Nuestra Señora de Aparecida, Patrona de Brasil, con recursos audiovisuales

Nuestra Señora de Aparecida, Patrona de Brasil, con recursos audiovisuales

¡Oh, María Santísima! De los méritos de nuestro Señor Jesucristo en tu querida imagen de Aparecida, alcanza numerosos beneficios sobre todo a Brasil.

Yo, aunque indigno de pertenecer al número de tus hijos e hijas, pero lleno de deseo de participar de los beneficios de tu misericordia, postrado a tus pies consagro mi entendimiento para que siempre pienses en el amor que mereces.

Te consagro mi lengua para que siempre te alabe y propague tu devoción. Te consagro mi corazón para que, después de Dios, te ame sobre todas las cosas.

Recíbeme, Oh Reina incomparable. Tú, que en Cristo crucificado eres nuestra Madre en el dichoso número de tus hijos e hijas, recíbeme bajo tu protección.

Socórreme en todas mis necesidades espirituales y temporales, sobre todo en la hora de mi muerte. Bendíceme oh celestial cooperadora; y con tu poderosa intercesión, fortaléceme en mi flaqueza a fin de que te sirva fielmente en esta vida y después pueda alabarte, amarte y darte gracias en el cielo por toda la eternidad.

Santo Padre Francisco, Ofrecimiento a la Virgen de Aparecida.

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La historia cuenta que en el año 1717, El gobernador de Sao Paulo y Minas Gerais, don Pedro de Almeida y Portugal, Conde de Assumar, pasó por la villa de Guaratinguetá camino a villa Rica. Por tal motivo, los pobladores del lugar, queriendo agasajar al invitado, solicitaron a tres pescadores, Domingos Garcia, Filipe Pedroso e João Alves, una provisión de peces.

Estos hombres se encontraban en el río Paraiba, arrojando sus redes en el agua, cuando de repente al levantar una de ellas, encontraron una figura rota de terracota de la Virgen de la Concepción, de tan solo 36 cm. Primero hallaron el cuerpo y al arrojar otra vez la red lograron ubicar la cabeza.

Luego del suceso, la pesca, que hasta ese momento había sido escasa, fue tan abundante, que tuvieron que volver a la costa por el peso que tenían sus pequeñas embarcaciones. Read More Uno de los pescadores llevó la imagen a su casa y le realizó un pequeño altar, unos años después crearon un oratorio, lugar que era visitado por todos los lugareños.

El 5 de mayo de 1743, se comenzó a construir un templo, que se inauguró el 26 de julio de 1745, venerando a la Virgen bajo la invocación de Nuestra Señora Aparecida.

El pueblo de Nuestra Señora Aparecida se encuentra a unos cuantos kilómetros de Guaratinguetá, villa del Estado de Sao Paulo. Se ignora completamente como es que la imagen fue a parar al río, pero si se conoce su autor, un monje de Sao Paulo, llamado Frei Agostino de Jesús quien la moldeo en el año 1650.

La Virgen es de color moreno y esta vestida con un manto grueso bordado, sus manos se ubican en el pecho en posición de oración, fue coronada solemnemente en 1904, por don José de Camargo Barros, obispo de Sao Paulo.

El 16 de julio de 1930, Pío XI la declaró a Nuestra Señora Aparecida patrona de Brasil. El día 4 de julio de 1980, el Papa Juan Pablo II visito el santuario y le dio el título de Basílica.

Arículo original en catholic.net

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Recursos audiovisuales

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Nuestra Señora de las Mercedes

Nuestra Señora de las Mercedes

Nuestra Señora de las Mercedes o de la Merced es patrona de Barcelona y de República Dominicana. En castellano se suele usar su nombre en plural, Virgen de las Mercedes, que no corresponde con el sentido originario de la advocación, mientras que el singular es más propio de tierras catalano-hablantes.

El significado del título «Merced» es ante todo «misericordia». La Virgen es misericordiosa y también lo deben ser sus hijos. Esto significa que recurrimos a ella ante todo con el deseo de asemejarnos a Jesús Misericordioso.

María y san Pedro Nolasco

Eran tiempos en que los musulmanes saqueaban las costas y llevaban a los cristianos como esclavos a África. La horrenda condición de estas víctimas era indescriptible. Muchos perdían la fe pensando que Dios les había abandonado. Pedro Nolasco era comerciante. Decidió dedicar su fortuna a la liberación del mayor número posible de esclavos. Recordaba la frase del evangelio: «No almacenéis vuestra fortuna en esta tierra donde los ladrones la roban y la polilla la devora y el moho la corroe. Almacenad en el cielo, donde no hay ladrones que roben, ni polilla que devore ni óxido que las dañe» (Mt 6,20).

Año 1203. El laico, Pedro Nolasco inicia en Valencia la redención de cautivos, redimiendo con su propio patrimonio a 300 cautivos. Forma un grupo dispuesto a poner en común sus bienes y organiza expediciones para negociar redenciones. Su condición de comerciantes les facilita la obra. Comerciaban para rescatar esclavos. Cuando se les acabó el dinero forman cofradías-para recaudar la «limosna para los cautivos». Pero llega un momento en que la ayuda se agota y Pedro Nolasco se plantea entrar en alguna orden religiosa o retirarse al desierto. Entra en una etapa de reflexión y oración profunda.

Le responde la Virgen

Nolasco pide a Dios ayuda y, como signo de la misericordia divina, le responde la Virgen que funde una congregación liberadora. La noche del 1 al 2 de agosto de 1218, la Virgen se les apareció a Pedro Nolasco, a Raimundo de Peñafort, y al rey Jaime I de Aragón, y les comunicó a cada uno su deseo de fundar una congregación para redimir cautivos. La Virgen María movió el corazón de Pedro Nolasco para formalizar el trabajo que el y sus compañeros estaban ya haciendo. La Virgen llama a Pedro Nolasco y le revela su deseo de ser liberadora a través de una orden dedicada a la liberación de los cautivos de los musulmanes, expuestos a perder la fe. Nolasco le dice a María:

-¿Quién eres tú, que a mí, un indigno siervo, pides que realice obra tan difícil, de tan gran caridad, que es grata Dios y meritoria para mi?:

-«Yo soy María, la que le dio la carne al Hijo de Dios, tomándola de mi sangre purísima, para reconciliación del género humano. Soy la que recibió la profecía de Simeón, cuando ofrecí a mi Hijo en el templo:»Mira que éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel; ha sido puesto como signo de contradicción: y a ti misma una espada vendrá a atravesarte por el alma»:

-¡Oh Virgen María, madre de gracia, madre de misericordia! ¿Quién podrá creer que tú me mandas?:

-«No dudes en nada, porque es voluntad de Dios que se funde esta congregaciónn en honor mío; será una familia cuyos hermanos, a imitación de mi hijo Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel y serán signo de contradicción para muchos.»

La institución nueva

Pedro Nolasco, funda la congregación, apoyado por el Rey Jaime I de Aragón, el Conquistador y aconsejado por San Raimundo de Peñafort. Su espiritualidad se fundamenta en Jesús, el liberador de la humanidad y en la Virgen, la Madre liberadora e ideal de la persona libre. Los mercedarios querían ser caballeros de la Virgen María al servicio de su obra redentora. Por eso la honran como Madre de la Merced o Virgen Redentora. En el capítulo general de 1272, los frailes toman el nombre de La Orden de Santa María de la Merced, de la redención de los cautivos, mercedarios. El Padre Antonio Quexal, siendo general de la Merced en 1406, dice: «María es fundamento y cabeza de nuestra orden».

En la catedral de Barcelona

El 10 de agosto de 1218 en el altar mayor de la Catedral de Barcelona, en presencia del rey Jaime I de Aragón y del obispo Berenguer de Palou, se crea la nueva institución. Pedro y sus compañeros vistieron el hábito y recibieron el escudo con las cuatro barras rojas sobre un fondo amarillo de la corona de Aragón y la cruz blanca sobre fondo rojo, titular de la catedral de Barcelona. Pedro Nolasco reconoció siempre a María Santísima como la auténtica fundadora de la congregación mercedaria.

La Virgen de La Merced, la fundadora

El título mariano de la Merced tiene su origen en Barcelona, España, cuando muchos eran cautivos de los moros y en su desesperación y abandono estaban en peligro de perder la fe . La Virgen de La Merced, manifesta su misericordia por para atenderlos y liberarlos. La talla de la imagen de la Merced venerada en la basílica de la Merced de Barcelona es del siglo XIV, de estilo sedente, como las románicas. He subido piadosamente a su camarín y he comprobado su aspecto imponente por su talla extraordinaria e impresionante. El año 1696, el papa Inocencio XII extendió la fiesta de la Virgen de la Merced a toda la Iglesia el 24 de septiembre.

Actualidad del carisma

El carisma mercedario de liberar a los cautivos sigue siendo tan necesario como siempre. María ofreció todo su ser para que viva el Hijo de Dios encarnado. En el cántico del Magníficat (Lc 1, 46), María expresa la liberación de Dios. El Papa Juan Pablo II dijo que «María es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad». La Virgen continúa velando por sus hijos cautivos de Satanás (LG 62) y nos pide nuestra cooperación. Nosotros debemos dar nuestra vida para que su Hijo viva en nosotros y así pueda liberar a nuestros hermanos. Ella nos enseñará como hacerlo.

Dios, padre de Misericordia; María, madre de Misericordia

Dios es Padre de Misericordia, María es Madre de Misericordia. Ella refleja la misericordia de Dios, sufriéndolo todo por sus hijos. Los cristianos debemos también reflejar la misericordia de Dios sufriéndolo todo por amor. «Mirad la hondura o cavidad del lago de donde habéis sido tomados, las entrañas de la Madre de Dios» – Las obras de misericordia que la Virgen pidió incluyen la visita, el acompañamiento y la ayuda a los que salen de la cárcel.

Una congregación laical

Así fue en los primeros tiempos. Su primera ubicación fue el hospital de Santa Eulalia, junto al palacio real. en Barcelona. Allí recogían a indigentes y a cautivos que regresaban de tierras de moros y no tenían donde ir. Seguían la labor que ya antes hacían de crear conciencia sobre los cautivos y recaudar dinero para liberarlos. Salían cada año en expediciones redentoras. San Pedro continuó sus viajes personalmente en busca de esclavos cristianos. En Argelia, África, lo hicieron prisionero pero logró conseguir su libertad. Aprovechando sus dones de comerciante, organizó con éxito por muchas ciudades colectas para los esclavos.

