La familia de Betania: La casa donde Jesús encontraba siempre amigos
La familia de Betania
La casa donde Jesús encontraba siempre amigos
«Jesús amaba a Marta, a su hermana María y a Lázaro» (Jn 11,5).
Presentación
Entre todos los hogares que aparecen en los Evangelios, la casa de Betania ocupa un lugar muy especial. Allí vivían los hermanos Marta, María y Lázaro, tres discípulos que recibieron a Jesucristo con un cariño sincero y una confianza absoluta. En aquella casa el Señor encontraba descanso, amistad y una familia que lo acogía como al amigo más querido.
Esta catequesis quiere acercar a familias, jóvenes y catequistas a esos encuentros con Jesús para descubrir que la santidad también puede vivirse en la vida cotidiana. Los Evangelios muestran que no todos siguieron el mismo camino: Marta sirvió con generosidad, María aprendió escuchando al Maestro y Lázaro se convirtió en un testimonio vivo del poder de Cristo. Tres caminos diferentes que conducen a una misma amistad con Dios.
A través de la lectura de los pasajes evangélicos, de las ilustraciones comentadas, de las actividades y de la oración, aprenderemos que cada familia cristiana está llamada a convertirse también en una pequeña Betania, un hogar donde Jesús sea siempre bien recibido, escuchado y amado.
Objetivo de la sesión
Descubrir, a través de la familia de Betania, que la amistad con Jesucristo transforma la vida, fortalece la fidelidad a la llamada de Dios y ayuda a vivir con confianza cada circunstancia. Conoceremos los carismas propios de Marta, María y Lázaro para aprender a ponerlos en práctica en nuestra familia, en la parroquia y en la vida diaria.
Duración orientativa
- Presentación: 5 minutos.
- Hagiografía visual catequética: 25 minutos.
- Actividades: 15 minutos.
- Lectio divina: 10 minutos.
- Oración final: 5 minutos.
Índice general
- Presentación
- Cómo utilizar esta catequesis
- La familia de Betania en los Evangelios
- Los tres grandes carismas de la familia de Betania
- Marta, María y Lázaro: tres caminos hacia la santidad
- Capítulo 1. La casa de Betania
- Capítulo 2. Marta sirve y María escucha
- Capítulo 3. Marta sale al encuentro de Jesús
- Capítulo 4. María llora con Jesús
- Capítulo 5. La resurrección de Lázaro
- Capítulo 6. La cena de Betania
- Capítulo 7. Lázaro, signo vivo de Cristo
- Capítulo 8. Nuestra familia también puede ser una nueva Betania
- Capítulo 9. El testimonio de la Tradición sobre la familia de Betania
- Los carismas de la familia de Betania
- Textos para profundizar y comentar
- Actividades para la familia y la catequesis
- Lectio divina
- Oraciones
- Conclusión
- Consejos para padres, jóvenes y catequistas
- Fuentes y bibliografía
Cómo está organizada esta sesión
La catequesis sigue un recorrido progresivo. En primer lugar conoceremos a la familia de Betania y comprenderemos por qué ocupó un lugar tan importante en la vida pública de Jesucristo. Después recorreremos, uno a uno, los pasajes del Evangelio en los que aparecen Marta, María y Lázaro mediante una hagiografía visual catequética. Cada escena irá acompañada de su ilustración, un comentario guiado y orientaciones para ayudar al catequista o a la familia a descubrir su mensaje.
En la parte final encontraremos una síntesis de los carismas de los tres hermanos, una selección de textos de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia, tres actividades cuidadosamente desarrolladas, una Lectio divina, varias oraciones y unas orientaciones prácticas para continuar viviendo en casa lo aprendido durante la sesión.
Cómo utilizar esta catequesis
Esta catequesis ha sido preparada para ayudar a familias, parroquias, colegios y grupos de jóvenes a descubrir la riqueza espiritual de la familia de Betania. No pretende ser únicamente un texto para leer, sino un material pensado para dialogar, contemplar las ilustraciones, rezar juntos y llevar el Evangelio a la vida diaria.
Puede realizarse en una única sesión de aproximadamente sesenta minutos o dividirse en varios encuentros más breves. Cada familia o catequista puede adaptar el ritmo según la edad de los participantes y el tiempo disponible. Lo importante no es terminar rápidamente el contenido, sino favorecer un encuentro personal con Jesucristo a través de la experiencia de Marta, María y Lázaro.
Realizar la sesión completa
La propuesta completa incluye la lectura de los pasajes evangélicos, el comentario de las ilustraciones, las actividades, la Lectio divina y las oraciones finales. Es la opción más recomendable para un encuentro familiar, una convivencia parroquial o una sesión de catequesis.
Realizar la sesión por partes
Cada capítulo puede utilizarse también de forma independiente. Así, por ejemplo, una reunión puede centrarse únicamente en Marta y el servicio, otra en María y la escucha de la Palabra, otra en Lázaro y la confianza en Cristo. Las actividades y las oraciones pueden adaptarse fácilmente a cada uno de estos encuentros.
Sugerencias de utilización
- En familia: leer un capítulo, contemplar la ilustración y terminar con una breve oración.
- En la parroquia: utilizar las preguntas del comentario visual para favorecer el diálogo entre los participantes.
- En el colegio: complementar la explicación del profesor con las actividades propuestas.
- En grupos juveniles: relacionar la amistad de Jesús con la experiencia cotidiana de los jóvenes y concluir con un compromiso concreto.
Consejo para el catequista
No es necesario explicar todo el contenido seguido. Es preferible dedicar unos minutos a contemplar cada ilustración, escuchar las respuestas de los participantes y ayudarles a descubrir por sí mismos cómo vivían Marta, María y Lázaro su amistad con Jesús. Una conversación sencilla suele dejar una huella más profunda que una explicación demasiado larga.
La familia de Betania en los Evangelios
Los Evangelios nos presentan a Marta, María y Lázaro como tres hermanos que vivían en Betania, una pequeña aldea situada en la ladera oriental del monte de los Olivos, muy cerca de Jerusalén. Su casa se convirtió en uno de los lugares donde Jesús era recibido con mayor confianza y afecto. Allí encontraba descanso después de las intensas jornadas de predicación y allí compartía momentos de amistad con una familia que había abierto completamente su corazón a Dios. (cf. Lc 10,38-42; Jn 11; Jn 12,1-11)
El evangelista san Juan resume esta relación con unas palabras de enorme belleza: «Jesús amaba a Marta, a su hermana María y a Lázaro» (Jn 11,5). Esta afirmación no significa que quisiera menos a los demás discípulos, sino que pone de manifiesto la cercanía y la confianza que existían entre el Señor y aquella familia. En Betania encontramos uno de los ejemplos más hermosos de amistad vivida junto a Cristo.
Betania, un hogar abierto a Jesús
La casa de Marta, María y Lázaro no destacó por su riqueza ni por ocupar un lugar importante en la sociedad. Su grandeza consistió en algo mucho más valioso: Jesús siempre encontraba allí acogida, escucha, amistad y confianza. Cada familia cristiana puede hacer de su propio hogar una nueva Betania cuando reserva un lugar para la oración, el Evangelio y el amor fraterno.
Los tres hermanos tenían personalidades muy distintas. Marta era una mujer trabajadora y generosa; María prefería permanecer junto al Maestro para escuchar su palabra; Lázaro, después de ser resucitado por Jesús, se convirtió en un testimonio vivo del poder de Dios. Ninguno era igual al otro, pero los tres respondieron con fidelidad a la llamada del Señor. Los Evangelios muestran así que la santidad no tiene un único camino, sino que Dios llama a cada persona según los dones que ha recibido.
Una amistad que sigue siendo actual
La familia de Betania continúa siendo un modelo para la Iglesia. Su ejemplo recuerda que la fe no se vive solo en el templo, sino también en el hogar, alrededor de la mesa, en el trabajo cotidiano, en la enfermedad, en la alegría y en la amistad. Allí donde una familia recibe a Cristo con sencillez, vuelve a nacer el espíritu de Betania.
Fuentes: Sagrada Escritura: Lc 10,38-42; Jn 11; Jn 12,1-11 (Biblia, versión oficial de la Conferencia Episcopal Española). Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, y catequesis sobre Marta y María. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1655-1658.
Los tres grandes carismas de la familia de Betania
Los Evangelios presentan a Marta, María y Lázaro como personas muy diferentes entre sí. Cada uno tenía su propio carácter, su manera de servir y su forma de expresar el amor a Jesucristo. Sin embargo, los tres compartían unas mismas actitudes que hicieron de su hogar un lugar privilegiado para el encuentro con el Señor. Estas actitudes forman el corazón de toda esta catequesis y siguen siendo hoy un camino seguro para cualquier familia cristiana.
