por Guillermo Mirecki | 6 Ago, 2026 | La Biblia
Evangelio del día
Viernes de la 18.ª semana del Tiempo Ordinario
Mateo 16, 24-28
Debemos tener la valentía y la humildad de seguir a Cristo, porque él es el camino, la verdad y la vida.
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Evangelio
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque él que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
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Lecturas
Primera lectura: Libro de Nahún, Nah 1, 15; 2, 2; 3, 1-3.6-7
Salmo (tomado de Deuteronomio): Det 32, 35-36.39.41
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Oración introductoria
Padre santo, ayúdame a buscar lo que me haga crecer en el amor, para darte gloria y servir mejor a los demás: bienes que duren y valgan para la eternidad. Y, aunque no me guste ni me atreva a buscarla, que sepa renunciar a mí mismo para tomar mi cruz y seguirte.
Petición
Señor, dame la fortaleza para tomar mi cruz y seguir los pasos de tu Hijo.
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Meditación del Santo Padre emérito Benedicto XVI
[…] Y cuando se renuncia a todo por seguir a Cristo, cuando se le entrega lo más querido que se tiene, afrontando todo sacrificio, entonces, como aconteció con el divino Maestro, también la persona consagrada que sigue sus huellas se convierte necesariamente en «signo de contradicción», porque su modo de pensar y de vivir con frecuencia está en contraste con la lógica del mundo, como se presenta casi siempre en los medios de comunicación social.
Elegimos a Cristo, más aún, nos dejamos «conquistar» por él sin reservas. Ante esta valentía, cuánta gente sedienta de verdad queda impresionada y se siente atraída por quien no duda en dar la vida, su propia vida, por lo que cree. ¿No es esta la fidelidad evangélica radical a la que está llamada, también en nuestro tiempo, toda persona consagrada? Demos gracias al Señor porque tantos religiosos y religiosas, tantas personas consagradas, en todos los rincones de la tierra, siguen dando un testimonio supremo y fiel de amor a Dios y a los hermanos, testimonio que con frecuencia se tiñe con la sangre del martirio. Demos gracias a Dios también porque estos ejemplos continúan suscitando en el corazón de numerosos jóvenes el deseo de seguir a Cristo para siempre, de modo íntimo y total.
Santo Padre emérito Benedicto XVI
Discurso del viernes, 2 de febrero de 2007
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Propósito
Adoptar una actitud positiva (y no quejarme) ante las dificultades de este día para seguir a Cristo en el camino de la cruz.
Diálogo con Cristo
[Es mejor si este diálogo se hace espontáneamente, de corazón a Corazón]
Señor, no es fácil ser tu amigo en la cruz. La tentación a escapar o renegar de la realidad, cuando se presentan los problemas, fácilmente me domina. Gracias por esta meditación que me confirma que puedo confiar en que, con tu gracia, puedo perseverar hasta el final. No puedo esperar gozar de una eternidad gloriosa, llena de fiesta y de alegría, si no derramo, por amor a Ti y a mis hermanos, un poco de sangre, sudor y lágrimas en la tierra.
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por Guillermo Mirecki | 2 May, 2026 | Primera comunión Dinámicas, Sin categoría
Itinerario catequético de Primera Comunión sobre Juan 14
Introducción
El capítulo 14 del evangelio de san Juan es uno de los textos más densos y decisivos de toda la Revelación cristiana, porque en él Jesucristo, en el contexto de la Última Cena, abre su corazón a los discípulos y les revela el sentido profundo de su partida: no se trata de un abandono, sino de un paso necesario para llevarlos al Padre y hacer posible una presencia nueva, más interior y más profunda. En este discurso, el Señor no solo consuela, sino que introduce a los suyos en el misterio mismo de Dios: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, unidos en una comunión que quiere habitar en el corazón del hombre.
Para la catequesis de Primera Comunión, este texto es clave porque permite comprender que la fe no es una idea, sino una relación viva con Jesucristo, que conduce al Padre y se realiza plenamente en la Eucaristía. El niño no recibe solo “algo”, sino a Alguien que le introduce en la vida misma de Dios. Por eso, este itinerario no pretende únicamente explicar, sino hacer experimentar progresivamente confianza, seguimiento, presencia, amor y paz, que son los movimientos interiores que recorren todo el capítulo.
Objetivos
Objetivo general: introducir al niño en el conocimiento y la experiencia de Jesucristo como Camino al Padre, presente en la Eucaristía y actuante en su interior por el Espíritu Santo.
Objetivos específicos:
– Comprender que Jesús no abandona, sino que conduce al Padre.
– Reconocer a Cristo como el único Camino, Verdad y Vida.
– Descubrir la presencia real de Dios en el alma por la gracia.
– Identificar la acción del Espíritu Santo como ayuda interior.
– Experimentar la paz que viene de la unión con Cristo.
Presentación del contenido
El capítulo 14 de san Juan recoge las palabras de Jesús en un momento decisivo: la víspera de su Pasión. Los discípulos perciben la inminencia de la separación y se llenan de inquietud, pero Cristo responde con una enseñanza que va mucho más allá del consuelo humano: revela que su marcha es necesaria para preparar un lugar en la casa del Padre y para abrir el acceso a una comunión definitiva con Dios. En este contexto, Jesús se presenta como el único camino hacia el Padre, no como una guía externa, sino como la mediación viva y personal que hace posible el encuentro con Dios.
El discurso avanza mostrando que esta relación no se queda en lo exterior: quien ama a Cristo guarda su palabra, y en esa fidelidad se produce un acontecimiento decisivo: Dios mismo viene a habitar en el alma. Esta inhabitación divina, sostenida por el Espíritu Santo, transforma la vida del creyente desde dentro, permitiéndole vivir en comunión con Dios. Finalmente, Jesús ofrece su paz, una paz distinta de la del mundo, que no elimina las dificultades, pero las atraviesa desde la confianza en el Padre.

