Evangelio del día: La semilla y la cizaña
El trigo, la cizaña y la paciencia de Dios
Mateo 13, 36-43 · Martes de la 17.ª semana del Tiempo Ordinario
El demonio es un sembrador de cizaña: busca dividir a las personas, las familias, las naciones y los pueblos. Cristo, en cambio, siembra la buena semilla y nos enseña a vivir con paciencia, esperanza y confianza en la victoria definitiva del bien.
Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dejó a la multitud y regresó a la casa. Sus discípulos se acercaron y le dijeron:
«Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».
Él les respondió:
«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio.
La cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo.
El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y ellos quitarán de su Reino todos los escándalos y a cuantos obran el mal, y los arrojarán al horno encendido. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.
El que tenga oídos, que oiga».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
Palabra central
«Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre».
Lecturas de la liturgia
| Primera lectura | Libro de Jeremías, Jer 14, 17-22 |
| Salmo | Sal 79 (78), 8-13 |
Oración introductoria
Señor, ayúdame a escuchar y creer en tu Palabra para que esta oración sea el comienzo de una verdadera transformación. Haz que Tú seas el principio, el centro y el fin de todas las actividades de este día.
Petición
Padre Santo, hazme un instrumento fiel y eficaz de tu Evangelio.
Meditación del Santo Padre Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En estos domingos, la liturgia propone algunas parábolas evangélicas, es decir, breves narraciones que Jesús utilizaba para anunciar a la multitud el Reino de los Cielos.
Entre las parábolas presentes en el Evangelio de hoy hay una especialmente compleja, de la que Jesús ofrece una explicación a sus discípulos: la parábola del trigo y la cizaña.
Esta parábola afronta el problema del mal en el mundo y pone de relieve la paciencia de Dios.
El sembrador de la división
La escena tiene lugar en un campo donde el dueño siembra trigo. Pero, durante la noche, llega un enemigo y siembra cizaña.
El término «cizaña», en hebreo, deriva de la misma raíz que el nombre «Satanás» y remite al concepto de división.
El demonio es un sembrador de cizaña: busca siempre dividir a las personas, las familias, las naciones y los pueblos.
Los servidores quieren retirar inmediatamente la hierba mala, pero el dueño se lo impide y les explica: «No sea que, al recoger la cizaña, arranquéis también el trigo».
Todos sabemos que, mientras crece, la cizaña se parece mucho al trigo. Existe, por tanto, el peligro de confundirlos.
El mal no procede de Dios
La enseñanza de la parábola es doble. En primer lugar, nos dice que el mal que existe en el mundo no procede de Dios, sino de su enemigo, el Maligno.
Es significativo que el enemigo vaya de noche a sembrar la cizaña: actúa en la oscuridad, en la confusión y allí donde falta la luz.
Este enemigo es astuto. Ha sembrado el mal en medio del bien, de tal manera que los seres humanos no podemos separarlos siempre con claridad.
Dios, sin embargo, podrá hacerlo al final.
Nuestra impaciencia y la espera de Dios
Aquí aparece el segundo tema: la contraposición entre la impaciencia de los servidores y la espera paciente del propietario del campo, que representa a Dios.
Nosotros tenemos con frecuencia mucha prisa por juzgar, clasificar y colocar de un lado a los buenos y del otro a los malos.
Recordemos la oración de aquel hombre soberbio: «Oh Dios, te doy gracias porque soy bueno y no soy como los demás hombres».
Dios, en cambio, sabe esperar. Mira el campo de la vida de cada persona con paciencia y misericordia.
Ve mucho mejor que nosotros la suciedad y el mal, pero también contempla los brotes de bien y espera confiadamente a que maduren.
Nuestro Dios es un Padre paciente que nos espera con el corazón abierto para acogernos y perdonarnos.
Él nos perdona siempre cuando acudimos sinceramente a su encuentro.
La paciencia no es indiferencia
La actitud del propietario es la actitud de la esperanza, fundada en la certeza de que el mal no tiene ni la primera ni la última palabra.
Gracias a esta esperanza paciente de Dios, incluso la cizaña —es decir, un corazón malo y cargado de pecados— puede llegar a transformarse finalmente en buen trigo.
Pero debemos prestar atención: la paciencia evangélica no es indiferencia ante el mal. No podemos confundir el bien con el mal.
Ante la cizaña presente en el mundo, el discípulo del Señor está llamado a imitar la paciencia de Dios y alimentar la esperanza, apoyándose en una firme confianza en la victoria final del bien, es decir, de Dios.
El juicio y la misericordia
Al final, el mal será retirado y eliminado. En el tiempo de la cosecha, es decir, del juicio, los encargados de recoger seguirán la orden del dueño y separarán la cizaña para quemarla.
En ese día de la cosecha definitiva, el juez será Jesucristo, aquel que sembró el buen trigo en el mundo y que se convirtió él mismo en grano de trigo, murió y resucitó.
Al final, todos seremos juzgados con la misma medida con la que hayamos juzgado.
La misericordia que hayamos usado con los demás será usada también con nosotros. Pidamos a la Virgen, nuestra Madre, que nos ayude a crecer en paciencia, esperanza y misericordia con todos nuestros hermanos.
Santo Padre Francisco
Ángelus del domingo, 20 de julio de 2014
Claves para comprender el Evangelio
| Imagen | Sentido espiritual |
|---|---|
| El sembrador | Es el Hijo del hombre, Jesucristo, que siembra en el mundo la verdad, la gracia y la vida del Reino. |
| El campo | Es el mundo y también el corazón humano, donde crecen simultáneamente semillas de bien y tentaciones de mal. |
| La buena semilla | Son los hijos del Reino, llamados a dar fruto mediante la fe, la fidelidad, la justicia y la caridad. |
| La cizaña | Representa el mal sembrado por el enemigo: pecado, división, engaño, escándalo y rechazo de Dios. |
| La cosecha | Es el juicio definitivo, cuando Dios manifestará plenamente la verdad de cada vida y vencerá para siempre al mal. |
| El resplandor | Expresa la gloria de los justos, transformados por Dios y llamados a participar eternamente de su luz. |
Para examinar la vida
¿Siembro paz o división con mis palabras? ¿Me apresuro a juzgar y clasificar a las personas? ¿Confundo la paciencia con la permisividad ante el mal? ¿Reconozco y agradezco los pequeños brotes de bien que Dios hace crecer en mí y en los demás?
Propósito
Renunciaré hoy a algo bueno que me agrada, pero que no necesito, para crecer en libertad interior y en amor a Dios. Ofreceré esa pequeña renuncia por la reconciliación de una familia o de unas personas divididas.
Diálogo con Cristo
Señor, creo que estás siempre pendiente de mi vida y que el mal no tendrá la victoria definitiva.
Renuevo mi confianza en que, con tu gracia y tu misericordia, podré avanzar hacia la santidad.
Cuando experimente la fuerza del mal en mi corazón, ayúdame a recordar que esta vida es breve y que todo esfuerzo realizado por amor es precioso ante tus ojos.
Sostén mi esperanza y haz que recuerde siempre la felicidad eterna que estás preparando para quienes permanecen fieles.
No permitas que siembre división con mis palabras o mis juicios. Hazme paciente con las debilidades de los demás, firme ante el mal y misericordioso con cada persona.
Idea para vivir el Evangelio de hoy
El cristiano no combate la cizaña sembrando más división, sino cultivando con paciencia la verdad, la misericordia y los brotes de bien.
Para seguir profundizando
- Evangelio del día en Catholic.net
- Evangelio del día
- Orden de Predicadores – Evangelio del día
- Evangelio del día en Evangeli.net
















