San Roque: De la riqueza heredada a la herencia de la santidad

San Roque: De la riqueza heredada a la herencia de la santidad

CATEQUESIS FAMILIAR

San Roque

De la riqueza heredada a la herencia de la santidad

Una catequesis sobre la sencillez, el desprendimiento, la pobreza evangélica, la santidad caminante y el cuidado de los enfermos.

San Roque dejó la seguridad de sus bienes para seguir a Cristo por los caminos y encontrarlo en quienes sufrían.

PRESENTACIÓN

Cómo utilizar esta catequesis

San Roque es uno de los santos más queridos por el pueblo cristiano. Su figura aparece en templos, ermitas y caminos, acompañada por el bordón, la concha, la llaga y el perro que le lleva pan. Tras esos signos hay un recorrido espiritual muy claro: un joven rico renuncia a convertir la herencia en seguridad y la transforma en libertad para seguir a Jesucristo.

Esta catequesis no pretende resolver como certezas todos los puntos discutidos de una biografía medieval. Su finalidad es presentar, con verdad histórica y respeto a la tradición, la pobreza evangélica que se vuelve caridad: caminar ligero, acercarse al enfermo, aceptar ayuda cuando llega la propia debilidad y dejar a la Iglesia una herencia de santidad.

Objetivo general

Descubrir que los bienes recibidos alcanzan su sentido cuando se acogen con sencillez, se administran con justicia y se ponen al servicio del seguimiento de Cristo y de las necesidades de los demás.

Objetivos catequéticos

Comprender la diferencia entre poseer bienes y vivir apegado a ellos.

Reconocer la pobreza evangélica como libertad para amar y seguir a Cristo.

Contemplar la cercanía a los enfermos como encuentro con el mismo Jesús.

Discernir qué herencia espiritual construimos con nuestras decisiones diarias.

Carismas y enseñanzas

Eje Enseñanza
Sencillez Vivir delante de Dios sin apoyar la propia identidad en la apariencia, el rango o la riqueza.
Desprendimiento Usar los bienes como administrador y compartirlos cuando el amor y la justicia lo piden.
Pobreza evangélica Preferir a Cristo sobre las seguridades y confiar en la providencia sin glorificar la miseria.
Santidad caminante Responder a Dios en las circunstancias reales, avanzando hacia quien necesita ayuda.
Herencia espiritual Dejar tras nosotros una fecundidad de fe, caridad y esperanza que otros puedan recibir.

Destinatarios y uso

Familias

Leer por partes, escoger una actividad y concluir con la lectio y la oración.

Catequesis

Distribuir la sesión en dos encuentros: comprender y contemplar; aplicar, escuchar y orar.

Adultos y jóvenes

Profundizar en el uso cristiano de los bienes y organizar un servicio concreto a personas enfermas o solas.

✠

PARTE I — COMPRENDER

La libertad de quien deja todo para seguir a Cristo

1. La sencillez cristiana y el verdadero lugar de la riqueza

La sencillez cristiana no consiste en ignorar la complejidad de la vida ni en despreciar lo que poseemos. Nace cuando una persona se reconoce criatura, recibe su existencia como don y deja de construir su valor sobre lo que puede exhibir. Jesús llama bienaventurados a los pobres de espíritu porque su corazón no se encierra en la autosuficiencia. La sencillez permite recibir los bienes sin convertirlos en identidad y presentarse ante Dios y ante los demás con verdad.1

La Iglesia reconoce el derecho a poseer lo necesario para la libertad y la dignidad de la persona, pero recuerda que la creación ha sido destinada al conjunto de la humanidad. Por eso, quien posee algo no es un dueño absoluto: es administrador de un bien que debe producir vida para su familia y para otros. La riqueza puede sostener el trabajo, el hogar, la educación y la ayuda al necesitado; se desordena cuando ocupa el lugar de Dios o vuelve indiferente ante quien carece de lo indispensable.2

2. El desprendimiento: aprender a entregar lo recibido

Desprenderse no significa actuar sin responsabilidad ni abandonar las obligaciones hacia quienes dependen de nosotros. Significa ordenar los deseos para que ninguna cosa nos impida responder a Dios. A veces consistirá en compartir dinero; otras, en renunciar a una comodidad, entregar tiempo, abrir la casa, poner una capacidad al servicio de alguien o dejar de acumular. El criterio no es quedarse sin nada por orgullo, sino quedar libre para amar. El Catecismo llama obligatorio para todo cristiano al desprendimiento interior de las riquezas, aunque sus formas concretas sean distintas según la vocación y las responsabilidades de cada uno.3

No se trata solamente de preguntar: «¿Cuánto tengo?», sino: «¿Qué bien puedo hacer con lo que he recibido?»

3. La pobreza evangélica y la llamada: «Ven y sígueme»

La pobreza evangélica comienza en Jesucristo. Siendo rico, se hizo pobre por nosotros; nació sin privilegios, vivió sin buscar seguridades y se entregó hasta la cruz. Seguir a Jesús pobre no equivale a considerar buena la miseria que destruye la dignidad. León XIV recuerda que la Iglesia debe hacer sitio a los pequeños y caminar pobre con los pobres. Francisco explica que esta pobreza es una vocación: avanzar detrás de Cristo con un corazón humilde, consciente de sus límites y confiado en el Padre.4

Cuando Jesús dice «ven y sígueme», no añade una tarea a una vida ya cerrada; abre una existencia nueva. El joven rico del Evangelio había cumplido los mandamientos, pero se marchó triste porque sus bienes pesaban más que la llamada. La renuncia cristiana solo se comprende desde esta preferencia: no es perder por perder, sino elegir a Cristo como el bien mayor. Quien lo elige recibe hermanos, una misión y una esperanza que ningún patrimonio puede comprar.5

4. La santidad caminante

La Iglesia es un pueblo peregrino: no ha llegado todavía a su plenitud y avanza entre dificultades y consuelos hacia el encuentro definitivo con Dios. Por eso la santidad no es inmovilidad ni refugio. Todos los bautizados están llamados a seguir las huellas de Cristo en su propio estado de vida, haciendo de cada circunstancia un lugar de respuesta. Hay una santidad que se aprende caminando: deja atrás una seguridad, atraviesa una frontera, entra en una casa herida, cambia de plan ante una necesidad y continúa cuando desaparecen el aplauso y la facilidad.6

5. Acercarse al enfermo y aprender a recibir ayuda

Jesús no contempló la enfermedad desde lejos. Se dejó tocar, tocó a quienes sufrían y se identificó con ellos: «Estuve enfermo y me visitasteis». La Iglesia ha recibido de Él la tarea de cuidar y acompañar, mediante la asistencia concreta, la oración y los sacramentos. León XIV recuerda que lavar una herida, consolar y visitar al enfermo no son una filantropía exterior a la fe: en esos gestos la Iglesia toca la carne sufriente de Cristo. La prudencia sanitaria protege a todos; nunca debe convertirse en abandono de quien sufre.7

