
Descubrimos los detalles
Los ojos. Primero se contempla la imagen completa antes de buscar explicaciones.
Las manos. Señalar un detalle ayuda a descubrir relaciones que pueden pasar inadvertidas.
Los libros. La Escritura y la liturgia permiten leer la imagen desde la fe de la Iglesia.
Comprendemos cómo se usa
Una catequesis visual no se consume deprisa. Se aprende siguiendo un recorrido: mirar, descubrir, comprender, creer y vivir.
Leemos la imagen desde la fe
La imagen religiosa puede educar la mirada cuando no se queda en emoción o estética, sino que se deja iluminar por la Palabra y la tradición de la Iglesia.
La Palabra ilumina la imagen
Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero.
Sal 119, 105
Una voz de la Iglesia
La Iglesia transmite la fe mediante palabras, gestos, signos e imágenes que ayudan a entrar en el misterio de Cristo.
Nos fijamos en la Cruz
El crucifijo pequeño no es un adorno metodológico. Recuerda que toda la catequesis se ordena hacia la Cruz del Señor.
De la imagen a nuestra vida
Mirar juntos puede convertirse en una forma de catequesis familiar: observar, preguntar sin miedo y relacionar lo visto con la vida concreta.
Para conversar
- ¿Qué haces primero al encontrarte con una imagen religiosa?
- ¿Qué detalle ayuda a comprender mejor una escena?
- ¿Cómo puede una familia conversar sobre una imagen sin convertirlo en un examen?
Para recordar
Mirar bien es el primer paso para comprender y creer.
Para recordar: una imagen catequética no decora una verdad: ayuda a descubrirla, comprenderla y llevarla a la vida.
Parte I. La Santa Cruz
Antes de recorrer la historia de la fiesta necesitamos saber qué estamos celebrando. La Cruz es acontecimiento de la Pasión, memoria permanente del amor de Cristo y signo universal de los cristianos.
1. La Pasión: Jesús murió en la Cruz
La fe cristiana comienza aquí por un hecho: Jesús fue crucificado. No hablamos primero de un emblema ni de una metáfora. Hablamos de la entrega histórica de Jesucristo, que aceptó libremente llegar hasta la muerte de Cruz por amor y obediencia.
El Calvario no puede separarse de la Pascua. El mismo Jesús que muere es el Señor resucitado. Por eso el cristiano contempla las llagas sin recrearse en ellas: descubre hasta dónde llega el amor que salva.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
Jesús ocupa el centro. María y Juan permanecen cerca. Jerusalén sitúa la escena en un lugar real y el cuerpo crucificado recuerda que la muerte de Cristo no fue una metáfora.
Descubrimos los detalles
Jesús. El cuerpo herido expresa la realidad de la crucifixión sin convertir el dolor en espectáculo.
María y Juan. Permanecer junto al Crucificado muestra una fidelidad que no puede resolver el sufrimiento, pero no abandona.
Jerusalén. El fondo histórico recuerda que la salvación entra en nuestra historia concreta.
Comprendemos lo qué representa
Antes de ser símbolo universal, la Cruz fue el lugar de la muerte de Jesús. La Iglesia parte de ese acontecimiento y lo contempla a la luz de la Resurrección.
Leemos la imagen desde la fe
No amamos el sufrimiento. Contemplamos la entrega libre de Cristo, su obediencia y su amor hasta el extremo.
La Palabra ilumina la imagen
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed». Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Jn 19, 25-30
Una voz de la Iglesia
La tradición cristiana contempla la Cruz como el lugar donde se manifestó de modo supremo el amor de Dios por la humanidad.
Nos fijamos en la Cruz
Aquí la Cruz conserva toda la crudeza del patíbulo romano. Precisamente por quien muere en ella adquirirá un significado nuevo.
De la imagen a nuestra vida
María y Juan enseñan una respuesta muy concreta ante el dolor ajeno: permanecer junto a quien sufre, sin huir y sin convertir su dolor en teoría.
Para conversar
- ¿Qué detalles hacen histórica la escena?
- ¿Por qué venerar la Cruz no significa amar el sufrimiento?
- ¿Cómo podemos permanecer junto a una persona que sufre?
Para recordar
Antes de ser símbolo, la Cruz fue el lugar real de la entrega de Jesús.
2. Recuerdo de la Pasión: mirar la Cruz y recordar a Cristo
El crucifijo no conserva simplemente un recuerdo antiguo. Nos remite a una Persona. Al mirarlo, la Iglesia recuerda quién es Jesús, que hizo por nosotros y hasta dónde llegó su amor fiel.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
La composición nos hace recorrer siglos sin separar la escena en viñetas. El Calvario queda en profundidad y la Cruz reaparece en la memoria de los cristianos hasta llegar a una familia actual.
Descubrimos los detalles
El Calvario. Permanece como origen de todo el recorrido.
Las épocas. Cambian rostros, vestidos y espacios, pero no el referente: Cristo crucificado.
El hogar. La memoria de la Pasión no pertenece solo al templo; entra también en la vida familiar.
Comprendemos lo qué representa
La Iglesia no conserva la Cruz como quien guarda un objeto antiguo. La contempla para recordar a Jesucristo, su entrega y la Pascua.
Leemos la imagen desde la fe
La memoria cristiana no es nostalgia. Recordar la Pasión significa dejar que el amor de Cristo siga interpretando nuestra vida.
La Palabra ilumina la imagen
Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios.
1 Co 1, 18
Una voz de la Iglesia
La liturgia y la devoción cristianas han mantenido la Cruz ante los ojos de los fieles como memoria del Señor.
Nos fijamos en la Cruz
La misma forma recorre la imagen, pero nunca se independiza de Jesús: la Cruz remite al Crucificado.
De la imagen a nuestra vida
Un crucifijo en casa puede convertirse en llamada silenciosa a agradecer, perdónar, pedir ayuda o recordar que no estamos solos.
Para conversar
- ¿Qué permanece aunque cambien las épocas?
- ¿Qué diferencia hay entre recordar un objeto y recordar a una persona?
- ¿Qué lugar ocupa la Cruz en tu casa o en tu vida diaria?
Para recordar
Mirar la Cruz es recordar a Jesús y su amor.
3. Símbolo universal: el signo de los cristianos
Con el paso de los siglos, la Cruz de Cristo se convirtió en el signo cristiano por excelencia. Aparece en templos y hogares, en caminos y sepulturas, y sobre nuestro propio cuerpo cuando hacemos la señal de la Cruz.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
El mismo signo aparece en lugares, culturas y momentos diferentes. No vemos una colección de cruces, sino una presencia continua en la vida cristiana.
Descubrimos los detalles
Los lugares. Templo, camino, sepultura y hogar muestran que la Cruz acompaña toda la existencia.
Los pueblos. La diversidad cultural no borra la identidad cristiana del signo.
El gesto. La señal de la Cruz lleva el símbolo al propio cuerpo y a la oración cotidiana.
Comprendemos lo qué representa
La Cruz se convirtió en signo universal de los cristianos porque anuncia a Cristo muerto y resucitado. Su universalidad no la vacía de contenido.
Leemos la imagen desde la fe
El cristiano puede encontrar la Cruz en muchas formas, pero todas deben conducir a la misma confesión de fe: Jesús es Señor y Salvador.
La Palabra ilumina la imagen
En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
Ga 6, 14
Una voz de la Iglesia
La tradición de la Iglesia ha colocado la Cruz en templos, hogares y caminos porque en ella reconoce el signo de Cristo.
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz no se vuelve un logotipo religioso. Su fuerza nace de la Pasión y la Pascua de Jesús.
De la imagen a nuestra vida
Hacer despacio la señal de la Cruz al comenzar el día puede devolver contenido a un gesto aprendido desde niño.
Para conversar
- ¿Dónde aparecen cruces en la imagen?
- ¿Qué impide que la Cruz sea un símbolo vacío?
- ¿Cómo puedes recuperar el sentido de la señal de la Cruz?
Para recordar
La Cruz es universal porque anuncia a Cristo.
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Parte II. La Exaltación de la Santa Cruz
La fiesta nació de una historia concreta vinculada a Jerusalén, al recuerdo del Gólgota, a la veneración de la reliquia y a la liturgia. Para contarla debemos distinguir lo documentado de las tradiciones que fueron enriqueciendo su memoria.
1. El Calvario después del Calvario
Después de la muerte y Resurrección de Jesús, la comunidad cristiana conservó la memoria de Jerusalén y de los lugares vinculados a la Pasión. Sin embargo, no poseemos una crónica continua que permita seguir el destino material de la Cruz del suplicio.
Por eso no debemos llenar el silencio documental con escenas inventadas. Podemos afirmar la permanencia de la memoria cristiana y reconocer que el área del Gólgota sufrió profundas transformaciones urbanas.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
El lugar permanece, pero el tiempo ha pasado. No aparece una reliquia visible ni una escena inventada: observamos un espacio transformado y una memoria que sigue vinculada al Gólgota.
Descubrimos los detalles
El terreno. Las transformaciones recuerdan que los lugares históricos cambian.
Los pequeños grupos. La memoria cristiana puede sobrevivir sin monumentos grandiosos.
La ausencia. No ver la Cruz materialmente es también parte de lo que sabemos: hay silencios en la documentación.
Comprendemos lo qué ocurrió
Después de la época apostólica no poseemos una crónica continua del destino material de la Cruz. Sí sabemos que la memoria de los lugares santos permaneció en la comunidad cristiana.
Leemos la imagen desde la fe
La fe no necesita rellenar con imaginación aquello que la historia no puede demostrar. Verdad y veneración pueden caminar juntas.
La Palabra ilumina la imagen
Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
Jn 19, 41-42
Una voz de la Iglesia
La Iglesia ha custodiado la memoria de los lugares vinculados a la Pasión sin convertir cada tradición posterior en dato histórico.
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz está ausente de la vista. Esa ausencia visual ayuda a comprender que, durante un tiempo, la reliquia queda fuera de nuestro alcance documental.
De la imagen a nuestra vida
También en nuestra vida hay momentos en los que no vemos con claridad. La fe madura aprende a no inventar respuestas y a permanecer fiel a lo que sí sabemos.
Para conversar
- ¿Qué ausencia llama la atención?
- ¿Por qué es importante admitir lo que no sabemos?
- ¿Cómo puede la fe convivir con preguntas abiertas?
Para recordar
La memoria cristiana puede permanecer incluso cuando faltan certezas materiales.
2. Jerusalén cambia de rostro
Jerusalén fue destruida por los romanos y, en el siglo II, el emperador Adriano impulso sobre ella Aelia Capitolina. La topografia sagrada quedó integrada en una ciudad profundamente transformada.
Este proceso ayuda a comprender por que, cuando los cristianos pudieron actuar públicamente en el siglo IV, fue necesario identificar y recuperar los lugares venerados. La historia de la fiesta comienza también con una ciudad que habia cambiado de rostro.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
La ciudad cambia ante nuestros ojos. El área del Gólgota y del sepulcro queda absorbida por una nueva Jerusalén romana.
Descubrimos los detalles
La arquitectura. Aelia Capitolina introduce un paisaje urbano romano distinto del de tiempos de Jesús.
El lugar santo. No desaparece de la historia, pero queda oculto e integrado en nuevas construcciones.
La continuidad. El cambio urbano explica por qué la recuperación posterior exigirá identificar de nuevo los lugares.
Comprendemos lo qué ocurrió
Después de las guerras judías, Jerusalén fue profundamente transformada y recibió el nombre de Aelia Capitolina. El entorno del Gólgota y del sepulcro cambió con la ciudad.
Leemos la imagen desde la fe
La historia de la salvación sucede en lugares reales, sometidos al paso del tiempo. La fe cristiana no vive fuera de la historia humana.
La Palabra ilumina la imagen
Canción de las subidas. De David. ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.
Sal 122, 1-2
Una voz de la Iglesia
Los cristianos mantuvieron la memoria de Jerusalén como lugar de la Pasión y la Resurrección aun cuando la ciudad cambió de rostro.
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz sigue sin aparecer materialmente. El hilo de la catequesis pasa ahora por el lugar donde fue levantada.
De la imagen a nuestra vida
Los lugares de nuestra propia memoria también cambian. Lo esencial no es congelarlos, sino aprender a reconocer lo que significan.
Para conversar
- ¿Qué elementos muestran la transformación de la ciudad?
- ¿Por qué la topografía importa para comprender esta historia?
- ¿Qué recuerdos importantes conservas aunque el lugar haya cambiado?
Para recordar
La ciudad cambió, pero la memoria del Calvario no desapareció.
3. Constantino y una nueva época para los cristianos
A comienzos del siglo IV cambió la situación pública de los cristianos. La nueva política imperial hizo posible construir grandes iglesias y recuperar de manera visible lugares vinculados a la memoria de Jesús.
Constantino es importante en esta historia por el marco político y por el gran programa constructivo de Jerusalén. No necesitamos convertirlo en protagonista espiritual de una narración que tiene su centro en Cristo y en los lugares de la Pascua.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
La escena muestra un cambio de situación: los cristianos pueden actuar públicamente. Constantino aparece secundario; el protagonismo visual recae en la recuperación de los lugares santos.
Descubrimos los detalles
La obra pública. La fe deja de desarrollarse únicamente en condiciones de persecución.
Constantino. Su presencia explica el marco político, no convierte al emperador en centro espiritual.
Los cristianos. Son quienes vuelven a ocupar visiblemente espacios vinculados a su memoria.
Comprendemos lo qué ocurrió
En el siglo IV cambió la situación jurídica y pública del cristianismo. El apoyo imperial permitió grandes construcciones y la recuperación visible de los lugares de Jerusalén.
Leemos la imagen desde la fe
La Iglesia puede beneficiarse de circunstancias políticas favorables, pero su centro sigue siendo Cristo y el Evangelio, no el poder.
La Palabra ilumina la imagen
Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.
1 Pe 2, 9
Una voz de la Iglesia
La memoria cristiana de Jerusalén adquirió una expresión pública y monumental durante la época constantiniana.
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz todavía no domina la escena. Se prepara el contexto que hará posible su búsqueda y veneración pública.
De la imagen a nuestra vida
Cuando las circunstancias nos favorecen, la pregunta cristiana no es cómo dominar, sino cómo usar esa libertad para servir mejor.
Para conversar
- ¿Quién ocupa realmente el centro de la escena?
- ¿Por qué Constantino aparece en segundo plano?
- ¿Cómo debe usar un cristiano una situación favorable?
Para recordar
El poder puede abrir caminos; el centro de la fe sigue siendo Cristo.
4. Santa Elena llega a Jerusalén
La tradición cristiana vincula a santa Elena, madre de Constantino, con la búsqueda de los lugares de la Pasión y con el hallazgo de la Cruz. León XIV recuerda expresamente esta tradición al explicar la fiesta.1
Junto a ella aparece Macario de Jerusalén, obispo de la ciudad. Al redactar y representar esta etapa mantendremos la diferencia entre el núcleo histórico del gran programa constantiniano y los detalles que conocemos por tradiciones posteriores.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
Elena llega como mujer anciana, digna y humana. Macario la acompaña y los trabajos en el área del Calvario muestran que estamos ante una búsqueda, no ante una escena triunfal.
Descubrimos los detalles
Elena. No sostiene todavía la Cruz: observa, pregunta y participa en la recuperación del lugar.
Macario. La presencia del obispo vincula la búsqueda con la Iglesia local de Jerusalén.
Los trabajadores. La escena recuerda que recuperar un lugar exige trabajo material, no solo devoción.
Comprendemos lo qué ocurrió
La tradición cristiana vincula a santa Elena con la búsqueda de los lugares de la Pasión y con el hallazgo de la Cruz. Los detalles concretos proceden de testimonios de distinta antigüedad.
Leemos la imagen desde la fe
La tradición puede custodiar una memoria religiosa valiosa sin obligarnos a presentar todos sus detalles como certeza documental.
La Palabra ilumina la imagen
Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá.
Mt 7, 7
Una voz de la Iglesia
León XIV menciona el hallazgo de la Cruz por santa Elena al explicar el origen de la fiesta.1
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz está todavía buscada. Su ausencia visible convierte la imagen en una escena de deseo y memoria.
De la imagen a nuestra vida
Buscar con fe no significa inventar lo que deseamos encontrar. También nosotros necesitamos unir confianza y verdad.
Para conversar
- ¿Qué hace Elena en vez de posar con una reliquia?
- ¿Qué diferencia hay entre tradición y dato demostrado?
- ¿Cómo podemos buscar la verdad sin perder la devoción?
Para recordar
La tradición se recibe con respeto y se cuenta con verdad.
5. El hallazgo de la Santa Cruz
La Inventio Crucis, es decir, el hallazgo de la Cruz, ocupa un lugar central en la tradición de la fiesta. Las narraciones posteriores añadieron diversos detalles acerca del descubrimiento y de la identificación de la Cruz de Jesús.
Nuestro criterio es sencillo: conservamos el valor religioso de la tradición, pero no presentamos cada detalle como si dispusieramos de una crónica contemporánea. La catequesis gana, no pierde, cuando distingue los grados de certeza.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
La atención se concentra en el descubrimiento de maderas y cruces. Las reacciones son sobrias: la escena no necesita resplandores para expresar la importancia del hallazgo.
Descubrimos los detalles
Las cruces. El núcleo tradicional del relato queda visible sin resolver gráficamente todo lo que las fuentes discuten.
Los rostros. Sorpresa, respeto y prudencia sustituyen al efectismo milagroso.
El contexto. La excavación mantiene la escena dentro de un trabajo real de recuperación del lugar.
Comprendemos lo qué ocurrió
La tradición de la Inventio Crucis cuenta el hallazgo de la Cruz. Los relatos sobre cómo fue identificada se desarrollaron posteriormente y no tienen todos el mismo valor histórico.
Leemos la imagen desde la fe
La fe no pierde fuerza cuando distingue entre núcleo histórico y desarrollo devocional. Al contrario, aprende a amar la verdad.
La Palabra ilumina la imagen
Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios.
1 Co 1, 18
Una voz de la Iglesia
La memoria litúrgica conserva el hallazgo como parte de la historia de la veneración de la Santa Cruz.
Nos fijamos en la Cruz
Por primera vez en el recorrido histórico la Cruz reaparece materialmente. Pero todavía hay que preguntar qué sabemos y qué creemos por tradición sobre su identificación.
De la imagen a nuestra vida
También en nuestra vida religiosa conviene distinguir entre lo esencial, las costumbres y los relatos piadosos. Todo puede tener valor, pero no todo tiene el mismo peso.
Para conversar
- ¿Qué evita que la escena parezca una fantasía?
- ¿Qué parte pertenece al núcleo de la tradición?
- ¿Por qué una catequesis debe hablar con distintos grados de certeza?
Para recordar
La devoción no necesita exagerar para ser verdadera.
6. Jerusalén levanta la Cruz
El 13 de septiembre de 335 se relaciona con la dedicacion del gran complejo constantiniano de Jerusalén. La celebración de septiembre quedó unida a la veneración de la Cruz, que era mostrada solemnemente a los fieles.4
Aquí comprendemos mejor el verbo exaltar: levantar, presentar, poner ante la mirada del pueblo aquello que recuerda la entrega del Señor. El gesto litúrgico desplaza progresivamente el centro desde la dedicacion de los edificios hacia la veneración de la reliquia.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
Toda la arquitectura y todas las miradas convergen en el obispo que eleva la reliquia. La Cruz no necesita ser enorme: la asamblea le da centralidad al orientarse hacia ella.
Descubrimos los detalles
La elevación. El gesto permite comprender visualmente la palabra «exaltación».
La asamblea. La Cruz se muestra para ser contemplada y venerada por el pueblo.
El complejo constantiniano. El espacio vincula la veneración con los lugares de la Pasión y la Resurrección.
Comprendemos lo qué ocurrió
La dedicación del complejo constantiniano en septiembre de 335 y la exposición de la reliquia están en el origen de la celebración jerosolimitana que dará forma a la fiesta.
Leemos la imagen desde la fe
La Iglesia no exalta la madera por sí misma. La eleva porque esa reliquia remite a la entrega del Señor.
La Palabra ilumina la imagen
Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.
Jn 12, 32
Una voz de la Iglesia
La tradición litúrgica de Jerusalén convirtió la elevación de la Cruz en un gesto de confesión y veneración.
Nos fijamos en la Cruz
Aquí la Cruz pasa de ser hallada a ser mostrada públicamente. El cambio de posición es el centro visual y teológico del capítulo.
De la imagen a nuestra vida
Exaltar a Cristo significa darle un lugar real en nuestras decisiones. No basta con admirar la Cruz: hay que dejar que oriente la vida.
Para conversar
- ¿Cómo consigue la composición dar importancia a una Cruz de tamaño normal?
- ¿Qué significa aquí «exaltar»?
- ¿Qué lugar ocupa Cristo realmente en tus decisiones?
Para recordar
Exaltar la Cruz es levantar ante la Iglesia el signo de la entrega de Cristo.
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7. Peregrinos ante el madero de Cristo
Jerusalén se convirtió en destino de peregrinación cristiana. Los testimonios antiguos permiten conocer una liturgia intensa en torno a los lugares santos y una veneración de la Cruz que implicaba cuerpo, viaje, espera y oración.
La peregrinación enseña que la fe tiene también una memoria corporal: se camina, se contempla, se toca, se besa, se canta. La materia no sustituye a Cristo; puede ayudar a recordar su Encarnación y su Pasión.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
Los peregrinos llegan cansados y esperan su turno. La escena muestra cuerpos que han viajado, no una multitud idealizada.
Descubrimos los detalles
El cansancio. La peregrinación supone camino, esfuerzo y tiempo.
La espera. La veneración no es espectáculo; tiene ritmo de oración y respeto.
La diversidad. Personas de distintas procedencias expresan una Iglesia que acude a Jerusalén.
Comprendemos lo qué ocurrió
Los antiguos testimonios de peregrinación muestran una intensa vida litúrgica en los lugares santos y una veneración concreta de la Cruz.
Leemos la imagen desde la fe
El cristianismo no desprecia la materia. Dios se hizo carne; por eso el cuerpo, el camino, el lugar y los gestos pueden ayudar a recordar la Encarnación.
La Palabra ilumina la imagen
¿Vas a estar siempre enojado, o a prolongar tu ira de edad en edad? ¿No vas a devolvernos la vida, para que tu pueblo se alegre contigo? Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Sal 84, 6-8
Una voz de la Iglesia
La liturgia de Jerusalén convirtió los lugares santos en una verdadera escuela de memoria cristiana.
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz aparece ahora como meta del camino. Los peregrinos han viajado para venerar lo que remite a Cristo.
De la imagen a nuestra vida
No todas nuestras peregrinaciones exigen viajar. También necesitamos hacer espacio, tiempo y esfuerzo para buscar a Dios conscientemente.
