¿Cómo dar catequesis?: Indicaciones básicas para los catequistas

¿Cómo dar catequesis?: Indicaciones básicas para los catequistas

La catequesis es un pilar maestro para la educación de la fe, y hacen falta buenos catequistas. Gracias por este servicio a la Iglesia y en la Iglesia. Aunque a veces pueda ser difícil, se trabaje mucho, con mucho empeño, y no se vean los resultados deseados, educar en la fe es hermoso. Es, quizás, la mejor herencia que podemos dejar: la fe. Educar en la fe, para hacerla crecer. Ayudar a niños, muchachos, jóvenes y adultos a conocer y amar cada vez más al Señor, es una de las más bellas aventuras educativas: se construye la Iglesia. «Ser» catequistas. No trabajar como catequistas: eso no vale. Uno trabaja como catequista porque le gusta la enseñanza… Pero si tú no eres catequista, ¡no vale! No serás fecundo, no serás fecunda. Catequista es una vocación: “ser catequista”, ésta es la vocación, no trabajar como catequista. ¡Cuidado!, no he dicho «hacer» de catequista, sino «serlo», porque incluye la vida. Se guía al encuentro con Jesús con las palabras y con la vida, con el testimonio. Recuerden lo que nos dijo Benedicto XVI: “La Iglesia no crece por proselitismo. Crece por atracción”. Y lo que atrae es el testimonio. Ser catequista significa dar testimonio de la fe; ser coherente en la propia vida. Y esto no es fácil. ¡No es fácil! Ayudamos, guiamos al encuentro con Jesús con las palabras y con la vida, con el testimonio. Me gusta recordar lo que San Francisco de Asís decía a sus frailes: “Predicad siempre el Evangelio y, si fuese necesario, también con las palabras”. Las palabras vienen… pero antes el testimonio: que la gente vea en vuestra vida el Evangelio, que pueda leer el Evangelio. Y «ser» catequistas requiere amor, amor cada vez más intenso a Cristo, amor a su pueblo santo. Y este amor no se compra en las tiendas, no se compra tampoco aquí en Roma. ¡Este amor viene de Cristo! ¡Es un regalo de Cristo! ¡Es un regalo de Cristo! Y si viene de Cristo, sale de Cristo y nosotros tenemos que caminar desde Cristo, desde este amor que Él nos da.

SS Francisco: Discurso a los participantes en el
Congreso Internacional sobre la Catequesis,
27 de septiembre de 2013. 

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En este artículo os presentamos unas cuantas consideraciones para los catequistas, especialmente para aquellos que comienzan su trabajo con niños.

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Índice

Ayudas para un catequista que empieza

1. Para conocer mejor a los niños

2. Descubrir la vida de los niños

3. La catequesis hoy

4. El ambiente

5. Las preguntas

La fe, para crecer, necesita razonarse y dialogar.

6. Diversos medios de expresión

7. Orar en catequesis

8. La reunión de catequesis no se improvisa…

9. Conocer los libros que los niños utilizan

10. Las reuniones de padres

12. Material didáctico

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Ayudas para un catequista que empieza 

1. Para conocer mejor a los niños

Para «dar catequesis» hay que conocer, naturalmente, el evangelio y lo esencial de la fe cristiana. Pero también hay que conocer a los niños. A veces uno se deja llevar por un cierto pesimismo acerca de los niños que se puede entrever en las opiniones que otras personas nos dan cuando les decimos que vamos a ser catequistas, «los niños de hoy en día…»

Otras veces ponemos al niño una «etiqueta»: «A David la catequesis le importa un comino», o «Beatriz es una niña deliciosa», o Héctor siempre tiene ocurrencias»… Su agresividad, su tranquilidad, su simpatía o sus travesuras no lo dicen todo de un niño, Para conocer a un niño hay que quererlo.

Entonces, ¿qué hay que hacer? 

Ser condescendiente y tener de cada niño una idea previa positiva. Saber el nombre de cada uno. Recordar sus intereses. Escuchar lo que dicen esforzándose por comprenderlos, Saber comunicarle confianza en el mismo. Que estén seguros de nuestro cariño, aunque a veces tengamos que enfadarnos.

Procurar no dejarse impresionar por los resultados. Un niño que dibuja muy bien, otro que sabe expresarse, aquel que sube rezar con sentimiento, o aquel otro que siempre hace preguntas inteligentes…. Pero, ¿los demás qué? Todos son importantes, sin distinciones de unos y otros.

Intentar comprender en vez de juzgar. «A David no le interesa nada». Se trata de una constatación, nada más. Para poder ayudar a David lo que hay que hacer es buscar por qué manifiesta esa indiferencia: ¿Se encuentra solo, aislado o incómodo en el grupo? ¿Comprende lo que se habla en el grupo? Cuando se le dice que haga tal actividad, o tal trabajo, ¿es precisamente ése el medio como mejor se comunica y expresa David? ¿Viene a catequesis a la fuerza? ¿Tiene problemas en la familia? Muchas veces lo mejor es preguntar a sus padres qué opinan: «No acabo de saber si David realmente se siente bien en el grupo, o conmigo… ¿Qué os parece a vosotros?»…

Conocer algunos datos de psicología.

De ese modo no esperaremos del niño precisamente lo que todavía no puede ofrecer. Hay muchos libros de catequesis que ofrecen esos mínimos datos de psicología evolutiva. No es necesario todo un tratado. Pero si unos mínimos conocimientos de lo que cada niño es en cada edad.

Cuestionario 

¿Puedes contestar estos datos de cada uno de los niños de tu grupo?

  • Nombre y apellidos. Dirección y teléfono.
  • ¿Conoces su casa? ¿Su colegio? ¿Su clase?
  • ¿Conoces su situación familiar? (Viven los padres, están separados, etc.).
  • ¿Vive con sus padres o con algún familiar?
  • ¿Tiene hermanos y hermanas? ¿Qué lugar ocupa entre ellos?
  • ¿Cuál es su juego, su deporte favorito?
  • ¿Es espontáneo en el grupo? ¿Hace preguntas?
  • ¿Cómo se expresa mejor: de palabra, con un dibujo, o de alguna otra manera?
  • ¿Viene normalmente a la catequesis? ¿Viene a gusto?

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2. Descubrir la vida de los niños

En un grupo de catequesis se juntan niños cuyas experiencias de vida son muy distintas. No es tan sencillo conocer a unos niños cuyo ambiente social es totalmente diferente del que vivo yo; si vivo en el centro, y doy catequesis en un barrio, por ejemplo. ¿Qué dirían si vinieran a mi casa, que posiblemente es el doble de grande que la suya, con ascensor con memoria, portero electrónico, etc.?

Un niño, por ejemplo, oye comentar a su padre problemas que tiene en el almacén, o en la oficina, con sus jefes, con sus empleados… Y los problemas de los encargos,… Y piensa lo duro que es eso de ser jefe del almacén. Pero cuando viene al grupo, otro niño habla de la huelga que mantienen unos agricultores o empleados y lo pone como ejemplo de solidaridad y de cristianismo. Al oír estas cosas, se siente aislado.

Cuando uno empieza a ser catequista es muy importante conocer el barrio o el pueblo en función de los niños que viven en él. Podes hacerte todas estas preguntas:

  • ¿Cuántos colegios hay en el barrio, o en el pueblo?
  • ¿Cuántas horas pasa cada niño en su colegio? ¿Y en el transporte escolar? ¿Hacen gimnasia en el colegio? ¿Hacen algún deporte? ¿Tienen un coro? ¿Se organizan salidas, excursiones…?
  • ¿Tienen deberes para casa?
  • ¿Dónde tienen los niños un sitio para moverse libremente, para jugar?
  • ¿O tienen que jugar en la calle misma? ¿O no les queda más remedio que pasarse la tarde viendo la tele? O…
  • ¿Qué diversiones hay en el barrio para los niños? ¿Cuánto cuestan?
  • ¿Hay alguien que organice algo en el barrio, en el pueblo, para los niños? ¿Quién? ¿Algún centro social, un club juvenil, un grupo privado o asociación, un movimiento infantil, o la misma escuela? ¿Cuántos niños de mi grupo participan?
  • ¿Hay movimientos cristianos infantiles?
  • ¿Cuándo se reúnen? ¿Dónde? ¿Con quién? ¿Ven a ellos los niños de mi grupo?

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3. La catequesis hoy

Escuchar, trabajar, hacer, orar 

Ser catequista es hacer que un grupo de niños lleguen a descubrir a Jesucristo y animar sus actividades. Es dar testimonio en ese grupo de la fe de la iglesia y no únicamente expresar sus opiniones personales. Es inducir al niño en el conocimiento vivo de Jesús en vez de enseñarle únicamente fórmulas doctrinales.

Los niños, en la catequesis, están activos: escuchan al catequista y a los demás niños, leen y estudian de una manera adecuada a su edad los relatos del evangelio, dan sus propias opiniones, miran unos dibujos y cuentan lo que les sugieren, dibujan, recortan, pegan… cantan, oran con su corazón y con su cuerpo…

También el catequista está activo en la catequesis… Cuenta un episodio de la Biblia o del evangelio, explica muy claramente todos los detalles de la actividad que van a hacer, anima una discusión de grupo, procurando que se escriben unos a otros; les hace cantar, dirige la oración, etc. etc.

En una reunión de catequesis el modo de estar activo no es siempre el mismo: las actividades son muy variadas. Normalmente los libros que se utilizan en la catequesis explican con claridad todos los pasos a dar en las diversa actividades.

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4. El ambiente 

Cuando hay ruido, distracción… es difícil que llegue a darse la experiencia que buscamos en la catequesis. El ambiente de la catequesis es algo esencial si queremos lograr algo más que pasar el rato sin avanzar realmente en la experiencia humana y cristiana que buscamos.

Algunas reglas

  • Si queremos ganar tiempo debemos llegar 10 minutos antes. 
  • Si la sala está desordenada, todo predispone al follón. 
  • Cuando un niño no es bien acogido, él tampoco sabrá «acoger» lo que se le quiere ofrecer en la catequesis. 
  • Si hablamos muy alto en la catequesis, los niños hablarán alto y harán ruido. 
  • Si un niño no tiene nada que hacer, tiene derecho a estar de charla con el vecino, no enterarse de nada y molestar al resto. 
  • Es mejor subrayar lo bueno, los éxitos, etc., que pasarse la catequesis reprochando fallos, errores y fracasos. 
  • Si amenazamos pero no hacemos, si prometemos pero no cumplimos, ése es el mejor método para perder toda la autoridad moral que necesitamos. 
  • Enfadarse y dar gritos es un solemne error. 
  • Si lo que decimos es vago y abstracto, la atención que pongan los niños será también vaga y abstracta. 
  • Cuando un catequista se siente feliz y a sus anchas con los niños, la catequesis es realmente una gozada para todos. Algunas reflexiones 

Un buen catequista está constantemente atento a lo que pasa en el grupo. De esta manera se dará cuenta de que, por ejemplo, hay un niño que es tímido y que, sin embargo, quisiera decir algo, pero no se atreve a decirlo porque siempre son los mismos los que hablan y lo dicen todo. Se dará cuenta, por ejemplo, de que hay dos niños, en un rincón, que no hacen otra cosa que darse patadas por debajo de la mesa porque la explicación está siendo demasiado larga y uno se ha enrollado.

Si estamos constantemente pendientes del libro para ver lo que hay que hacer y lo que hay que decir, difícilmente estaremos atentos a lo que dicen y hacen los niños.

Cuando, por fin, conseguimos una actividad interesante para los niños, el ambiente cambia, los niños están felices, y se logra avanzar en el a grupo.

Un castigo es, siempre, en cierto modo, un fracaso del educador. A veces, sin embargo, es un mal menor. Es preferible cambiar a un niño de sitio que pasarse todo el tiempo distraído y distrayendo a los demás. Es mejor confiscar una pelota, un muñeco, un cromo… que verlo pasar todo el rato de mano en mano… Si el catequista sabe contener sus nervios y sin excesiva represión ordinariamente puede lograr un mínimo de paz en el grupo.

A veces hay niños difíciles y que no hacen más que molestar y distraer a los demás. Se impone generalmente en estos casos armarse de toda la paciencia del mundo para lograr convivir lo mejor posible. Pero si un niño impide por completo todo trabajo en el grupo, es preferible sugerirle que cambie de grupo o que otro catequista lo tome aparte y trabaje con él solo. Muchas veces estos niños son más bien muy nerviosos, o, en el fondo, tienen problemas familiares: en esos casos el castigo nunca sirve para nada.

La actitud del catequista debe variar según las diversas edades: con los más pequeños, una sonrisa atenta da seguridad. Con los medianos se pueden dejar establecidas desde el comienzo unas mínimas reglas para el grupo: escuchar al que está hablando sin interrumpirle, que estemos con calma y seriedad cuando rezamos… si hacemos esto, se puede hacer de vez en cuando una evaluación de cómo van las cosas y si se cumplen las normas establecidas.

Algunas «recetas»

  • No mandes más de una cosa cada vez. Si dices, por ejemplo: «Bueno, ahora recoge bien todos los papeles, pinturas y lo demás, y juego estaremos un momentito en silencio», lo único que lograrás es un lío que puede durar toda la eternidad.
  • Espera a que todos estén atentos antes de comenzar a explicar las cosas. Si no, tendrás que volverlo a repetir una, dos, tres o cuatro veces más.
  • Habla despacito y con claridad. Si hablas precipitadamente no vas a provocar más que «meneo» y no os van a entender.
  • Entre los medianos, si tienes un grupo de niños muy habladores y espontáneos, hazle escribir de vez en cuando la respuesta, cada uno, y que luego la vayan leyendo uno a uno.
  • El modo de colocarse en la catequesis tiene su importancia. Hay que buscar una colocación que favorezca la atención y la participación de los chicos impidiendo al mismo tiempo la distracción y la indisciplina.

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5. Las preguntas

Hacemos preguntas a los niños

Evitar: 

Hacer varias preguntas a la vez.

Hacer muy a menudo preguntas que sólo se contestan con un sí o con un no.