El servidor también puede enfermar. Entonces descubre que no controla su vida y que necesita manos ajenas. Aceptar alimento, cuidados, escucha o una visita no disminuye la dignidad: permite que otro ame y que la comunidad se convierta en hogar. En la comunión de los santos nadie se salva solo y ningún miembro es inútil. Quien ayer sostuvo puede hoy ser sostenido; su fragilidad puede enseñar a los demás la humildad de dejarse cuidar y la verdad de una vida recibida.8

6. La verdadera herencia de un santo

Una herencia material cambia de manos y puede consumirse. La herencia de una vida santa es distinta: pertenece al intercambio de bienes espirituales de la comunión de los santos. El Concilio enseña que la unión con quienes murieron en Cristo no se interrumpe y que su cercanía a Él contribuye al bien de toda la Iglesia. Un santo deja tras de sí un camino que otros pueden recorrer, una intercesión que acompaña y una forma concreta de mostrar el Evangelio.9

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PARTE II — CONTEMPLAR EN SAN ROQUE

Un hombre rico que eligió vivir como peregrino

Antes de recorrer su vida

San Roque fue uno de los santos más populares de la Europa bajomedieval, pero los primeros relatos conservados se escribieron después de su muerte. Las cronologías, el lugar exacto de su fallecimiento y algunos episodios presentan variantes. El núcleo compartido lo sitúa en Montpellier, lo muestra como peregrino hacia Roma y servidor de los afectados por la peste, cuenta que enfermó y murió tras un encarcelamiento, y constata la rápida extensión de su culto.10

La cruz de nacimiento, el perro que lleva pan, Gottardo, los detalles de las curaciones y el reconocimiento final pertenecen a la tradición hagiográfica recibida. No es necesario despreciarla ni convertirla en acta notarial. La leeremos por lo que transmite sobre una vida que el pueblo cristiano reconoció como signo de desprendimiento, misericordia y esperanza.

1. Una vida nacida entre privilegios: huérfano y heredero

La tradición sitúa el nacimiento de Roque en Montpellier, en una familia noble y acomodada. Algunas versiones llaman Juan y Libera a sus padres y atribuyen a su nacimiento signos extraordinarios. Más allá de esos detalles, la memoria del santo conserva una oposición decisiva: nació rodeado de seguridad, pero no permitió que aquella seguridad determinara su futuro.

Tras quedar huérfano recibió una herencia considerable. Podía mantener su posición y vivir protegido, pero escuchó la llamada evangélica desde aquello mismo que poseía. Los bienes heredados se convirtieron en una pregunta: conservarlos para asegurarse o entregarlos para seguir a Cristo.

Lo que había recibido como riqueza comenzó a convertirse en una llamada.

Comentario catequético: la vocación no siempre comienza lejos de nosotros; a veces nace al preguntarnos qué espera Dios de lo que ya tenemos.

2. Repartir y quedar libre

Los relatos coinciden en que Roque vendió o distribuyó sus bienes entre los pobres. La tradición franciscana lo recuerda como terciario, aunque la documentación disponible no permite reconstruir con seguridad una profesión formal. Sí expresa bien la espiritualidad que encarnó: pobreza, penitencia y misericordia vividas por un laico en medio del mundo.11

Roque no cambió una riqueza por otra forma de prestigio. Dejó de ser reconocido por su apellido, su casa y su patrimonio para convertirse en peregrino anónimo. La entrega de los bienes no fue el final de su llamada: fue el espacio libre que le permitió comenzar a caminar.

San Roque no repartió para ser admirado, sino para quedar disponible.

Aplicación personal: ¿qué posesión, costumbre o seguridad ocupa hoy un espacio que podría pertenecer al amor?

3. La santidad se pone en camino entre ciudades castigadas por la peste

Roque emprendió la peregrinación hacia Roma. No viajaba como noble, sino con la sobriedad y la inseguridad del peregrino medieval. Al atravesar Italia encontró poblaciones golpeadas por epidemias. El camino espiritual dejó de ser solamente desplazamiento hacia un santuario: la necesidad humana se convirtió en lugar de peregrinación.

La tradición menciona especialmente Acquapendente y otros centros italianos. Roque entró en hospitales, asistió a los apestados y oró por ellos. Los relatos hablan de curaciones extraordinarias; su primer testimonio, sin embargo, es ya inequívoco: cuando muchos se apartaban por miedo, él se acercó para servir.12

Para san Roque, avanzar hacia Dios significó detenerse junto a quien sufría.

Nota para el catequista: explicar que la caridad no se opone a las medidas sanitarias. Cuidar exige también conocimiento, higiene, prudencia y colaboración.

4. Un peregrino en Roma y el servidor convertido en enfermo

Los relatos conducen a Roque hasta Roma, donde habría permanecido atendiendo enfermos y donde su fama de santidad creció. Sin buscar poder religioso ni ocupar un ministerio ordenado, el laico peregrino anunció el Evangelio mediante la cercanía. Después reanudó el camino y, en Piacenza, la peste alcanzó su propio cuerpo.

Quien había curado y consolado pasó a necesitar consuelo. La tradición cuenta que se retiró fuera de la ciudad para no causar daño ni perturbar a otros enfermos. Aquel cambio no destruyó su vocación: la hizo más profunda. Roque ya no podía servir desde la fuerza; tuvo que aprender a vivir la pobreza de quien depende de otros y de Dios.

La enfermedad no le quitó su dignidad ni su santidad; le enseñó a recibir lo que antes había dado.

Aplicación familiar: hablar de cómo acompañar sin tratar al enfermo como una carga ni decidir todo por él.

5. El pan, el perro y Gottardo

La escena más conocida de su vida pertenece a la tradición hagiográfica. Un perro tomaba cada día un pan de la mesa de su dueño y lo llevaba hasta el lugar donde Roque permanecía enfermo. Gottardo, intrigado por aquellas salidas, siguió al animal y encontró al peregrino. El pan que faltaba en una mesa reveló una vida que necesitaba ser cuidada.

Las versiones difieren sobre la curación y el papel posterior de Gottardo. El sentido cristiano no depende de resolver cada detalle: la providencia no anuló la necesidad, sino que puso en movimiento a una criatura, despertó la atención de un hombre y creó un encuentro. La ayuda llegó de una forma humilde, cotidiana y suficiente para aquel día.

Dios puede hacer llegar su cuidado mediante el gesto más pequeño y el mensajero más inesperado.

Pregunta: ¿qué pequeño «pan» puedo llevar hoy hasta una persona que se siente olvidada?

6. Regresar sin ser reconocido y morir pobre después de haber nacido rico

Ya recuperado, Roque emprendió el regreso. Las tradiciones sitúan su detención en Angera o en Montpellier y cuentan que fue confundido con un espía en un tiempo de guerra. Su rostro, su ropa y su silencio no permitieron reconocer al joven acomodado que había partido años atrás. El peregrino acabó en prisión, sin nombre capaz de protegerlo.

Allí habría muerto tras varios años de cautiverio. La tradición narra un reconocimiento posterior mediante la cruz de su cuerpo o documentos hallados junto a él. Había nacido con riqueza, había repartido su herencia y murió sin bienes ni honores. Sin embargo, aquella pobreza final no fue vacío: una vida entregada a Cristo estaba a punto de convertirse en patrimonio espiritual de innumerables comunidades.