Cuarto voto

Además de los tres votos de la vida religiosa, pobreza, castidad y obediencia, hacían un cuarto voto: dedicar su vida a liberar esclavos. Se comprometían a quedarse en lugar de algún cautivo que estuviese en peligro de perder la fe, cuando el dinero no alcanzara a pagar su redención. Así lo hizo San Pedro Ermengol, un noble que entró en la orden tras una juventud disoluta. Este cuarto voto distinguió a la nueva comunidad de mercedarios. El Papa Gregorio IX aprobó la comunidad y San Pedro Nolasco fue nombrado Superior General. El rey Jaime decía que la conquista de Valencia, se debía a las oraciones de Pedro Nolasco. Cada triunfo que obtenía lo atribuía a sus oraciones.

Descansa ya, siervo bueno y fiel

Pedro Nolasco, a los 77 años, pronunció el Salmo 76: «Tú, oh Dios, haciendo maravillas, mostraste tu poder a los pueblos y con tu brazo has rescatado a los que estaban cautivos y esclavizados». y se durmió en el regazo de la Virgen. Su intercesión logró muchos milagros y fue canonizado en 1628.

En el año 1696, el papa Inocencio XII extendió la fiesta de la Virgen de la Merced a toda la Iglesia, y fijó su fecha el 24 de septiembre.

Artículo original en catholic.net.

Nuestra Señora de los Dolores – Con recursos audiovisuales

Nuestra Señora de los Dolores – Con recursos audiovisuales

«Y a ti una espada te atravesará el corazón» (Lucas 2,35)

Fue en el momento de la cruz. Se cumplieron las palabras proféticas de Simeón, como atestigua el Vaticano II: «María al pie de la cruz sufre cruelmente con su Hijo único, asociada con corazón maternal a su sacrificio, dando el consentimiento de su amor, a la inmolación de la víctima, nacida de su propia carne,». Por eso, la Iglesia, después de haber celebrado ayer la fiesta de la exaltación de la Cruz, recuerda hoy a la Virgen de los Dolores, la Madre Dolorosa, también exaltada, por lo mismo, que humillada con su Hijo. Cuanto más íntimamente se participa en la pasión y muerte de Cristo, más plenamente se tiene parte también en su exaltación y glorificación. Vio a su Hijo sufrir y ¡cuánto! Escuchó una a una sus palabras, le miró compasiva y comprensiva, lloró con El lágrimas ardientes y amargas de dolor supremo, estuvo atenta a los estertores de su agonía, retumbó en sus oídos y se estrelló en su corazón el desgarrado grito de su Hijo a Dios: «¿por qué me has abandonado?, oyó los insultos, comprobó la alegría de sus enemigos rebosando en el rostro iracundo de los sacerdotes y del sumo Anás y de Caifás, mientras balanceaban sus tiaras, y de los sanedritas, que se regodeaban en su aparente victoria, contempló cómo iba perdiendo el color Jesús, su querido hijo…

Su Hijo agoniza sobre aquel madero como un condenado. «Despreciable y desecho de los hombres, varón de dolores, despreciable y no le tuvimos en cuenta», casi anonadado (Is 53, 35) ¡Cuán grande, cuán heroica en esos momentos fue la obediencia de la fe de María ante los «insondables designios» de Dios! ¡Cómo se «abandona en Dios» sin reservas, «prestando el homenaje del entendimiento y de la voluntad» a aquel, cuyos «caminos son inescrutables»! (Rom 11, 33). Y a la vez ¡cuán poderosa es la acción de la gracia en su alma, cuán penetrante es la influencia del Espíritu Santo, de su luz y de su fuerza!

La sostuvo el Padre

Humanamente no se podía soportar tanta angustia. El Padre amoroso la tuvo que sostener en pie. Mientras su Hijo extenuado expiraba, su corazón inmaculado y amantísimo sangraba a chorros, sus manos impotentes para acariciarle, para aliviarle, se estremecían de dolor y de pena horrorosa y su alma dulcísima estaba más amarga que la de ninguna madre en el transcurrir de los siglos ha estado y estará. ¡Cuánto dolor, pobre Madre! ¡Qué parto de la iglesia tan doloroso y tan diferente de aquélla noche de Belén! Al fin, inclinó la cabeza y el Hijo expiró. Y nacimos nosotros. «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Por eso el Padre te exaltó a la derecha de tu Hijo, asumpta en cuerpo y alma. Cuanto mayor fue tu dolor, más grande es tu victoria.

El Concilio Vaticano II

El Concilio Vaticano II ha dado nueva luz sobre la Madre de Cristo en la vida de la Iglesia. «La Bienaventurada Virgen, por el don de la maternidad divina, con la que está unida al Hijo Redentor, y por sus singulares gracias y dones, está unida también íntimamente a la Iglesia. La Madre de Dios es tipo de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la unión con Cristo». María permanece, desde el comienzo, con los apóstoles a la espera de Pentecostés y, a través de las generaciones está presente en medio de la Iglesia peregrina mediante la fe y como modelo de la esperanza que no engaña (Rom 5, 5).

María madre, imágen de la Iglesia

María creyó que se cumpliría lo que le había dicho el Señor. Como Virgen, creyó que concebiría y daría a luz un hijo: el «Santo», el «Hijo de Dios. Como esclava del Señor, permaneció fiel a la persona y a la misión de este Hijo. Como madre, «creyendo y obedeciendo, engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, cubierta con la sombra del Espíritu Santo».Por estos motivos María «con razón desde los tiempos más antiguos, es honrada como Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles en todos sus peligros y necesidades acuden con sus súplicas». Como virgen y madre, María es para la Iglesia un «modelo perenne». Como «figura», María, presente en el misterio de Cristo, está también presente en el misterio de la Iglesia, pues también la Iglesia «es llamada madre y virgen», con profunda justificación bíblica y teológica. La maternidad determina una relación única e irrepetible entre dos personas: la de la madre con el hijo y la del hijo con la Madre. Aunque una mujer sea madre de muchos hijos, su relación personal con cada uno caracteriza la maternidad en su misma esencia, pues cada hijo es concebido de un modo único. Cada hijo es querido por el amor materno, y sobre él se basa su formación y maduración humana. Lo mismo ocurre en el orden de la gracia, que en el de la naturaleza. Así se comprende que Cristo en el Calvario expresara en la cruz, la nueva maternidad de su madre en singular, dirigida a un hombre, Juan: «Ahí tienes a tu hijo».

María madre de Cristo, de Juan y de todos

El Redentor confía su madre al discípulo y, se la da como madre. La maternidad de María, es un don que Cristo mismo hace personalmente a cada hombre. El Redentor confía María a Juan, en la medida en que confía Juan a María. A los pies de la Cruz comienza aquella especial entrega del hombre a la Madre de Cristo. Cuando Juan en su evangelio, después de haber recogido las palabras de Jesús en la Cruz a su Madre y a él mismo, añade: «Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa» (Jn 19,27). A él se atribuye el papel de hijo y él cuidó de la Madre del Maestro amado y se entregó, lo que expresa la relación íntima, como la respuesta al amor de la madre.

María madre de la Iglesia

La dimensión mariana de los discípulos de Cristo se manifiesta en la entrega filial a la Madre de Dios, iniciada con el testamento del Redentor en el Gólgota. Entregándose filialmente a María, el cristiano, como el apóstol Juan, «acoge» a la Madre de Cristo y la introduce en todo el espacio de su vida interior, en su «yo» humano y cristiano: «La acogió en su casa» Así el cristiano, entra en el radio de acción de la «caridad materna», con la que la Madre del Redentor «cuida de los hermanos de su Hijo», «a cuya generación y educación coopera». Esta relación filial, esta entrega de un hijo a la Madre tiene su comienzo en Cristo y se orienta a él, pues María sigue repitiendo a todos las mismas palabras de Caná de Galilea: «Haced lo que él os diga». María es la primera que «ha creído», y con esta fe suya de esposa y de madre quiere actuar sobre todos los que se entregan a ella como hijos. Y cuanto más perseveran los hijos en esta actitud y avanzan en la misma, tanto más María les acerca a la «inescrutable riqueza de Cristo» (Ef 3, 8). Y de la misma manera ellos reconocen cada vez mejor la dignidad del hombre en toda su plenitud, y el sentido definitivo de su vocación, porque «Cristo manifiesta plenamente el hombre al propio hombre». (Redemptoris Mater).

Conclusión

El Eterno Padre sufre misteriosamente viendo a su Hijo sufrir agonizando y sintiéndose en el infierno tras un muro negro de su Dios amado sin límites, que le ha abandonado, es su infierno; el Espíritu Santo, Esposo de María por cuya sombra ha sido concebido el Amor de ambos y el Hijo de ella, sufre, siendo eternamente feliz, tan misteriosamente que nos resulta abismo insondable. El Hijo sufre física y espiritualmente, nos resulta corto el lenguaje para expresarlo, y nosotros, pobres pigmeos, nos hemos creado una Iglesia sin misterio, una Iglesia a nuestra medida, una Iglesia supermercado, que nos provee de lo espiritual y también pretendidamente, en concretos sectores, de lo material, sin atisbar más horizonte que las necesidades terrenas que pretenden solucionar vendiendo el Vaticano, sin tener en cuenta que Jesús sólo una vez multiplicó los panes y que dejó dicho que a los pobres siempre los tendréis con vosotros y que hay otra pobrezas que son más sustanciales; y queremos y predicamos una iglesia que no cuente con el sufrimiento ni con la cruz y queremos mantenernos y nos mantenemos pasivos esperando que nos lo den todo hecho sin arrimar nuestros hombros al trabajo del cultivo del hombre interior y siempre alertas para observar y criticar cuando no somos capaces de levantar ni un alma del pecado, ni de corregir un gramo de soberbia o de avaricia propios, o de vencer un átomo por intolerancia y falta de la virtud de la paciencia, ¿se escuchan muchos discursos y se escriben mucho artículos que nos hablen de virtudes y de vicios y de pecados?.