Primer carisma: la amistad con Jesucristo
La familia de Betania no siguió a Jesús únicamente como a un maestro. Lo recibió como a un verdadero amigo. El Señor encontraba en aquella casa acogida, descanso y confianza. Esta amistad fue creciendo con el paso del tiempo hasta convertirse en una relación profunda, capaz de mantenerse también en los momentos de dolor y de prueba. (cf. Jn 11,5)
La amistad con Cristo sigue siendo el primer paso de toda vida cristiana. Antes de pedirnos grandes obras, Jesús desea entrar en nuestra vida y compartir nuestro camino.
Segundo carisma: responder a la llamada del Señor
Los tres hermanos respondieron de manera distinta a Jesús. Marta lo sirvió con generosidad; María escuchó con atención su palabra; Lázaro ofreció el testimonio silencioso de una vida transformada por el Señor. Ninguno imitó al otro. Cada uno descubrió el camino que Dios le había preparado y permaneció fiel a él.
También hoy el Señor llama a cada persona de una manera única. La santidad no consiste en hacer todos lo mismo, sino en responder con fidelidad a la misión que Dios confía a cada uno.
Tercer carisma: confiar plenamente en el plan de Dios
La enfermedad y la muerte de Lázaro pusieron a prueba la fe de toda la familia. Marta y María no comprendían por qué Jesús había esperado antes de llegar a Betania. Sin embargo, permanecieron junto al Señor y terminaron descubriendo que Dios tenía un proyecto mucho mayor que el que ellas podían imaginar. (cf. Jn 11,1-44)
Confiar en Dios no significa entender siempre lo que sucede, sino creer que el Señor nunca abandona a quienes ponen su vida en sus manos.
Para recordar
Toda la vida de la familia de Betania puede resumirse en tres grandes enseñanzas: cultivar una amistad sincera con Jesucristo, responder con fidelidad a la llamada de Dios y confiar siempre en su voluntad. Sobre estos tres pilares se apoyarán todos los episodios que leeremos a continuación.
Fuentes: Sagrada Escritura: Jn 11,1-44; Jn 12,1-11; Lc 10,38-42 (Biblia, versión oficial de la Conferencia Episcopal Española). Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección; Francisco, Audiencia General sobre Marta y María (26 de abril de 2023); Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1655-1658.
Marta, María y Lázaro: tres caminos hacia la santidad
Los Evangelios nos presentan a Marta, María y Lázaro como una verdadera familia. Compartían la misma casa, las mismas alegrías y también las mismas dificultades. Los tres amaban profundamente a Jesucristo y lo acogían con sencillez siempre que visitaba Betania. Aunque cada uno tenía una personalidad distinta, todos aprendieron a poner su vida al servicio del Señor y a confiar plenamente en Él.
La Iglesia ha visto desde muy antiguo en estos tres hermanos una imagen de la riqueza de la vida cristiana. Dios no pide a todas las personas las mismas tareas ni concede los mismos dones. La santidad tiene muchos caminos, pero todos conducen al mismo destino: vivir unidos a Cristo y dejar que Él transforme la vida de cada persona.
Marta
Marta aparece en los Evangelios como una mujer trabajadora, responsable y generosa. Se preocupa por recibir bien a Jesús y por atender las necesidades de quienes llegan a su casa. Su amor se expresa mediante el servicio. A veces actúa con impaciencia, pero también demuestra una fe extraordinaria cuando proclama que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. (cf. Lc 10,38-42; Jn 11,20-27)
La tradición cristiana la presenta como ejemplo de la santidad activa: servir con alegría, trabajar con amor y convertir las tareas de cada día en una ofrenda a Dios.
María
María posee un carácter más silencioso y contemplativo. Los Evangelios la muestran sentada a los pies de Jesús, escuchando su palabra y aprendiendo de Él. Más tarde derramará un perfume muy valioso sobre los pies del Señor como expresión de un amor agradecido y generoso. (cf. Lc 10,39; Jn 12,1-8)
La Iglesia la contempla como modelo de la santidad contemplativa: dedicar tiempo a la oración, escuchar la Palabra de Dios y poner a Cristo en el centro de toda la vida.
Lázaro
Lázaro habla muy poco en los Evangelios, pero su vida se convierte en uno de los testimonios más impresionantes del poder de Jesucristo. Después de ser resucitado por el Señor, muchas personas creyeron en Él al conocer aquel milagro. Sin pronunciar grandes discursos, Lázaro anunciaba con su propia existencia que Jesús es el Señor de la vida. (cf. Jn 11,38-44; Jn 12,9-11)
Por eso puede considerarse un ejemplo de la santidad testimonial: una vida transformada por Cristo que anima a otros a acercarse al Evangelio.
Una sola familia, una sola amistad
Marta, María y Lázaro siguieron caminos diferentes, pero compartían un mismo deseo: vivir siempre cerca de Jesucristo. Su hogar nos recuerda que en una familia cada persona puede tener un carácter distinto y desempeñar una misión diferente. Cuando todos ponen a Cristo en el centro, esas diferencias no separan, sino que enriquecen la vida familiar y ayudan a construir un hogar donde crecen la fe, la esperanza y la caridad.
Fuentes: Sagrada Escritura: Lc 10,38-42; Jn 11; Jn 12,1-11 (Biblia, versión oficial de la Conferencia Episcopal Española). Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección; san Juan Pablo II, Mulieris dignitatem, 16; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 826-828.
Hagiografía visual catequética
Los Evangelios no narran la vida de Marta, María y Lázaro como si fueran una biografía completa. Nos presentan algunos momentos concretos en los que el encuentro con Jesucristo transformó profundamente sus vidas. Cada uno de esos episodios nos ayuda a descubrir un aspecto distinto de la amistad con el Señor y nos invita a recorrer el mismo camino de fe.
En esta catequesis seguiremos esos pasajes uno a uno. Cada capítulo comenzará con una narración sencilla del episodio evangélico y continuará con una ilustración cuidadosamente preparada para ayudar a contemplar la escena. Después encontraremos un comentario que facilitará el diálogo en familia, la reflexión personal y la explicación del catequista.
Cómo leer esta parte de la catequesis
No es necesario tener prisa. Conviene leer primero la narración del Evangelio y detenerse unos instantes para contemplar la ilustración. Después puede leerse el comentario visual, responder a las preguntas y terminar con la Idea a destacar. De este modo, la imagen deja de ser una simple ilustración y se convierte en un instrumento para comprender mejor la Palabra de Dios.
Los padres y catequistas encontrarán también una Observación catequética, pensada para ayudarles a explicar el sentido del pasaje y relacionarlo con la vida cotidiana de los niños y de los jóvenes.
Una invitación a contemplar
Las imágenes de esta catequesis han sido concebidas siguiendo un estilo de gran fidelidad histórica y de intenso realismo. No pretenden sustituir la lectura del Evangelio, sino ayudar a imaginar la escena, descubrir detalles que a veces pasan desapercibidos y favorecer un encuentro más cercano con Jesucristo. Contemplar también es una forma de aprender a escuchar al Señor.
Fuentes: Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 21-26; Benedicto XVI, Verbum Domini, 52-56; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 115-119 y 2705-2708.
Capítulo 1
La casa de Betania
Los Evangelios presentan por primera vez a Marta, María y Lázaro viviendo en una pequeña aldea llamada Betania, situada muy cerca de Jerusalén. Su casa era sencilla, como tantas otras de aquella época, pero tenía algo que la hacía diferente: Jesús era siempre bien recibido. Cuando el Señor pasaba por aquella región encontraba una familia que lo acogía con alegría, lo escuchaba con atención y compartía con Él la vida cotidiana. Aquella casa se convirtió en un verdadero hogar para el Maestro. (cf. Lc 10,38; Jn 11,1-5)
La casa de Betania siempre tenía la puerta abierta para Jesús.
Comentario de la ilustración
Qué vemos. Jesús llega como un amigo más. No aparece rodeado de grandes multitudes ni de escenas extraordinarias. Todo transmite sencillez: una familia que recibe con alegría al Señor en su propia casa.
Qué nos enseña. Antes de pedir grandes sacrificios, Jesús desea entrar en nuestro hogar y compartir nuestra vida. La amistad con Dios comienza muchas veces en los gestos sencillos de cada día.
Para dialogar en familia.
- ¿Qué hacen Marta, María y Lázaro cuando ven llegar a Jesús?
- ¿Qué detalles de la imagen muestran que existe una verdadera amistad?
- ¿Cómo podemos nosotros abrir también la puerta de nuestra casa al Señor?
Idea a destacar. Jesús desea encontrar en cada familia un hogar donde siempre sea bien recibido.
Observación catequética. Conviene explicar que la amistad con Jesús no comienza haciendo cosas extraordinarias. Empieza dedicándole tiempo, escuchando su palabra y dejando que forme parte de la vida diaria de la familia. Betania representa el hogar cristiano que vive abierto a Dios.
La amistad de Jesús con esta familia no nació de un solo encuentro. Fue creciendo poco a poco hasta convertirse en una relación profunda de confianza. Los siguientes episodios del Evangelio mostrarán cómo esa amistad se hizo más fuerte en los momentos de alegría, de sufrimiento y de esperanza. También nuestras familias están llamadas a recorrer ese mismo camino junto al Señor.