Cuando ya no conservaba nada de lo que el mundo reconoce, san Roque seguía conservando la libertad de amar.

Idea catequética: la dignidad de una persona no depende de que los demás conozcan su historia, su posición o sus méritos.

7. La herencia de san Roque

Su culto se extendió con rapidez desde finales de la Edad Media. Montpellier, Voghera, Venecia y numerosos lugares de Europa conservaron relatos, reliquias y memoria devocional. En 1485 su cuerpo fue llevado a Venecia; la Scuola Grande di San Rocco impulsó una extensa obra religiosa, artística y asistencial. La Iglesia reconoció su culto inmemorial, y el 16 de agosto quedó unido a su celebración.13

Ermitas, hospitales, cofradías, votos de pueblos y fiestas llevaron su nombre por Europa y América. En tiempos de epidemia, los cristianos pidieron su intercesión y organizaron ayuda bajo su patrocinio. Su herencia no debe reducirse a esperar protección: invita a convertirse en presencia cercana ante el sufrimiento, para que la oración se haga cuidado y la memoria del santo continúe produciendo caridad.

La mejor forma de recibir la herencia de san Roque es continuar la caridad que dio sentido a su camino.

Aplicación comunitaria: revisar si la fiesta patronal deja también una obra estable de visita, acompañamiento o ayuda.

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PARTE III — APLICAR A LA VIDA

Caminar ligeros para acercarnos a los demás

Estas actividades no buscan imitar exteriormente un viaje medieval. Ayudan a discernir qué recibimos, qué nos ata, quién necesita nuestra cercanía y qué herencia estamos construyendo. Puede realizarse una sola actividad por encuentro.

ACTIVIDAD 1 — PERSONAL Y FAMILIAR

La mochila que no me deja caminar

Propósito: distinguir entre lo necesario, lo que sirve y aquello a lo que estamos apegados.

Materiales: una mochila, seis objetos de uso cotidiano, tarjetas y lápices.

Duración: 25-35 minutos.

Primera experiencia: notar el peso

Se introducen los objetos en la mochila. Una persona camina con ella y los demás van retirando uno a uno. Después se nombran pesos que no siempre se ven: necesidad de tener más, miedo a compartir, comparación, comodidad, deseo de impresionar o dificultad para pedir ayuda.

Discernimiento

Necesito
Protege una responsabilidad o una necesidad real.

Puedo compartir
Puede producir un bien concreto en otra persona.

Debo soltar
Ocupa mi corazón o me impide responder.

Compromiso: elegir una acción verificable para esa semana. No se admite «ser más generoso»; debe indicarse qué se compartirá, con quién y cuándo.

ACTIVIDAD 2 — EN FAMILIA

De la herencia recibida a la herencia entregada

Propósito: reconocer que una familia hereda bienes materiales, pero también fe, capacidades, historias, relaciones y responsabilidades.

Materiales: tres hojas grandes, fotografías familiares opcionales y rotuladores.

Duración: 35-45 minutos.

En la primera hoja se escribe «Lo que hemos recibido»; en la segunda, «Lo que estamos haciendo con ello»; en la tercera, «Lo que deseamos dejar». Cada miembro aporta al menos una idea. No se limita la herencia al dinero: pueden aparecer una oración aprendida, un oficio, el cuidado de los abuelos, una casa abierta, una reconciliación o una forma de servir.

Pregunta decisiva: si alguien conociera nuestra fe solamente por el uso que hacemos de lo recibido, ¿qué descubriría?

Gesto final: seleccionar una herencia espiritual que ya existe en la familia y una que necesita comenzar a construirse.

ACTIVIDAD 3 — GRUPO DE CATEQUESIS

El camino hasta quien está solo

Propósito: preparar una visita o una forma de acompañamiento que respete la dignidad y la voluntad de una persona enferma.

Preparación: el catequista acuerda previamente la posibilidad real con la familia, residencia, hospital o pastoral de la salud. No se improvisan visitas ni se difunden nombres o fotografías.

Duración: 45-55 minutos de preparación; la visita se realiza en otro momento y con adultos responsables.

Preparar Pregunta concreta
Escucha ¿Desea una visita, una llamada, ayuda práctica o simplemente compañía?
Límites ¿Qué indicaciones sanitarias, familiares y de privacidad debemos respetar?
Continuidad ¿Quién mantendrá el contacto para que el gesto no sea una visita aislada?

Revisión posterior: no preguntar «¿cuánto dimos?», sino «¿qué aprendimos al escuchar y qué necesita continuidad?».

ACTIVIDAD 4 — PERSONAL, FAMILIAR O COMUNITARIA

El pan que encuentra a una persona

Propósito: convertir un recurso pequeño en una respuesta proporcionada y constante.

Materiales: tarjeta con un pan dibujado, agenda y datos de recursos parroquiales o sociales cercanos.

Duración: 30-40 minutos.

El grupo identifica una necesidad real que pueda atender sin prometer lo que no puede cumplir: llevar una compra, cocinar una ración adicional, acompañar a una consulta, hacer una llamada semanal, facilitar un trámite o colaborar con la pastoral de la salud. En la tarjeta se escribe la acción, la persona responsable, la fecha y el modo de comprobar que la ayuda sigue siendo deseada.

Después se distingue entre ayuda inmediata y acompañamiento. El pan resuelve el hambre de un día; Gottardo, en cambio, descubre a la persona que hay detrás de aquella necesidad. Si el problema supera al grupo, su tarea será conectar con quienes puedan responder adecuadamente.

Oración final: cada participante presenta en silencio el nombre de una persona que necesita cercanía y pide luz para ofrecer una ayuda verdadera.

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PARTE IV — ESCUCHAR LA PALABRA

El joven rico: una llamada que quedó sin respuesta

Marcos 10, 17-31

Esta lectio contempla por contraste la decisión central de san Roque. El joven del Evangelio era bueno, buscaba la vida eterna y cumplía los mandamientos. Jesús lo miró con amor y le mostró el paso que le faltaba. No pudo darlo porque tenía muchos bienes. San Roque recibió una llamada semejante y eligió quedar libre para seguir.

LUGAR DEL TEXTO BÍBLICO

Insertar aquí el texto completo de Marcos 10, 17-31, en la versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.14

Preparación

Coloca delante de ti una concha o una mochila vacía. Pide al Espíritu Santo que te ayude a escuchar sin defenderte. La mirada de Jesús no acusa al joven: lo ama y lo llama.

Lectio — ¿Qué dice el texto?

Lee despacio y observa los movimientos: el joven corre, se arrodilla, pregunta, escucha y finalmente se marcha. Fíjate en la mirada amorosa de Jesús, en los verbos «vende», «da», «ven» y «sígueme», y en la tristeza que aparece cuando la riqueza impide continuar.

Meditatio — ¿Qué me dice Cristo?

¿Qué cosas buenas ya están presentes en mi vida? ¿Qué me falta para responder con mayor libertad? ¿Qué bien, miedo, costumbre o proyecto se ha vuelto tan importante que podría hacerme marchar triste?

No imagines primero una renuncia extraordinaria. Pregunta: ¿qué paso concreto me está mostrando hoy Jesús?

Oratio — ¿Qué respondo al Señor?

