San Máximo el Confesor: Una voluntad entregada a Dios

San Máximo el Confesor: Una voluntad entregada a Dios

Catequesis en familia · Santos de la Iglesia

San Máximo el Confesor

Una voluntad entregada a Dios
Monje, consejero y defensor de la Encarnación

«La verdad por la que san Máximo se entregó tiene un rostro: Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre».

Imagen de portada Una vida entregada por la verdad de Cristo

San Máximo el Confesor: monje, consejero y defensor de la humanidad íntegra de Jesucristo.

Comentario para el catequista. El códice reúne oración, estudio y enseñanza; el monasterio recuerda la vocación; Constantinopla sitúa el conflicto eclesial e imperial; la cruz expresa la entrega. La integridad corporal evita definir al santo únicamente por la violencia que padeció.

Idea para la familia. Antes de comenzar, cada persona escoge uno de los cuatro elementos —hábito, códice, ciudad o cruz— y dice qué espera descubrir a través de él.

Una voluntad unida a Dios puede entregarse por la verdad sin dejar de ser libre.

Cuestiones catequéticas:

  1. ¿Qué aspectos de la vida de Máximo anticipa la portada?
  2. ¿Por qué aparece con un libro?
  3. ¿Qué diferencia existe entre entregar la vida y buscar el sufrimiento?

Cómo utilizar esta catequesis

San Máximo el Confesor nos conduce desde la escucha de la llamada de Dios hasta la entrega perseverante por la verdad. Esta catequesis no propone admirar desde lejos a un sabio antiguo: invita a conocer mejor a Jesucristo, a formar la conciencia y a descubrir que la libertad alcanza su plenitud cuando aprende a decir sí a Dios sin dejar de ser verdaderamente humana.1

Objetivo general

Reconocer que la verdad de Jesucristo merece ser conocida, confesada y defendida, y aprender de san Máximo a entregarse por ella con sabiduría, caridad y perseverancia.

Objetivos catequéticos

  • Comprender la vocación como llamada, elección y plenitud.
  • Descubrir el don del consejo y aprender a darlo y recibirlo.
  • Confesar a Cristo como verdadero Dios y verdadero hombre.
  • Comprender, con lenguaje accesible, sus dos voluntades.
  • Traducir la fidelidad cristiana en decisiones concretas.

 

Carisma o enseñanza Qué aprenderemos
Vocación monástica Renunciar no significa empobrecer la vida, sino elegir el camino en el que Dios lleva nuestros dones a plenitud.
Don del consejo El buen consejo nace de la escucha, la oración, el estudio y el amor a la libertad del otro.
Paz en el desorden La santidad no depende de vivir en una época tranquila, sino de permanecer unido a Cristo.
Defensa de la Encarnación Si Cristo no posee una humanidad completa, tampoco habría asumido y salvado completamente nuestra humanidad.
Confesión de la fe La verdad se defiende con firmeza y caridad, sin violencia, orgullo ni componendas.


Recorrido de la catequesis

Escuchar la llamada → aprender a aconsejar → buscar la santidad en el desorden → conocer la verdad de Cristo → conformar la voluntad con la de Dios → entregarse por la verdad.

Destinatarios Modo de uso
Familias con hijos de distintas edades Leer por partes durante varias reuniones, elegir una actividad y concluir con la lectio y la oración.
Grupos parroquiales y catequistas Distribuir los fundamentos en dos sesiones y dedicar otra a la biografía visual y a la aplicación.
Adultos y jóvenes Realizar una lectura personal, seguir las notas y escoger una decisión concreta de fidelidad.

Dos claves antes de empezar

Confesor de la fe no significa aquí sacerdote que escucha confesiones. La Iglesia llama confesor a quien ha padecido persecución por Cristo y ha sostenido públicamente la fe, aunque no haya muerto en la ejecución misma. Máximo sufrió proceso, mutilación y destierro; murió poco después, agotado por cuanto había padecido.

La cuestión de las dos voluntades de Cristo puede parecer difícil. Bastará mantener una idea clara: Jesús es una sola Persona, el Hijo eterno de Dios, y posee una naturaleza divina y una naturaleza humana completas. Por eso quiere como Dios y quiere también como hombre; su voluntad humana coopera libremente con la divina.2

Breve cronología del siglo VII

c. 580
Nacimiento de Máximo
610–628
Guerra entre persas y bizantinos
c. 626–645
Desplazamientos y expansión árabe
645
Disputa con Pirro
649
Sínodo de Letrán
653–655
Arresto y muerte de san Martín I
662
Condena y muerte de Máximo
680–681
Constantinopla III confiesa las dos voluntades de Cristo
Parte I — Comprender
Fundamentos de esta catequesis

Conocer la verdad para poder entregarse por ella

La verdad cristiana no es una teoría que debamos conservar en una vitrina. En el centro de la fe está Jesucristo mismo, el Hijo de Dios que se hizo hombre, murió y resucitó por nosotros. Conocer la verdad significa entrar en relación con Él, recibir su palabra y aprender a mirar toda la vida desde su Evangelio. Por eso, la formación cristiana no acumula datos: conduce a una comunión viva con Cristo.3

Nadie llega de pronto a entregar la vida por una verdad que apenas conoce. La fidelidad se prepara en decisiones pequeñas: rezar cuando cuesta, estudiar la fe cuando sería más cómodo repetir una opinión, escuchar una corrección y mantener una palabra dada. La conciencia bien formada aprende a reconocer el bien; la voluntad educada aprende a elegirlo; y la gracia hace posible una perseverancia superior a nuestras fuerzas.

La entrega cristiana tampoco es amor al sufrimiento. El discípulo no busca ser perseguido ni convierte la firmeza en dureza. Se entrega porque ha descubierto un bien mayor y porque ama más a Cristo que a su propia seguridad. Cuando llega una prueba, no improvisa una identidad heroica: permanece en la verdad que ya vivía y permite que su vida se convierta en testimonio humilde y fecundo.

1. La vocación cristiana: una llamada que conduce a la plenitud

Una llamada de Dios

Toda vocación comienza en la iniciativa de Dios: Él conoce a cada persona, le regala la vida y la llama a la santidad. La pregunta cristiana no es únicamente «¿qué quiero hacer?», sino también «¿para qué me ha creado Dios?». Discernir exige escuchar la Palabra, mirar los dones recibidos, reconocer las necesidades de la Iglesia y del mundo y dejarse acompañar. La vocación personal desarrolla la vocación bautismal común: vivir como hijo de Dios y discípulo de Cristo.4

Una renuncia libre

Elegir un camino verdadero implica dejar otros caminos posibles. Quien se casa renuncia a formar otras familias; quien abraza la vida monástica deja bienes, proyectos y vínculos legítimos para pertenecer enteramente a Dios. Esa renuncia no desprecia lo abandonado: manifiesta que un amor concreto merece una elección completa. La libertad madura no consiste en mantener indefinidamente todas las opciones abiertas, sino en ser capaz de entregarse y permanecer en lo elegido.

Una vocación que lleva a plenitud

Dios no llama para reducir a la persona, sino para llevarla a su verdad más profunda. Los talentos no desaparecen: se ordenan al servicio del amor. El estudio puede convertirse en servicio a la fe; la palabra, en consejo; la fortaleza, en perseverancia. La vocación es así completiva: permite que la persona llegue a ser, por la gracia, aquello para lo que fue creada. La renuncia evangélica no deja un hueco vacío; abre espacio para una fecundidad que no habíamos imaginado.

La vocación monástica no aparta al cristiano de la Iglesia: convierte toda su existencia en oración y servicio para la Iglesia.

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2. El don del consejo: ayudar a encontrar el camino de Dios

Los dones del Espíritu Santo

En el bautismo y la confirmación recibimos al Espíritu Santo, que actúa en nosotros con sus dones. El don de consejo dispone la inteligencia práctica para reconocer lo que conviene hacer según Dios, especialmente cuando una situación es compleja y no basta aplicar una regla mecánica. No reemplaza la prudencia, el estudio ni la responsabilidad; los eleva y hace al cristiano dócil a la inspiración divina.5

El buen consejo

Aconsejar no es mandar desde fuera ni fabricar una copia de uno mismo. Quien aconseja cristianamente escucha, pregunta, ayuda a distinguir el bien y respeta la libertad de quien debe decidir. El buen consejo ilumina sin dominar: ofrece verdad con caridad y recuerda que la última conciencia responsable no pertenece al consejero. Tampoco confunde acompañamiento con adulación; si existe un error grave, busca corregir para recuperar al hermano, no para vencerlo.

Prepararse para aconsejar y aprender a recibir consejo

El consejo necesita raíces. La oración purifica las intenciones; el estudio evita hablar desde la ignorancia; el silencio enseña a no responder antes de comprender. Quien acompaña debe distinguir entre la doctrina de la Iglesia, una conclusión prudencial y una preferencia propia. Esta honestidad convierte la sabiduría aprendida en un servicio y evita que la autoridad espiritual se transforme en manipulación religiosa.

Corregir un error no exige humillar a quien se equivoca. Se puede mostrar una contradicción, pedir razones, presentar la enseñanza de la Iglesia y dar tiempo para que la verdad sea acogida. El criterio no es la satisfacción de «tener razón», sino el bien del otro y la comunión. Por eso, el consejo cristiano une firmeza doctrinal y paciencia pastoral.

Solo aconseja bien quien también sabe recibir consejo. La autosuficiencia vuelve ciega la inteligencia y endurece la voluntad. Una familia aprende el don de consejo cuando padres e hijos pueden hablar sin miedo, cuando se pide perdón por un juicio precipitado y cuando todos aceptan contrastar sus decisiones con la Palabra de Dios. La humildad de escuchar protege la libertad interior y hace posible un discernimiento compartido.