Texto completo (Juan 14, CEE)
«No se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí…1No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. 2En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. 3Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. 4Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». 5Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». 6Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. 7Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». 8Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». 9Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? 10¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. 11Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.12En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. 13Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. 15Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. 16Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, 17el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. 18No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. 19Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. 20Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. 21El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él». 22Le dijo Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?». 23Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. 24El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. 25Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, 26pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. 27La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. 28Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. 29Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. 30Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, 31pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo.
Fundamentación teológica y magisterial
Jesucristo como plenitud de la revelación del Padre no es una afirmación abstracta, sino el centro de la fe cristiana: en Él, Dios se da a conocer plenamente y se hace accesible al hombre. El Concilio Vaticano II afirma que Cristo, «ver al cual es ver al Padre», completa la revelación con su presencia, sus palabras y su entrega (Dei Verbum, 4). Esto ilumina directamente la afirmación de Jn 14,9, donde Jesús declara que quien lo ve a Él ha visto al Padre, mostrando que la fe cristiana no consiste en buscar a Dios a ciegas, sino en reconocerlo en la persona concreta de Jesucristo.
Esta revelación tiene una finalidad: introducir al hombre en la comunión con Dios. No se trata solo de conocer, sino de participar en la vida divina. Por eso, Jesús no se limita a enseñar el camino, sino que Él mismo es el Camino (Jn 14,6). San Agustín lo expresa con claridad al afirmar que no se nos pide encontrar el camino por nosotros mismos, sino acoger al Camino que viene a nosotros (San Agustín, citado en tradición patrística). Esta dimensión es esencial en catequesis: el niño no “inventa” su relación con Dios, sino que responde a una iniciativa divina.
La promesa del Espíritu Santo, el Paráclito, introduce la dimensión interior de la vida cristiana. Jesús anuncia que el Espíritu enseñará y recordará sus palabras (Jn 14,26), lo cual ha sido desarrollado por el Magisterio como la acción permanente de Dios en la Iglesia y en el corazón del creyente. Benedicto XVI señala que sin el Espíritu de la verdad no es posible comprender plenamente las palabras de Cristo (Verbum Domini, 16), subrayando que la fe no es solo comprensión intelectual, sino iluminación interior.
Esta acción del Espíritu conduce a un misterio central: la inhabitación divina. «Vendremos a él y haremos morada en él» (Jn 14,23) expresa una verdad que la Iglesia ha transmitido constantemente: Dios no quiere permanecer distante, sino vivir en el hombre. Como recuerda Lumen gentium, el Espíritu Santo habita en el corazón de los fieles como en un templo, haciendo de su vida una participación real en la vida trinitaria. Esta afirmación tiene una importancia decisiva para la Primera Comunión, porque permite comprender que la gracia no es simbólica, sino transformadora.
Finalmente, la paz que Cristo ofrece no es una simple tranquilidad emocional, sino el fruto de la unión con Dios. «La paz os dejo, mi paz os doy» (Jn 14,27) expresa una realidad que supera las circunstancias externas: es la seguridad de estar en manos del Padre. San Juan Pablo II explica que el Espíritu introduce al creyente en la verdad plena de la Revelación, lo cual implica también una estabilidad interior que no depende del mundo, sino de Dios. Esta paz es el signo de una vida unificada en Cristo.
Planteamiento catequético
Este itinerario no se plantea como una simple explicación del texto, sino como un recorrido interior que el niño debe experimentar progresivamente. Para ello, se estructura en torno a cinco movimientos que corresponden al desarrollo del capítulo:
– Del miedo a la confianza.
– De la duda al camino.
– De la ausencia a la presencia.
– De lo exterior a lo interior (Dios habita en el alma).
– De la inquietud a la paz.
Cada uno de estos movimientos se trabaja mediante imágenes catequéticas que no son decorativas, sino narrativas, y que permiten al niño descubrir el sentido del texto antes de recibir la explicación. El catequista no debe adelantarse, sino conducir mediante preguntas y acompañar el descubrimiento, de modo que la verdad no se imponga desde fuera, sino que sea reconocida desde dentro.
Aplicación a la Primera Comunión
La Primera Comunión es el lugar donde este texto se hace vida. Jesús no solo dice que es el Camino, sino que se da como alimento para acompañar ese camino; no solo promete la presencia de Dios, sino que la realiza sacramentalmente; no solo habla de la paz, sino que la comunica al alma que lo recibe. Por eso, este itinerario no puede quedarse en una preparación intelectual, sino que debe conducir a una experiencia concreta: el niño debe comprender que al comulgar, Jesús viene realmente a él y hace de su corazón una morada.
Desde esta perspectiva, la catequesis debe ayudar a que el niño descubra que la Comunión no es un momento aislado, sino el inicio de una vida en Cristo: una vida en la que se aprende a confiar, a seguir, a amar y a vivir en paz. Este es el verdadero fruto del capítulo 14 y el objetivo último de todo el itinerario.
Itinerario catequético a través de las imágenes
Duración orientativa: 60–75 minutos. Esta parte no consiste en “explicar imágenes”, sino en hacer que el niño entre en el Evangelio a través de ellas. Las imágenes son narrativas: no ilustran, sino que conducen.
Orientación general
El catequista debe situar a los niños en el contexto del texto: Jesús está hablando a sus discípulos en un momento muy importante, porque se va a ir. Ellos tienen miedo, no entienden, están confundidos. Lo que Jesús dice aquí no es teoría: es una respuesta a ese miedo.
Clave pedagógica: primero mirar, luego descubrir, después iluminar. No invertir el orden.
(Catequista): “Hoy no vamos a estudiar una historia… vamos a entrar en ella. Vamos a mirar, a pensar y a descubrir qué nos dice Jesús a nosotros.”
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Imagen 1 — Jn 14, 1–12 · Jesús es el Camino

Explicación viñeta a viñeta:
Primera escena: los discípulos aparecen inquietos. Sus rostros muestran duda. Jesús se acerca.
(Catequista): “¿Qué les pasa a estos hombres? ¿Están tranquilos o preocupados?”
Segunda escena: Jesús habla con serenidad. “No se turbe vuestro corazón”.
