Santa Clara de Asís: Una vida enteramente para Dios
Cómo utilizar esta catequesis
Esta catequesis no pretende convertir la vocación en un asunto reservado a unos pocos. Parte de una verdad más amplia: Dios llama a cada bautizado a la santidad. A través de santa Clara, podremos comprender de manera especial la vocación de las mujeres que consagran toda su vida a Dios.
Objetivo general
Descubrir la vocación como llamada de Dios y comprender, mediante la vida de santa Clara, el valor de la consagración femenina y de la vida contemplativa en la Iglesia.
Destinatarios
Familias, grupos de postcomunión y confirmación, catequesis parroquial y formación de catequistas. El catequista puede seleccionar las notas de profundización según la edad.
Carismas
consagración
oración
pobreza
humildad
fraternidad
contemplación
perseverancia
Uso recomendado
Puede trabajarse completa o por sesiones. Para grupos, conviene unir un capítulo doctrinal, una o dos escenas biográficas y una breve oración o actividad.
| Para la familia | Para el catequista | Qué evitar |
|---|---|---|
| Hablar de la propia vocación como historia de amor y servicio; escuchar sin presionar; rezar por la vocación de cada hijo. | Presentar todos los estados de vida con estima; explicar términos difíciles; usar las notas de profundización cuando el grupo lo permita. | Tests vocacionales, comparaciones de superioridad, presentar la clausura como huida del mundo o la pobreza como desprecio de los bienes creados. |
Índice
Parte I. Dios llama y espera una respuesta
1. Dios llama a cada persona a seguirlo
2. Escuchar, discernir y responder libremente
3. Pobreza y humildad: hacerse libre para Dios
4. Una vida entregada a Dios da fruto en la Iglesia
Parte II. Santa Clara de Asís: de la llamada a la santidad
1. Infancia y adolescencia cerca de Dios
2. Una llamada que cambia su vida
3. La respuesta: Clara se consagra a Dios
4. Fiel al camino recibido de san Francisco
5. Pobreza y humildad: vivir como Cristo pobre
6. Una comunidad de mujeres toma forma
7. Perseverar cuando seguir a Dios cuesta
8. De la perseverancia a la santidad
Parte III. Actividades: aprender a escuchar la llamada de Dios
1. ¿Qué quieres de mí, Señor?
2. Una familia donde puede crecer una vocación
3. Muchas llamadas, una sola Iglesia
4. Una semana por una vocación
Parte IV. Lectio divina: Entregarse enteramente al Señor
Parte I. Dios llama y espera una respuesta
1. Dios llama a cada persona a seguirlo
La vida cristiana comienza con una iniciativa de Dios. Antes de que una persona pueda preguntarse qué hará con su vida, Dios ya la ha llamado por su nombre, la ha creado por amor y, en el Bautismo, la ha incorporado a Cristo y a su Iglesia. Por eso la primera vocación de todo cristiano no es ser sacerdote, casado, religiosa o misionero: es llegar a ser santo viviendo unido a Jesucristo.
Dentro de esa llamada común, Dios conduce a cada uno por caminos concretos. Algunos son llamados al matrimonio y a formar una familia; otros al ministerio ordenado; otros reciben el don de consagrarse enteramente al Señor. En las mujeres, esta entrega puede tomar diversas formas: vida religiosa apostólica o contemplativa, institutos seculares, sociedades de vida apostólica, vírgenes consagradas y otras realidades reconocidas por la Iglesia.
La virginidad por el Reino no significa que el matrimonio sea algo malo ni que el afecto humano deba rechazarse. Es un don recibido para una entrega indivisa a Cristo. La persona consagrada recuerda a toda la Iglesia que Dios basta, que la vida eterna es nuestra meta y que toda amistad y todo amor humano encuentran en Él su plenitud.
2. Escuchar, discernir y responder libremente
Una llamada de Dios no suele funcionar como una orden que llega escrita desde el cielo. La vocación se va reconociendo mediante la oración, la escucha de la Palabra, los sacramentos, los deseos profundos del corazón, las capacidades recibidas, las necesidades de los demás y el consejo de personas prudentes. A este proceso lo llamamos discernimiento.