Fuentes: Sagrada Escritura: Lc 10,38; Jn 11,1-5 (Biblia, versión oficial de la Conferencia Episcopal Española). Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1655-1658.
Capítulo 2
Marta sirve y María escucha
En uno de sus viajes, Jesús entró en una aldea y Marta lo recibió en su casa. Para ella, acoger al Maestro significaba ofrecerle todo lo necesario: preparar la comida, atender a los invitados y procurar que ninguno careciera de nada. Su servicio nacía del cariño, pero eran tantas las tareas que terminó absorbida por las preocupaciones.
Mientras tanto, María se sentó a los pies de Jesús y permaneció escuchando sus palabras. Aquella postura era la propia de un discípulo ante su maestro. María dejó momentáneamente las demás ocupaciones porque comprendió que la presencia del Señor merecía toda su atención y que escuchar su enseñanza era una oportunidad que no debía perder.
Al ver que su hermana no la ayudaba, Marta se acercó a Jesús y le pidió que interviniera. El Señor no rechazó su trabajo ni censuró su generosidad. La llamó dos veces por su nombre, con afecto, y le hizo ver que estaba inquieta por demasiadas cosas. Solo una era verdaderamente necesaria: permanecer junto a Él y recibir su palabra. María había escogido aquella parte buena, que nadie podría arrebatarle. (cf. Lc 10,38-42)
Dos maneras de amar
Marta y María no representan dos caminos enemigos. Servir y escuchar son dos maneras necesarias de amar a Cristo. El problema aparece cuando la actividad nos llena de agitación y ya no deja espacio para Dios. Jesús ayuda a Marta a ordenar su servicio: primero escuchar al Señor y después trabajar desde la paz que nace de su palabra.
Este episodio muestra la humanidad de Marta. Ama sinceramente a Jesús, pero permite que el deseo de atenderlo todo se convierta en impaciencia. También revela la profundidad de María, que sabe detenerse y reconocer lo esencial. Cristo no enfrenta a las dos hermanas: educa a cada una según lo que necesita y enseña a toda la familia cristiana a unir la oración con el servicio.
Referencia bíblica: Evangelio según san Lucas 10,38-42, versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.
Marta sirve con amor; María escucha con atención. Jesús enseña a ambas el camino de la verdadera santidad.
Comentario de la ilustración
Qué vemos. La escena presenta dos formas distintas de amar a Jesús. Marta expresa su cariño mediante el servicio y la hospitalidad. María lo hace permaneciendo junto al Maestro para escuchar su enseñanza. Ninguna de las dos aparece enfrentada; ambas desean agradar al Señor desde su propia manera de ser.
Qué nos enseña. Jesús no rechaza el trabajo de Marta ni alaba la comodidad. Lo que enseña es que toda actividad cristiana debe nacer de la escucha de la Palabra de Dios. Cuando primero escuchamos al Señor, el servicio deja de ser una carga y se convierte en una expresión de amor.
Para dialogar en familia.
- ¿Qué detalles muestran que Marta quiere atender bien a Jesús?
- ¿Por qué María permanece sentada junto al Maestro?
- ¿Qué crees que sintió Marta en ese momento?
- ¿Hay tiempo en nuestra familia para escuchar juntos al Señor?
- ¿Cómo podemos unir la oración y el servicio en nuestra vida diaria?
Idea a destacar. El verdadero discípulo sabe escuchar a Jesucristo y servir a los demás con un corazón lleno de paz.
Observación catequética. Es importante evitar presentar este pasaje como si Jesús alabara a una hermana y corrigiera a la otra. El Evangelio muestra que las dos aman profundamente al Señor. Marta necesita aprender a vivir el servicio con serenidad; María recuerda que la oración ocupa siempre el primer lugar. Ayuda a los participantes a descubrir que una familia cristiana necesita tanto el trabajo generoso como los momentos de oración compartida. Al finalizar el comentario puede invitarse a guardar un minuto de silencio para experimentar lo que significa «sentarse a los pies de Jesús» antes de continuar con la sesión.
Capítulo 3
Marta sale al encuentro de Jesús
Pasaron unos días desde que Lázaro cayó gravemente enfermo. Marta y María enviaron un mensaje a Jesús con una sencilla petición: «Señor, el que tú amas está enfermo». Confiaban plenamente en que el Maestro acudiría enseguida para ayudar a su hermano. Sin embargo, Jesús permaneció todavía dos días donde estaba antes de ponerse en camino hacia Betania. Aquella espera resultó difícil de comprender para las dos hermanas. (cf. Jn 11,1-16)
Cuando Jesús llegó por fin a las cercanías del pueblo, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Al enterarse de su llegada, Marta salió inmediatamente a recibirlo. No esperó en casa. Quería encontrarse con el Señor y abrirle su corazón. Sus primeras palabras expresan al mismo tiempo dolor y confianza: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano». Aun así, añadió enseguida: «Pero también ahora sé que Dios te concederá cuanto le pidas». (cf. Jn 11,17-22)
Jesús respondió con una promesa llena de esperanza: «Tu hermano resucitará». Marta pensó en la resurrección del último día, pero el Señor quiso llevarla mucho más lejos. Entonces pronunció una de las afirmaciones más importantes de todo el Evangelio de san Juan: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá». Después miró a Marta y le hizo una pregunta muy personal: «¿Crees esto?». (cf. Jn 11,23-26)
La respuesta de Marta constituye una de las profesiones de fe más hermosas de todo el Nuevo Testamento: «Sí, Señor; yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». En medio del sufrimiento, aquella mujer descubrió que la confianza en Jesucristo era más fuerte que la muerte. (cf. Jn 11,27)
La fe de Marta
Muchas veces se recuerda a Marta únicamente por su servicio en la casa de Betania. Sin embargo, este pasaje revela otra faceta igualmente importante: su profunda fe en Jesucristo. En el momento más doloroso de su vida no perdió la confianza. Sus palabras muestran que el verdadero creyente puede expresar su tristeza delante de Dios sin dejar de confiar en su amor y en sus promesas.
Este encuentro prepara el gran milagro que tendrá lugar poco después. Antes de devolver la vida a Lázaro, Jesús fortalece la fe de Marta. El Señor quiere que comprenda que los milagros no son un fin en sí mismos, sino un signo que invita a creer en Él. La confianza de Marta será el fundamento sobre el que descansará la alegría que toda la familia experimentará unos momentos después.
Fuentes: Sagrada Escritura: Jn 11,1-27 (Biblia, versión oficial de la Conferencia Episcopal Española). Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 994-1014.
«Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá» (Jn 11,25).
Comentario de la ilustración
Qué vemos. Marta sale al encuentro de Jesús antes de que el Señor llegue a la casa. No permanece encerrada en su dolor. Va hacia Él con el corazón herido, pero también con el deseo de comprender. Jesús no comienza haciendo un milagro; primero escucha, consuela y fortalece la fe de su amiga.
Qué nos enseña. El Evangelio nos recuerda que podemos acudir a Jesús con nuestras preguntas, nuestras lágrimas y nuestras preocupaciones. El Señor no rechaza a quien sufre. Al contrario, invita a confiar incluso cuando no entendemos por qué ocurren algunas cosas. La fe de Marta crece precisamente en medio de la prueba.
Para dialogar en familia.
- ¿Qué sentimientos refleja el rostro de Marta?
- ¿Cómo mira Jesús a su amiga?
- ¿Por qué Marta decide salir al encuentro del Señor en lugar de quedarse en casa?
- ¿Qué significa confiar en Dios cuando atravesamos un momento difícil?
- ¿Recordamos alguna ocasión en la que la oración nos haya ayudado a mantener la esperanza?
Idea a destacar. La verdadera fe no elimina las dificultades, pero nos ayuda a caminar hacia Jesús con confianza incluso en los momentos más dolorosos.
Observación catequética. Este episodio ofrece una magnífica ocasión para explicar que la fe cristiana no consiste en no sufrir, sino en vivir el sufrimiento junto a Cristo. Marta expresa con sinceridad su dolor, pero no pierde la confianza. Conviene ayudar a los participantes a descubrir que Jesús no responde inmediatamente a todas nuestras preguntas; antes nos invita a fiarnos de Él. Puede concluirse este comentario preguntando a cada miembro de la familia: «¿Qué le dirías hoy a Jesús si pudieras encontrarte con Él como hizo Marta?» Esta pregunta suele dar lugar a un diálogo muy rico y cercano.