(Catequista): “¿Qué hace Jesús cuando ve que tienen miedo?”
Escena central: Jesús camina delante, el camino se abre hacia la casa del Padre.
(Catequista): “¿Quién va delante? ¿Quién sabe el camino?”
Escena de Tomás: pregunta porque no entiende.
(Catequista): “¿Te ha pasado alguna vez no entender algo de Dios?”
Respuesta de Jesús: “Yo soy el camino”.
(Catequista): “No dice ‘yo os enseño el camino’… ¿qué dice?”
Guía de descubrimiento: el niño debe llegar a comprender que Jesús no solo guía, sino que es el camino mismo. No seguimos ideas, seguimos a una Persona.
Conclusión: Jesús no deja solos a los discípulos, sino que les muestra que con Él siempre hay camino, aunque no se vea.
Objetivo principal: descubrir que con Jesús nunca estamos perdidos.
Errores a evitar:
– Explicar antes de preguntar.
– Reducir el mensaje a “portarse bien”.
– No conectar con la experiencia real del miedo.
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Imagen 2 — Jn 14, 13–20 · No os dejaré solos

Explicación viñeta a viñeta:
Escena inicial: Jesús habla con los discípulos con cercanía.
(Catequista): “¿Está Jesús lejos o cerca?”
Promesa: “Si me amáis…”
(Catequista): “¿Cómo se demuestra el amor a Jesús?”
Paráclito: aparece como luz suave, no visible plenamente.
(Catequista): “¿Vemos siempre a Dios? ¿O a veces sabemos que está aunque no lo veamos?”
Momento clave: “No os dejaré huérfanos”.
(Catequista): “¿Qué es un huérfano? ¿Qué promete Jesús?”
Escena final: los discípulos empiezan a estar más tranquilos.
(Catequista): “¿Qué cambia en ellos?”
Guía de descubrimiento: Jesús no desaparece, cambia su forma de estar. Esta es una idea clave que hay que dejar muy clara.
Conclusión: aunque no veamos a Jesús, Él está con nosotros.
Objetivo principal: experimentar que Jesús nunca abandona.
Errores a evitar:
– Representar el Espíritu como algo mágico o espectacular.
– Reducirlo a emoción (“sentir a Dios”).
– No explicar la diferencia entre ver y creer.
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Imagen 3 — Jn 14, 21–26 · Dios vive en nosotros

Explicación viñeta a viñeta:
Escena central: un niño o discípulo con luz en el interior.
(Catequista): “¿Dónde está la luz? ¿Fuera o dentro?”
Escenas de enseñanza: Jesús habla a los discípulos.
(Catequista): “¿Qué hace el que ama a Jesús?”
Texto clave: “Haremos morada en él”.
(Catequista): “¿Qué significa que Dios vive en ti?”
Escena del Espíritu: enseñanza interior.
(Catequista): “¿Quién nos ayuda a entender a Jesús por dentro?”
Guía de descubrimiento: el niño debe captar que Dios no está solo en el cielo: quiere vivir en su corazón.
Conclusión: amar a Jesús abre el corazón a la presencia de Dios.
Objetivo principal: descubrir que Dios puede habitar en el alma.
Errores a evitar:
– Convertirlo en metáfora (“como si…”).
– No conectar con la Comunión.
– Explicarlo sin interioridad.
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Imagen 4 — Jn 14, 27–31a · La paz de Jesús

Explicación viñeta a viñeta:
Escena central: Jesús en calma con los discípulos.
(Catequista): “¿Cómo es la cara de Jesús?”
Contraste: escenas de inquietud frente a serenidad.
(Catequista): “¿Dónde hay más ruido? ¿Dónde hay más paz?”
Texto clave: “La paz os doy”.
(Catequista): “¿Es igual esta paz que la de cuando todo va bien?”
Guía de descubrimiento: la paz de Jesús no depende de lo que pasa fuera, sino de la unión con Él.
Conclusión: con Jesús el corazón puede estar en paz incluso en dificultades.
Objetivo principal: reconocer la paz que viene de Cristo.
Errores a evitar:
– Reducir la paz a “estar tranquilo”.
– Evitar hablar del sufrimiento.
– No hacer contraste real con el mundo.
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Imagen 5 — Síntesis final · Jesús vence y nos lleva al Padre

Explicación viñeta a viñeta:
Escena central: Jesús con los discípulos en comunidad.
(Catequista): “¿Están solos o juntos?”
Escena de conflicto: mundo agitado.
(Catequista): “¿Cómo es el mundo sin Dios?”
Escena de victoria: luz, esperanza.
(Catequista): “¿Quién vence?”
Guía de descubrimiento: Jesús no evita la dificultad, pero la vence. El camino termina en la vida.
Conclusión: seguir a Jesús conduce al Padre y da la vida verdadera.
Objetivo principal: comprender el sentido completo del camino cristiano.
Errores a evitar:
– Hacer una síntesis superficial.
– No conectar las cuatro imágenes anteriores.
– Presentar una fe sin lucha.
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Actividades catequéticas
Duración orientativa total: 75–90 minutos. Las actividades no son añadidos, sino el lugar donde el niño interioriza lo que ha visto en las imágenes.
Actividad 1 · Personal — “Jesús es mi camino”
Duración: 15–20 minutos
Materiales: hoja, lápices de colores, rotuladores
Objetivo: que el niño identifique en su propia vida situaciones de inseguridad y descubra que Jesús puede guiarle.
Desarrollo: el catequista invita a los niños a pensar en momentos en los que no saben qué hacer (discusión, miedo, decisión, tristeza). A continuación, cada niño dibuja un “camino” que empieza en una situación difícil y termina con Jesús delante guiando.
(Catequista, microguion): “Todos alguna vez no sabemos qué hacer… ¿te ha pasado? Piensa en un momento así. Ahora dibuja ese momento… y después dibuja a Jesús delante de ti. No te empuja… te guía.”
Errores a evitar:
– Convertirlo en dibujo libre sin sentido.
– No ayudar al niño a concretar una situación real.