El Padre sufre, el Hijo sufre indeciblemente el Espíritu sufre misteriosamente, María sufre indeciblemente viendo al samaritano, la humanidad, caída y nosotros estamos esperando a que ellos lleven la carga y nos saquen las castañas del fuego sin tocar nosotros ni con la punta del dedo la parte de nuestra cruz que configura el misterio de la Iglesia y que es nuestra vocación de santidad. La Virgen de los Dolores nos ayude a despertar del letargo y a bregar mar adentro, como murió pidiéndonos Juan Pablo II que sí supo cargar con su cruz hasta la muerte, sumergiendo al mundo en el conocimiento de la Cruz y del amor de la Virgen de los Dolores, tanto más exaltada en sus gloriosos dolores, cuanto más abundantes, amargos y angustiosos, la atormentaron.

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Recursos audiovisuales

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Nuestra Señora de los Llanos, patrona de Albacete (España)

Nuestra Señora de los Llanos, patrona de Albacete (España)

La festividad de la Virgen de los Llanos se celebra el día ocho de septiembre.

Leyenda del hallazgo

Desde hace siglos la tradición popular nos dice que la sagrada imagen de la Virgen de los Llanos fue encontrada casualmente por un sencillo labrador que se encontraba realizando esta tarea en el paraje denominado “Los Llanos”, lo que hoy en día es la actual ciudad de Albacete. Es cierto que otras fuentes han adornado en exceso la procedencia de esta imagen, diciendo que fue el mismo apóstol San Lucas quien la talló y el apóstol Santiago quien la trajo y escondió en nuestro país; naturalmente estas fuentes no gozan de credibilidad alguna.

Lo que sí que goza de credibilidad y probablemente sea la hipótesis más acertada, es la que sostiene que la sagrada imagen de la Virgen de los Llanos fue traída a Albacete por los soldados de Jaime II de Aragón al conquistar esta región en el año 1296, comenzando desde ese entonces un nuevo culto a esa imagen, muy probablemente con distinta advocación.

El descubrimiento es situado históricamente en 1447 (según Joaquín Sánchez Jiménez): la tradición nos dice que, estando labrando un sencillo labriego con un par de mulas en el paraje de “Los Llanos”, sacó de la tierra con el arado una efigie de mujer pequeñita y a la vez rara. Sorprendiéndose el pobre labrador por ese hallazgo, la recogió en una manta y la llevó hasta su casa, con el deseo de que sirviera a su hija como muñeca para sus juegos. Al siguiente día, al terminar la jornada de trabajo, regresó a su casa y, para su sorpresa, la sagrada imagen ya no estaba allí. Al día siguiente la volvió a encontrar en el mismo sitio donde la reja del arado la sacó de la tierra, y muy amarrada con nudos y cuerdas a la manta, la depositó en su casa, desapareciendo ésta misteriosamente por segunda vez.

El labrador, superado por este caso, que a su corto entender no comprendía, hizo llamar a las autoridades eclesiásticas, que con mucha diligencia se trasladaron al paraje de los Llanos para conocer de primera mano lo sucedido. Y tal fue la sorpresa que al llegar allí presenciaron la aparición: a flor de la tierra estaba la pequeña imagen, exactamente igual que en las dos ocasiones anteriores. “Ya no había duda de que se trababa del hallazgo milagroso de la antigua talla de Santa María”, relataba la Real Asociación de la Virgen de los Llanos.


Culto en la antigüedad y en la actualidad

Esta primitiva y pequeña imagen de la Virgen pronto empezó a recibir culto por los fieles de Albacete y de los pueblos aledaños, bajo la advocación de la Virgen de los Llanos, haciendo referencia al lugar del hallazgo (el paisaje de Albacete se caracteriza por ser una inmensa llanura, a los terrenos de labor agrícola adyacentes a la ciudad se les llama popularmente “llanos”). Bajo este mismo título que se le dio a la Virgen se fue construyendo una pequeña ermita: “una ermita costeada con limosnas y donativos de todos los habitantes de la villa de Albacete y sus cercanías”. Existen algunos documentos que hacen referencia a una procesión que tenía lugar en primavera y que trasladaba a la Virgen de los Llanos desde esta modesta ermita hasta la iglesia de San Juan en la villa de Albacete (hoy en día catedral de San Juan Bautista).

Es en el siglo XVII cuando se construyó una ermita mucho mayor, para dar cabida a todos los files devotos de la Virgen que acudían al lugar. Fue entonces cuando el Ayuntamiento decidió hacer cada año, el día 16 de mayo, una misa y procesión en su honor por las gracias obtenidas de la Virgen. Desde este momento se la declaró oficialmente patrona de la villa, con el título de Santa María de los Llanos. Aunque no se sabe con seguridad en qué año fue, muchas fuentes apuntan entre los años 1616-1632.

Pasado otro siglo, ya en el XVII, la imagen de la Virgen permanecía en la ermita de Los Llanos, siendo traslada a Albacete en la romería de mayo, celebraciones especiales o en caso de rogativa. Es en el año 1836, tras la desamortización, cuando desapareció el convento franciscano que había anexo a la ermita y, con él, los frailes que custodiaban el lugar. Fue entonces cuando el Ayuntamiento reclamó la sagrada imagen y la depositó en la iglesia de San Juan Bautista. Para acoger a la patrona en esta iglesia se tuvieron que hacer algunos arreglos al rico retablo barroco que había, añadiéndole una hornacina. A partir de este hecho, la Virgen de los Llanos permanece en la catedral. En 1875 se instituyó la cofradía, que más tarde, en el año 1917, pasó a llamarse Real Asociación de Santa María de los Llanos.

Durante los periodos bélicos de las guerras carlistas y otros conflictos que tuvieron lugar durante esos años, la imagen no sufrió daño alguno y permaneció en la catedral, así como los actos en su honor se siguieron celebrando. Fue en el trienio de la Guerra Civil cuando la catedral fue expoliada casi por completo, siendo pasto del fuego el retablo mayor. La sagrada imagen se depositó en la iglesia de la Purísima Concepción, hasta que ésta también fue expoliada, quedando la sagrada imagen “decapitada y semidesecha”. Gracias a Dº Joaquín Sánchez, que la recogió entre los restos del desastre, pudo salvarse, permaneciendo a buen recaudo en la Diputación provincial hasta el fin de la guerra.

En los años 40 del siglo pasado, al restaurarse la catedral, fue colocada en el nuevo retablo en el ábside izquierdo. En 1950 se creó la Diócesis de Albacete y, por tanto, la Virgen de los Llanos pasó a ser la patrona de todo el nuevo territorio, teniendo lugar seis años después, en 1956, la coronación canónica, oficiada por el nuncio papal de España en el parque de los mártires.

En la actualidad su fiesta se celebra la madrugada del 7 al 8 de septiembre, cuando se procesiona en una cabalgata la réplica que se conserva en el Ayuntamiento. Desde el mismo Ayuntamiento parte la comitiva hasta el recinto ferial, donde la alcaldesa, con la imagen en brazos, abre las puertas de hierros (puertas del recinto ferial), dando comienzo a diez días de feria; donde se suceden muchos actos en su honor, misas diarias, ofrenda de flores, bailes regionales etc. Al término de la feria, la alcaldesa de la ciudad nuevamente cierra la puerta de hierros con la imagen del Virgen en brazos, dando por finalizados los 10 días de festejos. Por esta razón, los albaceteños decimos que la Virgen de los Llanos es la que abre y cierra la feria año tras año.

La talla

De la Virgen de los Llanos existen cuatro imágenes dentro de la ciudad de Albacete, se puede decir que la más venerada es la auténtica, que se encuentra en la catedral de San Juan Bautista, permaneciendo allí todo el año. Tiene unos rasgos muy finos y femeninos, no alcanza más del medio metro de altura. En los brazos sostiene a un pequeño Niño Jesús.

Como decíamos antes, en la Guerra Civil sufrió algunos daños y fue salvada de ser pasto de las llamas. Fue en 1939 cuando, ya acabado el conflicto bélico, se procedió a restaurarla, y para sorpresa de los maestros ebanistas y el escultor-restaurador, descubrieron “el secreto” de la Virgen de los Llanos. Tal y como se cuenta en un acta notarial firmada por el notario Dº Narciso García el día 12 de agosto de 1939, al comenzar la restauración encontraron fortuitamente una concavidad dentro del busto de la talla de la Virgen, y allí “aparecieron la cabeza de una imagen de unos siete centímetros, tallada y moldeada con encarnación bien conservada, al parecer de una Virgen; y otra cabeza más pequeña, posiblemente del Niño Jesús, de factura idéntica, aunque algo más toscamente modelada; y un trozo de lienzo inmovilizado como cuña, las cabezas y unos fragmentos de madera y yeso y en la tabla levantada, al dorso, fuertemente adherido, un papel con la siguiente inscripción: “Ésta es la cabeza de la Virgen de Los Llanos, que fue el principio de la devoción de esta casa suya, y por ser de materia tan flaca, se hizo este cuerpo y esta cabeza de madera. Año de mil seiscientos treinta y uno”. La escritura tiene todas las características de la época de su redacción”.

Y es que, como algunas familias albaceteñas sostenían, al parecer un mayordomo del templo llamado Juan Reolid, por aquel entonces y al ver la imagen tan deteriorada, decidió por cuenta propia sustituir las cabezas. Tal enojo surgió del pueblo que se vio obligado a conservar de alguna forma las antiguas cabezas junto a la imagen restaurada por él.

En la actualidad, la venerada imagen está totalmente restaurada, y en su interior contiene estas reliquias junto al pergamino que confirma su autenticidad. El día 27 de mayo de cada año se abre el camarín para que todo aquel que así lo desee pueda contemplar de cerca a la Virgen y contemplar las reliquias.

Las tres imágenes que también reciben veneración junto con la auténtica son éstas:

  • “La Limosnera”: se le llama popularmente de esta manera porque era la que solían sacar los PP. Franciscanos para pedir las limosnas con las que subsistían.
  • “La del Ayuntamiento”, es la anteriormente mencionada. Permanece todo el año en el Ayuntamiento y los días de feria es trasladada a la capilla del recinto ferial. Carece de valor artístico.
  • Existe también una tercera réplica que es muy fiel a la verdadera imagen. Se viste con los mantos que la ciudad de Albacete le ha regalado a través del tiempo y es sacada en procesión en el mes de mayo.