Discernir no es esperar una certeza matemática. Es aprender a mirar la propia vida delante de Dios. Por eso hace falta tiempo, silencio y libertad interior. También hace falta acompañamiento: nadie debería tomar decisiones importantes encerrado en sí mismo, pero tampoco debe permitir que otros decidan por él.
Santa Clara fue una joven real, con familia, proyectos posibles y expectativas sociales. Su vocación no eliminó esas circunstancias: tuvo que discernir dentro de ellas. Su historia mostrará que una respuesta verdadera a Dios puede exigir valentía, pero nunca debe confundirse con capricho, presión o fuga irresponsable.
3. Pobreza y humildad: hacerse libre para Dios
Jesús nació pobre, vivió sin buscar seguridades y enseñó a sus discípulos a confiar en el Padre. La pobreza evangélica no consiste en amar la miseria, sino en no convertir las cosas en dueñas del corazón. Quien posee bienes puede vivir desprendido; quien carece de ellos puede desearlos obsesivamente. La pobreza cristiana comienza por reconocer que todo es don.
La humildad tampoco significa pensar que uno no vale nada. Consiste en vivir en la verdad: recibir con gratitud los dones que Dios ha dado, reconocer los propios límites y no necesitar ocupar siempre el primer lugar. Una persona humilde puede tener carácter fuerte; precisamente por no necesitar demostrar su superioridad, queda más libre para servir.
En la familia franciscana estas actitudes adquieren una intensidad especial. Francisco y Clara contemplaron a Cristo pobre y humilde y quisieron que su forma de vida hiciera visible esa elección. En Clara, la pobreza no fue un detalle ascético, sino una convicción que defendería durante décadas.
4. Una vida entregada a Dios da fruto en la Iglesia
Una de las preguntas que más fácilmente surgen ante la vida contemplativa es: «¿Para qué sirve una persona que pasa gran parte de su vida dentro de un monasterio?». La pregunta parte de una idea muy reducida del servicio. En la Iglesia, orar, interceder, ofrecer, escuchar y sostener espiritualmente también son formas reales de misión.
Las comunidades contemplativas organizan su jornada alrededor de la oración litúrgica, la Eucaristía, el trabajo, la fraternidad y el silencio. No viven para encerrarse en sí mismas, sino para mantener abierto un espacio donde toda la Iglesia y las necesidades del mundo son llevadas ante Dios. Juan Pablo II recordó precisamente que la vida de Clara, aunque contemplativa y claustral, no fue una existencia eremítica: en San Damián se formó una fraternidad viva y fecunda.
Ahora podemos pasar de las ideas a una vida concreta. Todo lo anterior podría parecernos difícil de imaginar: ¿puede una joven descubrir que Dios la llama, dejarse formar, perseverar durante décadas y convertirse en madre espiritual de una comunidad? La Iglesia conoce muchas mujeres que lo han hecho. Una de ellas nació en Asís a finales del siglo XII. Se llamaba Clara.
Parte II. Santa Clara de Asís: de la llamada a la santidad
1. Infancia y adolescencia cerca de Dios
Clara nació en Asís, hacia 1193-1194, en una familia noble y acomodada. Su madre, Ortolana, era una mujer de fe. Las fuentes antiguas transmiten que Clara creció en un ambiente donde aprendió a rezar y desarrolló sensibilidad hacia los pobres. Al contar estos primeros años conviene evitar convertirla en una niña irreal: la santidad no consiste en no haber tenido infancia, sino en dejar que la gracia vaya tomando cuerpo en una vida verdadera.
2. Una llamada que cambia su vida
Por aquellos años Asís hablaba de Francisco, el joven que había abandonado una vida acomodada para seguir a Cristo pobre. Clara quedó impresionada por aquel testimonio. No se limitó a admirarlo desde lejos: buscó consejo y comenzó un discernimiento serio. Benedicto XVI subraya que Francisco fue para ella maestro y amigo fraterno, y que la amistad espiritual entre ambos se convirtió en estímulo para avanzar hacia Dios.