– Reducir la actividad a entretenimiento.
Conclusión: el catequista recoge: “Jesús no solo enseña… va delante de ti.”
Resultado esperable: el niño empieza a relacionar su vida concreta con la presencia de Cristo.
Actividad 2 · Grupal — “No estamos solos”
Duración: 20–25 minutos
Materiales: cuerda larga o lana, tarjetas
Objetivo: experimentar físicamente la idea de que Jesús permanece unido a nosotros.
Desarrollo: los niños forman un círculo y se pasan una cuerda, quedando todos conectados. El catequista suelta un momento la cuerda y muestra cómo se rompe la unidad, luego la vuelve a unir explicando que Jesús no rompe nunca ese vínculo.
(Catequista, microguion):
“Imagina que cada uno de vosotros es un discípulo… ¿qué pasa si soltamos?”
(Se suelta la cuerda)
“¿Cómo queda el grupo?”
(Pausa)
“Jesús ha dicho: ‘No os dejaré solos’. Eso significa que esta unión no se rompe… aunque no lo veamos.”
Errores a evitar:
– Convertirlo en juego sin explicación.
– No hacer silencio para interiorizar.
– No conectar con el Espíritu Santo.
Conclusión: “Jesús está con nosotros aunque no lo veamos.”
Resultado esperable: el niño comprende la presencia invisible de Cristo.
Actividad 3 · Familiar — “Dios vive en casa”
Duración en sesión: 10 minutos (explicación)
Aplicación en casa: 1 día completo
Materiales: tarjeta o hoja para llevar
Objetivo: trasladar la inhabitación de Dios al ámbito familiar.
Desarrollo: el niño se lleva una consigna: durante un día debe recordar en casa que “Dios vive en mí” y realizar un gesto concreto (obedecer, ayudar, rezar) desde esa conciencia.
(Catequista, microguion):
“Hoy te llevas una misión importante… durante un día vas a vivir como si Jesús estuviera dentro de ti… porque lo está. Cuando estés en casa, antes de hacer algo, piensa: ‘¿Jesús haría esto?’”
Errores a evitar:
– Dar una consigna genérica.
– No explicarlo a los padres.
– No revisarlo en la siguiente sesión.
Conclusión: “Dios no está lejos: vive contigo.”
Resultado esperable: inicio de conciencia de vida interior.
Actividad 4 · Social — “Llevar la paz de Jesús”
Duración: 15–20 minutos
Materiales: ninguno
Objetivo: aplicar la paz de Cristo a las relaciones cotidianas.
Desarrollo: se presentan situaciones reales (pelea, enfado, exclusión). Los niños proponen cómo actuar con la paz de Jesús.
(Catequista, microguion):
“Si alguien te molesta… ¿qué hace el mundo? ¿Y qué haría Jesús?”
(Pausa)
“La paz de Jesús no es quedarse quieto… es responder bien.”
Errores a evitar:
– Moralizar (“hay que portarse bien”).
– No poner ejemplos reales.
– No dejar que los niños respondan.
Conclusión: “La paz de Jesús se lleva a los demás.”
Resultado esperable: paso de interioridad a acción.
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Orientaciones finales
Para catequistas: no expliquéis todo; acompañad el descubrimiento. La clave no es decir mucho, sino decir lo justo en el momento adecuado.
Para padres: reforzad en casa la idea de que Dios vive en el niño. No como frase, sino como experiencia diaria.
Para niños: Jesús no está lejos. Está contigo, te guía y quiere vivir en tu corazón.
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Oraciones
Señor Jesús, te alabamos porque eres el Camino que nos lleva al Padre y nunca nos dejas perdidos; te damos gracias porque caminas delante de nosotros incluso cuando no entendemos y sentimos miedo; guíanos siempre con tu luz, sostén nuestro corazón en las dificultades y llévanos contigo a la casa del Padre. Amén.
Señor Jesús, te bendecimos porque no nos dejas solos y permaneces con nosotros de un modo invisible pero verdadero; te damos gracias porque vienes a habitar en nuestro corazón y nos enseñas por dentro con tu Espíritu; quédate siempre con nosotros, fortalece nuestra fe cuando no te vemos y haz de nuestra vida un lugar donde tú puedas vivir. Amén.
Señor Jesús, te alabamos porque nos das una paz que el mundo no puede dar y que nace de estar unidos a ti; te damos gracias porque en medio de las dificultades sostienes nuestro corazón y nos haces confiar en el Padre; regálanos tu paz, protégenos en los momentos de inquietud y ayúdanos a vivir siempre confiados en tu amor. Amén.
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Aplicación familiar
Durante la semana, la familia dedicará un momento breve al día para recordar: “Jesús vive en nosotros”. Puede hacerse antes de cenar o al acostarse, con una frase sencilla y un gesto de silencio.
Conclusión
Este itinerario no termina en la sesión, sino en la vida. El niño ha recorrido un camino: del miedo a la confianza, de la duda a la fe, de la soledad a la presencia, de la inquietud a la paz. Todo ello encuentra su cumplimiento en la Eucaristía, donde Cristo se da realmente y hace de la vida del niño un lugar de encuentro con Dios.
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por Guillermo Mirecki | 29 Abr, 2026 | La Biblia
Juan 13, 16-20. Jueves de la 4.ª semana del Tiempo de Pascua. Evangelizar es menterse en la vida cotidiana de los demás con obras y gestos, es acercarse a los demás y asumir la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo.
Depués que Jesús lavó los pies a sus discípulos les dijo: «Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican. No lo digo por todos ustedes; yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice: El que comparte mi pan se volvió contra mí. Les digo esto desde ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy. Les aseguro que el que reciba al que yo envíe, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me envió».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
Lecturas
Primera lectura: Libro de los Hechos de los Apóstoles, Hch 13, 13-25
Salmo: Sal 89(88), 2-3.21-27
Oración introductoria
Gracias, Señor, por esta oportunidad que me das para hacer oración. Gracias, Dios mío, por el don de la vida, de mi familia y de tu amistad. Te pido que me des la gracia de permanecer fiel a tu amor y a tu palabra. Tú, Jesús mío, conoces mi fragilidad y por eso te suplico que me ayudes a ser un cristiano auténtico. Yo quiero acogerte, Señor, en mi corazón y en mi vida para ser tu amigo fiel, sobre todo, en los momentos de dificultad.