Habla con Jesús de aquello que te cuesta soltar. No prometas lo que no estás dispuesto a cumplir. Pide primero un corazón capaz de confiar y de reconocer que Él es mayor que cualquier seguridad.

Contemplatio — Permanecer bajo su mirada

Guarda unos minutos de silencio. Jesús te mira con amor antes de pedirte nada. Permanece en esa mirada y deja que ordene tus deseos.

Actio — Dar el paso

Escribe una acción sencilla, concreta y realizable durante los próximos siete días. Puede ser entregar, compartir, visitar, pedir ayuda, renunciar a una compra o reservar tiempo para alguien. Indica el día en que la realizarás.

Para compartir

Cada persona puede completar una sola frase: «La palabra que hoy me llevo para el camino es…». Nadie comenta ni corrige la respuesta de otro. Se concluye rezando juntos un padrenuestro.

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PARTE V — ORAR

Con san Roque, peregrino de la caridad

Oración litúrgica

Señor, Dios todopoderoso,
tú nos has revelado que toda ley
se resume en el amor a ti y al prójimo.

Concédenos que, imitando la caridad de san Roque,
podamos ser un día contados
entre los elegidos de tu Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Oración transmitida como plegaria propia de la memoria de san Roque en repertorios pastorales.15

Oración tradicional a san Roque

Glorioso san Roque,
peregrino por amor de Cristo
y servidor de los enfermos:
intercede por quienes sufren,
consuela a quienes tienen miedo
y acompaña a quienes los cuidan.

Alcánzanos del Señor
un corazón desprendido y misericordioso,
para reconocer a Jesús en cada hermano.
Amén.

Por nuestra familia

San Roque, amigo de Cristo,
intercede por nuestra familia.

Enséñanos a compartir lo recibido,
a cuidar con ternura al enfermo
y a dejarnos ayudar con humildad.

Que nuestro hogar camine unido hacia Dios
y deje una herencia de fe y de caridad.
Amén.

Por nuestra sociedad

San Roque, peregrino de la misericordia,
presenta ante Dios nuestra sociedad.

Que nadie quede abandonado en la enfermedad,
que los bienes lleguen a quien los necesita
y que quienes sirven al bien común actúen con justicia.

Haznos responsables unos de otros
y constructores de esperanza.
Amén.

Invocaciones

Guía: San Roque, peregrino pobre.
Todos: Enséñanos a seguir a Cristo con libertad.

Guía: San Roque, servidor de los enfermos.
Todos: Haznos cercanos a quienes sufren.

Guía: San Roque, sostenido en la debilidad.
Todos: Enséñanos a recibir ayuda con humildad.

Guía: San Roque, herencia viva de la Iglesia.
Todos: Ruega por nosotros.

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✠

CONCLUSIÓN

Cuando tener poco significa haber encontrado el tesoro

San Roque comenzó su vida rodeado de bienes y terminó sin casa, sin patrimonio y, según la tradición, sin que siquiera reconocieran su nombre. Si miramos solamente lo que conservó, parecería que fue perdiéndolo todo. Si miramos a quién siguió y a cuántas personas pudo servir, descubrimos que cada renuncia ensanchó su capacidad de amar.

Tener menos no es bueno por sí mismo, y la miseria nunca debe embellecerse. Pero quien ha encontrado en Cristo su tesoro puede usar lo que posee sin quedar prisionero, compartir sin sentirse disminuido y recibir ayuda sin avergonzarse. A veces, cuando las manos dejan de aferrarse, descubren que ya lo tienen todo: a Dios, a los hermanos y un camino que conduce a la vida eterna.

La riqueza que san Roque repartió se terminó.
La caridad que comenzó sigue caminando.

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Fuentes y bibliografía

Sagrada Escritura, Magisterio y doctrina

Concilio Vaticano II. Lumen gentium. Constitución dogmática sobre la Iglesia. 21 de noviembre de 1964.

Iglesia católica. Catecismo de la Iglesia Católica.

León XIV. Dilexi te. Exhortación apostólica sobre el amor hacia los pobres. 4 de octubre de 2025.

Francisco. Mensaje para la I Jornada Mundial de los Pobres. 13 de junio de 2017.

Benedicto XVI. Deus caritas est. Carta encíclica sobre el amor cristiano. 25 de diciembre de 2005.

Juan Pablo II. Ecclesia in America. Exhortación apostólica postsinodal. 22 de enero de 1999.

San Roque: historia, tradición y culto

Herrero García, Miguel. «San Roque». Mercabá.

Directorio Franciscano. «San Roque de Montpellier».

Scuola Grande di San Rocco. «Culto e devozione».

ACI Prensa. «San Roque». Santoral.

Las imágenes y la maquetación de este documento se han realizado con herramientas de inteligencia artificial, con el apoyo de ChatGPT.

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Notas

  1. Sobre la pobreza de corazón y la bienaventuranza de quienes prefieren a Dios sobre los bienes, véase Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2544-2547, texto oficial.
  2. El derecho de propiedad no elimina el destino universal de los bienes; quien posee debe considerarse administrador para beneficio propio y ajeno. Catecismo, nn. 2401-2405, texto oficial.
  3. El desprendimiento de las riquezas es necesario para entrar en el Reino, aunque la forma concreta de la renuncia se viva según la propia vocación. Catecismo, nn. 2544-2545, texto oficial.
  4. León XIV presenta a la Iglesia de las bienaventuranzas como una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres; Francisco define la pobreza como vocación a seguir a Jesús pobre. Véanse Dilexi te, nn. 18-23, y Mensaje para la I Jornada Mundial de los Pobres, n. 4.
  5. El relato del hombre rico y la promesa hecha a quienes dejan bienes por Cristo se encuentra en Mc 10, 17-31, Biblia de la Conferencia Episcopal Española.
  6. Sobre la Iglesia peregrina y la vocación universal a la santidad, véase Concilio Vaticano II, Lumen gentium, nn. 8, 39-42 y 48.
  7. Cristo se identifica con el enfermo y confía a sus discípulos un ministerio de compasión y cuidado. Catecismo, nn. 1503-1509. Sobre la tradición eclesial de cuidar heridas y acompañar a los enfermos, León XIV, Dilexi te, nn. 49-54.
  8. La vida de cada hijo de Dios está unida a la de los demás en la comunión de los santos. Catecismo, nn. 1474-1475.
  9. La unión con quienes murieron en Cristo se robustece mediante la comunicación de bienes espirituales. Concilio Vaticano II, Lumen gentium, nn. 49-51.
  10. La propia tradición biográfica reconoce cronologías y lugares de muerte diversos. Véase la segunda semblanza reunida en Mercabá, «San Roque», especialmente los apartados «Otras versiones de la vida de San Roque» y «El culto y la devoción».
  11. La vinculación de san Roque con la Tercera Orden Franciscana pertenece a una tradición firme dentro de la familia franciscana, aunque los detalles biográficos proceden de fuentes tardías. Véase Directorio Franciscano, «San Roque de Montpellier».
  12. Los relatos sitúan su servicio a los apestados en distintas ciudades italianas y conservan como núcleo la peregrinación, el cuidado y las curaciones atribuidas a su oración. Véanse Mercabá y ACI Prensa.
  13. La Scuola Grande di San Rocco documenta la llegada de su cuerpo a Venecia en 1485, la aprobación de su culto inmemorial por Urbano VIII en 1625 y la gran extensión europea de la devoción. Véase Scuola Grande di San Rocco, «Culto e devozione».
  14. Para la proclamación catequética se utilizará la versión oficial de la Conferencia Episcopal Española: Evangelio según san Marcos.
  15. La plegaria se recoge como oración de la memoria de san Roque en la recopilación pastoral reproducida por Mercabá, apartado «Oraciones». Antes de denominarla colecta oficial de una edición concreta del Misal conviene verificar el propio diocesano o nacional correspondiente.