3. La respuesta: Clara se consagra a Dios
En la noche del Domingo de Ramos de 1211 o 1212, según la cronología que se siga, Clara dejó la casa familiar y llegó a la Porciúncula, donde Francisco y sus hermanos la recibieron. El corte de sus cabellos y el hábito penitencial expresaron públicamente una decisión interior: quería pertenecer enteramente a Cristo. Después pasó por otras comunidades hasta establecerse en San Damián.
4. Fiel al camino recibido de san Francisco
La vocación de Clara comenzó pronto a atraer a otras mujeres. Su hermana Inés se unió a ella, y después llegaron nuevas compañeras. Clara nunca olvidó que Francisco había sido mediación decisiva en su camino. En sus propios escritos se llama «plantita» de Francisco, expresión de gratitud y pertenencia espiritual, no de pasividad.
5. Pobreza y humildad: vivir como Cristo pobre
En San Damián la pobreza dejó de ser una idea y se convirtió en una forma cotidiana de vivir. Las hermanas trabajaban, rezaban y compartían una existencia sencilla. Clara, aunque responsable de la comunidad, servía personalmente a las enfermas y realizaba tareas humildes. Su autoridad no consistía en separarse de las demás, sino en cuidar de ellas.
La defensa del llamado Privilegium Paupertatis muestra hasta qué punto aquella opción era esencial. Clara quería que su comunidad pudiera vivir sin posesiones que aseguraran su futuro, confiando radicalmente en Dios. León XIV ha recordado esta elección como una forma de libertad y profecía.
6. Una comunidad de mujeres toma forma
Con el paso de los años, San Damián dejó de ser simplemente el lugar donde vivían unas pocas compañeras. Clara tuvo que acoger, formar, organizar y gobernar una comunidad. Aquella experiencia se extendió a otros monasterios y planteó una cuestión decisiva: ¿cómo conservar de manera estable la forma de vida que habían recibido?
Este proceso culminó en la Regla de Clara. Benedicto XVI destaca un hecho singular: Clara fue la primera mujer en la historia de la Iglesia que compuso una Regla escrita y la sometió a la aprobación del Papa. La Regla fue confirmada por Inocencio IV el 9 de agosto de 1253, dos días antes de su muerte. No apareció de repente al final: expresaba décadas de vida, discernimiento y experiencia comunitaria.
7. Perseverar cuando seguir a Dios cuesta
Clara pasó largos años enferma. Sin embargo, su debilidad física no anuló su misión. Continuó rezando, gobernando, aconsejando y manteniendo relación espiritual con otras mujeres, como Inés de Praga, a quien dirigió cartas de extraordinaria profundidad contemplativa. La clausura no impidió que su palabra viajara mucho más lejos que ella.
Las fuentes también transmiten su profunda confianza en la presencia real de Cristo en la Eucaristía en momentos de peligro. La iconografía posterior ha representado con frecuencia a Clara con una custodia; al reconstruir visualmente estos episodios conviene respetar las formas litúrgicas de su época y no trasladar sin más objetos posteriores al siglo XIII.
8. De la perseverancia a la santidad
El 9 de agosto de 1253 quedó confirmada la Regla propia de Clara. Dos días después, el 11 de agosto, murió en San Damián. Las fuentes conservan el recuerdo de una mujer que, al llegar a la meta, daba gracias a Dios incluso por el don de haber sido creada. Su santidad no fue un instante final: fue la forma que tomó una vida entera de fidelidad.
Clara dejó tras de sí una comunidad, una Regla, cartas, una espiritualidad y, sobre todo, una manera concreta de seguir a Cristo pobre. La Iglesia reconoció pronto su santidad. Su carisma continúa hoy en las clarisas y en otras ramas de la familia clariana.
Parte III. Actividades: aprender a escuchar la llamada de Dios
1. Actividad personal: «¿Qué quieres de mí, Señor?»
Aprender a mirar la propia vida delante de Dios sin intentar adivinar inmediatamente una vocación concreta.
25-35 minutos.