Para conversar
- ¿Qué hace humana la escena de los peregrinos?
- ¿Por qué el cristianismo puede valorar lugares y objetos sin adorarlos?
- ¿Qué esfuerzo concreto haces para cuidar tu vida de fe?
Para recordar
La fe también se aprende caminando, esperando y venerando.
8. La Cruz sale de Jerusalén
La devoción a la Santa Cruz no quedó encerrada en Jerusalén. Reliquias, relatos, liturgias y signos se difundieron por las comunidades cristianas de Oriente y Occidente.
Lo decisivo no es imaginar una multiplicación espectacular de fragmentos. Lo importante es comprender que la veneración de la Cruz se hizo parte de la memoria común de la Iglesia y ayudó a expresar visualmente el misterio pascual.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
Desde Jerusalén salen caminos, viajeros y pequeños relicarios. Al mismo tiempo, otras comunidades comienzan a incorporar la Cruz en su oración y sus templos.
Descubrimos los detalles
Los caminos. La devoción se difunde por redes humanas reales, no por una expansión mágica.
Los relicarios. Son discretos: el centro no es acumular fragmentos, sino custodiar memoria.
Las comunidades. La Cruz aparece progresivamente más allá de Jerusalén.
Comprendemos lo qué ocurrió
La veneración de la Cruz se extendió por Oriente y Occidente mediante reliquias, liturgias, predicación e imágenes.
Leemos la imagen desde la fe
Una devoción se vuelve verdaderamente eclesial cuando conduce a Cristo y puede ser recibida por comunidades muy distintas sin perder su centro.
La Palabra ilumina la imagen
Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.
Mt 28, 19-20
Una voz de la Iglesia
La Cruz se convirtió gradualmente en uno de los grandes signos públicos de la fe cristiana.
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz ya no permanece vinculada a un solo lugar. Su significado viaja porque el Evangelio viaja.
De la imagen a nuestra vida
Transmitir la fe no consiste en transportar objetos, sino en hacer llegar a otros una memoria viva de Cristo.
Para conversar
- ¿Qué se difunde realmente en la imagen?
- ¿Por qué los relicarios no deben dominar la escena?
- ¿Qué puedes transmitir tú de la fe recibida?
Para recordar
La Cruz salió de Jerusalén porque la fe en Cristo estaba llamada a todos.
9. Jerusalén conquistada: la Cruz es llevada a Persia
En el año 614, las fuerzas del imperio sasánida conquistaron Jerusalén. La reliquia de la Cruz fue llevada fuera de la ciudad. Este episodio pertenece al gran conflicto entre los imperios bizantino y persa.
Conviene corregir una confusion repetida en materiales devocionales: aquellos conquistadores eran persas sasánidas, no un ejército musulmán. El dato no es accesorio; una catequesis histórica debe respetar la verdad de las personas y de las épocas.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
La ciudad está sometida a un ejército persa sasánida. La reliquia es retirada como un objeto precioso capturado. La escena evita la estética de cruzada y la violencia espectacular.
Descubrimos los detalles
Los soldados. Su indumentaria y armamento sitúan correctamente el episodio en el mundo sasánida del siglo VII.
La ciudad. Jerusalén aparece herida por una conquista real, no como decorado de fantasía medieval.
La reliquia. Se pierde el acceso a un objeto venerado; el golpe es religioso y político.
Comprendemos lo qué ocurrió
En 614, las fuerzas sasánidas conquistaron Jerusalén y la reliquia fue llevada fuera de la ciudad. No se trató de un ejército musulmán.
Leemos la imagen desde la fe
La verdad histórica forma parte de la responsabilidad catequética. Corregir una confusión no debilita la fe; evita atribuir a otros lo que no hicieron.
La Palabra ilumina la imagen
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo, de la tribu que rescataste para posesión tuya, del monte Sión donde pusiste tu morada. Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio; el enemigo ha arrasado del todo el santuario.
Sal 74, 2-3
Una voz de la Iglesia
La memoria cristiana conservó la pérdida de la reliquia como un momento doloroso en la historia de Jerusalén.
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz pasa de ser venerada públicamente a ser arrebatada y trasladada. Esa pérdida prepara el episodio de su restitución.
De la imagen a nuestra vida
Cuando contamos la historia, también tenemos deberes de justicia: nombrar bien a los pueblos, las épocas y los responsables.
Para conversar
- ¿Qué detalles permiten reconocer un ejército sasánida?
- ¿Por qué es importante corregir el error «musulmanes»?
- ¿Qué relación existe entre verdad histórica y justicia?
Para recordar
La catequesis también sirve a la verdad cuando cuenta bien la historia.
10. Heraclio recupera la Cruz
El emperador bizantino Heraclio condujo la contraofensiva frente al imperio persa. Tras la derrota del poder de Cosroes II y los acuerdos posteriores, la reliquia pudo ser recuperada.
León XIV incluye expresamente la restitución de la reliquia por Heraclio entre los acontecimientos que recuerda la fiesta.1 La cronología concreta y los detalles ceremoniales deben tratarse con prudencia, porque las fuentes y tradiciones no siempre coinciden.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
Heraclio aparece como emperador bizantino del siglo VII, no como caballero medieval. La atención se dirige a la reliquia recuperada, no a la gloria militar.
Descubrimos los detalles
Heraclio. Su indumentaria sitúa el episodio y evita proyectar imágenes posteriores.
La reliquia. Ocupa el centro de la acción, mientras soldados y dignatarios quedan subordinados.
La sobriedad. La escena no confunde recuperación histórica con triunfo espiritual automático.
Comprendemos lo qué ocurrió
Tras el desenlace de la guerra romano-persa, la reliquia pudo ser recuperada. Los detalles de fechas, ceremonias y traslados requieren prudencia histórica.
Leemos la imagen desde la fe
Una victoria política no equivale por sí misma a victoria evangélica. La Cruz seguirá juzgando todo poder desde la humildad de Cristo.
La Palabra ilumina la imagen
Se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Flp 2, 8
Una voz de la Iglesia
León XIV incluye la restitución de la Cruz por Heraclio entre los acontecimientos recordados por la fiesta.1
Nos fijamos en la Cruz
La reliquia vuelve a manos cristianas, pero todavía falta el gesto decisivo: devolverla a Jerusalén.
De la imagen a nuestra vida
Recuperar algo perdido puede despertar orgullo. La Cruz pregunta qué hacemos después con lo recuperado: poseerlo o ponerlo al servicio de Dios.
Para conversar
- ¿Qué evita que la escena se convierta en propaganda imperial?
- ¿Qué diferencia hay entre victoria militar y victoria cristiana?
- ¿Cómo reaccionas cuando recuperas algo que habías perdido?
Para recordar
La Cruz recuperada sigue llamando al poder a la humildad.
11. La Cruz vuelve a Jerusalén
La restitución de la Cruz a Jerusalén genero una poderosa memoria devocional. La tradición presenta a Heraclio incapaz de avanzar con las insignias imperiales y capaz de hacerlo al despojarse de ellas, imitando la humildad de Cristo.
No necesitamos convertir esa escena en acta notarial para reconocer su lectura espiritual: nadie se acerca a la Cruz desde la soberbia. La grandeza cristiana no consiste en dominar, sino en dejarse transformar por la humildad del Crucificado.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
La procesión avanza hacia Jerusalén. Heraclio participa, pero la atención se desplaza de su rango a una actitud de humildad ante la Cruz.
Descubrimos los detalles
La procesión. La restitución adquiere una dimensión pública y religiosa.
El emperador. La tradición posterior lo presenta despojado de orgullo ante el Crucificado.
La ciudad. Jerusalén reaparece como lugar al que la reliquia regresa.
Comprendemos lo qué ocurrió
La restitución de la Cruz a Jerusalén es histórica; el conocido relato del emperador incapaz de avanzar con sus galas pertenece a la elaboración devocional posterior.
Leemos la imagen desde la fe
Aunque no tratemos cada detalle de la leyenda como crónica, su mensaje es claro: nadie puede acercarse a la Cruz desde la soberbia.
La Palabra ilumina la imagen
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.
Mt 11, 29
Una voz de la Iglesia
La tradición cristiana leyó el regreso de la reliquia como llamada a imitar la humildad del Crucificado.
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz vuelve al lugar de su veneración. Su regreso no glorifica al emperador; más bien relativiza su poder.
De la imagen a nuestra vida
Todos tenemos insignias invisibles: prestigio, razón, posición, orgullo. La Cruz invita a soltar aquello que nos impide servir con humildad.
Para conversar
- ¿Qué elemento de la escena pertenece claramente a la tradición espiritual?
- ¿Qué enseñanza conserva esa tradición?
- ¿Qué «insignia» de orgullo te cuesta dejar?
Para recordar
Ante la Cruz, toda grandeza humana aprende humildad.
12. Una fiesta para toda la Iglesia
La celebración nacida en el ambiente de Jerusalén se difundio por Oriente y Occidente. El 14 de septiembre fue adquiriendo un perfil propio, centrado cada vez más en la Cruz gloriosa de Cristo y no solo en la dedicacion de unos edificios.
Durante siglos existieron en Occidente otras conmemoraciónes de la Cruz. La reforma del calendario dejo para la Iglesia universal la fiesta del 14 de septiembre. La historia desemboca asi en la celebración que conocemos hoy.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
La composición recorre siglos: Jerusalén, liturgia bizantina, Occidente medieval y celebración actual. La continuidad no depende de repetir decorados, sino de la Cruz elevada que une las épocas.
Descubrimos los detalles
Las transiciones. Arquitectura y vestuario cambian con orden cronológico.
Oriente y Occidente. La fiesta se difunde y adopta formas litúrgicas diversas.
El presente. La historia desemboca en una celebración que la Iglesia sigue viviendo hoy.
Comprendemos lo qué ocurrió
La conmemoración de Jerusalén se difundió por Oriente y Occidente. Con el tiempo, el 14 de septiembre quedó consolidado como fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.
Leemos la imagen desde la fe
La tradición litúrgica no es un museo: permite que generaciones distintas confiesen la misma fe con lenguajes históricos diversos.
La Palabra ilumina la imagen
Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre.
Heb 13, 8
Una voz de la Iglesia
La fiesta conserva la memoria histórica, pero la ordena hacia el misterio pascual de Cristo.
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz elevada es el elemento que atraviesa toda la composición y convierte siglos distintos en una sola memoria eclesial.
De la imagen a nuestra vida
También nosotros recibimos una fe que no empezó con nosotros. Celebrarla responsablemente significa recibir, comprender y transmitir.
Para conversar
- ¿Qué elementos indican el paso de los siglos?
- ¿Qué permanece constante?
- ¿Qué has recibido de la fe que ahora te toca transmitir?
Para recordar
Una fiesta nacida en Jerusalén se convirtió en memoria de toda la Iglesia.
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Parte III. La fiesta
La historia nos ha traído hasta el presente. Ahora no repetimos a Elena ni a Heraclio. Preguntamos qué celebra hoy la Iglesia cuando llega el 14 de septiembre y como la liturgia nos enseña a mirar la Cruz de Cristo.
1. El 14 de septiembre: exaltar la Cruz
La Exaltación de la Santa Cruz es una fiesta del Señor. El centro no es la reliquia como objeto arqueologico, sino Jesucristo y el misterio de su entrega.
El color litúrgico rojo recuerda la Pasión del Señor. Pero el tono de la fiesta no es el del Viernes Santo: la Cruz se contempla desde la victoria pascual.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
La asamblea celebra en una iglesia contemporánea. El rojo litúrgico, la proclamación y la Cruz visible indican que estamos ante una fiesta del Señor, no ante una recreación del Viernes Santo.
Descubrimos los detalles
El rojo. Recuerda la Pasión sin convertir la celebración en duelo.
La asamblea. Familias, jóvenes y mayores muestran que la liturgia pertenece a toda la Iglesia.
La Cruz. Ocupa un lugar digno y visible, pero integrada en la acción litúrgica.
Comprendemos lo qué celebra la Iglesia
El 14 de septiembre la Iglesia celebra la Cruz gloriosa de Cristo. Recuerda la Pasión, pero la contempla desde la victoria de la Pascua.
Leemos la imagen desde la fe
La fiesta enseña que la gloria cristiana no consiste en escapar de la entrega, sino en descubrir en Cristo el amor que vence.
La Palabra ilumina la imagen
Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que al día siguiente de la dedicación de la basílica de la Resurrección, erigida sobre el Sepulcro de Cristo, es ensalzada y venerada como trofeo pascual de su victoria y signo que aparecerá en el cielo, anunciando a todos la segunda Venida (elog. del Martirologio Romano).
Calendario litúrgico del 14 de septiembre,
edición de la CEE
Una voz de la Iglesia
León XIV resume el sentido de la fiesta diciendo que la Cruz pasó de medio de muerte a instrumento de vida.1
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz no es un decorado colocado detrás del altar: interpreta la celebración y orienta la mirada hacia Cristo.
De la imagen a nuestra vida
Celebrar la Exaltación debería cambiar la manera de mirar nuestras propias dificultades: no como bienes en sí mismas, sino como lugares donde seguir amando.
Para conversar
- ¿Qué elementos distinguen esta fiesta del Viernes Santo?
- ¿Qué expresa el color rojo?
- ¿Cómo puede una celebración litúrgica cambiar nuestra vida cotidiana?
Para recordar
La Iglesia exalta la Cruz porque en ella contempla la victoria del amor de Cristo.
2. El que la mire vivira
La primera lectura propone la serpiente de bronce levantada por Moisés. El relato no enseña magia. El signo obliga al pueblo a volver la mirada y confiar en Dios.
El Evangelio de Juan permite leer esa figura desde Cristo: el Hijo del hombre sera elevado para que quien crea tenga vida.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
La mirada recorre el desierto desde Moisés y la serpiente de bronce hasta Cristo elevado en la Cruz. No se mezclan ambos signos en una figura híbrida.
Descubrimos los detalles
Moisés. Levanta el signo que el pueblo debe mirar en medio de la prueba.
Las miradas. La orientación de los israelitas prepara visualmente la mirada cristiana hacia Cristo.
La transición. El paisaje une figura y cumplimiento sin convertirlos en escenas desconectadas.
Comprendemos lo qué celebra la Iglesia
La liturgia pone en relación Nm 21,4b-9 con el Evangelio de Juan. La serpiente de bronce se convierte en figura que ayuda a comprender a Cristo elevado.
Leemos la imagen desde la fe
La salvación no procede de un objeto mágico, sino de Dios. En el Evangelio, la mirada de fe se dirige finalmente a Jesucristo.
La Palabra ilumina la imagen
El pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia». El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes». Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió: «Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla». Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.
Nm 21, 4b-9
Una voz de la Iglesia
La lectura tipológica de la Iglesia descubre en el Antiguo Testamento caminos que preparan el misterio de Cristo.
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz aparece como cumplimiento, no como copia de la serpiente. Todo conduce a la Persona del Hijo.
De la imagen a nuestra vida
En momentos de miedo solemos fijar la mirada solo en el problema. La fe invita a volverla hacia Cristo sin negar la realidad que duele.
Para conversar
- ¿Cómo conduce la imagen de Moisés a Cristo?
- ¿Por qué no se deben fusionar los dos signos?
- ¿Dónde diriges la mirada cuando algo te asusta?
Para recordar
La figura prepara la mirada; Cristo es quien salva.
3. Se humilló hasta la muerte de Cruz
Filipenses presenta un movimiento decisivo: Cristo se abaja libremente, asume la condición de siervo y llega hasta la muerte de Cruz.
Precisamente por ese camino de obediencia aparece la exaltación de Cristo. La fiesta no opone humildad y gloria: muestra que la gloria de Jesús tiene la forma del amor que se entrega.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
La composición desciende hacia el servicio y la Cruz y después se abre hacia la gloria pascual. No hay escalones celestes ni representación antropomórfica del Padre.
Descubrimos los detalles
El descenso. Cristo se abaja y asume la condición de siervo.
La Cruz. Es el punto extremo de la obediencia y de la entrega.
La apertura. La luz indica exaltación sin convertirla en espectáculo fantástico.
Comprendemos lo qué celebra la Iglesia
Flp 2, 6-11 une en un único movimiento abajamiento y exaltación. La gloria de Cristo no contradice su humildad: nace de su amor obediente.
Leemos la imagen desde la fe
La grandeza de Jesús tiene forma de servicio. La Cruz desenmascara nuestras ideas de poder y nos enseña que reinar es darse.
La Palabra ilumina la imagen
El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Flp 2, 6-11
Una voz de la Iglesia
La liturgia proclama este himno para que contemplemos en Cristo el camino de la humildad que conduce a la gloria.
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz ocupa el punto de máxima entrega. Desde allí se comprende tanto el descenso como la exaltación de Cristo.
De la imagen a nuestra vida
En casa, en el trabajo o en la comunidad, podemos preguntarnos si buscamos reconocimiento o si sabemos servir sin ocupar el centro.
Para conversar
- ¿Qué movimiento sigue la composición?
- ¿Cómo se relacionan humildad y gloria?
- ¿Dónde puedes practicar hoy un servicio escondido?
Para recordar
Cristo es exaltado por el camino de la entrega y la obediencia.
4. Tiene que ser elevado el Hijo del hombre
Nicodemo acude a Jesús de noche buscando luz. Jesús le revela que el Hijo del hombre debe ser elevado y situa esa élevacíon dentro del amor de Dios al mundo.
La Cruz no aparece asi como deseo de condena, sino como camino de salvación. Dios entrega al Hijo para que el mundo se salve por el.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
Jesús y Nicodemo conversan de noche. La arquitectura abre la profundidad hacia la Cruz anunciada, que aparece como contenido de las palabras de Jesús, no como segunda viñeta.
Descubrimos los detalles
La noche. Expresa búsqueda y también el deseo de recibir luz.
La conversación. Nicodemo pregunta; Jesús conduce hacia un misterio que todavía no ha sucedido.
La profundidad. La Cruz aparece anunciada, no superpuesta artificialmente.
Comprendemos lo qué celebra la Iglesia
Jn 3, 13-17 interpreta la elevación del Hijo desde el amor de Dios al mundo. La finalidad no es condenar, sino salvar.
Leemos la imagen desde la fe
La Cruz se comprende desde el amor del Padre y la entrega del Hijo. No es culto al sufrimiento: es revelación de la salvación.
La Palabra ilumina la imagen
Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
Jn 3, 13-17
Una voz de la Iglesia
León XIV destaca que el Evangelio de esta fiesta anuncia el deseo de Dios de darnos la vida eterna.1
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz está todavía en el futuro de la conversación, pero ya organiza su sentido: el Hijo será elevado.
De la imagen a nuestra vida
Como Nicodemo, podemos llevar a Jesús preguntas que todavía no entendemos. La fe crece cuando dejamos que Él ensanche nuestra mirada.
Para conversar
- ¿Qué aporta la noche al sentido de la escena?
- ¿Cómo aparece la Cruz sin convertirse en otra viñeta?
- ¿Qué pregunta necesitas llevar hoy a Jesús?
Para recordar
La Cruz se entiende desde el amor de Dios que quiere salvar al mundo.
5. La Iglesia canta a la Cruz
La fiesta no se explica solo con conceptos. La Iglesia canta, proclama, responde y ora. Antífonas, himnos y oraciónes convierten la teología de la Cruz en plegaria.
Una de las claves de esta tradición es presentar la Cruz como esperanza y victoria. La liturgia bizantina, recordada por León XIV, la llama esperanza de los cristianos y gloria de los mártires.5

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
La asamblea canta de verdad. Libro, voces, gestos, color litúrgico y Cruz forman una única acción. No hay notas musicales flotando.
Descubrimos los detalles
Las voces. El canto pertenece a personas concretas y a una asamblea real.
El libro. La oración de la Iglesia tiene textos recibidos, no nace solo de la improvisación.
La Cruz. Permanece como centro visual de una alabanza que interpreta su significado.
Comprendemos lo qué celebra la Iglesia
La liturgia no solo explica la Cruz: la canta y la ora. Himnos, antífonas y oraciónes convierten la doctrina en confesión común.
Leemos la imagen desde la fe
Cantar juntos permite que una verdad pase de la cabeza a la memoria y al corazón. La Iglesia aprende también mediante la belleza de la oración.
La Palabra ilumina la imagen
En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
Ga 6, 14
Una voz de la Iglesia
La tradición bizantina invocada por León XIV llama a la Cruz esperanza de los cristianos y gloria de los mártires.5
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz reúne palabra, gesto y canto. No interrumpe la celebración; le da unidad.
De la imagen a nuestra vida
También en casa podemos recuperar cantos y oraciónes que nos ayuden a recordar la fe cuando las palabras personales no salen.
Para conversar
- ¿Cómo se representa la música sin usar símbolos flotantes?
- ¿Qué aporta el canto a la comprensión de la Cruz?
- ¿Qué oración o canto cristiano recuerdas en momentos difíciles?
Para recordar
La Iglesia no solo habla de la Cruz: la canta, la venera y la reza.
6. La Cruz en la vida cristiana
Al terminar la celebración, la Cruz no queda dentro del templo. Seguir a Cristo alcanza el trabajo, la familia, el cuidado de quien sufre, el perdón y el servicio.
Llevar la cruz no significa buscar desgracias ni llamar cruz a cualquier molestia. Significa vivir unidos a Jesús también cuando amar cuesta, y esperar con Él cuando la vida pesa.

Comentario catequético de la imagen
Miramos la imagen
La imagen final no reúne desgracias, sino vida cristiana real: trabajo, estudio, cuidado, reconciliación, servicio y oración. La Cruz está integrada en el entorno y no todos la miran.
Descubrimos los detalles
Las acciones. Cada persona hace algo concreto; nadie posa para representar una virtud.
La continuidad. Las escenas se unen en un mismo espacio vital y evitan el efecto de catálogo.
La Cruz. Está presente de manera natural: las personas no la contemplan continuamente, viven desde ella.
Comprendemos lo qué celebra la Iglesia
La liturgia termina, pero la vida cristiana continúa. La Cruz celebrada se traduce en fidelidad, cuidado, perdón y servicio.
Leemos la imagen desde la fe
Llevar la cruz no significa buscar dolor. Significa seguir unidos a Jesús también cuando amar, servir o permanecer fiel tiene un coste.
La Palabra ilumina la imagen
Aquí insertar Lc 9,23 y Ga 6,14, versión CEE.
Una voz de la Iglesia
La tradición espiritual cristiana ha insistido en reconocer la Cruz también en la fidelidad cotidiana, sin fabricar sufrimientos innecesarios.
Nos fijamos en la Cruz
La Cruz ya no es solo contemplada, hallada o elevada: ahora está vivida. Ese es el final del itinerario visual.
De la imagen a nuestra vida
La pregunta final es sencilla: ¿qué significa hoy seguir a Cristo en mi casa, trabajo, estudio, enfermedad, servicio o reconciliación?