Acosar a los niños con preguntas cuya respuesta está claro que ignoran. Por ejemplo, algo así como: Había una persona que tenía muchas ganas de conocer a Jesús. —¿Sabes quién? Un niño dice: —¡Pedro!, otro: —¡Zaqueo!; otro: ¡María! Y el catequista: —No, no. la respuesta es Juan Bautista»… ¡Pero si los niños no lo conocen todavía…!

Quieres arrancar la respuesta que necesitamos. Los niños van dando respuestas —inexactas— para lo que nosotros pretendemos de antemano. Al final… les tenemos que decir: —La respuesta correcta era… (y nos quedamos tan satisfechos…)

Intentar: 

Que las preguntas sean concretas: «¿Qué le dijo Jesús a Jairo?»

Hacer preguntas que puedan tener diversas respuestas, pues eso provoca diálogos interesantes entre los niños. Por ejemplo: —¿Qué podrían pensar de Jesús los vendedores del templo cuando los echó de allí…?

Hacer preguntas que ayuden a dar contestaciones muy concretas: un niño, por ejemplo, dice: —Jesús anunciaba la Buena Noticia—. Se le puede preguntar: —¿Y cuál es esa Buena Noticia?

Que las preguntas hagan referencia a la experiencia de los niños: —Imaginamos a una persona que es muy acogedora: —¿Cómo actúa?.

Los niños nos preguntan a nosotros 

Hay preguntas cuya respuesta no se puede evitar: la muerte, la creación, la presencia de Dios. Pueden discutirse en casa, o en la reunión de catequistas, para estar preparados cuando nos las hagan.

A veces las respuestas tienen que ser breves y meramente informativas. Por ejemplo: —Sí, Jesús era judío… o —Sí, realmente existió.

Antes de ponernos nerviosos, cuando un niño nos pregunta hay que asegurarse de haber entendido bien la pregunta. Por ejemplo, un niño pregunta: —¿Y Jesús se equivocó alguna vez?.

Si hace este tipo de preguntas es porque ya tiene alto en la cabeza. Hay que ayudar al niño a expresarse.

Cuando un niño nos pregunta quiere saber lo que pensamos nosotros y lo que hay que pensar. Por ejemplo:

—¿Jesús resucitó de verdad?

— Yo así lo creo porque lo dijeron los apóstoles. Para mí y para los cristianos, Jesús está verdaderamente vivo.

A veces podemos consultar a los demás catequistas: «El otro día Javi me preguntó si los niños no bautizados son hijos de Dios. ¿Qué le dirías tú?»

Otras veces lo que podemos hacer es ayudar al niño a que él mismo encuentre la respuesta, ayudándole a recordar cosas que ya conoce, o diciéndole que lea un texto que ya conoce, etc.

Cuando uno, de pronto, se queda sin saber qué contestar, lo mejor es decirle al niño: «Voy a pensarlo en casa estos días y la semana que viene volvemos a hablar de esto, ¿te parece?». Pero lo importante es hacerlo de verdad la semana siguiente…

Una catequesis donde hay intercambio de preguntas y respuestas, de interrogantes mutuos, etc., evidencia un tono, un ambiente de interés y libertad.

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La fe, para crecer, necesita razonarse y dialogar.


6. Diversos medios de expresión

Aprender a expresarse… 

En las reuniones de catequistas se proponen a veces actividades que requieren una cierta técnica concreta. Un catequista, al principio, no sabe hacerlo todo. Por eso, puede empezar haciendo cosas sencillas… y, poco a poco, irse formando a medida que la catequesis avanza.

Normalmente el libro de catequesis propone una serie de actividades para cada reunión o sesión de catequesis. Hay que elegir, de todas ellas, aquella que sea posible su realización, o la que nos parece más adaptada. Todo eso depende del tiempo que tengamos para la reunión, del espacio, de los gustos de los niños, de sus posibilidades reales…

Hoy en día, los niños no son demasiado capaces de escuchar un discurso muy largo… Pero sí son capaces de expresar la fe con gestos, con dibujos, con canciones…

… de muchas maneras 

El gesto puede ayudar al grupo a revivir o a interiorizar un relato. Puede servir para acompañar una oración. El catequista, por ejemplo, subraya, en un relato del Evangelio, las principales actitudes de los personajes (recogimiento, conversión, escucha, necesidad…). Y piensa cómo pueden expresarse esas actitudes con gestos sobrios. Se lo propone al grupo. El grupo mismo, al cabo de dos o tres veces, llegará ser capaz él mismo de pensar la manera de expresar con el cuerpo el Padrenuestro o un Salmo, etc.: levantar las manos, abrir los brazos, etc.

La canción crea un clima alegre y meditativo. Une a todos en una misma oración, pacifica. Podemos utilizar para ello casetes, cedés, vídeos de Internet, karaokes… No es necesario, pues, ser buen cantante para ser catequista. Se escucha la canción una vez y luego se canta al mismo tiempo que la casete, etc.

El mural: Se pueden reunir en él los dibujos de todos los niños en torno, por ejemplo, a una frase. Pueden colocarse en él las ideas de todos los subgrupos para hacer luego una puesta en común, o un debate sobre algo… El conjunto del mural se piensa entre todos y luego ya la realización se deja a la libre iniciativa de los niños. Antes de darlo por acabado los niños deben fijarse si han expresado bien lo que querían. Un mural debe poderse leer a 2 pies de distancia como mínimo.

El dibujo es, tal vez, la técnica que más se usa en catequesis. Pero no basta él solo. Hay niños a los que no les gusta dibujar y hay que buscar algo diferente para ellos. Lo principal del dibujo no es la habilidad con que está realizado, sino su significado: ¡todo dibujo tiene derecho a provocar una inmensa simpatía!

Realizar bien las actividades

Antes de empezar hay que tener preparado todo el material: revistas, pegamento, dibujos, cedés, radio… Con los más pequeños no es recomendable que sean ellos los que busquen las fotos en las revistas.

Hay que exponer con claridad y de un modo entusiásticamente lo que se va a hacer para que los niños se sientan motivados a hacerlo. Explicarlo una primera vez y constatar que se ha entendido bien todo. Volverlo a explicar de otra manera si es necesario. Si a los niños no se les ocurre nada, se les pueden poner ejemplos para echar a andar su imaginación… Es importante decirles qué se ya a hacer después con lo que hayan hecho: enseñárselo a sus papás, presentarlo en la eucaristía, etc.

Dialogar durante toda la actividad el catequista debe estar atento para escuchar a los niños. Pasa a su lado para facilitar el diálogo, sobre todo con los que les cuesta expresarse en el grupo. Ayudarles a profundizar las ideas que se les ocurren: Conchita da gracias a Dios por haber tenido un sobresaliente.

—¿Quién te ha puesto ese sobresaliente?

Conchita contesta: —La señorita.

El catequista: —Entonces, ¿por qué darle gracias sólo a Dios? 

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7. Orar en catequesis

Todo el sentido de la catequesis es ayudar a los niños a ponerse en comunicación viva con Dios. Todo lo que se dice y hace en la catequesis tiene su importancia de cara a la educación para la oración.

Escucharse 

Para ponerse en relación con Dios, a quien no se le ve, hay que ponerse en relación con los hermanos a quien vemos y tenemos a nuestro lado.

Descubrir el valor del silencio 

Aprender a hacer silencio, no para ser bueno sino para poder estar atento a lo que nos rodea, para pensar en alguien querido, para acordarse de algo bonito. Es el aprendizaje del silencio interior, silencio activo en donde puede brotar y nacer la oración.

Ver a alguien orando 

Algunos niños no han visto nunca a alguien orando, ni siquiera han orado ellos antes de que vinieran a la catequesis. Hay que darles tiempo para irse introduciendo en la oración y no —hacer— la oración corno si fuese algo evidente al venir a catequesis. Al comienzo, el catequista mismo es quien ora, mientras los niños le escuchan. Poco a poco va invitando a los niños que quieran a participar en su oración repitiendo palabras sencillas.

Alimentar la oración con la vida 

La vida del grupo puede expresarse en la oración:

«Señor, tú nos conoces y nos quieres a cada uno de nosotros. Te pedimos por Oscar, que no ha podido venir… y por Nuria, porque su papá no tiene trabajo».

Aprender a orar la oración del Señor

Una oración tan importante como el Padrenuestro no pueden decirla los niños sin una cierta preparación. Es normal que hayan ya oído a otras personas rezar el Padrenuestro en misa, en una celebración, etc. Por eso el Padrenuestro es un poco para ellos la oración de los cristianos. Por eso ahora puede hacérsele sitio a esta oración en la catequesis, Y poco a poco se puede ir explicando su sentido.

Un mural adquiere todo su sentido cuando los niños y el catequista se ponen juntos a mirarlo. Puede leerse despacito la frase que hay escrita en el medio. Luego, cada uno, la lee para sus adentros en silencio. Se puede cantar una canción, o leer un texto del Evangelio sobre el que se ha tenido la catequesis. Los que quieran pueden decir en voz alta una oración personal.

Mirar juntos algo bonito en lo que se ha puesto el alma para llegarlo a hacer, escuchar un mensaje cuyo contenido ya se entiende… eso son caminos posibles para la contemplación de Dios.

Cuando se hace bien un gesto bonito, todo el cuerpo se impregna con las palabras de la oración y las hace suyas. Los niños se sienten inmediatamente a gusto haciendo una oración con gestos, muy sencillos y bonitos.

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8. La reunión de catequesis no se improvisa… 

La reunión de catequesis es algo serio y hay que prepararla. El catequista debe pensar bien que es lo que pretende: que los niños descubran un aspecto del misterio de Cristo, o de la vida cristiana, etc. Quiere que la reunión no sea inútil, que realmente sirva para algo, Y quiere hacer determinadas cosas, bien hechas: una reflexión, buscar y leer algunos textos del Evangelio, oración, un mural, una escenificación… Pero para conseguir lo que se pretende hay que tener previsto el camino y las etapas de ese camino.

Preparación en grupo 

Realmente el ideal, que hay que conseguir como sea, es que los catequistas de la parroquia, del grupo, etc., se reúnan periódicamente para preparar juntos la catequesis siguiente. De este modo todos pueden beneficiara de la experiencia, de las cualidades, de la creatividad, etc. de los demás.

Preparación personal

De todos modos, cada catequista debe preparar personalmente su reunión con los niños. Aquí les hacemos algunas sugerencias:

Días antes de la reunión: 

Estudiar detenidamente cómo ya a desarrollarse la reunión. Concretar el plan de la reunión, cómo enlazar los diversos momentos…

Pensar los medios que vamos a utilizar: un cuento, un texto con preguntas, una canción, un mural, una escenificación. Seleccionar lo que nos parezca mejor pedagógicamente.

Si se trata de un texto del Evangelio, leer y meditarlo personalmente.

Apuntar las cosas que se necesitan: papel, revista, casete… Buscar un tiempo en la semana para tenerlo preparado.

Pensar cómo vamos a presentar a los niños las diferentes actividades para que comprendan claramente lo que hay que hacer.

Inmediatamente antes de la reunión:

Hacer lo imposible para llegar un rato antes de que lleguen los niños. Ordenar la sala antes de que vengan. Un pequeño toque de sensibilidad tiene su importancia: flores, una planta…

Dos o tres minutos antes de que los niños lleguen, hacer una pausa para que, cuando aparezcan, uno esté ya por completo a su disposición.

Cuando la reunión está bien preparada el catequista no tiene problemas para afrontar lo imprevisible si es que ocurre.

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9. Conocer los libros que los niños utilizan 

Hay una gran variedad de materiales de catequesis: manuales, fichas, libros, cuadernos de actividades…

El catequista tiene que conocer lo mejor posible los libros y materiales que los niños utilizan, sean los de la misma catequesis, lo mismo que los de la escuela.

Un lenguaje adaptado

¿Cómo hablar a los niños, con un lenguaje asequible a ellos, de Dios creador, de los milagros de Jesús, de la Eucaristía, de cómo vivir hoy el Evangelio, etc.? A veces es realmente difícil pero en muchos libros de catequesis, en los materiales tan variados, etc., podemos encontrar modos, ejemplos y palabras que a nosotros no se nos ocurrirían a primera vista.

Una verdadera mina de recursos Esos libros nos ofrecen oraciones, dibujos, textos de la Biblia, al alcance de los niños. Y, si son los libros que ellos mismo utilizan —de ahí la importancia de saber elegir— podemos hacer referencia a ellos. Por ejemplo, si a un niño se te ocurre preguntar de repente: «¿Y qué es un fariseo?», al catequista le sería muy útil conocer de tal manera el libro que el niño tiene a su alcance para poderle indicar la página donde puede encontrar la respuesta adecuada.

Un instrumento de diálogo con los papás 

Cuando los padres dicen: «Mi hijo no tiene ni idea de lo que es la misa», es el momento de estar preparado para poderle decir: «mire usted la página 60 y 61 de su libro y podrá comentarlas con él». Otros se lamentan: «Mi hijo todavía no se sabe el Padre Nuestro…». Se le puede indicar al padre que, de vez en cuando, lo lea juntamente con su hijo en la página…

Tened en cuenta ¿Qué tipo de libro tiene el niño? ¿Es un libro de lectura seguida? Entonces puede utilizarse libremente según el interés del grupo, de las fiestas que hay que preparar… Y tened en cuenta también que es un libro para leerlo, para hacer que lo lean: no contentarse con contarles a los niños lo que el libro dice.

¿Se trata de un manual organizado sistemáticamente según un programa para todo el año? En ese caso, lo esencial es el modo como se van enlazando los capítulos.

¿Se trata de una serie de folletos que se les van dando a los niños? También en este caso es importante captar la continuidad que hay entre ellos. Con frecuencia estos folletos proponen trabajos o actividades. Hay que tener muy claro entonces lo que se le pide al niño y ayudarle a que tenga todo lo necesario para realizar esos trabajos, en el grupo o en su casa.