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Artículo original de David Garrido para www.preguntasantoral.es


Nuestra Señora de Covadonga

Nuestra Señora de Covadonga

La imagen de la Virgen de Covadonga nos recuerda y hace vivir lo que ella fue en la historia de salvación para Jesús y para sus discípulos de ayer y de hoy. La Santina es una imagen de María entrañada e inculturada en el pueblo asturiano por historia, por antigua tradición, por transmisión familiar, por experiencia religiosa personal. Arraigada profundamente en las gentes de esta tierra y constituye uno de los signos con más fuerza y poder de convocatoria de los que Asturias tiene.

Realidad y Significado

Covadonga es un nombre que designa una realidad. Tal realidad atesora muchos significados. Covadonga está en Asturias. Su dimensión física se realiza en la evolución natural de esta tierra. Su dimensión histórica y cultural se integra en el avance milenario de esta sociedad. Es más, Covadonga ha dado origen a lo que ha sido y es Asturias. Desde este germen creció la España cristiana como muralla que detuvo y rechazó la invasión islámica. Por ello aquí se salvó Europa como universo de luz racional, libertad, humanismo y trascendencia. Por ello merece la pena acercarse y entrar con la mirada abierta en este lugar donde se funden naturaleza e historia, altura y profundidad, fuerza y belleza, intimidad recogida y proyección universal

¿Cómo se formó este paisaje? El cimiento geológico de Asturias presenta dos zonas diferenciadas. La primera sería la occidental, más primitiva, formada por rocas silíceas, que originan sus formas redondeadas y oscuras de severa belleza, y que dominan esa parte de nuestra región. En cambio la zona centro-oriental se ha formado en el periodo carbonífero. Por eso en ella dominan las rocas calizas, fácilmente erosionables. Aquí la orogénesis alpina ha levantado los Picos de Europa, en cuyo borde se abre el valle de Covadonga.

Así el monte Auseva, la sorprendente abertura de la Cueva, el chorrón que cae debajo de ella, son producto final de una acción erosiva, que arranca desde hace millones de años. El manto vegetal que los cubre combina especies supervivientes de las glaciaciones cuaternarias con otras que han venido tras la mejora climática del Neolítico. Éste trae la agricultura, la domesticación de animales y, al final, los metales, que permitirán la acción humana sobre el medio, lo que explica muchos aspectos del paisaje actual.

¿Por qué se llama Covadonga esa oquedad hundida rompiendo la pared de caliza gris que el monte lanza para apoyarse sobre el suelo? El nombre no es un brote ambiguo o un azar lingüístico, sino que nace de algo anterior a él, que está allí y que califica su cóncavo espacio. No es una vaguedad que genera confusión o ambigüedad. Es una presencia fuerte que impone una definición precisa. Además, mujer, y no sometida a ningún yugo, sino dominante desde ella misma. Eso dice el título latino: Cova Domínica o Cueva de la Señora. La evolución a través del uso abrevia con frecuencia las voces largas. Entonces domínica acabó en donga . Y resultó Covadonga. Acerquémonos a contemplar tan extraordinaria Señora.

Nuestra Señora de Covadonga

Su presencia destella en una imagen. Desde su venida a la Cueva, hace más de mil trescientos años, las presiones agresivas del duro clima, quizá hayan obligado a cambiar las imágenes concretas en numerosas ocasiones. En este momento nos interesa conocer aquella que tenemos ante nosotros.

Su figura ha sido tallada, encarnada, dorada y policromada sobre madera de roble. El tiempo de su confección es el siglo XVI. Sus medidas son 71, 4 cm de altura, incluyendo la peana. La anchura llega a 46 cm, y la profundidad a 21. El Niño actual ha sido colocado en el año 1704, sobre la mano izquierda de la Madre.

En su vestidura merece destacarse el manto que luce Nuestra Señora desde los hombros hasta los pies y cae en su parte posterior en ángulo hasta la base de la peana. Sus colores cambian según los tiempos litúrgicos. El manto normal es de color rojo púrpura, con una cenefa dorada. Se completa con el jubón, camisa de manga larga ceñida al talle, y la basquiña o falda con sencillas estampaciones de motivos florales.

A lo largo del tiempo ha recibido siempre esmerada atención y cuidados constantes. Así el conjunto fue retocado en 1820. Se reajustó en 1874. Finalmente ha sido restaurada por el Instituto Nacional de Conservación y Restauración de la Dirección General de Bellas Artes en 1971 y 1986.

La actual imagen de Covadonga estuvo en la capilla de la Colegiata de San Fernando desde 1778 hasta 1820 en que fue llevada a la Cueva, donde se había habilitado una pequeña capilla para su custodia.

La antigua talla del siglo XVI fue en 1874 transformada en la Santina que hoy conocemos por el imaginero y dorador valenciano Antonio Gasch, responsable también de la brillante decoración del camarín de la Cueva, diseñado por Roberto Fransinelli. Igualmente a Gasch se debe la hechura de la artística peana con tres cabezas de querubines sobre la que descansa la venerada figura. La imagen de la Virgen de Covadonga nos recuerda y hace vivir lo que ella representa en la historia de salvación para Jesús y para sus discípulos de ayer y de hoy. La Santina es una imagen universalmente conocida. Preside calles, fachadas y el interior de los hogares. Tras una cierta decadencia a finales del siglo XVIII y parte del siglo XIX, su devoción ha crecido y se extiende sin cesar.

Esta cordialmente arraigada en el pueblo asturiano. Sobre todo, en los emigrantes que, alejados un tiempo de su tierrina natal, al retornar, sienten como un deber cordial acudir a Covadonga, como se acude al hogar de la Madre. Es un signo que, por encima de cualquier división, une a todos los hijos de esa comunidad histórica que llamamos Asturias.


Origen del culto a Sta. María en la Santa Cueva

La historia primitiva nada nos ha dejado escrito acerca de los comienzos del culto a la Virgen María en la Cueva de Covadonga, y las noticias que de aquella época tenemos, es necesario buscarlas en la tradición.Refiere ésta que la Cueva de Covadonga servía de retiro a un ermitaño que la tenía dedicado al culto de la Virgen, cuya imagen allí se veneraba.

En cierta ocasión Pelayo, refugiado con otros cristianos en aquellas montañas, entró en la Cueva persiguiendo a un malhechor. El ermitaño rogó a Pelayo que lo perdonara, puesto que se había acogido a la protección de la Virgen, y que llegaría también el día en que él tendría necesidad de buscar en la Cueva el amparo y ayuda de Nuestra Señora.

Algunos historiadores dicen- que lo más verosímil es que Pelayo y los cristianos, en la huída por aquellas montañas, llevarían consigo alguna imagen de la Virgen, que colocaron en la Cueva para implorar su protección, o mejor que la pondrían allí después de la victoria obtenida, a fin de dar culto a María Santísima en memoria’ y gratitud por el triunfo obtenido por su mediación y, más tarde, Pelayo, deseando tributar a María un homenaje perenne, edificó en la misma Cueva un altar a la Virgen María.

Las Crónicas árabes, cuando hablan de Covadonga afirman que en esta Cueva las mermadas fuerzas de Pelayo encontraron refugio, alimentándose de la miel que las abejas habían producido en las colmenas construidas en las hendiduras de las rocas.

Ante ella se libró lo que se vino a llamar la «Batalla de Covadonga» y que vendría a ser una de «las primeras piedras de la Europa cristiana». Las viejas crónicas ponen en boca de Pelayo esta afirmación: «Nuestra esperanza está en Cristo y de este pequeño monte saldrá la salvación de España». El rey Alfonso I y su esposa Dª Hermesinda, construyeron una iglesia y en ella fueron erigidos tres altares, dedicados uno a la Santísima Virgen, en el misterio de su Natividad; otro a San Juan Bautista y el tercero a San Andrés. Además, con el fin de que se tributara un culto continuo a la Madre de Dios, fundaron dichos monarcas un monasterio.

La escritura de fundación que se atribuye a Alfonso I dice que hace entrega de la iglesia a los monjes Benedictinos; trae la lista de donaciones de objetos para el culto y privilegios y firman el Rey y la Reina, tres Obispos, dos Abades y algunos caballeros y manda trasladar desde el Monsacro una imagen de Nuestra Señora. A este templo construido en la hendidura de la peña se le llamó «del milagro» dado que al ser construido con madera y ésta volar tanto sobre el abismo era un auténtico milagro que se mantuviese en pie.


Erección de la Iglesia y Monasterio

El rey Alfonso I y su esposa Doña Hermesinda, construyeron una iglesia y en ella fueron erigidos tres altares, dedicados uno a la Santísima Virgen, en el misterio de su Natividad, otro a San Juan Bautista y el tercero a San Andrés. Además, con el fin de que se tributara un culto continuo a la Madre de Dios, fundaron dichos monarcas un monasterio. La escritura de fundación que se atribuye a Alfonso I expone cómo hace entrega de la iglesia a los monjes benedictinos, y trae la lista de donaciones de objetos para el culto y privilegios. La firman el Rey y la Reina, tres obispos, dos abades y algunos caballeros.


Covadonga en los s. XVI y XVII

Después de un silencio de dos siglos, en que apenas documento alguno hace mención de Covadonga, aparece el Rey Felipe II enviando a su cronista, Ambrosio de Morales, a que visite el Santuario y le diese cuenta de su estado. Llegó Morales a Covadonga en el año 1.572 y, en su interesante obra «Viaje Santo» describe cómo se hallaba en aquella fecha la Santa Cueva y la Capilla construida en su interior.