Para conversar
- ¿Qué acciones concretas de amor aparecen?
- ¿Por qué no todos miran directamente a la Cruz?
- ¿Dónde se concreta hoy tu seguimiento de Cristo?
Para recordar
La Cruz contemplada y celebrada se hace vida en el amor cotidiano.
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Parte IV. Lecturas sobre la Santa Cruz
Estas páginas no forman una antología literaria. Los textos se eligen por su valor religioso, por la capacidad de conducir a Cristo y por su utilidad catequética. Cada lectura se completa con dos miradas: qué puede decir a nuestra vida y cómo puede trabajarse en catequesis.
1. La Cruz en los Padres de la Iglesia
San Andrés de Creta: la Cruz, tesoro de salvación
Sermón 10 sobre la Exaltación de la Santa Cruz; lectura patrística de la fiesta.
«Quien posee la cruz posee un tesoro». La frase resume una lectura pascual: la Cruz es preciosa por Cristo y por la salvación que en ella culmina.
Análisis vital
El tesoro no es el dolor. Es Cristo, que entra en nuestra muerte y abre un camino de vida. Cuando una prueba llega, la fe no obliga a llamarla buena; invita a vivirla sin separarnos del Señor.
Lectura catequética
Puede trabajarse preguntando qué cambia entre una cruz romana y la Santa Cruz cristiana. La respuesta debe volver siempre a la persona de Jesús y a la Pascua.
San Agustín: la Cruz en la frente
San Agustín, Sermón 160.
San Agustín contrapone el signo antiguo oculto y «la cruz en la frente». El cristiano no esconde que pertenece al Crucificado.
Análisis vital
Hacer la señal de la Cruz puede convertirse en un gesto automático. Recuperar su conciencia significa recordar públicamente a quién pertenecemos y qué manera de vivir confesamos.
Lectura catequética
Es especialmente útil para niños y familias: hacer lentamente la señal de la Cruz y preguntar qué decimos con el cuerpo antes incluso de pronunciar una explicación.
San Juan Crisóstomo: de la vergüenza a la gloria
Homilías sobre la Cruz y el buen ladrón.
La predicación de san Juan Crisóstomo insiste en la paradoja: aquello que era vergüenza se convierte, en Cristo, en título de gloria y principio de salvación.
Análisis vital
La fe no llama glorioso a cualquier fracaso. Descubre que la fidelidad de Cristo transforma la humillación sufrida por amor en un lugar desde el que puede nacer vida.
Lectura catequética
Conviene contrastar dos columnas: «lo que veía el Imperio» y «lo que reconoce la fe». El mismo objeto cambia de sentido por la persona y la obra de Cristo.
2. La Iglesia canta la Cruz
Crux fidelis
Venancio Fortunato; himnografía latina.
Crux fidelis, inter omnes arbor una nobilis.
La Iglesia llama a la Cruz árbol fiel y singular porque en ella fue entregado Cristo.
Análisis vital
La imagen del árbol permite pasar de la estérilidad a la fecundidad. No todo sufrimiento da fruto por sí mismo; el fruto nace de permanecer unidos a Cristo y amar dentro de lo que vivimos.
Lectura catequética
Relacionar el árbol de la Cruz con la historia de la salvación sin convertir cada detalle en alegoría. El centro es Cristo, no una símbología autónoma.
Vexilla Regis
Venancio Fortunato; himno de la tradición latina.
Vexilla Regis prodeunt; fulget Crucis mysterium.
Avanzan los estandartes del Rey y resplandece el misterio de la Cruz.
Análisis vital
La realeza de Jesús corrige nuestro deseo de imponernos. Desde la Cruz, Cristo reina sirviendo, perdónando y entregándose.
Lectura catequética
Puede compararse un triunfo imperial con la Cruz. ¿Qué clase de Rey es Jesús? ¿Qué victoria consigue sin destruir al enemigo?
O Crux, ave, spes unica
Verso tradicional del himno Vexilla Regis.
O Crux, ave, spes unica.
Salve, Cruz, esperanza única.
Análisis vital
La esperanza cristiana no consiste en creer que nada malo ocurrirá. Consiste en confiar en que el amor de Dios puede sostenernos y que la muerte no tiene la última palabra.
Lectura catequética
Es una fórmula breve y memorizable para abrir o cerrar una oración ante el Crucificado. Conviene explicar que nuestra esperanza es Cristo, a quien la Cruz remite.
3. Los santos contemplan al Crucificado
San Alfonso María de Ligorio: permanecer ante el Crucificado
Tradición espiritual alfonsiana de meditación de la Pasión.
La oración ante el Crucificado conduce al agradecimiento y a la respuesta de amor: contemplar lo que Cristo ha hecho por nosotros para aprender a corresponderle.
Análisis vital
Podemos mirar un crucifijo durante unos minutos sin pedir nada. Primero agradecer; después preguntar qué respuesta concreta de amor podemos ofrecer hoy.
Lectura catequética
Funciona bien como ejercicio de interiorización: silencio, una frase evangélica, observación y una sola pregunta. Evitar convertirlo inmediatamente en una explicación larga.
4. «No me mueve, mi Dios, para quererte»
Soneto a Cristo crucificado
Atribuido tradicionalmente, entre otros, a Lope de Vega. La autoría no es segura; se conserva la atribución tradicional por su uso religioso.
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Análisis vital
El poema lleva al amor gratuito. El Crucificado mueve a amar no por miedo al castigo ni por interés en el premio, sino porque su amor merece respuesta.
Lectura catequética
Puede leerse despacio ante un crucifijo. Conviene detenerse en la repetición «muéveme» y pedir que cada participante formule después qué le mueve de Cristo.
5. La Cruz en la vida de cada día
San Josemaría: la Cruz de cada día
Selección espiritual recogida en el material de Opus Dei indicado en Fuentes.
La espiritualidad del trabajo recuerda que no debemos llamar cruz a cualquier cosa desagradable. La Cruz cotidiana se vive en unión con Cristo, en el deber, el servicio y las contrariedades que no buscamos.
Análisis vital
No hace falta fabricar sufrimientos. La vida ya trae cansancio, límites y necesidades ajenas. La pregunta es si podemos amar dentro de lo real sin convertir la contrariedad en amargura.
Lectura catequética
Especialmente útil con adolescentes y adultos: distinguir una molestia, una consecuencia de una mala decisión y una ocasión verdadera de servicio o fidelidad.
6. Los Papas hablan de la Cruz
León XIV: de medio de muerte a instrumento de vida
Ángelus, 14 de septiembre de 2025.
León XIV resume la transformación cristiana de la Cruz con una fórmula muy clara: «de medio de muerte a instrumento de vida».
Análisis vital
La fe no niega la realidad del mal. Afirma que Cristo puede atravesarlo sin dejar que tenga la última palabra y puede abrir una respuesta de amor donde parecía no haber salida.
Lectura catequética
Es una frase excelente para memorizar. Puede ponerse frente a dos imágenes: el patíbulo romano y una comunidad cristiana venerando la Cruz. ¿Qué ha cambiado? Cristo.
Francisco: no exaltamos una cruz cualquiera
Ángelus, 14 de septiembre de 2014.
Francisco precisa que los cristianos no exaltan cualquier cruz, sino la de Jesús, porque en ella se manifestó de modo supremo el amor de Dios.
Análisis vital
Esta precisión evita llamar «cruz» a todo dolor y evita sacralizar la injusticia. La Cruz cristiana se comprende desde Jesús y desde su manera de amar.
Lectura catequética
Puede utilizarse para corregir expresiones religiosas confusas: no todo sufrimiento debe conservarse; algunos males deben ser combatidos, curados o denunciados.
Benedicto XVI: quien posee la Cruz posee un tesoro
Homilía en Lourdes, 14 de septiembre de 2008, citando a san Andrés de Creta.
Benedicto XVI retoma la frase patrística: «Quien posee la Cruz posee un tesoro», y la vincula al amor de Dios manifestado en Cristo.
Análisis vital
Poseer la Cruz no significa acumular dolor, sino pertenecer al Crucificado y dejar que su Pascua dé sentido y esperanza a nuestra vida.
Lectura catequética
Sirve para cerrar el recorrido patrístico y magisterial: una misma intuición atraviesa los siglos y sigue siendo proclamada por la Iglesia.
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Parte V. Oraciónes
Después de conocer, mirar y meditar, llega el momento de ponernos ante Cristo. Estas oraciónes proceden de la tradición cristiana o han sido compuestas para esta catequesis. Las atribuciones tradicionales se conservan cuando ayudan a situar la memoria orante de la Iglesia.
1. Para adorar la Santa Cruz
Te adoramos, Cristo
Tradición franciscana; atribuida a san Francisco de Asís.
Te adoramos, Señor Jesucristo, aquí y en todas las iglesias que hay en el mundo entero, y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste al mundo. Amén.
Ante la Cruz
Oración de nueva creación.
Señor Jesús, miramos tu Cruz y te adoramos. No adoramos el dolor ni la muerte: te adoramos a Ti, que amaste hasta el extremo. Haz que tu Cruz nos enseñe a servir, perdónar y esperar. Amén.
2. Ante Cristo crucificado
Mirarte y amarte
Oración de nueva creación.
Jesús crucificado, déjame permanecer junto a Ti. Que no aparte los ojos de quien sufre, que no responda al odio con odio y que aprenda de tus brazos abiertos la medida del amor. Amén.
3. Para dar gracias por la Redención
Gracias por tu Cruz
Oración de nueva creación.
Te damos gracias, Señor Jesús, porque no huiste de nosotros cuando llegó la hora difícil. Gracias por tu obediencia, por tu perdón y por tu vida entregada. Que la alegría de tu Resurrección nos enseñe a agradecer la salvación recibida. Amén.
4. Cuando pesa la Cruz
Cuando no puedo más
Oración de nueva creación.
Señor Jesús, hoy me pesa lo que vivo. No te pido amar el dolor; te pido no vivirlo lejos de Ti. Dame ayuda, personas que me acompañen, fortaleza para pedir lo que necesito y esperanza para caminar un día más. Amén.
5. Para llevar la Cruz de cada día
En lo pequeño de hoy
Oración de nueva creación.
Jesús, que mi cruz de cada día no sea una palabra vacía. Enséñame a cumplir mi deber, cuidar a quien me necesita, pedir perdón, trabajar con honradez y aceptar con paz lo que no puedo cambiar. Que todo lo haga unido a Ti. Amén.
6. Para rezar en familia ante la Cruz
Nuestra familia ante Jesús
Oración familiar de nueva creación.
Jesús, esta familia se pone ante tu Cruz. Guarda a quienes estamos aquí y a quienes hoy faltan. Enséñanos a querernos cuando cuesta, a perdónarnos pronto y a cuidar especialmente al más débil. Que tu Cruz esté en nuestra casa como signo de amor y esperanza. Amén.
7. Oraciónes y versos tradicionales a Cristo crucificado
Alma de Cristo
Oración tradicional, atribuida durante siglos a san Ignacio de Loyola, aunque anterior a él.
Alma de Cristo, santifícame; Cuerpo de Cristo, sálvame; Sangre de Cristo, embriágame; agua del costado de Cristo, lávame; Pasión de Cristo, confórtame. Oh buen Jesús, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del maligno enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame y mándame ir a Ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén.
8. Salve, Cruz, nuestra única esperanza
O Crux, ave, spes unica
Tradición himnográfica latina.
Salve, Cruz, esperanza nuestra. Llévanos siempre a Cristo. Cuando tengamos miedo, recuérdanos su fidelidad; cuando suframos, acércanos a su consuelo; cuando pequemos, condúcenos al perdón; cuando amemos, ensánchanos el corazón. Y al final de nuestro camino, haz que miremos al Crucificado y reconozcamos al Señor resucitado. Amén.
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Conclusión
Mirarán al que traspasaron
Hemos recorrido siglos de historia para volver al mismo lugar: Jesucristo crucificado. La madera venerada, los peregrinos, los emperadores, los himnos y la fiesta solo tienen sentido cuando nos conducen a la Persona de Jesús.
La Iglesia levanta la Cruz porque sabe que la muerte no tuvo la última palabra. El Crucificado vive. Por eso la Cruz puede entrar en nuestros templos y casas, acompañar nuestras alegrías y heridas y enseñarnos que el amor es más fuerte que el odio y la muerte.5
La Cruz contemplada, recordada, encontrada, venerada, celebrada y vivida nos conduce siempre a Cristo.
Fuentes y notas
Fuentes bíblicas y litúrgicas
Biblia de la Conferencia Episcopal Española. En los lugares señalados se insertarán los pasajes de la versión CEE durante la edición final.
Misal Romano, formulario de la Exaltación de la Santa Cruz, 14 de septiembre; Liturgia de las Horas; himnografía latina y textos de la tradición litúrgica oriental citados en el cuerpo.
Fuentes propias y catequéticas
Catequesis en Familia: Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.
Catequesis en Familia: La Exaltación de la Santa Cruz. Se ha corregido expresamente su identificación errónea de los conquistadores de 614 como ejército del Islam.
Catequesis en Familia: Cruces para colorear.
Opus Dei: 14 de septiembre, la cruz de cada día. Utilizado especialmente como repertorio contemporáneo de textos y referencias; los datos históricos se contrastan independientemente.
Mercaba. Material litúrgico, patristico e histórico de apoyo.
Magisterio
1. León XIV, Angelus, 14 de septiembre de 2025. Santa Sede.
2. Francisco, Angelus, 14 de septiembre de 2014. Santa Sede.
3. Francisco, Angelus, 14 de septiembre de 2014, sobre la Cruz de Jesús como manifestación del amor de Dios.
4. Para el desarrollo histórico de la celebración: fuentes litúrgicas recogidas en Mercaba y estudios sobre la dedicación constantiniana y la exposición de la reliquia en septiembre.
5. León XIV, Homilia en la conmemoración de los mártires y testigos de la fe del siglo XXI, 14 de septiembre de 2025. Santa Sede.
6. Benedicto XVI, Angelus, 11 de septiembre de 2005, sobre el vínculo entre Eucaristía y misterio de la Cruz. Santa Sede.
7. Benedicto XVI, Ecclesia in Medio Oriente, 14 de septiembre de 2012. Santa Sede.
8. Pablo VI, documentos y discursos pronunciados en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz durante el Concilio Vaticano II. Santa Sede.
Criterio histórico
La Parte II distingue entre hecho documentado, tradición antigua y elaboración devocional posterior. Catholic.net no se ha utilizado como base histórica. La tradición de santa Elena y la restitución por Heraclio se conservan dentro del marco con que la Iglesia recuerda la fiesta, pero los detalles tardíos no se presentan como documentación contemporánea.
Nota editorial
Las imágenes y la maquetación de este documento se han realizado con ayuda de herramientas de inteligencia artificial.
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por Guillermo Mirecki | 5 Ago, 2026 | Postcomunión Dinámicas
Catequesis en Familia
La Transfiguración del Señor
«Este es mi Hijo amado; escúchadlo»
(Mateo 17,5)
Una catequesis para descubrir la gloria de Cristo, fortalecer la fe y aprender a seguir al Señor en la vida cotidiana.

La Transfiguración revela por un instante la gloria divina de Jesucristo y fortalece la fe de los discípulos antes del camino hacia la Cruz.
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Presentación
La Transfiguración del Señor es uno de los momentos más luminosos del Evangelio. En la cima de un monte, Jesucristo permite que tres de sus discípulos contemplen durante unos instantes el resplandor de su divinidad. Aquella experiencia no fue un espectáculo extraordinario reservado a unos pocos, sino un regalo de Dios para fortalecer su fe antes del escándalo de la Cruz y enseñarles que el camino del discípulo siempre conduce a la gloria de la Resurrección.
Esta catequesis invita a recorrer ese mismo camino espiritual. A través de la Palabra de Dios, la enseñanza de la Iglesia, la contemplación de las imágenes, las actividades y la oración, niños, jóvenes y adultos descubrirán que también hoy el Señor sigue llamándonos a subir con Él al monte de la oración para escuchar su voz, renovar nuestra esperanza y regresar a la vida cotidiana con una fe más firme, una caridad más generosa y una alegría que ilumine a quienes nos rodean.
Idea principal
La Transfiguración revela que Jesucristo es el Hijo amado del Padre y fortalece la fe de quienes están llamados a seguirlo hasta la Cruz y la Resurrección.
Aplicación catequética y familiar
Cada familia cristiana está llamada a buscar momentos de silencio, oración y escucha del Evangelio para descubrir la presencia de Cristo y llevar su luz a la vida diaria.
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Cómo utilizar esta catequesis
| Modalidad de uso |
Duración |
Material necesario |
Recomendaciones |
| Familia |
45–60 min |
Biblia, esta catequesis y un lugar tranquilo para la oración. |
Leer juntos, dialogar con calma y finalizar con la oración en familia. |
| Catequesis parroquial |
60–75 min |
Biblia, proyección de imágenes y material para la actividad. |
Combinar la explicación con el diálogo y el trabajo en grupo. |
| Uso personal |
30–45 min |
Biblia y cuaderno para anotaciones. |
Realizar la Lectio divina y concluir con un compromiso concreto. |
| Centro educativo |
50–60 min |
Biblia y recursos audiovisuales. |
Favorecer la participación y relacionar el Evangelio con la vida cotidiana. |
Puede utilizarse para…
Catequesis familiar, grupos parroquiales, clases de Religión, formación de adultos, preparación litúrgica de la fiesta del 6 de agosto y oración personal.
No está pensado para…
Sustituir la lectura del Evangelio, la participación en la Eucaristía o la formación sistemática del Catecismo, sino para ayudar a comprender y vivir con mayor profundidad el misterio de la Transfiguración.
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Objetivos
- Descubrir el significado de la Transfiguración dentro de la vida pública de Jesucristo.
- Reconocer en Jesús al Hijo amado del Padre.
- Fortalecer la fe para afrontar las dificultades de la vida cristiana.
- Aprender a escuchar la Palabra de Dios.
- Animar a la oración y a la vida sacramental.
- Transformar la contemplación de Cristo en compromiso cotidiano.
Carismas que desarrolla
- Escucha de la Palabra.
- Contemplación.
- Esperanza cristiana.
- Confianza en Dios.
- Vida de oración.
- Testimonio del Evangelio.
Destinatarios
Esta catequesis está dirigida principalmente a familias cristianas, catequistas, parroquias, profesores de Religión, movimientos apostólicos y a cualquier persona que desee profundizar en el misterio de la Transfiguración del Señor desde la Sagrada Escritura, la enseñanza de la Iglesia y la oración.
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Parte I. Comprender la Transfiguración del Señor
1. ¿Qué celebra la Iglesia el 6 de agosto?
Cada 6 de agosto, la Iglesia celebra la fiesta de la Transfiguración del Señor, el momento en que Jesucristo manifestó ante Pedro, Santiago y Juan el resplandor de su gloria. Su rostro brilló como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Moisés y Elías aparecieron conversando con Él, mientras una nube luminosa envolvía a los discípulos y la voz del Padre revelaba quién era Jesús: su Hijo amado, a quien todos deben escuchar.1
La Transfiguración no aparta a Cristo del camino que conduce a Jerusalén, sino que descubre su sentido. Antes de que los discípulos contemplen el dolor de la Pasión, reciben un anticipo de la Resurrección. La Iglesia celebra así la gloria divina escondida en la humanidad de Jesús y recuerda que la Cruz no es el final, sino el paso hacia la vida plena. También nosotros necesitamos esta luz para permanecer fieles cuando la fe atraviesa la dificultad, el cansancio o la incertidumbre.2
Idea principal
La Transfiguración manifiesta la gloria de Jesucristo y fortalece la fe de sus discípulos antes de la Pasión.
Orientación catequética y familiar
La familia puede celebrar esta fiesta contemplando a Cristo con admiración y recordando, especialmente en los momentos difíciles, que su luz permanece presente aunque no siempre resulte visible.
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2. Jesús deja entrever su gloria
En la Transfiguración, Jesús no se convierte en alguien distinto ni recibe una gloria que antes no poseía. Durante unos instantes, permite que sus discípulos contemplen la divinidad que permanece velada bajo su humanidad. El mismo Maestro que camina con ellos, se cansa, siente hambre y comparte la vida cotidiana es el Hijo eterno del Padre. La luz no llega desde fuera para adornarlo: brota de su propia persona y revela quién es verdaderamente.3
Este misterio ayuda a comprender que en Cristo se encuentran sin separación la verdadera humanidad y la verdadera divinidad. Los discípulos ven el rostro conocido de Jesús iluminado por una gloria que supera cuanto podían imaginar. También nosotros estamos llamados a reconocer la presencia divina de Cristo en lo cotidiano: en su Palabra, en la Eucaristía, en la oración y en las personas que necesitan nuestro amor. La fe aprende a descubrir lo extraordinario de Dios dentro de la sencillez de cada día.4
Idea principal
Jesucristo manifiesta en la Transfiguración la gloria divina que posee desde siempre como Hijo eterno del Padre.
Orientación catequética y familiar
La familia puede aprender a contemplar a Cristo en las realidades sencillas de cada día y a reconocer su presencia en la oración, los sacramentos, el perdón y el servicio mutuo.
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3. El monte donde Dios habla
En la Biblia, el monte es el lugar del encuentro con Dios. En la cima del Sinaí, Moisés recibió la Ley; el profeta Elías descubrió la presencia del Señor en la brisa suave; y ahora Jesús conduce a Pedro, Santiago y Juan a un monte alto para revelarles el misterio de su persona. La subida simboliza el camino interior del creyente: dejar por un momento el ruido, las preocupaciones y las prisas para abrir el corazón a la escucha de Dios.5
Sin embargo, el Evangelio enseña que nadie permanece siempre en la montaña. Después de contemplar la gloria de Cristo, los discípulos descienden con Él para continuar el camino hacia Jerusalén. La oración transforma la vida, pero no nos aleja del mundo; al contrario, nos prepara para vivir con mayor fe, esperanza y caridad allí donde Dios nos ha puesto. Quien escucha al Señor en el silencio aprende después a reconocer su voz en medio de la vida cotidiana.6
Idea principal
El monte representa el encuentro con Dios, la escucha de su Palabra y la preparación del corazón para la misión.
Orientación catequética y familiar
Reservar cada día un momento para la oración en familia ayuda a escuchar mejor al Señor y a afrontar con serenidad las responsabilidades, las dificultades y las alegrías de la vida.