Recordar el título del libro 

Puede parecer una perogrullada pero ocurre muchas veces que los catequistas se pasan meses incluso sin fijarse en el título del libro que se utiliza en la catequesis. Y, sin embargo, el libro tiene un título: no es simplemente «el libro amarillo» o «el libro azul»…

Estudiar detenidamente los índices

Guiarse de la lista de títulos y subtítulos del índice para hojear el conjunto de, libro. Conocer bien los índices para poder encontrar rápidamente lo que buscarnos.

Dar tanta importancia a las imágenes como a los textos Las imágenes suelen decir algo distinto de lo que dice el texto. Hay que intentar comprender lo que quieren decir, por qué los autores han colocado en tal página esa foto o ese dibujo. Los mismos niños nos pueden ayudar a comprender este tipo de cosas.

Perder un tiempo al comienzo de curso para estudiar el libro que utilizan los niños es ganar tiempo durante el curso de catequesis.

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10. Las reuniones de padres 

El límite entre padres y catequistas no es terminante. Con frecuencia el catequista es un padre (¡una madre…!), Los padres que no son catequistas pueden participar en la formación cristiana de su hijo y también interesarse en la vida del grupo de catequesis.

Es difícil, pero es importante 

Los papás de un niño están tan cerca de él que están prácticamente allí con él, en la catequesis. Los niños repiten sus frases, reflejan muchas de sus actitudes. Esos padres, en realidad, forman parte del grupo. No es fácil reunirles a todos. Unas veces porque trabajan los dos, otras porque viven lejos, o están a turnos y no coinciden unos y otros… Otras veces no hay conocimiento suficiente entre padres y catequistas como para ahondar sinceramente en algunos temas. Está claro que no es tan sencillo contactar realmente con los padres.

Sin embargo, cuando se da ese conocimiento, se entienden de forma distinta muchas de las cosas que pensábamos. Empezamos a saber matizar ciertos juicios que fácilmente hacemos todos: «Esos padres mandan al niño a la catequesis y ya se despreocupan de todo… ¿Cómo van a ir a misa los niños si los primeros que no van son sus padres?» Las situaciones familiares se clarifican conociendo la historia de cada familia, sus dificultades. Se puede llegar a entender más desde dentro la indiferencia religiosa de algunos. Esa indiferencia puede darse al mismo tiempo que una gran entrega a los hijos o una disponibilidad total con los vecinos…

Construir la Iglesia  

Si habláramos con los padres, les vamos a encontrar frecuentemente inquietos ante los nuevos métodos de catequesis. Otros, de lo que se admiran es de que el niño mismo sea quien quiere ir a la catequesis con sus compañeros. Hay mucho de qué hablar, muchas cosas que ayudar a descubrir. Todos esos pequeños contactos, poco a poco, van tejiendo la Iglesia.

Es cierto que las reuniones con los padres, o cuando nos encontramos y hablamos con ellos, no siempre son gratificantes. Muchas veces hablarnos y hablamos y nos parece que estamos siempre donde habíamos empezado. Pero este es precisamente el mundo al que vino Jesús a buscar y no un grupo selecto de personas. No nos debe sorprender que muchos digan que más importante que la catequesis de los niños es la de sus padres.

Si en algún momento llegamos a conseguir que los padres aprendan a escucharse unos a claridad lo que piensan y dejarse interpelar por los otros… entonces estaremos iniciando un nuevo camino junto.

Precisamente gracias a la catequesis de sus hijos, muchos padres empiezan a descubrir una Iglesia muy diferente de la que conocieron de niños o de jóvenes. A muchos, con ocasión de la catequesis de sus hijos, se les vuelve a despertar el deseo de orar, cosa que habían abandonado hace tiempo y que ahora redescubren al acompañar a sus hijos a la Eucaristía, por ejemplo. O comienzan a hacerse las preguntas que dejaron tanto tiempo sin contestar… Todo eso significaría que comentamos a caminar juntos al encuentro de Dios, y habríamos conseguido una gran cosa.

Contactos muy sencillos 

En la misma compra, a la salida del colegio, en la reunión de padres de alumnos, el encuentro con los padres se realiza de modo absolutamente natural, —de igual a igual—. Y eso es muy importante, aunque no se hable precisamente de la catequesis.

Las celebraciones, las misas de niños, son ocasiones excelentes para saludar a los padres y cambiar con ellos algunas palabras. Pero también se les puede llamar por teléfono o ir a su casa. En esos casos, es posible que hablemos más de sus problemas más urgentes que de la misma catequesis, pero el conocimiento que hemos hecho de esa familia nunca es tiempo perdido.

A lo mejor se nos ocurre que sería bueno que se conocieran los padres de los niños del mismo grupo. Se les puede invitar. Cuando el grupo es pequeño, se habla más sinceramente. Y no es indiferente el sitio donde nos reunamos: la casa de uno de ellos o una sala agradable de la parroquia. Eso, mejor que reunirnos en un aula llena de pupitres pequeños en los que no pueden apenas sentarse.

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11. La oración

Es triste que muchos católicos no sepan orar o simplemente no lo hacen, por lo que creemos que se debe dedicar tiempo a enseñar sobre la oración en cada clase el cual debe incluir breve tiempo para orar con los niños.

Usar ideas para manejar la oración como: tren para enseñar oración.

Este tren se dibuja en un pliego de cartulina y se usa para decorar el salón de clase, el tren tiene dos vagones, uno dice «de mí para Dios – Peticiones» y otro «de Dios para mí – Gracias». Se hace una abertura arriba de cada uno de los dos vagones y se pega por detrás una hoja o sobre para que quede en forma de bolsa, los niños anotarán sus peticiones en tarjetitas y se orará por todas las peticiones. Cuando Dios conteste la petición se pasará al vagón de gracias.

Cuaderno de temas de oración

El propósito de este cuaderno es ayudarnos a enseñar a los niños diferentes aspectos de la oración.
Se hace con un cuaderno de dibujo grande y en cada página ponemos un aspecto que los niños deberán aprender sobre la oración.

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12. Material didáctico

  • Caricatura: Todo el mundo se divierte mirando una caricatura graciosa. Muchos puntos quisquillosos se pueden introducir o ilustrar por medio de una caricatura sin que nadie se ofenda. En cambio, la verdad pintada exactamente como es podría herir o provocar rechazo total de ella. Podemos hojear revistas y periódicos para adquirir ideas. Demos seriedad a lo que puede hacer reír si sirve para introducir una verdad.
  • Cuadros: El uso de cuadros es muy importante en la enseñanza de los niños, sobre todo en los de pequeña edad. El maestro debe tener cuadros o ilustraciones de lo que el quiere enseñar. Los niños pequeños tienen mayor dificultad para aprender cosas abstractas (como amor, santidad, justicia) por lo que el maestro deberá tener recortes de periódicos y revistas que le sirvan para su enseñanza en clase. Existen muchos libros con cuadros para dar lecciones a los niños. Se introducen cuadros de ilustraciones en las páginas de la Biblia, cuando decimos «la Biblia dice que…» sacamos la ilustración de la Biblia para que el niño visualice que la lección procede de la Biblia (es más aconsejable hacerlo así que narrar con el expositor en la mano).
  • Elaboración de un archivero para nuestros cuadros: El archivero se puede hacer con una caja de cartón, o como los pequeños archiveros que venden de plástico u otro material. Las divisiones del archivero se pueden poner de acuerdo al tipo de cuadros que se archivan en él. Los cuadros se archivarán de acuerdo al orden que escojamos y puede ser: Por orden alfabético: Adán, Isaac, Jacob, Jesús, Josué, Mateo, Moisés, Pablo, etc. Por temas: Amor, Navidad, Pecado, Templo de Jerusalén, Vida de Cristo, etc. Las historias se pueden poner de acuerdo al orden en que aparecen en la Biblia.
  • Anaquel para cuadros: Se pone esta pequeña repisa para poner los cuadros como adorno en el cambiándolo en las diferentes clases o temas del mes.
  • Cuerda para cuadros: Se pone una cuerda estirada de lado a lado del salón, y se colocan los cuadros con pinzas para tender la ropa.
  • Dibujos: Los dibujos ilustran, dan variedad. El dibujo es parte de la misma fibra del pueblo latino. Se puede decorar un salón con dibujos de los alumnos. Se puede sacar provecho a los alumnos que son dibujantes.
Santa Leocadia, patrona de Toledo (España), con recursos audiovisuales

Santa Leocadia, patrona de Toledo (España), con recursos audiovisuales

El emperador Diocleciano comenzó su reinado con los mejores auspicios. Dotado de singulares dotes de gobierno, había de ser uno de los grandes soberanos del Bajo Imperio romano.

Un cuarto de siglo llevaban los cristianos gozando de relativa paz, y el recuerdo de las pasadas persecuciones se hacía cada vez más lejano. Dividido el territorio imperial en dos mitades administrativas, Diocleciano, que se asoció como césar a Galerio, se reservó el Oriente, mientras en la parte occidental ejercía d supremo mando Maximiano, con la colaboración de Constancio Cloro.

Sin que hoy se puedan precisar con exactitud las causas, Diocleciano, benévolo con los cristianos durante un decenio, cambió radicalmente de conducta influido por el césar Galerio, verdadero responsable de la enorme matanza que se siguió. En Oriente la sangre se derramó sin medida, y los tormentos de los mártires revistieron inaudita crueldad y satánicos refinamientos.

También en Occidente abundaron los martirios durante los primeros años del siglo IV. El poeta Prudencio, con estro pindárico, pudo escribir años después su libro De las coronas, el Peristephanon, con los relatos martiriales de quienes en aquella persecución pagaron con la vida su inquebrantable adhesión a Cristo.

Víctima de ella fue también la doncella toledana Leocadia. La blancura, representada por su nombre, de origen griego, coincidía con su corta edad de adolescente, casi de niña. Un templo parroquial de Toledo a ella dedicado, y en cuya demarcación se escriben estas páginas, se eleva sobre el lugar que se cree fue su casa paterna, mostrándose un subterráneo considerado como lugar de oración de la santa niña.

Los calendarios mozárabes atestiguan desde muy antiguo el culto de esta mártir, cuya prisión y muerte fue narrada en un relato compuesto en el siglo VII.

Según en él se nos dice, procedente de las Galias, penetró en España el gobernador imperial Daciano, llegado para cortar a sangre y fuego todo brote cristiano que pudiera haber nacido en un territorio saturado de paganismo.

Como lobo hambriento de sangre y cadáveres, inició un recorrido que había de extenderse desde Gerona hasta Mérida. Letanía de mártires para el cielo y de simiente cristiana en la tierra fue su itinerario por Gerona, Barcelona, Zaragoza, Alcalá, Toledo, Ávila y Mérida. El autor del relato escribe: «La tierra, empapada en sangre, gritaría, si la lengua callase, la magnitud de los escarnios, azotes, tormentos y derramamiento de sangre por él perpetrados. Testimonio cruento de su paso feroz los mártires Félix, Cucufate, Eulalia, los Innumerables de Zaragoza, los santos hermanos Justo y Pastor, los también hermanos Vicente, Sabina y Cristeta y la emeritense virgen Eulalia».

Desde Alcalá, Daciano se trasladó a Toledo. La noticia de su llegada hubo de poner estremecimientos de pánico en la reducida comunidad cristiana existente en la ciudad. Muy poco tardó en citar a su tribunal a la cándida joven Leocadia, sometiéndola a un interrogatorio, sostenido de la siguiente forma:

—Pero ¿ cómo ha sido posible que tú, nacida de tan noble familia, te hayas dejado obsesionar por un engaño tan burdo y sin sentido, y que, abandonando las prácticas de culto de nuestros dioses, te hayas adherido a ese Cristo desconocido?

Con inesperada entereza contestóle Leocadia:

—Tus recriminaciones no me apartarán de mi fe en Cristo, como tampoco la melosidad de tus palabras ni el apego a las comodidades de mi familia, con que intentas persuadirme, me van a arrancar de la servidumbre y promesa hecha a mi Señor Jesucristo, que, al redimimos con su preciosa sangre, nos concedió la máxima libertad.

Enrojecido por la ira, mandó Daciano a sus sayones que con fuertes amarras atasen a la intrépida doncella y la encerrasen en una oscura cárcel, mientras él se tomaba tiempo para excogitar las penas y tormentos a que había de someterla para quebrantar su férrea voluntad.

En la parte baja del lado oriental del famoso Alcázar toledano, que, asomado al Tajo, hubo de ser desde los tiempos celtibéricos hasta nuestros días fortaleza casi inexpugnable, existe hoy un. recinto ruinoso, desmantelado y cerrado con una verja de hierro. Desde el siglo XIII, renovado por Alfonso X se sitúa en este lugar el emplazamiento de la mazmorra de Santa Leocadia. Un autor del siglo pasado atestigua: «Todavía existía, y nosotros hemos tocado, una señal de cruz cavada en la piedra por la costumbre continua que la mártir tenía de imprimir con sus dedos este signo de nuestra redención». Sobre la cruz incisa en el muro, una inscripción recordaba que allí, cargada de cadenas, había sido encarcelada la Santa y que con sus manos había excavado la santa cruz.

Aherrojada en lóbrega mazmorra quedaba la cristiana doncella, mientras Daciano reemprende su viaje persecutorio. fijando sus sangrientas estancias en Évora, Ávila y Mérida. Las vidas de los mártires Vicente, Sabina, Cristeta y Eulalia enjoyan como rubíes la corona del Rey de la gloria.

Los tormentos y la crueldad desplegada con ellos, sobre todo con la virgen emeritense Eulalia, pronto fueron conocidos con espanto, y la noticia de ellos llegó hasta Toledo y penetró a través de los barrotes de la cárcel donde Leocadia se encontraba.

Fuera de santa envidia o fruto de sus oraciones, o a causa del acabamiento por el inhumano trato a que estaba sometida, en la misma cárcel, arrodillada, entregó su alma a Dios esta incruenta mártir toledana, a quien los textos litúrgicos hispanos califican de confesora y mártir. Su fallecimiento tuvo lugar el 9 de diciembre del 303 o del 304.