Dice así

«Para hacer la iglesia en la misma Cueva, porque el suelo era muy pequeño, encajaron en la peña vigas, cavando agujeros, los cuales vuelan tanto, sin ningún sostenimiento, que parece milagro no caerse el edificio, y de esto tiene temor quien mira de abajo. Quedó así el suelo parte de la peña y parte de esta madera, para hacer una iglesia más larga, no toda tuvo altura bastante, y hay covachas y otras entradillas, que no quisieron picar, a lo que yo creo, por dejar lo más que se pudiera de lo natural. Hay forma de Capilla mayor con un arco labrado de piedra, y otro al lado, que parece hacer nave; mas todo tan pequeño, que estando el sacerdote y el ministro en la Misa, no cabe ya más nadie dentro de lo que es la Capilla. Anchura tiene la iglesia, aunque desigual, y no conforme nada con el lado contrario, que es el de la madera; y porque si el coro estuviera abajo, ocupara mucho allá arriba lo repartieron bien con otro altar, porque que alcanza mal el abajo. Con esto hay en la iglesia Capilla mayor, con laterales, coro y algo a la manera de crucero. Esta iglesia dicen que la labró el Rey D. Alfonso el Casto che Alfonso I) de la manera que ahora está, y que así dura desde entonces milagrosamente sin pudrirse la madera. Dios más que esto puede hacer; mas yo veo manifiestas señales en todo de obra nueva, y no del tiempo de aquel rey. En el altar mayor está una imagen de Nuestra Señora, de obra bien hecha. Con esta imagen se tiene gran devoción en esta tierra, y se hacen en ella grandes romerías, y hay gran concurso el día de Nuestra Señora de septiembre y por ello se llama el Monasterio de Santa María de Covadonga. En el altar está siempre una cruz harto grande, de plata».

Durante el pontificado del Obispo D. Diego Aponte de Quiñónes (1.585-1.599), se construyó la iglesia de San Fernando, que se conserva actualmente en buen estado. Tiene torre cuadrada, bóveda de crecería y coro. Adosada a esta iglesia, sobre la primitiva vivienda de monjes Benedictinos, se levantó la Colegiata que hoy existe que Con el paso del tiempo vino a llamarse «Casa de las Novenas».

Las partes más antiguas de este edificio corresponden a dos sepulcros de abades de estilo románico y que se encuentran en el claustro bajo flanqueando la entrada del actual «Cementerio de los Canónigos». En este claustro bajo, en la pared de una de sus crujías, se encuentra el sepulcro de D. Pedro José Pidal y Món, primer marqués de Pidal, concedido por el Cabildo de Covadonga en la segunda mitad del siglo XIX. Felipe IV sería el gran impulsar de Covadonga al facilitar el paso del Cabildo regular a secular aumentando la dotación y elevando el número de los capitulares. Para ello se construyeron once casas como lugar de vivienda para seis canónigos y cinco beneficiados y un albergue de peregrinos.

El reinado de Carlos II trajo para Covadonga la construcción de una escalera de subida a la Santa Cueva y que viniese a sustituir la antigua de madera. Es la llamada escalera del perdón. El reinado de Felipe V fue también beneficioso para Covadonga. Agregó a la Colegiata las rentas de la antigua abadía de Muñón.


Incendio en la Iglesia de la Santa Cueva

En 1.676, siendo obispo D. Alfonso Antonio de San Martín, era de la manera siguiente: En el interior de la iglesia de la Santa Cueva, según el inventario del año «El templo de Santa María tiene altar y retablo de cuatro columnas, entorchados a los lados en que está la imagen de A Nuestra Señora en su caja sobre un trono de bulto de madera, estofado de plata con su media luna del mismo género y pintura con lámparas de plata siempre ardiendo, estrechado coro de trece sillas y en la cajonería ricas alhajas y primorosos ornamentos.

Entre las alhajas se cuentan cuatro lámparas de plata, una de ellas regalo de Carlos II; dos Cálices donados por Felipe II; un viril guarnecido de rubíes, diamantes y esmeraldas, por Felipe IV; un magnífico terno de tisú de oro, de la casa de los Duques de Gandía, que había servido en el oratorio de San Francisco de Borja». Tal era el estado de la Santa Cueva cuando un incendio producido, dicen por un rayo, la redujo a cenizas, pereciendo entre las llamas la imagen de la Virgen y todas las riquezas que eran muchas, en materia de joyas y ornamentos sagrados. Comisionado por el Cabildo de Covadonga el Abad.

Nicolás de Campomanes, informó a la Corte de la situación en la que se encontraba el Santuario, al enterarse el Rey Carlos III, movido por el Conde de Campomanes, ordenó se levantara un nuevo templo monumental, para ello mandó a su arquitecto de cámara Ventura Rodríguez a que «pasase por Covadonga y levantase la planta de un edificio correspondiente a la celebridad del Santuario».

Se hizo el presupuesto del proyecto que ascendía a la cantidad de catorce millones de reales. Ordenó el Rey una cuestación en toda España con el fin de recaudar esa cantidad. El proyecto del templo que se iba a construir, era grandioso y de arquitectura greco-romana. Las obras del mismo se inician en el mes de mayo del año 1.781 siendo encargada la construcción del mismo al arquitecto Manuel Reguera; si embargo debido a la oposición del Cabildo «por ocultar la hermosura silvestre de la Cueva» y al elevado coste del mismo, hizo que tal proyecto no pasase de los cimientos que son los que actualmente se encuentran al pie de la Cueva canalizando el río Deva.

Entretanto a la Virgen se le daba culto, después del incendio del año 1.777, en una capilla situada a un lado de la Santa Cueva, colocándose en ella una imagen donada por el Cabildo de Oviedo. Tuvo lugar esa donación el 17 de julio de 1.778. Los oficios religiosos se celebraban en la Iglesia de San Fernando.


Construcción del Templo Monumental

Para emplazar el templo monumental que se proyectaba, se eligió el cerro situado entre el Monte Auseva y el Monte Ginés. El primer proyecto se debe a Roberto Frasinelli, también llamado el «Alemán de Corao». Comenzaron las obras el 30 de julio de 1.877, poniendo el primer barreno el rey Alfonso XII, iniciando el desmonte de veintisiete mil metros cúbicos de piedra que fue necesario extraer para llegar el nivel conveniente.

El 11 de noviembre del mismo año el Obispo Sanz y Forés bendijo y colocó la primera piedra del templo que no logró ver terminado por haber sido trasladado a Valladolid. El 14 de octubre de 1.882 se suspendieron las obras por falta de medios económicos. Después de una breve residencia del Obispo Sebastián Herrero Espinosa, fue nombrado Obispo de Oviedo Fray Ramón Martínez Vigil. Éste continuaría con las obras de construcción de la Basílica encargándole para ello los planos al Arquitecto Federico Aparici, a quien la Junta de Oviedo había encargado últimamente la dirección de las obras del templo de Covadonga.

La empresa no era fácil ya que el nuevo arquitecto se encontraba sin plano alguno y sólo existía un dibujo ideado por Frasinelli.

El 15 de noviembre de 1.891 inauguró el Obispo Martínez Vigil la cripta del templo. Al mismo tiempo que realizaban las obras del templo, se construyó el palacio episcopal, con la sala capitular, archivo, biblioteca y otros inmuebles. También dieron comienzo, por estas fechas, las obras de construcción del «Hotel Pelayo».

E1 28 de abril de 1.886, se procedió a construir el templo sobre la cripta y, desde esta fecha, se continuaron las obras sin interrupción. El presupuesto del templo ascendía a la cantidad de 1.226.120 Ptas. Por fin, después de veinticuatro años, el 7 de septiembre de 1.901, el Obispo Martínez Vigil lo vio terminado y elevado a la categoría de Basílica por el Papa León XIII. Era Abad de Covadonga D. Nemesio de Barinaga anteriormente párroco de Pola de Siero.

Coronación de la Virgen

Con motivo del duodécimo centenario de la batalla de Covadonga, el 8 de septiembre de 1.918, fue coronada solemnemente la Virgen de Covadonga por el Arzobispo de Toledo el asturiano D. Victoriano Guisasola en presencia de las Reyes D. Alfonso XIII y D’ Victoria Eugenia. La idea de la coronación había partido del entonces Obispo de Oviedo doctor Baztán y Urniza.

La corona fue costeada con las joyas y donativos de todos los asturianos y construida por el sacerdote nacido en Pola de Lena D. Félix Granda Buylla en su taller de Madrid (Talleres de Arte Granda) según consta en el Acta de la Coronación canónica de Nuestra Señora de Covadonga en el duodécimo centenario de la batalla.


Covadonga al inicio del s.XX

En el siglo XX Covadonga experimenta una actividad muy enriquecedora para el Real Sitio. Se inaugura la línea del tranvía de vapor «Arriondas-Covadonga» en el año 1.908 junto con el «Hotel Pelayo» construido también según los planos de Federico Aparici. Se Construye el «Hostal Favila», edificio de singular nobleza que actualmente ocupa en parte la Escolanía y en parte el Museo. Este edificio había sido construido para, como propiamente su nombre dice, hostal de peregrinos modestos según los planos de Miguel García-Lomas y Manchobas.

También se compone el himno de Covadonga «Bendita la Reina» de Restituto del Valle e Ignacio Busca Sagastizábal; y se comienza a publicar el 15 de junio de 1.922 la Revista «Covadonga», aunque anteriormente ya se habían publicado números extraordinarios en los años 1.917 y 1.918.


El exilio de la imagen de la Santina

La imagen de la Santina fue secuestrada y llevada a París en 1.939, aunque no fue objeto de profanación alguna. Estuvo en Francia en calidad de rehén para ser canjeada, dado el caso, por algún alto jefe político o militar. Terminada la Guerra, se hizo cargo de la Embajada Española en París el doctor D Pedro Abadal, quien describe de esta forma el hallazgo de la imagen: «Practiqué por todo el edificio un reconocimiento y encontré muchas cosas…»

En el desván encontré una imagen de la Virgen…con el Niño en brazos. Era de madera policromada en su parte anterior… «La verdad es que no la identifiqué pero, avisado el portero de la finca, éste me aseguró que se trataba de la Virgen de Covadonga… «Después de comunicado el hallazgo y dada la orden de devolverla a su lugar fue el mismo Sr. Abadal el que la trajera en su coche cerrado desde la embajada de España en París, donde fue encontrada, hasta la frontera con España. El día 11 de junio de 1.939 entraba triunfalmente en España la imagen de la Santina. La ciudad de Irún se disponía a recibirla con una extrema exaltación de religiosidad: las calles estaban engalanadas… volteaban las campanas.


La enorme muchedumbre la recibió de rodillas y con una ovación inenarrable.

El mismo entusiasmo suscitó la Santa Imagen en San Sebastián, Loyola, Mondragón, Vitoria, Valladolid, y León. El día 13 llegaba a Asturias entrando por Pajares. El entusiasmo del recibimiento fue indescriptible. Pasó nueve días en la Catedral de Oviedo visitó Gijón, Avilés y un sinfín de pueblos hasta que por fin llegó a Covadonga donde con gran entusiasmo se entronizaría.