Capítulo 4
María llora con Jesús
Después de hablar con Jesús, Marta volvió a casa y llamó a su hermana María. Le dijo en voz baja: «El Maestro está aquí y te llama». Al oír aquellas palabras, María se levantó enseguida y salió a su encuentro. Los vecinos que habían acudido para consolar a la familia pensaron que se dirigía al sepulcro para llorar allí, y la siguieron. (cf. Jn 11,28-31)
Cuando María llegó hasta Jesús, cayó a sus pies. Era el mismo lugar donde tantas veces había escuchado al Maestro. Entre lágrimas repitió las mismas palabras que antes había pronunciado Marta: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano». No era un reproche, sino el grito lleno de dolor de quien confiaba plenamente en el Señor y no lograba comprender lo sucedido. (cf. Jn 11,32)
Jesús contempló el llanto de María y el de todos los que la acompañaban. Aquel sufrimiento conmovió profundamente su corazón. El evangelista san Juan describe ese momento con una extraordinaria delicadeza: Jesús se estremeció interiormente y se conmovió. Después preguntó: «¿Dónde lo habéis puesto?». Ellos respondieron: «Señor, ven a verlo». (cf. Jn 11,33-34)
Entonces ocurrió algo que ha consolado a millones de cristianos a lo largo de los siglos. Ante la tumba de su amigo, Jesús lloró. El Hijo de Dios quiso compartir el dolor de aquella familia antes de realizar el milagro. Sus lágrimas muestran que Dios no permanece indiferente ante el sufrimiento humano. Él está siempre cerca de quienes lloran y acompaña con amor a quienes atraviesan la prueba. (cf. Jn 11,35-37)
Las lágrimas de Cristo
Este episodio nos descubre el corazón de Jesús. Él conoce el dolor de la familia porque ama profundamente a Marta, María y Lázaro. Sus lágrimas nos enseñan que la compasión también forma parte del amor de Dios. El Señor no se limita a contemplar nuestro sufrimiento desde lejos: camina a nuestro lado y comparte nuestras lágrimas para llenarlas de esperanza.
La escena prepara el momento culminante del relato. Antes de devolver la vida a Lázaro, Jesús manifiesta que su poder nunca está separado de su amor. El mismo Señor que puede vencer a la muerte es también el amigo que se conmueve ante el sufrimiento de quienes ama. Por eso los Evangelios presentan este encuentro como uno de los testimonios más hermosos de la humanidad de Cristo.
Fuentes: Sagrada Escritura: Jn 11,28-37 (Biblia, versión oficial de la Conferencia Episcopal Española). Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 470-478 y 1503-1505.
Jesús comparte el dolor de sus amigos antes de devolver la vida a Lázaro.
Comentario de la ilustración
Qué vemos. María se encuentra a los pies de Jesús, el lugar donde tantas veces había escuchado su palabra. Ahora no está allí para aprender, sino para expresar su dolor. Jesús no permanece distante. Comparte el sufrimiento de aquella familia y deja que sus sentimientos se manifiesten con total naturalidad.
Qué nos enseña. El Evangelio muestra que el Señor nunca es indiferente al sufrimiento humano. Jesús no considera las lágrimas un signo de debilidad. Él mismo llora porque ama profundamente a sus amigos. La fe cristiana no elimina el dolor, pero nos asegura que nunca lo vivimos solos. Cristo permanece siempre a nuestro lado.
Para dialogar en familia.
- ¿Qué sentimientos descubres en el rostro de Jesús?
- ¿Por qué María se arrodilla delante del Señor?
- ¿Qué nos enseñan las lágrimas de Jesús sobre el amor de Dios?
- ¿Cómo podemos acompañar a una persona que está sufriendo?
- ¿Qué gestos sencillos pueden llevar esperanza a quien pasa por un momento difícil?
Idea a destacar. Jesús no solo tiene poder para vencer la muerte; también tiene un corazón que comparte nuestras alegrías y nuestros sufrimientos.
Observación catequética. Conviene explicar que este es el versículo más breve del Evangelio («Jesús lloró», Jn 11,35), pero también uno de los más profundos. Puede invitarse a los participantes a contemplar durante unos segundos el rostro de Jesús antes de comenzar el diálogo. Después, el catequista puede preguntar: «¿Qué cambia en nuestra manera de afrontar el sufrimiento cuando sabemos que Jesús también llora con nosotros?». Es un buen momento para enseñar que la compasión cristiana consiste en permanecer junto al que sufre, acompañarlo y sostenerlo con la esperanza que nace de la fe.
Capítulo 5
La resurrección de Lázaro
Jesús llegó finalmente al sepulcro donde habían depositado el cuerpo de Lázaro. Era una cueva excavada en la roca y una gran piedra cerraba la entrada. El Señor pidió que la retiraran. Marta recordó con delicadeza que su hermano llevaba ya cuatro días muerto, pero Jesús la invitó de nuevo a confiar: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?». (cf. Jn 11,38-40)
Cuando la piedra fue apartada, Jesús levantó los ojos al cielo y dio gracias al Padre. Después, con la autoridad de quien es el Señor de la vida, llamó en voz alta: «¡Lázaro, sal fuera!». Ante el asombro de todos los presentes, el hombre que había muerto salió del sepulcro todavía envuelto en las vendas funerarias. Entonces Jesús dijo a quienes estaban allí: «Desatadlo y dejadlo andar». (cf. Jn 11,41-44)
Muchos de los que habían acompañado a Marta y a María creyeron en Jesús al contemplar aquel signo extraordinario. No era solo un milagro admirable. Era una manifestación de que Cristo tiene poder sobre la muerte y anuncia la vida nueva que ofrecerá con su propia resurrección. Lázaro volvió a la vida terrena, pero este acontecimiento preparaba un misterio todavía mayor: la victoria definitiva de Jesucristo sobre la muerte en la mañana de Pascua. (cf. Jn 11,45)
Un signo que anuncia la Pascua
La resurrección de Lázaro no es el final de la historia, sino un signo que prepara el corazón de los discípulos. Jesús muestra que tiene poder para vencer la muerte y revela que la última palabra nunca pertenece al sufrimiento ni al sepulcro, sino al amor de Dios. Por eso este milagro ocupa un lugar central en el Evangelio de san Juan.
La Iglesia contempla este episodio como una invitación permanente a vivir con esperanza. También nosotros encontramos momentos en los que todo parece perdido. El Evangelio nos recuerda que Dios sigue actuando incluso cuando ya no vemos una salida. La confianza de Marta, las lágrimas de María y la nueva vida de Lázaro muestran que quien pone su esperanza en Cristo nunca queda defraudado.
Fuentes: Sagrada Escritura: Jn 11,38-45 (Biblia, versión oficial de la Conferencia Episcopal Española). Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 988-1019.
«¡Lázaro, sal fuera!» La palabra de Jesucristo vence incluso a la muerte.
Comentario de la ilustración
Qué vemos. Jesús ocupa el centro de la escena. No realiza gestos llamativos ni espectaculares. Basta su palabra para devolver la vida a su amigo. Lázaro sale del sepulcro mientras Marta, María y los demás testigos contemplan con emoción el poder de Dios manifestado en Jesucristo.
Qué nos enseña. El milagro no pretende impresionar, sino fortalecer la fe. Jesús demuestra que tiene poder sobre la muerte porque es el Hijo de Dios. La resurrección de Lázaro anuncia la Pascua y recuerda que quienes creen en Cristo están llamados a la vida eterna.
Para dialogar en familia.
- ¿Quién es el verdadero protagonista de esta escena?
- ¿Qué diferencias observas entre el rostro de Jesús y el de quienes contemplan el milagro?
- ¿Por qué Jesús llama personalmente a Lázaro por su nombre?
- ¿Qué significa para nosotros confiar en Jesús cuando vivimos momentos difíciles?
- ¿Qué esperanza ofrece este Evangelio a las familias cristianas?
Idea a destacar. Jesucristo es el Señor de la vida. Su palabra devuelve la esperanza y abre para todos el camino hacia la resurrección.
Observación catequética. Conviene explicar que Lázaro no resucitó con un cuerpo glorioso, como ocurrirá con Jesucristo el Domingo de Pascua. Volvió a esta vida y, con el paso de los años, murió de nuevo. Precisamente por eso este milagro es un signo que prepara el gran acontecimiento de la Resurrección del Señor. Es un buen momento para explicar, con un lenguaje sencillo, la diferencia entre la reanimación de Lázaro y la Resurrección gloriosa de Cristo, fundamento de nuestra fe. Puede terminarse invitando a la familia a rezar juntos el Credo, deteniéndose especialmente en las palabras: «Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna.»