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3. Buscar la santidad en una sociedad desquiciada

El cristiano no necesita que el mundo esté en orden para buscar la santidad. Las guerras, los desplazamientos, las crisis políticas, la propaganda y el miedo pueden arrancar seguridades, pero no impiden amar a Dios y al prójimo. En tiempos confusos resulta más necesario custodiar la paz interior, sostener a los heridos, estudiar antes de juzgar y vivir la fe en comunidad. La esperanza cristiana no niega el desastre: afirma que Cristo sigue siendo Señor de la historia.

Cuando una sociedad pierde referencias, aparecen soluciones rápidas que prometen paz a cambio de silencio. El discípulo distingue entre la concordia verdadera y la tranquilidad aparente. No convierte cada desacuerdo político en dogma, pero tampoco permite que el poder decida qué debe creer la Iglesia. La fidelidad exige formar la conciencia, permanecer en comunión eclesial y negarse a comprar seguridad al precio de oscurecer la verdad de Cristo.

El mundo del siglo VII Trabajo cristiano necesario
Guerras entre los imperios persa y bizantino Perseverar sin permitir que el miedo gobierne toda la vida.
Destrucción, migraciones y comunidades heridas Acoger, acompañar, enseñar y reconstruir la comunión.
Expansión árabe y pérdida de territorios Vivir la fe en circunstancias nuevas sin encerrarse en la nostalgia.
Intervención imperial en la doctrina Distinguir el servicio político del juicio propio de la Iglesia sobre la fe.
Divisiones eclesiales y agotamiento social Buscar la unidad sin sacrificar la verdad ni la caridad.

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4. Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre

El Hijo se hizo verdaderamente hombre

La fe confiesa que Jesucristo es una sola Persona divina, el Hijo eterno del Padre, en dos naturalezas: divina y humana. Su humanidad no es un vestido exterior ni una apariencia. Jesús tuvo un cuerpo verdadero, una inteligencia humana, afectos humanos y una voluntad humana. Trabajó con manos humanas, pensó con inteligencia humana y amó con corazón humano. Lo humano no fue absorbido por lo divino: fue asumido por el Hijo para nuestra salvación.6

Cristo posee voluntad divina y voluntad humana

Querer pertenece a la naturaleza: Dios quiere divinamente y el ser humano quiere humanamente. Puesto que Cristo posee ambas naturalezas completas, posee voluntad divina y voluntad humana. No son dos personas que negocian entre sí, ni dos voluntades enemigas. Es el único Hijo quien quiere según cada una de sus naturalezas; su voluntad humana, libre y real, coopera sin oposición con la voluntad divina que comparte con el Padre y el Espíritu Santo.7

Cristo quiso humanamente nuestra salvación

Getsemaní permite contemplar esta verdad sin reducirla a una fórmula. Jesús no representa una obediencia fingida: experimenta angustia, ora y dice al Padre «no se haga mi voluntad, sino la tuya». Su voluntad humana no desaparece; se entrega libremente. El Hijo quiso humanamente beber el cáliz por amor, y así sanó desde dentro nuestra resistencia al bien. En su sí, la libertad humana alcanza su verdad más alta.8

¿Por qué importaban tanto las dos voluntades?

Porque está en juego nuestra salvación. Como expresaron los Padres: lo que no ha sido asumido no ha sido sanado. Si Cristo careciera de voluntad humana, una parte decisiva de nuestra humanidad quedaría fuera de la Encarnación. Al confesar sus dos voluntades, la Iglesia protege tres verdades inseparables: Cristo es plenamente Dios, Cristo es plenamente hombre y su humanidad coopera libremente en la obra de nuestra salvación.

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5. Conformar libremente nuestra voluntad con la voluntad de Dios

La voluntad de Dios no es un destino impersonal que cae sobre nosotros. Es el designio de un Padre que conoce, llama y conduce. A veces solo vemos una parte del camino y la obediencia atraviesa oscuridad o sufrimiento; sin embargo, la fe no dice «todo da igual», sino «puedo confiar en Aquel que me ama». Buscar su voluntad supone atender los mandamientos, las obligaciones de estado, la enseñanza de la Iglesia y las circunstancias concretas, sin convertir una impresión subjetiva en mensaje indiscutible de Dios.

La obediencia cristiana no anula la libertad. Una libertad incapaz de comprometerse queda prisionera de sus impulsos; una voluntad educada puede reconocer el bien y entregarse a él. Decir sí a Dios no nos hace menos humanos, pues en Cristo contemplamos que la obediencia perfecta es también libertad humana perfecta. La gracia no sustituye nuestra decisión: la sana, la fortalece y la hace capaz de amar hasta el final.

Conformar la voluntad es un aprendizaje diario. Comienza al preguntar, antes de una decisión: «Señor, ¿qué es bueno?, ¿qué sirve mejor?, ¿qué me acerca a ti?». Continúa al contrastar, pedir consejo y aceptar límites. Culmina al elegir y perseverar sin volver obsesivamente sobre una decisión bien tomada. Así, la oración se vuelve vida y nuestra voluntad aprende a querer con Cristo aquello que el Padre quiere para la salvación y el bien.

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6. La verdad de la fe no se decide por conveniencia

La Iglesia no inventa la Revelación según las necesidades de cada época: recibe, custodia, comprende y transmite lo que Dios ha manifestado definitivamente en Cristo. Escritura y Tradición forman un único depósito confiado a la Iglesia, cuyo Magisterio lo sirve. Por eso, la verdad revelada se recibe con obediencia creyente y se estudia con inteligencia; no depende de una votación, una presión política o la utilidad inmediata.9

Las fórmulas doctrinales no pretenden encerrar el misterio, sino impedir que sea mutilado. Una palabra aparentemente técnica puede proteger algo vital: que María es Madre de Dios, que Cristo es una Persona en dos naturalezas o que posee dos voluntades. Aprender el vocabulario de la fe permite decir con precisión quién es Jesús y reconocer las reducciones que, aun presentadas como soluciones pacíficas, terminan empobreciendo la realidad de la salvación.

La unidad cristiana no puede construirse contra la verdad, pero la verdad tampoco autoriza la falta de caridad. El diálogo busca comprender, distinguir y recuperar al hermano; no disfraza el error, ni convierte al interlocutor en enemigo. La paz eclesial nace cuando todos se dejan juzgar por Cristo. Es una unidad en la verdad y en el amor, no un silencio impuesto para evitar dificultades ni una victoria del más fuerte sobre el más débil.

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7. Confesar a Cristo y educar una familia fiel

Confesar a Cristo significa reconocerlo públicamente con la palabra y con la vida. Hay confesiones sencillas: hacer la señal de la cruz sin vergüenza, explicar con serenidad una convicción, negarse a una injusticia o cumplir un deber costoso. En ocasiones excepcionales, la confesión conduce a perder prestigio, libertad o seguridad. El cristiano no busca la prueba, pero aprende a no negar al Señor cuando llega y a sostener la verdad con mansedumbre y respeto.

Una familia fiel aprende a escuchar junta. Reza, estudia la fe, pregunta, consulta a personas prudentes y crea un espacio donde se pueden reconocer dudas sin burla. Los padres no sustituyen la conciencia de los hijos: la forman; los hijos no confunden autonomía con aislamiento: aprenden a recibir experiencia. Dar y recibir consejo, pedir perdón y revisar una decisión convierten el hogar en una escuela de discernimiento y en una comunidad de confianza.

Permanecer unidos a Cristo y a la Iglesia protege de dos extremos: acomodarse a cualquier presión o erigirse en juez solitario de todos. La fidelidad católica no es obstinación individualista. Busca la comunión con los pastores, contrasta sus razones y distingue entre el depósito de la fe y los propios gustos. Solo quien ha aprendido a conocer y amar la verdad puede llegar a entregarse por ella con una firmeza verdaderamente cristiana.

La confesión de la fe no comienza ante un tribunal: comienza en las pequeñas decisiones con las que damos a Cristo el primer lugar.

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Parte II — Contemplar en el santo
Biografía visual de san Máximo el Confesor

1. Entre dos tradiciones sobre su juventud

San Máximo nació hacia el año 580. La biografía transmitida durante siglos lo sitúa en Constantinopla, dentro de una familia noble, y relaciona su sólida formación con un posible servicio en la corte imperial. Otra vida antigua, conservada en siríaco y hostil al santo, lo hace originario de Palestina. Los historiadores estudian ambas tradiciones y no todas las piezas encajan con certeza. Por eso conviene distinguir entre lo seguro y lo probable: la verdad histórica no necesita fingir exactitud, y la prudencia ante las fuentes forma parte de la misma honradez que admiramos en Máximo.10

Sí es indudable que poseyó una cultura extraordinaria: conocía la Escritura, la tradición patrística, la filosofía y las grandes cuestiones de su tiempo. Su pensamiento posterior no surgió de una improvisación. La inteligencia fue para él un don que debía ponerse al servicio de Cristo. El comienzo de su vida nos recuerda que la formación también puede ser vocación, siempre que no se convierta en vanidad y se deje ordenar por la búsqueda de Dios.

Imagen 1 Una juventud entre dos tradiciones

La juventud de Máximo está rodeada de preguntas históricas, pero su formación y su entrega al estudio aparecen con claridad en toda su obra.

Comentario para el catequista. La imagen enseña también método: no todo detalle repetido por una tradición posee el mismo grado de certeza. Mostrar esta prudencia no debilita la catequesis; educa en el amor a la verdad.

Idea para la familia. Hablad de una historia familiar que se cuente de distintas maneras. ¿Cómo distinguir un recuerdo seguro, una interpretación y un dato que todavía no conocemos?

La prudencia histórica también es una forma de servir a la verdad.

Cuestiones catequéticas:

  1. ¿Qué dones intelectuales recibió Máximo?
  2. ¿Por qué no debemos inventar una certeza cuando las fuentes discrepan?
  3. ¿Cómo puedes poner tu estudio al servicio de Dios?