Biblia, cuaderno, bolígrafo y un lugar tranquilo.
2. Actividad familiar: «Una familia donde puede crecer una vocación»
Descubrir qué actitudes familiares favorecen que cada miembro responda libremente a Dios.
35-45 minutos.
Ocho tarjetas o papeles, rotuladores y una vela.
3. Actividad de grupo: «Muchas llamadas, una sola Iglesia»
Comprender la complementariedad de las vocaciones en la Iglesia.
6-24 personas, en pequeños equipos.
45-50 minutos.
Cartulinas con situaciones, cinta adhesiva y tarjetas en blanco.
4. Oración y compromiso: «Una semana por una vocación»
Convertir la reflexión vocacional en intercesión perseverante.
5 minutos diarios durante 7 días.
Una pequeña tarjeta personal.
| Día | Intención | Gesto |
|---|---|---|
| 1 | Por quienes aún no se han preguntado qué quiere Dios de ellos. | Un minuto de silencio. |
| 2 | Por las familias que acompañan vocaciones. | Un avemaría. |
| 3 | Por las jóvenes que disciernen vida consagrada. | Ofrecer una pequeña renuncia. |
| 4 | Por las clarisas y demás contemplativas. | Rezar por una comunidad concreta. |
| 5 | Por quienes tienen miedo de responder. | Repetir: «Señor, aumenta nuestra confianza». |
| 6 | Por la fidelidad de quienes ya han respondido. | Una obra escondida de servicio. |
| 7 | Por mi propia disponibilidad ante Dios. | Rezar lentamente el padrenuestro. |
Parte IV. Lectio divina
«Entregarse enteramente al Señor» — 1 Corintios 7, 32-35
1. Prepararnos
Busca una postura serena. Haz la señal de la cruz. Pide al Espíritu Santo que te permita escuchar la Palabra sin miedo y sin utilizarla para compararte con otros.
2. Lectio: ¿qué dice la Palabra?
San Pablo habla a una comunidad cristiana concreta y presenta la posibilidad de vivir sin matrimonio para poder dedicarse de manera especial a «los asuntos del Señor». No está diciendo que el matrimonio sea malo. En el mismo capítulo reconoce diferentes dones y caminos. Aquí pone de relieve una característica propia de la virginidad por el Reino: la disponibilidad indivisa para Dios.
3. Meditatio: ¿qué me dice Dios?
Lee de nuevo el pasaje y detente en la expresión que más te llame la atención. Después pregúntate: ¿qué cosas ocupan mi corazón hasta dejar poco espacio para Dios? ¿Hay algo bueno que se ha convertido en absoluto? ¿Soy capaz de imaginar mi vida como respuesta y no solo como proyecto personal?
4. Oratio: ¿qué quiero responder?
Habla con el Señor con palabras tuyas. Puedes decirle que tienes deseos, miedos y proyectos. No necesitas fingir disponibilidad perfecta. Pídele simplemente un corazón verdadero: capaz de reconocer su voluntad y de responder paso a paso.
5. Contemplatio: permanecer con Él
Deja ahora las preguntas. Permanece unos minutos en silencio. No busques una sensación especial. Mira al Señor con fe y déjate mirar por Él. Santa Clara aconsejaba fijar el corazón en Cristo para dejarse transformar por la contemplación.
6. Actio: ¿qué cambia en mí?
Elige una acción pequeña y verificable para los próximos siete días: reservar diez minutos diarios a la oración, acudir a la Eucaristía entre semana, hablar con un acompañante espiritual, visitar a una comunidad religiosa o realizar un servicio concreto. La disponibilidad crece practicándola.
Parte V. Oraciones con santa Clara
1. Bendición de santa Clara
Oración tradicional tomada de la Bendición que santa Clara dirigió a sus hermanas. Se conserva aquí en versión abreviada para esta catequesis.
El Señor nos bendiga y nos guarde; vuelva hacia nosotros su rostro y nos conceda la paz. Que permanezcamos siempre amando a Dios y cuidando a nuestros hermanos. Que el Señor esté siempre con nosotros, y nosotros permanezcamos siempre con Él. Amén.