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4. «Este es mi Hijo amado; escúchenlo»
En el momento culminante de la Transfiguración, una nube luminosa envuelve a Jesús y a los discípulos. Desde ella se escucha la voz del Padre, que confirma solemnemente la identidad de Cristo: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo». Estas palabras reúnen toda la historia de la salvación y muestran que Jesús es la revelación definitiva de Dios. Ya no basta con admirar sus milagros o recordar sus enseñanzas: el discípulo está llamado a escuchar su voz, acoger su Palabra y dejar que transforme toda su vida.7
La orden del Padre conserva hoy toda su fuerza. En medio de tantas voces que reclaman nuestra atención, el cristiano aprende a distinguir la de Jesucristo y a reconocer en ella el camino seguro hacia la felicidad. Escuchar al Señor significa confiar en Él, obedecer su Evangelio y dejar que ilumine nuestras decisiones, incluso cuando el camino resulte exigente. La verdadera fe comienza cuando la Palabra de Cristo deja de ser una simple enseñanza para convertirse en criterio de vida.8
Idea principal
El Padre revela a Jesucristo como su Hijo amado e invita a todos los hombres a escuchar su Palabra.
Orientación catequética y familiar
Escuchar juntos el Evangelio, comentarlo con sencillez y procurar vivirlo cada día convierte el hogar en una verdadera escuela de discípulos de Jesús.
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5. De la gloria a la misión
La experiencia de la Transfiguración no termina en la cima del monte. Después de contemplar la gloria del Señor, Jesús conduce nuevamente a sus discípulos por el camino que lleva a Jerusalén. Allí les esperan la Pasión, la Cruz y, finalmente, la Resurrección. La gloria contemplada fortalece la fe para afrontar la prueba; no evita el sufrimiento, sino que ayuda a comprender que el amor de Dios es más fuerte que el dolor y que toda fidelidad encuentra su plenitud en la vida eterna.9
También nosotros estamos llamados a bajar del monte llevando en el corazón la luz de Cristo. La oración, la Eucaristía y la escucha del Evangelio no nos apartan de nuestras responsabilidades, sino que nos preparan para vivirlas con esperanza. El discípulo que ha contemplado al Señor vuelve al mundo para servir, sembrando paz, alegría y confianza allí donde Dios lo ha enviado. Esa es la verdadera misión que nace de toda experiencia auténtica de encuentro con Cristo.10
Idea principal
La contemplación de la gloria de Cristo impulsa al cristiano a vivir con esperanza y a servir a los demás en la vida cotidiana.
Orientación catequética y familiar
La mejor manera de prolongar la Transfiguración en la vida diaria es llevar al hogar, al trabajo, a la escuela y a la parroquia la luz recibida en la oración, convirtiendo cada gesto de amor en un reflejo de Cristo.
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Parte II. Subimos al monte con Jesús
1. Jesús nos invita a subir con Él

Jesús llama a tres de sus discípulos para compartir con ellos un momento decisivo de su misión.
Todo comienza con una invitación. Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan y los conduce hacia un monte alto, lejos del ruido y de las ocupaciones habituales. No les explica lo que van a vivir ni les adelanta lo que sucederá en la cima. Simplemente les pide que lo acompañen. Como tantas veces ocurre en el Evangelio, el Señor no revela primero todas las respuestas; antes invita a caminar con Él. La fe empieza aceptando esa llamada confiada que abre el corazón a la acción de Dios.
También hoy Cristo continúa invitando a cada persona a subir con Él. Esa subida comienza cuando dedicamos un tiempo a la oración, participamos en la Eucaristía, escuchamos el Evangelio o buscamos sinceramente la voluntad del Padre. Ningún discípulo puede contemplar la gloria de Cristo permaneciendo inmóvil. El encuentro con el Señor exige ponerse en camino y dejar que Él marque el ritmo de nuestra vida. Solo quien acepta seguirlo descubrirá la luz que transforma el corazón.
Idea principal
Toda experiencia profunda de Dios comienza respondiendo con confianza a la llamada de Jesucristo.
Aplicación catequética
Ayudar a descubrir que seguir a Jesús supone reservar un tiempo para Él, escuchar su Palabra y confiar en que siempre conduce a un bien mayor, aunque todavía no comprendamos el camino.
Pregunta para dialogar
¿Qué cosas podrían ayudarnos esta semana a «subir con Jesús» y dedicar un momento de verdadero encuentro con Él?
Mientras los cuatro continúan ascendiendo, el paisaje se vuelve cada vez más silencioso. Los discípulos todavía no lo saben, pero dentro de unos instantes contemplarán algo que cambiará para siempre su manera de mirar a Jesús.
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2. Dejamos atrás el ruido para encontrarnos con Dios

El camino hacia Dios comienza dejando atrás el ruido para abrir el corazón al silencio y a la oración.
A medida que ascienden, el bullicio del valle va desapareciendo. Solo se escuchan el viento, los pasos sobre el sendero y la respiración de quienes caminan. Jesús prepara a sus discípulos sin pronunciar apenas una palabra. El silencio se convierte en un verdadero maestro, porque ayuda a descubrir aquello que tantas veces queda oculto entre las preocupaciones y las prisas. Dios no suele imponerse con estruendo; espera pacientemente a que el corazón encuentre un espacio donde pueda escuchar su voz.
También nuestras familias necesitan subir de vez en cuando a ese monte interior. No siempre será un lugar físico; muchas veces bastará con apagar el teléfono, cerrar la televisión, dejar a un lado las prisas y dedicar unos minutos a la oración compartida. Quien aprende a hacer silencio descubre que Dios nunca deja de hablar. En ese encuentro sencillo nace una paz que después acompaña el trabajo, el estudio, las dificultades y las alegrías de cada jornada.
Idea principal
El silencio prepara el corazón para reconocer la presencia de Dios y acoger su Palabra.
Aplicación catequética
Crear pequeños momentos de silencio en la vida familiar ayuda a descubrir que la oración no consiste solo en hablar con Dios, sino también en aprender a escucharlo.
Pregunta para dialogar
¿Qué ruidos o distracciones nos impiden escuchar mejor a Jesús y cómo podríamos reducirlos en nuestra vida diaria?
Cuando alcanzan la parte más alta del monte, los discípulos levantan la vista hacia Jesús. Todo parece igual que unos instantes antes, pero están a punto de contemplar un acontecimiento que ningún ser humano había presenciado hasta entonces.
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3. Contemplamos la gloria escondida de Cristo

Durante unos instantes, Jesús deja que sus discípulos contemplen la gloria divina que siempre habita en Él.
De pronto, todo cambia. Mientras Jesús permanece en oración, su rostro comienza a brillar y sus vestidos se vuelven de un blanco deslumbrante. No se trata de una luz que cae sobre Él, sino de una claridad que nace de su propia persona y revela el misterio que hasta entonces permanecía oculto. Junto a Él aparecen Moisés y Elías, representantes de la Ley y los Profetas, mostrando que toda la historia de la salvación encuentra su cumplimiento en Cristo. Los discípulos contemplan la escena en silencio, conscientes de que están viviendo un momento que jamás podrán olvidar.
También nosotros estamos llamados a descubrir esa misma gloria, aunque de un modo distinto. Cada vez que escuchamos el Evangelio, participamos en la Eucaristía o dedicamos un tiempo a la oración, Cristo nos permite contemplar con los ojos de la fe la belleza de su presencia. La verdadera luz no deslumbra; transforma el corazón. Quien se deja iluminar por el Señor aprende poco a poco a mirar a las personas, los acontecimientos y la propia vida con los ojos de Dios.
Idea principal
La Transfiguración manifiesta que Jesucristo es el cumplimiento de toda la historia de la salvación y el verdadero Hijo de Dios.
Aplicación catequética
Enseñar a contemplar a Cristo con los ojos de la fe ayuda a descubrir que su luz sigue presente hoy en la Palabra, los sacramentos y la vida de la Iglesia.
Pregunta para dialogar
¿Cuándo has sentido alguna vez que Dios iluminaba tu corazón o te ayudaba a comprender algo importante de tu vida?
Mientras los discípulos siguen contemplando aquella luz indescriptible, una emoción inmensa invade el corazón de Pedro. Desea que aquel momento no termine nunca y, movido por el entusiasmo, toma la palabra.
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4. Escuchamos la voz del Padre

La voz del Padre revela que Jesús es su Hijo amado e invita a todos los discípulos a escucharlo.
Pedro, lleno de alegría, desea que aquel momento no termine nunca y propone levantar tres tiendas para permanecer allí junto a Jesús, Moisés y Elías. Mientras todavía está hablando, una nube luminosa cubre a todos con su sombra y hace comprender a los discípulos que el verdadero centro de la escena no es el entusiasmo humano, sino la iniciativa de Dios. Entonces se escucha la voz del Padre: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo». Con estas palabras desaparecen todas las dudas: Jesús es el Mesías esperado, el Hijo eterno del Padre y la Palabra definitiva que Dios dirige a la humanidad.11
La voz del Padre sigue resonando hoy en la Iglesia cada vez que se proclama el Evangelio. Escuchar a Cristo no consiste únicamente en conocer sus enseñanzas, sino en dejar que orienten nuestras decisiones, nuestros afectos y nuestra manera de vivir. El discípulo madura cuando aprende a escuchar antes de hablar, a acoger antes de juzgar y a confiar antes de comprenderlo todo. Así, la Palabra del Señor se convierte en la luz que guía el camino de cada día.12
Idea principal
El Padre presenta solemnemente a Jesucristo como su Hijo amado y pide a todos los hombres que escuchen su Palabra.
Aplicación catequética
Aprender a escuchar el Evangelio con atención y ponerlo en práctica es el camino más seguro para crecer en la amistad con Jesucristo.
Pregunta para dialogar
¿Qué podemos hacer en nuestra familia para escuchar con más atención la voz de Jesús y vivir lo que nos enseña?
Ante aquella presencia tan grande, los tres discípulos quedan profundamente sobrecogidos. La alegría deja paso al temor reverente y, sin poder sostener la mirada, caen rostro en tierra.
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5. Perdemos el miedo

Jesús transforma el temor de los discípulos en confianza y los anima a levantarse para continuar el camino.
La manifestación de la gloria de Dios llena de asombro a los tres discípulos. Comprenden que están ante un misterio que supera toda experiencia humana y caen rostro en tierra, sobrecogidos por un santo temor. Entonces sucede uno de los gestos más delicados de todo el Evangelio: Jesús se acerca, los toca y les dice: «Levantaos, no tengáis miedo». Antes de enseñarles una nueva lección, el Señor les ofrece su cercanía. La gloria divina no aplasta al hombre; al contrario, lo levanta y le devuelve la paz.13
También nosotros experimentamos muchas veces el miedo: miedo al fracaso, al sufrimiento, a la enfermedad, al futuro o a reconocer nuestras propias debilidades. Cristo responde hoy del mismo modo que en el monte: se acerca, nos toca mediante su gracia y nos invita a confiar. La fe no elimina todas las dificultades, pero cambia la manera de afrontarlas, porque quien camina con Jesús sabe que nunca está solo y que el amor de Dios siempre tiene la última palabra.14
Idea principal
El encuentro con Jesucristo no conduce al miedo, sino a la confianza que nace de sentirse amado por Dios.
Aplicación catequética
Educar en la fe significa ayudar a descubrir que Jesús siempre se acerca para sostenernos, especialmente cuando atravesamos momentos de dificultad o incertidumbre.
Pregunta para dialogar
¿Cuáles son nuestros miedos y cómo podemos ponerlos en las manos de Jesús con mayor confianza?
Los discípulos levantan la cabeza. La visión ha desaparecido. Ya solo está Jesús junto a ellos. Comienza entonces el descenso del monte, donde deberán aprender a vivir cada día aquello que han contemplado durante unos instantes.
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6. Bajamos del monte para seguir a Cristo en la vida cotidiana

La experiencia de la Transfiguración continúa cuando el discípulo vuelve a la vida diaria siguiendo los pasos de Cristo.
El camino de la Transfiguración termina donde comienza la misión. Jesús desciende del monte con sus discípulos y les pide que, por el momento, no cuenten a nadie lo que han visto hasta después de su Resurrección. La experiencia recibida deberá madurar en el silencio y comprenderse plenamente a la luz de la Cruz. La contemplación prepara para el compromiso. Quien ha descubierto la gloria de Cristo ya no puede vivir igual, porque sabe que incluso los momentos más difíciles están iluminados por la esperanza de la vida nueva.15
También nosotros descendemos del monte cada vez que termina la oración, la Eucaristía o un retiro espiritual. Allí comienza el verdadero testimonio. La luz recibida debe reflejarse en la vida cotidiana: en la paciencia con la familia, en el trabajo bien hecho, en el perdón ofrecido, en la ayuda a quien sufre y en la alegría de sabernos hijos de Dios. La Transfiguración no nos invita a huir del mundo, sino a volver a él con un corazón transformado para que otros puedan descubrir, a través de nosotros, el rostro luminoso de Cristo.16
Idea principal
La experiencia del encuentro con Cristo culmina cuando el discípulo vuelve a la vida diaria dispuesto a vivir el Evangelio.
Aplicación catequética
Cada oración, cada Eucaristía y cada encuentro con el Señor deben traducirse en pequeños gestos de amor, servicio y esperanza que hagan presente a Cristo en el hogar, la escuela, el trabajo y la parroquia.
Pregunta para dialogar
¿Qué gesto concreto podemos realizar esta semana para que quienes viven con nosotros descubran un poco mejor la luz de Cristo?
La subida al monte ha terminado, pero el camino del discípulo continúa cada día. La misma voz que resonó en la nube sigue invitándonos hoy a escuchar a Jesús, confiar en Él y caminar tras sus pasos hasta alcanzar la gloria que el Padre tiene preparada para todos sus hijos.
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Parte III. Vivimos la Transfiguración
Presentación de las actividades
La Transfiguración no es solamente un acontecimiento que contemplamos con admiración, sino un misterio que transforma la vida de quienes se dejan conducir por Jesucristo. Después de escuchar la Palabra, recorrer el camino del monte y descubrir la gloria del Señor, llega el momento de responder personalmente. Las siguientes actividades pretenden ayudar a que esta catequesis no termine al cerrar estas páginas, sino que continúe en la vida familiar, en la parroquia, en la escuela y en cada decisión cotidiana.
No es necesario realizar todas las propuestas en una sola sesión. Cada familia, grupo o catequista podrá elegir aquellas que mejor respondan a su realidad. Lo importante no es completar una tarea, sino permitir que el Evangelio ilumine la inteligencia, fortalezca la fe y anime a vivir con mayor fidelidad la llamada del Padre: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo».
Idea principal
Las actividades ayudan a convertir la contemplación del misterio en una experiencia concreta de crecimiento cristiano.
Orientación catequética
Cada actividad debe favorecer el diálogo, la participación y el compromiso, evitando que la catequesis se reduzca a una explicación teórica.
1. Actividad personal: descubrir la divinidad de Jesucristo
Objetivo
Ayudar a reconocer que Jesucristo no es únicamente un gran maestro o un personaje extraordinario de la historia, sino el verdadero Hijo de Dios hecho hombre.
Entrega a cada participante una hoja con una imagen de Cristo o invítalo a contemplar durante unos minutos un crucifijo o un icono del Señor. Después, proponle que escriba dos listas. En la primera anotará todo aquello que el Evangelio muestra sobre la humanidad de Jesús: sus gestos, sus palabras, sus sentimientos y su cercanía a las personas. En la segunda recogerá los signos que manifiestan su divinidad: los milagros, el perdón de los pecados, la Transfiguración, la Resurrección y las afirmaciones del Padre.
Una vez terminada la reflexión, cada participante redactará una breve respuesta personal a esta pregunta: «¿Quién es Jesucristo para mí?». No se trata de copiar una definición aprendida, sino de expresar con sencillez cómo ha ido creciendo su fe al contemplar la Transfiguración y qué significa creer que Jesús es verdaderamente el Hijo amado del Padre.
Material necesario
Biblia, una imagen de Jesucristo o un crucifijo, papel y bolígrafo.
Compromiso
Durante esta semana dedicaré unos minutos cada día a contemplar a Jesucristo y terminaré la oración repitiendo con fe: «Señor, creo que Tú eres el Hijo amado del Padre».
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2. Actividad en familia: llevar la luz de Cristo al hogar
Objetivo
Descubrir que la luz contemplada en la Transfiguración debe reflejarse en la convivencia diaria mediante pequeños gestos de amor, alegría, servicio y reconciliación.
Reúnanse todos los miembros de la familia alrededor de una vela encendida o de un cirio, colocado en un lugar visible. Después de leer juntos la frase del Padre: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo», cada persona dirá una acción concreta de otro miembro de la familia por la que da gracias a Dios. No se trata de elogiar grandes éxitos, sino de descubrir la presencia del Señor en los pequeños gestos cotidianos: una ayuda recibida, una palabra amable, una muestra de paciencia, un perdón ofrecido o un servicio realizado con alegría.
A continuación, cada uno elegirá un pequeño compromiso para hacer más luminosa la vida del hogar durante la semana. Puede ser colaborar espontáneamente en una tarea doméstica, dedicar más tiempo al diálogo, rezar juntos cada noche o esforzarse por evitar discusiones innecesarias. Al terminar, todos rezarán un Padrenuestro dando gracias porque Cristo continúa iluminando la vida de la familia y pidiendo la gracia de reflejar esa misma luz en el trato diario.
Material necesario
Una vela o un cirio, una Biblia y una hoja para anotar el compromiso familiar de la semana.
Compromiso
Elegiremos un gesto concreto que ayude a que nuestro hogar sea un reflejo de la luz de Cristo y revisaremos juntos al final de la semana cómo hemos vivido ese propósito.
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3. Actividad para la catequesis o el grupo: el secreto revelado del Señor
Objetivo
Comprender por qué Jesús pidió a sus discípulos que no hablaran de la Transfiguración hasta después de su Resurrección y descubrir que hoy ese «secreto» se ha convertido en una misión para toda la Iglesia.
El catequista comenzará preguntando al grupo qué cosas importantes han guardado alguna vez en secreto y por qué lo hicieron. Después leerá el mandato de Jesús al bajar del monte: «No contéis a nadie esta visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.» Se abrirá un diálogo para descubrir que los discípulos todavía no podían comprender plenamente el significado de la Transfiguración mientras no contemplaran la Cruz y la Resurrección. Solo entonces aquel misterio podría anunciarse con toda su fuerza al mundo entero.
A continuación, el grupo preparará un pequeño mural dividido en dos columnas. En la primera escribirán aquello que los discípulos aún no comprendían antes de Pascua; en la segunda, lo que la Resurrección les permitió entender definitivamente sobre Jesucristo. Finalmente, cada participante escribirá en una tarjeta una forma concreta de anunciar hoy la alegría del Evangelio en su colegio, su familia, sus amigos o su parroquia. El catequista concluirá recordando que el antiguo secreto del monte ya no debe ocultarse: ahora la Iglesia está llamada a proclamarlo con alegría y valentía.
Material necesario
Biblia, cartulina grande, tarjetas, rotuladores y cinta adhesiva.
Compromiso
Durante esta semana compartiré con una persona una enseñanza o una experiencia que me ayude a dar testimonio de Jesucristo con naturalidad y alegría.
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4. Actividad de oración y compromiso: «Escúchenlo»
Objetivo
Acoger personalmente el mensaje central de la Transfiguración y convertir la escucha de Jesucristo en un compromiso concreto para la vida diaria.
Se colocará una Biblia abierta en un lugar destacado y, junto a ella, una vela encendida como recuerdo de la luz de Cristo. Después de unos momentos de silencio, el catequista o uno de los participantes proclamará lentamente las palabras del Padre: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo.» La frase se repetirá varias veces, dejando entre una y otra un breve espacio de silencio para que cada persona la haga suya y la lleve al corazón. No se trata de escuchar únicamente con los oídos, sino de disponerse interiormente a dejar que Cristo oriente la propia vida.
A continuación, cada participante escribirá en una tarjeta una decisión concreta que le ayude a escuchar mejor a Jesús durante la próxima semana. Puede consistir en dedicar unos minutos diarios a la oración, leer un pasaje del Evangelio, reconciliarse con alguien, participar con más atención en la Eucaristía o realizar un servicio oculto por amor a Dios. Después, todos depositarán su tarjeta junto a la Biblia y terminarán rezando juntos el Padrenuestro, pidiendo la gracia de permanecer siempre atentos a la voz del Señor.
Material necesario
Biblia, una vela o cirio, tarjetas pequeñas, bolígrafos y un espacio adecuado para la oración en silencio.
Compromiso
Durante esta semana comenzaré cada jornada recordando las palabras del Padre: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo», procurando que una decisión concreta de ese día nazca de la escucha del Evangelio.
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Parte IV. Lectio divina
Mateo 17,1-9
La Lectio divina es un encuentro con Jesucristo vivo por medio de su Palabra. No consiste únicamente en leer un texto bíblico, sino en disponerse interiormente para escuchar la voz del Señor, dejar que ilumine el corazón y responder con una vida renovada. Antes de comenzar, conviene buscar un lugar tranquilo, apagar aquello que pueda distraernos y pedir al Espíritu Santo la gracia de comprender el Evangelio con la inteligencia, el corazón y la vida.
La Transfiguración nos conduce al monte donde los discípulos contemplan la gloria de Cristo. También nosotros somos invitados a subir espiritualmente con Pedro, Santiago y Juan. No buscamos una emoción pasajera ni una experiencia extraordinaria, sino permanecer junto a Jesús para escuchar al Padre y dejar que su luz transforme silenciosamente nuestra existencia.
Texto del Evangelio
Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. 2Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. 3De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. 4Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». 5Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo». 6Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. 7Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis». 8Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. 9Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
Mateo 17, 1-9
Lectio
Lee el Evangelio despacio, sin prisas. Si es posible, haz una segunda lectura todavía más pausada. Observa cada detalle: el camino hacia el monte, el silencio, la oración de Jesús, la luz que brota de su rostro, la presencia de Moisés y Elías, la nube luminosa y la voz del Padre. No intentes comprenderlo todo inmediatamente; deja que sea el propio Evangelio quien marque el ritmo de tu contemplación.
Detente especialmente en aquellas palabras o escenas que más llamen tu atención. Pregúntate qué dicen realmente y por qué el Espíritu Santo ha querido conservarlas para la Iglesia. Escucha el relato como si fueras uno de los tres discípulos que acompañan a Jesús y deja que el silencio complete aquello que las palabras no alcanzan a expresar.
Meditatio
El Padre no invita primero a actuar, sino a escuchar. Toda la Transfiguración converge en esa única frase: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo». Antes de cambiar el mundo, antes incluso de comprender el misterio de la Cruz, los discípulos deben aprender a permanecer junto a Jesús y dejar que su Palabra modele lentamente su corazón. La verdadera transformación comienza siempre por la escucha.
Pregúntate con sencillez: ¿qué voces ocupan hoy mi corazón? ¿Qué lugar ocupa realmente el Evangelio en mis decisiones? ¿Subo alguna vez al monte de la oración o vivo constantemente rodeado de ruido? Contemplar la gloria de Cristo significa aprender a mirar toda la realidad desde Él, hasta descubrir que incluso los caminos más difíciles pueden iluminarse con la esperanza de la Resurrección.