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2. Una llamada que lo conduce al monasterio

La tradición constantinopolitana presenta a Máximo desempeñando un alto servicio como secretario del emperador Heraclio. Aunque ese dato se formula hoy con cautela, expresa bien la alternativa que afrontó: poseía preparación para una carrera brillante y, sin embargo, escogió el monasterio. Hacia los primeros años del siglo VII entró en la comunidad de Crisópolis, frente a Constantinopla. Su renuncia no fue una huida de sus capacidades, sino la decisión de entregarlas a una llamada más profunda.

En el monasterio, el antiguo prestigio dejaba de ordenar las relaciones. Máximo debía aprender obediencia, estabilidad, silencio, trabajo y oración común. La vocación monástica le permitió unificar una inteligencia poderosa y un corazón deseoso de Dios. Allí comenzó la larga educación de su voluntad: no para dejar de querer, sino para querer libremente el bien y permitir que toda su persona se convirtiera en ofrenda a Cristo.

Imagen 2 La llamada al monasterio

Elegir la vida monástica no anuló los dones de Máximo: los ordenó enteramente a Dios y al servicio de la Iglesia.

Comentario para el catequista. Evítese contraponer una corte «mala» y un monasterio «bueno». El núcleo es la llamada personal y la renuncia libre a bienes legítimos.

Idea para la familia. Cada miembro escribe un don recibido y una manera concreta de ponerlo al servicio de los demás.

Dios llama a una plenitud que exige elegir y permanecer.

Cuestiones catequéticas:

  1. ¿A qué renunció Máximo?
  2. ¿Por qué una renuncia puede hacer fecunda la vida?
  3. ¿Qué pequeña elección fiel te pide hoy Dios?

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3. La escuela del silencio, la oración y el estudio

La vida monástica dio a Máximo un ritmo: salmos, liturgia, lectura, trabajo, ayuno y fraternidad. No estudió para dominar a otros, sino para purificar la mirada y contemplar cómo todas las cosas encuentran su unidad en Cristo. La Escritura y los Padres alimentaron una teología que nunca quiso ser separada de la vida. Su obra sobre la caridad muestra que el conocimiento cristiano se verifica cuando el corazón aprende a amar sin dejarse gobernar por las pasiones.11

En aquella escuela aprendió a escuchar antes de hablar. El silencio no era ausencia, sino atención: a Dios, a las mociones del propio corazón y a las necesidades de los hermanos. De esa unión entre oración, ascética y estudio nació su capacidad para orientar. Quien pide consejo no necesita una respuesta brillante, sino una palabra verdadera que nazca de una vida puesta ante Dios.

Imagen 3 La escuela del silencio

La sabiduría de san Máximo se preparó durante años en la oración, el estudio, la ascesis y la vida fraterna.

Comentario para el catequista. Relacionar formación y santidad. Estudiar la doctrina sin orar puede endurecer; orar despreciando la formación puede dejar a la persona indefensa ante el error.

Idea para la familia. Preparad durante una semana un rincón y un tiempo breve de silencio, Evangelio y petición por quien necesite consejo.

Quien aprende a escuchar a Dios puede aprender a aconsejar a sus hermanos.

Cuestiones catequéticas:

  1. ¿Qué cuatro elementos formaron a Máximo?
  2. ¿Por qué oración y estudio deben permanecer unidos?
  3. ¿Escuchas antes de dar una respuesta?

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4. Un monje en un mundo sacudido por la guerra

El monasterio no quedó al margen de la historia. Las campañas persas estremecieron el Imperio y obligaron a muchas comunidades a desplazarse. Máximo abandonó su lugar de estabilidad y recorrió distintos territorios del Mediterráneo oriental hasta establecerse durante un tiempo en el norte de África. Más tarde contempló otra transformación inmensa: el avance árabe alteró regiones enteras y dejó a numerosos cristianos bajo nuevas autoridades. La vocación que parecía ligada a un claustro se ejerció en caminos, puertos y comunidades heridas.

El desplazamiento podía haberlo encerrado en la nostalgia. En cambio, convirtió su formación en servicio. Enseñó, escribió cartas, sostuvo a monjes y laicos y colaboró con quienes defendían la fe. Su estabilidad ya no dependía de un edificio: se apoyaba en Cristo. La santidad de Máximo no esperó a que pasara la crisis; creció en medio de ella y mostró que la paz interior no es inmovilidad, sino fidelidad capaz de caminar.

Imagen 4 Un mundo sacudido

Las guerras arrancaron a Máximo de la estabilidad exterior, pero no pudieron apartarlo de su vocación ni de su servicio a la Iglesia.

Comentario para el catequista. No convertir el siglo VII en decorado exótico. La imagen debe abrir una conversación sobre desplazados, miedo, pérdida de seguridades y responsabilidad cristiana.

Idea para la familia. Elegid una acción concreta de acogida o ayuda a una familia que vive inestabilidad.

La santidad no espera a que el mundo esté en orden.

Cuestiones catequéticas:

  1. ¿Qué perdió Máximo al desplazarse?
  2. ¿Qué conservó?
  3. ¿Cómo puede una familia transmitir paz sin negar los problemas?

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5. El consejero que ayudaba a ordenar el corazón

En África, Máximo se relacionó con san Sofronio, futuro patriarca de Jerusalén, y con numerosas personas que acudían a él. Sus cartas muestran un consejero atento a cuestiones doctrinales, decisiones personales y conflictos eclesiales. No ofrecía recetas rápidas. Ayudaba a mirar la realidad desde Cristo, a distinguir los movimientos del corazón y a reconocer cómo el amor propio desordenado puede disfrazarse de prudencia. Su autoridad nacía de haber combatido primero dentro de sí.

La enseñanza sobre la caridad ocupaba el centro. Para Máximo, amar a Dios transforma la manera de relacionarse con cada criatura; el prójimo deja de ser instrumento, amenaza o rival. Por eso, aconsejar era también ayudar a ordenar el amor: poner a Dios primero, acoger al hermano y usar las cosas según su verdadero fin. La teología se convertía en medicina espiritual y en servicio a la libertad.

Imagen 5 Consejero de almas

San Máximo aconsejaba desde una inteligencia formada, una oración perseverante y un amor que respetaba la libertad.

Comentario para el catequista. Subrayar la postura corporal de escucha. Aconsejar comienza por comprender; una cita correcta dicha sin escuchar puede no responder a la necesidad real.

Idea para la familia. Practicad cinco minutos de escucha sin interrumpir: una persona cuenta una decisión y la otra solo pregunta para comprender.

El buen consejo no se apodera de una vida: ayuda a descubrir el bien.

Cuestiones catequéticas:

  1. ¿Qué diferencia hay entre aconsejar y mandar?
  2. ¿Por qué el consejero debe rezar y estudiar?
  3. ¿A quién puedes pedir un consejo prudente?

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6. Una doctrina nacida de la oración y de la caridad

Máximo escribió sobre la vida ascética, la caridad, la oración, la liturgia, la interpretación de la Escritura y el misterio de Cristo. En la Mistagogía contempló la Iglesia y la liturgia como lugar de unidad; en los Capítulos sobre la caridad enseñó el combate contra las pasiones; en sus grandes respuestas y Ambigua mostró cómo la creación encuentra en el Verbo su sentido. No eran compartimentos: todo convergía en Cristo, que une sin confundir y lleva la creación al Padre.12

Esa visión tenía consecuencias concretas. Una persona dominada por el rencor divide lo que Dios llama a la comunión; quien se reconcilia deja que Cristo ordene el mundo comenzando por su propio corazón. La ortodoxia no queda así reducida a fórmulas, aunque necesita fórmulas verdaderas. Se hace caridad, liturgia y vida. En Máximo, la precisión doctrinal protegía una realidad vivida: el encuentro salvador de Dios y el hombre.

Imagen 6 La caridad ordena el corazón

Para san Máximo, conocer a Cristo conduce a ordenar el corazón, reconciliarse y amar al prójimo con obras.

Comentario para el catequista. Evitar que la escena sugiera que la caridad sustituye la doctrina. Precisamente porque Cristo es verdadero, su verdad transforma las relaciones.

Idea para la familia. Elegid una relación que necesite un gesto de reconciliación y preparadlo con oración y prudencia.

La verdadera teología conduce a la caridad concreta.

Cuestiones catequéticas:

  1. ¿Qué acciones muestra la imagen?
  2. ¿Cómo se relacionan con el conocimiento de Cristo?
  3. ¿Qué pasión desordenada necesitas combatir?

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7. Defender la humanidad verdadera de Cristo

Después de las divisiones surgidas en torno a Calcedonia, algunos gobernantes y eclesiásticos buscaron fórmulas de compromiso. Primero se habló de una sola operación en Cristo; después, de una sola voluntad. La intención política era recuperar unidad, pero la solución ponía en peligro la humanidad completa del Señor. Máximo comprendió que una paz comprada con ambigüedad cristológica no curaría la división y terminaría oscureciendo el Evangelio.

Su reflexión volvía una y otra vez a Cristo. Si el Verbo asumió nuestra naturaleza, asumió también una voluntad humana. En Getsemaní, esa voluntad se manifiesta real y libre: siente el peso del cáliz y se entrega al Padre. No existe rebelión pecaminosa en Jesús; existe una humanidad completa que lleva nuestra obediencia a su plenitud. Defender las dos voluntades era defender que el Hijo quiso humanamente nuestra salvación.

La controversia exigía precisión. Máximo distinguió naturaleza y persona, voluntad natural y modo personal de querer. Pero el corazón de su argumentación podía expresarse sencillamente: Cristo no salva al hombre desde fuera; entra plenamente en nuestra condición y sana nuestra libertad mediante su sí. La doctrina protegía la esperanza de que nuestra voluntad también puede ser curada por la gracia.