2. Oración inspirada en el final del Testamento de santa Clara
La fórmula de base procede de la oración conclusiva del Testamento de santa Clara.
Padre de nuestro Señor Jesucristo, Tú que comenzaste en nosotros la obra buena, hazla crecer por tu gracia y concédenos perseverar hasta el final. Por intercesión de la Virgen María, de san Francisco, de santa Clara y de todos los santos, mantennos fieles a la vocación que hemos recibido. Amén.
3. Redondilla a santa Clara
Clara, lámpara serena,
hazme libre el corazón;
guíame por la oración
y vuelve mi vida plena.
4. Redondilla por las vocaciones femeninas
Llama, Señor, nuevamente,
que te entregue su amor;
dale fuerza y santo ardor,
que te responda valiente.
Conclusión
Santa Clara no llegó a ser santa porque hubiera encontrado una vida fácil ni porque desde niña conociera todos los detalles de su futuro. Su camino fue más humano y, precisamente por eso, más cercano: escuchó, discernió, respondió, perseveró y dejó que Dios transformara su vida.
La niña de Asís se convirtió en una mujer capaz de renunciar a seguridades, mantenerse fiel al Evangelio recibido junto a Francisco, formar una comunidad, defender su carisma ante la Iglesia, sostener a sus hermanas durante la enfermedad y entregar a las generaciones futuras una Regla y una espiritualidad. Su humildad no la hizo pequeña en el sentido de irrelevante: la hizo libre para que Dios obrara mucho a través de ella.
Fuentes y bibliografía
- Conferencia Episcopal Española. Primera carta a los Corintios. Biblia de la Conferencia Episcopal Española.
- Benedicto XVI. Audiencia general: Clara de Asís. 15 de septiembre de 2010.
- Benedicto XVI. Letter on the occasion of the Year of St Clare. 1 de abril de 2012.
- Juan Pablo II. Carta a las religiosas clarisas en el VIII centenario del nacimiento de santa Clara. 11 de agosto de 1993.
- León XIV. Dilexi te, n. 65.
- Santa Clara de Asís. Escritos completos: Bendición, Cartas, Regla y Testamento. Directorio Franciscano.
- Uribe, Fernando. El itinerario histórico de la Regla de Santa Clara de Asís. Directorio Franciscano.
- Orden de Frailes Menores. Saint Clare. Recursos de la familia franciscana.
- Catequesis en Familia. Santa Clara de Asís, compañera de san Francisco.
- Catequesis en Familia. Santa Clara de Asís: el alma gemela de san Francisco.
- Catequesis en Familia. San Francisco de Asís en el cine: cuatro grandes producciones online.
Notas
- Para la síntesis biográfica y la valoración de las fuentes antiguas, véase Benedicto XVI, «Clara de Asís», audiencia general, 15 de septiembre de 2010.
- Sobre el sentido de la consagración virginal y la entrega a Cristo, ibid., especialmente el pasaje dedicado a la noche de la Porciúncula y a la vocación nupcial de las vírgenes consagradas.
- Sobre la contemplación, la pobreza y la fecundidad eclesial de San Damián, Juan Pablo II, Carta a las religiosas clarisas, 11 de agosto de 1993.
- Sobre el Privilegium Paupertatis como elección de libertad y confianza en Dios, León XIV, Dilexi te, n. 65.
- Sobre la singularidad histórica de la Regla de Clara como primera Regla escrita por una mujer y sometida a aprobación pontificia, Benedicto XVI, audiencia general citada.
- Sobre la aprobación de la Regla el 9 de agosto de 1253 y su proceso de formación durante décadas, Fernando Uribe, «El itinerario histórico de la Regla de Santa Clara de Asís».
- Para la Bendición, el Testamento, la Regla y las Cartas a Inés de Praga, véase Santa Clara de Asís, Escritos completos.
- El texto de la Lectio está tomado de 1 Cor 7,32-35; para la publicación se empleará la Biblia de la Conferencia Episcopal Española.




























