Catequesis familiar: Santas Justa y Rufina
Santas Justa y Rufina
La santidad nace también en el trabajo cotidiano. Catequesis familiar de verano sobre las patronas de Sevilla.

PARTE I · Presentación de la catequesis
1. Dos jóvenes alfareras que cambiaron la historia de Sevilla
Cuando pensamos en los santos, con frecuencia imaginamos grandes predicadores, reyes, monjes o misioneros. Sin embargo, Dios también escribe algunas de las páginas más hermosas de la historia de la Iglesia con personas que llevan una existencia aparentemente sencilla. Las santas Justa y Rufina eran dos jóvenes que trabajaban con sus manos, moldeaban la arcilla cada día y vivían de un oficio humilde en la ciudad romana de Hispalis, la actual Sevilla.
Su taller de alfarería fue mucho más que un lugar donde fabricar vasijas. Allí aprendieron el esfuerzo, la paciencia, la responsabilidad y la ayuda mutua. Mientras sus manos daban forma al barro, su corazón iba siendo modelado por Cristo. Cuando llegó el momento de elegir entre conservar una vida tranquila o permanecer fieles al Señor, descubrieron que la verdadera fortaleza nace de la fidelidad vivida cada día.
Para los catequistas y los padres. Los niños y adolescentes están acostumbrados a relacionar la santidad con acontecimientos extraordinarios. Esta sesión ayudará a descubrir que la santidad comienza mucho antes de las grandes decisiones: nace en la forma de trabajar, de cumplir la palabra dada, de ayudar en casa, de estudiar con responsabilidad y de permanecer fieles a Jesús cuando nadie parece mirar.
2. ¿Qué aprenderemos en esta sesión?
Esta catequesis familiar quiere ayudar a descubrir que Dios no llama únicamente a realizar cosas extraordinarias. También santifica la vida de cada día, el trabajo bien hecho, la responsabilidad, la amistad, la familia y las pequeñas decisiones que parecen pasar desapercibidas. Justa y Rufina muestran que un corazón unido a Cristo puede transformar un sencillo taller de alfarería en un verdadero camino hacia el cielo.
A lo largo de esta sesión conoceremos su historia, contemplaremos las escenas principales de su vida, rezaremos con la Palabra de Dios y realizaremos actividades pensadas para vivir en familia. Poco a poco comprenderemos que la fidelidad no se improvisa cuando llegan las dificultades, sino que se aprende cada día, igual que un alfarero aprende su oficio trabajando el barro con paciencia y constancia.
Idea central para toda la catequesis. Las manos de un alfarero transforman la arcilla en una vasija útil y hermosa. Del mismo modo, Dios va modelando el corazón de quienes confían en Él. Justa y Rufina dejaron que el Señor moldeara toda su vida, hasta llegar a ser capaces de permanecer fieles incluso en la persecución.
Propuesta para la familia. Antes de comenzar la sesión, puede ser un buen momento para preguntar a cada miembro de la familia qué tarea cotidiana le cuesta más realizar: estudiar, ordenar la habitación, ayudar en casa, cuidar de un hermano pequeño o cumplir un horario. Al finalizar la catequesis volveréis sobre esas respuestas para descubrir cómo el trabajo realizado con amor también puede convertirse en un camino de santidad.
3. Cómo utilizar esta catequesis en familia durante el verano
El verano ofrece un ritmo diferente al del resto del año. Hay más tiempo para conversar, pasear, compartir las comidas y realizar actividades en familia. Esta catequesis está pensada para aprovechar ese ambiente, sin prisas y con la alegría propia de las vacaciones, de modo que la historia de las santas Justa y Rufina se convierta en una experiencia compartida y no solo en una lectura.
No es necesario completar toda la sesión de una vez. Puede realizarse en distintos momentos, dejando espacio para el diálogo, la contemplación de las imágenes, la oración y las actividades. Lo importante es que cada paso ayude a descubrir que Cristo sigue llamando hoy a niños, jóvenes y adultos a vivir una fe coherente, capaz de transformar el trabajo cotidiano, la vida familiar y las pequeñas decisiones de cada día.
Consejo catequético. Siempre que sea posible, buscad un lugar tranquilo y agradable para realizar la sesión. Una mesa preparada con una Biblia, una pequeña cruz, una vela —que encenderá un adulto cuando corresponda— y, si tenéis alguna pieza de barro o de cerámica, puede ayudar a recordar durante toda la catequesis que Dios modela nuestro corazón con la misma paciencia con la que un alfarero trabaja la arcilla.