Enterrada en el cementerio local, en el pomerio occidental de la ciudad, junto al Tajo, en la vega, muy pronto surgió en torno a su tumba un culto martirial. incrementado años después al ser reconocida por Constantino la religión cristiana. Posiblemente en el mismo siglo IV se erigió sobre el sepulcro una basílica romana, que fue notablemente mejorada en el 618 por el rey Sisebuto, siendo consagrada el 29 de octubre. Durante el siglo VII el culto a la Santa vive su época de esplendor. Los grandes arzobispos de Toledo buscan la cercanía intercesora de los restos de Leocadia para fijar en la basílica su sepultura. Eladio, Eugenio, Ildefonso y Julián fueron en ella enterrados y allí también se celebraron tres de los renombrados concilios toledanos.

El recuerdo de Santa Leocadia está íntimamente relacionado con San Ildefonso, pues ambos bienaventurados fueron los protagonistas de un singular portento ocurrido en el interior del famoso templo.

Con inusitado esplendor se preparaba aquel año la festividad de la Santa, día 9 de diciembre. Clero, nobleza y pueblo se agolpan en el recinto de la basílica.

El poeta Valdivielso reconstruye la escena con abundancia de anacronismos:

…El Cabildo con capas de oro y plata,

perlas sembradas por la plata y oro,

de cuya majestad decir no puedo

más de que es Cabildo de Toledo.

Los sufragáneos del Arzobispado

con pontificio ornato acompañaban

al varón justo, al singular prelado,

a quien con todo corazón amaban…

Sale ostentando toda su potencia

el rey de la española monarquía,

mayor haciendo con su real presencia

el alborozo del solemne día…

Hace Toledo ostentación gallarda,

de consulares ropas adornados,

los padres de la Patria, en que se vían

que la sangre y las letras competían…

Ha tomado el rey asiento en su trono. Ildefonso se arrodilla a los pies del sepulcro de la Santa, totalmente recubierto por una losa enteriza. Entonaban los cantores estrofas e himnos de composición ildefonsiana. Súbitamente, por obra de manos invisibles, remuévese la piedra y aparece Leocadia, recortándose su casta silueta sobre el fondo prestado por su manto extendido. Obispos, clero, nobles y pueblo claman glorificando a Dios. A las voces de todos une la suya la virgen mártir para alabar a Ildefonso por los servicios prestados a la Madre de Dios.

Entretanto, el arzobispo, ajeno al panegírico que tan portentosamente se tejía en su honor, asióse del manto de Leocadia y, echando mano al estilete que colgaba de la cintura de Recesvinto, cortó un trozo de aquella vestidura, que pasa en seguida a enriquecer, como una reliquia más, el sagrado tesoro de Toledo.

Hasta mediados del siglo VIII descansaron los huesos de la Santa en la basílica toledana. Mas por estas fechas, al producirse la persecución de Abderramán I contra los cristianos y sus reliquias, los atemorizados mozárabes huyeron de la ciudad, llevando consigo como sagrado depósito las reliquias de Santa Leocadia y de los otros santos toledanos.

Trasladados a Oviedo los de la Santa, Alfonso el Casto erigió una basílica en su honor para que allí recibiera el culto de que se había visto privada en Toledo.

En Oviedo permanecieron los restos de Santa Leocadia probablemente hasta finales del siglo XI, en que, según tradición, un conde de Hainaut, llegado a España como romero de Santiago, colaboró con Alfonso VI en la obra de la Reconquista, y de él obtuvo como inapreciable regalo los cuerpos de Santa Leocadia y San Sulpicio, que guardaba la iglesia ovetense.

Ciertamente se sabe que en el siglo XII se encontraba el cuerpo de la Santa toledana en la abadía benedictina de Saint-Ghislain, sita al oeste de la actual Bélgica.

Con culto creciente cada día en toda la comarca, allí fue visitada por los archiduques Felipe el Hermoso y Juana la loca, . quienes obtuvieron para la catedral de Toledo una tibia de la Santa, venerada hoy en el mástil de un precioso relicario gótico que simula una nave y que posee la citada catedral.

Las guerras de religión e independencia de los Países Bajos tuvieron también sus tristes consecuencias en la abadía de Saint-Ghislain, invadida en alguna ocasión por los herejes, quienes, deslumbrados por el fulgor de las chapas de bronce que cubrían la arqueta de las reliquias de la Santa, y pensando que serían de oro, las arrancaron de ella, dejando al descubierto la caja de madera en que se guardaban.

Conocida es la preocupación de Felipe II por reunir en España el mayor número posible de reliquias santas. Las de Santa Leocadia eran muy notables y su recuerdo perduraba en la iglesia de Toledo con la esperanza de que a ella pudieran regresar aquellos restos, que eran la mejor gloria cristiana de la ciudad. El duque de Alba, toledano y gobernador de los Paises Bajos, hizo algunos intentos para conseguirlo, mas sus poderosas instancias resultaron fallidas ante la negativa de la comunidad, que de forma alguna quería desprenderse de tan rico tesoro.

Más hábil y afortunado fue el jesuíta padre Miguel Hernández; también nacido en la provincia toledana, quien, ejerciendo sus ministerios apostólicos en los Países Bajos, comenzó en 1583 a madurar la audaz empresa de conseguir, para su restitución a Toledo, el cuerpo de Santa Leocadia.

La tarea no fue fácil. Hubo que convencer a los monjes de la justicia de la petición y demostrarles que el amor y reverencia que sentían por aquellos restos se patentizaría más permitiendo que se trasladaran a lugar seguro que no dejándolos en aquel monasterio, rodeado de herejes en lucha, quienes, como ya había ocurrido, podrían adueñarse de él y reducir a cenizas los huesos que por permisión divina se habían v1sto protegidos contra tantos perseguidores.

Inesperadamente los monjes accedieron a la solicitud, no sin antes exigir documentos de Felipe II y del Romano Pontífice Gregorio XIII. En presencia de los prelados de Cambray y Tournai, el abad hizo entrega de los preciosos restos al padre Hernández, y dio comienzo una larga peregrinación, que había de prolongarse cuatro años. Dos dificultades se oponían al feliz éxito de la empresa. Era la primera la temida oposición de los flamencos, que no veían con agrado el verse privados de aquel santo cuerpo, que durante tantos años había sido objeto de su piadosa veneración. La otra, sin duda más grave, se debía al estado belicoso en que los Países Bajos se encontraban contra el dominio español y el catolicismo.

El itinerario más corto para llegar los restos a Toledo era el que atravesaba Francia, pero era el menos seguro y a la sazón debía de desecharse por ser sumamente expuesto a toda clase de riesgos. Eligióse, por tanto, el que a través de Alemania e Italia conduciría hasta un puerto seguro del Mediterráneo, donde con plenas garantías las reliquias pudieran ser embarcadas para su traslado a España.

Extremando cautelas, orillando los peligros, desorientando a los posibles raptores, el padre Hernández llegaba a Roma con su inestimable depósito el 13 de febrero de 1586. El 1 de agosto partía de Génova por mar, llegando a Barcelona el 12. Sin embargo, el desembarco del cuerpo de Santa Leocadia tuvo lugar en Valencia.

Desde Cuenca el traslado hasta Toledo fue apoteósico. El monarca, el cardenal don Gaspar de Quiroga y el Cabildo toledano no regatearon ni previsiones ni gastos. Como Felipe II quería asistir con su real familia a la entrega oficial del glorioso cuerpo, tan difícilmente logrado, a la catedral de Toledo, hubo de demorarse la fecha de tan solemne acto hasta finales de abril de 1587.

En la relación de actos que en la ciudad se tuvieron en tan memorable día, los cronistas se hacen lenguas. El Cabildo y el Ayuntamiento competían en la erección de arcos y tribunas. El recibimiento tributado a la santa mártir por sus paisanos y por la muchedumbre de personas, llegadas de todas partes, rebasaba todo cuanto pudiera decirse.

Luego de haberse depositado la arqueta con las santas reliquias en un templete erigido en la basílica de Santa Leocadia, en la Vega, el domingo 26 de abril se verificó la solemne traslación. . Al llegar ante la fachada principal del templo primado, Felipe II puso sobre sus hombros uno de los brazos de la litera en que el santo cuerpo era transportado, mientras el heredero, don Felipe, sostenía un cordón a ella cogido. Detrás iba, ennobleciendo el lucido cortejo, la hermana del monarca, doña María de Austria, y la hija, Isabel Clara Eugenia, que con sus veinte años demostraba cómo había sido eficaz para su nacimiento otro traslado glorioso, el de San Eugenio, verificado con la misma suntuosidad el año 1565.

En la catedral el monarca hizo la entrega oficial del cuerpo al arzobispo, y ton él se incrementó notablemente el relicario de la Iglesia toledana.

Desde 1593 las veneradas reliquias reposan en una riquísima arca de plata, blanca y dorada, diseñada por Nicolás Vergara y confeccionada por el platero Merino. Custodiada durante el año en la grandiosa lipsacoteca denominada El Ochavo, juntamente con las demás reliquias que la catedral atesora, el 9 de diciembre es puesta sobre una carroza, revestida de terciopelo carmesí y adornada con ramos de laurel, y es procesionalmente paseada por todo el ámbito de la catedral, mientras la schola catedralicia, acompañada por los capitulares y prebendados, canta el himno procesional de la Santa.

En los ocho días siguientes el arca de las reliquias permanece expuesta en el altar de la capilla del Sagrario para que ante ella desfilen los toledanos y soliciten su valiosa intercesión, pues no sin motivo Santa Leocadia es la Patrona principal de la ciudad.

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Otros recursos en la red

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Recursos audiovisuales

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Evangelio del día: Un Bautismo de «conversión»

Evangelio del día: Un Bautismo de «conversión»

Marcos 1, 1-8. (Segundo) II Domingo del Tiempo de Adviento. Cristo inició una humanidad nueva, que viene «de Dios», pero al mismo tiempo germina en nuestra tierra, en la medida en que se deja fecundar por el Espíritu del Señor. Por tanto, se trata de entrar plenamente en la lógica de la fe: creer en Dios, en su designio de salvación, y al mismo tiempo comprometerse en la construcción de su reino.

Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Como está escrito en el libro del profeta Isaías: «Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos», así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: «Detrás de mi vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro de Isaías, Is 40, 1-5.9-11

Salmo: Sal 85(84), 9-14

Segunda lectura: Epístola II Carta de San Pedro, 2 Pe 3, 8-14

Oración introductoria

Jesús, qué alegría y qué don tener este tiempo de oración para poder estar contigo a solas. Quiero descubrirte y conocerte de modo más profundo. Quiero esperar en Ti más firmemente. Quiero amarte más. Solo Tú puedes darme estos dones.

Petición

Jesús, dame la gracia para que puedas permanecer siempre en mí.

Meditación del Santo Padre emérito Benedicto XVI

Queridos hermanos y hermanas:

Desde hace una semana estamos viviendo el tiempo litúrgico de Adviento: tiempo de apertura al futuro de Dios, tiempo de preparación para la santa Navidad, cuando él, el Señor, que es la novedad absoluta, vino a habitar en medio de esta humanidad decaída para renovarla desde dentro. En la liturgia de Adviento resuena un mensaje lleno de esperanza, que invita a levantar la mirada al horizonte último, pero, al mismo tiempo, a reconocer en el presente los signos del Dios-con-nosotros.

En este segundo domingo de Adviento la Palabra de Dios asume el tono conmovedor del así llamado segundo Isaías, que a los israelitas, probados durante decenios de amargo exilio en Babilonia, les anunció finalmente la liberación: «Consolad, consolad a mi pueblo —dice el profeta en nombre de Dios—. Hablad al corazón de Jerusalén, decidle bien alto que ya ha cumplido su tribulación» (Is 40, 1-2). Esto es lo que quiere hacer el Señor en Adviento: hablar al corazón de su pueblo y, a través de él, a toda la humanidad, para anunciarle la salvación.

También hoy se eleva la voz de la Iglesia: «En el desierto preparadle un camino al Señor» (Is 40, 3). Para las poblaciones agotadas por la miseria y el hambre, para las multitudes de prófugos, para cuantos sufren graves y sistemáticas violaciones de sus derechos, la Iglesia se pone como centinela sobre el monte alto de la fe y anuncia: «Aquí está vuestro Dios. Mirad: Dios, el Señor, llega con fuerza» (Is 40, 11).

Este anuncio profético se realizó en Jesucristo. Él, con su predicación y después con su muerte y resurrección, cumplió las antiguas promesas, revelando una perspectiva más profunda y universal. Inauguró un éxodo ya no sólo terreno, histórico y como tal provisional, sino radical y definitivo: el paso del reino del mal al reino de Dios, del dominio del pecado y la muerte al del amor y la vida. Por tanto, la esperanza cristiana va más allá de la legítima esperanza de una liberación social y política, porque lo que Jesús inició es una humanidad nueva, que viene «de Dios», pero al mismo tiempo germina en nuestra tierra, en la medida en que se deja fecundar por el Espíritu del Señor. Por tanto, se trata de entrar plenamente en la lógica de la fe: creer en Dios, en su designio de salvación, y al mismo tiempo comprometerse en la construcción de su reino. En efecto, la justicia y la paz son un don de Dios, pero requieren hombres y mujeres que sean «tierra buena», dispuesta a acoger la buena semilla de su Palabra.

Primicia de esta nueva humanidad es Jesús, Hijo de Dios e hijo de María. Ella, la Virgen Madre, es el «camino» que Dios mismo se preparó para venir al mundo. Con toda su humildad, María camina a la cabeza del nuevo Israel en el éxodo de todo exilio, de toda opresión, de toda esclavitud moral y material, hacia «los nuevos cielos y la nueva tierra, en los que habita la justicia» (2 Pe 3, 13). A su intercesión materna encomendamos las esperanza de paz y de salvación de los hombres de nuestro tiempo.

Santo Padre emérito Benedicto XVI

Ángelus del II Domingo de Adviento, 7 de diciembre de 2008

Propósito

Hacer una visita al Santísimo para agradecer a Cristo su amor.