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Catequesis familiar: Santos Áquila y Priscila, matrimonio colaborador de san Pablo

Catequesis familiar: Santos Áquila y Priscila, matrimonio colaborador de san Pablo

Áquila y Priscila. Un matrimonio que abrió su casa para anunciar a Jesucristo

Catequesis familiar de verano sobre la hospitalidad cristiana, la Iglesia doméstica, el trabajo santificado y la misión de los laicos en la vida cotidiana.

Áquila y Priscila —también llamada Prisca— aparecen en el Nuevo Testamento como un matrimonio discreto y decisivo. No ocupan el centro del relato, no predican grandes discursos públicos y no son presentados como jefes de una comunidad; sin embargo, su casa, su trabajo, sus viajes y su amistad con san Pablo se convierten en lugares vivos de evangelización.

Esta catequesis familiar propone mirar su vida como una ayuda para las familias cristianas de hoy, especialmente durante el verano, cuando cambian los horarios, los lugares y las rutinas. La fe no queda suspendida en vacaciones: puede entrar en la casa alquilada, en el pueblo, en la visita a los abuelos, en la parroquia de paso, en la mesa compartida y en la conversación sencilla con quienes Dios pone cerca.

Clave catequética

Áquila y Priscila enseñan que una familia cristiana no necesita vivir circunstancias ideales para evangelizar. Fueron desplazados, trabajadores, viajeros y colaboradores de otros; precisamente ahí descubrieron que cada cambio podía convertirse en una ocasión para servir al Evangelio.

Nota editorial. Las citas bíblicas y referencias doctrinales se recogen de forma específica al final del documento. En el cuerpo del texto se mantienen referencias breves para orientar la lectura sin interrumpir el desarrollo catequético.

PARTE I · Presentación de la sesión

1. Un matrimonio que convirtió su hogar en una Iglesia doméstica

Áquila y Priscila aparecen en los Hechos de los Apóstoles unidos a san Pablo, al trabajo manual, a la hospitalidad y a la formación de otros cristianos. Procedían del Ponto, vivieron en Roma, tuvieron que abandonar la ciudad por una orden imperial, se instalaron en Corinto, pasaron por Éfeso y volvieron a aparecer vinculados a las comunidades cristianas de Roma y de Asia. Su vida no fue estática, pero su fidelidad sí lo fue.

No fundaron una escuela famosa ni dejaron escritos propios, pero la Escritura conserva de ellos algo muy valioso: su casa fue lugar de Iglesia. Allí se acogía, se trabajaba, se conversaba, se anunciaba el Evangelio y se ayudaba a otros a conocer mejor a Jesucristo. Esta es la primera enseñanza para una familia cristiana: la fe no empieza cuando salimos de casa, sino que debe encontrar en el hogar su primer espacio de verdad, oración y caridad.

Observación catequética

La Iglesia doméstica no es una frase decorativa. Significa que la familia cristiana puede convertirse en un pequeño lugar de comunión, oración, escucha, perdón, acogida y anuncio de Cristo.

2. Objetivos de esta catequesis familiar

Esta sesión quiere ayudar a descubrir que la vocación cristiana puede vivirse plenamente en el matrimonio y en la vida cotidiana. Dios también transforma una vivienda corriente, un taller de trabajo, un viaje obligado o una conversación sencilla en lugares privilegiados para hacer presente el Evangelio.

1. Iglesia doméstica
Comprender que el hogar puede ser lugar habitual de oración, acogida y crecimiento en la fe.
2. Misión de los laicos
Reconocer que todos los bautizados participan en la transmisión del Evangelio.
3. Vida cotidiana
Aprender a vivir el trabajo, los viajes y las vacaciones desde la presencia de Cristo.
4. Hospitalidad
Descubrir la acogida como forma concreta de caridad y evangelización.

3. Cómo utilizar este recurso en familia y en parroquia

Este material ha sido pensado para una utilización flexible. Puede leerse durante varios días de vacaciones, distribuirse en encuentros familiares semanales, emplearse como apoyo para catequesis parroquial o servir en convivencias, campamentos y encuentros de matrimonios.

Durante el verano resulta especialmente oportuno integrar la lectura con momentos sencillos de oración, visitas a iglesias, celebraciones dominicales, paseos familiares y conversaciones tranquilas. El cambio de ritmo ayuda a descubrir que seguir a Jesucristo no depende de un calendario escolar.

Para el catequista

No conviene presentar a Áquila y Priscila únicamente como personajes históricos. Su verdadero interés consiste en mostrar que cualquier familia puede convertirse hoy en un lugar donde Cristo sea conocido, amado y anunciado con sencillez.

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PARTE II · Carismas y claves catequéticas

Antes de recorrer cronológicamente la vida de Áquila y Priscila conviene detenerse en aquello que hizo fecunda su existencia. Los textos del Nuevo Testamento apenas ofrecen datos personales sobre ellos, pero sí dejan entrever rasgos espirituales que explican por qué este matrimonio llegó a ser una referencia para las primeras comunidades cristianas.

1. Carismas principales

Matrimonio evangelizador
Sirven unidos a la Iglesia y aparecen siempre como colaboradores en la misión.
Hospitalidad cristiana
Acogen a san Pablo, a los hermanos y a la comunidad que se reúne en su casa.
Trabajo santificado
Su oficio no les aparta del Evangelio, sino que sostiene la misión.
Catequesis personal
Forman a Apolo con paciencia, respeto y profundidad.
Disponibilidad misionera
Evangelizan allí donde la vida los conduce.
Comunión eclesial
Colaboran con san Pablo y con las comunidades sin buscar protagonismo.

Clave catequética

La santidad de Áquila y Priscila no depende de un hecho aislado, sino de la coherencia de toda una vida. Cada viaje, cada jornada de trabajo y cada gesto de acogida forman parte de una misma vocación: ponerlo todo al servicio de Jesucristo.

2. La casa cristiana como lugar de acogida y transmisión de la fe

Uno de los rasgos más repetidos del Nuevo Testamento es la referencia a la casa de Áquila y Priscila. No era únicamente el lugar donde descansaban después del trabajo. Aquella vivienda se convirtió en espacio de encuentro para los creyentes, refugio para misioneros y ámbito donde la fe podía anunciarse con libertad.

También hoy la familia continúa siendo la primera escuela de la fe. Antes de aprender un catecismo, los hijos descubren quién es Dios observando cómo rezan sus padres, cómo se perdonan, cómo reciben a quienes llaman a la puerta y cómo afrontan juntos las alegrías y dificultades.