Para los padres. No intentéis responder inmediatamente a todas las preguntas de vuestros hijos. Escuchad primero lo que ellos piensan y sienten. Muchas veces la mejor catequesis comienza cuando un niño descubre por sí mismo que la fidelidad de las santas Justa y Rufina también puede iluminar un problema de su colegio, de su grupo de amigos o de su propia familia.
PARTE II · La fe que transforma la vida cotidiana
1. Dios llama también a quienes llevan una vida sencilla
Muchas personas piensan que solo pueden hacer grandes cosas quienes ocupan puestos importantes o poseen cualidades extraordinarias. Sin embargo, el Evangelio muestra continuamente lo contrario. Jesús llamó a pescadores, artesanos, recaudadores de impuestos y personas humildes para confiarles la misión más grande de la historia: anunciar el Reino de Dios. La santidad nunca ha dependido del prestigio, de la riqueza o de la fama, sino de la respuesta generosa al amor del Señor.
Justa y Rufina no dirigían ejércitos ni gobernaban ciudades. Cada mañana comenzaban su jornada preparando el barro, amasándolo con paciencia, haciendo girar el torno y cociendo las piezas en el horno. A los ojos de muchos eran simplemente dos jóvenes alfareras; a los ojos de Dios estaban aprendiendo la fidelidad, la constancia y el servicio, virtudes que un día las prepararían para afrontar la prueba más difícil de su vida.
Consejo catequético. Ayudad a los niños a descubrir que Dios también los llama mientras estudian, ordenan su habitación, ayudan en casa o cumplen con sus pequeñas responsabilidades. La vocación cristiana no comienza cuando una persona hace algo extraordinario, sino cuando aprende a amar a Dios en aquello que tiene delante cada día.
Para dialogar en familia. Compartid alguna experiencia en la que un trabajo sencillo haya servido para hacer feliz a otra persona. Después preguntad: ¿qué tareas aparentemente pequeñas realizamos cada día y cómo podrían convertirse en una forma concreta de amar a Dios y de servir a los demás?
2. El trabajo bien hecho también puede ser camino de santidad
El trabajo ocupa una parte importante de nuestra vida, pero no consiste solamente en producir cosas o ganar el sustento. Para un cristiano, trabajar es colaborar con la obra creadora de Dios. Cada tarea realizada con honestidad, competencia y espíritu de servicio contribuye a hacer el mundo un poco mejor. Por eso la Iglesia siempre ha visto en el trabajo una auténtica vocación, capaz de educar el carácter, fortalecer las virtudes y abrir el corazón al servicio de los demás.
Las manos de Justa y Rufina estaban acostumbradas al esfuerzo. El barro debía extraerse, limpiarse, amasarse y modelarse antes de entrar en el horno. Era un trabajo exigente, que dejaba huellas en las manos y cansancio al terminar la jornada. Sin embargo, aquellas horas de esfuerzo no las alejaban de Dios, sino que las acercaban a Él. Mientras moldeaban la arcilla, también iban aprendiendo la paciencia, la perseverancia, el cuidado por las cosas bien hechas y la alegría de ofrecer a los demás un trabajo digno y honrado.
También nosotros tenemos nuestro «barro» cotidiano. Los deberes escolares, el estudio, las tareas domésticas, la atención a los abuelos, el cuidado de los hermanos pequeños o el propio trabajo profesional pueden parecer rutinarios. Pero cuando se realizan por amor a Dios y al prójimo adquieren un valor mucho mayor del que imaginamos. La santidad no consiste en escapar de la vida ordinaria, sino en dejar que Cristo la transforme desde dentro.
Consejo catequético. Si es posible, buscad en casa un objeto de barro o de cerámica y observadlo con atención. Pensad en el tiempo, el esfuerzo y la paciencia que fueron necesarios para fabricarlo. Después preguntad: ¿qué virtudes quiere modelar Dios hoy en nuestro corazón con las tareas que realizamos cada día?
Para los padres. Los hijos aprenden el valor del trabajo sobre todo viendo trabajar a sus padres. Cuando contemplan responsabilidad, honradez, serenidad ante el esfuerzo y alegría por el deber cumplido, descubren que el trabajo no es un castigo, sino una forma concreta de amar y de servir.