Oratio
Habla ahora con Jesús con toda confianza. Dale gracias porque ha querido mostrar a sus discípulos la luz de su divinidad y porque continúa manifestándose hoy en la Iglesia, en la Eucaristía y en su Palabra. Pídele que fortalezca tu fe cuando aparezcan el cansancio, el sufrimiento o la duda.
Pide también la gracia de escuchar siempre la voz del Padre, de reconocer a Cristo como centro de tu vida y de no buscar únicamente momentos extraordinarios de consuelo espiritual, sino la fidelidad sencilla de cada día. Pon delante del Señor tu familia, tu parroquia, tus amigos y todas las personas que necesitan descubrir la luz del Evangelio.
Contemplatio
Permanece unos minutos en silencio. No intentes añadir nuevas palabras. Imagina que estás junto a Pedro, Santiago y Juan mientras contemplas a Cristo transfigurado. Deja que su mirada repose sobre ti. Escucha nuevamente la voz del Padre y recibe en el corazón esa invitación que atraviesa los siglos: «Escúchenlo».
Cuando el silencio se haga profundo, contempla cómo Jesús se acerca también a ti, te toca con la misma ternura con que levantó a sus discípulos y repite: «Levántate. No tengas miedo». Permanece unos instantes acogiendo esa paz sin necesidad de decir nada más.
Actio
La contemplación termina siempre convirtiéndose en misión. Igual que los discípulos descendieron del monte para seguir acompañando a Jesús, también tú estás llamado a regresar a la vida cotidiana llevando contigo la luz recibida en la oración. El verdadero fruto de la Lectio divina se reconoce cuando el Evangelio comienza a hacerse visible en las palabras, en las decisiones y en la manera de amar.
Elige un compromiso sencillo para esta semana. Puede consistir en dedicar diariamente unos minutos a la oración silenciosa, leer cada día un breve pasaje del Evangelio, reconciliarte con alguien, participar con mayor atención en la Eucaristía o realizar un acto de caridad oculto. Al descender del monte, recuerda siempre que la luz de Cristo no se guarda para uno mismo: se refleja en la vida de quienes han aprendido a escucharlo.
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Parte V. Oraciones
1. Oración antes de la lectura del Evangelio
Toda escucha de la Palabra comienza pidiendo al Espíritu Santo un corazón disponible para acoger a Jesucristo y dejarse transformar por Él.
Señor Jesucristo,
abre mi inteligencia para comprender tu Palabra,
abre mi corazón para acogerla con fe,
abre mi voluntad para ponerla en práctica,
y haz que, escuchándote cada día,
camine siempre hacia Ti.
Amén.
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2. Oración colecta de la fiesta de la Transfiguración del Señor
La liturgia de la Iglesia nos invita a pedir que la contemplación de Cristo glorioso fortalezca nuestra esperanza y nos conduzca a participar un día de su misma gloria.
«Oh, Dios, que en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los que lo precedieron, y prefiguraste maravillosamente la perfecta adopción de los hijos, concede a tus siervos que, escuchando la voz de tu Hijo amado, merezcamos ser sus coherederos. Por nuestro Señor Jesucristo».
Oración colecta oficial de la fiesta de la Transfiguración del Señor, tomada del Misal Romano.
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3. Oración final en familia
Después de recorrer esta catequesis, la familia pide al Señor que la luz contemplada en el monte permanezca viva en el hogar y acompañe cada jornada.
Cristo, Luz de nuestro andar,
quédate siempre con nosotros;
enséñanos a escuchar
la voz del Padre amoroso.
Y al bajar de nuestro monte,
danos fuerza para amar;
que quien vea nuestra vida
te pueda también encontrar.
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Conclusión
La Transfiguración del Señor nos recuerda que la vida cristiana es un camino de esperanza. Igual que Pedro, Santiago y Juan, también nosotros somos invitados a subir al monte para encontrarnos con Jesucristo, escuchar la voz del Padre y dejarnos transformar por la luz de su presencia. Esa experiencia fortalece la fe y nos prepara para afrontar con serenidad las dificultades del camino, sabiendo que la Cruz nunca tiene la última palabra.
Pero el Evangelio no termina en la cima del monte. Después de contemplar la gloria de Cristo, llega el momento de descender y vivir como verdaderos discípulos en la familia, el trabajo, la escuela, la parroquia y en cada encuentro con los demás. Quien ha aprendido a escuchar al Hijo descubre que la santidad comienza en las pequeñas acciones de cada día. Allí, en la sencillez de la vida cotidiana, continúa brillando la misma luz que un día iluminó el rostro del Señor.
Idea principal
La Transfiguración nos prepara para vivir con esperanza el camino de cada día siguiendo a Jesucristo.
Compromiso final
Escuchar cada día la Palabra de Dios y procurar que la luz de Cristo se refleje en nuestra manera de pensar, hablar, trabajar y amar.
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Otras fuentes en Catequesis en Familia
Si deseas seguir profundizando en el misterio de la Transfiguración del Señor, puedes completar esta catequesis con los siguientes recursos publicados en Catequesis en Familia. Todos ellos desarrollan aspectos complementarios del mismo acontecimiento desde la Sagrada Escritura, el Magisterio de la Iglesia y la oración.
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Fuentess y bibliografía
La selección bibliográfica reúne las fuentes empleadas para la elaboración doctrinal, bíblica, litúrgica y catequética del documento. En los recursos disponibles en internet, el título de la obra o del documento funciona como hipervínculo y conduce directamente a la fuente citada.
Sagrada Escritura
Conferencia Episcopal Española. Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española: Evangelio según san Mateo. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 2010.
Conferencia Episcopal Española. Transfiguración del Señor: Marcos 9,2-10. Madrid: Conferencia Episcopal Española.
Conferencia Episcopal Española. Transfiguración del Señor: Lucas 9,28b-36. Madrid: Conferencia Episcopal Española.
Conferencia Episcopal Española. Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 2010.
Catecismo y Magisterio
Iglesia Católica. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 554-556: «Una visión anticipada del Reino: la Transfiguración». Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 1997.
Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 2005, n. 110.
Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum sobre la divina Revelación. 18 de noviembre de 1965.
Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia. 21 de noviembre de 1964.
Concilio Vaticano II. Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia. 4 de diciembre de 1963.
Magisterio pontificio sobre la Transfiguración
Juan Pablo II. La gloria de la Trinidad en la Transfiguración. Audiencia general, 26 de abril de 2000.
Juan Pablo II. Fiesta de la Transfiguración del Señor y aniversario de la muerte de Pablo VI. 6 de agosto de 1999.
Juan Pablo II. Antes de la misa en la fiesta de la Transfiguración del Señor. 6 de agosto de 2000.
Juan Pablo II. Palabras al inicio de la misa en la fiesta de la Transfiguración del Señor. 6 de agosto de 2002.
Benedicto XVI. Ángelus en la fiesta de la Transfiguración del Señor. 6 de agosto de 2006.
Benedicto XVI. Ángelus del segundo domingo de Cuaresma. 24 de febrero de 2013.
Francisco. Ángelus en la fiesta de la Transfiguración del Señor. 6 de agosto de 2017.
Francisco. Ángelus del segundo domingo de Cuaresma. 13 de marzo de 2022.
Francisco. Ángelus del segundo domingo de Cuaresma. 5 de marzo de 2023.
Liturgia
Conferencia Episcopal Española. Misal Romano. 3.ª edición oficial en lengua española. Madrid: Libros Litúrgicos, 2017. Misa del 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración del Señor.
Conferencia Episcopal Española. Liturgia de las Horas según el rito romano. Vol. III. 2.ª edición oficial. Madrid: Libros Litúrgicos, 2021. Oficio del 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración del Señor.
Transparencia y agradecimiento
Las imágenes y la maquetación de este documento se han realizado con herramientas de inteligencia artificial, con el apoyo de ChatGPT. El contenido doctrinal se ha fundamentado en las fuentes bíblicas, litúrgicas y magisteriales citadas.
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Notas
1. Conferencia Episcopal Española, Sagrada Biblia. Evangelio según san Mateo, 17,1-9.
2. Iglesia Católica, Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 554-556.
3. Iglesia Católica, Catecismo de la Iglesia Católica, n. 554; Benedicto XVI, Ángelus en la fiesta de la Transfiguración del Señor, 6 de agosto de 2006.
4. Juan Pablo II, Palabras al inicio de la misa en la fiesta de la Transfiguración del Señor, 6 de agosto de 2002.
5. Cf. Ex 24,12-18; 1 Re 19,8-13; Mt 17,1-5. La montaña aparece en estos pasajes como lugar de revelación, alianza, escucha y encuentro con Dios.
6. Francisco, Ángelus en la fiesta de la Transfiguración del Señor, 6 de agosto de 2017.
7. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum sobre la divina Revelación, nn. 2 y 4.
8. Francisco, Ángelus del segundo domingo de Cuaresma, 5 de marzo de 2023.
9. Iglesia Católica, Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 555-556.
10. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia, nn. 39-42.
11. Juan Pablo II, La gloria de la Trinidad en la Transfiguración, audiencia general, 26 de abril de 2000.
12. Benedicto XVI, Ángelus del segundo domingo de Cuaresma, 24 de febrero de 2013.
13. Conferencia Episcopal Española, Sagrada Biblia. Evangelio según san Mateo, 17,6-8.
14. Francisco, Ángelus del segundo domingo de Cuaresma, 13 de marzo de 2022.
15. Juan Pablo II, Fiesta de la Transfiguración del Señor y aniversario de la muerte de Pablo VI, 6 de agosto de 1999.
16. Juan Pablo II, Antes de la misa en la fiesta de la Transfiguración del Señor, 6 de agosto de 2000.
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Autor: Guillermo Mirecki
por Guillermo Mirecki | 23 May, 2026 | Primera comunión Dinámicas
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
Comprender la historia de Dios y descubrir la Santísima Trinidad
Catequesis de Primera Comunión para niños de 7 a 10 años
Finalidad del itinerario
Este itinerario introduce a los niños en el misterio de la Santísima Trinidad mediante escenas bíblicas narrativas, imágenes catequéticas tipo cómic, oración, diálogo y actividades familiares. El recorrido une Antiguo y Nuevo Testamento para mostrar que toda la historia de la salvación conduce hacia el Padre, por medio del Hijo y en el Espíritu Santo.
Índice general
- Presentación general
- Dios se revela progresivamente
- La Trinidad en la vida cristiana
- El Credo explicado a los niños
- Dios da vida al mundo
Gn 1, 1–2, 3 · Mt 3, 13-17
- Dios habla a sus hijos
Ex 3, 1-15 · Lc 11, 1-13
- Escuchad a mi Hijo
1 Re 19, 9-13 · Mt 17, 1-8
- El Espíritu Santo llena la Iglesia
Ez 37, 1-14 · Hch 2, 1-11
- Un solo Dios y una sola familia
Gn 18, 1-15 · Mt 28, 16-20
- La señal de la cruz
- El Credo explicado en familia
- El camino de la Trinidad
- Orar con el Padrenuestro
- Pentecostés y la Iglesia
- Lectio divina familiar
- Oración final a la Santísima Trinidad
- Vivir en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
- Orientaciones para padres y catequistas
- Notas finales y referencias documentales
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PARTE I · PRESENTACIÓN DEL ITINERARIO
Objetivo general
Ayudar a los niños a descubrir que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo actúan unidos en toda la historia de la salvación y continúan presentes hoy en la vida de la Iglesia.

1. Presentación general
Destinatarios y finalidad
Este itinerario está pensado para niños de Primera Comunión, especialmente entre los siete y los diez años, cuando ya pueden relacionar mejor los relatos bíblicos, la oración y las explicaciones catequéticas. La finalidad no consiste en presentar una teoría complicada sobre Dios, sino en introducir progresivamente a los niños en el misterio de la Santísima Trinidad mediante escenas visibles, narrativas y profundamente unidas a la vida cristiana.
El recorrido utiliza constantemente la relación entre Antiguo y Nuevo Testamento. Los niños descubren así que toda la historia de la salvación prepara la revelación plena realizada por Jesucristo y continuada en la vida de la Iglesia por medio del Espíritu Santo.
Objetivos del itinerario
El objetivo principal es ayudar a reconocer la presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en la creación, en el Bautismo, en la oración, en la Eucaristía y en la vida de la Iglesia. Por eso el itinerario evita explicaciones abstractas y utiliza principalmente escenas bíblicas, imágenes catequéticas, contemplación y lenguaje sencillo.
También se busca que los niños comprendan mejor la señal de la cruz, el Credo, el Padrenuestro y la fórmula bautismal. La catequesis trinitaria deja así de parecer una lección aislada y se convierte en una experiencia unida a la vida cotidiana y a la preparación para recibir a Jesús en la Primera Comunión.
Claves metodológicas del itinerario
- Relación constante entre Antiguo y Nuevo Testamento.
- Uso de imágenes catequéticas narrativas tipo cómic.
- Lenguaje sencillo y visual.
- Participación activa de la familia.
- Integración entre Biblia, oración y vida cristiana.
Posibles usos catequéticos y familiares
El itinerario puede utilizarse en catequesis parroquial, convivencias infantiles, encuentros familiares o preparación próxima a celebraciones litúrgicas. Cada sesión está organizada para combinar contemplación de imágenes, lectura bíblica, explicación catequética, actividades y oración.
La familia puede prolongar fácilmente el trabajo realizado en la parroquia mediante pequeños gestos: contemplar una imagen, releer una cartela bíblica, rezar lentamente la señal de la cruz o comentar una frase del Evangelio. Lo importante es que el niño perciba continuidad entre catequesis, familia y vida cristiana.
Método narrativo y visual
Las imágenes del itinerario no funcionan como decoración, sino como verdaderas secuencias catequéticas. Cada composición narra un pasaje bíblico mediante escenas fundidas, cartelas breves y referencias visibles al texto sagrado, ayudando al niño a seguir el relato y al catequista a explicarlo con orden.
La continuidad visual de toda la serie busca crear una auténtica colección catequética infantil. Por eso las escenas mantienen el mismo lenguaje gráfico, la misma organización narrativa y el mismo tono contemplativo orientado a niños de Primera Comunión.
PARTE II · FUNDAMENTOS BÍBLICOS Y TEOLÓGICOS
Sentido de esta parte
Antes de comenzar las sesiones, los niños necesitan descubrir que la Santísima Trinidad no es una idea aislada, sino el modo en que Dios se revela y actúa continuamente en la historia de la salvación.
1. Dios se revela progresivamente
La Santísima Trinidad no aparece explicada completamente desde las primeras páginas de la Biblia. Dios fue preparando poco a poco a su pueblo mediante acontecimientos, promesas, profetas y encuentros que ayudaban a comprender mejor quién es Él y cómo acompaña la historia humana. El Antiguo Testamento contiene ya muchas señales que preparan la revelación plena realizada por Jesucristo.
En el Nuevo Testamento, Jesús muestra claramente la relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El Bautismo del Señor, el Padrenuestro, la Transfiguración, Pentecostés y el envío misionero permiten descubrir que Dios actúa siempre unido en la creación, en la salvación y en la vida de la Iglesia.
Idea clave para los niños
Dios acompaña toda la historia de la salvación y se revela plenamente por medio de Jesús y del Espíritu Santo.
2. La Trinidad en la vida cristiana
La fe en la Santísima Trinidad no pertenece solamente a las explicaciones de catequesis. El cristiano vive continuamente en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: comienza la oración santiguándose, recibe el Bautismo con la fórmula trinitaria y participa en una Iglesia reunida por el Espíritu Santo alrededor de Jesucristo.
Los niños descubren esta presencia de Dios en muchos momentos concretos: la misa dominical, el Gloria, el Padrenuestro, las oraciones familiares o la bendición antes de dormir. La Trinidad deja así de parecer una explicación difícil y se convierte en una experiencia cercana, visible y profundamente unida a la vida cristiana cotidiana.
Relación con la Primera Comunión
Toda la preparación para recibir a Jesús en la Eucaristía se desarrolla dentro de la vida trinitaria de la Iglesia.
3. El Credo explicado a los niños
Muchos niños memorizan el Credo antes de comprender plenamente sus palabras. Este itinerario quiere ayudarles a descubrir lentamente expresiones fundamentales como: «Creo en Dios Padre todopoderoso», «Creo en Jesucristo, su único Hijo» o «Creo en el Espíritu Santo», relacionándolas siempre con escenas bíblicas concretas.
La explicación utiliza imágenes narrativas, lenguaje sencillo y referencias constantes a la vida cristiana. De este modo, el niño comprende que el Credo no es una lista complicada de fórmulas, sino la manera en que la Iglesia expresa su fe en el único Dios verdadero: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Conviene recordar
A esta edad los niños comprenden mejor la fe cuando pueden verla narrada en escenas, gestos, palabras y acontecimientos concretos.
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PARTE III · LAS CINCO SESIONES CATEQUÉTICAS
Estructura de las sesiones
Cada sesión une una escena del Antiguo Testamento y otra del Nuevo Testamento. Las imágenes catequéticas tipo cómic ayudan a los niños a contemplar cómo Dios prepara progresivamente la revelación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
1. Dios da vida al mundo
Objetivo de la sesión
Descubrir que Dios es Creador, origen de toda vida, y contemplar cómo el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo aparecen unidos en el Bautismo de Jesús.
Relación con la Primera Comunión: el mismo Dios que crea el mundo prepara también la salvación y reúne a su Iglesia alrededor de Jesucristo.
La primera sesión introduce a los niños en la gran historia de Dios como Señor de la vida y Creador del universo. El recorrido comienza con el relato de la creación y culmina en el Bautismo de Jesús, donde el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo aparecen unidos de forma visible.
La sesión ayuda a comprender que el mismo Dios que crea el mundo es también el Dios que salva y acompaña a su pueblo. La Trinidad no aparece todavía como una explicación abstracta, sino como una presencia viva actuando desde el comienzo mismo de la historia.
Imagen 1 · Antiguo Testamento
Gn 1, 1–2, 3
El cómic catequético presenta la creación del mundo mediante escenas fundidas entre sí: las aguas primitivas, la luz naciendo en medio de la oscuridad, la separación de la tierra y del mar, la aparición de la vida y el Espíritu de Dios cerniéndose sobre la creación.
Los niños descubren así que Dios crea con sabiduría, orden y amor. El relato prepara además la comprensión del Espíritu Santo como presencia de vida y acción divina desde el inicio mismo de la historia de la salvación.
Imagen 2 · Nuevo Testamento
Mt 3, 13-17
La segunda imagen muestra el Bautismo de Jesús en el Jordán mediante una secuencia narrativa luminosa y continua: Jesús acercándose a Juan Bautista, el agua del río, el cielo abierto, la voz del Padre y el Espíritu Santo descendiendo en forma de paloma.
La escena permite contemplar de manera sencilla y visual la acción conjunta del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El niño comienza así a comprender que hay un solo Dios y que las Personas divinas actúan unidas en la obra de la salvación.
Idea principal de la sesión
El mismo Dios que crea el mundo revela plenamente su amor en Jesucristo y continúa dando vida por medio del Espíritu Santo.
2. Dios habla a sus hijos
Objetivo de la sesión
Descubrir que Dios habla a su pueblo, escucha la oración de sus hijos y enseña a los hombres a dirigirse a Él con confianza.
Relación con la Primera Comunión: Jesús enseña a rezar al Padre y promete el don del Espíritu Santo a quienes oran con fe.
La segunda sesión presenta a Dios como un Padre cercano que llama, acompaña y escucha a su pueblo. El itinerario une la zarza ardiente con la enseñanza del Padrenuestro para mostrar cómo Dios se revela y enseña a los hombres a vivir en relación con Él.
El niño descubre que la oración cristiana no consiste solamente en repetir palabras, sino en entrar en diálogo con Dios. Jesús no solo habla del Padre, sino que enseña a rezar como hijos y promete el Espíritu Santo a quienes lo buscan con confianza.
Imagen 1 · Antiguo Testamento
Ex 3, 1-15
La imagen presenta a Moisés acercándose a la zarza ardiente en medio del desierto. Las escenas fundidas muestran el fuego misterioso, el silencio del monte y el momento en que Moisés escucha la voz de Dios y se descalza ante su presencia.
Los niños contemplan así un Dios que llama personalmente y se hace cercano a su pueblo. El relato ayuda además a comprender que toda la historia de la salvación comienza siempre con una iniciativa amorosa de Dios.
Imagen 2 · Nuevo Testamento
Lc 11, 1-13
El cómic catequético muestra a Jesús enseñando el Padrenuestro a sus discípulos mediante escenas suaves y luminosas: los discípulos acercándose a Él, Jesús levantando la mirada al cielo y la enseñanza de la oración cristiana.
La sesión ayuda a descubrir que Jesús enseña a llamar Padre a Dios y promete el Espíritu Santo a quienes oran con confianza. La oración aparece así como un verdadero encuentro con el Padre, por medio del Hijo y en el Espíritu Santo.
Idea principal de la sesión
Jesús enseña a los cristianos a vivir como hijos que hablan con confianza con Dios Padre.
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3. Escuchad a mi Hijo
Objetivo de la sesión
Contemplar cómo Dios revela progresivamente quién es Jesús y descubrir que Cristo es el Hijo amado del Padre.
Relación con la Primera Comunión: los niños aprenden a escuchar a Jesús, seguir su palabra y reconocerlo como centro de toda la historia de la salvación.
La tercera sesión muestra cómo Dios prepara lentamente la revelación plena de Jesucristo. El recorrido une la experiencia del profeta Elías en el monte Horeb con la Transfiguración del Señor, ayudando a contemplar la presencia de Dios y la gloria de Cristo.
El niño descubre que Jesús no es solamente un profeta o un maestro bueno, sino el Hijo amado del Padre. La luz, la nube y la voz divina ayudan a comprender que toda la historia bíblica conduce hacia Él.
Imagen 1 · Antiguo Testamento
1 Re 19, 9-13
La imagen presenta al profeta Elías refugiándose en la cueva del monte Horeb. El cómic catequético muestra el viento fuerte, el terremoto, el fuego y finalmente la brisa suave en la que Dios se manifiesta misteriosamente al profeta.
Los niños descubren así que Dios no aparece como violencia o espectáculo, sino como una presencia viva y cercana que habla al corazón. La escena prepara la revelación plena que tendrá lugar en la Transfiguración de Jesús.
Imagen 2 · Nuevo Testamento
Mt 17, 1-8
El cómic narrativo muestra a Jesús subiendo al monte con Pedro, Santiago y Juan, la aparición luminosa de Moisés y Elías, la nube resplandeciente y la voz del Padre diciendo: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo».
La escena ayuda a contemplar la gloria de Cristo y la relación entre el Padre y el Hijo. Los discípulos aparecen sobrecogidos y, al mismo tiempo, sostenidos por la presencia cercana de Jesús, que se aproxima a ellos y les devuelve la paz.