Diálogo con Cristo

Qué hermoso saber que tengo un Padre que me ama y está cerca de mí, que se interesa por mi bien, y que me ha dado en Jesucristo el modelo de vida al que debo aspirar. Además, con la gracia de su Espíritu Santo, puedo tener la sabiduría y la fortaleza para responder con prontitud a su llamado. ¿Qué más puedo pedir? ¿Hay acaso un regalo mayor? Por eso quiero vivir con este lema: Hacer siempre lo que Dios quiera y para ello me propongo ser fiel a mis compromisos de vida espiritual.

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Evangelio en Catholic.net

Evangelio en Evangelio del día

Todo sobre el «Año de la vida consagrada»

Todo sobre el «Año de la vida consagrada»

En este artículo os comunicamos los sitios donde podéis estar bien informados sobre todos los aspectos del «Año de la vida consagrada».

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[Queridos hermanos y hermanas:]

En este espíritu de reconocimiento y de comunión, desearía haceros tres invitaciones, a fin de que podáis entrar plenamente por la «puerta de la fe» que está siempre abierta para nosotros (cf. Carta ap. Porta fidei, 1)…

Os invito en primer lugar a alimentar una fe capaz de iluminar vuestra vocación. Os exhorto por esto a hacer memoria, como en una peregrinación interior, del «primer amor» con el que el Señor Jesucristo caldeó vuestro corazón, no por nostalgia, sino para alimentar esa llama. Y para esto es necesario estar con Él, en el silencio de la adoración; y así volver a despertar la voluntad y la alegría de compartir la vida, las elecciones, la obediencia de fe, la bienaventuranza de los pobres, la radicalidad del amor. A partir siempre de nuevo de este encuentro de amor, dejáis cada cosa para estar con Él y poneros como Él al servicio de Dios y de los hermanos (cf. Exhort. ap. Vita consecrata, 1).

En segundo lugar os invito a una fe que sepa reconocer la sabiduría de la debilidad. En las alegrías y en las aflicciones del tiempo presente, cuando la dureza y el peso de la cruz se hacen notar, no dudéis de que la kenosi de Cristo es ya victoria pascual. Precisamente en la limitación y en la debilidad humana estamos llamados a vivir la conformación a Cristo, en una tensión totalizadora que anticipa, en la medida posible en el tiempo, la perfección escatológica (ib., 16). En las sociedades de la eficiencia y del éxito, vuestra vida, caracterizada por la «minoridad» y la debilidad de los pequeños, por la empatía con quienes carecen de voz, se convierte en un evangélico signo de contradicción.

Finalmente os invito a renovar la fe que os hace ser peregrinos hacia el futuro. Por su naturaleza, la vida consagrada es peregrinación del espíritu, en busca de un Rostro, que a veces se manifiesta y a veces se vela: «Faciem tuam, Domine, requiram» (Sal 26, 8). Que éste sea el anhelo constante de vuestro corazón, el criterio fundamental que orienta vuestro camino, tanto en los pequeños pasos cotidianos como en las decisiones más importantes. No os unáis a los profetas de desventuras que proclaman el final o el sinsentido de la vida consagrada en la Iglesia de nuestros días; más bien revestíos de Jesucristo y portad las armas de la luz —como exhorta san Pablo (cf. Rm 13, 11-14)—, permaneciendo despiertos y vigilantes. San Cromacio de Aquileya escribía: «Que el Señor aleje de nosotros tal peligro para que jamás nos dejemos apesadumbrar por el sueño de la infidelidad; que nos conceda su gracia y su misericordia para que podamos velar siempre en la fidelidad a Él. En efecto, nuestra fidelidad puede velar en Cristo» (Sermón 32, 4).

Queridos hermanos y hermanas: la alegría de la vida consagrada pasa necesariamente por la participación en la Cruz de Cristo. Así fue para María Santísima. El suyo es el sufrimiento del corazón que se hace todo uno con el Corazón del Hijo de Dios, traspasado por amor. De aquella herida brota la luz de Dios, y también de los sufrimientos, de los sacrificios, del don de sí mismos que los consagrados viven por amor a Dios y a los demás se irradia la misma luz, que evangeliza a las gentes.

Santo Padre emérito Benedicto XVI

Homilía del sábado, 2 de febrero de 2013

Presentación del Señor con ocasión de la XVII Jornada de la Vida Consagrada

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Si quieres estar bien informado sobre el «Año de la vida consagrada»…

Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica

Año de la Vida Consagrada en Aciprensa

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Cuento de Adviento

Cuento de Adviento

El comienzo del Adviento me ha traído a la memoria, una vez más, este cuento bien conocido…

Martín era un humilde zapatero de un pequeño pueblo de montaña. Vivía solo. Hacía años que había enviudado y sus hijos habían marchado a la ciudad en busca de trabajo.

Martín, cada noche, antes de ir a dormir leía un trozo de los evangelios frente al fuego del hogar. Aquella noche se despertó sobresaltado. Había oído claramente una voz que le decía: «Martín, mañana Dios vendrá a verte». Se levantó, pero no había nadie en la casa, ni fuera, claro está, a esas horas de la fría noche…

Se levantó muy temprano y barrió y adecentó su taller de zapatería. Dios debía encontrarlo todo perfecto. Y se puso a trabajar delante de la ventana, para ver quién pasaba por la calle. Al cabo de un rato vio pasar un vagabundo vestido de harapos y descalzo. Compadecido, se levantó inmediatamente, lo hizo entrar en su casa para que se calentara un rato junto al fuego. Le dio una taza de leche caliente y le preparó un paquete con pan, queso y fruta, para el camino y le regaló unos zapatos.

Llevaba otro rato trabajando cuando vio pasar a una joven viuda con su pequeño, muertos de frío. También los hizo pasar. Como ya era mediodía, los sentó a la mesa y sacó el puchero de la sopa excelente que había preparado por si Dios se quería quedar a comer. Además fue a buscar un abrigo de su mujer y otro de unos de sus hijos y se los dio para que no pasaran más frío.

Pasó la tarde y Martín se entristeció, porque Dios no aparecía. Sonó la campana de la puerta y se giró alegre creyendo que era Dios. La puerta se abrió con algo de violencia y entró dando tumbos el borracho del pueblo.

—¡Sólo faltaba este! Mira, que si ahora llega Dios… –se dijo el zapatero.

—Tengo sed –exclamó el borracho.

Y Martín acomodándolo en la mesa le sacó una jarra de agua y puso delante de él un plato con los restos de la sopa del mediodía.

Cuando el borracho marchó ya era muy de noche. Y Martín estaba muy triste. Dios no había venido. Se sentó ante el fuego del hogar. Tomó los evangelios y aquel día los abrió al azar. Y leyó: «Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estaba desnudo y me vestistes…Cada vez que lo hiciste con uno de mis pequeños, a mí me lo hiciste…».

Se le iluminó el rostro al pobre zapatero. ¡Claro que Dios le había visitado! ¡No una vez, sino tres veces! Y Martín, aquella noche, se durmió pensando que era el hombre más feliz del mundo…

El Adviento es la esperanza de la venida de Dios que de muchas formas nos visita.

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Blog Iglesia y Nueva Evangelización de Ramiro Pellitero Iglesias

El mejor regalo de Navidad

El mejor regalo de Navidad

En 1994, dos americanos respondieron a una invitación del Departamento de Educación Rusa, para enseñar moral y ética (basado en principios bíblicos) en las escuelas públicas. Fueron invitados a enseñar en prisiones, negocios, departamentos de bombero y policía, y en un inmenso orfanato. Alrededor de 100 niños y niñas que habían sido abandonados, abusados, y dejados en cargo de un programa del gobierno, estaban en este orfanato. Ellos relatan esta historia en sus propias palabras.

Se acercaban los días de fiestas Navideñas, 1994, tiempo para que nuestros huérfanos escucharan por primera vez, la historia tradicional de Navidad. Les contamos como María y José llegaron a Belén. No encontraron albergue en la posada y la pareja se fue a un establo, donde nació el niño Jesús y fue puesto en un pesebre.

Durante el relato de la historia, los niños y los trabajadores del orfanato estaban asombrados mientras escuchaban. Algunos estaban sentados al borde de sus taburetes, tratando de captar cada palabra. Terminando la historia, le dimos a los niños tres pequeños pedazos de cartulina para que construyeran un pesebre. A cada niño le dimos un pedazo de papel cuadrado cortados de unas servilletas amarillas, que yo había traído conmigo pues no habían servilletas de colores en la cuidad.

Siguiendo las instrucciones, los niños rasgaron el papel y colocaron las tiras con mucho cuidado en el pesebre. Pequeños pedazos de cuadros de franela, cortados de un viejo camisón de dormir que había desechado una señora Americana al irse de Rusia, fue usado para la frazada del bebé. Un bebé tipo muñeca fue cortado de una felpa color canela que habíamos traído de los Estados Unidos.

Los huérfanos estaban ocupados montando sus pesebres, mientras yo caminaba entre ellos para ver si necesitaban ayuda. Parecía ir todo bien hasta que llegue a una de las mesas donde estaba sentado el pequeño Misha. Lucía tener alrededor de 6 años y ya había terminado su proyecto. Cuando miré en el pesebre de este pequeño, me sorprendió ver no uno, pero dos bebés en el pesebre. Enseguida llame al traductor para que le preguntara al chico porque habían dos bebés en el pesebre. Cruzando sus brazos y mirando a su pesebre ya terminado, empezó a repetir la historia muy seriamente.

Para ser un niño tan pequeño que solo había escuchado la historia de Navidad una vez, contó el relato con exactitud… hasta llegar a la parte donde María coloca el bebé en el pesebre. Entonces Misha empezó a agregar. Inventó su propio fin de la historia diciendo: «Y cuando María colocó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar donde ir. Yo le dije: «no tengo mamá y no tengo papá, así que no tengo donde quedarme». Entonces Jesús me dijo que me podía quedar con El. Pero le dije que no podía porque no tenía regalo para darle como habían hecho los demás. Pero tenía tantos deseos de quedarme con Jesús, que pensé que podría darle de regalo. Pensé que si lo pudiera mantenerle caliente, eso fuera un buen regalo. Le pregunté a Jesús: «¿Si te mantengo caliente, sería eso un buen regalo?». Y Jesús me dijo: «Si me mantienes caliente, ese sería el mejor regalo que me hayan dado». Así que me metí en el pesebre, y entonces Jesús me miró y me dijo que me podría quedar con El… para siempre».

Mientras el pequeño Misha termina su historia, sus ojos se desbordaban de lágrimas que les salpicaban por sus cachetes. Poniendo su mano sobre su cara bajo su cabeza hacia la mesa y sus hombros se estremecían mientras sollozaba y sollozaba.El pequeño huérfano había encontrado alguien quien nunca lo abandonaría o lo abusara, alguien quien se mantendría con el…PARA SIEMPRE. Gracias a Misha he aprendido que lo que cuenta, no es lo que uno tiene en su vida, si no, a quien uno tiene en su vida. No creo que lo ocurrido a Misha fuese imaginación. Creo que Jesús de veras le invitó a estar junto a El PARA SIEMPRE. Jesús hace esa invitación a todos, pero para escucharla hay que tener corazón de niño.

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Cuento anónimo, versión de Aciprensa

Adviento en Aciprensa

Un noviazgo que prepare para un feliz matrimonio

Un noviazgo que prepare para un feliz matrimonio

El noviazgo es una etapa maravillosa, llena de retos. Es una gran aventura, una travesía envuelta de ilusiones donde se aprende a querer y a ser querido. Aquí el corazón está inquieto, bulle como un volcán y qué mejor que aprovechar este momento tan especial y único para conocer al otro, para madurar los sentimientos, y crecer juntos.

Ahora bien, si reducimos este período en salir a bailar, a ir de en boliche en boliche, entre otras cosas, el día en que la pareja se cuestione la decisión de contraer matrimonio podrá sentir un gran vacío ya que cuando le llegue la hora de decir en el consentimiento matrimonial acepto por esposo/a a fulanito/a de tal en verdad no se tendrá ni el más mínimo conocimiento del otro en cuanto persona única e irrepetible, sino sólo un conocimiento volátil y superficial. En otras palabras, de lo dicho se deduce que podremos saber si me divierto con él o con ella, si me cae bien, si me gusta físicamente, pero casi no se podría decir nada más.

No resulta extraño, en este marco decir que es capital en el noviazgo la comunicación, y esto es algo, a lo cual no deberíamos restarle importancia. En primer lugar, hay que tener en cuenta que esta etapa es previa a un posible matrimonio y por tanto, no se debería descuidar la comunicación en lo que respecta a la propia intimidad, a los proyectos concernientes al matrimonio y familia, a los temas trascendentales de la vida, como indica Gerardo Castillo. Urge, así, hablar de los temas fundamentales de la vida, aquellos en los cuales tendrán que ponerse de acuerdo en la vida matrimonial. Es fundamental ir forjando un proyecto familiar, teniendo en cuenta que toda persona a lo largo del camino de la vida se fija metas a alcanzar, y éstas son las que le van guiando en su caminar así como lo es la rosa de los vientos para cualquier marinero. Por tanto, el proyecto familiar debe comenzar a formularse desde el noviazgo y luego, reformularse con el correr del tiempo. Es muy común observar en las parejas que dicho proyecto no se realiza explícitamente. Sin embargo, ello es muy útil hacerlo puesto que en muchas ocasiones se evitan contradicciones como puede ser el caso a la hora de ponerse de acuerdo en la forma de educar a los hijos.

Si dejamos volar nuestra imaginación, podemos ver al noviazgo como a un marinero en medio de altamar que al mirar al frente, sin ver nada más que agua, le provoca una sensación de inmensidad, donde se le hace sencillo soñar con grandes planes. Precisando un poco más, cabría decir, que soñar es bárbaro, fantástico, pero no hay que olvidar que los proyectos para que sean sólidos es fundamental que se construyan sobre roca, con madurez personal, de lo contrario se puede caer en el error de crearse una novela rosa. A su vez, no hay que perder de vista, como sostienen muchos autores, como es el caso de Gerardo Castillo (1998), que «una de las causas principales de las crisis conyugales en la actualidad es la inmadurez para el matrimonio. Es preocupante que muchos jóvenes contraigan matrimonio sin tener la capacidad y la preparación necesaria para esa nueva situación. Muchos no son concientes de las exigencias y responsabilidades de la vida conyugal». Veámoslo con el detenimiento necesario.