3. Cuando la fe obliga a decir «no»
Llega un momento en la vida de todo cristiano en el que seguir a Jesucristo exige tomar una decisión que quizá no sea comprendida por los demás. La fidelidad no consiste solamente en rezar o conocer la doctrina; también implica actuar de acuerdo con la propia conciencia cuando aparece una situación injusta o contraria al Evangelio. Es precisamente entonces cuando la fe deja de ser una idea para convertirse en una forma concreta de vivir.
Eso fue lo que ocurrió a Justa y Rufina. Como artesanas, podían haber buscado una solución cómoda para evitar problemas con las autoridades y continuar tranquilamente con su trabajo. Sin embargo, comprendieron que un cristiano no puede colaborar con aquello que conduce a apartarse de Dios. Su negativa no nació del orgullo ni del deseo de enfrentarse a nadie, sino de una conciencia formada por el Evangelio y de un amor sincero a Jesucristo, al que no estaban dispuestas a traicionar.
También hoy encontramos situaciones parecidas, aunque normalmente no impliquen persecución. A veces la presión del grupo invita a copiar en un examen, burlarse de un compañero, mentir para evitar un castigo, difundir un rumor por las redes sociales o participar en acciones que sabemos que están mal. La fidelidad comienza precisamente en esos pequeños «no», pronunciados con serenidad, respeto y valentía, porque quien aprende a ser fiel en las cosas pequeñas estará mejor preparado para afrontar las pruebas mayores.
Consejo catequético. Conviene explicar que decir «no» por fidelidad a Cristo nunca significa despreciar a las personas. Las santas rechazaron un acto incompatible con su fe, pero no dejaron de reconocer la dignidad de quienes pensaban de otra manera. La verdad cristiana siempre va unida al respeto y a la caridad.
Para dialogar en familia. Recordad alguna ocasión en la que resultó difícil hacer lo correcto porque otras personas pensaban o actuaban de forma distinta. ¿Qué ayudó a mantener la decisión? ¿Cómo podemos prepararnos para permanecer fieles sin responder con enfado, agresividad o desprecio hacia los demás?
Antes de continuar, haría una pequeña corrección de estructura respecto al plan.
PARTE III · Conociendo a las santas Justa y Rufina
1. La Hispalis romana
Para comprender mejor la vida de las santas Justa y Rufina, conviene viajar casi dieciocho siglos atrás. Hispalis era una de las ciudades más importantes de la provincia romana de la Bética, una tierra fértil, atravesada por el gran río Betis y muy activa gracias al comercio. Sus calles estaban llenas de artesanos, comerciantes, agricultores, soldados y familias que convivían bajo las leyes del Imperio romano. En aquel ambiente convivían antiguas tradiciones hispanorromanas con las costumbres llegadas de Roma, mientras el cristianismo comenzaba a extenderse discretamente entre la población.
La vida diaria transcurría entre talleres y mercados. El barro extraído de las orillas del río se transformaba en cántaros, platos, ánforas y toda clase de recipientes necesarios para la vida cotidiana. En ese mundo de trabajo sencillo crecieron Justa y Rufina, aprendiendo desde muy jóvenes el oficio de la alfarería. Nadie habría imaginado entonces que aquellas dos muchachas, conocidas por sus manos cubiertas de arcilla, llegarían a convertirse en uno de los testimonios cristianos más admirados de la antigua Hispania.
Consejo catequético. Puede ser útil mostrar un mapa de la antigua Hispania para localizar la provincia Bética y la ciudad de Hispalis. Los niños comprenden mejor la historia cuando descubren que estos acontecimientos sucedieron en una tierra que hoy forma parte de España y cuya herencia cristiana sigue viva.
Para los padres. Aprovechad este momento para explicar que la fe cristiana no nació en lugares lejanos y desconocidos, sino que muy pronto arraigó también en nuestra propia tierra. La historia de España está profundamente unida a la historia de innumerables cristianos sencillos que transmitieron el Evangelio con su vida antes que con sus palabras.
2. Dos hermanas alfareras
Las antiguas tradiciones cristianas presentan a Justa y Rufina como dos jóvenes hermanas que compartían la misma fe, el mismo oficio y el mismo deseo de vivir según el Evangelio. Su taller de alfarería era el centro de su vida cotidiana. Allí comenzaban cada jornada preparando la arcilla, trabajando el torno, modelando las vasijas y atendiendo a quienes acudían a comprar sus piezas. A primera vista, su existencia no parecía diferente de la de tantos otros artesanos de Hispalis.