Idea principal de la sesión
Jesús es el Hijo amado del Padre y toda la historia de la salvación conduce hacia Él.
4. El Espíritu Santo llena la Iglesia
Objetivo de la sesión
Descubrir al Espíritu Santo como fuente de vida nueva, fuerza de la Iglesia y presencia de Dios entre los cristianos.
Relación con la Primera Comunión: el Espíritu Santo continúa reuniendo a la Iglesia alrededor de Jesucristo y ayuda a vivir la fe cristiana.
La cuarta sesión presenta al Espíritu Santo como principio de vida y unidad para el pueblo de Dios. El itinerario une la visión de los huesos secos con Pentecostés, mostrando cómo el Espíritu transforma la muerte en vida y reúne a la Iglesia.
El niño descubre que el Espíritu Santo no pertenece solamente al pasado bíblico, sino que continúa actuando hoy en la comunidad cristiana, en la oración, en la Eucaristía y en la vida diaria de los creyentes.
Imagen 1 · Antiguo Testamento
Ez 37, 1-14
La imagen presenta la visión del profeta Ezequiel en el valle de los huesos secos. El cómic muestra el paisaje desolado, el viento poderoso, los huesos reuniéndose y la aparición progresiva de un gran pueblo lleno de vida.
La escena ayuda a comprender que el Espíritu de Dios puede renovar lo que parecía perdido y devolver la esperanza a su pueblo. El paso de la muerte a la vida prepara visualmente el acontecimiento de Pentecostés.
Imagen 2 · Nuevo Testamento
Hch 2, 1-11
El cómic catequético presenta a María y a los discípulos reunidos en oración, la llegada del viento poderoso, las lenguas de fuego y la salida de los apóstoles hacia Jerusalén para anunciar el Evangelio.
Los niños contemplan así el nacimiento visible de la Iglesia y descubren que el Espíritu Santo reúne a hombres y mujeres de muchos pueblos en una sola familia cristiana unida alrededor de Jesucristo.
Idea principal de la sesión
El Espíritu Santo da vida a la Iglesia y reúne a los cristianos alrededor de Jesucristo.
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5. Un solo Dios y una sola familia
Objetivo de la sesión
Reunir todo el camino recorrido durante el itinerario y descubrir que la Iglesia vive y bautiza en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Relación con la Primera Comunión: la vida cristiana, la oración, la familia y la Iglesia encuentran su unidad en el amor de Dios revelado por Jesucristo.
La última sesión reúne todas las grandes ideas trabajadas durante el itinerario. Las escenas de Abraham en Mambré y del envío misionero de Jesús ayudan a contemplar a Dios como comunión de amor y muestran cómo la Iglesia vive y anuncia el Evangelio en el nombre de la Santísima Trinidad.
El niño descubre que la Trinidad no es una idea lejana o difícil, sino el corazón mismo de la vida cristiana. La familia, la Iglesia, el Bautismo y la oración aparecen unidos por el amor de Dios, que llama a todos los hombres a vivir como hermanos.
Imagen 1 · Antiguo Testamento
Gn 18, 1-15
La imagen presenta a Abraham acogiendo a los tres visitantes bajo la encina de Mambré. El cómic catequético muestra la llegada de los viajeros, el gesto de hospitalidad, la comida compartida y la promesa del nacimiento de Isaac.
La escena ayuda a contemplar la cercanía de Dios y la importancia de la acogida, de la mesa compartida y de la comunión. El relato prepara además la comprensión cristiana de un Dios que no es soledad, sino amor y relación.
Imagen 2 · Nuevo Testamento
Mt 28, 16-20
El cómic narrativo muestra a los discípulos reuniéndose con Jesús resucitado en el monte de Galilea, la adoración de los apóstoles y el gran envío misionero hacia todos los pueblos de la tierra.
La sesión culmina con las palabras de Jesús: «Bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Los niños descubren así que toda la vida de la Iglesia nace y se desarrolla en el nombre de la Santísima Trinidad.
Idea principal de la sesión
La Iglesia vive, reza y bautiza en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
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PARTE IV · ACTIVIDADES Y DINÁMICAS
Finalidad de las actividades
Las dinámicas del itinerario ayudan a relacionar las escenas bíblicas con la oración, la vida familiar, la celebración de la fe y la preparación para la Primera Comunión.
1. La señal de la cruz
La primera actividad ayuda a los niños a descubrir que la señal de la cruz no es un gesto automático o apresurado, sino una oración breve que resume toda la fe cristiana. El catequista puede comenzar preguntando cuándo se santiguan normalmente y qué palabras acompañan el gesto.
Después se realiza lentamente la señal de la cruz, explicando que los cristianos viven y rezan en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Conviene repetir varias veces el gesto con serenidad y crear un pequeño clima de oración y silencio.
Objetivo catequético
Relacionar la señal de la cruz con la vida diaria, la oración y el misterio de la Santísima Trinidad.
2. El Credo explicado en familia
La actividad propone trabajar el Credo frase a frase, relacionando cada parte con las imágenes del itinerario. Los niños pueden leer lentamente expresiones como: «Creo en Dios Padre todopoderoso», «Creo en Jesucristo, su único Hijo» o «Creo en el Espíritu Santo».
La explicación debe ser sencilla y siempre vinculada a escenas concretas: la creación, el Bautismo de Jesús, Pentecostés o la Transfiguración. El objetivo no consiste en memorizar definiciones difíciles, sino en descubrir que el Credo resume toda la historia de Dios con los hombres.
Aplicación familiar
Los padres pueden releer el Credo con los niños antes de dormir o después de la misa dominical, relacionando alguna frase con las imágenes catequéticas del itinerario.
3. El camino de la Trinidad
En esta dinámica se colocan las cinco imágenes principales del itinerario siguiendo el orden de las sesiones. Los niños observan el recorrido completo y descubren cómo Dios va revelándose progresivamente desde la creación hasta el envío de la Iglesia.
El catequista ayuda a relacionar unas escenas con otras mediante preguntas sencillas: «¿Dónde aparece el Espíritu Santo?», «¿Qué enseña Jesús sobre el Padre?» o «¿Qué escenas hablan de la Iglesia?». De este modo, los niños comienzan a contemplar la Biblia como una sola gran historia.
Material necesario
Imágenes impresas o proyectadas, cinta adhesiva o panel visual y espacio suficiente para contemplar el recorrido completo.
4. Orar con el Padrenuestro
La actividad parte de la sesión sobre Jesús enseñando a rezar. El catequista puede leer lentamente el Padrenuestro y detenerse brevemente en algunas expresiones importantes: «Padre nuestro», «hágase tu voluntad» o «danos hoy nuestro pan de cada día».
Después todos rezan juntos la oración intentando hacerlo con calma y atención. El niño descubre así que la oración cristiana no consiste solo en repetir palabras, sino en hablar con confianza con el Padre, por medio de Jesús y en el Espíritu Santo.
Consejo práctico
Conviene evitar prisas o explicaciones demasiado largas. El silencio y la repetición tranquila ayudan mucho más a esta edad.
5. Pentecostés y la Iglesia
La última actividad permite relacionar Pentecostés con la vida actual de la Iglesia. El catequista puede comenzar mostrando nuevamente la imagen del cenáculo y preguntando qué ocurre después de la venida del Espíritu Santo: los discípulos salen, anuncian a Jesús y reúnen a personas de muchos pueblos distintos.
Los niños descubren así que la Iglesia continúa viviendo hoy gracias al Espíritu Santo. La parroquia, la misa, la oración comunitaria y la catequesis aparecen como parte de esa misma historia que comenzó en Pentecostés y continúa todavía en nuestros días.
Desarrollo de la dinámica
Cada niño puede escribir o decir una pequeña acción concreta que ayude a construir unidad y alegría dentro de la familia, de la catequesis o de la parroquia.
Orientaciones para catequistas
Este itinerario debe trabajarse con un ritmo sereno y contemplativo. Las imágenes narrativas ocupan un lugar central y necesitan tiempo para ser observadas, comentadas y relacionadas con los textos bíblicos. Conviene evitar explicaciones excesivamente largas o abstractas que rompan el clima narrativo y visual de las sesiones.
También resulta importante mantener una verdadera unidad entre Biblia, oración y vida cristiana. La Trinidad no debe presentarse como un tema aislado o difícil, sino como la presencia viva de Dios en la creación, en Jesucristo, en la Iglesia y en la vida cotidiana de los niños.
Conviene especialmente
- Leer siempre los textos bíblicos antes de explicar las imágenes.
- Favorecer preguntas sencillas y diálogo tranquilo.
- No convertir las sesiones en clases demasiado teóricas.
- Relacionar continuamente las escenas con la misa y la vida cristiana.
- Crear un clima de oración y confianza.
Orientaciones para la familia
Las familias pueden continuar fácilmente el itinerario mediante pequeños gestos cotidianos: rezar juntos la señal de la cruz, leer una cartela bíblica, contemplar una imagen antes de dormir o repetir alguna frase sencilla del Credo o del Padrenuestro.
Lo más importante es que el niño perciba que la fe no pertenece solamente al momento de la catequesis, sino que forma parte de la vida diaria. La oración familiar, la misa dominical y el diálogo sencillo sobre Dios ayudan mucho más que largas explicaciones teóricas.
Pequeño gesto recomendado
Antes de salir de casa o antes de dormir, la familia puede hacer lentamente la señal de la cruz y repetir juntos: «En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo».
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PARTE V · LECTIO DIVINA Y ORACIÓN
Finalidad de esta parte
La lectio divina ayuda a los niños y a las familias a escuchar juntos la Palabra de Dios y a descubrir que toda la vida cristiana nace y crece en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
1. Lectio divina familiar
La lectio divina permite contemplar el Evangelio con calma y entrar en diálogo con Jesús. No se trata solamente de leer un texto bíblico, sino de escucharlo, imaginar la escena, hablar sobre ella y descubrir qué quiere decir hoy el Señor a la Iglesia y a cada familia cristiana.
El itinerario concluye con el gran envío misionero del Evangelio según san Mateo. Las palabras de Jesús reúnen todo el camino recorrido: la fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, la misión de la Iglesia y la presencia permanente de Cristo entre sus discípulos.
Evangelio
Mt 28, 16-20
«Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
“Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”.»
Lectura y contemplación
Conviene leer el Evangelio lentamente y dejar después un pequeño momento de silencio. El catequista o los padres pueden invitar a los niños a imaginar la escena: el monte de Galilea, Jesús resucitado hablando a sus discípulos y el envío hacia todos los pueblos de la tierra.
La contemplación debe centrarse especialmente en las palabras: «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». El niño descubre así que toda la vida cristiana nace y crece en el nombre de la Santísima Trinidad.
Preguntas para dialogar
- ¿Qué hacen los discípulos cuando ven a Jesús?
- ¿Qué misión les confía el Señor?
- ¿Qué significa bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo?
- ¿Por qué Jesús promete quedarse siempre con nosotros?
Explicación catequética
El Evangelio une toda la fe cristiana en una sola escena: Jesús resucitado envía a la Iglesia y manda bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La Trinidad aparece así en el centro mismo de la misión cristiana.
Los niños pueden comprender además que la Iglesia continúa hoy esa misión mediante el Bautismo, la catequesis, la oración y la Eucaristía. La fe no pertenece solamente al pasado bíblico, sino que sigue viva en la comunidad cristiana actual.
Aplicación familiar
Después de la lectura y del diálogo, la familia puede volver a contemplar alguna de las imágenes del itinerario y relacionarla con el Evangelio final. El objetivo no consiste en repetir toda la explicación, sino en ayudar al niño a descubrir que las escenas bíblicas forman una única historia que conduce hacia Jesucristo y hacia la vida de la Iglesia.
También conviene relacionar el Evangelio con pequeños momentos cotidianos: la señal de la cruz antes de dormir, la oración familiar, la misa dominical o el recuerdo del Bautismo. De este modo, la Trinidad deja de parecer una idea lejana y se convierte en una presencia viva dentro de la vida cristiana.
Propuesta sencilla para casa
Cada niño puede elegir una escena del itinerario y explicar a su familia qué descubre en ella sobre el Padre, el Hijo o el Espíritu Santo.
Diálogo y oración
La oración final debe realizarse con calma y sin prisas. Conviene evitar discursos largos y favorecer un ambiente sencillo de silencio, escucha y confianza. Los niños pueden repetir lentamente algunas frases breves mientras contemplan una imagen del itinerario.
El catequista o los padres pueden terminar recordando que Jesús permanece siempre con su Iglesia y que los cristianos viven continuamente en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
2. Oración final a la Santísima Trinidad
Padre bueno,
tú has creado el mundo
y nos llamas a vivir como hijos tuyos.
Jesús, Hijo de Dios,
quédate siempre junto a nosotros
y enséñanos a seguirte con alegría.
Espíritu Santo,
llena nuestro corazón de luz,
de paz y de amor.
Santísima Trinidad,
acompaña a nuestras familias,
a nuestra parroquia
y a todos los niños que se preparan
para recibir a Jesús.
Amén.
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PARTE VI · CONCLUSIÓN Y ORIENTACIONES FINALES
Finalidad de esta conclusión
Ayudar a los niños y a las familias a comprender que toda la vida cristiana se desarrolla en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
1. Vivir en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
El itinerario termina recordando que toda la vida cristiana se desarrolla en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Los niños han recorrido escenas de la creación, de la vida de Jesús y del nacimiento de la Iglesia para descubrir que Dios acompaña siempre a su pueblo y llama a todos los hombres a vivir unidos en el amor.
La Trinidad aparece así no como un tema aislado de catequesis, sino como el corazón mismo de la fe cristiana. La oración, el Bautismo, la Eucaristía, la Iglesia y la vida familiar encuentran su verdadera unidad en el amor de Dios revelado por Jesucristo y comunicado por el Espíritu Santo.
Idea central del itinerario
La historia de la salvación conduce siempre hacia el Padre, por medio del Hijo y en el Espíritu Santo.
2. Orientaciones para padres y catequistas
La catequesis trinitaria para niños pequeños necesita apoyarse continuamente en la Biblia, en la liturgia y en la experiencia concreta de la vida cristiana. Las imágenes narrativas ayudan mucho más que las explicaciones excesivamente abstractas o las comparaciones difíciles de comprender.
Conviene mantener siempre un tono sencillo, contemplativo y cercano. Los niños aprenden mejor cuando pueden mirar una escena, escuchar una historia, repetir una oración breve y relacionar la fe con la vida cotidiana de la familia y de la parroquia.
Conviene recordar
- La Trinidad no debe presentarse como un problema complicado.
- Las escenas bíblicas ayudan más que las analogías forzadas.
- La contemplación y la oración son fundamentales.
- La familia debe participar activamente en el itinerario.
- La señal de la cruz y el Credo forman parte esencial del aprendizaje cristiano.
Conclusión final
La preparación para la Primera Comunión no consiste solamente en aprender unas oraciones o recibir unos conocimientos básicos. El niño comienza a descubrir que Dios está presente en toda la historia de la salvación y que Jesucristo continúa reuniendo hoy a su Iglesia por medio del Espíritu Santo.
Este itinerario quiere ayudar precisamente a dar ese paso: pasar de una fe aprendida solo de memoria a una fe contemplada, rezada y vivida dentro de la comunidad cristiana. La Trinidad deja así de ser una fórmula repetida y se convierte en una presencia viva que acompaña toda la vida del creyente.
«En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo»
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Notas finales y referencias documentales
1 Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 232-267.
2 Cf. Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis, 1997, nn. 98-100.
3 Cf. Dicasterio para la Evangelización, Directorio para la Catequesis, 2020, nn. 236-237.
4 Cf. san Juan Pablo II, Catechesi Tradendae, nn. 5-9.
5 Cf. Benedicto XVI, Deus Caritas Est, n. 19.
6 Cf. papa Francisco, Lumen Fidei, nn. 50-52.
7 Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 683-747.
8 Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 198-267.
9 Cf. Conferencia Episcopal Española, Sagrada Biblia. Versión oficial de la CEE, BAC, Madrid 2011.
10 Cf. san Juan Pablo II, audiencia general del 26 de noviembre de 1997.
11 Cf. Benedicto XVI, Homilía en la solemnidad de la Santísima Trinidad, 3 de junio de 2007.
12 Cf. papa Francisco, Homilía en la solemnidad de la Santísima Trinidad, 7 de junio de 2020.
13 Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 121-141.
14 Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 232-237.
15 Cf. Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis, nn. 85-87.
16 Cf. Dicasterio para la Evangelización, Directorio para la Catequesis, nn. 227-233.
17 Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 683-686.
18 Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2650-2662.
19 Cf. san Juan Pablo II, Redemptoris Missio, nn. 21-30.
20 Cf. Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis, nn. 8-10.
21 Cf. papa Francisco, Evangelii Gaudium, nn. 163-168.
Las citas bíblicas utilizadas en este itinerario corresponden a la versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Las referencias catequéticas y doctrinales han sido elaboradas principalmente a partir del Catecismo de la Iglesia Católica, de los directorios catequéticos de la Iglesia y de diversos documentos pontificios sobre evangelización, catequesis y vida cristiana.
El presente itinerario catequético ha sido pensado para favorecer una comprensión progresiva y narrativa de la Santísima Trinidad dentro de la preparación a la Primera Comunión, integrando Biblia, contemplación, liturgia, oración y vida familiar.
por Editorial Casals | 2 Sep, 2025 | Despertar religioso Historias de la Biblia
Un día nació un niño israelita y a su madre le daba mucha pena tirarle al río. Entonces, decidió hacer una cesta de paja, meterlo en ella y dejarlo flotando en el agua. La cesta con el niño fue bajando por el río y, al pasar cerca del palacio del Faraón, donde estaba bañándose su hija, le gustó tanto que lo tomó en sus brazos y se lo quedó como si fuera hijo suyo. Le puso por nombre Moisés, que quiere decir «salvado de las aguas».
«Gracias porque en el Bautismo me hiciste tu hijo»
* * *
Moisés en el carro
Moisés fue educado en el palacio, como un miembro más de la familia del Faraón. Un día, cuando era ya mayor, se enteró de que él era israelita. Al ver lo mal que vivía su pueblo, como esclavos, se puso triste y escapó del palacio. Se dirigió al desierto, haciéndose pastor de ovejas.
«Señor, que ayude a quien está necesitado»
* * *
Moisés ante la zarza ardiente
Cierto día estaba Moisés cuidando el rebaño, cuando vio una zarza ardiendo. Al acercarse, oyó una voz que le decía: «Moisés, Moisés, soy el Dios de tu padre Abraham, de Isaac y de Jacob. He visto lo que sufren los israelitas en Egipto y voy a sacarlos de allí. Vete y dile al Faraón que yo te mando, para que os deje marchar a todos». Pero el Faraón se negó, y Dios le castigó a él y al pueblo egipcio con muchas plagas.
«Que haga caso siempre a lo que Tú me mandas»
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La salida de Egipto
Con el último castigo que mandó Dios a los egipcios, murieron los hijos mayores de cada familia, incluido el hijo del Faraón. Éste, por fin, dejó salir de Egipto a los israelitas, que guiados por Moisés, se dirigieron a la Tierra Prometida o tierra de Canaán. A esta salida de Egipto se llama Éxodo.
«Señor, que acepte los castigos que por no ser bueno me merezco»
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El paso del Mar Rojo
Los israelitas se encontraron en su camino con el mar Rojo. Se asustaron mucho porque el ejército egipcio los perseguía muy de cerca. Moisés rezó a Dios, levantó la mano sobre el mar y Dios dividió las aguas del mar Rojo dejando en medio un camino seco. Los israelitas pasaron por allí y, cuando acabaron de pasar, Dios cerró el mar de nuevo y los egipcios fueron derrotados.
«Dios mío, gracias porque siempre me proteges»
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Moisés en el Monte Sinaí
Dios guió al pueblo de Israel por el desierto y lo llevó hasta el monte Sinaí. Un día la montaña se llenó de fuego y hubo relámpagos y truenos y grandes sonidos de trompetas.
Dios llamó a Moisés a la montaña y le dijo: «Yo soy tu Dios, el que os ha sacado de la tierra de Egipto. Vosotros seréis mi pueblo. Cumpliréis mis mandamientos y no tendréis otros dioses».
«¡Qué grande eres Dios mío!»
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LAS TABLAS DE LA LEY
Dios le dio a Moisés las tablas de la Ley como señal de su Alianza con el pueblo. Eran de piedra. En ellas estaban escritos los Diez Mandamientos de la Ley de Dios:
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- Amarás a Dios sobre todas las cosas.
- No usarás el nombre de Dios en vano.
- Santificarás las fiestas.
- Honrarás a tu padre y a tu madre.
- No matarás.
- No cometerás actos impuros.
- No robarás.
- No mentirás.
- No pensarás nada impuro.
- No codiciarás las cosas de otro.
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«Gracias, Dios mío, por enseñarme a ser bueno»
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El Arca de la Alianza
Moisés construyó un arca por mandato de Dios. Era como un cofre o caja con unas figuras de Ángeles encima. En ella guardó las tablas de la Ley. Los soldados de los israelitas la vigilaban cuando marchaban por el desierto. Cuando paraban, la ponían en una tienda de campaña adornada con tapices, que era su templo. Allí rezaban.
«¡Que guarde en mi corazón tus mandamientos»
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Moisés ante la Tierra Prometida
Por fin llegaron a la Tierra Prometida. Moisés la vio desde lo alto de un monte. Habían tardado cuarenta años en llegar, porque los israelitas no siempre fueron buenos mientras vigilaban por el desierto. Y Dios quiso darles tiempo para que se hiciesen mejores. Moisés era ya muy viejo y se murió sin entrar en la Tierra Prometida.
«Señor, que sea cada vez más bueno»
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De La Biblia más infantil, Casals, 1999. Páginas 35 a 43
Coordinador: Pedro de la Herrán
Texto: Miguel Álvarez y Sagrario Fernández Díaz
Dibujos: José Ramón Sánchez y Javier Jerez
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por Santo Padre emérito Benedicto XVI | 14 Jul, 2015 | Catequesis Artículos
Queridos hermanos y hermanas:
Leyendo el Antiguo Testamento, resalta una figura entre las demás: la de Moisés, precisamente como hombre de oración. Moisés, el gran profeta y caudillo del tiempo del Éxodo, desempeñó su función de mediador entre Dios e Israel haciéndose portador, ante el pueblo, de las palabras y de los mandamientos divinos, llevándolo hacia la libertad de la Tierra Prometida, enseñando a los israelitas a vivir en la obediencia y en la confianza hacia Dios durante la larga permanencia en el desierto, pero también, y diría sobre todo, orando. Reza por el faraón cuando Dios, con las plagas, trataba de convertir el corazón de los egipcios (cf. Ex 8–10); pide al Señor la curación de su hermana María enferma de lepra (cf. Nm 12, 9-13); intercede por el pueblo que se había rebelado, asustado por el relato de los exploradores (cf. Nm 14, 1-19); reza cuando el fuego estaba a punto de devorar el campamento (cf. Nm 11, 1-2) y cuando serpientes venenosas hacían estragos (cf. Nm 21, 4-9); se dirige al Señor y reacciona protestando cuando su misión se había vuelto demasiado pesada (cf. Nm 11, 10-15); ve a Dios y habla con él «cara a cara, como habla un hombre con su amigo» (cf. Ex 24, 9-17; 33, 7-23; 34, 1-10.28-35).