Capítulo 6
La cena de Betania
Poco antes de comenzar su Pasión, Jesús volvió una vez más a Betania. La familia quiso agradecerle todo lo que había hecho por ellos y preparó una cena en su honor. Lázaro compartía la mesa con el Maestro, mientras Marta servía a los invitados, como tantas otras veces. Aquella comida era una sencilla reunión entre amigos, pero también un momento lleno de gratitud y de profunda alegría. (cf. Jn 12,1-2)
Durante la cena, María tomó un frasco de perfume de nardo puro, muy valioso, y lo derramó sobre los pies de Jesús. Después los secó con sus cabellos. Toda la casa quedó impregnada por el aroma del perfume. Aquel gesto no buscaba llamar la atención. Era una manera de expresar su amor, su agradecimiento y su reconocimiento hacia quien había devuelto la vida a su hermano y llenado de esperanza a toda la familia. (cf. Jn 12,3)
Judas Iscariote criticó aquel gesto y dijo que el perfume podría haberse vendido para dar el dinero a los pobres. Sin embargo, el evangelista explica que sus palabras no nacían de la preocupación por los necesitados, sino de otros intereses. Jesús salió en defensa de María y acogió con cariño aquella muestra de amor sincero. El Señor conocía el significado profundo de aquel gesto y lo relacionó con la entrega que muy pronto iba a realizar por toda la humanidad. (cf. Jn 12,4-8)
El perfume del amor agradecido
María ofrece a Jesús lo mejor que posee. No calcula el precio ni busca el reconocimiento de los demás. Su generosidad nace del amor. Los verdaderos regalos que ofrecemos a Dios nunca son una pérdida. Todo lo que se entrega por amor permanece para siempre en el corazón del Señor.
En esta escena vuelven a aparecer unidos los tres hermanos, cada uno viviendo su propio carisma. Marta sirve, María ama y contempla y Lázaro da testimonio con su sola presencia. Los tres muestran que la amistad con Jesucristo transforma toda la vida. La casa de Betania vuelve a convertirse en un lugar donde el servicio, la oración, la gratitud y la alegría forman una única respuesta al amor de Dios.
Fuentes: Sagrada Escritura: Jn 12,1-8 (Biblia, versión oficial de la Conferencia Episcopal Española). Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2099-2100 y 2558-2565.
En la casa de Betania, cada gesto de amor se convierte en una ofrenda para Jesucristo.
Comentario de la ilustración
Qué vemos. Los tres hermanos aparecen reunidos de nuevo junto a Jesús. Marta continúa sirviendo con alegría; María expresa su amor mediante un gesto lleno de delicadeza; Lázaro comparte la mesa con el Maestro como un amigo querido. La escena refleja una familia unida alrededor de Cristo.
Qué nos enseña. Cada uno manifiesta el amor al Señor de una manera distinta. Jesús acoge con el mismo cariño el servicio de Marta, la generosidad de María y la silenciosa presencia de Lázaro. El Evangelio nos recuerda que todos podemos amar a Dios desde los dones que hemos recibido.
Para dialogar en familia.
- ¿Qué está haciendo cada uno de los tres hermanos?
- ¿Por qué el perfume de María llena toda la casa?
- ¿Qué diferencia observas entre la actitud de María y la de Judas?
- ¿Qué podemos ofrecer nosotros a Jesús como muestra de nuestro amor?
- ¿Cómo puede nuestra familia parecerse un poco más a la de Betania?
Idea a destacar. Cuando Jesucristo ocupa el centro del hogar, cada miembro de la familia puede servirle con los dones que Dios le ha regalado.
Observación catequética. Conviene ayudar a los participantes a descubrir que esta escena reúne, por última vez en los Evangelios, a los tres hermanos alrededor de Jesús. No es únicamente la unción de María; es la imagen de una familia que responde unida al amor recibido del Señor. Puede invitarse a observar cómo cada uno expresa ese amor de forma distinta: Marta mediante el servicio, María mediante un gesto de inmensa generosidad y Lázaro mediante la alegría de compartir la mesa con Jesús. Esta diversidad no divide a la familia; al contrario, la enriquece y manifiesta que la santidad tiene muchas formas.
Propuesta para vivir en familia. Antes de la siguiente comida familiar, colocar una Biblia abierta sobre la mesa durante unos minutos y leer juntos un breve pasaje del Evangelio. Después, cada miembro de la familia puede decir una sencilla acción de gracias por algún regalo recibido de Dios durante la semana. Así la mesa del hogar recordará, aunque sea humildemente, la mesa de Betania donde Jesús compartía la amistad con Marta, María y Lázaro.
Capítulo 7
Lázaro, signo vivo de Cristo
La resurrección de Lázaro tuvo una enorme repercusión. Muchas personas acudían a Betania para conocer al hombre que había vuelto a la vida y, al verlo, creían en Jesucristo. Lázaro no recorría los caminos predicando ni pronunciaba grandes discursos. Su sola presencia recordaba que el Señor había realizado un signo extraordinario y que el poder de Dios era más fuerte que la muerte. (cf. Jn 12,9-11)
El Evangelio cuenta que esta situación preocupó profundamente a los sumos sacerdotes. Al comprobar que muchos judíos se acercaban a Jesús por causa de Lázaro, decidieron también acabar con él. De este modo, el amigo de Jesús comenzó a compartir el destino del Maestro. Su propia vida se había convertido en un testimonio tan claro del Evangelio que algunos deseaban hacerlo desaparecer. (cf. Jn 12,10-11)
Lázaro nos enseña que el mejor anuncio de Jesucristo es una vida transformada por su gracia. Hay personas que hablan mucho de la fe y otras que la manifiestan sobre todo con su manera de vivir. Después de salir del sepulcro, Lázaro pertenece a este segundo grupo. Su existencia es una prueba silenciosa de que el encuentro con Cristo cambia el corazón y llena de esperanza incluso las situaciones más difíciles.
Un testimonio que habla sin palabras
Muchas veces pensamos que evangelizar consiste únicamente en explicar la fe con palabras. Lázaro nos recuerda que una vida coherente también anuncia el Evangelio. La bondad, la alegría, el perdón y la esperanza pueden acercar muchas personas a Jesucristo incluso antes de pronunciar una sola palabra.
También hoy el Señor sigue llamando a sus discípulos a ser testigos de su amor. Cada familia cristiana está invitada a vivir de tal manera que quienes la conozcan descubran, a través de sus obras y de su alegría, la presencia de Cristo en medio de ella. Así ocurrió en Betania y así puede seguir ocurriendo en nuestros hogares cuando dejamos que Jesús ocupe el centro de nuestra vida.
Fuentes: Sagrada Escritura: Jn 12,9-11 (Biblia, versión oficial de la Conferencia Episcopal Española). Benedicto XVI, Verbum Domini, 97; san Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 21; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 905 y 2472.
La vida transformada de Lázaro conduce a muchos hacia Jesucristo.
Comentario de la ilustración
Qué vemos. Lázaro no aparece predicando ni ocupando el centro de la escena. Habla con sencillez mientras muchas personas se acercan para conocer lo sucedido. Su sola presencia despierta preguntas y conduce a los demás hasta Jesús. Al fondo, algunos dirigentes religiosos observan con preocupación el crecimiento de la fe entre el pueblo.
Qué nos enseña. El testimonio más convincente nace de una vida transformada por Dios. Lázaro no busca protagonismo. Quien ocupa el centro es siempre Jesucristo. También nosotros estamos llamados a vivir de tal manera que nuestras obras lleven a otros a descubrir el amor del Señor.
Para dialogar en familia.
- ¿Por qué tantas personas quieren acercarse a Lázaro?
- ¿Quién ocupa realmente el centro de la escena?
- ¿Qué actitudes de Lázaro llaman más tu atención?
- ¿Cómo podemos hablar de Jesús con nuestra manera de vivir?
- ¿Qué pequeños gestos pueden hacer que otras personas descubran el Evangelio?
Idea a destacar. La mejor manera de anunciar a Jesucristo es dejar que nuestra vida refleje su amor.
Observación catequética. Conviene explicar que el verdadero protagonista del capítulo no es Lázaro, sino Jesucristo actuando en la vida de Lázaro. El discípulo nunca sustituye al Maestro; su misión consiste en conducir a los demás hasta Él. Es un buen momento para recordar que los santos no atraen la atención sobre sí mismos, sino que señalan siempre el camino hacia Cristo. Puede preguntarse a los participantes: «¿Qué personas te han acercado a Jesús con su ejemplo?». Esta sencilla reflexión ayuda a descubrir que todos hemos recibido el testimonio de otros creyentes.
Propuesta para vivir en familia. Durante esta semana, proponed un pequeño gesto cristiano que pueda servir de testimonio para los demás: visitar a un familiar, ayudar a un vecino, llamar a una persona que esté sola o rezar juntos antes de una comida en un lugar donde normalmente no lo hacéis. Después compartid en familia cómo os habéis sentido al dar ese pequeño testimonio de vuestra fe.
Capítulo 8
Nuestra familia también puede ser una nueva Betania
Los Evangelios no presentan la casa de Betania como un lugar extraordinario por su riqueza o por su importancia. Era un hogar sencillo donde Jesús era recibido con alegría, escuchado con atención y amado de verdad. Precisamente por eso se convirtió en uno de los lugares donde el Señor encontraba descanso durante su vida pública. Allí compartía la mesa, conversaba con sus amigos y ayudaba a aquella familia a crecer en la fe.