Sin embargo, había algo que hacía distinto aquel pequeño taller. Mientras sus manos moldeaban el barro, su corazón permanecía unido a Cristo. La oración, la ayuda mutua y la fidelidad al Evangelio formaban parte de su trabajo diario. No separaban la fe de la vida. Su manera de tratar a los clientes, de realizar bien las piezas y de ayudarse mutuamente era ya una forma de dar testimonio de Jesucristo, mucho antes de que llegara la persecución.
Con frecuencia imaginamos que la santidad aparece de repente, como si una persona cambiara de un día para otro. La vida de Justa y Rufina enseña exactamente lo contrario. El martirio fue la consecuencia de una fidelidad cultivada durante años. Quien aprende a ser generoso en las tareas pequeñas, a trabajar con honradez y a vivir cada jornada con Dios está preparando, quizá sin saberlo, las grandes decisiones que un día tendrá que tomar.
Consejo catequético. Invitad a los niños a fijarse en las manos de las santas en la imagen del taller. No aparecen como manos delicadas de personas acomodadas, sino como manos acostumbradas al esfuerzo. Es una buena ocasión para explicar que Jesús también pasó la mayor parte de su vida trabajando con san José en el taller de Nazaret.
Para dialogar en familia. ¿Qué cualidades hacen agradable trabajar con otra persona? Pensad en la confianza, la paciencia, la ayuda mutua, la sinceridad o la alegría. Después preguntad cómo podrían vivirse esas mismas virtudes en casa, en el colegio o en el trabajo.
3. La prueba de la fidelidad
La tradición cuenta que un día llegó el momento decisivo. Durante una celebración pagana dedicada a la diosa Venus, algunas personas recorrían las calles recogiendo ofrendas para el culto idolátrico. Justa y Rufina comprendieron inmediatamente que no podían colaborar con aquella práctica, porque sabían que solo Dios merece la adoración del corazón humano. Su negativa fue respetuosa, pero firme. No era un gesto de rebeldía, sino un acto de fidelidad a Jesucristo.
La situación se volvió rápidamente tensa. La discusión terminó provocando la rotura de una imagen utilizada en aquella celebración, hecho que desencadenó la reacción de quienes defendían el culto pagano. Las dos hermanas fueron denunciadas ante las autoridades y comenzaron para ellas el interrogatorio, las amenazas y la presión para que abandonaran su fe. Bastaba un pequeño gesto de renuncia para recuperar la libertad, pero ninguna de las dos estuvo dispuesta a negar al Señor que había dado sentido a toda su vida.
Desde fuera podría parecer que perdieron todo. Perdieron su tranquilidad, su trabajo y, poco después, la propia libertad. Sin embargo, descubrieron la mayor de las victorias: conservar limpia la conciencia. Los cristianos sabemos que el éxito verdadero no consiste en evitar los problemas a cualquier precio, sino en permanecer unidos a Cristo incluso cuando esa fidelidad exige sacrificio. Justa y Rufina prefirieron perder aquello que pasa antes que perder aquello que permanece para siempre.
Consejo catequético. Conviene explicar que los primeros cristianos no buscaban el enfrentamiento con las autoridades. Deseaban vivir en paz con todos, pero sabían que ninguna ley humana puede obligar a una persona a actuar contra una conciencia rectamente formada según el Evangelio.
Para los padres. Esta es una buena ocasión para hablar con los hijos sobre la libertad de conciencia. Educar cristianamente no consiste solo en enseñar lo que está bien o mal, sino en ayudarles a comprender por qué merece la pena hacer el bien incluso cuando resulte más difícil o tenga un coste personal.
4. La prisión, el martirio y una herencia que continúa
Después del juicio comenzaron los sufrimientos. Las autoridades intentaron quebrantar su fortaleza mediante la cárcel, los malos tratos y las privaciones. Pero aquello que había sido modelado durante tantos años en la vida cotidiana no podía destruirse fácilmente. La oración, la confianza en Dios y el apoyo mutuo sostuvieron a aquellas dos jóvenes cuando ya no conservaban la libertad, el taller ni la seguridad de los días tranquilos.
La tradición relata que santa Justa murió durante el cautiverio, permaneciendo fiel a Jesucristo hasta el final. Santa Rufina continuó confesando su fe con la misma valentía y también alcanzó la palma del martirio. La Iglesia no recuerda principalmente el modo de su muerte, sino la fidelidad de toda su vida. Su martirio fue el último capítulo de una historia que había comenzado muchos años antes, entre el barro, el torno y el trabajo humilde de un pequeño taller sevillano.