Petición
Jesucristo, dame la gracia de ser fiel a tu amistad. No permitas que la cruz, el sufrimiento, los problemas, el mundo o mi egoísmo me separen de ti.
Meditación del Santo Padre Francisco
La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan. «Primerear»: sepan disculpar este neologismo. La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cf. 1 Jn 4,19); y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos (cf. Lc 14,23). Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva. ¡Atrevámonos un poco más a primerear!
Como consecuencia, la Iglesia sabe «involucrarse». Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos. Pero luego dice a los discípulos: «Seréis felices si hacéis esto» (Jn 13,17). La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así «olor a oveja» y éstas escuchan su voz (cf. Jn 10,3).
Santo Padre Francisco: El mensajero no es más grande que el que lo envía
Exhortación apostólica «Evangelii Gaudium» (La alegría del evangelio), n.º 24
Catecismo de la Iglesia Católica, CEC
III. Vida moral y testimonio misionero
2044 La fidelidad de los bautizados es una condición primordial para el anuncio del Evangelio y para la misión de la Iglesia en el mundo. Para manifestar ante los hombres su fuerza de verdad y de irradiación, el mensaje de la salvación debe ser autentificado por el testimonio de vida de los cristianos. “El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural son eficaces para atraer a los hombres a la fe y a Dios” (AA 6).
2045 Los cristianos, por ser miembros del Cuerpo, cuya Cabeza es Cristo (cf Ef 1, 22), contribuyen a la edificación de la Iglesia mediante la constancia de sus convicciones y de sus costumbres. La Iglesia aumenta, crece y se desarrolla por la santidad de sus fieles (cf LG 39), “hasta que lleguemos al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud en Cristo” (Ef 4, 13).
2046 Llevando una vida según Cristo, los cristianos apresuran la venida del Reino de Dios, “Reino de justicia, de verdad y de paz” (Solemnidad de N. Señor Jesucristo Rey del Universo, Prefacio: Misal Romano). Esto no significa que abandonen sus tareas terrenas, sino que, fieles a su Maestro, las cumplen con rectitud, paciencia y amor.
Catecismo de la Iglesia Católica
Propósito
No ensordezcamos nuestro corazón cuando Él nos pide ser sus enviados.
Diálogo con Cristo
Ayúdame, Señor mío, a vivir cada momento de mi existencia de cara a ti. Si alguna vez te he fallado u ofendido quiero pedirte perdón a través del sacramento de la Reconciliación. Estoy dispuesto a levantarme y a seguir luchando porque te amo y quiero que seas el centro de mi vida. Te reconozco, Dios mío, como mi Señor y Creador. Lejos de ti, Padre Santo ¿a dónde puedo ir? Apartado de tu gracia ¿qué sentido y qué valor puede tener mi vida? Ayúdame a perseverar en la fe hasta el final.
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Evangelio del día en «Catholic.net»
Evangelio del día en «Evangelio del día»
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por Guillermo Mirecki | 30 Mar, 2026 | Confirmación Dinámicas
Mt 26, 14-25 – La libertad ante Cristo
Texto previo
El Evangelio de san Mateo presenta, en el inicio de la Pasión, una escena profundamente inquietante: uno de los Doce, elegido por Cristo, cercano a Él, decide entregarlo. No se trata de un enemigo exterior, sino de alguien que ha compartido la mesa, la palabra y la misión del Señor. La traición de Judas no es solo un episodio histórico, sino una revelación permanente sobre el misterio del pecado y de la libertad humana. La cercanía a Cristo no elimina la posibilidad de rechazarlo; al contrario, la hace más dramática.
La Iglesia ha contemplado siempre esta escena como una advertencia y como una enseñanza. El Catecismo recuerda que «Jesús llama a todos los pecadores a la conversión» (CEC, 1427), pero también que el hombre puede resistirse a la gracia. En Judas aparece esta resistencia: no falta la llamada de Cristo, falta la respuesta. Por eso, esta catequesis no es un juicio sobre un personaje del pasado, sino una pregunta directa: ¿cómo respondo yo a Cristo cuando me llama?
Estimación de duración
Duración total: 90 minutos
Introducción: 10 min
Lectura bíblica: 15 min
Desarrollo doctrinal: 25 min
Actividades: 30 min
Oración final: 10 min
Introducción para catequistas y padres
La traición de Judas no puede reducirse a una explicación psicológica o moral simplista. Es un misterio en el que se entrelazan la libertad humana y el designio salvador de Dios. Santo Tomás de Aquino enseña que Dios permite el mal para sacar de él un bien mayor («Dios permite el mal para obtener de él un bien», Suma Teológica, I, q.2, a.3), y en este caso el mal de la traición se inserta en el misterio redentor de la Cruz. Sin embargo, esto no disminuye la responsabilidad personal de Judas, que actúa libremente.
San Juan Crisóstomo advierte con fuerza que Judas «no cayó de repente, sino poco a poco» (Homilías sobre Mateo), mostrando que el pecado se introduce gradualmente cuando el corazón deja de vigilar. Esta enseñanza es clave para los jóvenes: la ruptura con Dios no suele ser un acto repentino, sino el resultado de pequeñas infidelidades acumuladas.
San Agustín profundiza aún más al señalar que «Judas seguía a Cristo con el cuerpo, pero no con el corazón» (Tratados sobre el Evangelio de Juan), indicando que la fe no consiste solo en una pertenencia externa, sino en una adhesión interior real. Esta distinción es esencial en la catequesis de Confirmación, donde los jóvenes están llamados a pasar de una fe recibida a una fe personal.