Fue recibida en el llamado campo del Repelao por el Cabildo de la Colegiata el seis de agosto, depositándose la imagen de la Virgen en la Cueva del Auseva a la una y media de la tarde.

Bendita la reina de nuestras montañas

Himno de la Virgen de Covadonga

Estrofa I

Bendita la Reina de nuestra montaña,

que tiene por trono la cuna de España

y brilla en la altura más bella que el sol.

Es Madre y es Reina. Venid, peregrinos,

que ante ella se aspiran amores divinos

y en ella está el alma del pueblo español.


Estrofa II

Dios te salve, Reina y Madre

del pueblo que hoy te corona

en los cánticos que entona

te da el alma y el corazón

causa de nuestra alegría,

vida y esperanza nuestra,

bendice a la Patria y muestra

que sus hijos tuyos son.


Estrofa III

Como la estrella del alba

brilla anunciando la gloria

y es el pórtico la gruta

del templo de nuestra historia.

Ella es el cielo y la fe,

y besa el alma de España

quien llega a besar su pie.


Estrofa IV

Virgen de Covadonga, Virgen gloriosa

flor del cielo que aromas nuestra montaña

tu eres la más amante, la más hermosa,

Reina de los que triunfan, Reina de España.

Nuestros padres sus ojos a ti volvieron

y una patria en tus ojos adivinaron

con tu nombre en sus labios por ti lucharon

con tu amor en las almas por ti vencieron.


Reformas de la Capilla de la Santa Cueva

La capilla de la Cueva, en su aspecto exterior, parecía tener poca estética, la belleza natural de la Cueva aparecía empañada por la capilla construida en 1.874.

La aspiración constante del Cabildo fue siempre establecer una reforma de manera que, conservando la Cueva su estado primitivo, sirviera de templo natural a la imagen de la Virgen. Y ninguna de las reformas que se había proyectado hasta entonces llenaban estos deseos.

Terminada la guerra civil inició el Cabildo constantes gestiones cercanas al Gobierno nacional pidiendo ayuda para reparar los daños en Covadonga y sobre todo para emprender la restauración de la Santa Cueva. Se creó un Patronato Pro-Covadonga el cual solicitó el informe de las Reales Academias de San Fernando, de la Historia y de la Dirección General de Bellas Artes.

El Patronato encomendó al notable arquitecto asturiano D. Luis Menéndez Pidal, que hiciera el proyecto de reforma de la Cueva con arreglo al informe dado por las academias. Pronto dieron comienzo las obras de reforma tal como se contempla en la actualidad, desde el paso subterráneo en forma de túnel hasta la actual forma de la misma Cueva. En el interior se construye una Capilla-Sagrario cubierta con madera de castaño policromada y dorada por el Valenciano Juan García Talens.

En su espadaña se colocó una campana donada por el ayuntamiento de Gijón y fundida en los talleres Adaro en dicha villa. Lleva, entre otras, la siguiente inscripción: «Llamo al peregrino a la morada Santa María de Covadonga, inspiradora de Pelayo, Rey de Gijón» En el interior de la Capilla-Sagrario se encuentra grabada en sus muros la siguiente leyenda: «De la Madre la victoria y del hijo el aliento para el camino pues los alimentó con flor de trigo y con miel de la roca»


La visita del Papa Juan Pablo II

Los días 21 y 22 de agosto del año 1.989 el Papa Juan Pablo II, peregrino de la fe a Santiago de Compostela, quiso visitar pastoralmente la iglesia particular de Asturias, después de haber tenido encuentro con ella en el «aeropuerto de la Morgal», en el concejo de Llanera, peregrinó a Covadonga siendo recibido en la explanada de la Casa de Ejercicios, donde pernoctó, por el Cabildo del Real Sitio y feligreses de la Parroquia.

Al día siguiente se reunió con el Patronato del Real Sitio y gruta de Covadonga en la antigua Colegiata, subió seguidamente a la Santa Cueva y ante la imagen de la Santina oró largamente recitando al final una hermosa plegaria. A las diez de la mañana celebró la Eucaristía en la explanada de la Basílica. Con él concelebro toda la Conferencia Episcopal Española y una gran representación del Presbiterio Diocesano. Asistió a la misma una gran cantidad de fieles. Anteriormente, siendo Patriarca de Venecia, había visitado ‘ Covadonga el Cardenal Roncalli, futuro Juan XXIII; ocurrió el 21 de julio de 1.954 quedando impresionado con la imagen de la Virgen de Covadonga y de su Santuario.

Se llevó con él una réplica que posteriormente, al ser elegido Papa la llevó consigo colocándola en su dormitorio del Vaticano y a la que dedicaba su primera oración de la mañana.


Las reliquias de S.Melchor y S. Pedro Poveda en Covadonga

El Arzobispo de Oviedo, doctor Díaz Merchán, presidió el día 10 de mayo de 1.997, en Covadonga, una solemne Eucaristía con motivo de la recepción, por parte del Cabildo Colegial, de las reliquias de San Melchor y del Santo Pedro Poveda, que se unirían a las de los Santos Padres del siglo V, San Atanasio y San Basilio. Las reliquias de San Melchor, cuyos restos descansan en la capilla de Covadonga de la Catedral de Oviedo, han sido donadas por el Cabildo Catedral Ovetense.

Las de San Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana en 1.911 en Covadonga, se encontraban en la casa que la citada Institución tiene en Los Negrales (Madrid) donde reposan sus restos. Poveda fue canónigo en Covadonga entre los años 1.906 y 1.913. La arqueta, realizada por el orfebre Carlos Álvarez, imita en dimensiones y formato a la Caja de las Ágatas que se conserva en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo.

Tiene unas dimensiones de 40 x 30 cm. lleva grabada la Cruz de la Victoria y la corona de la Virgen. También está embellecida con elementos decorativos simbólicos, como la corona de laurel de la victoria y la palma de los mártires. Con la recepción de las reliquias y la instalación del nuevo arca se dieron por finalizados los trabajos de remodelación del Presbiterio de la Basílica de Covadonga al que se ha incorporado en un lateral una Virgen sedente, obra de Juan Samsó, un ambón, una Cruz de la Victoria y se ha rectificado la base del altar.

En el año 2.001 se inauguró el nuevo órgano de la Basílica fabricado por la «Organistería Actores» de Torquemada (Palencia)


La iconografía de la Virgen de Covadonga

¿Cómo fue la primitiva imagen de la Santina? Nada se sabe.

Si sabemos que tenía una hechura humilde, rústica, tosca escultura románica quizás como la que se guarda en la pequeña capilla del pueblo de Teleña (Cangas de Onís) a la que curiosamente también se le llama Santina. En la Parroquia de Cillaperlata, Diócesis de Burgos se encuentra una imagen de Ntra. Sra. de Covadonga que es la titular de la misma y que preside el retablo mayor; es de hechura más reciente, posiblemente de la Baja Edad Media. Ambrosio de Morales, en su ya citado «Viaje Santo» de finales del siglo XVI habla de una imagen de Ntra. Sra. de Covadanga de «obra nueva y bien hecha». ¿Sería una copia de ésta imagen h que el Obispo Caba11era de Paredes colocó en un altar que se encontraba ‘a la entrada de la Cámara Santa en dicha Catedral?.


¿Cuál fue la que pereció en el incendio de 1.777?

Demasiadas interrogantes difíciles de responder. La que regaló el Cabildo de Oviedo ¿era una copia de la que allí se encontraba? Posiblemente si. De todas maneras la que actualmente se conserva en Covadonga, la llamada imagen de la Santina S. XV – XVI, fue restaurada par el Obispo Sanz y Forés en el siglo pasado modificándosele el rostro debido al deterioro en el que se encontraba. Con la inauguración de la Basílica de Covadonga, se volvió a la primitiva tradición al colocarse una imagen de Ntra. Sra. de Covadonga en actitud sedente a modo de Trono de la Sabiduría.

En estampas y grabados se encuentra la imagen de Ntra. Sra. de Covadonga. La Real Congregación de Naturales y Originarios de Asturias en Madrid, hizo una tirada de estampas en papel con la imagen de la Virgen de Covadonga tal como, se conserva en el altar de la desaparecida iglesia de San Luis en Madrid en el S. XVIII.

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Artículo original en la página web Santuario de Covadonga


Nuestra Señora de los Ángeles, Patrona de Costa Rica, con recursos audiovisuales

Nuestra Señora de los Ángeles, Patrona de Costa Rica, con recursos audiovisuales

La ciudad de Cartago, como muchas otras en la época colonial, segregaba a los blancos de los indios y mestizos. A todo el que no fuera blanco puro se le había prohibido el acceso a la ciudad, donde una cruz de piedra señalaba la división y los límites.

Estamos en los alrededores del año 1635, en la sección llamada «Puebla de los Pardos» y Juana Pereira, una pobre mestiza, se ha levantado al amanecer para, como todos los días, buscar la leña que necesita. Es el 2 de agosto, fiesta de la Virgen de los Angeles, y la luz del alba que ilumina el sendero entre los árboles, le permite a la india descubrir una pequeña imagen de la Virgen, sencillamente tallada en una piedra oscura, visiblemente colocada sobre una gran roca en la vereda del camino. Con gran alegría Juana Pereira recogió aquel tesoro, sin imaginar que otras cinco veces más lo volvería a hallar en el mismo sitio, pues la imagen desaparecía de armarios, cofres, y hasta del sagrario parroquial, para regresar tenazmente a la roca donde había sido encontrada. Entonces todos entendieron que la Virgen quería tener allí un lugar de oración donde pudiera dar su amor a los humildes y los pobres.

La imagen, tallada en piedra del lugar, es muy pequeña, pues mide aproximadamente sólo tres pulgadas de longitud. Nuestra Señora de los Angeles lleva cargado a Jesús en el brazo izquierdo, en el que graciosamente recoge los pliegues del manto que la cubre desde la cabeza. Su rostro es redondeado y dulce, sus ojos son rasgados, como achinados, y su boca es delicada. Su color es plomizo con algunos destellos dorados como diminutas estrellas repartidas por toda la escultura.