Imagen 7 Cristo en Getsemaní

Getsemaní muestra que Jesucristo posee una voluntad verdaderamente humana y la entrega libremente al Padre por nuestra salvación.

Comentario para el catequista. Aclarar que no se representa una aparición a Máximo. La composición une al teólogo con el pasaje bíblico que ilumina el contenido de su defensa.

Idea para la familia. Repetid despacio la frase de Jesús ante una decisión concreta, dejando un minuto de silencio antes de hablar.

Cristo quiso humanamente nuestra salvación.

Cuestiones catequéticas:

  1. ¿Qué palabras de Jesús muestran su entrega?
  2. ¿Su voluntad humana desaparece o coopera?
  3. ¿Qué cambia en nuestra vida saber que Cristo ha sanado la obediencia humana?

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8. La disputa con Pirro

Hacia 645, en Cartago, Máximo mantuvo una disputa pública con Pirro, antiguo patriarca de Constantinopla y defensor del monotelismo. El encuentro no consistió en insultos ni consignas. Ambos expusieron argumentos, examinaron las consecuencias de las fórmulas y recurrieron a la tradición de la Iglesia. Máximo mostró que negar la voluntad humana de Cristo mutilaba su humanidad. El diálogo fue firme porque la verdad importaba, y respetuoso porque quien se equivocaba seguía siendo un hermano al que recuperar.

Pirro reconoció entonces sus errores y pidió un camino para rectificar, aunque después volvió a la posición anterior. El resultado posterior no invalida el método: la corrección cristiana ofrece razones, deja espacio a la libertad y no garantiza la perseverancia del otro. Máximo no buscó una victoria escénica. Quiso que la verdad iluminara una inteligencia y restableciera la comunión. Así ejerció el don de consejo en una controversia pública de enorme gravedad eclesial.

Imagen 8 La disputa con Pirro

La disputa de Cartago muestra una defensa firme de la fe que no renuncia a escuchar ni a buscar la recuperación del hermano.

Comentario para el catequista. Puede usarse para enseñar a debatir: formular la tesis del otro con justicia, ofrecer razones y distinguir persona, argumento y consecuencias.

Idea para la familia. Elegid un desacuerdo no grave y practicad la regla: cada uno debe explicar primero la postura del otro de manera que el otro la reconozca.

Corregir cristianamente no busca aplastar: busca recuperar al hermano.

Cuestiones catequéticas:

  1. ¿Qué hizo posible un diálogo verdadero?
  2. ¿Por qué firmeza y respeto no se excluyen?
  3. ¿Cómo reaccionas cuando alguien rectifica?

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9. Roma y el Sínodo de Letrán

Máximo viajó a Roma y colaboró con el papa san Martín I. En 649, el sínodo celebrado en Letrán condenó tanto el monoenergismo como el monotelismo y rechazó el Typos imperial, que prohibía discutir sobre una o dos operaciones y voluntades en Cristo. Obispos de distintas regiones estudiaron la cuestión y confesaron juntos la fe. La actuación de Máximo muestra que su firmeza no era individualismo: trabajó en comunión con la Iglesia y puso su ciencia al servicio de una confesión eclesial común.13

El poder imperial pretendía imponer silencio en nombre de la paz. Pero una autoridad política no puede resolver por decreto quién es Jesucristo. Martín y Máximo comprendieron que callar en ese punto no era neutralidad. Había llegado el momento de confesar. Oriente y Occidente se encontraron así en torno a la verdad de la Encarnación, recordándonos que la verdadera comunión no nace de la uniformidad forzada, sino de recibir juntos la fe apostólica.

Imagen 9 Roma y Letrán

En el Sínodo de Letrán, san Máximo puso su formación al servicio de la confesión común de la fe junto al papa san Martín I.

Comentario para el catequista. Explicar que fue un sínodo romano, no el sexto concilio ecuménico. Constantinopla III llegaría décadas después y confirmaría la doctrina.

Idea para la familia. Buscad en el Catecismo el número 475 y leedlo juntos: la fe recibida nos une con cristianos de siglos y lugares distintos.

La verdad se custodia en comunión con la Iglesia.

Cuestiones catequéticas:

  1. ¿Por qué no bastaba la opinión privada de Máximo?
  2. ¿Qué protegía el sínodo?
  3. ¿Cómo nos ayuda hoy el Magisterio?

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10. Procesos, presiones y destierros

San Martín I fue detenido, conducido a Constantinopla, humillado y desterrado a Crimea, donde murió en 655. Máximo fue arrestado y sometido a interrogatorios en los que las acusaciones políticas se mezclaban con la presión religiosa. Se intentó presentarlo como enemigo del emperador y separarlo de quienes compartían su confesión. El anciano monje respondió sin reclamar poder para sí: pedía que se examinara la verdad de la fe.

Los jueces y enviados insistieron en que aceptara la fórmula imperial o, al menos, guardara silencio. Máximo conocía el precio de negarse. Hubo destierros, traslados, aislamiento y nuevas tentativas de doblegarlo. La perseverancia no eliminó el cansancio ni la soledad; los atravesó. Su paz no era insensibilidad, sino una voluntad sostenida por la gracia y convencida de que la conveniencia no puede cambiar quién es Cristo.

En el último proceso, en 662, fue condenado a la mutilación de la lengua y de la mano derecha: precisamente los medios con los que había hablado y escrito. La catequesis no necesita recrearse en el daño. Basta comprender el propósito de la pena: silenciar su testimonio. Después fue enviado a Lazica, en la región del Cáucaso. Murió el 13 de agosto de aquel año, con unos ochenta y dos años, agotado por los sufrimientos. Le arrebataron la voz y la escritura, pero no pudieron arrebatarle la confesión ya vivida.14

Imagen 10 Ante el tribunal y camino del destierro

Ni el proceso ni el destierro lograron que san Máximo aceptara una paz aparente construida sobre el silencio acerca de Cristo.

Comentario para el catequista. Distinguir firmeza de fanatismo: Máximo argumenta, apela a la fe de la Iglesia y acepta sufrir; no busca violencia ni impone la fe por la fuerza.

Idea para la familia. Recordad una presión social pequeña y ensayad una respuesta breve, verdadera y respetuosa.

La paz verdadera no se compra silenciando a Cristo.

Cuestiones catequéticas:

  1. ¿Qué pretendían conseguir las presiones?
  2. ¿De dónde nacía la serenidad de Máximo?
  3. ¿Cómo se puede resistir sin odiar?

Imagen 11 Entrega y fecundidad

Quisieron privar a Máximo de la palabra y de la escritura; su confesión permaneció y la Iglesia reconoció después la verdad que había defendido.

Comentario para el catequista. La escena final reúne dos tiempos para expresar fecundidad. No debe presentarse como una visión profética ni sugerir que Máximo asistió al concilio de 680–681.

Idea para la familia. Encended una vela y dad gracias por quienes han transmitido la fe pagando un precio. Formulad después una petición por los cristianos perseguidos.

Una vida entregada por la verdad no queda estéril.

Cuestiones catequéticas:

  1. ¿Qué intentaron arrebatar a Máximo?
  2. ¿Por qué su testimonio siguió hablando?
  3. ¿Qué verdad de Cristo estaba protegiendo?

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11. Una entrega por Cristo que la Iglesia reconoció

Dieciocho años después de la muerte de Máximo, el tercer Concilio de Constantinopla confesó solemnemente que en Cristo existen dos voluntades naturales y dos operaciones naturales, sin división ni oposición. La voluntad humana sigue y se somete libremente a la divina. La Iglesia no convirtió a Máximo en vencedor de una disputa personal; reconoció que había servido fielmente la verdad de la Encarnación que pertenecía al depósito apostólico.15

Por eso es venerado como Padre de la Iglesia y Confesor. Su grandeza no se reduce al último sufrimiento. Toda su vida preparó aquel momento: la vocación acogida, el silencio, el estudio, la caridad, el consejo, el diálogo y la comunión eclesial. La entrega final fue el fruto maduro de muchas decisiones. Su testimonio anuncia que la verdad tiene un rostro y que una voluntad unida a Cristo puede permanecer libre incluso cuando el poder pretende encadenar la palabra.

Contemplar para recordar
Máximo aprendió a escuchar; quien escucha puede aconsejar; quien vive unido a Dios permanece santo en el desorden; quien conoce a Cristo defiende la Encarnación; y quien la defiende con toda su vida termina entregándose por Él.

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Parte III — Aplicar a la vida
Actividades familiares

1. Escuchar una llamada y tomar una decisión

Objetivo Distinguir deseo, don, llamada, renuncia y compromiso; experimentar que una elección buena puede conducir a mayor libertad.
Destinatarios Familias y grupos desde 10 años; con niños menores, usar solo dos casos y dibujos.
Tiempo 55–70 minutos.
Materiales Folios, tarjetas, bolígrafos, una Biblia y cinco objetos pequeños que representen opciones.
Preparación El adulto prepara tres casos realistas: elección de un servicio, renuncia a una actividad y decisión de pedir ayuda.

Entrada

Colocad los objetos en el centro. Cada uno elige uno y explica por qué. Después se plantea una regla: al elegirlo, renuncia por ahora a los demás. La experiencia permite descubrir que toda elección real incluye una renuncia, pero también abre una relación o tarea que no existiría si nunca decidiéramos.

Microguion de apertura. «Hoy no vamos a adivinar nuestra vocación. Vamos a aprender cómo se escucha y cómo se decide. Dios no juega a escondernos su voluntad: nos ha dado inteligencia, libertad, personas que ayudan y una Iglesia que nos acompaña».

