La parábola del sembrador: colorea y aprende
Dinámica bíblica de verano para niños
La parábola del sembrador
Aprendemos y coloreamos Mateo 13,1-23

1. Presentación del cuaderno
Este cuaderno propone una manera sencilla y agradable de acercar a los niños a la parábola del sembrador. Primero escucharemos el Evangelio completo y, después, iremos contemplando y coloreando cada escena. Las imágenes ayudarán a reconocer dónde cae la semilla y qué sucede con ella.
La segunda lámina de cada grupo representa la explicación que ofrece el propio Jesús. Así, los niños no aprenden una interpretación inventada, sino la enseñanza evangélica: la semilla es la Palabra del Reino y los distintos terrenos muestran las diversas maneras de recibirla en el corazón.
Para padres y catequistas: conviene leer cada fragmento lentamente, observar juntos el dibujo y dejar que el niño coloree sin prisas. Después se puede formular la pregunta propuesta y escuchar su respuesta, sin convertir esta dinámica de verano en una clase larga.
2. El Evangelio: Mateo 13,1-23
Antes de abrir los lápices de colores, escuchamos la Palabra de Dios. El relato se lee completo para que los niños descubran que las imágenes del cuaderno forman parte de una única enseñanza de Jesús.
Salió el sembrador a sembrar
1 Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. 2 Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. 3 Les habló muchas cosas en parábolas:
«Salió el sembrador a sembrar. 4 Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. 5 Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; 6 pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. 7 Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. 8 Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. 9 El que tenga oídos, que oiga».
10 Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?».
11 Él les contestó: «A vosotros se os ha dado conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. 12 Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. 13 Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. 14 Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:
“Oiréis con los oídos sin entender;
miraréis con los ojos sin ver;
15 porque está embotado el corazón de este pueblo,
son duros de oído,
han cerrado los ojos;
para no ver con los ojos,
ni oír con los oídos,
ni entender con el corazón,
ni convertirse para que yo los cure”.
16 Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. 17 En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
18 Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: 19 si uno escucha la palabra del Reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. 20 Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; 21 pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por causa de la palabra, enseguida sucumbe. 22 Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. 23 Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».
3. Jesús enseña desde la barca
Mucha gente quería escuchar a Jesús. Para que todos pudieran verlo y oírlo, subió a una barca y se sentó mientras la multitud permanecía en la orilla. Desde allí comenzó a hablarles del Reino de los cielos mediante imágenes tomadas de la vida diaria.
Jesús habló de un sembrador, de semillas y de distintos terrenos. Eran cosas conocidas por quienes lo escuchaban, pero encerraban una enseñanza más profunda: Dios siembra su Palabra y desea que encuentre un corazón dispuesto a recibirla.
4. «El que tenga oídos, que oiga»
Con estas palabras, Jesús pide algo más que escuchar sonidos. Nos invita a prestar atención, comprender y acoger lo que Dios quiere enseñarnos. El Evangelio se escucha de verdad cuando encuentra un lugar en nuestra vida y comienza a transformarla.
Padres y catequistas han recibido la hermosa responsabilidad de sembrar la Palabra en los niños. Esa misión exige transmitir con claridad y fidelidad la doctrina católica y las enseñanzas de Jesucristo, sin reducirlas a opiniones personales ni sustituirlas por mensajes más cómodos. El sembrador no cambia la semilla: la entrega con esperanza y confía su crecimiento a Dios.
Escuchar a Jesús es dejar que su Palabra entre en el corazón.
5. El sembrador sale a sembrar
El sembrador recorre el campo con la bolsa llena y arroja la semilla generosamente. No se la guarda para sí: la reparte por todas partes esperando que germine y produzca una buena cosecha. Así actúa Dios, que ofrece su Palabra a todos.

Mientras coloreas: fíjate en la bolsa, en la mano abierta y en las semillas que se extienden por el campo. Dios también siembra su Palabra con generosidad.
6. La semilla junto al camino
Una parte de la semilla cayó sobre el camino. El suelo estaba duro y la semilla quedó a la vista, sin poder entrar en la tierra. Los pájaros la encontraron y se la comieron antes de que pudiera germinar.

Observa antes de colorear: las semillas están sobre la superficie. No encuentran tierra donde hundirse ni raíces con las que comenzar a crecer.
7. ¿Qué significa la semilla junto al camino?
Jesús explica que esta semilla representa a quien escucha la Palabra del Reino, pero no llega a comprenderla. La Palabra ha sido sembrada en su corazón, pero permanece allí sin ser acogida.
Entonces viene el Maligno y roba lo que Dios había sembrado. Por eso, en el dibujo, las semillas aparecen dentro de un corazón mientras una figura oscura trata de llevárselas.