La Virgen se presenta actualmente a la veneración de sus fieles en un hermoso ostensorio de nobles metales y piedras preciosas, en forma de resplandor que la rodea totalmente, aumentando visualmente su tamaño. De la base de esta «custodia» brota una flor de lis rematada por el ángel que

sostiene la imagen de piedra. De esta sólo se ven los rostros de María y el Niño Jesús, pues un manto precioso la protege a la vez que la embellece.

La «Negrita» como la llama el cariño de los costarricenses, fue coronada solemnemente el 25 de abril de 1926. Nueve años más tarde, su Santidad Pío XI elevó el Santuario de la Reina de los Angeles a la dignidad de Basílica menor.

A Cartago llega un constante peregrinar de devotos que vienen a visitar a su Madre de los cielos; muchos entran de rodillas, como acto de humildad y de acción de gracias y luego van a orar ante la roca donde fue hallada la bendita imagen. Esta piedra se ha ido gastando por el roce de tantas manos que la acarician agradecidas mientras oran, dan gracias y piden alivio a su dolor, sus sufrimientos o sus necesidades. Debajo de esta piedra brota un manantial cuyas aguas recogen los que acuden en busca de la misericordia y la salud. El agua es signo del bautismo. No hay otra cosa que mas quiera la Virgen a que vivamos profundamente las gracias de nuestro bautismo.

Fuente: corazones.org

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Una gran devota de Nuestra Señora de Luján

Una gran devota de Nuestra Señora de Luján

En la historia de la Virgen de Luján hay una mujer que desempeña un papel excepcional: Doña Ana de Matos y Encinas.

¿Quién era?

En el testamento ella misma da sus datos personales:

«Yo, Doña Ana de Matos y Encinas, viuda del sargento mayor Marcos de Sequeira, natural de la Ciudad de Córdoba, en la provincia del Tucumán, hija legítima del Capitán Lázaro de Matos y de doña Francisca de Encinas, vecinos que fueron de dicha ciudad de Córdoba, y yo al presente de esta en Santísima Trinidad, Puerto de Buenos Aires, estando en mi entero juicio y entendimiento,! creyendo como creo verdaderamente en todo lo que tiene, confiesa, enseña y predica Nuestra! Madre Iglesia Católica, Romana, en cuya fe y creencia he vivido y quiero morir, otorgo mi testamento».

Era ella una mujer muy capaz; hace su testamento diciendo de dónde viene, quién es, dónde vive, que vivió en la fe católica y que quiere morir en la fe católica.

Se casó el 5 de marzo de 1630, para el mes en que llega la Virgen de Luján a Buenos Aires. Su esposo era, en aquella época, uno de los vecinos más ricos y nombrados de la ciudad de Buenos Aires; sirvió al Rey en cargos de importancia; en Buenos Aires fue Alcalde Ordinario. Recibió mercedes de tierras; entre ellas, en Arrecifes y en Luján. Falleció el 15 de diciembre de 1643. Ana de Matos Quedó viuda, pero volvió a casarse v tuvo tres hijos: Juan Bautista, Gregorio y María.


Virgen de LujánDevota de la Virgen

Los documentos también nos hablan del papel singular que le toca a esta mujer en la historia de Luján. Es muy importante porque ella es la que cuenta esta historia -de la cual fue contemporánea- al primer historiador de la Virgen, el padre mercedario Pedro Nolasco de Santa María. Este padre mercedario en 1737 relata lo sucedido de esta manera:

«Por ser mucha la frecuencia de devotos, que acudían, movidos de sus muchos milagros -los de la Virgen- y no tener en dicha estancia de Rosendo dónde albergarse, pidió una señora, a quien yo conocí, llamada Doña Ana de Matos, le diesen dicha Imagen de Nuestra Señora, que la llevaría a su hacienda, que estaba en dicho río Luján; y con efecto se la dejaron llevar, y colocola en un Oratorio, también pequeño, donde conocí a dicha imagen».

Y de allí también le viene el conocimiento al otro historiador de la Virgen, Francisco José Maqueda, que en 1812 escribe:

«Padecían los peregrinos algún desconsuelo por no haber en aquel paraje casa, ni rancho donde poderse hospedar y frecuentar las visitas. Deseosa de remediar esta necesidad y ansiosa de que se aumentasen los cultos a la Purísima Madre, cierta señora llamada Doña Ana de Matos, viuda que era del sargento mayor don Marcos de Sequeira, pidió al heredero del dicho Rosendo, le concediese dicha imagen, asegurándole la cuidaría y le haría Capilla en su estancia. No tuvo mucha dificultad en condescender a la propuesta el Maestro Oramas, porque se persuadía que los concurrentes a la Capilla le robaban el ganado de la estancia, y dicha señora Doña Ana correspondió agradecida en darle alguna gratificación, no menos que doscientos pesos. Llevose, pues, la Santa Imagen a su casa, y colocola en un cuarto decente con ánimo de edificarle en breve Capilla pública».

Ana de Matos cumplió con su promesa de levantarle capilla. Así lo afirma el historiador Santa María:

«Se pusieron a fabricar la Capilla, como en efecto fabricaron la que hasta hoy permanece, y haciendo dicha señora Doña Ana de Matos donación de la tierra, que constará de sus instrumentos».

Todo esto lo podemos confirmar con el testimonio de la misma Ana de Matos. Efectivamente, en su testamento relata el hecho, y con mayor amplitud lo hace en la escritura de donación de tierras, que felizmente pudo ser descubierta no hace mucho tiempo, entre los protocolos del Archivo General de la Nación. Allí se lee:

«Porque he tenido y tengo mucho amor y devoción a la advocación de Nuestra Señora de Limpia Concepción y a su Santa Imagen, que ha estado colocada en las tierras de dicha mi estancia de Luján, en Capilla separada, la cual se ha determinado fabricar de nuevo con más decencia y capacidad, y para que con fervor y perpetua permanencia pueda conseguirse lo referido, otorgo a dicha Santa Imagen el sitio que necesitare para fábrica de dicha su Capilla, con más una cuadra de sitio en contorno a ella, y asimismo le hago donación de un cuarto de legua de tierras sobre el dicho río de la otra banda, para que las sementeras y lo demás que fuere conveniente para la conservación y aumento de este Santuario; porque así es mi voluntad. Y esta donación hago con calidad y condición de que dicha Capilla y la Santa Imagen ha de estar perpetuamente en dichas tierras de mi estancia de Luján, y en caso que suceda el trasmutar dicha Santa Imagen a otro paraje, es mi voluntad que quede revocada esta donación de tierras, y entren en su derecho mis herederos, cobrando asimismo la dicha Santa Imagen de Nuestra Señora de la Limpia Concepción, respecto de haberla adquirido con mi dinero, de mano del Maestro Juan de Oramas Filiano, Cura Rector que al presente es de esta ciudad».

La escritura está fechada el 2 de octubre de 1682.

Gracias a la generosidad de Doña Ana de Matos hemos conocido a la Virgen de Luján miles de devotos. Ya desde niños aprendimos a amarla y reconocemos tantas gracias que nos ha hecho a nosotros. De manera especial quiero decir que aún siendo seminarista siempre le pedí a Ella la gracia de poder orientar muchas vocaciones. Por eso, las vocaciones, el que podamos tener tantas vocaciones, es una gracia que le atribuyo a la Virgen de Luján.

Es digno destacar la previsión de esta mujer. Tantas veces se hace el bien, pero no se hace «bien» el bien. Ella podría haber donado, por ejemplo, y no poner el cargo, entonces se le podría haber ocurrido a lo mejor a algún obispo o a algún sacerdote llevar la imagen de la Virgen de Luján;! a Buenos Aires o a otro lugar. Pero ella, era una mujer previsora. La Imagen debería quedarse en esas tierras.

Aprendamos de ella a vivir de tal manera que podamos morir bien. Murió recibiendo los sacramentos. El 16 de setiembre de 1697 hacía doña Ana de Matos su testamento, que firma de puño y letra, a pesar de estar en una edad muy avanzada. Solicita en este testamento la mediación de María Santísima, su Madre, para alcanzar la salvación, e invoca por intercesores la protección de Santa Ana, su patrona; del Ángel de la Guardia, del arcángel San Miguel, y la de los Santos Pedro y Pablo, con los demás de la Corte Celestial y pide humildemente que su cuerpo «sea sepultado en la Iglesia del Seráfico Patriarca San Francisco con el hábito y mortaja de su Orden, y sepultado en la Capilla Mayor en la parte y lugar donde fue enterrado mi marido Marcos del Sequeira».

Pidamos en la fiesta de Nuestra Señora de Luján, por Argentina. Ella es la Patrona. A Ella ha sido consagrada la Patria argentina de manera solemne años atrás por un presidente de la Nación que actuó como cabeza de la sociedad civil.

De tal manera que, a pesar de los grandes problemas que tiene nuestra Patria, siempre hay una luz encendida: ¡la consagración a la Santísima Virgen! Y también demos gracias a Dios por todas las bendiciones que nos ha concedido por medio de la Virqen de Luján.

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Virgen del Cisne, más allá del milagro – Película online

Virgen del Cisne, más allá del milagro – Película online

La devoción a la Virgen del Cisne, en Ecuador, se remonta a más de 400 años cuando un grupo de indios de El Cisne, palabra que, según refiere el Dr. Pío Jaramillo Alvarado en su historia de Loja, deriva del vocablo quechua «cuizne» (lugar), viajó hasta Quito para solicitar al célebre artista Diego de Robles una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe similar a la que se veneraba en la iglesia quiteña de Guápulo.

Aparición milagrosa

En 1596 se desató una terrible tempestad que arrasó las tierras de Loja y Zaruma. A causa de la hambruna, Diego de Zorrilla, oidor de la Real Audiencia de Quito, dispuso que los habitantes de El Cisne se retirasen tierra adentro, hacia el cercano pueblo de San Pedro de Chuquiribamba, en busca de protección. Fue entonces que la Virgen Santísima se apareció a los indios para pedirles que permaneciesen en el lugar y levantasen allí una iglesia en su honor.