Desarrollo

  1. Mirar los dones. Cada participante divide un folio en tres: «lo que hago bien», «lo que me da alegría profunda» y «lo que otros necesitan de mí».
  2. Escuchar los casos. Se lee cada situación y se identifican: bien posible, miedo, renuncia necesaria, consejo que conviene pedir y primer paso.
  3. La brújula del discernimiento. Se contrastan cuatro preguntas: ¿es conforme al Evangelio?, ¿cumple mis deberes?, ¿sirve al bien real?, ¿puedo presentarlo a Dios con paz?
  4. Una decisión pequeña. Cada uno escribe una acción realizable durante siete días. No se exige compartir asuntos íntimos.
  5. Contraste. En parejas, uno pregunta y el otro decide; el primero no da consejos hasta haber resumido bien lo escuchado.
Microguion para una renuncia. «No digas solo qué pierdes. Nombra qué bien eliges. La renuncia cristiana se comprende desde el amor al que deja espacio».
Microguion de cierre. «San Máximo no dejó de ser inteligente cuando entró en el monasterio. Puso su inteligencia dentro de una entrega. Pidamos que nuestros dones encuentren también su lugar verdadero».

Preguntas para compartir

  • ¿Qué diferencia hay entre un impulso y una llamada que madura?
  • ¿Qué renuncia hace posible tu decisión?
  • ¿Quién puede aconsejarte sin decidir por ti?
  • ¿Cuál es el primer paso verificable?

Conviene hacer

  • Respetar los procesos y los silencios.
  • Proponer decisiones pequeñas y comprobables.
  • Distinguir vocación de gusto pasajero.
  • Recordar la mediación de la Iglesia.

Debe evitarse

  • Forzar revelaciones personales.
  • Presentar cada emoción como señal divina.
  • Usar el miedo o la culpa.
  • Decidir la vocación de otra persona.

Compromiso y evaluación

El compromiso se formula así: «Durante siete días haré ______ para escuchar o responder mejor a Dios». Al finalizar la semana se revisa sin premiar el éxito externo: ¿la decisión era clara?, ¿se pidió ayuda?, ¿se comprendió mejor el bien elegido? Se ha alcanzado el objetivo si el participante puede explicar que elegir no destruye la libertad, sino que puede convertirla en entrega.

Señor, tú me conoces y me llamas.
Enséñame a escuchar sin miedo,
a elegir el bien con libertad
y a permanecer en aquello que me confías. Amén.

2. El consejo que ayuda a reconocer la verdad

Objetivo Distinguir consejo, imposición, manipulación, adulación, indiferencia y acompañamiento cristiano.
Destinatarios Familias con adolescentes, grupos juveniles y adultos; adaptable desde 9 años.
Tiempo 65–80 minutos.
Materiales Seis tarjetas con escenas, Biblia, reloj y ficha de escucha.
Preparación Repartir roles y asegurar que los casos no reproduzcan conflictos íntimos del grupo.

Entrada: seis voces

Ante el caso «una amiga te pide ayuda porque quiere abandonar una responsabilidad importante», se leen seis respuestas: «haz lo que yo te digo»; «da igual, todo está bien»; «si me quisieras, me obedecerías»; «eres perfecta, no necesitas revisar nada»; «cuéntame qué ocurre y pensemos qué bien está en juego»; «no quiero meterme». El grupo pone nombre a cada voz y explica sus efectos.

Microguion. «Un consejo no es bueno solo porque su conclusión sea correcta. Importan la verdad, la intención, el modo, el respeto a la libertad y la disposición a acompañar».

Desarrollo

  1. Escucha de tres minutos. En parejas, uno expone un caso ficticio. El otro solo puede preguntar: «¿Qué ha ocurrido?», «¿qué bien deseas?» y «¿qué consecuencias prevés?».
  2. Resumen fiel. El oyente comienza: «Si te he entendido bien…». La persona corrige el resumen.
  3. Mapa del consejo. Se identifican hechos, valores cristianos, deberes, opciones, riesgos y personas competentes.
  4. Consejo limitado. El consejero distingue: «La fe enseña…», «me parece prudente…», «esto es solo una preferencia mía…».
  5. Respuesta libre. Quien recibe agradece, pregunta y decide qué debe seguir contrastando.
  6. Corrección caritativa. Se ensaya una frase para señalar un error sin atacar: «Creo que esta decisión puede dañar… porque… ¿podemos revisarla?».
Microguion ante un error. «No suavices tanto la verdad que deje de ayudar, ni la digas de un modo que haga imposible escucharla. Busca recuperar al hermano, no descargar tu enfado».

Casos sugeridos

Caso Pregunta central
Copiar en un examen para no perder una beca ¿Puede una necesidad justificar una acción injusta?
Compartir una información privada «por su bien» ¿Quién tiene derecho a saberla y qué ayuda real se necesita?
Abandonar un grupo por una humillación ¿Conviene salir, dialogar, denunciar o pedir mediación?
Publicar una respuesta impulsiva en redes ¿Sirve a la verdad y a la caridad o solo al desahogo?

Conviene hacer

  • Escuchar y resumir antes de aconsejar.
  • Distinguir doctrina, prudencia y gusto.
  • Remitir a profesionales cuando corresponde.
  • Rezar sin usar la oración para aplazar indefinidamente.

Debe evitarse

  • Invocar a Dios para imponer una preferencia.
  • Prometer secreto cuando existe riesgo grave.
  • Confundir consejo espiritual con terapia o asesoría jurídica.
  • Hacer del ejercicio un juicio sobre personas ausentes.

Compromiso y evaluación

Cada participante elige una práctica: escuchar sin interrumpir, pedir consejo a una persona prudente o rectificar un consejo dominador. El objetivo se alcanza si puede identificar al menos cuatro diferencias entre acompañar y manipular y si formula una corrección que mantenga juntas verdad y caridad.

Espíritu Santo, don de consejo,
haznos humildes para escuchar,
sabios para distinguir el bien
y caritativos para decir la verdad. Amén.

3. Permanecer en la verdad cuando resulta difícil

Objetivo Reconocer la entrega por la verdad como fidelidad a Cristo, distinguirla del fanatismo y preparar respuestas concretas ante presiones.
Destinatarios Familias, jóvenes y adultos; desde 12 años para la versión completa.
Tiempo 75–90 minutos.
Materiales Tarjetas de presión, Catecismo, Biblia, papel grande y rotuladores.
Preparación Elegir casos proporcionados; nunca pedir a un menor que revele una situación de riesgo delante del grupo.

Entrada: el precio de una frase

Se presenta esta situación: «En un grupo se ridiculiza una verdad cristiana. Si respondes, puedes perder aceptación; si callas, nadie sabrá que existe otra mirada». No se exige hablar siempre. El grupo debe distinguir entre callar por prudencia, hablar por caridad, reaccionar por orgullo y buscar una ayuda mejor. La cuestión no es parecer valiente, sino servir verdaderamente a la verdad.

Microguion. «San Máximo no defendió una ocurrencia suya. Había rezado, estudiado, dialogado y permanecido en comunión con la Iglesia. Antes de resistir una presión, debemos saber qué defendemos, por qué y de qué manera».

Desarrollo

  1. Semáforo de la presión. Verde: diferencia legítima; ámbar: presión que exige prudencia; rojo: petición de negar la fe o cometer una injusticia.
  2. Los cinco apoyos. Para cada caso se anotan: verdad en juego, fuente cristiana, persona de consejo, modo caritativo y coste posible.
  3. Respuesta en tres tiempos. Pausa y oración breve; frase clara; paso posterior. Ejemplo: «No puedo participar en eso porque dañaría a una persona. Prefiero que busquemos otra solución. Si quieres, te explico mis razones».
  4. Contraste con Cristo. Se lee Lucas 22,42 y se pregunta qué distingue el sí de Cristo de la pasividad.
  5. Proyecto familiar. Elegir una verdad que se expresará en una obra durante una semana: dignidad de cada persona, honestidad, cuidado del débil o fidelidad a la oración.
  6. Memoria agradecida. Nombrar testigos cristianos que unieron firmeza, caridad y sufrimiento sin odio.
Microguion para reconducir el heroísmo. «No buscamos situaciones peligrosas ni provocamos conflictos. La confesión cristiana acepta el coste necesario del bien; no disfruta con el enfrentamiento ni desprecia la propia vida».

Casos graduados

  • Un compañero pide que confirmes una mentira para evitar consecuencias.
  • Una conversación digital convierte a una persona en objeto de burla.
  • Alguien exige ocultar una injusticia usando la lealtad familiar como presión.
  • Se te invita a presentar como doctrina católica una opinión que no lo es.
  • Una práctica profesional habitual contradice la dignidad de una persona.

Conviene hacer

  • Verificar la verdad antes de defenderla.
  • Proteger al vulnerable y pedir ayuda.
  • Escoger el momento y el medio adecuados.
  • Aceptar un coste proporcionado sin odio.

Debe evitarse

  • Confundir provocación con testimonio.
  • Buscar el sufrimiento o exponerse temerariamente.
  • Defender opiniones propias como dogmas.
  • Usar lenguaje humillante o deshumanizador.

Compromiso y evaluación

La familia formula: «Esta semana confesaremos que ______ mediante ______». Al revisar, preguntará: ¿la acción era verdadera?, ¿fue caritativa?, ¿requirió alguna renuncia?, ¿nos unió más a Cristo? El objetivo se alcanza si el grupo puede explicar que la entrega por la verdad es un acto de amor y libertad, no una búsqueda de conflicto, y si concreta una obra que haga visible la verdad confesada.

Jesucristo, Verdad encarnada,
líbranos del miedo y del orgullo.
Danos claridad para confesarte,
caridad para no herir
y fortaleza para permanecer. Amén.

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Parte IV — Escuchar la Palabra
Lectio divina

1. «No se haga mi voluntad, sino la tuya»

Preparación — Entrar en el huerto

Colocad la Biblia abierta y una luz sencilla. Guardad dos minutos de silencio. No intentéis fabricar una emoción. Pedid la gracia de acompañar a Jesús en su oración y de escuchar cómo su voluntad verdaderamente humana se entrega al Padre. Esta lectio no estudia desde fuera una controversia: entra en el misterio que san Máximo quiso custodiar para toda la Iglesia.