Como indica el autor mencionado, la madurez para el matrimonio está influenciada con un noviazgo bien llevado. De acuerdo a lo dicho, es capital descubrir el sentido y las cualidades del noviazgo. Ahora bien, ¿qué es el noviazgo?. Para comprenderlo en su profundidad, hay que entender en primera instancia qué es el matrimonio. Éste es una comunidad de vida y amor, es la unión de una con uno y para siempre. A su vez, no hay qué olvidar que tanto el matrimonio como la familia responden a una estructura natural de la persona, a la tendencia o inclinación natural del varón a la unión con la mujer y viceversa. Dicha inclinación natural es la ley natural sobre el matrimonio. Por tanto, no es fruto de un invento o capricho del hombre, y si éste se le ocurre transgredir dicha ley, el único perjudicado es él mismo, ya que se degrada como persona humana. A modo de ejemplo, es como si un pájaro decide un buen día nadar, ya que al observar a los peces, le resulta más aventurera su vida, pero ¿qué pasaría?, la respuesta es más que obvia, se moriría al instante, ¿no?.

Luego de dar una breve síntesis de lo que es el matrimonio pasaremos a lo que es el noviazgo. Como ya se dijo, éste es la preparación previa al matrimonio. Es recomendable que tenga una duración adecuada, para que los novios puedan conocerse mutuamente lo suficiente para luego decidir responsablemente si quieren contraer matrimonio o no. Como se recalcó varias veces, en el noviazgo hay una apertura al matrimonio, al menos como posibilidad. Pero si esto se excluye no hay lugar para hablar de noviazgo, sino que se trataría de otra cosa. Por esta razón, es muy común escuchar estoy saliendo con tal persona, aunque las manifestaciones de afecto no sean propias de amigos. Esta clase de relaciones no implica ningún compromiso por parte de ninguno de los dos, lo cual es un rasgo de inmadurez que tendrá que superarse para contraer matrimonio.

Por otra parte, el noviazgo se diferencia del matrimonio en que no es indisoluble, pero se asemejan en que en ambos la pareja se debe fidelidad. A su vez, cómo el noviazgo no es lo mismo que matrimonio los novios no deberían tener relaciones sexuales. Pero como todo en la vida tiene su fundamento, esto no es una orden producto de un conjunto de personas retrógradas. Éstas son un signo corporal de una donación total mutua, pero hay que tener en cuenta que no es propio del noviazgo la entrega total. Profundizando un poco más, cuando se dan relaciones íntimas en el noviazgo, no hay una tendencia a la donación total, a la unión, sino que uno se busca así mismo, no se supera el plano individual, sino que uno se mueve en el plano de la curiosidad, especialmente, en las primeras, y como consecuencia se utiliza al otro como un mero instrumento sexual. En pocas palabras, éste comportamiento encierra un gran egocentrismo. Para entender bien éste hecho, hay que comprender que el obrar sigue al ser, es decir que un matrimonio al tener relaciones manifiestan por medio de su obrar lo que son, una caro, una carne. A su vez, debido a que la persona es una unidad substancial, que es persona encarnada, y que el cuerpo está modalizado en dualidad, la persona encuentra en su cuerpo, el don sincero de sí mismo y la aceptación de la persona amada y la posibilidad de conformar una sóla carne.

En unas palabras, es en su misma carne donde la persona puede encontrarse íntimamente con otra para darse así mismo y acoger al otro. Mediante su cuerpo encuentra la dinámica comunicativa por excelencia. En suma, en el noviazgo no hay una entrega total, sino parcial, ya que la totalidad implica no reservarse nada, como por ejemplo la dimensión de la maternidad. Es decir, no habría una entrega total ni esencial (de acuerdo a lo dicho), ni existencial puesto que no se entregaría todas las facetas de la femineidad y masculinidad en toda su duración en el tiempo.

Con otras palabras, el tener relaciones íntimas en el noviazgo podría traducirse con estas simples palabras «me gustas mucho, me lo paso bomba contigo, me atraes un montón pero todavía no quiero entregarte mi vida entera». O sea, «estoy dispuesto a pasar una noche junto a ti, pero no me pidas nada más, en otras palabras, te entrego mi cuerpo, pero no mi vida». Ahora bien, hay una gran contradicción puesto que la entrega del cuerpo es la expresión de la entrega total de la persona, pero la persona o se entrega para siempre, para toda la vida, o de lo contrario no hay lugar para hablar de entrega. De acuerdo a todo lo dicho no se podría hablar de un verdadero amor, pues éste se caracteriza por ser incondicional, y en éste caso no lo es.

No quisiera terminar sin unas palabras de Gerardo Castillo, «El noviazgo sirve para que dos personas de distinto sexo desarrollen, progresivamente, la capacidad de comunicarse y la capacidad de quererse».

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Fuente en Aciprensa.

Bibliografía: Castillo, Gerardo (1998): Preparar a los hijos para la vida. Colecc. «Hacer Familia», n.16. Ediciones Palabra, Madrid.

Evangelio del día: Y tú… ¿abrirás tu casa al Rey?

Evangelio del día: Y tú… ¿abrirás tu casa al Rey?

Marcos 13, 33-37. Primer domingo del Tiempo de Adviento. Comienzo del Año Litúrgico: ciclo B. ¡El horizonte de la esperanza! El tiempo de Adviento que hoy nuevamente comenzamos nos devuelve el horizonte de la esperanza: una esperanza que no decepciona porque está fundada en la Palabra de Dios; una esperanza que no decepciona, sencillamente porque el Señor no decepciona jamás. ¡Él es fiel! ¡Él no decepciona! ¡Pensemos y sintamos esta belleza!

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Tengan cuidado y estén prevenidos porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: «¡Estén prevenidos!»».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro de Isaías, Is 63, 16b-17.19b; 64, 2b-7

Salmo: Sal 80(79), 2ac.3b.15-16.18-19

Segunda lectura: Carta I de San Pablo a los Corintios, 1 Cor 1, 3-9

Oración introductoria

Señor, gracias por este tiempo del Adviento que me ayuda a prepararme espiritual y apostólicamente al gran acontecimiento de la Navidad. Permite que esta meditación me descubra los medios de perseverancia en lo que tengo que poner más atención.

Petición

¡Ven, Señor, no tardes! ¡Ven que te esperamos! ¡Ven pronto Señor!

Meditación del Santo Padre Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Comenzamos hoy, primer domingo de Adviento, un nuevo año litúrgico, es decir un nuevo camino del Pueblo de Dios con Jesucristo, nuestro Pastor, que nos guía en la historia hacia la realización del Reino de Dios. Por ello este día tiene un atractivo especial, nos hace experimentar un sentimiento profundo del sentido de la historia. Redescubrimos la belleza de estar todos en camino: la Iglesia, con su vocación y misión, y toda la humanidad, los pueblos, las civilizaciones, las culturas, todos en camino a través de los senderos del tiempo.

¿En camino hacia dónde? ¿Hay una meta común? ¿Y cuál es esta meta? El Señor nos responde a través del profeta Isaías, y dice así: «En los días futuros estará firme el monte de la casa del Señor, en la cumbre de las montañas, más elevado que las colinas. Hacia él confluirán todas las naciones, caminarán pueblos numerosos y dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas»» (2, 2-3). Esto es lo que dice Isaías acerca de la meta hacia la que nos dirigimos. Es una peregrinación universal hacia una meta común, que en el Antiguo Testamento es Jerusalén, donde surge el templo del Señor, porque desde allí, de Jerusalén, ha venido la revelación del rostro de Dios y de su ley. La revelación ha encontrado su realización en Jesucristo, y Él mismo, el Verbo hecho carne, se ha convertido en el «templo del Señor»: es Él la guía y al mismo tiempo la meta de nuestra peregrinación, de la peregrinación de todo el Pueblo de Dios; y bajo su luz también los demás pueblos pueden caminar hacia el Reino de la justicia, hacia el Reino de la paz. Dice de nuevo el profeta: «De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra» (2, 4).

Me permito repetir esto que dice el profeta, escuchad bien: «De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra». ¿Pero cuándo sucederá esto? Qué hermoso día será ese en el que las armas sean desmontadas, para transformarse en instrumentos de trabajo. ¡Qué hermoso día será ése! ¡Y esto es posible! Apostemos por la esperanza, la esperanza de la paz. Y será posible.

Este camino no se acaba nunca. Así como en la vida de cada uno de nosotros siempre hay necesidad de comenzar de nuevo, de volver a levantarse, de volver a encontrar el sentido de la meta de la propia existencia, de la misma manera para la gran familia humana es necesario renovar siempre el horizonte común hacia el cual estamos encaminados. ¡El horizonte de la esperanza! Es ese el horizonte para hacer un buen camino. El tiempo de Adviento, que hoy de nuevo comenzamos, nos devuelve el horizonte de la esperanza, una esperanza que no decepciona porque está fundada en la Palabra de Dios. Una esperanza que no decepciona, sencillamente porque el Señor no decepciona jamás. ¡Él es fiel!, ¡Él no decepciona! ¡Pensemos y sintamos esta belleza!

El modelo de esta actitud espiritual, de este modo de ser y de caminar en la vida, es la Virgen María. Una sencilla muchacha de pueblo, que lleva en el corazón toda la esperanza de Dios. En su seno, la esperanza de Dios se hizo carne, se hizo hombre, se hizo historia: Jesucristo. Su Magníficat es el cántico del Pueblo de Dios en camino, y de todos los hombres y mujeres que esperan en Dios, en el poder de su misericordia. Dejémonos guiar por Ella, que es madre, es mamá, y sabe cómo guiarnos. Dejémonos guiar por Ella en este tiempo de espera y de vigilancia activa.

Santo Padre Francisco

Ángelus del I Domingo de Adviento, 1 de diciembre de 2013

Meditación del Santo Padre emérito Benedicto XVI

Queridos hermanos y hermanas:

La Iglesia empieza hoy un nuevo Año litúrgico […]. El primer tiempo de este itinerario es el Adviento, formado, en el Rito Romano, por las cuatro semanas que preceden a la Navidad del Señor, esto es, el misterio de la Encarnación. La palabra «adviento» significa «llegada» o «presencia». En el mundo antiguo indicaba la visita del rey o del emperador a una provincia; en el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Dios, a su presencia en el mundo; un misterio que envuelve por entero el cosmos y la historia, pero que conoce dos momentos culminantes: la primera y la segunda venida de Cristo. La primera es precisamente la Encarnación; la segunda el retorno glorioso al final de los tiempos. Estos dos momentos, que cronológicamente son distantes —y no se nos es dado saber cuánto—, en profundidad se tocan, porque con su muerte y resurrección Jesús ya ha realizado esa transformación del hombre y del cosmos que es la meta final de la creación. Pero antes del fin, es necesario que el Evangelio se proclame a todas las naciones, dice Jesús en el Evangelio de san Marcos (cf. 13, 10). La venida del Señor continúa; el mundo debe ser penetrado por su presencia. Y esta venida permanente del Señor en el anuncio del Evangelio requiere continuamente nuestra colaboración; y la Iglesia, que es como la Novia, la Esposa prometida del Cordero de Dios crucificado y resucitado (cf. Ap 21, 9), en comunión con su Señor colabora en esta venida del Señor, en la que ya comienza su retorno glorioso.

A esto nos llama hoy la Palabra de Dios, trazando la línea de conducta a seguir para estar preparados para la venida del Señor. En el Evangelio de Lucas, Jesús dice a los discípulos: «Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y la inquietudes de la vida… Estad despiertos en todo tiempo, rogando» (Lc 21, 34.36). Por lo tanto, sobriedad y oración. Y el apóstol Pablo añade la invitación a «crecer y rebosar en el amor» entre nosotros y hacia todos, para que se afiancen nuestros corazones y sean irreprensibles en la santidad (cf. 1 Ts 3, 12-13). En medio de las agitaciones del mundo, o los desiertos de la indiferencia y del materialismo, los cristianos acogen de Dios la salvación y la testimonian con un modo distinto de vivir, como una ciudad situada encima de un monte. «En aquellos días —anuncia el profeta Jeremías— Jerusalén vivirá tranquila y será llamada «El Señor es nuestra justicia»» (33, 16). La comunidad de los creyentes es signo del amor de Dios, de su justicia que está ya presente y operante en la historia, pero que aún no se ha realizado plenamente y, por ello, siempre hay que esperarla, invocarla, buscarla con paciencia y valor.

La Virgen María encarna perfectamente el espíritu de Adviento, hecho de escucha de Dios, de deseo profundo de hacer su voluntad, de alegre servicio al prójimo. Dejémonos guiar por ella, a fin de que el Dios que viene no nos encuentre cerrados o distraídos, sino que pueda, en cada uno de nosotros, extender un poco su reino de amor, de justicia y de paz.

Santo Padre emérito Benedicto XVI

Ángelus del I Domingo de Adviento, 2 de diciembre de 2012

Propósito

¡Ojalá que le abramos la puerta y le dejemos entrar a nuestra casa esta Navidad! Tenemos cuatro semanas de Adviento para preparar nuestra alma.

Diálogo con Cristo

Señor Jesús, al iniciar la andadura de un nuevo Año Litúrgico me pongo alerta sobre la necesidad de vivir siempre en vela, esperando que vengas en cualquier momento. Aquí me tienes, dispuesto a recibirte hoy en la comunión, preparándome para tu venida en Navidad, orientando toda mi vida para el encuentro definitivo contigo en el umbral de la eternidad. Tú, mi amigo, serás mi juez.