El Magisterio de la Iglesia insiste en que la libertad humana es real y que Dios no la anula. El Concilio Vaticano II enseña que «el hombre alcanza su perfección en la libre adhesión a Dios» (Gaudium et Spes, 17). Por tanto, la traición de Judas muestra el drama de una libertad mal utilizada, pero también la grandeza de esa misma libertad, capaz de responder o de rechazar.
El catequista debe ayudar a los jóvenes a comprender que esta escena no es lejana. Judas no es un personaje extraño, sino un espejo posible. La catequesis debe conducir a una toma de conciencia personal, evitando tanto el juicio superficial como la indiferencia.
Carismas a trabajar
Discernimiento, fidelidad, sinceridad interior, vigilancia espiritual, amor a la verdad, conversión continua y responsabilidad personal.

Texto principal
«Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?”. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo… Mientras comían, dijo: “En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar”. Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: “¿Soy yo acaso, Señor?”. Él respondió: “El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ese me va a entregar”.» (Mateo 26, 14-23)
Este texto revela una tensión profunda entre la intimidad de la mesa y la ruptura interior de Judas. Mientras Cristo ofrece comunión, Judas prepara la traición. La escena muestra que el pecado puede convivir externamente con la vida religiosa, pero no puede permanecer oculto ante Dios.
Orientaciones al catequista
El catequista debe presentar la traición de Judas como un proceso interior. No se trata de un acto aislado, sino de una historia espiritual fallida. El apego al dinero («treinta monedas») indica una desordenada relación con los bienes materiales, que acaba desplazando a Dios. En este sentido, el Catecismo enseña que «el amor al dinero es la raíz de todos los males» (cf. CEC, 2536).
Además, es importante destacar el contraste entre Judas y los demás apóstoles. Todos preguntan: «¿Soy yo?». Esta pregunta es signo de humildad y de conciencia de fragilidad. Judas, en cambio, no entra en ese movimiento interior auténtico. Aquí se puede introducir la enseñanza de san Gregorio Magno, que afirma que «el pecado se agrava cuando el hombre se engaña a sí mismo» (Moralia in Iob).
La catequesis debe conducir a los युवenes a esta misma pregunta: ¿puedo yo traicionar a Cristo en mi vida cotidiana? No con un dramatismo artificial, sino con realismo espiritual: en las decisiones, en las incoherencias, en la doble vida.
Textos para profundizar
La Escritura advierte que «el espíritu está pronto, pero la carne es débil» (Mateo 26, 41), recordando la necesidad de vigilancia. San Juan Crisóstomo subraya la progresividad del pecado, san Agustín distingue entre seguimiento exterior e interior, y santo Tomás explica la relación entre libertad y gracia. El Concilio Vaticano II reafirma la dignidad de la libertad humana orientada hacia Dios, mientras el Catecismo insiste en la conversión como respuesta necesaria a la llamada divina.
Actividades
1. ¿Soy yo, Señor?
Objetivo: despertar la conciencia personal.
Microguión:
El catequista dice: “Todos preguntaron: ¿soy yo? Vamos a hacer lo mismo”. Se lee el texto en silencio. Cada joven escribe una situación concreta donde podría estar fallando a Cristo.
Consejo: evitar superficialidad, buscar concreción.
2. El proceso del pecado
Objetivo: comprender cómo se cae.
Microguión:
El catequista explica: “Judas no cayó de golpe”. Se analizan pasos: tentación, consentimiento, repetición, endurecimiento.
3. Elecciones reales
Objetivo: aplicar a la vida.
Microguión:
Debate guiado: dinero, popularidad, comodidad… ¿qué elegimos?
4. Contemplación
Objetivo: interiorizar.
Microguión:
Mirar la imagen. Silencio. Preguntas: ¿qué siente Cristo?, ¿qué siente Judas?
Conclusión
Judas enseña que se puede estar cerca de Cristo y no amarle de verdad. La fe exige una decisión interior constante.
Propósitos
Revisión de vida, confesión, fidelidad diaria.
Oraciones
Clásica: Señor, ten misericordia de mí.
Familiar: Ayúdanos a ser fieles.
Jóvenes: Jesús, no quiero traicionarte.
por Guillermo Mirecki | 27 Mar, 2026 | La Biblia
Juan 11, 45-57. Sábado de la 5.ª semana del Tiempo de Cuaresma. El horizonte universal del actuar de Jesús se revela en la relación entre cruz y unidad: la unidad se paga con la cruz.
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él. Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos. Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación». Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: «Ustedes no comprenden nada. ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?». No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación, y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos. A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús. Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos. Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: «¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?». Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno conocía el lugar donde él se encontraba, lo hiciera saber para detenerlo.
Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede
Lecturas
Primera lectura: Libro de Ezequiel, Ez 37, 21-28
Salmo: (Tomado del Libro de Jeremías) Jer 31, 10-12ab.13
Oración introductoria
Jesús, gracias por este momento en que me permites estar de nuevo abrazado a Ti. Sé que en estos días te he causado algunos dolores con mis pecados, pero sé también que me quieres perdonar, y ante todo, quieres que haga ahora mismo, una nueva experiencia de tu amor. Quiero conocerte a Ti y vivir desde ahora con la resolución de anunciarte decididamente con mi alegría y testimonio.
Petición
Señor, déjame conocer una parte de tu corazón, para que, viendo todo tu amor, no sea como los fariseos que te negaron aun después de haber visto tus milagros.
Meditación del Santo Padre Benedicto XVI
[Queridos hermanos y hermanas:]
[…] el Señor nos habla del servicio a la unidad encomendado al pastor: «Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo pastor» (Jn 10, 16). Es lo mismo que repite san Juan después de la decisión del sanedrín de matar a Jesús, cuando Caifás dijo que era preferible que muriera uno solo por el pueblo a que pereciera toda la nación. San Juan reconoce que se trata de palabras proféticas, y añade: «Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos» (Jn 11, 52).