Microguion. «Señor Jesús, venimos con nuestras resistencias, miedos y deseos. Déjanos permanecer contigo y aprender de tu sí».

Lucas 22, 39-46

Salió y se encaminó, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo: «Orad, para no caer en tentación». Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya». Y se le apareció un ángel del cielo, que lo confortaba. En medio de su angustia, oraba con más intensidad. Y le entró un sudor que caía hasta el suelo como si fueran gotas espesas de sangre. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la tristeza, y les dijo: «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en tentación».

Texto: Sagrada Biblia, versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.16

Lectio — ¿Qué dice el texto?

Leed una primera vez sin interrupciones. En la segunda lectura, una persona nombra los verbos de Jesús: sale, se encamina, pide que oren, se aparta, se arrodilla, ora, se levanta, vuelve y despierta a los discípulos. Jesús no aparece arrastrado por un destino ciego. Entra conscientemente en la hora y actúa. Su angustia es real, y también lo es su decisión de permanecer ante el Padre.

Mirar el texto:

  • ¿Qué hace Jesús «como de costumbre»?
  • ¿Qué pide dos veces a sus discípulos?
  • ¿Qué desea y qué entrega al Padre?
  • ¿Qué cambia después de la oración?

Meditatio — ¿Qué nos dice el Señor?

Contempla la frase central. Jesús dice «mi voluntad» y «la tuya»: no porque en Él haya pecado o rebelión, sino porque su voluntad humana es real. Siente naturalmente rechazo ante el sufrimiento y la muerte; sin embargo, la entrega libremente al designio salvador. San Máximo comprendió que aquí se custodia la integridad de nuestra humanidad. Cristo quiso como hombre lo que, como Hijo, quiere divinamente con el Padre y el Espíritu.

Ahora mira tus propias resistencias. Tal vez sabes qué es bueno y, sin embargo, deseas escapar; o quizá llamas «voluntad de Dios» a lo que simplemente te resulta cómodo. La oración no borra mágicamente el conflicto: permite presentarlo al Padre, recibir fortaleza y elegir. El sí cristiano no es pasividad. Es obediencia consciente y amorosa, capaz de levantarse y dar el siguiente paso.

Dejarse interpelar:

  • ¿Qué cáliz concreto querrías evitar?
  • ¿Hay una obligación buena ante la que estás huyendo?
  • ¿Confundes alguna vez obediencia con no pensar?
  • ¿Qué consejo necesitas recibir antes de decidir?

Guardad tres minutos de silencio. No compartáis todavía.

Oratio — ¿Qué respondemos?

Cada persona puede completar en voz baja: «Padre, si es posible, aparta de mí…; pero ayúdame a querer…». Después se intercalan peticiones breves: por quien discierne una vocación, por quien necesita consejo, por las familias en guerra o desplazamiento, por quienes sufren presión a causa de la fe y por quienes deben corregir un error con caridad.

Padre, no permitas que el miedo decida por nosotros.
Une nuestra voluntad a la de tu Hijo.
Danos luz para conocer la verdad,
humildad para recibir consejo
y fortaleza para entregarnos por amor. Amén.

Contemplatio — Permanecer junto a Cristo

No añadáis explicaciones. Mirad la Biblia o la imagen de Getsemaní y repetid al ritmo de la respiración: al inspirar, «Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre»; al espirar, «conforma mi voluntad con la tuya». Permaneced cinco minutos. Si aparece distracción, regresad suavemente a la invocación. La contemplación aprende de san Máximo a unir inteligencia, oración y vida.

Actio — Una decisión de fidelidad

La escucha termina en una acción. Escribe una sola decisión para las próximas cuarenta y ocho horas: pedir consejo, cumplir un deber evitado, rectificar una mentira, estudiar una enseñanza de la Iglesia o sostener a alguien que permanece fiel. Debe ser concreta, prudente y verificable. La entrega por la verdad comienza cuando el sí de la oración toma cuerpo en una obra.

Fórmula de la decisión: «Para conformar mi voluntad con la de Dios, antes de ______ haré ______ y pediré ayuda a ______».

Para compartir en familia

  • ¿Qué palabra del texto se ha quedado contigo?
  • ¿Cómo se relacionan oración, consejo y decisión?
  • ¿Por qué la voluntad humana de Cristo es una buena noticia?
  • ¿Qué forma concreta tomará nuestro sí familiar?

Orientación para familias y catequistas

No presentar «hágase tu voluntad» como resignación ante abusos, violencia o decisiones arbitrarias de otra persona. La voluntad de Dios nunca legitima el mal. Ante una situación de riesgo se debe buscar protección y ayuda competente. Tampoco convertir la lectio en una clase sobre terminología cristológica: la doctrina ilumina el texto y el texto permite encontrarse con Cristo vivo. El fruto buscado es una obediencia libre, lúcida y confiada.

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Parte V — Orar con la Iglesia
Oraciones

1. Oración tradicional para pedir los dones del Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía tu Espíritu y serán creados.
Y renovarás la faz de la tierra.

Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos
con la luz del Espíritu Santo,
haznos dóciles a sus inspiraciones
para gustar siempre el bien
y gozar de su consuelo.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

2. Oración para pedir el don de consejo

Espíritu Santo,
guía interior de los hijos de Dios,
concédenos el don de consejo.

Haznos dóciles a tu voz,
prudentes al decidir,
humildes para escuchar
y generosos para seguir el bien.

Que nunca impongamos nuestra voluntad a los demás
ni llamemos voluntad de Dios a nuestros deseos.
Enséñanos a orientar con verdad y caridad
y a dejarnos orientar dentro de la Iglesia.
Amén.

Oración de nueva composición inspirada en la doctrina tradicional sobre el don de consejo; no se presenta como texto litúrgico antiguo.

3. Oración a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre

Señor Jesucristo,
Hijo eterno del Padre
y verdadero hijo de María:

tú trabajaste con manos humanas,
pensaste con inteligencia humana,
actuaste con voluntad humana
y nos amaste con corazón humano.

En Getsemaní entregaste libremente tu voluntad al Padre.
Sana nuestras resistencias,
ordena nuestros deseos
y llévanos contigo hacia el sí perfecto del amor.

Verdadero Dios y verdadero hombre,
ten piedad de nosotros. Amén.

4. Soneto familiar inspirado en san Máximo

Cuando tu voz, Señor, llama y convida,
abre el oído fiel de nuestra casa;
que el miedo no detenga lo que pasa
ni el brillo aparte el alma de la vida.

Sea tu luz consejo y sea medida,
verdad que por la caridad se abraza;
que Cristo, Dios y hombre, en quien se enlaza
lo eterno con la carne redimida,

conforme nuestro humano entendimiento,
eduque el corazón y la querencia
y haga libre el sí de cada intento.

Concédenos, Máximo, tu paciencia:
confesar al Señor en el tormento
y hacer de la verdad nuestra existencia.

Soneto de nueva composición para esta catequesis.

5. Letanías de san Máximo el Confesor

Estas letanías son una composición occidental nueva. Sus invocaciones se inspiran en la biografía y en títulos presentes en la tradición litúrgica oriental —«campeón de la ortodoxia», «maestro de pureza y verdadera adoración», «sabio padre» y «ornamento de los monjes»—, pero no reproducen ni pretenden sustituir un oficio bizantino.17

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.
San Máximo, confesor de Cristo, ruega por nosotros.
Monje entregado enteramente a Dios, ruega por nosotros.
Discípulo de la Escritura y de los Padres, ruega por nosotros.
Maestro de oración y de caridad, ruega por nosotros.
Sabio consejero de monjes y laicos, ruega por nosotros.
Servidor de la comunión de la Iglesia, ruega por nosotros.
Defensor de la humanidad verdadera de Cristo, ruega por nosotros.
Testigo de sus dos voluntades y operaciones, ruega por nosotros.
Compañero de san Sofronio, ruega por nosotros.
Colaborador de san Martín I, ruega por nosotros.
Maestro firme y respetuoso en el diálogo, ruega por nosotros.
Confesor ante los poderosos, ruega por nosotros.
Perseverante en los procesos y destierros, ruega por nosotros.
Silenciado por los hombres y escuchado por la Iglesia, ruega por nosotros.
Padre sapientísimo, ruega por nosotros.
Ornamento de los monjes, ruega por nosotros.
Campeón de la fe íntegra, ruega por nosotros.
Testigo de una libertad unida a Dios, ruega por nosotros.

Para que aprendamos a escuchar la llamada de Dios, intercede por nosotros.
Para que demos y recibamos buenos consejos, intercede por nosotros.
Para que conozcamos y amemos la fe de la Iglesia, intercede por nosotros.
Para que confesemos la verdad con caridad, intercede por nosotros.
Para que permanezcamos fieles cuando cueste, intercede por nosotros.
Para que conformemos nuestra voluntad con la del Padre, intercede por nosotros.

Oremos. Dios todopoderoso, que concediste a san Máximo confesar la humanidad íntegra de tu Hijo y permanecer fiel en el sufrimiento, concédenos, por su intercesión, conocer la verdad, vivirla en la caridad y entregarnos a ti con libertad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

6. Oración final de la catequesis

Señor Jesucristo,
verdadero Dios y verdadero hombre,
enséñanos a conocer tu verdad,
a confesarla con caridad
y a permanecer fieles cuando cueste.
Por intercesión de san Máximo,
haz de nuestra vida una entrega generosa a ti.
Amén.