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Evangelio en Catholic.net

Evangelio en Evangelio del día

Dinámica de Adviento para Confirmación: Navegando en tu corazón

Dinámica de Adviento para Confirmación: Navegando en tu corazón

El Adviento y la Navidad han experimentado un incremento de su aspecto externo y festivo profano tal que en el seno de la Iglesia surge de la fe misma una aspiración a un Adviento auténtico: la insuficiencia de ese ánimo festivo por sí sólo se deja sentir, y el objetivo de nuestras aspiraciones es el núcleo del acontecimiento, ese alimento del espíritu fuerte y consistente del que nos queda un reflejo en las palabras piadosas con que nos felicitamos las pascuas. ¿Cuál es ese núcleo de la vivencia del Adviento?

Podemos tomar como punto de partida la palabra «Adviento»; este término no significa «espera», como podría suponerse, sino que es la traducción de la palabra griega parusía, que significa «presencia», o mejor dicho, «llegada», es decir, presencia comenzada. En la antigüedad se usaba para designar la presencia de un rey o señor, o también del dios al que se rinde culto y que regala a sus fieles el tiempo de su parusía. Es decir, que el Adviento significa la presencia comenzada de Dios mismo. Por eso nos recuerda dos cosas: primero, que la presencia de Dios en el mundo ya ha comenzado, y que él ya está presente de una manera oculta; en segundo lugar, que esa presencia de Dios acaba de comenzar, aún no es total, sino que esta proceso de crecimiento y maduración. Su presencia ya ha comenzado, y somos nosotros, los creyentes, quienes, por su voluntad, hemos de hacerlo presente en el mundo. Es por medio de nuestra fe, esperanza y amor como él quiere hacer brillar la luz continuamente en la noche del mundo. De modo que las luces que encendamos en las noches oscuras de este invierno serán a la vez consuelo y advertencia: certeza consoladora de que «la luz del mundo» se ha encendido ya en la noche oscura de Belén y ha cambiado la noche del pecado humano en la noche santa del perdón divino; por otra parte, la conciencia de que esta luz solamente puede —y solamente quiere— seguir brillando si es sostenida por aquellos que, por ser cristianos, continúan a través de los tiempos la obra de Cristo. La luz de Cristo quiere iluminar la noche del mundo a través de la luz que somos nosotros; su presencia ya iniciada ha de seguir creciendo por medio de nosotros. Cuando en la noche santa suene una y otra vez el himno Hodie Christus natus est, debemos recordar que el inicio que se produjo en Belén ha de ser en nosotros inicio permanente, que aquella noche santa es nuevamente un «hoy» cada vez que un hombre permite que la luz del bien haga desaparecer en él las tinieblas del egoísmo (…) el NiñoDios nace allí donde se obra por inspiración del amor del Señor, donde se hace algo más que intercambiar regalos.

Adviento significa presencia de Dios ya comenzada, pero también tan sólo comenzada. Esto implica que el cristiano no mira solamente a lo que ya ha sido y ya ha pasado, sino también a lo que está por venir. En medio de todas las desgracias del mundo tiene la certeza de que la simiente de luz sigue creciendo oculta, hasta que un día el bien triunfará definitivamente y todo le estará sometido: el día que Cristo vuelva. Sabe que la presencia de Dios, que acaba de comenzar, será un día presencia total. Y esta certeza le hace libre, le presta un apoyo definitivo (…).

SS Benedicto XVI: El sentido del Adviento
(palabras dichas cuando aún era Cardenal).
 

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Para el tiempo de Adviento, os presentamos esta dinámica de catequesis para niños de Educación Primaria «Navegando en tu corazón», especialmente para aquellos que preparan su Primera Comunión, gentileza del blog Reflejos de luz, de las HH. Agustinas Misioneras.

 

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Primera semana

Un reto asequible

Desde el corazón

Segunda semana

Buenas noticias

Desde el corazón

Tercera semana

La figurita de plástico

Desde el corazón

Cuarta semana

En tierra extraña

Desde el corazón

Desde el corazón

Desde el corazón

 

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Primera semana

 

Un reto asequible

Le gustaba asomarse al abismo. Desde lo alto de la montaña contemplaba fascinado el acantilado. En su interior se mezclaba una poderosa atracción con un sentimiento de miedo. El abismo le atraía con una fuerza tremenda, solo proporcional al temor que le suscitaba.

No era la primera vez que subía a esa montaña. En realidad, lo hacía a menudo. Buscaba un remanso de paz, lejos de todos los ruidos que perturbaban su reflexión. Allí, en lo alto, después de un agotador ascenso, nada le distraía y se encontraba consigo mismo, aunque no siempre resultara una compañía agradable.

Hacía tiempo que no emprendía el ascenso a la cima. Muchos proyectos y preocupaciones se habían agolpado en su agenda. Cuantas más tareas se le acumulaban, más difícil resultaba encontrar un momento de respiro. Estaba saturado. Necesitaba serenarse.

El susurro del viento de la cima era una melodía que le resultaba familiar; un canto sin letra cuyo significado conocía perfectamente: era la llamada del abismo. Era el de siempre —aguardaba frente a él amenazador— pero, al mismo tiempo, era distinto. Eso era precisamente lo que a Daniel le fascinaba.

navegando-en-tu-corazon-inf-01La tenue frontera entre el suelo de la montaña y el vacío del acantilado se mantenía imperturbable. Apenas se podía detectar algún cambio significativo. A pesar de que la línea de división siempre fuera la misma, los espacios que separaba había cambiado; esa línea distinguía dos mundos que se transformaban con el paso del tiempo: el territorio de sus seguridades y el de lo novedoso.

En el primero, Daniel se sentía protegido. Había conquistado palmo a palmo un espacio de tranquilidad, construido a base de certezas y eliminando toda incertidumbre. Era el mundo de lo conocido, de lo experimentado, la senda que podía ser transitada sin dificultad.

Pero existía otro territorio, otro espacio. Se trataba de lo nuevo, de lo que está por descubrir; o lo que todavía no existe y, desde su silencio, reclama a un creador que le dé forma. Ante ese mundo, Daniel sentía miedo. Era el miedo de la responsabilidad, de la indecisión; era el temor que suscita el misterio, lo que todavía está por conocer.

Su experiencia le demostraba que es mundo enigmático no era alfo impenetrable, monolítico, estático. Había comprobado cómo lo que tiempo atrás resultaba un territorio por explorar, una tierra nueva por conocer, tras luchas y vicisitudes, se convertía en un espacio familiar, colonizado, seguro.

Sin embargo, aunque el paisaje pudiera variar, el temor a lo nuevo permanecía. El abismo nunca desaparecía. Permanecía inalterable como un océano de imprevisión y emergía una vez más anunciando nuevas fronteras, nuevos horizontes, nuevos territorios.

Si el abismo sobrevenía a los cambios, la angustia que le acompañaba, también. Allí estaba. No se desvanecía con el paso del tiempo. Seguía viva y le empujaba a salir del refugio de sus seguridades, a traspasar la frontera y adentrarse en lo desconocido.

Mil veces se había prometido a sí mismo renunciar al riesgo y a la aventura constante. Había hecho el propósito de no internarse nunca más en los espacios vacíos que se hallan a l otro lado del abismo. Tenía que instalarse definitivamente en tierra firme y cesar en su empeño de surcar nuevos mares. Sin embargo, era incapaz. Una fuerza mayor que él le arrastraba hacia las nuevas fronteras. Lo conocido le hastiaba. Lo nuevo, aunque le aterrase, le seducía con una fuerza irresistible.

De su interior surgía una necesidad que era superior a su miedo. Pero, ¿cómo lanzarse solo a tal empresa? ¿Quién sería su cómplice? ¿Quién se atrevería a cometer semejante temeridad?

Daniel tenía miedo a sentirse decepcionado. Era demasiado celoso de sus proyectos. Temía que otros se apropiaran de ellos o que malgastaran irresponsablemente los resultados que tanto había costado lograr. La presencia de unos posibles compañeros de exploración era un auténtico riesgo que no estaba seguro de estar dispuesto a asumir.

Tal vez este fuera su gran reto, atreverse a no cruzar solo el abismo y aventurarse a construir ese espacio nuevo en compañía de otros que le sirvieran de puente para cruzar las aguas turbulentas de lo desconocido, pero que a su vez él fuera también un puente para ellos que les permitiera participar en un proyecto arriesgado y fascinante.

Ante el abismo, Daniel sintió que tenía que dar un paso. La desconfianza no le conducía a ninguna parte. Tenía que arriesgarse, fiarse de sí mismo, de la vida, del futuro, de los demás. De lo contrario se exponía a convertirse en una estatua humana, asentada firmemente en una posición elevada, ajena a todo peligro, pero sin vida. Daniel tomó su teléfono móvil y empezó a teclear un número que no había olvidado.

 

«La confianza, como el arte, nunca nace de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas las preguntas».

(Earl Gray Stevens)

 

1. Comenta el significado de esta frase: La confianza, como el arte, nunca nace de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas las preguntas (Earl Gray Stevens)

2. ¿Te gusta asumir retos? ¿Te dan miedo los cambios?

3. Describe una situación de incertidumbre.

4. ¿Por qué nos cuesta fiarnos de los demás?

5. ¿Confías en ti mismo? ¿Por qué?

6. ¿Te da miedo del futuro? ¿Por qué?

7. ¿Qué diferencia hay entre la confianza y la seguridad?

 

* * *

 

navegando-en-tu-corazon-inf-02Desde el corazón

Desde el corazón,
comenzamos nuestro navegar
por el mar del Adviento,
por el mar de la espera,
por el mar de las buenas obras.
Jesús, sé nuestro guía en la travesía.

 navegando-en-tu-corazon-inf-08

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

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Segunda semana

 

Buenas noticias

Camuflado entre los multicolores folletos del correo comercial, escondido entre las rutinarias notificaciones del banco —que fielmente dejan constancia de los movimientos de su cuenta corriente—, y entre las facturas habituales, Alba encontró en su buzón un sobre muy especial.

Llevaba semanas esperando una carta. Al verla, la reconoció inmediatamente. En el sobre figuraba el anagrama de una institución oficial. Alba esperaba recibir buenas noticias.

La abrió con cierto desasosiego. Estaba nerviosa. Tantos meses de incertidumbre culminaban en ese momento. ¿Y si al final surgía algún contratiempo y la respuesta fuera negativa? Cualquier imprevisto podía echar por tierra un proyecto meticulosamente preparado durante dos largos años.

El miedo era proporcional a sus expectativas. Alba y su marido se habían aventurado en un complicado mundo, demasiado complejo para la gran mayoría. A pesar de ello, había tomado la decisión de adoptar una niña de otro país.

Les costó mucho vencer sus temores. Pero una vez se decidieron, fueron hasta el final. Tampoco les resultó fácil escoger el país de origen. Sin embargo, poco a poco se fueron decantando por una opción concreta. Luego estudiaron la cultura del país: sus costumbres, su gastronomía, su historia y su religión. Finalmente se matricularon en una escuela de idiomas para conocer su lengua.

Pero no todo resultaba tan romántico. Las cuestiones burocráticas parecían una carrera de obstáculos. Papeles y más papeles. Un auténtico galimatías jurídico de formularios y solicitudes. Después, entrevistas y más entrevistas; con psicólogos, médicos, asistentes sociales, abogados y diplomáticos. En ocasiones, Alba acudía sola; otras, iban los dos juntos.

Al principio, Alba se sentía muy incómoda. A no ser por un motivo como este, nunca hubiera aceptado quela examinaran tan concienzudamente. Tenía miedo a que husmearan en su intimidad. Algunas preguntas podían ser demasiado personales y no le apetecía exhibir sus sentimientos más ocultos a un desconocido. Sin embargo, no fue tan terrible.

El problema era explicar el motivo de la adopción. Entonces, Alba tenía que abrir en su memoria esa carpeta donde guardaba los recuerdos más duros de su vida; aquellos que, sin poder olvidarlos, había relegado a un segundo plano de su atención para esquivar los zarpazos de un dolor tan profundo como intenso.

Alba había intentado en diversas ocasiones ser madre, pero las circunstancias no le acompañaron y los embarazos no fueron afortunados. En especial, el último, que desembocó en un trágico parto prematuro.

Al recordar estos dramáticos acontecimientos, revivía el sufrimiento físico, pero, sobre todo, el sentimiento de injusticia, de impotencia, de rabia, de absurdo. Si con frecuencia se preguntaba qué sentido tenía nacer para cualquier ser humano, con más dolor se cuestionaba qué sentido podía tener engendrar una vida que apenas sobreviviría.

A pesar de todo, las noticias de la carta no podían resultar más halagüeñas. La comisión pertinente había valorado muy positivamente su caso, Todos los informes eran favorables y el Ministerio había resuelto concederles en adopción una niña.

Ahora empezaba otra fase, que se podía alargar unos meses más, pero ya no importaba. Su vida estaba unida a otro ser que todavía no conocía. Sus caminos se habían cruzado de una forma misteriosa. Era un ser real; no un simple producto de sus expectativas y de su ilusión. Había alguien con quien pronto se encontraría y unirían sus historias.

Con todo, le esperaba mucho trabajo. Tenía que viajar a ese lejano país y continuar con los trámites burocráticos. Más entrevistas, más formularios. Además tenía que resolver las cuestiones de intendencia: adecuar una habitación para la pequeña, buscar un colegio, comprar ropa…

navegando-en-tu-corazon-inf-01De repente se dio cuenta de que, una vez más, se estaba precipitando y, dejándose llevar por su apasionamiento, se adelantaba a los hechos. Tenía que continuar leyendo la carta. Allí se especificaba cada uno de los pasos que debían seguirse. No obstante, solo buscaba una información. ¿Cuándo conocería a la niña?

Por fin, encontró la fecha. Todavía faltaban unas semanas para el encuentro. Sería unas semanas interminables, pero la esperanza suavizaría la aridez de la espera. Sin embargo, de pronto, una lágrima asomó por los enternecidos ojos de Alba. Aunque pensaba que se había olvidado, en el calendario de lo profundo de su inconsciente todo seguía vivo. Desde algún lugar alguien le había lanzado un guiño de complicidad que la llenaba de esperanza. La adopción se formalizaría, precisamente, el día en que el pequeño cuyo rostro nunca vio celebraría su cumpleaños.