También cuando el pueblo, en el Sinaí, pide a Aarón que haga el becerro de oro, Moisés ora, explicando de modo emblemático su función de intercesor. El episodio se narra en el capítulo 32 del Libro del Éxodo y tiene un relato paralelo en el capítulo 9 del Deuteronomio. En la catequesis de hoy quiero reflexionar sobre este episodio y, en particular, sobre la oración de Moisés que encontramos en el relato del Éxodo. El pueblo de Israel se encontraba al pie del Sinaí mientras Moisés, en el monte, esperaba el don de las tablas de la Ley, ayunando durante cuarenta días y cuarenta noches (cf. Ex 24, 18; Dt 9, 9). El número cuarenta tiene valor simbólico y significa la totalidad de la experiencia, mientras que con el ayuno se indica que la vida viene de Dios, que es él quien la sostiene. El hecho de comer, en efecto, implica tomar el alimento que nos sostiene; por eso, en este caso ayunar, renunciando al alimento, adquiere un significado religioso: es un modo de indicar que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del Señor (cf. Dt 8, 3). Ayunando, Moisés muestra que espera el don de la Ley divina como fuente de vida: esa Ley revela la voluntad de Dios y alimenta el corazón del hombre, haciéndolo entrar en una alianza con el Altísimo, que es fuente de la vida, es la vida misma.
Pero, mientras el Señor, en el monte, da a Moisés la Ley, al pie del monte el pueblo la transgrede. Los israelitas, incapaces de resistir a la espera y a la ausencia del mediador, piden a Aarón: «Anda, haznos un dios que vaya delante de nosotros, pues a ese Moisés que nos sacó de Egipto no sabemos qué le ha pasado» (Ex 32, 1). Cansado de un camino con un Dios invisible, ahora que también Moisés, el mediador, ha desaparecido, el pueblo pide una presencia tangible, palpable, del Señor, y encuentra en el becerro de metal fundido hecho por Aarón, un dios que se ha vuelto accesible, manipulable, al alcance del hombre. Esta es una tentación constante en el camino de fe: eludir el misterio divino construyendo un dios comprensible, correspondiente a sus propios esquemas, a sus propios proyectos. Lo que acontece en el Sinaí muestra toda la necedad y la ilusoria vanidad de esta pretensión porque, como afirma irónicamente el Salmo 106, «cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba» (Sal 106, 20). Por eso, el Señor reacciona y ordena a Moisés que baje del monte, revelándole lo que el pueblo estaba haciendo y terminando con estas palabras: «Deja que mi ira se encienda contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo» (Ex 32, 10). Como hizo a Abraham a propósito de Sodoma y Gomorra, también ahora Dios revela a Moisés lo que piensa hacer, como si no quisiera actuar sin su consentimiento (cf. Am 3, 7). Dice: «Deja que mi ira se encienda contra ellos». En realidad, ese «deja que mi ira se encienda contra ellos» se dice precisamente para que Moisés intervenga y le pida que no lo haga, revelando así que el deseo de Dios siempre es la salvación. Como en el caso de las dos ciudades del tiempo de Abraham, el castigo y la destrucción, en los que se manifiesta la ira de Dios como rechazo del mal, indican la gravedad del pecado cometido; al mismo tiempo, la petición de intercesión quiere manifestar la voluntad de perdón del Señor. Esta es la salvación de Dios, que implica misericordia, pero a la vez denuncia de la verdad del pecado, del mal que existe, de modo que el pecador, reconociendo y rechazando su pecado, deje que Dios lo perdone y lo transforme. Así, la oración de intercesión hace operante, dentro de la realidad corrompida del hombre pecador, la misericordia divina, que encuentra voz en la súplica del orante y se hace presente a través de él donde hay necesidad de salvación.
La súplica de Moisés está totalmente centrada en la fidelidad y la gracia del Señor. Se refiere ante todo a la historia de redención que Dios comenzó con la salida de Israel de Egipto, y prosigue recordando la antigua promesa dada a los Padres. El Señor realizó la salvación liberando a su pueblo de la esclavitud egipcia. ¿Por qué entonces —pregunta Moisés— «han de decir los egipcios: «Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra»?» (Ex 32, 12). La obra de salvación comenzada debe ser llevada a término; si Dios hiciera perecer a su pueblo, eso podría interpretarse como el signo de una incapacidad divina de llevar a cabo el proyecto de salvación. Dios no puede permitir esto: él es el Señor bueno que salva, el garante de la vida; es el Dios de misericordia y perdón, de liberación del pecado que mata. Así Moisés apela a Dios, a la vida interior de Dios contra la sentencia exterior. Entonces —argumenta Moisés con el Señor—, si sus elegidos perecen, aunque sean culpables, él podría parecer incapaz de vencer el pecado. Y esto no se puede aceptar. Moisés hizo experiencia concreta del Dios de salvación, fue enviado como mediador de la liberación divina y ahora, con su oración, se hace intérprete de una doble inquietud, preocupado por el destino de su pueblo, y al mismo tiempo preocupado por el honor que se debe al Señor, por la verdad de su nombre. El intercesor, de hecho, quiere que el pueblo de Israel se salve, porque es el rebaño que le ha sido confiado, pero también para que en esa salvación se manifieste la verdadera realidad de Dios. Amor a los hermanos y amor a Dios se compenetran en la oración de intercesión, son inseparables. Moisés, el intercesor, es el hombre movido por dos amores, que en la oración se sobreponen en un único deseo de bien.
Después, Moisés apela a la fidelidad de Dios, recordándole sus promesas: «Acuérdate de tus siervos, Abraham, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo: «Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea para siempre»» (Ex 32, 13). Moisés recuerda la historia fundadora de los orígenes, recuerda a los Padres del pueblo y su elección, totalmente gratuita, en la que únicamente Dios tuvo la iniciativa. No por sus méritos habían recibido la promesa, sino por la libre elección de Dios y de su amor (cf. Dt 10, 15). Y ahora, Moisés pide al Señor que continúe con fidelidad su historia de elección y de salvación, perdonando a su pueblo. El intercesor no presenta excusas para el pecado de su gente, no enumera presuntos méritos ni del pueblo ni suyos, sino que apela a la gratuidad de Dios: un Dios libre, totalmente amor, que no cesa de buscar a quien se ha alejado, que permanece siempre fiel a sí mismo y ofrece al pecador la posibilidad de volver a él y de llegar a ser, con el perdón, justo y capaz de fidelidad. Moisés pide a Dios que se muestre más fuerte incluso que el pecado y la muerte, y con su oración provoca este revelarse divino. El intercesor, mediador de vida, se solidariza con el pueblo; deseoso únicamente de la salvación que Dios mismo desea, renuncia a la perspectiva de llegar a ser un nuevo pueblo grato al Señor. La frase que Dios le había dirigido, «Y de ti haré un gran pueblo», ni siquiera es tomada en cuenta por el «amigo» de Dios, que en cambio está dispuesto a asumir sobre sí no sólo la culpa de su gente, sino todas sus consecuencias. Cuando, después de la destrucción del becerro de oro, volverá al monte a fin de pedir de nuevo la salvación para Israel, dirá al Señor: «Ahora, o perdonas su pecado o me borras del libro que has escrito» (v. 32). Con la oración, deseando lo que es deseo de Dios, el intercesor entra cada vez más profundamente en el conocimiento del Señor y de su misericordia y se vuelve capaz de un amor que llega hasta el don total de sí. En Moisés, que está en la cima del monte cara a cara con Dios y se hace intercesor por su pueblo y se ofrece a sí mismo —«o me borras»—, los Padres de la Iglesia vieron una prefiguración de Cristo, que en la alta cima de la cruz realmente está delante de Dios, no sólo como amigo sino como Hijo. Y no sólo se ofrece —«o me borras»—, sino que con el corazón traspasado se deja borrar, se convierte, como dice san Pablo mismo, en pecado, lleva sobre sí nuestros pecados para salvarnos a nosotros; su intercesión no sólo es solidaridad, sino identificación con nosotros: nos lleva a todos en su cuerpo. Y así toda su existencia de hombre y de Hijo es un grito al corazón de Dios, es perdón, pero perdón que transforma y renueva.
Creo que debemos meditar esta realidad. Cristo está delante del rostro de Dios y pide por mí. Su oración en la cruz es contemporánea de todos los hombres, es contemporánea de mí: él ora por mí, ha sufrido y sufre por mí, se ha identificado conmigo tomando nuestro cuerpo y el alma humana. Y nos invita a entrar en esta identidad suya, haciéndonos un cuerpo, un espíritu con él, porque desde la alta cima de la cruz él no ha traído nuevas leyes, tablas de piedra, sino que se trajo a sí mismo, trajo su cuerpo y su sangre, como nueva alianza. Así nos hace consanguíneos con él, un cuerpo con él, identificados con él. Nos invita a entrar en esta identificación, a estar unidos a él en nuestro deseo de ser un cuerpo, un espíritu con él. Pidamos al Señor que esta identificación nos transforme, nos renueve, porque el perdón es renovación, es transformación.
Quiero concluir esta catequesis con las palabras del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma: «¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, que murió, más todavía, resucitó y está a la derecha de Dios y que además intercede por nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? (…) Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, (…) ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor» (Rm 8, 33-35.38.39).
Santo Padre emérito Benedicto XVI: El hombre en oración
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por Eduardo Arquer | 27 Feb, 2011 | Postcomunión Historias de la Biblia
Los Diez Mandamientos
Cuando hubo acabado de hablar a Moisés, Yahvé escribió con su dedo en dos tablas de piedra Los Diez Mandamientos de su Ley y se las dio a Moisés para que los transmitiera al pueblo de Israel.
Pero como tardaba bastantes días en bajar del monte Sinaí porque estaba aprendiendo muchas cosas que Dios le decía; el pueblo había obligado a Aarón a construir con los anillos y joyas de las mujeres un falso dios, un becerro de oro, para que marchase delante de ellos pues creían que ya no volverían a ver a Moisés. Entonces. Yahvé, al ver la idolatría de su pueblo pensó en exterminarlos a todos, pero Moisés intercedió de nuevo rogándole que se acordara de las promesas hechas a sus padres y el Señor se retuvo y no ejecutó su castigo. No obstante, cuando Moisés llegó hasta el campamento, tiró las tablas de piedra al suelo y las rompió encolerizado, luego gritó: “¡A mí los que estén con Yahvé!” Al momento se le unió la tribu de Leví (los levitas) y armados con espadas castigaron duramente a los culpables.
Recuerda que la madre de Moisés era de la tribu de Leví, y que por tanto él también lo era, y no es de extrañar que los primeros en acudir a su llamada fueran los de su misma tribu. Desde aquel momento, los levitas fueron elegidos para el servicio de Dios, ejerciendo esta tarea durante muchos siglos hasta la llegada de Jesús, que convive con ellos y los nombra en el Evangelio.
Tras este episodio, Moisés fue llamado para subir al monte con otras tablas de piedra para que Yahvé escribiera de nuevo los diez mandamientos en ellas.
Permaneció en el monte cuarenta días y cuarenta noches ayunando y hablando con Yahvé.
Al bajar del Sinaí con las tablas en sus manos, tenía el rostro resplandeciente por haber estado hablando con Dios largo tiempo, y aunque Aarón y los representantes del pueblo tenían miedo de acercársele, él los tranquilizó y les transmitió las cosas que el Señor le explicaba sobre la Ley escrita en las tablas.
Por fin partieron de aquel lugar y Dios ya no quería ir delante de Israel como hasta entonces porque decía: “Este es un pueblo de dura cerviz” Pero, como siempre, Moisés intercedió ante Yahvé para que no abandonase su posición y consiguió que la nube de Dios marchara nuevamente delante del pueblo conduciéndolo por el desierto.
Una tierra que mana leche y miel
Ya estaban cerca de la tierra de Canaán, en un lugar llamado Cadés-Barnea, cuando Dios pidió a Moisés que enviara exploradores para reconocer el territorio que les tenía destinado. Moisés les recomendó: “Observad bien esa tierra, cómo es, qué gente la habita, si son fuertes o flojos, cómo son sus ciudades, si con murallas o sin ellas, qué tal son los terrenos, si fértiles o pobres, si hay o no hay árboles. Animaos y traed algún fruto de esa tierra”
Se fueron los exploradores y al poco tiempo volvieron diciendo: “En verdad mana leche y miel en esa tierra, ved los frutos” Y traían frutos, entre ellos un racimo de uvas tan grande que tenían que levantarlo entre dos con un palo.
“Pero sus habitantes son muy fuertes, algunos parecen gigantes, y sus ciudades son grandes y están amuralladas”, dijeron. Esto desanimó a los israelitas que lloraron y murmuraron de Yahvé y de Moisés, y a pesar de que este último les instaba a no desfallecer, Dios castigó a los que dudaron de Él a no entrar en la tierra de Canaán.
Pero algunos de ellos se envalentonaron y salieron precipitadamente con la intención de invadirla cuanto antes; pero como la nube no se movía del campamento, Moisés les desaconsejó que hicieran tal cosa porque no era el momento que Yahvé había previsto. Y como no hicieron caso, los que salieron fueron derrotados por aquellos habitantes.
La presencia de Yahvé
De nuevo volvieron al desierto guiados por Yahvé. Cuando la nube de Yahvé se alzaba, el pueblo se levantaba y emprendía la jornada de camino; el Arca de La Alianza iba siempre delante, y cuando la nube no se alzaba, esperaban hasta el día en que ocurría y entonces se movían. De noche la nube se hacía de fuego y en el lugar en que se paraba allí acampaban los hijos de Israel.
Conspiración contra Moisés
También hubo quienes quisieron convencer al pueblo de que Moisés no tenía por qué ser el jefe; en concreto tres israelitas de los más distinguidos que se llamaban Coré, Datán y Abirón se le enfrentaron y arrastraron tras de sí a otros doscientos cincuenta hombres. Moisés los citó al día siguiente delante del Tabernáculo donde se guardaba el arca para ver la decisión que tomaba Yahvé. Éste habló a Moisés y dijo: “Di al pueblo que se aparte de las tiendas de esos impíos” A continuación se rompió el suelo debajo de ellos, abrió la tierra su boca y se tragó a los impostores con sus tiendas. Lugo, un fuego de Yahvé abrasó a los doscientos cincuenta hombres que les seguían.
Yahvé hace brotar agua de la roca
Finalizando ya los cuarenta años de penalidades por el desierto volvieron a Cadés–Barnea, cerca de Canaan. En aquel lugar no había nada de agua y la nueva generación de israelitas se enfadó mucho con Moisés dudando de la ayuda de Yahvé porque decían: “¿Está o no está Yahvé con nosotros?”. Dios dirigió a Moisés y a Aarón, ya ancianos, hacia una determinada roca acompañados de los ancianos de Israel; allí, Moisés golpeó con su cayado la roca para que brotara agua, pero tardó un poco en salir y dudó un momento y volvió a golpear otra vez. Entonces brotó agua abundante a la vista de todos ellos. Pero Yahvé dijo a Moisés y Aarón: “Porque no habéis creído en mí santificándome a los ojos de los hijos de Israel, no introduciréis vosotros a este pueblo en la tierra que yo les he dado”. Moisés dio a aquel lugar el nombre de Masá, que significa tentación, y Meribá, que significa querella, porque el pueblo había tentado a Yahvé y se había querellado con Moisés.
La serpiente de bronce
Antes de llegar, todavía tuvieron que dar un rodeo y el pueblo, que estaba impaciente, murmuró otra vez contra Yahvé. Dios mandó serpientes venenosas que mordían a la gente y se morían muchos de ellos. Entonces se arrepintieron y de nuevo suplicaron a Moisés que intercediera ante Yahvé y les librara de las serpientes.
Yahvé encargó a Moisés que fabricara una serpiente de bronce y que la alzara en un poste a la vista de todo el campamento; todo aquel que la miraba cuando era mordido por una serpiente, quedaba curado.
Hay mucha similitud entre aquella serpiente de bronce, que salvaba a quien la miraba, y el sacrificio redentor de Jesús para toda la humanidad, cuando fue clavado en la cruz y levantado a la vista de todos.
Él mismo anunció su muerte sobre la cruz recordando el episodio de la serpiente de bronce de Moisés.
¡En fin!, Muchas más cosas sucedieron durante este tiempo de peregrinación por el desierto; Moisés siempre estuvo intercediendo por su pueblo ante Yahvé a pesar de las muchas infidelidades. Hablaba con Dios cara a cara como se habla con un amigo y siempre les conseguía el perdón del Señor.
La llegada a Canaán
Dios concedió a Moisés poder contemplar la tierra prometida desde lo alto de un monte cercano: el monte Nebo. Pero Moisés y Aarón murieron sin poder pisar la ubérrima tierra de Canaán a la que se llegaba tras cruzar el río Jordán, que por aquella estación del año venía muy caudaloso. Tomó el relevo Josué, el ministro de más confianza de Moisés, y cuando ya iban a cruzarlo, comenzando a pasar el Arca de La Alianza, se detuvieron las aguas río arriba y pudieron atravesarlo todos a pié como en el Mar Rojo. El Arca se mantuvo en medio del río mientras terminaban de pasar. Otra muestra más de la portentosa mano de Yahvé.
¡Y llegaron a la ansiada meta: Canaán, la tierra prometida! Atrás quedaban cuarenta años de dura prueba por el desierto. Pero el camino dentro de este rico país tampoco sería sencillo para el pueblo de Israel; lo iremos conociendo en los próximos episodios.
Como el pueblo de Israel caminó durante cuarenta años por el desierto hacia la tierra prometida, La Iglesia entera camina, peregrina en este mundo, hacia la patria del cielo, y también cada uno de nosotros en medio de las dificultades, hacia nuestra meta celestial; siempre consolados por la certeza de que Dios vela por nosotros como un padre amoroso lo hace por cada uno de sus hijos.
La Santa Iglesia nos explica que en muchos acontecimientos del Antiguo Testamento están anunciados, o prefigurados, otros que sucedieron cuando Jesucristo dio cumplimiento a toda La Ley con su venida al mundo. Así, por ejemplo, en esta historia, el paso del Mar Rojo es figura o anuncio del Bautismo; el “maná” lo es de La Eucaristía; la serpiente de bronce, de la Cruz de Jesús; la piedra de la que brotaba agua en el desierto es figura de Jesucristo que nos alimenta con su gracia; el Tabernáculo representa el Santuario del cielo; la sangre de los animales de la antigua alianza es figura de la sangre de Cristo y de su Nueva y definitiva Alianza con los hombres.
Vocabulario
Caudaloso: Con mucha agua
Cerviz: Parte posterior del cuello
Instar: Urgir la pronta ejecución de una cosa
Prefigurar: Representar con anticipación
Querella: Queja, acusación
Ubérrimo: Muy abundante y fértil
Para la catequesis
- ¿Sabes en qué consiste la idolatría? ¿Tenemos ídolos en el mundo actual?, ¿se te ocurre alguno?
- El Arca de la Alianza desapareció hace muchos siglos ¿Qué transportaba en su interior? ¿Crees que es necesario que aparezca en nuestros días? ¿Por qué?; si apareciera ¿crees que brotarían de su interior poderes extraños?
- Sin duda sabrás cuántos son los mandamientos de la Ley de Dios. Recuérdalos todos en voz alta.
por Eduardo Arquer | 30 Ene, 2011 | Postcomunión Historias de la Biblia
Después de ocho plagas, el faraón de Egipto seguía sin ceder. Yahvé envió otra más: Una gran oscuridad sobre Egipto que duró tres días, de modo que no se movía nadie por miedo a tropezar, menos en la tierra de Gosén, donde los israelitas veían brillar el sol igual que siempre.
La Pascua de Yahvé
Y como a pesar de todo, el faraón no hacía caso a Moisés, Yahvé anunció su última y más terrible plaga con la certeza de que tras ella, no solo dejarían salir a su pueblo, sino que hasta los mismos egipcios los forzarían a irse:
Dijo Yahvé a Moisés y a Aarón: “Este mes será para vosotros el comienzo del año. Que cada casa tome una res joven y sin defecto, cordero o cabrito. El día catorce del mes lo sacrificarán por la noche y lo comerán, y
con su sangre pintarán los postes y los dinteles de las casas donde se coma. Deberá asarse a fuego y comerla acompañada de panes ácimos y lechugas silvestres. Si algo sobra, se quemará. Habréis de comerlo de pié, preparados para salir, con los vestidos ceñidos, los pies calzados y el báculo en la mano. Comed de prisa porque en la noche pasaré por Egipto y mataré a todos los primogénitos de su pueblo. Cuando el Ángel Exterminador pase por Egipto no entrará en las casas que estén marcadas con la sangre del animal sacrificado.
Guardaréis este rito perpetuamente para vosotros y para vuestros hijos, será el rito de La Pascua de Yahvé. Recordaréis que pasó de largo por las casas de los israelitas cuando castigó a Egipto.
Y en medio de las tinieblas mató Yahvé a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde el primogénito del faraón hasta el menos importante.
Aquella noche resonó un gran clamor en todo Egipto pues no había casa en donde no hubiera algún muerto. El faraón, abatido por la pena, llamó a Moisés y a Aarón y les dijo: “Salid de nuestra tierra como habéis pedido, llevaos vuestras cosas, marchaos y dejadme”
Todos los egipcios tenían miedo a morir también y apremiaban al pueblo de Israel para que saliera.
Los hijos de Israel partieron aquella misma noche de las tierras de Egipto conducidos por Moisés hacia la tierra prometida; su número era de seiscientos mil, sin contar los niños y otros muchos que se les habían unido. Habían vivido en Egipto cuatrocientos treinta años cuando la poderosa mano de Dios los liberó de aquella dura esclavitud.
Llevaban los huesos de José, según la voluntad que expresó al morir. Yahvé marchaba delante de su pueblo anunciando su presencia en forma de columna de nube durante el día y de columna de fuego por las noches, para señalarles el camino tanto de día como de noche.
El Faraón persigue a los israelitas. El paso del Mar Rojo
Cuando el faraón y sus cortesanos se vieron privados de los servicios que recibían de Israel, decidieron salir en su busca para obligarlos a regresar. El ejército egipcio se organizó con rapidez y divisó a los israelitas acampados cerca del Mar Rojo; estos, al verlos se asustaron muchísimo y llenos de temor clamaron a Yahvé, pero Moisés les tranquilizó: “No temáis, estaos tranquilos que Yahvé combatirá por vosotros”.