Con el paso de los siglos, el recuerdo de Justa y Rufina no desapareció. Los cristianos de Sevilla conservaron viva su memoria y comenzaron a invocarlas como protectoras de la ciudad. Su presencia en la tradición artística y religiosa sevillana recuerda que la santidad deja una huella mucho más profunda que cualquier monumento. Ellas siguen invitando a cada generación a vivir con la misma coherencia: trabajar con honradez, amar a Cristo por encima de todo y permanecer fieles cuando llegan las dificultades.
Consejo catequético. Conviene explicar a los niños que los mártires no son personas que buscaron el sufrimiento. Son cristianos que amaron tanto a Jesucristo que prefirieron perder la vida antes que renunciar a Él. Su ejemplo nos anima a vivir con valentía las pequeñas fidelidades de cada día.
Para dialogar en familia. Al terminar esta parte, cada miembro de la familia puede completar esta frase: «Hoy puedo parecerme un poco más a las santas Justa y Rufina si…». Compartid las respuestas y elegid un compromiso sencillo para vivir durante la semana.
PARTE IV · Aprendemos con las imágenes
Imagen 1. El taller donde la fe se hacía trabajo

Ambiente de la imagen. Un taller de alfarería de la Hispalis romana lleno de vida. El torno está en movimiento, las vasijas ocupan las estanterías y el suelo aparece cubierto de polvo de arcilla. Las dos hermanas trabajan con intensidad; sus manos están manchadas de barro, su ropa muestra el esfuerzo de la jornada y en sus rostros se aprecia el cansancio propio del trabajo bien hecho. Una de ellas enseña discretamente una pequeña cruz de madera a la otra mientras continúan trabajando. La escena transmite esfuerzo, serenidad, confianza y alegría compartida.
Lo primero que llama la atención no es la cruz ni siquiera las dos santas, sino el trabajo. Todo en la escena habla de una jornada real: el barro húmedo, las piezas todavía sin terminar, el torno girando y las gotas de sudor que recuerdan el esfuerzo necesario para sacar adelante un oficio humilde. La santidad no aparece separada de la vida diaria, sino precisamente en medio de ella.
La pequeña cruz pasa casi desapercibida, pero ocupa el centro espiritual de la imagen. No interrumpe el trabajo, sino que lo ilumina. Justa y Rufina no dejan de trabajar para hablar de Cristo; hablan de Cristo mientras trabajan. Esa es una enseñanza muy profunda para cualquier familia cristiana: la fe no ocupa solamente unos minutos de oración, sino que acompaña toda la jornada y transforma la manera de vivirla.
También las manos tienen mucho que enseñar. Son manos fuertes, acostumbradas al barro, muy distintas de las que solemos imaginar en muchas representaciones artísticas. Esas manos recuerdan las de Jesús en el taller de Nazaret, donde pasó la mayor parte de su vida junto a san José. El trabajo honrado nunca aleja de Dios cuando se realiza con amor, responsabilidad y espíritu de servicio.
Diálogo en familia. Observad durante unos instantes las manos de las dos hermanas. ¿Qué nos dicen sobre su forma de vivir? ¿Qué trabajos realizan habitualmente los miembros de vuestra familia? ¿Cómo podrían convertirse también esos trabajos en una oración ofrecida al Señor?
Compromiso. Durante esta semana procuraremos realizar una tarea cotidiana —estudiar, cocinar, limpiar, trabajar o ayudar en casa— con especial cuidado y sin quejarnos. Al terminarla, la ofreceremos a Dios con una breve oración de acción de gracias.
Imagen 2. La decisión que cambió sus vidas

Ambiente de la imagen. La escena transcurre en una calle de la Hispalis romana. Las dos hermanas permanecen serenas frente a un grupo de personas reunidas con motivo de una celebración pagana. En el suelo aparece una imagen idolátrica ya caída y fragmentada, mientras las miradas de los presentes reflejan sorpresa, enfado y desconcierto. Justa y Rufina no muestran agresividad; su postura transmite fortaleza, paz interior y una conciencia limpia, incluso en el momento en que comprenden que aquella decisión tendrá consecuencias.