3. El trabajo cotidiano como espacio de encuentro y misión

Áquila fabricaba tiendas y san Pablo compartía el mismo oficio. Gracias a ese trabajo pudieron sostenerse económicamente y establecer relaciones que facilitaron el anuncio del Evangelio. Su taller no competía con la evangelización; la hacía posible.

Para la familia

Los hijos aprenden el valor del trabajo viendo cómo trabajan sus padres. Cuando descubren que el esfuerzo se ofrece a Dios y sirve a los demás, comprenden que la vida cristiana también se construye en la vida diaria.

4. La movilidad de la vida como ocasión para anunciar a Cristo

El matrimonio formado por Áquila y Priscila conoció el exilio, los cambios de ciudad y la incertidumbre de empezar de nuevo. Roma, Corinto, Éfeso y nuevamente Roma aparecen como etapas de un camino marcado por circunstancias que ellos no habían elegido.

Esta experiencia resulta cercana para muchas familias actuales. Cambiar de casa, comenzar unas vacaciones o iniciar una nueva etapa no significa dejar atrás la misión recibida en el Bautismo, sino descubrir nuevas personas a quienes Dios desea acercarse mediante nuestro testimonio.

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PARTE III · Biografía catequética

La vida de Áquila y Priscila puede seguirse gracias a referencias dispersas en los Hechos de los Apóstoles y en las cartas de san Pablo. Ninguno de esos textos pretende escribir una biografía completa, pero todos permiten descubrir cómo un matrimonio corriente dejó que el Señor guiara cada etapa de su existencia.

1. Del Ponto a Roma

Áquila era judío y procedía del Ponto, una región situada al sur del mar Negro. Su esposa era Priscila —o Prisca—, y ambos llevaban nombres latinos, signo de la convivencia entre culturas propia del Imperio Romano. Antes de encontrarse con san Pablo habían vivido durante un tiempo en Roma.

La fe cristiana nació y creció en un mundo profundamente diverso. Áquila y Priscila aprendieron a vivir su identidad creyente sin encerrarse en sí mismos, demostrando que el discípulo de Cristo puede integrarse en la sociedad y mantener plena fidelidad al Señor.

Lugar de imagen 1. Áquila y Priscila en su taller de fabricación de tiendas en Corinto, recibiendo cordialmente a san Pablo. Ambiente del siglo I, herramientas de trabajo, rollos de lona, luz cálida de la tarde y expresión de acogida mutua. Estilo fotográfico hiperrealista, con aura blanca muy suave.

2. El exilio de Roma y la llegada a Corinto

La tranquilidad de aquella vida cambió cuando el emperador Claudio ordenó la expulsión de los judíos de Roma hacia los años 49-50. Como tantas familias a lo largo de la historia, Áquila y Priscila tuvieron que abandonar su hogar, reorganizar su existencia y buscar un nuevo lugar donde empezar.

Desde una mirada exclusivamente humana, el destierro podía parecer un fracaso. Sin embargo, Dios preparaba a través de aquel sufrimiento un camino inesperado para el anuncio del Evangelio. En Corinto iban a encontrarse con san Pablo y comenzar una colaboración decisiva.

Para dialogar

Todos experimentamos cambios que no habíamos elegido. La experiencia de Áquila y Priscila invita a preguntarse cómo podemos descubrir la presencia de Dios también en esos momentos que rompen nuestros planes.

3. San Pablo en casa de Áquila y Priscila

La llegada de san Pablo a Corinto marcó un antes y un después en la vida de aquel matrimonio. Los Hechos de los Apóstoles explican que Pablo se encontró con Áquila y Priscila, se acercó a ellos y, como compartían el mismo oficio, se quedó a vivir y a trabajar en su casa (cf. Hch 18,1-3).

El Evangelio comenzó a crecer alrededor de una mesa compartida, de un taller y de una amistad. Pablo no encontró únicamente alojamiento; encontró una familia creyente que supo abrirle las puertas de su hogar y compartir con él el trabajo diario.

Lugar de imagen 2. Interior del taller de Áquila y Priscila. San Pablo trabaja junto a ellos cosiendo lonas para tiendas mientras conversan sobre Jesucristo. Ambiente de fraternidad, herramientas del siglo I, rollos de tela y luz natural.

4. Éfeso, Apolo y la catequesis laical

En Éfeso tuvo lugar uno de los episodios más hermosos de la misión de Áquila y Priscila. Llegó allí Apolo, judío natural de Alejandría, hombre elocuente y gran conocedor de las Escrituras. Hablaba con entusiasmo acerca de Jesús, pero su formación era todavía incompleta.

En lugar de desacreditarlo, el matrimonio lo acogió personalmente y le explicó con mayor precisión el Camino del Señor. Aquella conversación discreta ayudó a que Apolo pudiera anunciar después a Jesucristo con mayor profundidad y prestar gran servicio a las comunidades.

Clave catequética

Los buenos catequistas no buscan admiración para sí mismos, sino que ayudan a otros a encontrarse con Cristo. La formación cristiana necesita verdad, pero también paciencia, escucha y respeto por el camino de cada persona.

Lugar de imagen 3. Interior de la casa de Áquila y Priscila en Éfeso. Varias familias cristianas escuchan la lectura de las Escrituras mientras el matrimonio acoge cordialmente a los asistentes. Ambiente doméstico del siglo I iluminado por lámparas de aceite.

5. Roma: colaboradores de san Pablo

Algún tiempo después, Áquila y Priscila pudieron regresar a Roma. Allí siguieron viviendo del mismo modo que en Corinto y en Éfeso: poniendo cuanto eran y cuanto poseían al servicio de Jesucristo. San Pablo los llama colaboradores suyos en Cristo Jesús y recuerda que llegaron a exponer su vida por él (cf. Rm 16,3-5).

La expresión “la Iglesia que se reúne en su casa” es uno de los testimonios más valiosos de la vida cristiana del siglo I. Su vivienda volvió a convertirse en lugar de oración, formación, fraternidad y comunión eclesial.

Lugar de imagen 4. Áquila y Priscila reciben en su casa de Roma a varios cristianos para la reunión de la comunidad. Sobre una mesa sencilla se encuentran los rollos de las Escrituras y una lámpara de aceite. Ambiente de fraternidad y oración.

Síntesis catequética

La vida de Áquila y Priscila demuestra que la misión no depende del lugar donde vivimos, sino de la disposición con la que vivimos. Allí donde fueron llevaron consigo la fe, la hospitalidad y el deseo de ayudar a otros a encontrarse con Jesucristo.

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PARTE IV · Consejos de catequesis familiar

1. Abrir la casa sin convertirla en espectáculo
Lo importante no son las dimensiones del hogar, sino el clima de escucha, amistad, oración y acogida.
2. Hablar de Jesucristo con naturalidad
La fe se transmite mejor cuando forma parte de la conversación cotidiana y no solo de momentos programados.
3. Cuidar la fe cuando se cambia de lugar
Participar en la Eucaristía dominical y buscar espacios de oración también durante las vacaciones.
4. Convertir el verano en tiempo de misión
Una visita, una comida compartida o una palabra de ánimo pueden ser auténticos gestos evangelizadores.