Y dijo Dios a Moisés: “Diles que se pongan en marcha; levanta tu cayado y extiéndelo sobre el mar y divídelo para que el pueblo lo atraviese por en medio, en seco”.
La nube, que iba delante, se colocó detrás, entre Israel y el ejército egipcio, porque caía la noche; de ese modo hacía de barrera entre ambos pueblos para que no pudieran tocarse.
Cuando Moisés tendió su mano sobre el mar, Yahvé hizo soplar durante toda la noche un viento fortísimo que lo dejó seco y dividió las aguas. El pueblo de Israel pudo entrar a pié en medio del mar, y éste formaba para ellos una muralla a derecha e izquierda sin tocarlos.
Los egipcios iniciaron su persecución y entraron en el mar, los carros, con los caballos y los soldados, seguros de que allí mismo los atraparían, pero cuando se dieron cuenta del grave error que habían cometido ya no pudieron dar marcha atrás: las ruedas se hundían en la arena, los caballos y los carros se enredaban unos con otros, no conseguían avanzar, todos los esfuerzos resultaban inútiles. Entonces, una vez que hubieron pasado los israelitas, dijo Yahvé a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar” Y hecho esto, los egipcios sintieron el gran estruendo de las aguas que, impetuosamente, volvían a su estado ordinario cubriendo los carros, los soldados y los caballeros, y haciendo que todo el ejército egipcio pereciera ahogado. Al ver este prodigio, Israel creyó en Yahvé y en Moisés, su siervo.
Yahvé conduce a Israel por el desierto
Tras el paso por el Mar Rojo, el Señor condujo a su pueblo por el desierto durante cuarenta años antes de llegar a la tierra prometida (Canaán). Durante este tiempo tan largo, Dios quiere darse a conocer mediante muchas señales y prodigios milagrosos, todos a favor de Israel, y les muestra la predilección que siente por ellos. Pero también es tiempo de prueba, ya que en estos cuarenta años les suceden muchas vicisitudes, a veces difíciles de entender para ellos, que poco a poco van aquilatando su fe en Yahvé, el único y verdadero Dios.
Salieron del Mar Rojo y estuvieron tres días avanzando hacia el desierto sin encontrar agua hasta que vieron unos pozos que, al probarlos, contenían aguas amargas; Dios indicó a Moisés que arrojase un madero a las aguas las cuales se volvieron dulces y buenas para beber.
Moisés instaló, algo apartada del campamento, una tienda: “La tienda de la reunión” para que quien quisiese consultar algo al Señor lo hiciera desde allí. Cuando el que entraba era Moisés, el pueblo le seguía con la mirada, luego la nube de Yahvé bajaba y se detenía ante la puerta; entonces todo el pueblo se inclinaba y adoraba a Dios
Yahvé alimenta a su pueblo
Más adelante se les fue acabando la comida y un día apareció sobre el campamento una fina capa como de escarcha caída del cielo. Moisés les dijo: “Este es el pan que os da Yahvé para alimento”
Los hijos de Israel recogieron esta capa a la que llamaron “el maná “ y prepararon el pan con ella. Nadie podía guardar para el día siguiente porque se estropeaba; solamente el día sexto de la semana guardaban para la fiesta y entonces no se estropeaba. El maná era como unas pequeñas semillas blancas que cuando se molían y tostaban sabían como las tortas de harina de trigo con miel, y sirvió de alimento constante al pueblo de Israel durante todo el tiempo que duró su peregrinación por el desierto, es decir, cuarenta años.
Acuérdate de que muchos siglos más tarde, Jesús declararía a sus discípulos que Él es el verdadero pan bajado del cielo que se queda en la Eucaristía. Y les recordaría: “Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron…Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que come de este Pan vivirá para siempre y el pan que yo le daré es mi carne para la vida del mundo”
Muchos discípulos no lo entendieron en aquel momento.
Como había escasez de carne, Moisés les anunció de parte de Yahvé que vendría el alimento llovido del cielo; y una tarde, aparecieron bandadas de codornices que cayeron sobre el campamento y así pudieron saciar sus deseos de comer carne.
Batalla contra Amalec
En otra ocasión, vino una tribu llamada Amalec (o amalecitas) para atacar a Israel y robarle las cosas que habían traído de Egipto. Moisés organizó la defensa y encargó a Josué, un ministro de mucha confianza, que eligiera hombres y formara un ejército para luchar contra Amalec, y le dijo: “Yo estaré en la cima de la colina con el cayado de Dios en la mano”. Durante el combate, mientras Moisés tenía las manos levantadas hacia el cielo rogando a Dios, ganaban los israelitas; pero si se cansaba y bajaba los brazos, entonces ganaba Amalec. Como la batalla duraba mucho tiempo, tuvieron que sentar a Moisés sobre una piedra y sujetarle los brazos entre dos para que no los bajara. Israel consiguió de este modo una gran victoria.
Fíjate cómo durante La Santa Misa, el sacerdote levanta los brazos cuando se dirige a Dios en diversos momentos para suplicarle con mayor afán, igual que hizo Moisés.
El acontecimiento más importante: la Alianza del Sinaí
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Tres meses después de la salida de Egipto, llegaron a los pies del Monte Sinaí. Yahvé llamó a Moisés desde el monte y le dijo: “Dile a mi pueblo de mi parte: Si oís mi voz y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para Mí un reino de sacerdotes, una nación santa”
Era costumbre que el hijo primogénito se consagrase a Dios como sacerdote. Yahvé considera a todo Israel como el pueblo primogénito entre los demás.
Todos contestaron: “¡Haremos lo que nos diga el Señor!”.
A los tres días, el pueblo, convocado por Yahvé, estaba a los pies del monte. Una densa nube se situó en la cima, de la cual surgían grandes truenos y relámpagos y se oyó un muy fuerte sonido de trompetas. Moisés hablaba con Dios a la vista del pueblo y Éste respondía con el trueno lo cual les atemorizaba mucho y se mantenían a distancia. Moisés subió y allí escuchó del Señor los mandamientos y preceptos que quería que cumpliera el pueblo de Israel.
Moisés bajó del monte y les explicó lo que había oído del Señor; de nuevo el pueblo contestó: “Todo cuanto ha dicho Yahvé lo cumpliremos y obedeceremos”. Entonces Moisés construyó un altar con doce piedras, una por cada tribu, y ofreció un sacrificio solemne: Tomó sangre del animal sacrificado, que simboliza la fuente de la vida, y la aspergió primero sobre el altar, que representa a Dios, y luego sobre el pueblo diciendo: “Esta es la sangre de la alianza que hace con vosotros Yahvé sobre todos estos preceptos.”
A esta unión especial de Yahvé con su pueblo, por medio de la sangre, a los pies del monte se la conoce como La Alianza del Sinaí, en la que Dios acepta el sacrificio ofrecido por Moisés en nombre de todo Israel y se compromete a conducir hacia Canaán al pueblo elegido. Yahvé renueva así el pacto eterno que hizo con Abraham, y después con Isaac y con Jacob para ellos y para toda su descendencia. Siglos más tarde, Jesús renovaría para siempre la última y definitiva alianza de Dios con toda la humanidad por medio de la sangre de su propio sacrificio en la cruz, con estas palabras pronunciadas ante sus discípulos en la Última Cena: “Éste es el cáliz de Mi sangre, sangre de la Alianza Nueva y Eterna que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración Mía”.
Dios explica a Moisés cómo quiere que se le dé culto
Nuevamente subió Moisés al monte y recibió de Dios instrucciones para construir el Arca de La Alianza, que era un arca pequeña que podían transportar entre cuatro personas porque llevaba dos barras de madera a lo largo; estaba cubierta toda de oro por dentro y por fuera, y portaba encima, en los extremos, dos querubines de oro puro que se miraban el uno al otro y que con sus alas cubrían el arca.
Dentro se guardarían las tablas de piedra con los mandamientos, que el mismo Dios entregaría a Moisés, y allí el Señor hablaría con Moisés.
Además del Arca, Yahvé le mandó fabricar:
- Una mesa de madera cubierta de oro, para las ofrendas: El altar de las ofrendas.
- Un candelabro de oro puro con siete lámparas.
- Una tienda o Tabernáculo hecho con primorosas telas, cortinas y tapices, para colocar en su interior el Arca de La Alianza, que, a su vez, debería estar reservada detrás de un rico velo de tela.
- Un altar de madera cubierta de oro para perfumar con incienso la habitación donde estuviera el arca: El altar de los perfumes.
- Y fuera de la habitación, al aire libre, otro altar de madera y bronce para los sacrificios de los animales: El altar de los sacrificios.

Todo ello rodeado por un atrio de columnas y cortinas de 46 metros de largo por 22 de ancho.
Yahvé también indicó cómo deberían ser las vestiduras de los sacerdotes, con valiosos tejidos, piedras preciosas y bordados.
Que, por cierto, se parecen a las que usan hoy día los sacerdotes al celebrar La Santa Misa, y es un signo de la fidelidad que mantiene La Iglesia para seguir los deseos de Dios desde antiguo.
Por último, Yahvé ordenó que se descansara un día en la semana, el sábado, recordando que la creación del mundo la realizó en seis días, y el séptimo descansó.
Nosotros descansamos el domingo, día en que Jesús, con su resurrección, trajo la alegría de la salvación a toda la humanidad.
Vocabulario
Ácimo: Sin levadura
Aquilatar: Apreciar debidamente
Asperger: Rociar
Atrio: Espacio descubierto
Dintel: Parte superior de una puerta o ventana que carga sobre las jambas.
Jamba: Cualquiera de las dos piezas que, puestas verticalmente en los lados de las puertas o ventanas, sostienen su dintel.
Primogénito: El primero que nace.
Querubín: Una clase de ángel.
Res: Cabeza de ganado.
Rito: Conjunto de reglas establecidas para el culto.
Vicisitud: Suceso. Orden sucesivo o alternativo de cosas diferentes.
Para la catequesis
- ¿Cómo hacía notar Yahvé su presencia entre el pueblo mientras marchaban por el desierto? ¿Está presente hoy Dios entre nosotros?, ¿dónde?
- ¿Por qué levanta las manos el sacerdote en algunos momentos de la celebración de La Santa Misa? Pregúntaselo.
- El mismo Yahvé dio instrucciones para confeccionar las vestiduras sagradas. ¿Sabes cómo se llama cada prenda de las vestiduras sagradas que usa el sacerdote en La Santa Misa? ¿Sabías que cada una tiene un significado? Pregúntale al sacerdote
- ¿Cuál es el sacrificio que sella la Nueva y definitiva Alianza de Dios con los hombres?
por Eduardo Arquer | 31 Dic, 2010 | Postcomunión Historias de la Biblia
Gracias a la bondad de José, los hijos de Israel marcharon a Egipto con sus familias huyendo del hambre que asolaba la tierra de Canaán. Allí se multiplicaron durante cuatrocientos años, viniendo a ser tantos que comenzaron a preocupar seriamente a un faraón (un rey) que ya no se acordaba de la prosperidad que José había conseguido para Egipto.
“Tenemos que obrar astutamente con este pueblo antes de que siga creciendo y no seamos capaces de dominarlo”, decía. Y comenzó a oprimir a los israelitas mandándoles penosos trabajos, y ordenando matar a los niños varones que nacieran de ellos.
Moisés, salvado de las aguas
Pero una mujer descendiente de Leví recuerda que era un hijo de Jacob o Israel tuvo un niño muy hermoso y lo escondió durante tres meses a salvo de los egipcios. Un día tomó una cestita de papiro, le untó betún para que no le entrara el agua y puso dentro al niño dejándolo en el río entre las plantas de la orilla. La hermana del bebé se quedaba vigilando a escasa distancia para ver qué sucedía.
La hija del faraón bajó a bañarse en el río y, de pronto, vio la cestita entre las plantas y mandó a una de sus doncellas que la trajera. Al abrirla, vio al niño que lloraba, y compadecida de él se dijo: “es un hebreo” los israelitas también se llamaban hebreos. La hermana del niño, que estaba muy atenta, y era muy lista, se acercó y dijo a la hija del faraón: “¿Quieres que busque entre las mujeres hebreas alguna para que lo críe?” “Anda y ve” le respondió. La joven corrió a llamar a su madre y, cuando esta se presentó, la hija del faraón le dijo: “Toma a este niño, críamelo y yo te pagaré”
La madre del niño se lo llevó contentísima y lo crió hasta que fue grandecito, luego lo entregó confiadamente a la hija del faraón, quien lo adoptó como si fuera un hijo suyo y le puso de nombre Moisés que significa ‘salvado de las aguas’.
Cuando ya era adulto, Moisés salía a ver a sus hermanos pues no ignoraba que era hebreo. Un día vio que un egipcio maltrataba a uno de ellos; se enfadó tanto que mató al egipcio y lo sepultó en la arena.
Enterado el faraón, buscaba a Moisés para hacerle pagar por ello pero este huyó de Egipto y se refugió en un lejano país llamado Madián, en Arabia.
Allí llegó a un pozo de agua y se sentó a descansar. Vinieron al pozo siete mujeres, hijas del sacerdote de aquel lugar, para sacar agua y abrevar a sus rebaños; pero se acercaron unos pastores y las echaban de allí. Viendo lo que ocurría Moisés salió en defensa de las jóvenes, luego sacó agua y les dio para que bebiera el ganado.
Las chicas contaron a su padre lo sucedido y este, que se llamaba Jetró, mandó que le buscaran para invitarle a comer con ellos y agradecerle su valeroso gesto.
Se hicieron muy amigos y Jetró dio a Moisés a su hija Séfora por esposa.
Pasó el tiempo y murió el faraón de Egipto pero, con el nuevo, los hijos de Israel seguían siendo maltratados y clamaban a su Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y Dios escuchó las súplicas de su pueblo y decidió actuar.
La zarza ardiente. Dios se da a conocer. Misión de Moisés
Estaba un día Moisés apacentando el ganado de su suegro cerca del monte Horeb, también conocido como monte Sinaí, cuando vio que una zarza estaba ardiendo sin cesar pero no se consumía. Se acercó para mirar pero El Señor, que estaba en medio de la zarza le dijo: “¡Moisés! ¡Moisés!” Él respondió: “Aquí estoy”. El Señor le dijo: “No te acerques, quítate las sandalias porque el lugar que pisas es tierra santa” Y añadió: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob; he visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he bajado para liberarlo de las manos de los egipcios y para conducirlos a una tierra fértil y espaciosa, una tierra que mana leche y miel. Quiero enviarte al faraón para que saques a los hijos de Israel de Egipto”
Moisés dijo: “Pero si me preguntan los hijos de Israel cuál es el nombre del que me envía a ellos ¿qué responderé?” Y Dios dijo a Moisés: “YO SOY EL QUE SOY” Así responderás a mi pueblo: “YO SOY, me manda a vosotros” Y añadió: “Ve y habla con los ancianos del pueblo, ellos te escucharán, y luego id juntos a pedir al faraón que os deje salir de su país. Yo sé que no querrá dejaros pero castigaré a Egipto con grandes prodigios hasta que os deje”
A partir de este momento, el pueblo de Israel llamaría a Dios Yahvé, que significa “El que Es” Este nombre es revelado aquí en la zarza ardiente por el mismo Dios a Moisés: “YHWH”, que si te das cuenta es impronunciable porque no hay nombre capaz de definir todo lo que Dios es, pero al intentar leerlo se parece al sonido de “Yahvé”
Moisés respondió: “El faraón no va a creerme cuando le diga que vengo de parte de Yahvé” Entonces dijo Dios a Moisés: “Tira tu cayado al suelo” Y al instante se convirtió en una serpiente, luego le dijo que la cogiera por la cola y de nuevo era un palo de madera. Después le dijo que metiera su mano dentro del pecho, y cuando la sacó estaba cubierta de lepra y blanca como la nieve, luego volvió a meterla y la sacó normal, como antes.
Moisés puso todavía otro reparo: “Pero si yo soy torpe de palabra y se me traba la lengua al hablar” Dios le respondió: “Te saldrá al encuentro tu hermano Aarón; él, que es de fácil palabra, hablará al pueblo por ti. Yo estaré en tu boca y en la suya, y os mostraré todo lo que habéis de hacer. Llévate tu cayado porque con él harás los prodigios que te he mostrado”.
Ya habían muerto los que buscaban a Moisés en Egipto, así que, regresó a su país natal acompañado de su mujer y de su hijo. Por el camino le salió al paso su hermano Aarón que, escuchando una voz del Señor, fue a su encuentro. Moisés le informó de todo lo que Yahvé le había manifestado al encomendarle tan importante misión y Aarón se ofreció para acompañarle en todas las circunstancias.
Llegados a Egipto, Moisés y Aarón reunieron a los ancianos de Israel; hablaba Aarón, que tenía más facilidad de palabra, de todo lo sucedido a Moisés con el Señor. Luego, Moisés hizo delante de los ancianos y del pueblo los prodigios que Yahvé le había enseñado, y el pueblo entero creyó y adoraron a Dios con alegría y esperanza.
Moisés y Aarón fueron a entrevistarse con el faraón proponiéndole: “Permite que nuestro pueblo celebre una fiesta en honor de Yahvé en el desierto” Pero el faraón respondió: “¿Quién es Yahvé para que yo le tenga que obedecer? No conozco a ese Yahvé y no dejaré ir al pueblo de Israel”.
El faraón endurece las penas
El faraón se enfadó y dio orden de no facilitar, como hasta entonces, al pueblo la paja para fabricar los ladrillos, pues este era el duro trabajo al que estaban sometidos, sino que fueran ellos mismos a recogerla. “¡Pero exigidles la misma cantidad de ladrillos que antes sin quitar ni uno!”, dijo.
El pueblo de Israel tenía que apresurarse por todo Egipto en busca de paja, mientras que los capataces les gritaban: “¡Venga!, ¡Acabad vuestra tarea de cada día!”
Y si protestaban, les respondían: “¡Es que holgazaneáis, queréis perder el tiempo con sacrificios a vuestro Dios!”
Moisés suplicó a Dios ante esta injusticia y Yahvé le contestó: “Yo os libertaré de los trabajos forzados de los egipcios y os introduciré en la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob ” Luego dijo: “Ve a hablar al faraón, rey de Egipto, para que os deje salir fuera de su tierra; él no os hará caso, pero yo os sacaré haciendo grandes señales y prodigios, y los egipcios sabrán que yo soy Yahvé, cuando vean lo que va a suceder”
Moisés y Aarón se presentaron de nuevo ante el faraón. Alentado por Moisés, Aarón dejó caer su cayado que se convirtió en serpiente delante del faraón y de sus cortesanos. Sin embargo el faraón hizo llamar a sus sabios y encantadores, los cuales consiguieron hacer un prodigio similar: echaron sus báculos al suelo y se convirtieron en serpientes; pero el báculo de Aarón devoró a todos los de ellos. A pesar de eso, el faraón se negó a dejar salir de Egipto al pueblo de Israel.
Dios castiga a Egipto con plagas
Yahvé hablo de nuevo a Moisés: “Mañana, cuando el faraón salga a bañarse al río, tú le estarás esperando; le dirás que por no haberme escuchado voy a convertir las aguas del río en sangre cuando las toque tu cayado” Moisés hizo como le había mandado Dios y dio su cayado a Aarón para que tocase con él el río delante del faraón. Al momento se convirtió todo el río en sangre, y también se convirtieron en sangre las aguas de los canales, estanques y depósitos.
Pero los magos de Egipto hicieron cosas parecidas que lograron convencer al faraón y tampoco les escuchó esta vez.
Pasaron siete días y Yahvé dijo a Moisés: “Ve al faraón y dile de mi parte: si no dejas salir a mi pueblo voy a castigar con ranas a toda tu tierra” Pero tampoco quiso hacer caso, así que subieron enormes cantidades de ranas desde el río y se metieron en todas las casas y estaban por todos lados. Los magos del faraón decían que ellos habían hecho lo mismo.
El faraón, que estaba harto de tener ranas por todos sitios dijo a Moisés y a Aarón que si alejaban las ranas les dejaría marchar, pero cuando Dios las alejó, encontró un respiro y de nuevo dijo que no.
Luego Yahvé les mandó otra plaga que consistió en gran cantidad de mosquitos por todo Egipto, pero el faraón tampoco escuchó a Moisés.
Entonces Yahvé envió otra plaga de una gran cantidad de tábanos que son unas moscas grandes. El faraón pidió a Moisés que rogara a su Dios para que se alejasen los tábanos, pero cuando se vio libre de ellos, tampoco hizo caso.
Volvió Moisés ante el faraón de parte de Dios y como no consentía en que salieran, le anunció una nueva plaga: Los ganados de los egipcios enfermarían y morirían, pero los de los israelitas no. Así sucedió, y aún así, el faraón endureció su corazón y no consintió la salida.
De nuevo dijo Yahvé a Moisés y a Aarón: “Tomad un puñado de cenizas del horno y que la tire Moisés hacia el cielo delante del faraón para que se convierta en un polvo fino que llenará a los egipcios de pupas y bultos en la piel. Así lo hicieron y sucedió tal como Yahvé había dispuesto. Los magos, que siempre estaban presentes para hacer algo similar, pretendiendo igualar a Yahvé, enfermaron también y ya no pudieron continuar más en presencia de Moisés.
El Señor anunció una nueva plaga en forma de granizo muy fuerte y grueso que cayó sobre Egipto como nunca antes se había visto. Destrozó los campos de cultivo e hirió a hombres y animales, pero en la tierra de Gosén, donde estaban los israelitas no cayó el granizo.
Como el faraón seguía sin ceder ante Moisés y Aarón, Yahvé envió por el aire una gran cantidad de langostas que se comieron lo que había quedado sin destruir por el granizo y royeron todos los árboles. El faraón pedía a Moisés que las alejara, y cuando Yahvé hizo soplar un viento muy fuerte que las arrojó al mar, engañó de nuevo a Moisés y no los dejó salir.
Vocabulario
Abrevar: Dar de beber al ganado.
Aflicción: Sufrimiento, pena.
Báculo: Bastón, palo para ayudarse a caminar.
Cayado: Igual que báculo, bastón doblado por arriba.
Holgazán: Vago, que no está dispuesto a trabajar.
Papiro: Planta con la que hacían papel los egipcios.
Primogénito: Hijo primero.
Para la catequesis
- “YO SOY EL QUE SOY” ¿Qué quiso decir Yahvé al definirse así? Pregúntalo al sacerdote.
- ¿Qué trabajo estaban obligados a hacer los israelitas en Egipto?
- ¿Cuántas plagas lleva enviadas Yahvé a los egipcios hasta ahora?