 

«En todo tipo de amor femenino se transparenta también algo de amor maternal».

(Nietzsche)

 

1. ¿Estás de acuerdo con esta afirmación? En todo tipo de amor femenino se transparenta también algo de amor maternal (Nietzsche).

2. ¿Qué sentimientos van asociados a la maternidad?

3. Ser madre, ¿puede ayudar a una mujer a ser mejor persona?

4. Una mujer sin hijos, ¿puede desarrollar sus sentimientos maternales en otros ámbitos? ¿Cuáles?

5. ¿Qué puede motivar a una mujer con hijos a adoptar?

 

* * *

 

navegando-en-tu-corazon-inf-03Desde el corazón

Jesús, desde el corazón,
preparamos nuestro barco
con todo lo necesario para navegar por tu mar.

Metemos en él nuestro cariño
para repartir a los que encontremos,
metemos nuestra alegría para que nadie esté triste,
metemos nuestra generosidad
para que a nadie le falte nada.

Gracias, Jesús, por no dejarme solo, en este navegar.

 

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Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

* * *

 

Tercera semana

 

La figurita de plástico

La alegría que sentía compensaba tantas horas de trabajo. Olga estaba cansada del ajetreo de los últimos días, empleados en ir de compras, arreglar la casa y preparar todos los pormenores. Le gustaba organizarse con cierta anticipación. No quería que faltara el menor detalle. La Navidad bien merece ese esfuerzo.

Ella no era la única que disfrutaba de este mágico momento. Los niños participaban de la celebración. Llevaban semanas ilusionados con una fiesta que acrecentaba aún más su inocente ternura. Su madre les contagiaba ese entusiasmo capaz de movilizar los sentimientos más delicados del corazón humano.

Mientras bajaba del desván unas enormes cajas repletas de sorpresas, Guille y Rut asistían maravillados a un espectáculo conmovedor. Estaban rescatando del polvo los adornos navideños que, año tras año, guardaba meticulosamente como si de un tesoro se tratara. Los niños estaban expectantes, hasta que, por fin, ante sus asombrados ojos, aparecieron decenas de esferas de colores, una reluciente estrella, luces parpadeantes, unos variopintos cachivaches y las figuritas del belén. Allí estaban todos los enseres destinados a engalanar la casa en una fiesta tan entrañable.

En su exploración de los recovecos de la caja, Rut se percató de la ausencia de algo importante: “No encuentro al Niño Jesús”- dijo con cierto tono de tristeza.

“No puede ser”, replicó su madre. “Búscalo mejor. El año pasado lo guardamos junto a las otras piezas. No puede ser que se haya perdido”.

Rut siguió las instrucciones de su madre y continuó buscando. “Posiblemente esté escondido entre el musgo de plástico”, pensó esperanzada, “o metido en alguna grieta de las montañas de corcho”.

Sea como fuere, la búsqueda resultó infructuosa. A pesar de los esfuerzos de Olga y de Rut, el Niño Jesús no aparecía. La niña tenía razón, no encontraban una figurita que por chiquita que fuera tenía su importancia.

Ya no sabían por dónde buscar, así que desistieron y pensaron un plan alternativo. No podían comprar otra figurita: en ningún lugar vendían niños Jesús sueltos. Olga tampoco estaba dispuesta a cambiar un belén entero solo por una pieza. Llevaban años ampliándolo con nuevos personajes. Todo estaba calculado hasta el último detalle. No iban a comprar uno nuevo porque faltara una figurita.

Olga era perfeccionista. No podía permitir que algo pudiera deslucir la fiesta que estaba organizando. Así pues, quitarían la luz de dentro del establo y colocarían un poco más de paja entre la Virgen y San José y ya está. Seguramente, de este modo, nadie se daría cuenta. Además, el árbol era enorme y quedaría impresionante con unas luces nuevas; a sus pies, el belén casi ni se vería.

navegando-en-tu-corazon-inf-01¿Quién se iba a fijar? Ningún invitado se agacharía para hurgar en el interior del pequeño establo. Todo el mundo ya sabía lo que había allí dentro. ¿Para qué buscar? A nadie se le pasaría por la cabeza comprobar si realmente el Niño Jesús estaba dentro.

En medio de los razonamientos de su madre, Rut no estaba satisfecha con esta solución. No la entendía. Olga intentaba convencerla inútilmente de que ya estaba todo arreglado; pero la pequeña le preguntaba con cierta perplejidad: “si es el cumpleaños de Jesús, ¿cómo lo celebraremos sin él?”.

En medio de este repentino caos familiar, apareció Guille con los ojos llorosos. Olga sabía que era un niño muy sensible y le quiso quitar importancia al incidente. “No te preocupes, no pasa nada”, le dijo para que se calmara, pensando que sufría a causa de la pieza del belén extraviada.

El niño parecía ajeno al diálogo entre su madre y su hermana. Tembloroso, metió su mano en el bolsillo y sacó la figurita del Niño Jesús. “¿Dónde lo has encontrado?” – le preguntó Olga. “No lo he encontrado. Lo tenía escondido. El año pasado lo cogí para que no estuviera solo en una caja y lo he estado cuidando”.

Olga no podía dar crédito a lo que estaba oyendo. Por mucha inventiva que tuviera Guille, esta vez la había sorprendido de verdad. Nunca se hubiera imaginado que el niño fuera capaz de un detalle como ese.

Además, se daba cuenta de que Rut tenía su parte de razón. Su mente infantil era más sensible para captar lo esencial y no dejarse arrastrar por lo superfluo. Tal vez Olga, tan atareada con los preparativos de la fiesta, se había olvidado de lo que estaba celebrando y, en realidad, la presencia del Niño Jesús era algo imprescindible y no una simple figurita de plástico.

 

«Un pueblo sin tradición es un pueblo sin porvenir».

(Alberto Lleras Camargo)

 

1. Un pueblo sin tradición es un pueblo sin porvenir (Alberto Lleras Camargo) ¿Qué sucede cuando se pierde el sentido de las tradiciones?

2. Averigua el origen de la costumbre de montar el Belén por Navidad

3. ¿Cómo celebráis la Navidad en tu familia?

4. ¿Qué otras tradiciones celebráis? ¿Qué significado tienen?

5. ¿Las tradiciones te ayudan a estar más cerca de los demás?

6. ¿Las tradiciones te pueden alejar de los demás? Propón algún ejemplo. ¿Cómo lo podemos evitar?

 

* * *

 

Desde el corazón

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Desde el corazón,
avanzo despacio
por el mar de la vida.

No me detengo
y poco a poco
me acerco hasta Belén,
donde sé que Tú, Jesús,
me esperas
para darme un abrazo.

Gracias, Jesús, porque quieres navegar conmigo.

 

navegando-en-tu-corazon-inf-08Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

* * *

 

Cuarta semana

 

En tierra extraña

Hacía poco que había llegado a este país frío e inhóspito. Bashir procedía de una aldea cercana al gran desierto de arena. Allí ayudaba a su abuelo a vigilar las cabras mientras se alimentaban de las escasas hierbas que brotaban entre los áridos pedregales. Aunque no disponía de muchas comodidades, era feliz.

Desde hacía unos años, los jóvenes de la aldea habían optado por emigrar a tierras más prósperas con la esperanza de mejorar su nivel de vida. En pequeñas embarcaciones cruzaban intrépidamente el mar tal como hicieron sus antepasados muchos siglos antes. Las expediciones de sus ancestros eran militares; llenos de fuerza y de vigor habían conquistado medio mundo. En cambio ahora, los jóvenes de la aldea de Bashir, así como muchos otros procedentes de otros pueblos, se dirigían a las tierras de Europa en busca de trabajo.

Y un día le tocó el turno a su familia. Su padre decidió arriesgarse a buscar trabajo en una tierra desconocida y, seguramente, poco acogedora. Se iban con la esperanza de regresar cuando hubieran reunido suficiente dinero para montar un negocio en la ciudad. Bashir se fue con sus padres y tuvo que dejar a sus abuelos, sus amigos, sus noches en el frío desierto y sus cabras.

Para Bashir no fue fácil aclimatarse a un nuevo mundo. Sus compañeros del colegio hablaban una lengua muy complicada y, por mucho que se esforzaba, difícil de aprender. Sus costumbres le resultaban muy extrañas. Comían carne de cerdo. Las chicas vestían de manera muy rara. Era un mundo diferente donde no se encontraba a gusto. Se sentía desubicado, solo, sin raíces.

Además, los otros muchachos de su raza que llevaban más tiempo en el país estaban renunciando a las costumbres de su pueblo. No respetaban las antiguas tradiciones y, si lo hacían, solo era para reafirmar su identidad y enfrentarse a los otros estudiantes que se comportaban como si fueran los dueños de la escuela. La actitud de los niños era de reflejo del ambiente que se respiraba en sus casas. Sus familias estaban convencidas de ser los únicos con derecho a vivir en esa tierra. ¿Dónde está escrito a quién pertenece un país? ¿Alguien puede tener el monopolio? ¿No será que al final pertenece a los más fuertes que han impuesto por las armas su voluntad sobre los más débiles?

Bashir sabía que en otra época su pueblo había ejercido este papel de dominador. Pero ahora se habían invertido los papeles y él se sebtía dominado. Añoraba su aldea, su comida, sus olores y, sobre todo, el aire del desierto.

Para los otros estudiantes, Bashir era un intruso, un competidor que, el día de mañana, les podía quitar un trabajo cobrando un sueldo inferior al estipulado. Y, ahora, por su culpa, estaba bajando el nivel de la clase. La maestra le dedicaba mucho tiempo; demasiado, en opinión de algunos padres que se habían quejado a la directora. Incluso algunas familias habían decidido matricular a sus hijos en otra escuela de un barrio más céntrico, donde no había tantos inmigrantes y, supuestamente, se garantizaba un mayor nivel educativo.

Esta sensación de ser un estorbo alimentaba la amargura de los que eran como Bashir. Como reacción a la etiqueta de inmigrantes, actuaban con agresividad. Las peleas, típicas de una edad en la que todavía resulta difícil controlar los comportamientos más impulsivos, se convertían en un auténtico enfrentamiento de culturas; y, también, de religiones.

navegando-en-tu-corazon-inf-01Hacía pocas semanas, Bashir había celebrado con su familia una de las fiestas más importantes de su religión. Sus ritos acompañados de prácticas muy exigentes. Algunas de estas prescripciones religiosas resultaban difíciles de cumplir en medio de gente que no las respetaba. En la aldea todo el mundo las seguía. En cambio aquí, en un país occidental, algunos de sus compañeros se reían. Decían que eso era de la Edad Media.

Sin embargo, a pesar de sus aires de superioridad, ellos también tenían sus propias celebraciones. Ahora, el calendario anunciaba una festividad religiosa muy importante, la única en la que participaban las familias de la escuela.

Todo el mundo se había esmerando en decorar el colegio. Bashir estaba asombrado. Nunca había visto un árbol iluminado ni tantas guirnaldas de colores. No obstante, lo que más llamó su atención fue una gran maqueta instalada en el vestíbulo de la escuela. Preguntó qué era. Le respondieron que se trataba del belén, pero ese nombre no significa nada para él. Aun así, lo que realmente le sorprendió era que no representaba el paisaje de los alrededores del colegio, ni tampoco el de los campos vecinos, sino el de su añorada aldea. Allí estaban los dromedarios, las palmeras, las casitas blancas, las cabras y las ovejas. Incluso las figuritas iban vestidas con túnicas, como su familia y sus vecinos. Frente a esa original maqueta, Bashir se sintió mucho más cerca de los suyos.

Finalmente, lleno de curiosidad, preguntó quién era ese niño escondido en una choza y rodeado de animales. Su maestra le explicó una historia, un poco extraña para la mentalidad de Bashir; sin embargo, de pronto, se iluminó su rostro al oír que ese niño era el portador de una buena noticia.

Inmediatamente la maestra se dio cuenta del cambio de actitud del muchacho y le preguntó el motivo de su inesperada alegría, a lo que él respondió: “En la lengua de mi pueblo, el portador de buenas noticias recibe el nombre de Bashir”.

 

«El que no sale nunca de su tierra vive lleno de prejuicios».

(Carlo Goldoni)

 

1. ¿Cuál es el origen de los prejuicios según este autor? El que no sale nunca de su tierra, vive lleno de prejuicios (Carlo Goldoni).

2. ¿Alguna vez te has sentido extraño en medio de la gente?

3. ¿Cómo te sentirías si vivieras en otro país?

4. ¿Crees que somos tan diferentes las personas de orígenes diversos?

5. ¿Consideras que es enriquecedor convivir con personas de culturas diferentes?

6. ¿Qué se puede hacer para que haya entendimiento entre las personas de culturas diferentes?

7. Investiga los elementos con los que celebramos la Navidad y que proceden de otras tradiciones culturales.

 

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navegando-en-tu-corazon-inf-06Desde el corazón

Desde el corazón,
te digo, Jesús, lo mucho que te quiero
y lo mucho que te necesito.

Échame una mano cuando me veas triste y cansado,
y no permitas que me pierda en esos mares
que no me llevan a ti.

 

navegando-en-tu-corazon-inf-08Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

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navegando-en-tu-corazon-inf-01

Desde el corazón

Desde el corazón, te doy gracias
por los bienes que me das
y por las cosas que comparto.


Quiero ser una persona responsable
y atenta a las necesidades de los demás.

Haz, Jesús, que mi corazón
esté siempre abierto para dar
y abierto para recibir todo lo que viene de ti:
amor, justicia, paz.

 

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

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Desde el corazón

Desde el corazón, quiero ser apoyo
y ayuda para los que me acompañan:
amigos, compañeros de clase y familiares.

Que en el mar de la vida
nunca les falte una sonrisa,
una palabra de consuelo,
una mano amiga que les ayude a caminar.

Gracias, Jesús, por todos ellos.

 

navegando-en-tu-corazon-inf-08Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

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