Para recordar

Las vacaciones no son un paréntesis de la vida cristiana, sino un tiempo privilegiado para vivirla con mayor serenidad. Allí donde una familia reza, sirve, comparte y habla de Jesucristo con alegría, el Evangelio sigue encontrando un hogar donde crecer.

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PARTE V · Usos pastorales

Una de las mayores riquezas de Áquila y Priscila es su capacidad de adaptación. Fueron comerciantes, emigrantes, esposos, catequistas, colaboradores de san Pablo y responsables de una Iglesia doméstica. Por eso esta catequesis puede utilizarse en numerosos contextos pastorales.

Uso en familia
Lectura compartida, diálogo, oración y compromiso sencillo al terminar cada apartado.
Uso en parroquia
Catequesis de familias, grupos matrimoniales, formación de catequistas y encuentros de verano.
Uso en colegio
Tutorías, pastoral escolar, final de curso y trabajo sobre la misión de los laicos.
Uso en campamentos
Oración, paseo catequético, pequeños grupos y gestos de servicio.

Sugerencia pastoral

Una parroquia crece cuando las familias dejan de sentirse únicamente destinatarias de la pastoral y descubren que también son protagonistas de la misión evangelizadora. Áquila y Priscila comenzaron poniendo al servicio de la Iglesia aquello que ya tenían.

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PARTE VI · Tres actividades familiares veraniegas

Las siguientes actividades no pretenden entretener simplemente a los niños durante las vacaciones. Están preparadas para que la familia experimente los rasgos que hicieron de Áquila y Priscila un matrimonio evangelizador: abrir la casa, caminar con Cristo y descubrir que cualquier lugar puede convertirse en espacio de misión.

Actividad 1 · Nuestra casa también puede ser Iglesia doméstica

Objetivo. Descubrir que el hogar cristiano puede convertirse en un lugar donde Jesucristo es conocido, amado y anunciado.

Duración. 35-45 minutos. Materiales. Biblia, vela o luz LED, crucifijo o imagen de Cristo, mesa pequeña y flores sencillas.

Desarrollo. Reunid a la familia, elegid un rincón de oración y colocad juntos la Biblia, el crucifijo y la luz. Leed un breve fragmento de Hechos 18 y comentad por qué los primeros cristianos se reunían en las casas. Cada miembro propone un pequeño compromiso para que el hogar se parezca más a la casa de Áquila y Priscila.

Microguion. «Hoy no vamos a construir una iglesia de piedra. Vamos a recordar que Jesús quiere vivir en nuestra familia. Áquila y Priscila abrieron su casa para que otros conocieran a Cristo; nosotros también podemos hacer que quienes entren aquí encuentren paz, cariño y alegría cristiana.»

Dificultades y reconducción. Si los niños se distraen, dadles tareas concretas; si hay poco espacio, basta una esquina de una mesa; si alguien participa con timidez, no forcéis la intervención y agradeced cualquier gesto.

Fruto esperado. Que los niños identifiquen la casa como lugar de oración y que los padres redescubran su vocación como primeros educadores en la fe.

Actividad 2 · Una mesa abierta como la de Áquila y Priscila

Objetivo. Aprender que la hospitalidad es una forma concreta de evangelización.

Duración. Una comida o merienda familiar. Participantes. Toda la familia y, si es posible, una persona invitada.

Desarrollo. Preparad juntos una comida sencilla e invitad a alguien que normalmente pasaría ese día solo: un vecino, un abuelo, una viuda, un amigo recién llegado o una familia que esté lejos de su hogar. Antes de comer, pedid al Señor que os ayude a recibir a todos con alegría.

Microguion. «Jesús muchas veces entró en las casas de las personas. Hoy queremos hacer lo mismo que Áquila y Priscila: abrir nuestra puerta para que quien venga encuentre amistad, respeto y un ambiente donde Dios esté presente.»

Variantes por edades. Los niños preparan un dibujo de bienvenida; los adolescentes ayudan a organizar y servir; los adultos cuidan una conversación serena y evitan que el móvil robe el protagonismo.

Fruto esperado. Descubrir que la hospitalidad transforma tanto a quien acoge como a quien es acogido.

Actividad 3 · Siguiendo las huellas de Áquila y Priscila

Objetivo. Descubrir que todo camino puede convertirse en un camino de encuentro con Jesucristo.

Duración. 60-90 minutos. Lugar. Pueblo de vacaciones, sendero, paseo marítimo, santuario, monasterio o casco histórico.

Desarrollo. Comenzad con una oración breve antes de salir. Durante el paseo, haced varias paradas en lugares significativos: una iglesia, una cruz, una ermita, un hospital, un monumento cristiano o un lugar hermoso de la creación. En cada parada, comentad cómo puede anunciarse hoy el Evangelio en ambientes semejantes.

Microguion. «Áquila y Priscila cambiaron muchas veces de ciudad, pero nunca cambiaron de Señor. La pregunta no es solamente adónde vamos, sino cómo llevamos allí la presencia de Jesucristo.»

Dificultades y reconducción. Si los niños pierden interés, invitadles a buscar cruces, campanas o imágenes cristianas; si hace calor, hacedlo al atardecer; si no hay templos abiertos, rezad en un parque o mirador.

Fruto esperado. Comprender que la misión no depende de un lugar concreto, sino de permanecer unidos a Cristo en cualquier circunstancia.

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PARTE VII · Diálogo, oración y notas finales

1. Preguntas para conversar en familia

  1. ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención de la vida de Áquila y Priscila?
  2. ¿Por qué crees que san Pablo confiaba tanto en este matrimonio?
  3. ¿Qué significa que una casa llegue a ser una Iglesia doméstica?
  4. ¿Cómo podemos hablar de Jesucristo con naturalidad en nuestra familia?
  5. ¿Qué pequeños cambios podríamos realizar para que nuestro hogar refleje mejor el Evangelio?
  6. ¿Qué compromiso concreto queremos mantener cuando terminen las vacaciones?

2. Oración final por las familias evangelizadoras

Señor Jesucristo,
Tú llamaste a Áquila y Priscila para seguirte en medio de su trabajo, de sus viajes y de su vida familiar. Gracias porque nos recuerdan que también nosotros podemos ser discípulos tuyos allí donde vivimos.

Haz de nuestro hogar una pequeña Iglesia doméstica. Que nunca falten en nuestra casa la oración, el perdón, la alegría, el respeto y el deseo de servir a los demás. Enséñanos a recibir con cariño a quienes llamen a nuestra puerta.

Bendice nuestro trabajo, nuestros estudios, nuestros descansos y nuestras vacaciones. Que no olvidemos nunca que pertenecemos a tu Iglesia y que podemos anunciarte con palabras sencillas y con una vida llena de amor, verdad y esperanza.

Que, siguiendo el ejemplo de Áquila y Priscila, abramos nuestra casa, nuestro corazón y toda nuestra vida para que muchas personas puedan encontrarse contigo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

3. Notas y referencias documentales

1 Áquila y Priscila en Corinto. El encuentro con san Pablo, el trabajo común como fabricantes de tiendas y la primera estancia del Apóstol en su casa se narran en Hch 18,1-3.