Esta imagen representa el instante decisivo de toda la historia. Durante años las santas habían aprendido a ser fieles en las pequeñas cosas; ahora esa fidelidad debía ponerse a prueba públicamente. No aparecen como personas impulsivas ni dominadas por la ira. Sus rostros permanecen tranquilos porque saben que la verdad no necesita gritar para ser firme.
La figura rota del ídolo no es el centro de la escena. Lo verdaderamente importante son las dos jóvenes que permanecen unidas. Su fuerza nace de la fe compartida y de una conciencia formada según el Evangelio. Cuando una persona sabe quién es Dios, también aprende a distinguir aquello que no puede ocupar su lugar. Esa claridad interior les permite mantenerse firmes sin perder la serenidad.
Hoy quizá no encontremos ídolos de piedra, pero existen muchas realidades que pretenden ocupar el lugar de Dios en el corazón: el dinero, el éxito, la popularidad, el deseo de quedar bien con todos o la búsqueda constante de comodidad. Las santas Justa y Rufina recuerdan que todo aquello que aparta de Cristo termina convirtiéndose en una forma de idolatría, aunque adopte una apariencia mucho más moderna.
También impresiona la reacción de quienes las rodean. Unos se indignan, otros observan con curiosidad y algunos parecen no comprender lo que sucede. La fidelidad cristiana no siempre será entendida, pero eso no significa que debamos responder con desprecio o violencia. La verdadera fortaleza consiste en permanecer fieles a la verdad sin dejar de amar a las personas.
Diálogo en familia. ¿Qué cosas pueden convertirse hoy en «ídolos» si ocupan el lugar que solo corresponde a Dios? Pensad en ejemplos cercanos a vuestra vida y buscad juntos maneras concretas de mantener a Jesucristo en el centro de las decisiones familiares.
Compromiso. Antes de terminar el día, cada miembro de la familia puede preguntarse en silencio: «¿Qué ha ocupado hoy el primer lugar en mi corazón?». Después rezad juntos un Padrenuestro, pidiendo al Señor la gracia de poner siempre a Dios por encima de cualquier otra cosa.
Imagen 3. La oración antes del martirio

Ambiente de la imagen. Una pequeña celda de piedra apenas iluminada por un haz de luz que atraviesa una estrecha ventana. Las dos hermanas permanecen juntas, arrodilladas en oración. Sus vestidos muestran el desgaste del cautiverio y sus rostros reflejan el cansancio de los días pasados en prisión, pero también una profunda paz. No hay gestos de desesperación. La escena transmite silencio, confianza absoluta en Dios, esperanza y fortaleza interior.
Después del ruido de las calles y de la tensión del juicio, esta imagen nos introduce en un silencio lleno de significado. Las santas ya no pueden trabajar en su taller ni caminar libremente por Hispalis, pero nadie puede impedirles hablar con Dios. Han perdido muchas cosas, pero conservan la más importante: la amistad con Jesucristo.
El rayo de luz que entra por la ventana no pretende solamente iluminar la prisión. Es un signo de la presencia de Dios, que nunca abandona a quienes permanecen fieles. Aunque el lugar sea oscuro y pobre, la luz recuerda que ninguna cárcel puede encerrar el amor de Dios ni apagar la esperanza de quien confía en Él.
Las dos hermanas rezan unidas. No aparecen cada una en un rincón, sino muy cerca la una de la otra. La fe también se sostiene en la comunión. Dios nos regala la familia, la comunidad cristiana y los amigos creyentes para ayudarnos a permanecer firmes cuando llegan las dificultades. Nadie está llamado a recorrer solo el camino hacia la santidad.
Muchos cristianos nunca conocerán una prisión, pero todos atravesaremos momentos de oscuridad: una enfermedad, un fracaso, una pérdida, una decepción o una etapa de dudas. Esta imagen enseña que la primera respuesta del cristiano no es el desánimo, sino la oración. Quien aprende a ponerse de rodillas ante Dios encuentra una fuerza que el mundo no puede dar.
Diálogo en familia. Contemplad durante unos instantes el haz de luz que ilumina la celda. ¿Qué puede representar en la vida de un cristiano? Compartid alguna ocasión en la que la oración os haya ayudado a afrontar una dificultad con más serenidad y confianza.
Compromiso. Buscad esta semana unos minutos de silencio para rezar juntos en familia. No hace falta decir muchas palabras. Basta con leer un breve pasaje del Evangelio, permanecer un momento en silencio y confiar al Señor aquello que más preocupa a cada uno.