También hoy nuestras familias pueden parecerse a la de Marta, María y Lázaro. No hace falta vivir situaciones extraordinarias ni realizar grandes obras. Basta con abrir un espacio para Jesucristo en la vida diaria. Cuando una familia reza unida, escucha el Evangelio, participa en la Eucaristía, aprende a perdonarse y procura ayudarse mutuamente, el espíritu de Betania vuelve a hacerse presente en medio del hogar.
Cada uno de los tres hermanos ofrece una enseñanza que sigue siendo plenamente actual. Marta recuerda el valor del servicio generoso; María enseña a detenerse para escuchar la Palabra de Dios; Lázaro invita a vivir de tal manera que toda la vida se convierta en un testimonio de Jesucristo. Ninguno de ellos vivió aislado de los demás. Formaban una familia que caminaba unida hacia Dios.
Un hogar donde Jesús siempre es bien recibido
Cada familia tiene su propio carácter, sus alegrías y también sus dificultades. La casa de Betania nos recuerda que la santidad no consiste en construir un hogar perfecto, sino en hacer sitio a Jesucristo en medio de la vida cotidiana. Él transforma poco a poco el ambiente familiar cuando encuentra personas dispuestas a escucharlo y a vivir según su Evangelio.
Una breve oración antes de las comidas, la lectura compartida del Evangelio del domingo, la participación en la Misa dominical, un gesto de perdón o una conversación sincera vivida desde la fe son pequeños pasos que ayudan a convertir cualquier casa en una auténtica Betania.
La familia de Betania no pertenece únicamente al pasado. Sigue siendo un modelo para las familias cristianas de hoy. Allí aprendemos que la amistad con Jesús se vive en los momentos sencillos de cada día: alrededor de una mesa, durante una conversación, en el trabajo, en la enfermedad, en la alegría y también en las pruebas. Allí donde Cristo ocupa el centro del hogar, nace una familia capaz de transmitir esperanza a quienes la rodean.
Fuentes: Sagrada Escritura: Lc 10,38-42; Jn 11; Jn 12,1-11 (Biblia, versión oficial de la Conferencia Episcopal Española). Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección; Francisco, Amoris laetitia, 315-317; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1655-1658.
La casa de Betania sigue viva allí donde una familia abre cada día su hogar a Jesucristo.
Comentario de la ilustración
Qué vemos. La escena no representa un acontecimiento extraordinario, sino la vida diaria de una familia cristiana. No aparecen milagros ni grandes celebraciones. Lo importante es que Jesucristo ocupa un lugar en el hogar a través de la lectura del Evangelio, la oración y la unión de la familia.
Qué nos enseña. Betania no fue importante por el tamaño de su casa ni por la riqueza de sus habitantes. Fue importante porque Jesús era amado y acogido. Hoy sucede lo mismo. Cada hogar puede convertirse en una nueva Betania cuando Cristo ocupa el primer lugar y las relaciones familiares se viven desde el Evangelio.
Para dialogar en familia.
- ¿Qué detalles indican que Jesucristo forma parte de la vida de esta familia?
- ¿Qué costumbres de la casa de Betania podrían vivirse también en nuestro hogar?
- ¿Qué momento de la semana sería el mejor para reunirnos unos minutos alrededor del Evangelio?
- ¿Qué podemos hacer para que quienes visiten nuestra casa encuentren un ambiente de paz y de acogida?
- ¿Qué carisma de Marta, María o Lázaro creemos que vivimos con más facilidad?
Idea a destacar. Una familia que vive unida alrededor de Jesucristo se convierte en una nueva Betania.
Observación catequética. Este capítulo ofrece una magnífica ocasión para pasar del Evangelio a la vida cotidiana. Ayude a los participantes a descubrir que la santidad no comienza realizando cosas extraordinarias, sino cuidando los pequeños gestos de cada día. Puede invitar a la familia a recordar cuáles son los momentos en los que ya hacen presente a Jesús en su hogar y cuáles podrían incorporar poco a poco. Es importante que las propuestas sean sencillas y realistas, para que todos puedan llevarlas a la práctica.
Propuesta para vivir en familia. Elegid un lugar fijo de la casa donde colocar una pequeña Biblia abierta y una cruz. Una vez por semana reuníos allí durante diez minutos para leer el Evangelio del domingo siguiente, guardar un breve momento de silencio y terminar rezando juntos un Padrenuestro. La constancia en este sencillo encuentro ayudará a que vuestro hogar crezca en la amistad con Jesucristo, igual que sucedía en la casa de Betania.
Capítulo 9
El testimonio de la Tradición sobre la familia de Betania
Los Evangelios nos permiten conocer la amistad de Marta, María y Lázaro con Jesucristo, pero apenas dicen nada sobre sus vidas después de la Resurrección del Señor. A partir de ese momento es la Tradición de la Iglesia la que ha conservado diversos recuerdos acerca de estos tres hermanos. Algunas de esas tradiciones son muy antiguas y ampliamente aceptadas; otras nacieron siglos más tarde como expresión de la devoción cristiana. Conviene distinguir unas de otras para valorar correctamente su significado.
La tradición más antigua, conservada sobre todo por las Iglesias de Oriente, afirma que Lázaro abandonó Judea a causa de la persecución contra los cristianos y llegó a la isla de Chipre. Allí habría sido nombrado obispo de Kition, la actual ciudad de Lárnaca, donde anunció el Evangelio durante muchos años y murió en paz. Desde muy antiguo los cristianos orientales veneran su memoria y conservan la tradición de su sepulcro. Marta y María aparecen también asociadas a la primera comunidad cristiana, aunque los detalles de sus últimos años no pueden conocerse con certeza histórica.
En Occidente se desarrolló durante la Edad Media otra tradición muy conocida. Según este relato, Marta, María y Lázaro habrían llegado por mar a la región de la Provenza, en el sur de Francia, junto con otros discípulos del Señor. Allí Lázaro habría sido el primer obispo de Marsella, mientras Marta y María dedicaban su vida a anunciar el Evangelio y servir a las comunidades cristianas. Esta tradición ha dado origen a numerosos lugares de peregrinación y a una profunda devoción popular, aunque los historiadores consideran que no puede demostrarse con la misma seguridad que la tradición oriental.
La Tradición y la historia
La Iglesia aprecia estas tradiciones porque ayudan a comprender cómo los primeros cristianos recordaron a los amigos de Jesús. Sin embargo, la fe de la Iglesia se apoya, ante todo, en el testimonio seguro de la Sagrada Escritura. Allí conocemos con certeza que Marta, María y Lázaro fueron verdaderos discípulos del Señor y gozaron de una amistad muy especial con Él. Las tradiciones posteriores enriquecen esa memoria, pero no tienen el mismo valor que los relatos evangélicos.
Lo verdaderamente importante no es conocer con exactitud dónde vivieron sus últimos años, sino descubrir el ejemplo que dejaron a todos los cristianos: acoger a Jesús, escuchar su palabra, servir con generosidad y permanecer fieles hasta el final.
La familia de Betania continúa siendo un modelo para toda la Iglesia porque recuerda que la santidad nace de una amistad profunda con Cristo. Esa amistad transformó la vida de aquellos tres hermanos y sigue transformando hoy la vida de quienes abren su corazón al Señor con la misma confianza.
Fuentes: Sagrada Escritura: Jn 11–12 (Biblia, versión oficial de la Conferencia Episcopal Española). Martirologio Romano. Tradición de la Iglesia de Chipre. Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. Vatican News, ficha de san Lázaro. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 75-83.
La Tradición recuerda que los amigos de Jesús permanecieron fieles al Evangelio hasta el final de su vida.
Comentario de la ilustración
Qué vemos. La escena no representa un pasaje del Evangelio, sino una antigua tradición conservada por la Iglesia. Lázaro aparece anunciando la Palabra de Dios como pastor de una comunidad cristiana, mientras Marta y María continúan viviendo con sencillez la fe que aprendieron junto a Jesucristo.
Qué nos enseña. Lo más importante no es conocer con exactitud todos los detalles históricos de los últimos años de estos tres hermanos, sino descubrir que la amistad con Cristo no terminó en Betania. La Iglesia ha conservado el recuerdo de unos discípulos que permanecieron fieles al Señor y continuaron dando testimonio del Evangelio.
Para dialogar en familia.
- ¿Qué diferencias observas entre una escena del Evangelio y una escena inspirada en la Tradición de la Iglesia?
- ¿Por qué la Iglesia conserva también estos antiguos recuerdos?
- ¿Qué significa permanecer fiel a Jesús durante toda la vida?
- ¿Cómo podemos continuar hoy la misión de anunciar el Evangelio?
- ¿Qué ejemplo de Marta, María o Lázaro te gustaría imitar especialmente?
Idea a destacar. La verdadera amistad con Jesucristo continúa durante toda la vida y se convierte en una misión al servicio de la Iglesia.