2 Éfeso y la formación de Apolo. La intervención catequética del matrimonio aparece en Hch 18,24-28, donde se afirma que le expusieron con mayor precisión el Camino del Señor.

3 La Iglesia reunida en su casa. San Pablo saluda a Áquila y Prisca junto con la Iglesia que se reúne en su casa en 1 Co 16,19 y Rm 16,3-5.

4 Vocación y misión de los fieles laicos. Véase Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 897-913; Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 31-38; Apostolicam actuositatem, 11.

5 Iglesia doméstica y misión de la familia. Véase Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1655-1658 y 2204-2206; san Juan Pablo II, Familiaris consortio; Francisco, Amoris laetitia, especialmente los capítulos IV, V y IX.

6 Fuente biográfica de base. José-Román Flecha Andrés, texto sobre Áquila y Priscila utilizado como punto de partida para esta adaptación catequética familiar.

Mensaje final

Áquila y Priscila nunca imaginaron que la Iglesia seguiría pronunciando sus nombres veinte siglos después. Vivieron con sencillez, trabajaron con honradez, acogieron a los hermanos, ayudaron a los apóstoles y permanecieron fieles a Jesucristo.

Que el Señor conceda también a nuestras familias la gracia de abrir las puertas del hogar, de la inteligencia y del corazón al Evangelio. Allí donde una familia vive unida a Cristo, la Iglesia continúa creciendo y el mundo descubre de nuevo la alegría de la Buena Noticia.

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La Virgen María según el Santo Padre Francisco

La Virgen María según el Santo Padre Francisco

«[…] como una buena madre, está cerca de nosotros, para que nunca perdamos el valor ante las adversidades de la vida […]»

Santo Padre Francisco I

Lo que es la Virgen María, según el Papa Francisco, en quince rasgos, a luz de su alocución en la basílica de Santa María la Mayor de Roma ante la Salus Populi Romani, el sábado 4 de mayo de 2013.

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La Virgen María según el Santo Padre Francisco

1. — Bajo su guía maternal la Virgen María nos conduce a estar cada vez más unidos a su Hijo Jesús.

2. — La Virgen María nos da la salud, es nuestra salud.

3. — La Virgen María es madre, y una madre se preocupa sobre todo por la salud de sus hijos, sabe cuidarlos siempre con amor grande y tierno.

4. — La Virgen María es una mamá, ayuda a los hijos a crecer y quiere que crezcan bien, por ello los educa a no ceder a la pereza —que también se deriva de un cierto bienestar— a no conformarse con una vida cómoda que se contenta solo con tener algunas cosas.

5. — La Virgen María es la mamá que cuida a los hijos para que crezcan más y más, crezcan fuertes, capaces de asumir responsabilidades, de asumir compromisos en la vida, de tender hacia grandes ideales.

6. — La Virgen María hace precisamente esto con nosotros, nos ayuda a crecer humanamente y en la fe, a ser fuertes y a no ceder a la tentación de ser hombres y cristianos de una manera superficial, sino a vivir con responsabilidad, a tender cada vez más hacia lo alto.

7. — La Virgen María es una mamá, además, que piensa en la salud de sus hijos, educándolos también a afrontar las dificultades de la vida. No se educa, no se cuida la salud evitando los problemas, como si la vida fuera una autopista sin obstáculos. La mamá ayuda a los hijos a mirar con realismo los problemas de la vida y a no perderse en ellos, sino a afrontarlos con valentía, a no ser débiles y a saberlos superar, en un sano equilibrio que una madre «siente» entre las «áreas de seguridad» y las «zonas de riesgo». Y esto una madre sabe hacerlo.

8. — La Virgen María es una madre que lleva al hijo no siempre sobre el camino «seguro», porque de esta manera no puede crecer. Pero tampoco solamente sobre el riesgo, porque es peligroso. Una madre sabe equilibrar estas cosas. Una vida sin retos no existe y un chico o una chica que no sepa afrontarlos poniéndose en juego ¡no tiene columna vertebral!

9. — La Virgen María ha vivido muchos momentos no fáciles en su vida, desde el nacimiento de Jesús, cuando «no había lugar para ellos en el albergue» (Lc 2, 7), hasta el Calvario (cfr. Jn 19, 25). Y como una buena madre, está cerca de nosotros, para que nunca perdamos el valor ante las adversidades de la vida, ante nuestra debilidad, ante nuestros pecados: nos da fuerza, nos muestra el camino de su Hijo.

10. — Jesús en la cruz le dice a María, indicando a Juan: «¡Mujer, aquí tienes a tu hijo!» y a Juan: «Aquí tienes a tu madre» (cfr. Jn 19, 26—27). En este discípulo todos estamos representados: el Señor nos confía en las manos llenas de amor y de ternura de la Madre, para que sintamos que nos sostiene al afrontar y vencer las dificultades de nuestro camino humano y cristiano. A no tener miedo de las dificultades. A afrontarlas con la ayuda de la madre

11. — Una buena mamá no solo acompaña a los niños en el crecimiento, sin evitar los problemas, los desafíos de la vida, una buena mamá ayuda también a tomar las decisiones definitivas con libertad.

12. — La Virgen María es maestra de la verdadera libertad. Donde reina la filosofía de lo provisorio, ¿qué significa libertad? Por cierto, no es hacer todo lo que uno quiere, dejarse dominar por las pasiones, pasar de una experiencia a otra sin discernimiento, seguir las modas del momento… Libertad no significa, por así decirlo, tirar por la ventana todo lo que no nos gusta. La libertad se nos dona ¡para que sepamos optar por las cosas buenas en la vida!

13. — La Virgen María, como buena madre, nos educa a ser, como Ella, capaces de tomar decisiones definitivas, con aquella libertad plena con la que respondió «sí» al plan de Dios para su vida (cfr. Lc 1, 38).

Queridos hermanos y hermanas, ¡qué difícil es, en nuestro tiempo, tomar decisiones definitivas! Nos seduce lo provisorio. Somos víctimas de una tendencia que nos empuja a lo efímero… ¡como si deseáramos permanecer adolescentes para toda la vida! ¡No tengamos miedo de los compromisos definitivos, de los compromisos que involucran y abarcan toda la vida! ¡De esta manera, nuestra vida será fecunda! Y ¡esto es libertad! Tener el coraje de tomar decisiones con grandeza.

14. — Toda la existencia de la Virgen María es un himno a la vida, un himno de amor a la vida: ha generado a Jesús en la carne y ha acompañado el nacimiento de la Iglesia en el Calvario y en el Cenáculo.

15. — La Virgen María, la Salus Populi Romani, es la mamá que nos dona la salud en el crecimiento, para afrontar y superar los problemas, en hacernos libres para las opciones definitivas; la mamá que nos enseña a ser fecundos, a estar abiertos a la vida y a ser cada vez más fecundos en el bien, en la alegría, en la esperanza, a no perder jamás la esperanza, a donar vida a los demás, vida física y espiritual.

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Alocución en la basílica de Santa María la Mayor de Roma

Sábado 4 de mayo de 2013

Fuente original: Revista Ecclesia