Imagen 4. Las patronas que siguen protegiendo Sevilla

Ambiente de la imagen. Justa y Rufina aparecen glorificadas, revestidas de luz, sosteniendo entre ambas la antigua Giralda almohade, todavía sin el Giraldillo ni el remate barroco que hoy conocemos. A sus pies descansan varias piezas de cerámica que recuerdan su oficio de alfareras, mientras cada una sostiene la palma del martirio. La escena transmite gloria serena, protección, esperanza y cercanía, uniendo la historia de las santas con la ciudad que las venera desde hace siglos.
Esta imagen no representa un hecho histórico concreto, sino una verdad expresada mediante un lenguaje simbólico. La Iglesia utiliza con frecuencia este tipo de representaciones para recordar una misión espiritual. Del mismo modo que san Pedro aparece con las llaves o santa Catalina con la rueda de su martirio, Justa y Rufina sostienen la Giralda como signo de la protección que la tradición cristiana atribuye a las patronas de Sevilla.
La antigua torre ocupa el centro de la composición, pero no eclipsa a las santas. La Giralda representa mucho más que un monumento: simboliza una ciudad entera, con sus familias, sus parroquias, sus calles y su historia cristiana. Al contemplarla sostenida por Justa y Rufina comprendemos que la santidad nunca se vive solo para uno mismo. Quien permanece fiel a Dios termina siendo una bendición para muchas otras personas.
También las piezas de barro colocadas a sus pies tienen un profundo significado. Dios no borró su historia anterior, sino que la llevó a plenitud. Siguen siendo las jóvenes alfareras de Hispalis, pero ahora contemplamos el fruto definitivo de aquella vida sencilla. El trabajo cotidiano no fue un capítulo secundario de su existencia, sino el lugar donde comenzó a crecer la santidad que hoy la Iglesia venera.
La palma del martirio completa el mensaje de la imagen. No es un trofeo humano ni una recompensa conquistada por las propias fuerzas. Es el signo de la victoria de Cristo en quienes permanecieron fieles hasta el final. Justa y Rufina no vencieron porque fueran más fuertes que los demás, sino porque dejaron que el Señor sostuviera su fidelidad desde el comienzo hasta el último instante de su vida.
Diálogo en familia. Pensad en vuestra ciudad, vuestro pueblo o vuestro barrio. ¿Qué cristianos conocidos —santos, sacerdotes, religiosas, catequistas, abuelos o personas sencillas— han dejado una huella de fe en ese lugar? ¿Cómo podéis contribuir también vosotros a que vuestro entorno sea un poco más cristiano?
Compromiso. Terminad esta parte rezando juntos: «Santas Justa y Rufina, patronas de Sevilla, enseñadnos a vivir con alegría el trabajo de cada día, a permanecer fieles a Jesucristo y a ser testigos valientes del Evangelio allí donde el Señor nos ha puesto. Amén.»
Antes de darte la entrega, una observación editorial: en este tipo de catequesis las actividades funcionan mejor si comienzan con un pequeño párrafo introductorio que explique por qué se realizan. Así el paso del comentario de imágenes a la parte práctica no resulta brusco. Creo que dará mucha más unidad al documento.
PARTE V · Actividades para vivir en familia
La mejor catequesis es la que transforma la vida. Después de conocer la historia de las santas Justa y Rufina y de contemplar las principales escenas de su testimonio cristiano, llega el momento de dar un paso más. Estas actividades quieren ayudar a llevar el Evangelio a la vida diaria, para que la fidelidad, el trabajo bien hecho y el amor a Jesucristo no se queden solamente en una bonita historia del pasado.
No importa tanto hacer todas las actividades como realizarlas con calma y favoreciendo el diálogo entre padres e hijos. Cada una de ellas termina con un compromiso sencillo, porque la santidad siempre comienza con pequeños pasos dados cada día.
Actividad 1. Construimos sobre roca
Las santas Justa y Rufina no improvisaron su valentía. La fueron construyendo día tras día, igual que un edificio necesita muchas piedras para mantenerse firme. Cada gesto de amor y de fidelidad fortalece nuestro corazón y nos prepara para responder bien cuando llegan las dificultades.
Compromiso. Durante la semana, cada miembro de la familia elegirá una pequeña «piedra» que quiere colocar en su vida: una tarea concreta que realizará con constancia para crecer en fidelidad.