Viajaron los indios a Quito para encargar la imagen, según se ha dicho, y a su regreso levantaron el templo al que los pobladores pusieron bajo la advocación de Nuestra Señora del Cisne. La talla que se les hizo no fue la pedida sino una réplica igual a la que los españoles veneraban en Cáceres, Extremadura, que mucho agradó a los pobladores. La imagen es morena, con el pelo rizado, pequeñita de estatura, vestida en colores muy vivos y muy milagrera.

A partir de ese momento comenzaron a recibirse gracias y favores marianos, especialmente la tan necesaria lluvia en tiempos de cosecha.

La leyenda

Cuenta la leyenda que salía todos los días a conducir sus rebaños una doncella indígena, inocente y humilde, a quien con frecuencia se le aparecía una hermosa pastorcilla coronada de rosas y aspecto resplandeciente. La pastorcilla, siempre luciendo sencilla indumentaria, no era otra que la Virgen Santísima, que acompañaba a la niña por los campos mientras cuidaba el ganado que pacía y la ayudaba a hilar cuando en horas del medio día la indiecita, fatigada, se tendía a dormir confiadamente bajo la sombra de un árbol.

Otros milagros

En momentos en que los habitantes de El Cisne se trasladaban a San Pedro de Chiuquiribamba se desató otra terrible tempestad. Tanto asustó a los naturales que le pidieron a aquellos que regresaran a su tierra y se llevaran la santa imagen. Así lo hicieron y casi al instante la tormenta se aplacó, por lo que muchos habitantes de la región se declararon esclavos de María Santísima bajo esa advocación.

En otra oportunidad, un peruano, curado milagrosamente de una grave dolencia por la Virgen del Cisne, prometió trasladarse a su santuario para dar gracias. Al llegar a El Cisne y mientras subía la pronunciada cuesta de la Alhaja, comenzó a fatigarse y a sentir una profunda sed. Le faltaron las fuerzas y cayó desmayado y en tan angustiante situación pronunció, con un hilo de voz, la siguiente oración: «Madre mía del Cisne ¿cómo consientes que muera antes de llegar a tu santuario a donde voy a darte gracias por los grandes beneficios que me has otorgado? Dadme agua para salvar mi vida». Acto seguido alzó la cabeza y vio cerca, en el suelo, una ligera mancha de humedad de la que brotó un hilo de agua que empezó a correr hacia él. Con ella aplacó la sed y recuperó las fuerzas siguiendo su peregrinar hasta el santuario, donde cayó de rodillas a los pies de la sagrada imagen, emocionado y agradecido.

El santuario de la Virgen

A 70 km de Loja, se levanta la basílica gótica de la Virgen del Cisne, concurrido centro de peregrinaciones en la cumbre de una montaña. La edificación, iniciada por el P. Ricardo Fernández, fue continuada por los padres oblatos, quienes la tienen a su cargo hasta el día de hoy. El altar mayor, labrado totalmente en oro, es una pieza de inestimable valor artístico y en su parte superior posee el camarín donde la Virgen reposa la mayor parte del año.

La devoción por Nuestra Señora del Cisne -cuyo principal día de veneración es históricamente el 15 de agosto -se extendió por todo el continente, alcanzando incluso puntos tan distantes como Madrid y numerosas ciudades de Norteamérica.

Pío Jaramillo Alvarado: Crónicas y documentos al margen de la
historia de Loja y su provincia
, Ed. Cultura Ecuatoriana, 1974.

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Virgen del Cisne, más allá del milagro (película)

Sinopsis

A una niña pastorcita se le aparece una mujer coronada con flores. La infante le dice que la población en que vive migrará a otro sitio por la sequía. Sin embargo, la extraña figura solicita que edifiquen un santuario y una imagen semejante a ella y, a cambio, las tierras se convertirán en cultivables y libres de plagas. El pueblo comienza a creer en un milagro y cuatro indígenas inician la travesía en busca del escultor que diseñó la efigie.

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Ficha técnica

Título original: Virgen del Cisne – Más allá del milagro

Dirección: Paúl Moreira

País: Ecuador

Año: 2013

Duración: 94 min

Género: Histórica/Religiosa

Intérpretes: Natalia Anda, Karen Salinas, Olsmán Briseño, Marco Simbaña, Diego Robles, Alberto Padilla y Danny Pérez.

Guión: Paúl Moreira.

Producción: Mónica Maldonado

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Colorea y aprende la historia de Nuestra Señora de Guadalupe II

Colorea y aprende la historia de Nuestra Señora de Guadalupe II

Os proponemos esta dinámica de catequesis para que los niños aprendan la historia de Nuestra Señora de Guadalupe mientras disfrutan coloreando los dibujos.

Ante cualquier pregunta que pueda surgir por parte de los niños, recomendamos a los catequistas consultar la catequesis de san Juan Pablo II sobre la Virgen de Guadalupe y el Catecismo mariano: todo lo que has de saber sobre la Virgen María.

Os deseamos que disfrutéis con las maravillosas ilustraciones de Hilda Tessa y los textos del Hermano Roque Miguel Vernaz, religioso de la Congregación de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey.

Nota: podéis obtener las imágenes en tamaño real pulsando directamente sobre el título o la imagen de cada capítulo.

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Historia de Nuestra Señora de Guadalupe VI

Historia de Nuestra Señora de Guadalupe VI

Obediente Juan Diego a las palabras de la Señora, al día siguiente volvió de nuevo a importunar a las puertas del palacio episcopal, y una vez en la presencia del Obispo, con lágrimas en los ojos, le contó cómo por segunda vez había visto a la Señora, y el encargo que le había hecho.

El Obispo esta vez le escuchó con mayor atención, y después de haberle hecho muchas preguntas, dijo al indio que tenía que pedir a la Señora una señal de su autenticidad, y que una vez obtenida volviera a verle.

Después le despidió muy amablemente, y sin que Juan Diego se diera cuenta, ordenó a dos de sus criados que le siguieran y vigilasen.

Pero al pasar el puente que cruza el río que hay junto a la colina, desapareció súbitamente de la vista de sus observadores, y por más que le buscaron no pudieron hallarle.



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Historia de Nuestra Señora de Guadalupe VII

Historia de Nuestra Señora de Guadalupe VII

Mientras tanto, Juan Diego había seguido su ruta. En lo alto de la colina la Virgen le esperaba. Después de una profunda inclinación, el indio le contó el resultado de la audiencia y cómo le había pedido que para demostrar su veracidad debería presentar un signo que no diera lugar a dudas. Entonces dijo la Virgen: «Vuelve mañana a este lugar y Yo te daré ese signo».

Pero al día siguiente Juan Diego no apareció. El motivo fue que su tío con quien él vivía y a quien quería como a un padre se había puesto enfermo muy grave y creía que se moría.

Aquel día lo utilizó en buscar un médico y atender a su tío; y al día siguiente, muy temprano, marchó a México a buscar un sacerdote para que le administrara los sacramentos antes de morir.



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Historia de Nuestra Señora de Guadalupe VIII

Historia de Nuestra Señora de Guadalupe VIII

Juan Diego marchó con mucha prisa a buscar al sacerdote, dando un pequeño rodeo para no pasar por la colina donde estaba la Bella Señora, para que no le entretuviera, porque su tío estaba en peligro de morir sin sacramentos.

Pero la Santísima Virgen, saliéndole al encuentro le dijo: «Querido hijo mío: ¿adónde vas por este camino?» El indio quedó confuso y enseguida contestó: «Mi querida Señora: voy corriendo a México a buscar un sacerdote, porque mi tío se está muriendo». Pero la Virgen le dijo, bondadosa: «Querido hijo mío: no te aflijas ni te preocupes por tu tío. ¿No estoy Yo aquí para ayudarte? ¿No estáis bajo mi amparo y protección? ¿No soy Yo la vida y la salud? No tienes nada que temer. Tu tío no morirá de esta enfermedad. Ahora mismo ya está completamente bien».

Dieguito quedó con esto tan contento y consolado que dijo a la Señora: «Señora mía y Madre mía: mandadme lo que queráis, que yo lo haré».



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Historia de Nuestra Señora de Guadalupe IX

Historia de Nuestra Señora de Guadalupe IX

«Sube, hijo mío, a lo alto de la colina y tráeme las flores que allí encontrarás». Dieguito sabía que allí arriba solamente había rocas; pero obedeciendo al mandato de la Virgen subió corriendo, sin vacilar.

¡Cuál no sería su asombro cuando llegó al lugar y se encontró entre las rocas con un lindo rosal cargado de preciosísimas rosas! Lleno de alegría las cortó y volvió con ellas donde estaba la Señora.

Entonces le dice la Virgen: «Envuélvelas en tu capa y vete a llevárselas al Obispo, como señal de que Yo soy la Madre de Dios. Cuando las vea, él te creerá». El indiecito hizo a la Señora una profunda reverencia, y marchó feliz y seguro de que con aquel testimonio ya lo iba a creer.

Llegando al palacio episcopal, tampoco esta vez lo dejaban pasar; pero al observar el bulto que llevaba y el perfume de las rosas, quisieron quitarle alguna; pero su sorpresa fue tremenda cuando al meter la mano en la capa, se encontraron con el vacío, no hallando las rosas, como si hubiesen desaparecido.



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Historia de Nuestra Señora de Guadalupe X

Historia de Nuestra Señora de Guadalupe X

Atónitos por el suceso, fueron a contárselo al Obispo que lo mandó pasar deseoso de ver aquel milagro. Pero el milagro que presenció fue todavía mayor, porque no solamente vio que las rosas estaban allí, frescas y fragantes, con delicioso perfume, sino que al abrir la capa y caer las rosas a sus pies, descubrió en la capa del indio el mayor de los milagros: una bellísima imagen de Nuestra Señora que dejó estupefacto incluso al indio, que la traía sin saberlo.

Tomó el Señor Obispo con todo respeto a la milagrosa imagen, y después de haberla venerado en presencia de todos los de la casa, la llevó a su capilla particular, dando gracias a Dios y a su benditísima Madre.

Pero al correrse la noticia, todos querían verla y venerarla, por lo que fue preciso empezar rápidamente la construcción del templo para Ella en el mismo lugar que Ella señalara, donde con gran devoción de todos los mejicanos fue venerada y desde donde Ella empezó generosa a repartir sus gracias con todos los necesitados.



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Colorea y aprende la historia de Nuestra Señora de Guadalupe I

Colorea y aprende la historia de Nuestra Señora de Guadalupe II