Se revela la relación entre cruz y unidad; la unidad se paga con la cruz. Pero sobre todo aparece el horizonte universal del actuar de Jesús. Aunque Ezequiel, en su profecía sobre el pastor, se refería al restablecimiento de la unidad entre las tribus dispersas de Israel (cf. Ez 34, 22-24), ahora ya no se trata de la unificación del Israel disperso, sino de todos los hijos de Dios, de la humanidad, de la Iglesia de judíos y paganos. La misión de Jesús concierne a toda la humanidad, y por eso la Iglesia tiene una responsabilidad con respecto a toda la humanidad, para que reconozca a Dios, al Dios que por todos nosotros en Jesucristo se encarnó, sufrió, murió y resucitó.
La Iglesia jamás debe contentarse con la multitud de aquellos a quienes, en cierto momento, ha llegado, y decir que los demás están bien así: musulmanes, hindúes… La Iglesia no puede retirarse cómodamente dentro de los límites de su propio ambiente. Tiene por cometido la solicitud universal, debe preocuparse por todos y de todos. Por lo general debemos «traducir» esta gran tarea en nuestras respectivas misiones. Obviamente, un sacerdote, un pastor de almas debe preocuparse ante todo por los que creen y viven con la Iglesia, por los que buscan en ella el camino de la vida y que, por su parte, como piedras vivas, construyen la Iglesia y así edifican y sostienen juntos también al sacerdote.
Sin embargo, como dice el Señor, también debemos salir siempre de nuevo «a los caminos y cercados» (Lc 14, 23) para llevar la invitación de Dios a su banquete también a los hombres que hasta ahora no han oído hablar para nada de él o no han sido tocados interiormente por él. Este servicio universal, servicio a la unidad, se realiza de muchas maneras. Siempre forma parte de él también el compromiso por la unidad interior de la Iglesia, para que ella, por encima de todas las diferencias y los límites, sea un signo de la presencia de Dios en el mundo, el único que puede crear dicha unidad.
La Iglesia antigua encontró en la escultura de su tiempo la figura del pastor que lleva una oveja sobre sus hombros. Quizá esas imágenes formen parte del sueño idílico de la vida campestre, que había fascinado a la sociedad de entonces. Pero para los cristianos esta figura se ha transformado con toda naturalidad en la imagen de Aquel que ha salido en busca de la oveja perdida, la humanidad; en la imagen de Aquel que nos sigue hasta nuestros desiertos y nuestras confusiones; en la imagen de Aquel que ha cargado sobre sus hombros a la oveja perdida, que es la humanidad, y la lleva a casa. Se ha convertido en la imagen del verdadero Pastor, Jesucristo. A él nos encomendamos. A él os encomendamos a vosotros, queridos hermanos, especialmente en esta hora, para que os conduzca y os lleve todos los días; para que os ayude a ser, por él y con él, buenos pastores de su rebaño. Amén.
Santo Padre Benedicto XVI
Homilía del IV Domingo de Pascua, 7 de mayo de 2006
Catecismo de la Iglesia Católica, CEC
II. La muerte redentora de Cristo en el designio divino de salvación
«Jesús entregado según el preciso designio de Dios»
599 La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo explica san Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés: «Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios» (Hch 2, 23). Este lenguaje bíblico no significa que los que han «entregado a Jesús» (Hch 3, 13) fuesen solamente ejecutores pasivos de un drama escrito de antemano por Dios.
600 Para Dios todos los momentos del tiempo están presentes en su actualidad. Por tanto establece su designio eterno de «predestinación» incluyendo en él la respuesta libre de cada hombre a su gracia: «Sí, verdaderamente, se han reunido en esta ciudad contra tu santo siervo Jesús, que tú has ungido, Herodes y Poncio Pilato con las naciones gentiles y los pueblos de Israel (cf. Sal 2, 1-2), de tal suerte que ellos han cumplido todo lo que, en tu poder y tu sabiduría, habías predestinado» (Hch 4, 27-28). Dios ha permitido los actos nacidos de su ceguera (cf. Mt 26, 54; Jn 18, 36; 19, 11) para realizar su designio de salvación (cf. Hch 3, 17-18).
«Muerto por nuestros pecados según las Escrituras»
601 Este designio divino de salvación a través de la muerte del «Siervo, el Justo» (Is 53, 11;cf. Hch 3, 14) había sido anunciado antes en la Escritura como un misterio de redención universal, es decir, de rescate que libera a los hombres de la esclavitud del pecado (cf. Is 53, 11-12; Jn 8, 34-36). San Pablo profesa en una confesión de fe que dice haber «recibido» (1 Co 15, 3) que «Cristo ha muerto por nuestros pecados según las Escrituras» (ibíd.: cf. también Hch 3, 18; 7, 52; 13, 29; 26, 22-23). La muerte redentora de Jesús cumple, en particular, la profecía del Siervo doliente (cf. Is 53, 7-8 y Hch 8, 32-35). Jesús mismo presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente (cf. Mt 20, 28). Después de su Resurrección dio esta interpretación de las Escrituras a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 25-27), luego a los propios apóstoles (cf. Lc 24, 44-45).
«Dios le hizo pecado por nosotros»
602 En consecuencia, san Pedro pudo formular así la fe apostólica en el designio divino de salvación: «Habéis sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro o plata, sino con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo, predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos a causa de vosotros» (1 P 1, 18-20). Los pecados de los hombres, consecuencia del pecado original, están sancionados con la muerte (cf. Rm 5, 12; 1 Co 15, 56). Al enviar a su propio Hijo en la condición de esclavo (cf. Flp 2, 7), la de una humanidad caída y destinada a la muerte a causa del pecado (cf. Rm 8, 3), «a quien no conoció pecado, Dios le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él» (2 Co 5, 21).
603 Jesús no conoció la reprobación como si él mismo hubiese pecado (cf. Jn 8, 46). Pero, en el amor redentor que le unía siempre al Padre (cf. Jn 8, 29), nos asumió desde el alejamiento con relación a Dios por nuestro pecado hasta el punto de poder decir en nuestro nombre en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mc 15, 34; Sal 22,2). Al haberle hecho así solidario con nosotros, pecadores, «Dios no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros» (Rm 8, 32) para que fuéramos «reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo» (Rm 5, 10).