Observación catequética. Aproveche esta ilustración para enseñar una diferencia importante. Explique que la Sagrada Escritura tiene una autoridad única, porque transmite la Palabra de Dios inspirada. Después, muestre que la Iglesia también conserva antiguas tradiciones que ayudan a recordar la vida de muchos discípulos, aunque no siempre puedan demostrarse históricamente con la misma certeza. Esta distinción ayudará a los participantes a comprender mejor cómo la Iglesia transmite la fe de generación en generación.
Propuesta para vivir en familia. Buscad juntos el nombre del santo patrono de vuestra parroquia o de vuestra localidad. Descubrid qué sabemos con certeza de su vida y qué tradiciones conserva la Iglesia sobre él. Terminad dando gracias a Dios por todos los cristianos que, a lo largo de los siglos, han mantenido viva la fe y la han transmitido hasta nosotros.
Los carismas de la familia de Betania
Después de recorrer todos los pasajes evangélicos, podemos comprender mejor por qué la familia de Betania ocupa un lugar tan especial en la vida pública de Jesucristo. Cada uno de los tres hermanos respondió al Señor de una manera distinta, pero los tres compartieron la misma fe, la misma amistad y el mismo deseo de permanecer siempre cerca de Él. Sus vidas muestran que la santidad tiene muchos caminos, pero un único centro: Jesucristo.
| Hermano | Carisma principal | Virtudes | Humanidad | Enseñanza para hoy |
|---|---|---|---|---|
| Marta | La santidad activa. | Servicio, hospitalidad, fortaleza y fe. | A veces se deja llevar por la preocupación y la impaciencia. | Servir con amor, sin olvidar dedicar tiempo a Dios. |
| María | La santidad contemplativa. | Escucha, oración, delicadeza y gratitud. | Vive intensamente sus sentimientos y expresa con libertad su amor al Señor. | Escuchar la Palabra antes de actuar. |
| Lázaro | La santidad testimonial. | Humildad, fidelidad y esperanza. | No necesita ocupar el primer lugar para cumplir su misión. | Dejar que toda la vida anuncie a Jesucristo. |
Los tres grandes carismas comunes
- La amistad con Jesucristo, fundamento de toda la vida cristiana.
- La respuesta generosa a la llamada de Dios, vivida según la vocación de cada persona.
- La confianza en el plan del Señor, incluso cuando no comprendemos todo lo que sucede.
Consejo para la familia
No intentéis que todos vivan la fe exactamente del mismo modo. Igual que ocurrió en Betania, cada miembro de la familia posee cualidades distintas. Lo importante es ayudar a cada uno a poner esos dones al servicio de Dios y de los demás, manteniendo siempre a Jesucristo en el centro del hogar.
Consejo para el catequista
Evite presentar a Marta, María y Lázaro como personajes aislados. La riqueza del Evangelio está precisamente en que forman una familia. Cada uno aporta un carisma diferente, pero todos crecen juntos en la amistad con Jesucristo. Anime a los participantes a descubrir cuál de estos tres ejemplos les ayuda más en este momento de su vida y cómo pueden aprender también de los otros dos.
Textos para profundizar y comentar
Los siguientes textos ayudan a comprender mejor la riqueza espiritual de la familia de Betania. No es necesario leerlos todos durante una misma sesión. El catequista o los padres pueden escoger aquel que mejor se adapte a la edad de los participantes y al objetivo del encuentro. Se recomienda leer cada texto lentamente y dedicar unos minutos al diálogo antes de continuar con la actividad siguiente.
1. Benedicto XVI: la amistad con Jesucristo
Benedicto XVI presenta a Marta, María y Lázaro como amigos verdaderos de Jesús y recuerda que la fe cristiana nace del encuentro personal con el Señor. Su amistad con Cristo transforma toda su vida y convierte su hogar en un lugar privilegiado para escuchar la Palabra y crecer en el amor.
Uso catequético: Leer este comentario antes de iniciar el diálogo sobre la amistad con Jesús. Puede ayudar a preguntar: «¿Qué significa para nosotros ser realmente amigos de Jesucristo?»
2. San Juan Pablo II: escuchar antes de actuar
Al comentar el episodio de Marta y María, san Juan Pablo II recuerda que toda acción cristiana debe alimentarse de la escucha de la Palabra de Dios. La oración y el servicio no se oponen; se necesitan mutuamente para dar fruto.
Uso catequético: Muy adecuado para comentar el equilibrio entre estudio, trabajo, oración y vida familiar.
3. Francisco: la familia como lugar del encuentro con Cristo
El papa Francisco recuerda con frecuencia que la familia es la primera escuela del amor, del perdón y de la fe. La casa de Betania constituye una imagen muy hermosa de ese hogar donde Cristo encuentra acogida y donde todos aprenden a vivir como discípulos.
Uso catequético: Puede servir para iniciar un diálogo sobre qué gestos concretos ayudan a que una familia viva unida alrededor del Evangelio.
4. San Agustín: Marta y María
San Agustín explica que Marta y María no representan dos vocaciones enfrentadas, sino dos dimensiones inseparables de la vida cristiana. Mientras caminamos en este mundo servimos como Marta; al mismo tiempo aprendemos a contemplar como María. La plenitud llegará cuando podamos contemplar para siempre a Dios en el cielo.
Uso catequético: Muy útil para explicar que el cristiano necesita tanto el trabajo generoso como la oración constante.
5. Catecismo de la Iglesia Católica
Los números dedicados a la familia cristiana, a la oración y a la vocación universal a la santidad ayudan a comprender cómo el ejemplo de la familia de Betania sigue siendo actual para todos los bautizados.
Uso catequético: Recomendable para preparar la sesión o para profundizar en casa después de haber realizado toda la catequesis.
Sugerencia para el catequista
No intente leer todos estos textos durante la misma reunión. Es preferible escoger uno, comentarlo con calma y relacionarlo con el pasaje del Evangelio que se haya trabajado. De este modo, la enseñanza del Magisterio y de los Padres de la Iglesia ayudará a comprender mejor la riqueza espiritual de la familia de Betania sin hacer pesada la sesión.
Referencias: Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección; Benedicto XVI, Deus caritas est, 1; san Juan Pablo II, Mulieris dignitatem, 16; Francisco, Amoris laetitia, 315-317; san Agustín, Sermón 103; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1655-1658, 2013-2016 y 2558-2565.
Actividades
Las siguientes actividades ayudan a pasar del conocimiento del Evangelio a la vida diaria. No son simples juegos. Cada una pretende desarrollar uno de los grandes carismas de la familia de Betania mediante una experiencia concreta, adaptada a familias, parroquias y grupos de catequesis.
Actividad 1
Un lugar para Jesús
Carisma: La amistad con Jesucristo.
Duración: 20 minutos.
Materiales: Una Biblia, una cartulina, rotuladores de colores, notas adhesivas y una pequeña cruz.
Objetivo
Ayudar a descubrir que Jesús desea formar parte de la vida cotidiana de nuestra familia, del mismo modo que era recibido en la casa de Betania.
Preparación
Coloque la Biblia abierta sobre una mesa. Sitúe junto a ella una cruz y entregue a cada participante varias notas adhesivas.
Desarrollo
- Leed juntos Juan 11,5.
- Preguntad qué significa tener un amigo de verdad.
- Cada participante escribe en una nota una acción concreta que puede ayudar a que Jesús ocupe un lugar más importante en su vida durante la semana.
- Pegad todas las notas alrededor de la cruz formando una casa.
- Terminad rezando juntos un Padrenuestro.
Para el catequista
Anime a que las propuestas sean muy concretas y fáciles de cumplir: dedicar cinco minutos a la oración, ayudar en casa sin que se lo pidan, participar con atención en la Misa del domingo o leer un pequeño fragmento del Evangelio antes de dormir. Evite compromisos demasiado difíciles que puedan provocar desánimo.
Fruto esperado
Comprender que la amistad con Jesucristo se construye mediante pequeños gestos vividos con constancia.
Actividad 2
¿Quién soy en Betania?
Carisma: Descubrir la llamada personal de Dios.
Duración: 25 minutos.
Materiales: Tres tarjetas con los nombres de Marta, María y Lázaro; una Biblia; hojas y bolígrafos.
Objetivo
Comprender que Dios llama a cada persona de una manera distinta y que todos podemos servir al Señor desde nuestros propios dones.
Preparación
Coloque las tres tarjetas sobre una mesa. Explique brevemente el carisma de cada hermano antes de comenzar la dinámica:
- Marta: el servicio activo y generoso.
- María: la escucha, la oración y la contemplación.
- Lázaro: el testimonio de una vida transformada por Cristo.
Desarrollo
- Cada participante elige en silencio la tarjeta del personaje con el que más se identifica.
- Escribe tres cualidades propias que le ayuden a parecerse a ese personaje.
- Comparte su elección con el grupo explicando brevemente el motivo.
- El catequista recuerda que todos necesitamos aprender también de los otros dos hermanos.
- Se termina leyendo de nuevo el resumen de los carismas de la familia de Betania.