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Parte VI — Concluir
Entregarse por la verdad

1. Entregarse por la verdad

San Máximo no entregó su vida por una fórmula abstracta. Defendió la verdad completa de Jesucristo: verdadero Dios y verdadero hombre. Sabía que negar su voluntad humana significaba reducir la Encarnación y oscurecer la manera en que el Hijo asumió, sanó y condujo nuestra libertad hacia el Padre.

Su última confesión fue preparada por toda una vida. Escuchó la vocación, renunció, oró, estudió, aconsejó, dialogó y sirvió a la comunión de la Iglesia. Cuando el poder le exigió silencio, permaneció en aquello que ya había aprendido a amar. La entrega por la verdad no fue un gesto aislado, sino el fruto de una voluntad educada por la gracia.

También una familia cristiana está llamada a conocer la fe, vivirla con caridad y confesarla cuando resulta costosa. No todos compareceremos ante un tribunal, pero todos decidimos cada día qué lugar ocupa Cristo. San Máximo nos enseña que una vida entregada no queda perdida: la verdad acogida se vuelve libertad, servicio y fecundidad para la Iglesia.

La verdad por la que san Máximo se entregó tiene un rostro: Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

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Fuentes y bibliografía

Sagrada Escritura

Magisterio y concilios

  • Benedicto XVI. «San Máximo el Confesor». Audiencia general, 25 de junio de 2008.
  • Iglesia católica. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 464–483. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 1997.
  • Concilio de Calcedonia. «Definición de fe». En Heinrich Denzinger y Peter Hünermann, El Magisterio de la Iglesia: Enchiridion symbolorum definitionum et declarationum de rebus fidei et morum, nn. 300–302. Barcelona: Herder, 1999.
  • Tercer Concilio de Constantinopla. «Exposición de fe». En Denzinger y Hünermann, El Magisterio de la Iglesia, nn. 553–559.
  • Concilio Vaticano II. Dei Verbum. Constitución dogmática sobre la divina Revelación, 18 de noviembre de 1965.

Obras de san Máximo y fuentes antiguas

  • Máximo el Confesor. Centurias sobre la caridad. En Patrologia Graeca 90, cols. 959–1080.
  • Máximo el Confesor. Mistagogía. En Patrologia Graeca 91, cols. 657–718.
  • Máximo el Confesor. Disputa con Pirro. En Patrologia Graeca 91, cols. 288–353.
  • Allen, Pauline, y Bronwen Neil, eds. Maximus the Confessor and His Companions: Documents from Exile. Oxford Early Christian Texts. Oxford: Oxford University Press, 2002.

Estudios

  • Allen, Pauline, y Bronwen Neil, eds. The Oxford Handbook of Maximus the Confessor. Oxford: Oxford University Press, 2015.
  • Balthasar, Hans Urs von. Liturgia cósmica: Máximo el Confesor. Madrid: Encuentro, 2007.
  • Bathrellos, Demetrios. The Byzantine Christ: Person, Nature, and Will in the Christology of Saint Maximus the Confessor. Oxford: Oxford University Press, 2004.
  • Larchet, Jean-Claude. La divinisation de l’homme selon saint Maxime le Confesseur. Paris: Cerf, 1996.
  • Louth, Andrew. Maximus the Confessor. The Early Church Fathers. London: Routledge, 1996.
  • Sherwood, Polycarp. An Annotated Date-List of the Works of Maximus the Confessor. Studia Anselmiana 30. Rome: Herder, 1952.

Fuentes litúrgicas orientales

Transparencia y agradecimiento. Las imágenes y la maquetación de este documento se han realizado con herramientas de inteligencia artificial, con el apoyo de ChatGPT. La selección doctrinal, la revisión y la responsabilidad editorial corresponden a Catequesis en Familia.

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Notas

  1. Benedicto XVI presenta el núcleo de la enseñanza de Máximo como el paso del «no» autosuficiente al «sí» en el que la voluntad humana se unifica con la divina y alcanza su libertad. Benedicto XVI, «San Máximo el Confesor», audiencia general, 25 de junio de 2008.
  2. Catecismo de la Iglesia Católica (en adelante, CIC), n. 475; Tercer Concilio de Constantinopla, «Exposición de fe», DH 556–559.
  3. Directorio General para la Catequesis, n. 80: la finalidad definitiva de la catequesis es conducir a la comunión e intimidad con Jesucristo.
  4. Concilio Vaticano II, Lumen gentium, nn. 39–42, sobre la vocación universal a la santidad; CIC, nn. 2012–2014.
  5. CIC, nn. 1830–1831; cf. Is 11,1–2. El don de consejo perfecciona la prudencia y dispone a reconocer el juicio recto en las circunstancias concretas.
  6. CIC, nn. 470–478; Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n. 22.
  7. CIC, n. 475. La fórmula remite al tercer Concilio de Constantinopla: las dos voluntades y operaciones naturales no se oponen, sino que la voluntad humana sigue y se somete a la divina.
  8. Benedicto XVI, «San Máximo el Confesor». El Papa interpreta Getsemaní como el drama en el que el sí humano de Cristo manifiesta la verdadera libertad.
  9. Concilio Vaticano II, Dei Verbum, nn. 7–10; CIC, nn. 74–100.
  10. Sobre los problemas de las tradiciones biográficas y la llamada Vida siríaca, véase Pauline Allen, «Life and Times of Maximus the Confessor», en The Oxford Handbook of Maximus the Confessor, ed. Pauline Allen y Bronwen Neil (Oxford: Oxford University Press, 2015), 3–18.
  11. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, PG 90, 959–1080. La obra enlaza combate ascético, conocimiento y amor del prójimo.
  12. Benedicto XVI, «San Máximo el Confesor»; Hans Urs von Balthasar, Liturgia cósmica: Máximo el Confesor (Madrid: Encuentro, 2007).
  13. El sínodo romano de Letrán de 649 condenó el Typos y confesó dos operaciones y dos voluntades en Cristo. Máximo colaboró activamente; véase Benedicto XVI, «San Máximo el Confesor»; Allen y Neil, Maximus the Confessor and His Companions.
  14. Benedicto XVI resume el proceso de 662, la mutilación de lengua y mano derecha, el destierro a la región de Cólquide y la muerte del santo el 13 de agosto del mismo año. «San Máximo el Confesor». Para los documentos procesales, Allen y Neil, Maximus the Confessor and His Companions.
  15. Tercer Concilio de Constantinopla, «Exposición de fe», DH 553–559; CIC, n. 475.
  16. Conferencia Episcopal Española, Sagrada Biblia, Lc 22,39–46, versión oficial.
  17. El tropario oriental llama a Máximo «campeón de la ortodoxia», «maestro de pureza y de verdadera adoración» y «sapientísimo padre». Orthodox Church in America, «Venerable Maximus the Confessor: Troparion and Kontakion»; Greek Orthodox Archdiocese of America, «Memory of Our Devout Father Maximus the Confessor». Las letanías de este documento son una adaptación devocional nueva.

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Dinámicas para fomentar las relaciones humanas en la catequesis

Dinámicas para fomentar las relaciones humanas en la catequesis

Luego vienen la pubertad y la adolescencia, con las grandezas y los riesgos que presenta esa edad. Es el momento del descubrimiento de sí mismo y del propio mundo interior, el momento de los proyectos generosos, momento en que brota el sentimiento del amor, así como los impulsos biológicos de la sexualidad, del deseo de estar juntos; momento de una alegría particularmente intensa, relacionada con el embriagador descubrimiento de la vida. Pero también es a menudo la edad de los interrogantes más profundos, de búsquedas angustiosas, incluso frustrantes, de desconfianza de los demás y de peligrosos repliegues sobre sí mismo; a veces también la edad de los primeros fracasos y de las primeras amarguras. La catequesis no puede ignorar esos aspectos fácilmente cambiantes de un período tan delicado de la vida. Podrá ser decisiva una catequesis capaz de conducir al adolescente a una revisión de su propia vida y al diálogo, una catequesis que no ignore sus grandes temas, —la donación de sí mismo, la fe, el amor y su mediación que es la sexualidad—.

San Juan Pablo II, Catechesi Tradendae n. 38.

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En este artículo recopilamos una serie de veintitrés dinámicas útiles para utilizar en las sesiones de catequesis de postcomunión y en la preparación del sacramento de la Confirmación. Su objetivo fundamental es fomentar las relaciones humanas entre los catecúmenos que forman el grupo, ayudándolos a relacionarse entre ellos, a conocerse a ellos mismos y a estar más dispuestos a recibir el mensaje evangélico.

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1. La tempestad

2. Fulano se comió un pan en las calles de…

3. Números

4. Las frutas están en la canasta

5. Las frutas

6. El teléfono escacharrado

7. Representaciones

8. La argolla

9. La risa

10. El rey manda

11. Quien se fue a Sevilla, perdió su silla

12. El naufrago

13. El correo llega

14. Encontrar su pareja

15. Zoológico de caramelos

16. Zapatos

17. Nombres diferentes

18. Penitencias

19. La patata caliente

20. Laberinto humano

21. La cuerda en la botella

22. El limón

23. El encuentro

 

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1. La tempestad

Materiales necesarios: sillas colocadas en círculo (no debe sobrar ninguna).

Todos los participantes forman un círculo con sus respectivas sillas. Quien dirija la dinámica se coloca a la mitad y dice:

—Un barco en medio del mar, viaja a rumbo desconocido. Cuando yo diga ola a la derecha, todos cambian de puesto a la derecha; cuando yo diga, ola a la izquierda, todos cambian de puesto hacia la izquierda, cuando yo diga tempestad, todos deben cambiar de puesto, mezclándose en diferentes direcciones.

Se dan varias órdenes, intercambiando a la derecha y a la izquierda; cuando se observe que los participantes estén distraídos, el dirigente dice: “Tempestad”.

A la segunda o tercera orden el dirigente ocupa un puesto aprovechando la confusión, quedando un participante sin puesto, este debe entonces pasar a dirigir la dinámica.