Dios tiene la iniciativa del amor redentor universal
604 Al entregar a su Hijo por nuestros pecados, Dios manifiesta que su designio sobre nosotros es un designio de amor benevolente que precede a todo mérito por nuestra parte: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 4, 10; cf. Jn 4, 19). «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Rm 5, 8).
605 Jesús ha recordado al final de la parábola de la oveja perdida que este amor es sin excepción: «De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños» (Mt 18, 14). Afirma «dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20, 28); este último término no es restrictivo: opone el conjunto de la humanidad a la única persona del Redentor que se entrega para salvarla (cf. Rm 5, 18-19). La Iglesia, siguiendo a los Apóstoles (cf. 2 Co 5, 15; 1 Jn 2, 2), enseña que Cristo ha muerto por todos los hombres sin excepción: «no hay, ni hubo ni habrá hombre alguno por quien no haya padecido Cristo» (Concilio de Quiercy, año 853: DS, 624).
Catecismo de la Iglesia Católica
Propósito
En un momento de oración durante el día, cerraré mis ojos tranquilamente y le pediré a Jesús con mucha confianza la gracia de conocerle y de aceptar su voluntad en mi vida.
Diálogo con Cristo
Jesús, después de haber hecho una experiencia de tu acción en mi vida, quiero agradecerte por ayudarme a comprender con más fe tus milagros diarios y frecuentes. Me duele pensar que te pueda abandonar por mi egoísmo y que decida darte muerte aunque vea tus milagros. Por eso, te pido un corazón humilde para que pueda acogerme generosamente a tu Voluntad en mí y pueda hacer una experiencia cada vez más dulce y más nueva de tu presencia atenta en mi vida diaria. Gracias, Jesús, por estar aquí. ¡Qué bien se está aquí contigo! Gracias.
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Sirviéndolo, rechazando y olvidando todo lo que nos atormenta, porque es Él quien nos ayudará en el camino elegido. No estamos solos. Confiemos en Él.
Beata Madre Teresa de Calcuta
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Evangelio del día en «Catholic.net»
Evangelio del día en «Evangelio del día»
Evangelio del día en «Orden de Predicadores»
Evangelio del día en «Evangeli.net»
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Catequesis infantil: El plan contra Jesús y el amor de Dios (Jn 11, 45-57)
1. Objetivo de la sesión (60 minutos)
Que los niños comprendan que Jesús es amado por muchos, pero también rechazado por otros; que descubran que Jesús entrega su vida por amor y que aprendan a confiar en Él y a seguirle con un corazón bueno.
2. Introducción (10 minutos)
El catequista muestra la imagen y pregunta:
- ¿Qué ves en la primera escena?
- ¿Por qué la gente está contenta con Jesús?
- ¿Qué hacen los hombres en la segunda escena?
- ¿Cómo se sienten: tranquilos o preocupados?
- ¿Qué decisión toman al final?
Se escucha a los niños y se explica que esta historia ocurre después de que Jesús hiciera un gran milagro: resucitar a Lázaro.
3. Escuchamos el Evangelio (10 minutos)
Se lee una adaptación sencilla del Evangelio (Jn 11, 45-57):
Muchos, al ver lo que hizo Jesús, creyeron en Él. Pero algunos fueron a contar lo sucedido a los jefes religiosos.
Entonces se reunieron y dijeron: “Si todos creen en Él, tendremos problemas”.
El sumo sacerdote Caifás dijo: “Conviene que muera uno por el pueblo”.
Desde ese día decidieron hacer daño a Jesús.
Jesús se retiró a otro lugar con sus discípulos.
4. Explicación sencilla (10 minutos)
Jesús hacía el bien: curaba, ayudaba y daba vida. Por eso muchas personas creían en Él.
Pero algunos hombres importantes tenían miedo de perder su poder. En vez de alegrarse, se enfadaron y pensaron en hacer daño a Jesús.
Uno de ellos dijo algo muy serio sin darse cuenta: que Jesús moriría por todos. Y eso era verdad, porque Jesús vino a dar su vida por amor.
Aunque algunos lo rechazaron, Jesús siguió adelante con su misión: salvarnos.
5. Lo que nos enseña la imagen
La alegría de los que creen
En la primera escena vemos a personas felices con Jesús. Ellos reconocen que viene de Dios.
El miedo y la dureza del corazón
En la segunda escena, los líderes están preocupados y enfadados. No quieren aceptar a Jesús.
La decisión equivocada
En la tercera escena, deciden hacer daño a Jesús. Esto enseña que cuando uno se cierra a Dios, puede tomar malas decisiones.
Jesús sigue su camino
En la última escena, Jesús se retira, pero no abandona su misión. Él sigue amando y salvando.
6. Actividades (20 minutos)
Actividad 1: “Con Jesús o contra Jesús” (10 minutos)
Materiales: cartulina y colores.
Desarrollo: Dibujar dos grupos: uno que escucha a Jesús y otro que se aleja de Él. Después comentar las diferencias.
Objetivo: Comprender que podemos elegir seguir a Jesús o rechazarlo.
Actividad 2: “Hago el bien como Jesús” (10 minutos)
Materiales: papel.
Desarrollo: Cada niño escribe o dibuja una acción buena que puede hacer (ayudar, perdonar, compartir…).
Objetivo: Aprender que seguir a Jesús es hacer el bien.
7. Oración (5 minutos)
Oración para niños:
Jesús, quiero creer en Ti,
quiero seguirte siempre,
ayúdame a hacer el bien
y a tener un corazón bueno. Amén.
Oración en familia:
Señor Jesús, enséñanos a confiar en Ti, a no tener miedo y a seguir tu camino de amor en nuestra familia. Amén.
8. Conclusión (5 minutos)
Jesús vino para salvarnos, aunque algunos no quisieron aceptarlo. Nosotros queremos estar con Él, creer en Él y seguirle con alegría.
Mensaje final
Jesús nos ama y dio su vida por nosotros. Nosotros queremos creer en Él y hacer el bien cada día.