Para el catequista
No convierta la actividad en una clasificación cerrada de las personas. El objetivo no es decidir quién «es Marta» o quién «es María», sino descubrir que todos poseemos cualidades diferentes y que Dios puede servirse de ellas para hacer el bien. Anime a valorar también aquellos dones que cada participante necesita desarrollar.
Fruto esperado
Descubrir que la santidad no consiste en imitar exactamente la vida de otra persona, sino en responder con fidelidad a la llamada personal de Dios.
Actividad 3
Construyamos una nueva Betania
Carisma: La confianza en el plan de Dios vivida en la familia.
Duración: 20-25 minutos.
Materiales: Una cartulina grande, rotuladores, notas adhesivas de tres colores y una Biblia.
Objetivo
Ayudar a la familia o al grupo de catequesis a descubrir qué puede hacer durante las próximas semanas para que su hogar se parezca un poco más a la casa de Betania.
Preparación
El catequista dibuja en la cartulina una casa sencilla. Sobre el tejado escribe «Nuestra Betania». Después reparte a cada participante tres notas adhesivas de distinto color.
Desarrollo
- Se recuerda brevemente el ejemplo de Marta, María y Lázaro.
- Cada participante escribe en la primera nota un gesto de servicio que desea realizar durante la semana.
- En la segunda nota escribe un momento concreto de oración o escucha del Evangelio.
- En la tercera anota un gesto de testimonio cristiano que pueda realizar con naturalidad.
- Todas las notas se colocan dentro del dibujo de la casa.
- Se lee lentamente Juan 11,5 y se termina rezando espontáneamente por las familias presentes.
Para el catequista
Anime a que los compromisos sean sencillos, concretos y realistas. No busque grandes propósitos. Es preferible una pequeña decisión que pueda cumplirse con alegría a muchas promesas que después se olviden. Si la actividad se realiza en familia, conviene conservar la cartulina durante varias semanas en un lugar visible de la casa.
Fruto esperado
Comprender que el Evangelio comienza a transformar la vida mediante pequeños compromisos vividos con constancia y amor.
Lectio divina
David y Jonatán: la amistad fiel
La amistad entre David y Jonatán constituye una de las páginas más hermosas del Antiguo Testamento y ayuda a comprender mejor la amistad que unía a Jesús con la familia de Betania. Jonatán permaneció fiel a David incluso cuando hacerlo resultaba difícil y podía traerle problemas. Su amistad fue desinteresada, generosa y constante. (cf. 1 Sam 18,1-4; 20,1-42)
1. Lectura
David pasó revista al ejército que lo acompañaba y puso al frente del mismo jefes de mil y de cien. Luego los envió así: un tercio en manos de Joab, un tercio en manos de Abisay, hijo de Seruyá, hermano de Joab, y un tercio en manos de Itai el de Gat. El rey les dijo: «Yo también saldré con vosotros». Pero le contestaron: «No debes salir, porque, si tenemos que huir, no les preocupará; incluso, si muere la mitad de nosotros, tampoco les preocupará, mientras que tú eres como diez mil para nosotros. Es mejor que nos ayudes desde la ciudad». El rey les contestó: «Haré lo que mejor os parezca». Y el rey se quedó junto al portón de la ciudad, mientras todo el ejército salía en grupos de cien y de mil.
1 Sam 18,1-4
2. Meditación
David y Jonatán muestran una amistad basada en la fidelidad y en el deseo del bien del otro. En Betania encontramos esa misma actitud llevada a su plenitud, porque Jesús no solo es amigo de Marta, María y Lázaro, sino que entrega su propia vida por ellos y por toda la humanidad.
Preguntémonos: ¿Qué lugar ocupa la amistad con Jesucristo en mi vida? ¿Soy un amigo fiel para los demás?
3. Oración
Habla con Jesús como hablarías con un amigo. Dale gracias por las personas que ha puesto en tu vida, pídele que fortalezca tu fe y entrégale también aquellas preocupaciones que llevas en el corazón.
4. Contemplación y compromiso
Guarda unos instantes de silencio. Después elige un compromiso concreto para vivir durante la semana: dedicar unos minutos diarios a la oración, reconciliarte con una persona, ayudar a alguien sin esperar nada a cambio o leer cada día un breve fragmento del Evangelio.
Oraciones
Oración a la familia de Betania
Señor Jesús,
que quisiste hacer de la casa de Marta, María y Lázaro
un lugar de amistad, de descanso y de fe,
haz que también nuestro hogar
sea un lugar donde siempre seas bien recibido.
Enséñanos a servir con generosidad,
a escuchar tu Palabra con atención
y a dar testimonio de ti con nuestra vida.
Amén.
Oración para crecer en la amistad con Dios
Señor,
haz que cada día te conozcamos un poco más.
Fortalece nuestra fe,
aumenta nuestra esperanza
y enséñanos a amarte con un corazón sencillo.
Que nunca nos alejemos de ti
y que aprendamos a confiar
en tus planes incluso cuando no los comprendamos.
Amén.
Oración para rezar en familia
Padre bueno,
bendice nuestro hogar.
Haz que en él nunca falten
el perdón, la alegría,
la ayuda mutua y la oración.
Que aprendamos a escucharnos,
a servirnos unos a otros
y a caminar siempre contigo.
Haz de nuestra familia
una nueva Betania.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Oración de los jóvenes
Jesús,
quiero ser tu amigo.
Ayúdame a descubrir el camino
que has preparado para mí.
Enséñame a escuchar tu voz,
a servir con alegría
y a dar testimonio de mi fe
con sencillez y valentía.
No permitas que me aparte de ti.
Amén.
Conclusión
La familia de Betania nos recuerda que la santidad comienza en la vida cotidiana. Marta, María y Lázaro no realizaron grandes hazañas para ser amigos de Jesús. Le abrieron la puerta de su casa, escucharon su palabra, permanecieron junto a Él en los momentos difíciles y confiaron plenamente en su amor. Esa misma vocación continúa hoy abierta para todas las familias cristianas.
Al terminar esta catequesis, el Señor sigue dirigiendo la misma invitación a cada uno de nosotros: «Permaneced en mi amor». Allí donde Cristo encuentra un corazón dispuesto a recibirlo, vuelve a nacer el espíritu de Betania.
Consejos para continuar el camino
Para los padres
No intentéis transmitir la fe únicamente con explicaciones. Los hijos aprenden sobre todo observando cómo rezan sus padres, cómo se perdonan y cómo viven el Evangelio en las pequeñas cosas de cada día.
Para los jóvenes
Jesús sigue llamando a cada uno por su nombre. No tengáis miedo de dedicar tiempo a la oración, de servir a los demás y de vivir vuestra fe con naturalidad. La verdadera amistad con Cristo nunca decepciona.
Para los catequistas
Procurad que esta catequesis no termine con la última página. Invitad a las familias a continuar leyendo el Evangelio en casa, a participar en la Eucaristía dominical y a mantener vivo el espíritu de Betania mediante pequeños gestos de oración, servicio y fraternidad.
Fuentes y bibliografía
La presente catequesis se ha elaborado utilizando como fundamento la Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia y el Magisterio, siguiendo el principio católico de la unidad entre Escritura, Tradición y Magisterio.
Sagrada Escritura
- Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.
- Evangelio según san Lucas 10,38-42.
- Evangelio según san Juan 11–12.
- Primer libro de Samuel 18 y 20 (Lectio divina).
Magisterio de la Iglesia
- Benedicto XVI. Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección.
- Benedicto XVI. Verbum Domini.
- Benedicto XVI. Deus caritas est.
- San Juan Pablo II. Mulieris dignitatem.
- Francisco. Amoris laetitia.
- Pablo VI. Evangelii nuntiandi.
- Catecismo de la Iglesia Católica.
- Martirologio Romano.
Padres de la Iglesia y autores espirituales
- San Agustín, Sermones, especialmente el Sermón 103 sobre Marta y María.
- Otros comentarios patrísticos tradicionales sobre el Evangelio de san Juan.
Obras de consulta y recursos catequéticos
- Materiales propios de Catequesis en Familia.
- Artículos doctrinales de Mercaba.
- Documentación histórica y biográfica procedente de publicaciones católicas especializadas.
- Recursos de Vatican News para la tradición sobre san Lázaro.
- Obras de referencia consultadas para el contexto histórico y geográfico del Evangelio.
Nota de transparencia
Las imágenes y la maquetación de este documento se han realizado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial. La investigación, la selección de las fuentes, la revisión doctrinal y la edición final han seguido los criterios editoriales de Catequesis en Familia.
Agradecimiento
Con gratitud a todas las familias, catequistas y educadores cristianos que, con sencillez y constancia, continúan haciendo presente el espíritu de Betania en sus hogares y comunidades. Que la amistad de Jesucristo, vivida por Marta, María y Lázaro, inspire también nuestro camino de fe y nos anime a abrir cada día las puertas de nuestra casa al Señor.