Si el participante queda tres veces sin puesto, se le impone una “penitencia”.

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2. Fulano se comió un pan en las calles de…

Materiales necesarios: sillas colocadas en círculo.

Los participantes se ubican en sus sillas formando un círculo.

Quien dirige la dinámica dice:

—Fulano se comió un pan en las calles de (nombre de tu ciudad o pueblo).

El aludido contesta:

—¿Quién, yo?

Y responden:

—Sí, tú.

Al tiempo que este contesta:

—Pero yo no fui.

Acto seguido, se pregunta:

—Entonces, ¿quién?

A la cual él o ella responde de nuevo dando el nombre de otro participante:

—¡Fue fulanito!

Así pues, se repite el dialogo anterior, hasta que todos sean nombrados.

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3. Números

Se forma una ronda con todos los participantes, los participantes deben estar siempre en movimiento, es decir, caminando.

Quien dirige la dinámica da la orden: “una pareja”, “dos parejas”, tres, cuatro, etc.

Al escuchar la orden, los participantes deben tomarse de la mano. La persona que quede sin pareja o si se equivoca de número sale de la dinámica.

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4. Las frutas están en la canasta

Los participantes deben colocarse en círculo con sus respectivas sillas.

El asesor del grupo se dirige a algunos de los participantes y les dice:

—Limón, piña, lechosa.

El aludido debe decir el nombre de la persona que está a su derecha. Luego se dirige a otro participante:

—Melocotón, manzana, pera.

Y este deberá decir el nombre del compañero que está a la izquierda.

La orden deberá decirse varias veces y a diferentes participantes. Cuando se observe que están distraídos y se han nombrado a todos se dice en voz alta:

—Las frutas están en la canasta.

Luego, todos los participantes deberán cambiar de lugar mezclándose en todas las direcciones pues no está permitido que nadie se quede en su puesto original.

La orden: “las frutas están en la canasta”, tras repetirse 2 o 3 veces, indica a aquel que está dirigiendo la dinámica que ocupe una silla y continúa la dinámica reemplazando a la persona que quedo sin ella.

A cada participante se le da el nombre de tres frutas o tres veces el nombre de una misma fruta.

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5. Las frutas

Puede hacerse al aire libre o en el salón, el objetivo es ver la relación que hay entre comprador y vendedor.

Se divide el grupo en dos equipos de 6 personas.

A un equipo se le da el nombre de frutas diferentes (comprador), el otro equipo no sabe el nombre de las frutas (es el vendedor) y lo tienen que adivinar cuando vayan los compradores a solicitarla.

“Los compradores” serán 2 personas escogidas de los que quedaron fuera de los 12. Uno será de modales bruscos y otro de modales correctos. Estos deben simular la compra de las frutas y acertar de que fruta se trata mediante un dialogo de compraventa, adivinando los nombres de las frutas (el dialogo se deja a la creatividad de los participantes).

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6. El teléfono escacharrado

Se trata de descubrir barreras en la comunicación.

Se divide el grupo en dos equipos (también puede hacerse un solo grupo en círculo).

Al primero de la fila (o del círculo) se le da un mensaje al oído a fin de que lo vaya transmitiendo en secreto correctamente. Luego se pregunta en voz alta al último de cada fila (o del círculo) cuál fue el mensaje que se le comunico.

Se compara, entonces, con el mensaje real transmitido.

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7. Representaciones

Cada participante recibe un papel de un color específico con una silaba o palabra. Los de papeles del mismo color han de reunirse y combinarlas, y así obtener el título de una canción o el nombre de una acción.

Si le sale una acción, por ejemplo “paseo por la montaña”, debe de representarlo con mímica.

Los demás deberán adivinar la acción que está representando.

Si le sale una canción, por ejemplo “Pescador de hombres” el grupo se reúne, ensaya y la canta.

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8. La argolla

Los participantes se dividen en dos equipos de igual cantidad, formando líneas o filas alternando chicos y chicas.

Cada participante tiene un palito en la boca y el primero de cada fila un anillo.

Se trata de ir pasando el anillo o argollita de palito en palito, sin dejarlo caer y sin tocarlo, hasta el final de la fila.

Gana el equipo que lo haga en menor tiempo.

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9. La risa

Los participantes se separan en dos filas iguales, una frente a la otra, a una distancia de unos dos metros.

Quien dirija la dinámica tira al centro una moneda o algo de dos colores.

Si cae cara o un color especifico los participantes de una fila deben permanecer serios y los de la otra deben reír fuerte y hacer morisquetas.

Los que ríen cuando deben estar serios salen de la fila y se continúa.

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10. El rey manda

Quien dirija la dinámica hace las veces de rey todos los demás formaran un equipo.

Cada equipo elige un nombre a fin de favorecer la animación de la dinámica.

Cada equipo elige a un representante y este será el único que servirá al rey acatando sus órdenes.

Si el rey pide, por ejemplo, un reloj, el representante de cada equipo trata de conseguir el reloj en su equipo a fin de llevarlo prontamente al rey.

El rey sólo recibe el regalo del primero que lo entregue.

Al final gana el equipo que haya suministrado más objetos.

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11. Quien se fue a Sevilla, perdió su silla

Se colocan sillas en dos filas, una menos del total de participantes juntando los respaldos.

Todos se sientan y mientras suena la música todos deben bailar a su alrededor.

Cuando la música cesa a la señal del que dirige, toman asiento.

Quien se quede sin silla, sale de la dinámica.

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12. El naufrago

Uno es el capitán, que dirigirá la dinámica. Todos los demás serán tripulantes.

El barco va a naufragar y todos deben seguir las órdenes del capitán.

Según el número de participantes se nombrará a dos ayudantes que tirarán al mar a los que se equivoquen, de esa manera salen de la dinámica.

El barco se hunde y el capitán dice:

—Haced grupos de 8, de 7, de 6, etc.

Todos los que queden fuera de un grupo salen de la dinámica.

Es necesario hacer reflexiones que sirvan para aplicarlas a diversas actitudes ante la vida.

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13. El correo llega

Esta dinámica se puede realizar de pie o sentado.

Quien dirige la dinámica dice:

—Llegó el correo para los que tienen: zapatos, reloj, etc.

Los aludidos deben cambiar de sitio rápido

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14. Encontrar su pareja

Los participantes varones se colocan en círculo y en el centro las niñas.

La cantidad de varones alrededor será uno más que el de las niñas.

Los círculos se mueven en direcciones opuestas bailando al son de la música. Cada varón sale a buscar pareja.

El que se quede dos veces sin pareja tiene que pagar penitencia.

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15. Zoológico de caramelos

Los participantes se sientan en círculo. En una mesa en el centro se colocan los caramelos.

El dirigente susurra en el oído de cada persona el nombre de un animal diferente, pero uno de los nombres se dará a varios participantes.

En el momento en que el dirigente dice en voz alta el nombre de un animal, la persona con ese nombre corre y toma un caramelo.

Cuando quede un caramelo, se dice el nombre del animal que tiene varios participantes estos correrán para tratar de agarrarlo.

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16. Zapatos

Todos los participantes se quitan los zapatos.

El dirigente los amarra en parejas distintas.

Los participantes están a 5 m de distancia.

Cuando se da la señal todos van a buscar sus zapatos, se los ponen y el último que llegue tiene su penitencia.

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17. Nombres diferentes

Se forma un círculo con todos los participantes.

El animador dará un nombre a cada participante: este nombre es el de uno de los integrantes del grupo.

Cuando dice: “Salga Fulano” y sale el verdadero Fulano y no al que se le dio ese nombre, sale de la dinámica.

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18. Penitencias

Se forma un círculo con todos los participantes.

A cada participante se le pide que le marque una penitencia al compañero de la derecha, la escriba en un papel y al final coloque su nombre.

Cuando todos hayan terminado, el animador recoge los papeles, y les explica a los participantes que cada quien tiene que hacer la penitencia que escribió.

Al final se da la moraleja: no le hagas al otro que no quieres que te hagan a ti.

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19. La patata caliente

Se hace un circulo con los participantes, ya sean sentados o en pie.

Se elige a un participante y se le entrega una pelota o cualquier otro objeto.

El animador se coloca de espalda al grupo y va diciendo: “¡patata caliente!”.

La pelota u objeto va rotando entre todos.

De repente dice: “¡se quemó!”… y la persona que en ese momento tenga la pelota pierde, y si se queda dos veces con la misma tiene penitencia.

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20. Laberinto humano

Todos en círculo agarrados de las manos.

Quien dirige va a ser la punta y empieza a pasar por arriba, por abajo, por donde quiera. Sin soltarse de las manos todos lo siguen.

Cuando todos estén enredados, se pide que se vuelva a la posición inicial, sin soltarse.

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21. La cuerda en la botella

Se hace un círculo todos de pie, se elige una persona y se le amarra en la parte de atrás del pantalón (en el ojal) una cuerda pequeña, y se le pide que introduzca la punta de la cuerda en la botella.

Si en un minuto no logra hacerlo tiene penitencia.

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22. El limón

Se forman dos grupos: se coloca en fila un grupo frente a otro y en el medio se coloca un limón.

El primero de cada fila corre hacia atrás y pasa por el medio de las piernas de los otros participantes.

El primero que llegue, agarra el limón y lo deja ahí, y se coloca de último en la fila.

Así van pasando todos.

El equipo que más veces agarre el limón gana.

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23. El encuentro

Varios participantes en pie o sentados en círculo, pero un poco separados.

Dos participantes vecinos agarran cada uno un objeto.

El animador, de espalda y sin ver, ordena que comience la dinámica.

Cada objeto pasa de mano en mano, pero en dirección opuesta.

De repente se ordena que se vuelvan los objetos en dirección contraria (la señal puede darse a través de una palmada).

La dinámica termina cuando alguien queda con los dos objetos: se le marca penitencia.

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