Piensa un momento: cuando escuchas el Evangelio, ¿procuras comprender lo que Jesús quiere enseñarte?
8. La semilla en terreno pedregoso
Otra parte de la semilla cayó en un terreno lleno de piedras, donde había muy poca tierra. La semilla germinó enseguida y nació una pequeña planta, pero no pudo echar raíces profundas.
Cuando salió el sol, la planta comenzó a secarse. Parecía que había crecido con fuerza, pero no tenía raíces capaces de alimentarla y sostenerla.

Observa antes de colorear: fíjate en la poca tierra que hay entre las piedras y en la pequeña planta que intenta mantenerse viva.
9. ¿Qué significa el terreno pedregoso?
Jesús dice que este terreno representa a quien escucha la Palabra y la recibe enseguida con alegría, pero no permite que eche raíces profundas en su vida.
Cuando llegan una dificultad, una burla o un esfuerzo que exige ser fiel a Jesús, esa persona se desanima y abandona. La Palabra había comenzado a crecer, pero no tenía raíces capaces de sostenerla.

Piensa un momento: ¿sigues confiando en Jesús cuando hacer el bien exige esfuerzo o cuando otros no te comprenden?
10. La semilla entre las zarzas
Otra parte de la semilla cayó entre zarzas. La semilla comenzó a crecer, pero a su alrededor también crecieron las ramas espinosas, que fueron ocupando todo el espacio.
Las zarzas se enredaron alrededor de la planta y acabaron ahogándola. Aunque había empezado a brotar, ya no podía recibir bien la luz ni crecer con libertad.

Observa antes de colorear: busca las semillas entre las ramas, las espinas, las hojas, las flores y las moras. Todo ha crecido tanto que apenas queda espacio para la planta buena.
11. ¿Qué significan las zarzas?
Jesús explica que las zarzas representan a quien escucha la Palabra, pero permite que otras cosas ocupen poco a poco su corazón.
Las preocupaciones, el deseo de tener cada vez más y la atracción de las riquezas ahogan la Palabra. Por eso la planta buena aparece rodeada por espinas, monedas y joyas, hasta quedar casi escondida.

Piensa un momento: ¿hay algo que ocupe tanto tu atención que ya no te deje tiempo para escuchar a Jesús, rezar o hacer el bien?
12. La semilla en tierra buena
La última parte de la semilla cayó en tierra buena. Era un suelo fértil, bien preparado y con espacio suficiente para que la semilla pudiera hundirse, germinar y echar raíces.
La planta creció fuerte y dio una cosecha abundante: unas semillas produjeron ciento, otras sesenta y otras treinta por una.

Observa antes de colorear: fíjate en la tierra bien labrada, las hierbas, las flores, las espigas y la vida que llena el campo.
13. ¿Qué significa la tierra buena?
Jesús termina la parábola con una gran alegría. La tierra buena representa a quien escucha la Palabra de Dios, la comprende y la pone en práctica. Esa persona deja que la semilla crezca cada día en su corazón y produzca mucho fruto.
Por eso el dibujo muestra un gran corazón lleno de vida. Dentro de él, unos niños recogen espigas y frutos con alegría. Es la imagen de quienes han dejado que Jesús transforme su vida y ahora pueden hacer mucho bien a los demás.

Piensa un momento: ¿qué buen fruto puedes ofrecer hoy a tu familia, a tus amigos o a tus compañeros?
14. ¿Qué clase de tierra quiero ser?
Jesús no contó esta parábola solo para hablar de un sembrador. La contó para que cada uno pudiera preguntarse cómo recibe la Palabra de Dios. Todos podemos mejorar nuestro corazón para que sea una buena tierra donde el Evangelio crezca con fuerza.
Antes de terminar este cuaderno, dedica unos minutos a pensar y responder con sinceridad.
Mi pequeño examen del corazón
¿Escucho con atención cuando se proclama el Evangelio?
¿Procuro comprender lo que Jesús quiere enseñarme?
¿Rezo cada día, aunque sea unos minutos?
¿Intento obedecer a mis padres, ayudar en casa y querer a los demás?
¿Qué buen fruto quiero ofrecer a Jesús esta semana?
No hace falta responder deprisa. Lo importante es pedir al Señor un corazón sencillo, dispuesto a escuchar y a dejarse transformar por su Palabra.
15. Oración final
Señor Jesús,
haz que mi corazón sea una buena tierra.
Ayúdame a escuchar tu Palabra,
a comprenderla
y a vivirla cada día.
Arranca de mi corazón
todo lo que me aleje de Ti
y haz crecer en mí
el amor, la alegría,
la generosidad y la paz.
Que mi vida dé mucho fruto
para gloria de Dios
y bien de los demás.
Amén.
Enhorabuena. Ya has recorrido toda la parábola del sembrador. Guarda este cuaderno y vuelve a colorearlo o leerlo cuando escuches de nuevo este Evangelio en la Santa Misa. Descubrirás que la Palabra de Dios siempre tiene algo nuevo que enseñarnos.